Tag Archive for Violencia directa

Las violaciones y la guerra

Fuente:  El País.

Es difícil comentar este vídeo de Ouka Leele.  Parece mentira.  Debería ser mentira.

La estupefacción que nos provoca nos lleva a pensar que han exagerado.

 

 

Y, sin embargo, un sabor muy agrio en las entrañas nos hace pensar que es verdad.  Que así es la guerra.  Bestial.  Inhumana.

Y confirmamos nuestra postura vital de luchar contra la guerra, contra la irracionalidad que supone contra el dolor que produce cada día de historia de la humanidad.

Y, nuevamente, hacemos un llamamiento a que la gente os impliquéis en esta lucha contra la guerra porque juntos será más fácil acabar con esta locura.

Marcador

He sufrido mucho

Se dice que una imagen vale más que mil palabras.  Nos parece que este es el caso.  Impresionante documento gráfico sobre la emigración.

En el minuto 7’37 el joven que llama a su madre le dice que ha sufrido mucho.


Y es que la política, los políticos y las decisiones políticas deberían ser más conscientes del sufrimiento humano, y más solidarios.

Y no tanta verja y no tanta policía, y no tanto ejército para todo.  Ellos no son el enemigo.  Y nosotros no deberíamos ser su enemigo.

¿Está podrido el ejército?

Imagen de Jko Sánchez

Fuente:  Huffington Post.

Lo dice un militar, un teniente.  Y la prensa se hace eco de sus denuncias aunque las presente de manera novelesca.

Nosotros, los civiles, llevamos haciendo las mismas y más denuncias pero sin novelar, mediante la cruda realidad, y ni la prensa, ni la sociedad, ni los políticos nos hacen ni caso.  Para muestra algunos botones:

Aún así, el teniente Luis Gonzalo tiene razón.  Y se la damos.  Según él el ejército está plagado de malas prácticas, es un sistema de castas en el que los oficiales se benefician de derechos que no les corresponden, hay abusos, corrupción, desvío de dineros públicos, acosos sexuales y laborales.  Por no hablar de las puertas giratorias, de las decenas de intervenciones violentas fuera de nuestras fronteras, de la falta de democracia interna y de la falta de democracia en todo el tema de la defensa, de la ingente deuda militar, …

Además, nos solidarizamos con él por las represalias que dice que está sufriendo por sus denuncias.

Por último le quisiéramos hacer notar, mi teniente, que todas estas malas prácticas en el ejército no son puntuales sino intrínsecas a esta institución anclada en los valores de la obediencia ciega, la violencia, el machismo y la represión.  El ejército es una institución que genera violencia directa contra los civiles y contra los propios militares.  Pero, también y además, genera violencia estructural porque detrae recursos que se necesitan urgentemente para las necesidades sociales tan apremiantes en esta época de crisis que vivimos.  Y, también y además, genera violencia cultural por los valores que transmite como la insolidaridad de seguir pidiendo más presupuesto de los casi 7.000 millones de € que tiene asignados en Ministerio de Defensa cuando realmente tienen un gasto militar de 27000 millones de € en 2014 y cuando han recibido créditos a interés cero para construir armamento ultrasofisticado.

En conclusión, mi teniente, al ejército no le vale con unas reformas más o menos profundas sino que es imprescindible eliminarlo, para dar paso en paralelo a otra forma de entender la seguridad diferente y realmente alternativa, que defienda  lo que la ciudadanía realmente quiere defender:  la Seguridad Humana.

Medio millón de muertos en 2012 víctimas de la violencia

Imagen de Álvaro Ba

Fuente:  Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

En este informe no se habla de los muertos en guerras, sino los muertos que ocurrieron además de las guerras, por actividades criminales y actividades ilícitas de mafias o bandas.

Se calcula que 473.000 personas perdieron la vida en 2012 por homicidios dolosos (con intencionalidad).  En 2010 se produjeron 468.000 muertos.  Parece que la situación empeora.

Más de una tercera parte de éstos (36%) tuvieron lugar en el continente americano, 31% en África, 28% en Asia, mientras que Europa (5%) y Oceanía (0.3%) presentaron las tasas más bajas de homicidio a nivel regional.  Si bien la tasa promedio global de homicidios es de 6.2 por cada 100 000 habitantes, África del Sur y América Central muestran promedios cuatro veces mayores (por arriba de 24 víctimas por cada 100 000 habitantes), lo que las vuelve las subregiones con las tasas de homicidio más altas que se hayan registrado, seguidas por América del Sur, África Central y el Caribe (entre 16 y 23 homicidios por cada 100 000 habitantes). Por su parte, con tasas cinco veces más bajas que el promedio global, Asia Oriental, Europa del Sur y Europa Occidental son las subregiones con los menores índices de homicidio.

Por arma de fuego se cometieron el 40 % y por arma blanca el 25 %.

Como se ve, la violencia no es un fenómenos estrictamente ceñido al mundo militar y de las guerras, casi medio millón de personas mueren al año por su causa.  Posiblemente cada una de estas muertes genere una microespiral de violencia y venganza que haga que esta lacra de la humanidad se perpetúe años tras año.

La violencia acompaña al ser humano. Extinguirla nos parece misión imposible. Transformarla tal vez no. Se puede avanzar en muchos frentes:  educación en la noviolencia y sus formas de resolución de conflictos, mejoras sociales que fomenten la consecución de los Objetivos del Milenio, vías de reinserción , desarme, …

Tres años de guerra en Siria (según nosotros), o tres años de gasto social (según Morenés)

Fuente:  El País.

El titular es continuación del cinismo de Morenés, los militaristas y los militares.  Ellos estarían por convencernos de que la guerra en Siria en para defendernos y que el que Occidente gane millones de euros vendiendo armas a los sirios para que se maten es otro más de los gastos sociales (e inevitables).

Los datos objetivos son:

  • 3 años en guerra.
  • 140.000 personas muertas, de ellos 10.000 niños.
  • 9.000 millones de desplazados, una cuarta parte de ellos en el extranjero.
  • 40 % de la población en “crisis humanitaria”.
  • El conflicto a arrasado sistemáticamente la economía Siria.
  • Unos 10.000 edificios estatales han sido dañados.
  • Al menos 15.000 millones de dólares en pérdidas en el sector público.
  • La economía se ha contraído en más de un 35 %, en comparación con el aumento anual del 6 % anterior a la guerra.
  • Pérdida del 40 % de su PIB.
  • La inflación ha aumentado un 200 %.
  • un 80 % de la población siria está en pobreza.
  • un 60 % de desempleo.
  • un 75 % de las instalaciones de producción de las grandes ciudades ya no están operativas.
  • ambos bandos han realizado violaciones de derechos humanos.
  • se han utilizados armas químicas.

No queremos discutir con Morenés, no merece la pena.  Seguramente para Morenés todo esto sea gasto social.  Sólo queremos pedir su dimisión por nulo compromiso social y mucha desfachatez.  (Quizá alguna paella conmemorativa no le haya sentado bien).

Cinismo es sinónimo de desfachatez, desverguenza, falsedad, hipocresía, doblez.

La guerra es un acto antisocial en el que sólo unos pocos (vendedores de armas, militares y políticos militaristas) ganan, normalmente en el primer mundo y sus lacayos.  Como demuestran las cifras anteriores, el coste de la guerra es altísimo en vidas, en desarrollo, en política, económicamente, socialmente, culturalmente, ecológicamente, éticamente, en sentido común…

La inmigración: el principal movimiento de desobediencia al sistema en la actualidad

Doble+de+168+%2B+094

Fuente: El País

Muy rica la reflexión del periodista y escritos Gabriele de Grande sobre la inmigración, entendida como el mayor movimiento de desobediencia al sistema global en la actualidad.

Se nos ocurre que la vana intención de los gobiernos del mundo por “regular” y “controlar” la inmigración se encuentran siempre desbordadas por las constantes oleadas de disidencia que implica la inmigración que, con su práctica al margen, desertora, desobediente, rompe las barreras impuestas.

Esto ya se dijo de forma más sistemática en el libro “derecho de fuga” de Sandro Mezzadra, editado por Traficantes de Sueños, del cual circulan copias libres en internet, y de muy recomendable lectura.

De Grande hizo la experiencia de caminar por los mismos caminos de las rutas migratorias de Africa a Europa y nos dice de su experiencia

 Creía que encontraría mucho dolor y sangre, y lo encontré. Pero lo más fuerte que hallé no fue desánimo sino esperanza o, más bien, el espíritu de rebelión y el poder de los sueños, que a veces se convierten en más reales que la propia realidad y te llevan a hacer cualquier cosa con tal de alcanzarlos. Fue una gran lección para mi, me ayudó mucho a cambiar mi perspectiva. Dejé Italia esperando encontrarme víctimas de una injusticia y acabé conociendo a mis héroes, a gente que estaba desobedeciendo una ley injusta para cambiar su destino.

Respecto a la frontera “sur” española y la política española de inmigración tiene también un recuerdo que debería sonrojar a nuestra élite extractiva y sus ministros del opus

Recuerdo la desilusión de los deportados desde las islas Canarias que conocí en Saint Louise, en Senegal. Recuerdo el enfado de los que detuvieron ilegalmente en Nouadhibou, Mauritania, en una especie de prisión fundada por el gobierno español. Recuerdo las historias de violencia y de torturas que me contaron en Oujda, en la frontera entre Marruecos y Argelia. Recuerdo la imagen de esa valla de seis metros en Melilla y Ceuta, la perfecta metáfora de la paranoia de la Unión Europea.

Este gran movimiento es un movimiento en cierto modo político, dice el autor

 Hoy, miro el fenómeno de la inmigración a través del Mediterráneo como el mayor movimiento de desobediencia civil a las leyes europeas.

Tiene razón: una gran desobediencia civil, y no sólo a las malas políticas de Europa, sino también a las de los países de “origen migratorio” y al orden global de injusticia, que necesita también ser mirado desde esa óptica por quienes militamos desde aquí por una alternativa global al orden mundial que hace de la inmigración un drama.

Nosotros también debemos politizar nuestra desobediencia en acompañamiento de este movimiento de migrantes aún no contaminado y en reivindicación de un orden de inclusión que destruya las barreras y las causas de dominación y violencia en que se sustentan.

 

 

Otra inmunidad para los militares: la obediciencia debida en el golpe del 23 F

En el podcast que sigue se puede escuchar la visión de Jacinto Antón sobre cómo vivieron el golpe de estado del 23 F en directo, en el mismísimo Congreso de los Diputados, cuando eran policías militares.

Ellos mismo se extrañaban de que después de algo tan grave salieran todos sin ningún impedimento hacia sus cuarteles, de vuelta a la vida diaria, sin ningún cargo, ni detención, ni juicio ni reproche de ningún tipo.

Les sorprenden la inmunidad de los militares de baja graduación ante hechos tan graves. ¿Será que la “obediencia debida” debe excusar cualquier desmán?

Fuente:  Cadena Ser.

A muchos otros nos han apaleado por protestar en las puertas del Congreso, o en sus cercanías.  Tal vez esto era una agresión al Congreso (eso dicen los políticos al menos, pero lo de los militares no tanto). A muchos les han detenido, a otros les han multado.  Las cargas ante las protestas populares, la mayoría noviolentas, han sido constantes, las acusaciones a los manifestantes han sido muy gruesas:  poner en peligro a la democracia, violentar a las instituciones y a sus respetabilísimos representantes populares, etc.

Sin embargo, la inmensa mayoría de los que dieron el golpe de estado salieron impunes, el razonamiento fue, y sigue siendo, la obediencia debida a los altos mandos, un excusa penal inmoral. Otra demostración más de que los militares son impunes, este es otra más de sus privilegios, de que ellos pueden hacer lo que quieran y no les pasa nunca nada. ¿Qué necesitan los altos mandos militares?  Que haya carne de cañón, es decir, soldados, cabos, sargentos, tenientes, capitanes que estén dispuestos a obedecerles sin dudar y pidan lo que pidan.  Como contraprestación se les ofrece la inmunidad, la ausencia de responsabilidad ante lo que hagan.

¿Es esto justo?

Del relato nos resulta asombrosa la imagen que dan del ejército español, en una de sus autodenominadas fuerzas de élite.  Nos hablan de gente que tuvo como principal actividad dormir por los rincones, otros buscaron alcohol y pasarlo lo mejor posible, o saquear el bar, o hacer “turismo” por el Congreso, o saquear los despachos, todo actividades nobles, como se ve.  ¿Esa es la ética de los que nos defienden?, ¿Dónde estaban los mandos para evitar estas tropelías?  ¿Cuál era la ética de los mandos, tanto en estos “pequeños” detalles como en el detalle inmenso del propio golpe de estado?

Es llamativo, como cuenta uno de los entrevistados, que no les penalicen por dar un golpe de estado y, sin embargo, dos semanas después le arresten por no llevar los calcetines reglamentarios.  Es decir, lo que vale es el estrictísimo y cateto reglamento militar y, por supuesto, la obediencia debida.  La lógica, los valores humanos, el librepensamiento, hay que dejarlos en la puerta al entrar a lo militar, a pesar de haberse comprobado científicamente que pensar no produce secuela alguna.

También es llamativo que sólo una persona de ciento y pico diese un paso atrás cuando les comunican que van a tener que disparar contra otros. Sólo una persona se negó. ¿Las demás tenían tan interiorizada la violencia que imponía el servicio militar obligatoria, como para no ser críticos ante la orden de tener que disparar contra sus compatriotas? , ¿O es que el miedo a que tomasen represalias los golpistas contra ellos les obligó a ser egoístas y preferir disparar a otros antes que el calabozo?

Ambas situaciones son muy penosas y nos hablan de la baja catadura moral del ejército como institución y escuela de formación.  O te inhumanizan por medio de la violencia o lo hacen por el temor.  En ambos casos los soldados dejan de ser personas libres, de tener un criterio propio y se convierten en meras armas mortíferas contra quienes les ordenen.

Otro aspecto a analizar es el de la comunicación.  Les prohibieron llevar transistores.  Para el éxito del golpe de estado era necesario que no supieran lo que iban a hacer, que no tuvieran noticias reales, sino mentiras y órdenes militares.  Todo para que no puedan pensar, valorar, ser críticos.  Pura tecnología militar básica.

Muchas veces hemos abogado y explicado que los militares son, en realidad, nuestro enemigo.  Sus mecanismos, su ética, y sus privilegios, demostrados en el podcast anterior y en nuestros razonamientos siguientes, nos llevan a concluir que es la institución que más amenaza nuestra paz en todos los niveles (directo, cultural y estructural).

Alternativas de defensa al modelo militarista. Una presentación.

Aportamos la presentación de la charla que hicimos el pasado 22 de febrero en Ladrada sobre el concepto de paz, las alternativas de defensa y el transarme.

Puedes visualizarla pinchando aquí

transarme

Debates electorales (III): ¿Cómo defender?

Elections+in+France

 

Programas electorales (I):  por qué debatir seriamente las cuestiones de defensa.

Programas electorales (II):  qué defender.

El segundo gran hilo argumental de una política de seguridad o, si se prefiere, de defensa, es el que se refiere al cómo de la defensa; cómo llevar a cabo esa defensa de los objetivos y finalidades que en realidad merece la pena defender.

En principio una exigencia de coherencia nos llevaría a señalar que la definición de unos objetivos a defender claros impone unas metodologías coherentes con ellos. Se nos ocurre, por ejemplo, que no es muy coherente querer defender el trabajo decente, pongamos por caso, imponiendo por la fuerza condiciones laborales inhumanas o utilizando la fuerza militar para reventar huelgas laborales. No parece claro que se pueda construir la paz promoviendo la guerra.

Sin embargo el debate por el cómo de la defensa es bastante más complicado de desarrollar, pues el culto a la violencia forma parte ineludible de nuestro acervo cultural y del paradigma vigente y enturbia de una manera muy pasional las argumentaciones y los preconceptos desde los que se parte. Del mismo modo, el prejuicio de que la defensa equivale a los ejércitos está tan extendido que es difícil aparcarlo para preguntarnos por las metodologías idóneas para conseguir los objetivos dignos de ser defendidos.

Pero que nuestra cultura responda con este cierto automatismo al ideario militarista y violento no equivale a que dicho argumentario tenga razón por sí mismo y sin más. De hecho, la idea de seguridad humana acuñada desde hace varias décadas y de la que se habló en la anterior entrega, contradice esta afirmación y asimila seguridad no con la organización de la violencia institucional de los estados ni con la seguridad militar, sino con el logro de mayores cuotas de libertad personal o política, con la mejora de las condiciones sociales o laborales, con la lucha contra la enfermedad o el hambre, etcétera.

Nosotros vamos a abordar este gran apartado estableciendo cuatro grandes polos de discusión que articulan el cómo de la defensa:

  • El debate “defensa ofensiva” – “defensa defensiva”
  • El debate “violencia” – “noviolencia”
  • La estructura de la defensa.
  • Los instrumentos de la defensa.

1.- Defensa ofensiva versus defensiva

El primer debate nos permitirá definir una de las principales características de nuestra opción por un determinado modelo de defensa: si la estrategia de nuestra organización de la defensa es “ofensiva”, proactiva, o de carácter “pasivo”, meramente “defensivo”.

Conforme a este primer criterio podremos diferenciar entre modelos de defensa que buscan provocar cambios más o menos profundos de forma proactiva y aquellos otros que únicamente buscan responder a “agresiones” de forma defensiva. El primero implica actividad política y lucha social. El segundo implica una actuación reactiva frente a agresiones. Cabe además una estrategia de defensa “mixta”, mezclada.

Si nos fijamos en los diferentes modelos vigentes en la actualidad resultaría que los modelos de defensa “nuclear” (NBQR), de guerra de baja intensidad, de insurgencia o terrorismo internacional y de terrorismo de Estado comportan una opción primordialmente ofensiva, mientras que los modelos de defensa nacional convencional se dividen entre los que apuestan por una opción ofensiva y los que apuestan por una opción defensiva, y los del llamado “modelo de intervencionismo humanitario” apuestan principalmente por una opción claramente defensiva, al igual que el modelo de “defensa no ofensiva” y los modelos de “defensa civil”.

Añadamos que un modelo alternativo, basado en el paradigma cooperación-noviolencia, de darse, optaría en nuestra opinión por una estrategia ofensiva y defensiva simultáneamente y haría de la lucha social contra la violencia estructural y cultural uno de sus principales baluartes.

2.- Violencia versus noviolencia

El segundo polo de preferencias en el que situarnos al responder por el cómo de la defensa se sitúa en torno al grado de aceptación o rechazo de la violencia como metodología y práctica para llevar adelante los objetivos de la defensa.

Conforme a esta pregunta debemos responder sobre el uso y la legitimidad de la violencia y, en su caso, su organización institucionalizada, para defender los objetivos que hemos definido como lo que hay que defender.

Criterios de eficacia, coherencia, justicia y otros similares son usados en este debate para fijar la postura acerca del cómo de la defensa y para situarnos en la franja del más al menos que va desde la violencia a la noviolencia como metodología de la defensa.

Los modelos militares tradicionales parten de una concepción paradigmática basada en la idea de la dominación y la violencia como ejes estructurantes de la propia idea de defensa. Por eso la justificación de los ejércitos como principal instrumento de la defensa es evidente en ellos y la apuesta por metodologías noviolentas una mera entelequia o una ingenuidad.

Ahora bien, debemos señalar que cuando se afirma la eficacia de los ejércitos para defenderse de la violencia, fundamentalmente nos estamos fijando en una modalidad muy específica de la violencia directa, ante la que aparentemente es más útil una respuesta armada ya sea para parar la violencia previa, ya para paliarla. Nosotros cuestionamos esa supuesta eficacia con el sencillo recuerdo de que no conocemos ni un solo conflicto sofocado manu militari que no haya rebrotado de una u otra forma más adelante, con lo que a la extendida e interesada explicación de que la noviolencia no ha resuelto ningún conflicto grave hasta ahora, podríamos oponerle la de que la violencia y los ejércitos no lo han conseguido nunca a pesar de su enorme peso en nuestra historia.

Pero si observamos las diferentes dimensiones de la violencia, las cosas no son tan sencillas como el prejuicio más extendido señala. Lo cierto es que junto a la violencia directa, que todo el mundo es capaz de reconocer de forma nítida y que tanto nos horroriza, existen otras fuerzas más ocultas que imponen condiciones de violencia estructural y de injusticia y situaciones de hegemonía cultural y de violencia cultural que, aparentemente, no tienen que ver con la violencia directa y que, por ello, no son objeto de la preocupación de los ejércitos. Y es a estas condiciones a las que resulta muy cuestionable plantear una defensa violenta o militar para acabar con esa injusticia estructural, en gran parte porque el militarismo y los ejércitos suelen ser parte del sistema de complicidades que la promueve.

En todo caso, el debate sobre el grado de violencia o noviolencia y su legitimidad, determina el modelo de defensa a elegir y nos permite definirlo con mayor claridad.

No es lo mismo predicar un modelo militar de defensa que un modelo noviolento basado en la prevención de conflictos, en la lucha noviolenta contra la violencia estructural, en la autoorganización social, etc.

3.- La estructura de la defensa.

Una vez esbozadas las preferencias en los anteriores debates, cabe preguntarse por la propia organización de esa defensa. El cómo no sólo hace relación a la estrategia de defensa o a la metodología estructuradora violenta o noviolenta (o sus grises intermedios), sino también a los principales elementos de dicha defensa, como son:

¿quién tiene que defender?, con una escala que va desde cuerpos especializados y especialistas hasta la sociedad en su conjunto y de forma horizontal, pasando por toda la gama de propuestas intermedias.

¿Qué estructura de la defensa? con opciones que van desde el establecimiento de una organización coordinadora y defensiva más o menos compleja y estable basada en criterios de especialización, jerarquía, obediencia, etcétera, hasta una coordinación de luchas sociales horizontales y basadas en grupos de base, sin delegación, igualitaria, etcétera.

Llamativamente, frente a las críticas que se han venido haciendo a una defensa alternativa de tratarse de un modelo teórico apto para un mundo de ángeles o para el día después de desterrado el mal del mundo, podemos confrontar cómo la defensa de otras cosas y por medios noviolentos, en estructuras abiertas y más o menos de base, es algo que ya se practica de forma habitual en infinidad de lugares y luchas, como son la ecologista, la feminista, la de la solidaridad entre los pueblos, por la vivienda digna, etcétera.

4.- Los instrumentos de la defensa:

Otro de los puntos sobre los que hay que tener opciones es el de los instrumentos de la defensa.

En este aspecto hay que preguntarse por elementos tales como:

  • Política de vecindad y relaciones exteriores.
  • Estructuras permanentes de defensa militar o civil.
  • Si se arma a la población o no.
  • Si se opta por apoyar el empoderamiento social como instrumento de una defensa diferente.
  • Si se establecen instrumentos paramilitares (por ejemplo, según la OTAN la Guardia Civil en España o la Gendarmería en Francia lo son).
  • Si se establecen mecanismos militares o policiales de control social.
  • Si se opta por la guerra como estrategia de defensa o no (en su caso si se renuncia a ella).
  • Los recursos materiales y de todo tipo dedicados a ésto y el “nivel de fuerza”.
  • El nivel de armamento y si este será ofensivo (largo alcance, capacidad de proyección, letalidad, etc.) o defensivo (corto alcance, etc.) en su caso.
  • En su caso, si se reconvierten los cuerpos militares o paramilitares a otros fines.
  • En su caso, si se reduce el nivel de armamentos y de qué modo.
  • Si se privilegia una industria militar y la construcción de un complejo militar-industrial.
  • La posición ante la venta de armas.
  • En su caso si se reconvierte esta o se desmantela.
  • La legitimidad de las estrategias noviolentas (desobediencia civil, estrategias cooperativas, etc).
  • La política de prevención de conflictos y su abordaje.
  • La política de cooperación.
  • El nivel de prevención de conflictos.
  • El Espionaje y su legitimidad.
  • Las alianzas de índole militar, las bases militares.
  • Cómo se realiza el planeamiento de la defensa.
  • El abordaje de la violencia estructural.
  • La transparencia u opacidad de esta política.

Debates electorales (II): qué defender

Tras la introducción que suponía plantear la necesidad de debate sobre temas de defensa cuando se elaboran los programas electorales, ahora queremos abordar el tema que nos parece la piedra angular de todos los debates sobre defensa:  ¿qué queremos defender?

Resulta asombroso y turbador comprobar cómo en la Directiva de Defensa Nacional de 2012 (gobierno de Rajoy) se decía que España no tiene enemigos.  Entonces, ¿para qué está todo el entramado militar de cientos de miles de soldados montado, por qué en 2014 vamos a gastar 27.659 millones de € en Gasto Militar?  Parece demasiado incongruente.

Una estudio sobre las diversas Directivas de Defensa Nacional se puede encontrar en forma de presentación en prezi.

1.-  Defensa militar versus seguridad humana.

Pensamos que el principal debate dentro de este epígrafe es si nuestro modelo de defensa quiere defender los postulados de la defensa militar o los postulados de la seguridad humana.

La defensa militar busca defender las fronteras y el territorio contra las supuestas agresiones externas y la protección de los intereses nacionales en la política exterior (sería más adecuado decir que busca la protección de los grandes empresario y los grandes grupos de poder, no de los intereses de las personas comunes). También busca defender conceptos como la nación, los valores patrios, la patria, etc;  además, pretende defender la bandera, las instituciones y su permanencia inamovible.  La defensa militar se ha convertido en una manera, más o menos solapada, de crear conflictos fuera de nuestras fronteras para venderles armas y luego “ayudarles” con intervenciones humanitarias militares y/o civiles.

En definitiva, la defensa militar busca defender el status quo nacional e internacional.  Se convierte, por tanto, en un concepto diseñado más para el estado-nación que para la gente, más para las élites políticas y/o económicas que para las ciudadanos de a pié.

En cambio, la seguridad humana, es un concepto que tiene otras expectativas verdaderamente alternativas.  La seguridad humana es un concepto universal, pertinente a la gente de todo el mundo, no exclusivo de las naciones-estado;  además, los componentes de la seguridad humana son interdependientes, no buscan la victoria, la desaparición del enemigo, y ni siquiera se plantean la existencia de enemigos;  la seguridad humana se preocupa por la forma en que vive la gente, la libertad con la que pueden ejercer diversas opciones, participar de la democracia, ejercer sus derechos económicos, políticos y sociales;  la seguridad humana busca defender la vivienda, la sanidad, la educación, el medioambiente.

También, como tantas veces, existe una opción intermedia, patrocinada por los intereses militares que es hablar de seguridad militar.  Es, simplemente, un intento de confundir a la gente dejando de hablar de defensa (que se entiende ligada estrictamente a lo militar) para hablar de seguridad, concepto que explican que es más amplio y abarca las relaciones sociales, económicas, etc.  Lo malo es que como se hace desde la óptica militar es un concepto de defensa que acaba buscando defender lo mismo que la defensa militar, eso sí con otra jerga.

2.-  ¿Quiénes son los enemigos?

En la jerga militarista se pasó de unos enemigos nítidamente caracterizados:  la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, a hablar de riesgos y amenazas.  En España el viaje fue más largo, se pasó de hablar de un enemigo exterior (el anterior) y otro interior (el propio pueblo con ideas democráticas) a sólo un enemigo exterior que nos hizo ingresar en la OTAN.

Los enemigos en la defensa nacional son los demás estados, todos aquellos que tengan armas, o las puedan tener, todos aquellos que tengan fronteras comunes, o aquellos que tengan unas fuerzas armadas capaces de invadir, aunque sea salvando grandes distancias

La Directiva de Defensa Nacional (DDN) redactada por el gobierno de Rajoy dice que España no tiene enemigos, pero existen riesgos y amenazas.  Se ha llegado, incluso, a hablar de incertidumbres. Estos conceptos tan etéreos y a la vez ubicuos son los que hacen, sin ningún tipo de razonamiento asociado, indispensable la existencia de una defensa militar.  Se ven dos grandes tipos de amenazas:

  • Las amenazas compartidas:  ataques cibernéticos, armas de destrucción masiva, tráfico de personas, piratería, grupos fanatizados, quiebra del espacio aéreo y espacial.
  • Las amenazas no compartidas:  inestabilidad en la frontera y orilla Sur, Oriente Medio y el Sahel, el tráfico ilícito en Guinea (piratería), el tráfico ilícito en latinoamérica (narcotráfico, terrorismo, y amenazas a los intereses de las empresas españolas en la zona).

Como se puede ver, todo en consonancia con lo que decíamos anteriormente.  Llama la atención, en la línea de expandir el concepto de defensa hacia el de seguridad, que se consideren desde esta perspectiva los intereses de las empresas españolas en la zona, aquí ya concretamos pero en una dirección que no nos parece adecuada:  se busca defender nuestro bienestar aunque sea a pesar del de otros países y sociedades.

Otro texto revelador de las intenciones de la defensa militar actual en la DDN es:

asegurar una España fuerte, que permita mantener la influencia necesaria en el contexto internacional, para contribuir a la estabilidad de éste, principalmente en nuestra zona de interés directo, así como a preservar nuestros intereses nacionales en el resto del mundo.

Lo cual parece indicar claramente las ansias de ser una potencia que defienda sus intereses en todo el mundo, cual si fuésemos una potencia hegemónica.  Pero, hay que constatar que los intereses que quiere defender España no están explicitados, por lo cual pueden ser, y son, sometidos a manipulación fácilmente para adecuarse a los de los grupos financieros imperantes.

En cuanto a la seguridad humana, los enemigos están más claramente marcados:  todo lo que afecte al medioambiente, a la calidad de vida de la gente (sanidad, educación, empleo, …), lo que socave la libertad de ejercer los derechos sociales, políticos y económicos, etc.

La crítica que se suele hacer a esta opción, desde el punto de vista militarista, es que no habla de lo que ellos piensan que es vital defender, que se mea fuera del tiesto y que, por ello, nos vamos a quedar indefensos ante cualquier ataque extranjero.

Quizá les tendríamos que recordar que multitud de países con potentísimos ejércitos han sido atacados por fuerzas militares del extranjero y/o por terroristas.  Es decir, que la posesión de un ejército no es garantía de que no se vaya a sufrir una invasión o ataque.  Por otro lado, lo que sí garantiza un ejército es que nos vean como posibles enemigos y que se tenga un gasto económico muy considerable que se desvía de los gastos sociales que son lo que realmente se quiere defender.

Y he aquí la clave del debate:  qué queremos defender.  Nunca en la historia hemos sido consultados sobre este punto.  Ningún partido político, en sus programas electorales aborda el tema.  No hay un verdadero debate social sobre el punto clave de los modelos de defensa.  Así, vamos aplicando, con dejadez a la hora de plantear alternativas, lo que siempre se ha aplicado.  Es decir, optamos por el continuismo.  Lo que ocurre es que si miramos las raíces de este continuismo, nos daremos cuenta de que se instalan en el modelo de defensa de la dictadura y que estamos aplicando diariamente muchos de sus tics, sin ni siquiera cuestionarlos.

3.-  Violencia directa versus violencia estructural y cultural.

Pensar y debatir sobre estos tres conceptos también es clave a la hora de definir nuestro sistema de defensa.  La defensa militar está basada en defendernos de la violencia directa.  Lo que se suele ocultar es que, además de potenciar la violencia directa, esta visión fomenta la violencia estructural y cultural.

El concepto más “sencillo” de violencia es el de violencia física o directa:-toda aquella acción agresiva o destructiva contra la naturaleza (daños contrala biodiversidad, contaminación de espacios naturales, etc.),- contra las personas (violaciones, asesinatos, robos, violencia de género,violencia en la familia, violencia verbal y/o psicológica, …)- o contra la colectividad (daños materiales contra edificios, infraestructuras,guerras, etc.).

El uso (mejor sería decir, el abuso de la fuerza) tiene objetivos diferentes: lucro personal, intereses políticos, compensación de problemas psíquicos, etc.

La violencia directa tiene como principal característica diferenciadora que es una violencia visible en lo que se refiere a muchos de sus efectos; básicamente los efectos materiales (por ejemplo, los antes citados). Sin embargo, también es cierto que algunos efectos aparecen más o menos invisibles (odios, traumas psicológicos, sufrimientos, relaciones internacionales injustas, adicción a una cultura violenta, concep -ciones culturales como la de ‘enemigo’, etc.) o no se suelen considerar de tanta importancia como los efectos materiales.

Nos deberíamos preguntar cuáles son los efectos sociales, ecológicos, económicos, culturales y políticos de estar considerando siempre a los demás como enemigos.  El primero de ellos es la reciprocidad.  Las demás naciones también nos consideran a nosotros como sus enemigos, aunque nosotros nos sintamos muy lejos de serlo.

Los ejércitos necesitan armas y generan una industria armamentística que se convierte en un verdadero lobby económico-político.  Dichas armas necesitan ser exportadas porque no son socialmente útiles y el único rendimiento que se les puede sacar es venderlos a otros países para poder ingresar algo por un bien que es altamente perjudicial.  Para ello, la política internacional ha de crear la necesidad de esas armas fomentando tensiones, conflictos, guerras.  Estas exportaciones de armas, estamos acostumbrados a ver, que son una de las principales características de los tratados comerciales, incluso de la ayuda al desarrollo, hacia los países no desarrollados.  Ello implica su empobrecimiento creando violencia estructural.

Una pequeña definición de violencia estructural sería la que citamos a continuación:

a inicios de la década de los años ’70 del sigloXX, Galtung y otros desarrollaron el concepto de violencia estructural, concepto queavanza a una visión de violencia más dinámica y más invisible: se define la violenciaestructural como “aquello que provoca que las realizaciones efectivas, somáticas y mentales, de los seres humanos estén por debajo de sus realizaciones potenciales”.
Siguiendo y concretando esta línea de razonamiento, posteriormente Galtung definiría cuatro tipos de violencia:
·la clásica o directa que se ejecuta contra el cuerpo y la mente humana,
·la pobreza que provoca la privación de las necesidades humanas básicas, por ejemplo, ¿cómo es posible que hoy en día mueran 9 millones de niños y niñasmenores de cinco años por falta de antibióticos o vacunas?
·la represión que provoca la privación de los derechos humanos y
·la alienación, que provoca la privación de los derechos humanos y políticos.
Los tres últimos 3 tipos de violencia serían los que conforman la violencia estructural.  La violencia estructural sería un tipo de violencia indirecta, es decir, las acciones que provocan el hambre en el mundo, por ejemplo, no están diseñadas y realizadas directamente con ese fin, sino que son derivaciones indirectas de la política económica capitalista y del injusto reparto de la riqueza. Esto provocaría que las causas que producen la violencia estructural no sean visibles con evidencia, en algunos casos o en un análisis poco profundo, con lo cual se entiende el por qué de su denominación posterior.

Otra característica importantísima de la violencia estructural, además de su invisibilidad, es que se encuentra, junto a la violencia cultural, como causa profunda de muchísimos conflictos.

Muchas partidos políticos y personas, se sorprenden cuando estalla un conflicto o guerra.  Entonces, la violencia directa, les impulsa a hacer algo rápidamente, por ejemplo, una intervención más o menos humanitaria.  ¿Por qué no les urgía antes, cuando el conflicto, con hondas bases estructurales se iba fraguando y agrandando?  Simplemente porque no veían la importancia de la violencia estructural en la génesis de los conflictos.  Así, la mayor parte de los partidos políticos se ver urgidos a intervenir, de alguna manera, ante los muertos y las situaciones graves de violencia directa.  Y ello les hace altamente vulnerables a la manipulación militarista.  Dado que sólo existe la posibilidad de una intervención militar, aunque sea para ayudar en un tifón o en una hambruna, el militarismo se garantiza su exclusividad en la política internacional.

Pero, ¿qué ocurriría si, sobre todo nos fijásemos en la violencia estructural que ejerce el primer mundo, entre ellos España, sobre la génesis de la mayoría de los conflictos que acaban en guerra actualmente?  Parece que ni los ciudadanos ni los partidos políticos somos conscientes de que la situación de explotación económica, la venta de armas ligada a los fondos de ayuda al desarrollo, el mantenimiento de muchos dictadores en sus puestos por décadas (Gadafi, El Assad, …), nos harían ser conscientes de que estos son los momentos en que más y mejor se puede invertir en políticas noviolentas que ayuden a evitar conflictos armados.  Muy seguramente, si las sociedades del Tercer Mundo, que es donde se dan la mayor parte de las guerras actualmente, pudiesen desarrollarse económica, social y políticamente de manera mejor, las guerras tendrían mucha menor oportunidad de ocurrir.

Además, potenciar la visión estructural de los conflictos nos haría darnos cuenta de que otro escenario en el que hay que intervenir para evitar las guerras es nuestra propia sociedad.  Efectivamente, somos los séptimos exportadores de armas del mundo y nuestras multinacionales y nuestra política exterior son causantes de violencia estructural.  En consecuencia, la conclusión sería que acabar con las guerras en el extranjero sería más posible si acabásemos con nuestro propio militarismo, con nuestra política exterior intervencionista y con nuestras fábricas de armas.  Además, todo ello significaría que los demás países dejarían de vernos como enemigos.

Para acabar, es necesario analizar también el concepto de violencia cultural:

una violencia que “se expresa también desde infinidad de medios (simbolismos, religión, ideología, lenguaje, arte, ciencia, leyes, medios de comunicación, educación, etc.), y que cumple la función de legitimar la violencia directa y estructural, así como de inhibir o reprimir la respuesta de quienes la sufren, y ofrece justificaciones para que los seres humanos, a diferencia del resto de especies, se destruyan mutuamente y sean recompensados incluso por hacerlo”

El papel de la violencia cultural es por lo tanto ser una especie de argamasa que dota de coherencia al sistema de dominación y violencia en el que nos movemos actualmente.  No hay que olvidar que la alternativa, el paradigma de cooperación-noviolencia también coexiste ahora y ha existido siempre.  Hay muchísimos ejemplos de sociedades, etnias, países, gentes, que colaboran y colaboraron para mejorar sus respectivas situaciones y que regularon sus conflictos de manera cooperativa y rechazando la violencia.

¿En qué curso de nuestras escuelas, en qué asignatura se enseñan los casos históricos de desobediencia civil a las guerras, de cooperación internacional para resolver conflictos, de sociedades que promovieron y promueven otras formas, noviolentas, de hacer política?  En ninguno.  Quizá, mejor dicho, seguramente, fijarnos en estos ejemplos y difundirlos haría que surgiesen más iniciativas noviolentas a nivel social y político para colaborar con los países vecinos y para ayudar a la resolución noviolenta de conflictos lejanos.  También tendrían nuestros políticos muchos menos argumentos y muchas menos excusas para aplicar la violencia.  Hay que promover la creación de una cultura de paz coherente, ética y aplicable en la sociedad y las relaciones internacionales actuales.

4.-  Conclusiones.

  • Es imprescindible que la sociedad reclame a los partidos políticos que concreten sus ofertas en los programas electorales en lo que concierne a los gemas de Defensa.
  • Es necesario que los partidos políticos expongan con claridad qué quieren defender, cuáles son los enemigos que ven, cuál es el origen de la violencia directa, estructural y cultural que quieren combatir, si optan por defender los postulados de la defensa militar o de la seguridad humana.
  • Es imprescindible que la sociedad se haga soberana, también en temas de defensa.  Y que debata profundamente qué quiere defender.
  • Es imprescindible que la sociedad investigue y audite el actual militarismo para conocer sus defectos y poder confeccionar alternativas desde la actual realidad.
  • Todo lo anterior no es sólo una cuestión que hay que debatir y trabajar cuando llegan las épocas electorales, sino durante los cuatro o cinco años que duran las legislaturas, permanentemente, controlando a nuestros representantes políticos promoviendo la participación social permanente.
%d personas les gusta esto: