El papel de la mujer y del género en los conflictos

Fuente: Atenea Digital

Si hay un estado moderno y civilizado donde los haya, ese es el reino de España. Y para muestra un botón. La señora subsecretaria de defensa del Gobierno rajoiniano ha dado una (por otra parte previsible) conferencia pública para presentar el ejemplar número 157 de los Cuadernos de Estrategia, que edita el CESEDEM, esta vez dedicado al rimbombante y sorprendente título «El papel de la mujer y del género en los conflictos».

Podríamos esperar algunas reflexiones a la lucha de géneros, a la guerra relacionada con el patriarcado, al papel de víctimas doblemente maltratadas de las mujeres en las guerras, o similares, pero no. No va de eso el asunto, salvo muy honrosas excepciones como es el capítulo 2 del documento. El resto va del reconocimiento al largo progreso de incorporar a las mujeres al imaginario militarista de los ejércitos, ese «gran avance» en la lucha por conseguir iguales derechos.

Doña Irene, que es como se llama la subsecretaria, ha destacado que en el ejército hay 15.336 efectivos de género femenino, un 12% del total, 252 comandantas y 9 tenientas coronelas (máximo grado al que han llegado), cantidades que, según se mire, son mucho o poco.

La incorporación de las mujeres a las fuerzas armadas es, dice la doña, para enorgullecerse de nuestro avance en la igualdad. Sólo ejércitos como Canadá (con una tasa del 15%) nos igualan al respecto.

Ahora bien, cabe preguntarse dos tres cosas que la conferencia de la señora Subsecretaria no ha despejado:

1) La primera hace relación al amplio contingente de mujeres que no forman parte del 12%. Sería curioso comparar si la preferencia de éstas hacia otro tipo de trabajo más bien alejado del militarismo querrá decir algo.

2) La segunda es cuestionarnos a qué se refiere el discurso militarista cuando habla de igualdad, de integración y de género. El propio enfoque de la intervención de la Subsecretaria o el título del monográfico nos producen una cierta urticaria. ¿supone en realidad igualdad el hecho de que las mujeres asuman el rol y el paradigma militarista? No lo creemos.

3) La tercera hace referencia a una cuestión que desdice las propias palabras de Doña Irene: las funciones de estas mujeres integradas en el ejército y la ocupación de «cargos» directivos (que se nos perdone esta tendencia a la nomenclatura de la vida civil) no parece avalar ni siquiera la idea de que se trate a todos por igual en esa institución y sí, más bien, que se relega a la mujer al papel subalterno que tradicionalmente tiene en una sociedad machista y patriarcal como la nuestra.

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