¿Quién vigilará a los vigilantes?

Vigilante

Por José Miguel Uña

Fuente: El Diario .

Se preguntaba Juvenal, ese poeta latino, y no sin cierta retranca, que quién vigilaría a los vigilantes (quis custodiet ipsos custodes?).

Y a pesar del mucho tiempo transcurrido, se nos hace vigente y pertinente la interrogante cuando nos preguntamos por todo el aparataje (por cierto carísimo y poco productivo) que hemos montado para, aparentemente, vigilar nuestra seguridad y garantizarla, con ejércitos, policías, mercenarios y demás material de guerra.

Los vigilantes que nos vigilan cuentan con abrumadores instrumentos de control que aplican sobre nuestras molidas y escamadas carnes:  si repasamos la historia no son pocos, más bien al contrario, los casos en que el abuso campa donde se autoriza al uniformado de turno a aplicar sus tecnologías sobre las sosegadas y resignadas sociedades.

La pregunta nos salta de lleno cuando leemos que

La Audiencia de Málaga ha condenado a un teniente de la Guardia Civil y exjefe del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de dicho cuerpo y a otras 26 personas por su participación en operaciones de narcotráfico…

En total, se imponen 102 años de prisión y 52 millones de multa a los 27 condenados.

La sentencia considera que el exjefe antidroga conocía y “consintió” esos planes, que eran que “los agentes del EDOA actuaran con posterioridad al desembarco de la droga y a la entrada en la playa de los falsos policías, procediendo a la detención y permitiendo la huida de los alijadores”. Era “contraprestación” a la información dada por aquel y para “obtener él éxito en su carrera profesional”.

Aplíquense el cuento.  El que era jefe del equipo de delincuencia organizada y antidroga de la Guardia Civil condenado por participar en narcotráfico.  El mundo al revés.

Claro que se nos ocurre que tal vez consiguiésemos más como sociedad si en vez de poner en manos de unos cuantos todo un dispositivo de armas y fuerza para que, en nuestro nombre, “vigilaran” y castigaran el delito, para que “nos defiendan”, nos preparamos como sociedad para no necesitar vigilantes ni mercenarios y para luchar contra las violencias de forma horizontal, sin delegación, sin armas, colectivamente, sin hacer vigilantes y de manera alternativa al uso de la fuerza.

De eso que se encargue su madre

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Landahlauts

Fuente: Público

Nos refiere Público un caso que ilustra de maravilla la particular lectura de los derechos que mantiene el Ejército respecto de los soldados.

En concreto se trata de la denegación de la petición de un cabo que ha solicitado que le destinen a una unidad cercana al domicilio de su unidad familiar para poder ejercer los derechos de conciliación que al menos en el papel le pueden corresponder.

El cabo, al parecer, tiene dos hijos, uno con un trastorno de la personalidad grave e invalidante. La pareja del cabo, además, se encuentra en tratamiento psicológico.

Nada más lógico que querer conciliar su trabajo con sus necesidades familiares. Pero no lo entiende así el ejército, que le ha denegado repetidas veces la solicitada conciliación por ser incompatible con su situación militar.

Para mayor brutalidad, una de las contestaciones que ha recibido, dice Público, por escrito dice que “para eso ya está su madre” (de los hijos). ¿Cabe una denegación más brutal e insensible? ¿No denota una visión machista de la vida, incompatible con el mundo en que vivimos, tal contestación?

Al parecer la conciliación de la vida familiar es también uno de los vicios de la vida civil que uno debe dejar a la puerta del cuartel, lo que nos hace, una vez más, lo poco compatible de los ejércitos y los valores civiles.

Pero no es el machismo la única explicación del caso. Al parecer, lo que se le niega al cabo se le admite a un Teniente Coronel, aún cuando se encuentran en la misma situación “administrativa”. La jerarquía parece que, también aquí, convierte en privilegios lo que en el mundo civil son derechos para todos.

Según parece el caso del cabo no es excepción, sino norma. Y es que, efectivamente, los derechos quedan aparcados a la puerta de los cuarteles. Tal vez derechos y cuarteles no concilian bien. Y eso es un peligro para la sociedad.

Navantia compite por fabricar fragatas en Australia

Exponaval+2012

Paulo Etxeberria

Fuente: La voz de Galicia

Navantia busca en la exportación de sus barcos de guerra una salida al tremendo agujero económico y fiasco tecnológico que ha supuesto su actividad en los últimos años.

Ahora compite, junto con la italiana Fincantieri y la inglesa BAE System por fabricar una serie de fragatas militares para la marina de guerra de Australia, que se quiere reforzar para preparar su contribución a la disputa por el Pacífico que se vislumbra ya entre EE.UU. y China como actores principales.

La adjudicación del contrato de los australianos se decidirá en el año 2017 y serán 9 fragatas de última tecnología por un importe de 21.428 millones de euros.

Navantia vende este contrato al que aspira como si fuera cosa hecha y lo pasea entre los cabreados trabajadores del sector naval como una oportunidad, pero ocultando:

a) Que las posibilidades de la adjudicación a la compañía española son más que inciertas

b) Que el contrato lo es para desarrollar las fragatas en Adelaida, no en España, y con personal de aquel país (los australianos quieren aprovechar el contrato para desarrollar su propia industria naval)

c) Que la patente de los principales sistemas de las fragatas tampoco es española

d) Que, por tanto, la fabricación de estas fragatas ni supondrá trabajo para los ferrolanos y gaditanos, ni desarrollo para sus regiones, sino únicamente (de ganar el contrato) riqueza para los inversores de Navantia

e) Que estos barcos no van a contribuir precisamente a generar mayor seguridad mundial ni a consolidar políticas de paz.

Nuevamente tenemos al complejo militar industrial manipulando la información y contribuyendo a una mayor inestabilidad mundial a cambio de suculentos negocios para sus intereses.

A favor de la Avenida de la inteligencia

Imagen de Emilio J. Rodríguez-Posada

Imagen de Emilio J. Rodríguez-Posada

Fuente:  El Confidencial Digital.

El 24 de septiembre de 2016 se concentraron en la Plaza Mayor de Madrid unos 1.500 veteranos de la Legión (otras fuentes hablan de más de 300), ex miembros de los boinas verdes (operaciones especiales), veteranos de la Brigada Paracaidista, de los Tabores de Regulares, del Ejército del Aire y marinos de la Armada.  Incluso hubo gente venida del extranjero.

De los más de 3 millones de personas que en España viven de lo militar, se manifestaron como máximo 1.500 personas, probablemente viejas glorias nostálgicas y recalcitrantes.  Es decir, según estos cálculos, un 0’05 % o un 0’01 % de los mantenidos a costa del erario por su vínculo militar están a favor de que se mantenga el nombre de Millán Astray en el callejero madrileño.

Los ex militares y otros ciudadanos simpatizantes abuchearon a la alcaldesa, Manuela Carmena, y a los miembros del Comisionado de la Memoria Histórica que han decidido incluir la calle Millán-Astray entre las vías “franquistas” a rebautizar, y que además han desestimado las alegaciones de un grupo de antiguos caballeros legionarios.

Los participantes anunciaron que cambiarán, cada día, las placas de la calle para reponer el nombre de Millán Astray, quitando el que propone Carmena: “avenida de la inteligencia”

Sabemos que, en el fondo, no son los únicos que están a favor del golpista legionario.  Así, en el pleno del distrito de Latina, los del PP elogiaron como héroe a Millán, todo un ejemplo de la caspa que aún palpita entre nosotros.  La ex alcaldesa y ex Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, también elogió al golpista, no sabemos si por su acreditado oportunismo y mala fe, o por arraigados sentimientos hacia lo que, tristemente, representó Millán Astray para nuestra historia.  Y, cómo no, el presidente de Melilla, también del PP, salió en defensa de Millán Astray. Parecería poco arriesgado afirmar que una gran parte del PP apoya al fascista.

Sí damos la palabra al General retirado Rafael Dávila Ávarez que en su blog opinaba así:

No necesita el general defensa ni más explicaciones. Su obra, la Legión, es suficiente. La creación y fundación de la Legión es la obra más necesaria e importante llevada a cabo en el Ejército español en los últimos cien años. Después de Annual quedaron muchas cosas en entredicho.

No vamos a hacer uso del sentido del humor ni de la socarronería, ni de la ironía.

Pensamos que el tema es serio porque el callejero madrileño, como tantas otras cosas, transmite una cierta visión cultural de Madrid.  Es la diferencia entre “cultura de defensa” y “cultura de paz”, o la diferencia entre los derechos de los golpistas del 36 y los derechos humanos, o la diferencia entre los conceptos de Defensa Militar / Seguridad Nacional, por un lado y Seguridad Humana, por el otro.

Madrid opta, y lo debe hacer desde la ética,

  • o por un fascista, golpista, militarista, exaltador de la violencia y de la muerte, en definitiva, por una calle manchada de sangre
  • o por la paz, la inteligencia, por la democracia, por la república, por la resolución noviolenta de los conflictos, por otro modelo de educación no militarista.

Madrid como ciudad de guerra o Madrid como ciudad de paz.

El callejero de Madrid, como las demás ciudades y pueblos, tiene el poder de hacer recordar a sus héroes, de dar ejemplo con sus preferencias.

Carmena no está sola.  Coruña también ha decidido echar de las calles a Millán Astray y el próximo 8 de octubre su plaza pasará a llamarse Praza das Atochas.  Alicante también está en esta idea.

Inteligencia es mejor aliada para la dignidad humana que el héroe que gritó contra la inteligencia. Millán y otros militares están bien en el empolvado anaquel donde los dejaron. No los queremos en nuestras calles.

Igualdad, desigualdad y guerras

de+regreso+del+cole

Jimmy Baikovicius

Fuente:  ctxt

¿Qué tienen que ver la igualdad, y la desigualdad con las guerras, desde el punto de vista económico?

Todos suponemos que a mayor desigualdad habrá mayores tensiones sociales, económicas y políticas en la sociedad y ello puede acabar derivando en estallidos de guerras.

La lectura de la entrevista publicada en Ctxt nos ha hecho reflexionar sobre la relación de la guerra con la igualdad social y la desigualdad social.  Nos parece muy interesante lo que aporta Branko Milanović, pero, modestamente, nos parece que discrepamos en aspectos importantes que procuramos argumentar.

Branko  Milanović es un economista serbio afincado en USA, investigador jefe del Banco Mundial, y  dedicado a estudiar la desigualdad a nivel global.  Su último libro se llama Global Inequality: A New Approach for the Age of Globalization (Harvard University Press, 2016),

analiza los niveles de desigualdad entre países de todo el mundo, así como entre las clases sociales dentro de dichos países, a lo largo de varios siglos. Los resultados son sorprendentes, y dibujan un panorama en el que el mundo contemporáneo se parece cada vez más al del siglo XIX.

Pero además piensa que esta similitud nos puede llevar a una nueva guerra mundial como ocurrió con las desigualdades de principios del siglo XX con la Primera Guerra Mundial.

Según Branko

La desigualdad a nivel global es extremadamente alta, pero en las últimas décadas ha descendido ligeramente. Ese descenso viene ocasionado por las altísimas cotas de crecimiento de China, India, Indonesia o Vietnam. La desigualdad va en claro aumento en prácticamente todos los países del mundo, con alguna excepción, como Brasil. Ha crecido mucho en Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, China, India, Suecia, Alemania… Pero a nivel global desciende porque lo que cuenta es el crecimiento sostenido de China en las últimas décadas.

En el siglo XIX, la mayor parte de las desigualdades se producían dentro de cada país. En otras palabras, existían los aristócratas y los pobres campesinos, tanto en Rusia como en el Reino Unido o China. La brecha entre países era mucho menor. Hoy en día, lo que prima ahora es la brecha entre los países, muy por encima de las diferencias dentro de cada país. Pero -y este es el asunto crucial- si China, Indonesia y otros países siguen creciendo al ritmo de las últimas décadas, esa brecha va a cerrarse, y entonces el elemento nacional volverá a cobrar suma importancia.

Guerras y epidemias, en opinión de Branko han tendido siempre a reducir las desigualdades.  A ambas las denomina factores no económicos y en otras ocasiones “malignos” porque reducen la desigualdad destruyendo lo que hay.

.  Ahora coexisten con factores económicos benignos como

la educación, los subsidios de desempleo, los sindicatos y toda una serie de políticas de desarrollo del estado del bienestar.   En resumen, si queremos reducir la desigualdad, tenemos a nuestra disposición herramientas que son buenas y otras más desafortunadas, que la reducen a base de destrucción.

Y esta aseveración nos plantea grandes dudas:  ¿las guerras generan igualdad?  ¿Quizá se refiere a la igualdad en la miseria que generó en Europa la Primera Guerra Mundial, o a la igualdad en la miseria que generó en España la Guerra Civil?  ¿Es esa igualdad la que interesa desde un proyecto político igualitario y emancipador?  O, quizá se refiere a esa reducción de la desigualdad que provocó la Segunda Guerra Mundial en la economía estadounidense al crear una industrialización desde el tiron de la industria militar y que luego aprovechó para crear una potente clase media.

El matiz es importante.  Si la guerra genera igualdad, es

  • o igualdad en la miseria
  • o igualdad basada en que un país no ha sido devastado por la guerra, pero que se ha beneficiado de la guerra vendiendo armas.  Lo cual se nos ocurre clasificarlos como igualdad miserable.

Piensa que la desigualdad genera guerras

Es lo que defiendo en el libro para el caso de la Primera Guerra Mundial (no tanto la Segunda): la enorme desigualdad hizo que las élites en los países ricos no pudieran encontrar la demanda agregada suficiente para ‘colocar’ su capital dentro del país. Por eso se vieron tentados a exportar el capital y luego controlar políticamente los países en los que lo habían invertido. Eso llevó a una lucha por el territorio y en consecuencia a la guerra. De modo que sí, creo que la desigualdad está en el origen de las fuerzas que terminaron precipitando la Primera Guerra Mundial. Es algo que podría volver a suceder.

(…)  La desigualdad, a nivel nacional, puede convertirse en un problema global. Igual que sucediera con la Primer Guerra Mundial, en la que los intereses de las élites domésticas trajeron consigo consternación política transnacional y una gran guerra, podemos vernos en una situación en la que los niveles crecientes de desigualdad, que parecen un problema doméstico, repercutan en la política exterior, y lleven a ciertos países al enfrentamiento bélico con otros. Creo que es una lección fundamental.

La sucesión de hechos que pronostica Branko es la siguiente:

1º, Por las condiciones económicas se crea desigualdad.  Lo que provoca que los muy ricos acumulen mucho más capital (tal como ahora está ocurriendo gracias a la crisis económica)

2º, los muy ricos no encuentra mercado interior para seguir sacando beneficios (porque los “desiguales” no tienen para comprar) de sus nuevos capitales acumulados durante la crisis (tal como ocurre ahora debido a la crisis económica)

3º, por ello invierten en países extranjeros y desinvierten en los propios.  Que, ahora, con la globalización, pueden estar en cualquier lugar del mundo.

4º, como sus queridos capitales están allende sus fronteras, tienen la necesidad de controlar estos países extranjeros para asegurar sus capitales e intereses.

5º, los muy ricos influyen por tanto en sus respectivos gobiernos para que ellos, a través de su política exterior militarista controlen los países que les interesan.  Y lo hacen, claro está, contra los propios intereses nacionales de estos países extranjeros, que intentan rebelarse, y de la gente sometida a desigualda en sus propios países.

6º, estalla la guerra que provoca los siguientes casos:

  • los muy ricos siguen beneficiándose de sus inversiones en industrias militares o bancos que invierten en industrias militares, y de sus ventas de material militar.  Esto genera desigualdad.
  • los países que sufren la guerra son devastados.  Esto provoca igualdad en la miseria.  Ahora en muchos países en guerra acaban generándose los llamados Estados fallidos, es decir, igualdad crónica en la miseria.
  • los países que no sufren la guerra pueden conseguir, en la medida en que se beneficien económicamente de la guerra, una mejora de su igualdad interna, pero esta igualdad sera igualdad miserable.

En definitiva, la guerra, en nuestra modesta opinión provoca desigualdad, igualdad en la miseria e igualdad miserable.

No es un instrumento saludable de política, sino todo lo contrario.

Eurobonos de Defensa para Europa. Otro paso más en el creciente militarismo de la UE

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Por La Mala Testa

Fuente: Reuters

La pasada cumbre de jefes de Estado de la UE, celebrada en  Bratislava, fue todo un ejemplo de qué entiende la élite europea por unión política: refuerzo del militarismo “para ser una potencia con voz propia en la geopolítica mundial”,  y preocupación por una idea de seguridad basada en la agresión militar, la obsesión identitaria y contra “los otros” y el aumento del potencial bélico y de la amenaza.

No parece nada novedoso. La idea de hacer de Europa una fortaleza blindada y agresiva alimenta los programas de la derecha más reaccionaria desde hace décadas, pero penetra también en los idearios de la derecha hasta ahora considerada decente, que asume desvergonzadamente el discurso duro de la ultraderecha, de las diversas corrientes liberales y de la socialdemocracia vigentes, cada vez más incoherentes y patéticos.

También es una idea barajada en los despachos buocráticos de esa Europa cada hecha desde arriba y, por qué no decirlo, sutilmente preparada y dotada desde hace años de contenidos patentes, como la creación de diversas estructuras militares europeas, de la Agencia Europea de Defensa, del centro de espionaje europeo o de los cuarteles generales de defensa, por no hablar de las operaciones de injerencia militar que mantiene miles de soldados en diversos conflictos internacionales, tal como ya explicamos en nuestro dossier “Ejército europeo“.

En el incansable empeño por financiar este nuevo y avasallador polo militar, ahora se les ha ocurrido a los gobernantes europeos acudir a un mecanismo de especulación económica que, se pretende, permita obtener recursos para impulsar la industria militar, la exportación de armas y el militarismo más rancio.

En palabras de la comisaria de Industria de la Unión Europea, Elzbieta Bienkowska,

Estamos estudiando compartir los presupuestos nacionales para financiar proyectos comunes de defensa y emitir bonos conjuntos de la UE

y

el fondo de defensa podría obtener inicialmente financiación con la reserva de una determinada cantidad del existente Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas (FEIE), específicamente para la investigación de defensa y proyectos de producción

El propio Juncker a la entrada en la cumbre de Bratislava ratificó la idea y añadió que el Fondo de defensa estará listo antes de finales de año, lo que nos hace ver que tiene todo preparado y bien atado.

La gran idea, según parece, consiste en mantener los actuales (y crecientes) presupuestos de defensa de los países de la UE e incrementar el gasto militar conjunto creando un fondo económico, que se pretende “nutrir” con aportaciones  privadas en términos de “bonos” especulativos. Unos bonos que emitiría la UE y que servirán para impulsar (es decir, para impulsar más aún) la industria de defensa europea.

La idea de la emisión de bonos para financiar ese “impulso” a la industria militar es múltiplemente perversa:

primero, por el  propio fin de esa financiación: la creación de armas y el incremento de los arsenales militares europeos (lo que genera un abrumador aumento de los arsenales militares europeos).

segundo, porque el medio de hacer “viable” la creación de capacidades militares por parte de la industria militar consiste en vender todos los excedentes posibles e inundar de armas al resto de los países (lo que incrementa el peligro de un potencial conflicto bélico)

Y tercero, porque el emisor de los bonos (en este caso la UE) responde y respalda éstos y su rentabilidad con el propio presupuesto y si, como suele suceder, la industria militar que se apoya no acaba generando la rentabilidad que prometen los bonos, es la sociedad europea la que se empobrecerá y pagará los platos rotos de la especulación en armas, como ocurre, por ejemplo, con el caso español de Navantia o con el consorcio EADS, cuya ineficacia y agujero económico se paga por el Estado español (en el caso de Navantia) o por los estados alemán, francés y español, partícipes de EADS (al margen de las subvenciones que le dan a dichas industrias por su carácter de industrias “estratégicas” y que también salen de los impuestos de todos) .

Llama la atención que ante los problemas estructurales de una Europa cada vez más injusta y que reduce sus políticas sociales y ahonda en la austeridad de los derechos, al son que tocan las nuevas doctrinas neocapitalistas, la respuesta sea, una vez más, impulsar la industria militar y el militarismo como solución y como enriquecimiento de unos pocos a costa de los intereses de todos lo demás.

Y llama la atención que este empeño militarista ocurra casi en paralelo con la última cumbre de la ONU, donde el Secretario General saliente del organismo (tal vez porque ya está de retirada y tiene poco que perder) se ha dado el gusto de decir claramente que las guerras actuales están alimentadas, en gran parte, por los Estados occidentales y sus políticas, manchados de sangre inocente, y por los intereses especulativos de los vendedores de armas.

Asistimos a negros nubarrones de refuerzo militarista en Europa, un refuerzo de la mano del lucrativo interés de enriquecerse cada vez más de unas élites voraces e insensibles, pero hasta ahora no se observa que las corrientes políticas alternativas y que se proclaman de izquierdas introduzcan en su agenda la lucha antimilitarista o la crítica a la creciente militarización europea. Tal vez porque participan de la misma idea militarista y veneradora de la guerra que sus antagonistas.

Los ecologistas no son el enemigo

Imagen de Lur Rusines

Imagen de Lur Rusines  Titulada:  Desobediencia.

Fuente:  La Marea.

Os recomendamos la lectura del artículo de Olivia Carballar en La Marea.

Cualquier lucha ecologista, feminista, pacifista, pro tercer mundo, animalista, … corre el peligro de ser interpretada como una lucha contra los intereses económicos de uno u otro pueblo, ciudad o país.  ¿Quién nos dará empleo si la gente no viene a visitarnos para ver cómo se mata a un toro, de qué viviremos si no es de empleados de una base militar, no os dais cuenta de que si filtráis que nuestro agua tiene mercurio será peor para todos, para nuestras ventas de hortalizas, para el turismo, …?

Cualquiera que lucha por la mejora de cualquier aspecto de la sociedad se ha quedado estupefacto cuando alguien bienintencionado (de los malintencionados ni hablamos) le acusa de ser el enemigo de los intereses del común.

Los pacifistas lo que queréis es que nos invadan, el ecologismo impide el desarrollo de los pueblos, el feminismo amordaza al hombre y sus sentimientos, los animalistas no pensáis en los humanos, antes nosotros que el Tercer Mundo, …

Olivia Carballar nos lo deja muy claro en su artículo:  los ecologistas no eran el enemigo.  El enemigo era una industria minera irrespetuosa con el medio ambiente y los habitantes de la zona, el enemigo eran unas administraciones que miraban para otro lado.

En este blog siempre hemos apostado por los movimientos sociales.  Ellos son los que verdaderamente defienden lo que queremos defender y son los verdaderos actores de la lucha social por una defensa de la Seguridad Humana y la Seguridad Ecológica:  medio ambiente, educación, salud, empleo, etc.  Y lo hacen con metodologías de acción noviolentas y promoviendo la participación desde la base.  En muchos movimientos de base la gente colabora con su tiempo libre, con su propio dinero, con sus vacaciones, con lomejor de sí …

Sus desobediencias son las semillas de un futuro más justo, más ecológico, más humano, más pacífico.  No son chiquilladas o cabezonerías.  No son bravuconadas.  Son muestras de un alto compromiso personal y político que se expresa en grupos en los que no se quiere conquistar el poder, sino ejercerlo en común y desde la base; en los que no se busca llegar a la cumbre de la pirámide sino compartir responsabilidades y trabajos.

Conviene recordarlo.  Recordarlo y apoyarles, animarles, sonreírles.

Política de defensa en Francia

Imagen de Barby BZ

Imagen de Barby BZ

Continuamos la serie que prometíamos en el artículo “Política de defensa de Alemania“, y “Política de defensa de Gran Bretaña”, siguiendo el estudio “Análisis comparativode la capacidades militares españolas con las de los países de su entorno” realizado por Ignacio Fuente Cobo para el IEEE del Ministerio de Defensa.

Hoy nos ocupamos de las líneas generales de la política de defensa de Francia.

 

Como el resto de sus homólogos occidentales, las Fuerzas Armadas francesas comenzaron a evolucionar con el final de la Guerra Fría y la reanudación de las operaciones expedicionarias en el exterior. Siguiendo un proceso paralelo al de las Fuerzas Armadas de países europeos como España, Italia y Portugal, entre otros, Francia suspendió la conscripción en 1996 y en 2001 los últimos reclutas acabaron su período de servicio de diez meses. Se daban así los primeros pasos hacia un nuevo ejército profesional, que debía ser más compacto, mejor equipado y mejor adaptado para intervenir fuera del territorio nacional.

Sin embargo, a la vez que mantenía su ambición de seguir siendo considerada una potencia global, Francia, siguiendo la misma tendencia que otras naciones occidentales, fue reduciendo progresivamente el porcentaje del PIB dedicado a la defensa, cuyo presupuesto cayó del 2% de 1997 al entorno del 1,4% que alcanzó a principios de la presente década. Ello supuso que, con el fin de mantener unas Fuerzas Armadas tecnológicamente avanzadas, Francia tuvo que sacrificar el tamaño de la fuerza, cuya reducción fue continua e inevitable.

No obstante, Francia mantuvo su individualidad estratégica y solo se integró en la estructura militar de la OTAN en 2009, al tiempo que aspiraba a potenciar y liderar las iniciativas militares en el marco de la Unión Europea. De esta manera, Francia intervino con una División ligera (la División Daguet, unidad ad hoc constituida por unos doce mil quinientos franceses procedentes de diferentes unidades orgánicas y un refuerzo de cuatro mil quinientos norteamericanos, dotada de carros AMX-30, vehículos blindados, artillería y helicópteros de ataque) en la Guerra del Golfo en 1991, pero no se implicó en Irak y en Afganistán, su participación ha tenido menor perfil que la de Reino Unido e, incluso, que la de Alemania o Italia.

Por el contrario, la revalorización estratégica del continente africano le ha servido a Francia para hacer valer su amplia experiencia en ese continente, especialmente tras su exitosa intervención militar autónoma en la operación «Serval» en Malí en 2013. Su participación en las operaciones en Libia en 2011 también fue particularmente activa y, en la actualidad, el despliegue regional en el Sahel conocido como operación «Barkhane» es, en general, considerado como un importante factor estabilizador de carácter antiterrorista y, en particular, antiyihadista. Incluso, en la lucha contra el Dáesh en Siria e Irak (la operación «Chammal»), Francia, con el despliegue permanente de medios aéreos (un contingente de unos 850 militares) y el ocasional de medios aeronavales, como el portaviones Charles de Gaulle, ha asumido un papel algo mayor que el de Reino Unido y, por supuesto, Alemania o Italia.

Los documentos en los que se basa la política de defensa de Francia en la actualidad son:

  • el Libro Blanco sobre Defensa y Seguridad Nacional, cuya última edición es de 2013 y que es el documento que marca la orientación estratégica de los próximos 15 años
  • y la Ley de Programación Militar (LPM) para el período 2014 a 2019.

La evolución de la política de defensa francesa viene marcada por la sucesiva publicación de sus Libros Blancos sobre la Defensa:

comenzó con la publicación del Libro Blanco sobre la Defensa y la Seguridad Nacional de 1994 que supuso el cambio de énfasis de la defensa del territorio nacional por las operaciones expedicionarias. Este proceso continuó con un nuevo Libro Blanco en el año 2008 en el que se formulaba el concepto de «incertidumbre estratégica», definido como la dificultad de identificar los riesgos y amenazas en un mundo que entendía se había vuelto más inestable y más peligroso. Las Fuerzas Armadas francesas se concebían y dimensionaban principalmente a partir de la hipótesis de un enfrentamiento importante de alta intensidad con fuerzas estatales de un nivel equivalente. Este documento fue revisado en 2012 para integrar los efectos de la llamada «Primavera árabe», la inflexión estratégica de los Estados Unidos hacia el Pacífico y la crisis económica que tan profundo efecto estaba teniendo en las cuentas del Estado incluyendo los presupuestos de defensa. Sin embargo, la presidencia francesa no pareció completamente satisfecha del resultado obtenido por lo que el actual presidente, François Hollande, condicionado por las repercusiones de la operación «Serval» en Malí, que no habían sido previstas en este documento, así como por la necesidad de recuperar el equilibrio de las cuentas públicas, ordenó al llegar al Elíseo que fuera completamente reescrito, dando lugar así al actual Libro Blanco de la Defensa cuya publicación data de abril de 2013 y que ha sido desarrollado por la Ley de Programación Militar (LPM) 2014-2019

El entorno de seguridad y la estrategia militar.

Reconoce tres tipos de amenazas:

  • «Amenazas de la fuerza», considerando que, al menos hasta 2025, el riesgo de que resurjan conflictos entre Estados sigue estando presente. Ello es debido al aumento del gasto militar, especialmente en Asia; a las políticas expansivas de potencias como Rusia y China; a la desestabilización regional en áreas como el Oriente Medio; a la proliferación de las armas de destrucción masiva y, finalmente, a los ataques informáticos dirigidos desde ciertos Estados.
  • Los «riesgos de la debilidad» de algunos Estados que pueden terminar por convertirse en amenazas, esto supone un factor estratégico nuevo en el que algunos Estados en África, Oriente Medio, o Asia resultan incapaces de ejercer sus responsabilidades, los riesgos, por lo que las amenazas que surgen en su territorio pueden desbordarse rápidamente y afectar a la seguridad de Francia.
  • Las amenazas y los riesgos amplificados por la «globalización» se refieren a las amenazas y los riesgos que pesan sobre los flujos de bienes, mercancías o personas, en constante aumento con la globalización económica; los riesgos para la seguridad marítima debido al incremento de la piratería, los riesgos terroristas que siguen presentes en el centro de las preocupaciones de seguridad de la mayoría de los países, el incremento exponencial de los riesgos mediante ciberataques contra las infraestructuras digitalizadas y las amenazas que pueden dirigirse contra el espacio extratmosférico.

Otro cambio importante que recoge el Libro Blanco es que restringe el alcance de la acción de Francia a los límites de Europa, léase África.  Se centran actualmente —al igual que ocurre con la mayor parte de sus socios europeos— en la lucha contra el terrorismo yihadista y en la estabilización de los países que conforman la periferia de la Unión Europea. Los sueños formulados en 2008 de jugar un papel en Asia han quedado olvidados, reconociéndose que Francia ya no tiene los medios para para llenar su ambición más lejana. Las dos últimas guerras libradas por Francia en Libia y Malí, organizadas por medio de coaliciones «verticales», y el hecho de que los Estados Unidos hayan renunciado a estar en primera línea, representan, en la percepción francesa, el futuro modelo de conflicto al que ha de enfrentarse el país.

El siguiente párrafo nos pone cara a cara con la penosa realidad de la planificación militar (no sólo francesa, mundial).  En él, sin reconocer el error que cometieron en la pasada planificación, se autoenmiedan la plana sin asomo de autocrítica o de rubor:

La actuación de Francia en Malí, por otra parte, ha confirmado la necesidad de mantener bases militares en África, quedando así abandonado el propósito estipulado en el Libro Blanco de 2008 de racionalizar la presencia militar francesa en África mediante una reducción drástica de sus bases militares. De esta manera, se reconoce que sin estas bases la intervención en Malí no hubiera sido posible y también indica que Francia parece haber comprendido que la mayor parte de los gastos de este tipo de intervenciones serán nacionales.

En cuanto a la estrategia militar:

hasta el Libro Blanco de 2013, las Fuerzas Armadas francesas se habían concebido y dimensionado principalmente a partir de la hipótesis de un enfrentamiento importante de alta intensidad con fuerzas militares de otro Estado de un nivel equivalente. Por ello el Libro Blanco de 2008 insistía especialmente en el principio de polivalencia y en el alto nivel de modernización de todas las unidades.

Sin embargo, la edición de 2013 del Libro Blanco introduce una inflexión con respecto a esta tendencia distinguiendo entre operaciones coercitivas, donde las Fuerzas Armadas francesas se enfrentarían a ejércitos estatales, y las operaciones de gestión de crisis que tienen características militares distintas. Consecuentemente, el Libro Blanco establece una categorización de las principales misiones operativas asignadas a las Fuerzas Armadas que permitan hacer frente a un amplio espectro de intervenciones e incluyen, por una parte, las misiones permanentes y, por otra, las misiones no permanentes de intervención fuera de sus fronteras.

Los ejércitos deberán llevar a cabo los siguientes esfuerzos militares:

  • Misiones de protección del territorio y la población, que exigen una capacidad de fuerzas terrestres que puede alcanzar los 10.000 hombres, así como los medios adaptados de las fuerzas navales y aéreas, en misiones de refuerzo de las fuerzas y cuerpos de seguridad.
  • Gestión de crisis internacionales hasta en 3 teatros diferentes con medios que pueden llegar a los 7.000 hombres y que incluyen unidades navales, entre ellas un buque de proyección y mando, y una docena de aviones de combate.
  • Por último, 1 operación coercitiva importante que implique alrededor de 15.000 hombres, con hasta dos brigadas interarmas, 45 aviones de combate y un grupo aeronaval, y que incluya fuerzas especiales.

Para cumplir su nivel de ambición, el Libro blanco prevé:

  • invertir la tendencia decreciente manteniendo un esfuerzo de defensa significativo de manera que, en un primer momento, el gasto de defensa se estabilice para después, incrementar su volumen progresivamente.
  • El presupuesto de Francia seguirá siendo el segundo presupuesto militar de la Unión Europea —después del británico—, lo que se considera el precio de mantener la ambición internacional de Francia y preservar su autonomía estratégica.
  • La caída del presupuesto de defensa impide mantener el nivel de ambición de las Fuerzas Armadas francesas en el medio y largo plazo, a pesar de que el nivel de esfuerzos que se les exige se ha reducido a la mitad, pasando de 30.000 soldados en operaciones hace unos años a 15.000 a comienzos de 2015.

La tensión que ha producido en el seno de las Fuerzas Armadas esta situación de sobresfuerzo militar en una época de recortes presupuestarios se ha reflejado en ciertas discrepancias internas entre el poder político y los responsables militares hasta el punto de que en mayo de 2014 el jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) y los tres jefes de Estado Mayor de los Ejércitos (JEME) amenazaron con su dimisión si no se revertía una situación que entendían insostenible en el largo plazo.

La planificación francesa también ha visto recientes cambios en lo que se refiere a presupuestos:

De acuerdo con la Ley de Programación Militar, tal y como fue aprobada en diciembre de 2014, los presupuestos de defensa, sin incluir los gastos de pensiones, expresados en miles de millones de euros corrientes, debían evolucionar como sigue (sin incluir los gastos en pensiones):

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Además, se contará con recursos excepcionales, incluyendo enajenaciones, por valor de:

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Poco después, por los atentados terroristas de 2015, se decidió establecer

un presupuesto de defensa para los cinco años de 162.410 millones de euros. Ello supone que, de acuerdo con la ley modificada, Francia va a liberar 3.800 millones de euros suplementarios en los próximos cuatro años, lo que le permitirá evitar acometer en toda su dimensión la reducción de plantilla prevista en el Libro Blanco. Ya no se suprimirán de aquí a 2019 los 34.000 empleos proyectados, sino aproximadamente la mitad

La opción francesa contra los atentados terroristas en su territorio en 2015 ha consistido en remilitarizar Francia y considerar la seguridad interna como un frente más, así:

Los ataques terroristas en París de 13 de noviembre de 2015 han acelerado esta inflexión hacia el incremento de sus gastos de defensa, cancelando los recortes de personal en las Fuerzas Armadas previstos para los años 2015 y 2016 que alcanzaban un total de 18.750 efectivos. Igualmente, a raíz de los ataques, todos los recortes de personal previstos para después de 2017, 2018 y 2019 han sido suspendidos.  También, como consecuencia del incremento de la amenaza terrorista, se van a reforzar la policía y la gendarmería con cinco mil nuevos efectivos, así como el Ministerio de Justicia y el Servicio de Aduanas con tres mil quinientos nuevos empleados que se añadirán a las 2.650 plazas suplementarias aprobadas después de los anteriores ataques de enero de 2015

Los problemas de programación y el uso excesivo y engañoso, por tanto, de los créditos extrapresupuestarios es un grave problema que compartimos a ambos lados de los Pirineos:

la asignación anual para las operaciones externas se ha fijado en 450 millones de euros, una cantidad que resulta insuficiente, por lo cual, como reconoce la propia ley, los costes adicionales y los reembolsos de las organizaciones internacionales en el marco de las operaciones externas deben ser objeto de una financiación extraordinaria, con el consiguiente impacto sobre las cuentas del Estado.

Nos parece que el modelo francés es la envidia de Morenés y su ministerio porque:

Francia tiene una consideración especial hacia el imperativo industrial, es decir, la necesidad de preservar el conjunto de los sectores industriales crí- ticos que hacen de la base industrial y tecnológica de Francia un instrumento de su autonomía estratégica y de su soberanía. Francia cuenta con la segunda industria de defensa de Europa, por detrás de Reino Unido. Con cuatro mil empresas trabajando en este sector, un volumen de ventas de cerca de 15.000 millones de euros, unos 165.000 empleos directos e indirectos en territorio francés y la exportación de entre el 25 y el 40% de su producción, la industria de defensa se considera uno de los motores principales de competitividad de la economía francesa, así como del empleo, por lo que su protección no es cuestionada por nadie.

Esto se ha traducido en una prioridad continua de los gastos de investigación y desarrollo y de un esfuerzo en el equipamiento sobre base nacional de las Fuerzas Armadas hasta 2025

Francia en el límite.

Francia ha llegado al límite de sus capacidades operativas con sus Fuerzas Armadas comprometidas en varios frentes, con casi veinte mil soldados desplegados en el extranjero, empeñados principalmente en la operación «Barkhane» que cubre todo el Sahel y la operación «Sangaris» en la República Centroafricana. A ello hay que añadir la participación francesa contra el Dáesh en Irak, además de los más de diez mil soldados que patrullan el país para proteger las zonas sensibles. Francia se encuentra también al límite de sus posibilidades presupuestarias. Su presupuesto de defensa reducido al 1,8% del PIB en 2015 resulta insuficiente para mantener en el medio y largo plazo una actividad operativa tan amplia. Incluso si este porcentaje aumentara hasta superar el umbral del 2% para finales de esta década, seguirá siendo insuficiente para mantener su ambición estratégica, sobre todo si se tienen en cuenta las exigencias operativas que pueden derivarse de los conflictos actuales y previsibles en el futuro.

 

 

 

 

 

 

 

El Consejo de Ministros permite más gasto militar

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Fuente: Consejo de Ministros.

El Consejo de Ministros del gobierno en funciones lo ha vuelto a hacer.

Aprovechando la reunión del Consejo de Mnistros de 16 de septiembre, ha aprobado autorizar más gasto militar.

Por una parte autoriza a un gasto militar de 25,5 millones de euros para que el INTA, organismo autónomo dependiente de Defensa, instale a costillas del presupuesto  unas antenas para la NASA que irán en la estación de Robledo de Chavela.

El contrato se basa en la prórroga de la enmienda del Acuerdo de Cooperación Científica entre el Reino de España y los Estados Unidos de América sobre la mencionada estación, suscrito el 28 de enero de 2003, y tiene por objeto el suministro de dos antenas multifrecuencia, del tipo Center-Fed Beam Waveguide Azimuth-Elevation (BWG) de 34 metros de diámetro, capaces de operar en el rango de frecuencia de 2-40 Ghz. Se busca con ello dar soporte a las nuevas misiones robóticas que la NASA y la Agencia Espacial Europea desarrollarán en los próximos cuatro años.

25’5 millones en antenas de evidente uso militar. No está mal. Sobre todo para los EE.UU. que endosan inicialmente este gasto al presupuesto general en virtud de un convenio para el funcionamiento de la estación de Robledo de Chavela que, al parecer, no puede esperar a que un nuevo gobierno verifique la urgencia de dicho gasto.

Según el acuerdo,

La NASA financiará completamente el gasto, de tal forma que no suponga un desajuste financiero para el INTA. En concreto, transferirá la cantidad de ocho millones de euros en el ejercicio económico 2016 y de cinco millones de euros en 2017. La cantidad restante irá transfiriéndola a medida que el INTA vaya justificando el grado de avance en el suministro hasta su conformidad definitiva

Es decir, los 25,5 millones de euros los irá devolviendo la NASA a medida que el INTA vaya justificando  la instalación de la antena en los cuatro años que tiene para ello, pero en 2016 transferirá 8 millones (de los 25´5 previamente desembolsados por el presupuesto español) y en 2017 otros  5 millones, dejando los otros 11,5 para mejor momento.  Ya veremos.

No es el único gasto autorizado.

El Gobierno, para solventar la orden que dio hace unos días de congelar todo gasto no comprometido ya, ha acordado “exceptuar” de la congelación dos partidas,

  • una por importe de 115.926.094,56 euros, para “la prestación del servicio de restauración colectiva a las bases, acuartelamientos y establecimientos del Ejército de Defensa, y de los servicios de auxiliares de servicio y control en determinadas instalaciones del Ministerio de Defensa y sus organismos autónomos” (osea, gastos de comida de los militares y funcionarios de los organismos autónomos militares, que comen a cuenta del presupuesto).
  • Otra por importe de 1,56 millones de euros para “auxiliares de servicio y control en determinadas instalaciones del Ministerio de Defensa y sus organismos autónomos” (osea vigilantes de garita).

Las justificaciones de estos gastos son asombrosas.

En cuanto a la primera, se trata de garantizar los pagos de 4,02 millones de euros que costaría en lo que queda del ejercicio 2016 (4,02 millones de 115,92 millones que se autorizan de golpe) para comedores militares porque hay que

asegurar la alimentación del personal del Ejército de Tierra con arreglo a los criterios de calidad, necesidades dietéticas, seguridad nutricional e higiene establecidos por la normativa vigente y el Ministerio de Defensa, además de regular la prestación del servicio ajustado a las situaciones derivadas de la movilidad del personal militar, como son la formación y el adiestramiento, la realización de ejercicios y maniobras o el traslado de unidades, entre otras situaciones particulares del Ejército de Tierra.

Y la segunda porque el anterior adjudicatario ha debido montar alguna y han tenido que resolver el contrato con el mismo, por lo que necesitan (en vez de contar ante esta eventualidad con personal militar de vigilancia que no cuesta nada) contratar personal de vigilancia. Lo explican así

La contratación de estos servicios se venía realizando al amparo del Acuerdo Marco de servicios de Vigilancia y Control autorizado por el citado Consejo de Ministros del 18 de octubre de 2013. La vigencia concluyó el pasado 31 de agosto y no se ejercitó la posibilidad de prórroga debido a razones de interés público como consecuencia de problemas financieros de la empresa adjudicataria que impedían la normal prestación del servicio.

Como se ve, la improvisación, la chapuza, el descontrol presidiendo actuaciones bien previsibles o que se pueden resolver de otro modo, pero que nos llevan ahora a un gasto añadido de 25,5 millones de euros del presupuesto (que cuando vuelvan volverán al INTA, no al presupuesto) más otros 117,5 millones de euros de excepciones a la congelación de gasto.

Y es que con la nefasta gestión de este ministerio de Defensa, siempre pagamos los mismos.

Política de defensa de Gran Bretaña

Imagen de Miguel Discart

Imagen de Miguel Discart

Continuamos la serie que prometíamos en el artículo “Política de defensa de Alemania“, siguiendo el estudio “Análisis comparativode la capacidades militares españolas con las de los países de su entorno” realizado por Ignacio Fuente Cobo para el IEEE del Ministerio de Defensa.

Hoy nos ocupamos de las líneas generales de la política de defensa de Gran Bretaña.

Las grandes líneas de la política de defensa de G.B. se rigen por

  • la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS), que analiza el entorno de seguridad y establece los objetivos estratégicos.  La última es de noviembre de 2015.  Y se revisa cada 5 años.
  • la denominada Revisión Estratégica de Seguridad y Defensa (SDSR) que establece las formas de lograr esos objetivos y los medios necesarios para conseguirlo, es decir, los recursos que van a emplear.  La última es de noviembre de 2015.  Y se revisa cada 5 años.
  • un informe anual a la comisión parlamentaria de defensa sobre la implementación de la NSS
  • y un registro nacional de riesgos de carácter abierto y revisable cada dos años

Esta organización nos parece mucho más transparente y participativa que la DDN española que es realizada y aprobada por el gobierno y que tras ello y, sólo con carácter informativo, es puesta en conocimiento del Congreso.

También nos parece muy oportuno dividir el debate en dos:  por un lado definir los enemigos, riesgos y objetivos de la defensa;  y en otro debate posterior plantearse cómo realizar esos objetivos.  Así, se pueden analizar por separado para mejorarlas y se pueden pedir responsabilidades o fijar los errores más concretos.

El principal problema de la SDSR de 2010 era que mantenía la misma premisa de la anterior, al afirmar que con el fin de la Guerra Fría la probabilidad de que se produjese un conflicto interestatal era muy baja, por lo que habría dejado de ser prioritario dotarse de las capacidades necesarias para hacer frente a un Estado militarmente avanzado, un escenario básicamente improbable.

La premisa subyacente en esta revisión de 2010 que, sin embargo, no fue formulada explícitamente, era que Reino Unido confiaba en que las crisis de seguridad y humanitarias fueran lo suficientemente infrecuentes y limitadas como para que las Fuerzas Armadas británicas estuvieran en condiciones de evitarlas o, en su caso, hacerlas frente con pocos medios. De hecho, los británicos nunca comprometieron más del 10% de sus efectivos en las operaciones más exigentes de Irak y Afganistán (diez mil soldados de un total de cien mil).

Un esfuerzo que, aunque pudiera parecer muy elevado para otros países, resultaba escaso para lo que estaba acostumbrado a comprometer hasta entonces Reino Unido. La denominada Fuerza Futura 2020 que contemplaba la revisión, establecía que Reino Unido solo debía hacer frente a un único problema importante de seguridad —Major Operation— en cada momento.

La SDSR 2010 no fue capaz de anticipar una serie de crisis y acontecimientos que iban a conformar el panorama estratégico de nuestros días. Los más evidentes fueron la participación de Reino Unido en las acciones en Libia en 2011, la inestabilidad en Ucrania en 2014.   la aparición de una nueva forma de islamismo extremista en Siria e Irak, o la epidemia del virus del ébola en África occidental.

De esta manera, se establecía un nivel de ambición consistente en desplegar un máximo de 6.600 soldados durante una década en una sola operación de estabilización y en un solo país, complementada con esfuerzos temporales menores que en ningún caso superarían los 3.000 soldados.

Así se redujo progresivamente el coste de las operaciones de proyección de fuerza un 19% en 2015 en comparación con los niveles de 2010.

Sin embargo, Reino Unido sobrepasó en 2010 su nivel de ambición respecto a su capacidad de conducir operaciones marcado para ese año —el denominado Defence Planning Assumptions— lo que supuso un esfuerzo extraordinario para las Fuerzas Armadas británicas, dando lugar a disfunciones que aún persisten

La postura gubernamental de llevar al límite esta política intervencionista ha supuesto graves problemas en el Ejército de Tierra, el más sobrecargado en las intervenciones:

La realidad fue, por tanto, que esos diez mil militares que estuvieron en operaciones durante esos años no supuso un esfuerzo repartido proporcionalmente entre el conjunto de las Fuerzas Armadas, sino que, muy mayoritariamente, recayó en el ejército de Tierra y en particular de las Unidades de Infantería, con lo que el nivel de exigencia operativa sobre esta parte relativamente reducida de la estructura de fuerzas británica resultó absolutamente desproporcionado. Por otro lado, este esfuerzo comenzó en 2003 en Irak y tuvo que mantenerse casi hasta 2014, unos diez años, sumando los años en Irak y en Afganistán, lo que ocasionó que casi se llegara a alcanzar el punto de ruptura de sus unidades, con problemas de retención, reclutamiento y generación de contingentes. Esta concentración del esfuerzo operativo sobre una porción limitada de unidades hizo que sus efectos dañinos todavía estén en proceso de recuperación.

G.B. eligió una opción generalista en la que asumía su papel como gran potencia intervencionista:

Reino Unido renunciaba a la especialización en determinadas capacidades, o en determinadas especialidades operativas, que debían ser reforzadas en caso de resultar insuficientes por las aportadas por los aliados. Por el contrario, intentaría mantener todas las capacidades propias de una potencia militar avanzada, incluyendo aquellas que estimaba habían quedado anticuadas como los carros de combate, aviones de combate de última generación, submarinos, armas nucleares, o portaviones, si bien en cantidades más modestas.

Finalmente, en una declaración que parecía más voluntarista que realista, asumía que más que centrarse en una región particular del mundo (por ejemplo, Europa y el Oriente Medio) su compromiso era global, abarcando desde el Pacífico hasta el África subsahariana.

Lo más significativo en cuanto a la reevaluación de sus planteamientos estratégicos por parte de Reino Unido realizada en la SDSR 2015 no eran estos acontecimientos en sí mismos, sino las tendencias que representaban. En primer lugar, la premisa de que tras las campañas de Irak y Afganistán debería seguir un período de «pausa estratégica», durante las cuales pudiera desarrollarse e implementarse la Fuerza Futura 2020, resultaba errónea desde el momento en que Reino Unido se vio inmerso en acciones militares en Libia, África occidental y Oriente Medio. En segundo lugar, tampoco era cierta la premisa de que Europa era inmune a la violencia estatal transfronteriza, por el contrario Estados poderosos en la región como Rusia no habían renunciado a emplear la fuerza como herramienta fundamental de su política internacional. Finalmente, estaba la relevancia de la aparición del Estado islámico en Irak y Siria que, con su brutal combinación de terrorismo e insurgencia, tenía como objetivo la posesión territorial, no tanto para crear una estructura estatal, capaz de ser reconocida por el ordenamiento jurídico internacional, como para establecer un califato islámico que desafiase al modelo westfaliano de orden internacional existente

¡Cuánto nos recuerda a nuestra DDN española!  Y eso que nuestro potencial económico y político no llega, ni de lejos, a los británicos.

Restricciones presupuestarias.

El análisis siguiente debería ser muy educativo para las elites militaristas españolas.  La producción y compra de armamento no es el objetivo principal de una nación al que todo debe plegarse.  Hay problemas más importantes y acuciantes que hacen que el esfuerzo militar pase a un segundo plano y sea contingente:

Ahora bien, el principal problema de la SDSR de 2010 no estaba tanto en la evaluación del entorno de seguridad —ciertamente limitada— sino, sobre todo, en que emergía en el contexto singular de una profunda crisis económica y financiera, lo que se tradujo en recortes sustanciales de los gastos públicos, incluidos los de defensa. Los compromisos de defensa heredados de épocas anteriores fueron considerados inabordables tanto a la hora de abordar la reducción del déficit público como a la hora de financiar los programas de equipamientos correspondientes. La consecuencia fue una sustancial reducción en los presupuestos de defensa que alcanzó el 8% en términos reales en el año 2015, traduciéndose esta rebaja en cambios importantes en la configuración y en el equipamiento de las Fuerzas Armadas. Los principales recortes en capacidades críticas, como la de la aviación embarcada con la retirada de los aviones Harrier y del portaviones HMS Ark Royal (un nombre mítico que había estado en servicio en la Armada británica desde los tiempos de la «Invencible»), así como el retraso en la construcción de dos nuevos portaviones debido, entre otras cosas, a la dificultad de acomodar en ellos el nuevo avión de combate F-35, reflejaban la dificultad de Reino Unido de lograr unas capacidades militares acordes al nivel de ambición global expresado en su revisión de la defensa. La eliminación de programas considerados hasta entonces prioritarios como el de patrulla marítima con la supresión del programa Nimrod MRA4, o la reducción de la flota de superficie de veintitrés a diecinueve fragatas y destructores, no hacían sino abundar en estas dificultades. En general, todas las capacidades fundamentales sufrieron recortes muy importantes, cuyo promedio alcanzó el 30%

Pero quizás la reducción más crítica fue en el personal en servicio activo, al prever el recorte en 17.000 efectivos del número de soldados y marineros (10.000 en el Ejército de Tierra y 5.000 en cada uno de los otros dos ejércitos). De esta manera, las Fuerzas Armadas británicas quedaban dimensionadas a unas cifras que no se conocían desde mediados del siglo XIX. La disminución de personal militar en activo debía compensarse con reservistas, cuyo número se preveía alcanzase un total de treinta y cinco mil en el año 2018, aunque existían serias dudas sobre la efectividad.

Es decir, países de nuestro entorno, países a los que las elites militaristas quieren parecerse, son conscientes de que la crisis económica imponía la reducción de gastos y de armamentos.  Nosotros no.  Los hemos considerado sagrados y hemos conseguido, con ello, multiplicar la deuda pública.

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Crecen las críticas.

Cristalizaron fundamentalmente alrededor de dos temas:

– Que la SDSR había sido dictada por las consideraciones presupuestarias más que por un verdadero análisis estratégico de los recursos necesarios para las Fuerzas Armadas a la vista del entorno de seguridad.

– Que la reducción de personal y los recortes en los equipos ponían en riesgo la capacidad de las Fuerzas Armadas británicas para llevar a cabo todas las misiones que se les encomendaban, especialmente las más exigentes.

La decisión de reducir el enorme déficit presupuestario provocó una disminución considerable en la capacidad militar de Reino Unido, a medida que se iban reduciendo las capacidades convencionales de combate de sus Fuerzas Armadas y los niveles de preparación de sus tropas. En un entorno estratégico que se iba complicando con la aparición de problemas como la anexión de Crimea por Rusia, o los efectos perversos de las «Primaveras árabes», Reino Unido disminuyó el perfil de su política exterior y de seguridad, lo que parecía indicar que se estaba produciendo un cierto agotamiento estratégico. La reducción sustancial de sus Fuerzas Armadas puso en duda la capacidad de Reino Unido de ofrecer en cualquier operación militar futura el mismo nivel de compromiso sostenido en el tiempo que fue capaz de soportar durante las guerras de Irak y Afganistán.

La autocrítica en G.B. a su política de defensa les impide cometer errores que aquí, en España, se nos acumulan (S-80, intervencionismo por todo el globo, ejércitos sobredimensionados en cuanto a personal, gasto militar desaforado, …):

el Comité de Defensa de la Cámara de los Comunes publicara en marzo de 2015 tres informes demoledores en los que se criticaba duramente la forma en que se planeaban las operaciones militares y se ejecutaban las decisiones de compras de armamentos y equipos. Ejemplo de la seriedad con que se tratan los temas de defensa en este país, en uno de los informes al referirse al segundo de los portaviones previstos para la Armada (el Príncipe de Gales), se afirmaba sin contemplaciones que «tenía poco sentido el adquirirlo» a menos que se encontrase el suficiente dinero para comprar los aviones con que debía dotarse y los buques de protección que debían acompañarle

La nueva Revisión Estratégica de la Defensa.

Lo acertado de los análisis críticos anteriores nos hacían pensar que la política de defensa de G.B. tomaría derroteros mucho más pacíficos y comedidos que los que implantó la nueva Revisión Estratégica de la Defensa publicada en noviembre de 2015:

La nueva revisión asume una aproximación más completa al tema de la seguridad, de manera que incluye no solo la política de defensa y las capacidades de las Fuerzas Armadas, sino que abarca una visión de la seguridad ampliada, en la que se contemplen asuntos tales como la defensa interior, el contraterrorismo, la ciberseguridad, la seguridad de las fronteras o la evolución de la seguridad internacional.

Se trata, por tanto, de una visión reforzada de la seguridad en la que se contempla rehacer las Fuerzas Armadas para el nuevo período postafganistán, de manera que sean capaces de apoyar las operaciones de estabilidad hasta en 12 teatros simultáneamente, en los que haya que hacer frente tanto a amenazas no convencionales como convencionales. En todo caso, y en un ejercicio de pragmatismo, Reino Unido reconoce que dado que ningún país es capaz de afrontar estas amenazas en solitario, su primera misión es actuar en el seno de grandes coaliciones o alianzas, principalmente con los Estados Unidos y, subsidiariamente, con la OTAN.

La locura.  Parece ser que los británicos, conscientes de que no pueden mantener una única intervención militar en el exterior durante 10 años, optan por mantener 12 teatros  exteriores simultáneos, junto con el de la defensa ante la amenaza “interior”.

Ahora Reino Unido parece dispuesto a emplear su liderazgo militar en el seno de la OTAN, para asegurar que la Alianza cuenta con toda la gama de fuerzas convencionales necesaria para defender Europa contra una amenaza clásica como pudiera ser la rusa. En este sentido, Reino Unido pretende reconstruir sus capacidades convencionales seriamente erosionadas desde el fin de la Guerra Fría y volver a ponerlas «a punto» para las nuevas contingencias.

Al mismo tiempo, la nueva SDSR busca desarrollar capacidades que respondan a las amenazas asimétricas y aquellas definidas como de la «próxima-generación», o «ambiguas», como puedan ser los ciberataques, la operaciones de información y el empleo de fuerzas especiales para fomentar la subversión. En definitiva, responder a lo que entiende como la nueva amenaza rusa en entornos operativos híbridos, de manera que se pueda evitar la repetición de lo ocurrido en el caso de Ucrania. Igualmente, Reino Unido pretende desarrollar la capacidad de respuesta frente a una amplia serie de desafíos y riesgos que pueden surgir fuera de Europa, como puedan ser el terrorismo, los regímenes criminales, los grupos extremistas que controlan territorios extensos (i.e. el Dáesh/IS), las guerras civiles y los Estados colapsados o frágiles

Este número tan elevado de riesgos y amenazas potenciales que pueden presentarse simultáneamente hace que las operaciones de estabilización intensivas en recursos humanos y materiales, tipo Irak o Afganistán, tiendan a ser desechadas como modelos de intervención futuras. Ahora se recuperan los casos de Bosnia o Sierra Leona como modelos de éxito a repetir en el futuro, mientras se contempla la necesidad de desarrollar una nueva estructura de fuerzas y capacidades adecuada a los requerimientos exigibles en situaciones más complicadas como serían los casos de Libia, Siria o Ucrania.

La política de defensa está íntimamente relacionada con su entorno con las otras políticas estatales.  En España optamos por priorizar y salvaguardar la política de defensa, su despilfarro en armas que en nada de tiempo se quedan obsoletas, :

Ahora bien, el problema de los presupuestos de defensa en Reino Unido es que, al igual que pasa en la mayoría de países europeos, los gastos del Estado en temas como educación, salud o pensiones están «blindados» ante cualquier tipo de reducción y consumen la mayor parte del mismo, por lo que, en escenarios económicos deprimidos, el presupuesto de defensa resulta especialmente vulnerable

¿Será G.B. capaz de mantener estos desmedidos esfuerzos en defensa mientras se sigue recortando el apoyo social a su propia población?  Parece difícil considerar que sí, sobre todo si tenemos en cuenta que:

La SDSR 2010 dejaba fuera el sistema de misiles balísticos Trident considerado el arma estratégica última de Reino Unido, a pesar de que supone el 25% del presupuesto militar en adquisiciones durante al menos la próxima década. Esto, unido a las cantidades significativas necesarias para dotarse de los dos portaviones previstos, parece indicar que, inevitablemente, se producirán recortes en otros capítulos, lo que pone en serias dudas la capacidad de Reino Unido para afrontar satisfactoriamente los riesgos y amenazas que proclama en su próxima SDSR.

Estos compromisos incluyan un incremento del presupuesto de gastos de adquisición de nuevos equipos en un 1% en términos reales cada año a partir de 2016, lo que permitiría adquirir nuevos submarinos de la clase Astute, cierta cantidad de aviones F-35 de última generación, nuevas fragatas Type-26 y vehículos acorazados Scout.

El problema es que el mantenimiento de estas promesas en cuanto a adquisiciones exige mantener «congelados» los sueldos militares, una situación que viene prolongándose desde 2010 como parte de la consolidación fiscal del sector público acometido por el Gobierno británico en esa fecha.

Estas circunstancias pueden llevarnos a pensar que, muy probablemente, un porcentaje del 2% no sea suficiente para cubrir todas las necesidades de la defensa, incluyendo la reestructuración de la Fuerza Futura 2020, lo que obligará al Reino Unido a tomar decisiones difíciles en lo que se refiere al empleo de unos recursos limitados.

 

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