400 millones de euros para construir buques militares en Ferrol y Cádiz

Exponaval 2012

Por José González Spaudo

Fuente: La voz de Galicia

Según ha anunciado el Presidente de la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI), dependiente del Ministerio de Economía y accionista único de la empresa de barcos militares NAVANTIA, el Estado ha encargado a esta empresa semiquebrada la construcción de dos Buques de Acción Marítima (portaaviones que se usan para eso que llaman «proyección» y que consiste en desplazarlos trufados de armamento a costas a miles de kilómetros para intimidar o invadir países o a imponer condiciones pesqueras, comerciales o sobre sus recursos a los tipos de esas zonas) por valor de 400 millones de euros (200 cada buque).

La medida la venden como un modo de dar trabajo en Cádiz y en Ferrol, donde la gente depende de las industria militar y ante la falta de perspectiva, se estaba volviendo levantisca.

Es llamativo que el anuncio se haga en los días previos a la campaña electoral europea, y no sólo porque suena a un modo de evitarse que los trabajadores del naval la líen en plena campaña, sino por otras razones:

  • Una, porque si observamos las propuestas electorales de los «principales» partidos del bipartidismo placebo que padecemos, la reivindicación de que Europa invierta a tope en defensa resulta una de sus propuestas reales (aunque bien oculta en rincones recónditos de sus programas electorales para que la gente no se mosquee):
  • Dos, porque coincide con lo decidido por la oligarquía que domina Europa, tal como se plasmó en  la cumbre sobre seguridad y defensa del Consejo del año pasado, que decidieron impulsar la industria militar europea y el i+d militar.
  • Tres, porque en este caso, y por incoherente que nos parezca, la idea de aumentar la carga de trabajo de Navantia en Cádiz y Ferrol construyendo barcos de guerra, la apoyó como enmienda a los presupuestos generales del estado la autodenominada «izquierda plural», con lo que el PPSOE puede muy bien aclarar que se hacen eco de las preocupaciones por el trabajo de la izquierda transformadora que aspira a romper con el juego de intereses de la oligarquía al servicio del capital y blá, blá, blá.
  • Cuatro, porque demuestra que el destino «europeo» de las zonas tradicionalmente ancladas al monocultivo de la industria militar es, precisamente, más de lo mismo, y no provocar una reconversión que haga del trabajo algo digno y de la producción algo útil socialmente. Pueden invertirse los mismos 400 millones de euros (más los 700 que les dieron antes para resolver el «sobrepeso» del submarino español) en provocar un cambio productivo en Ferrol y Cádiz para asegurar un futuro diferente, pero prefieren meter la pasta en el sucio negocio de las armas y envilecer a los trabajadores construyendo algo por lo que otros pueblos nos consideran enemigos.

De este modo, como una dádiva de campaña, nos ofrecen ahora algo mucho más allá del mero caramelo electoral. Un caramelo envenenado que ni la izquierda conformista se atreve a rechazar.

A veces la coherencia no forma parte de nuestra apuesta de futuro. Probablemente en la misma medida en que nuestra práctica y nuestras ideas tampoco lo hacen.

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