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Lobby para que el Parlamento Europeo no colabore con el gasto militar en el presupuesto de la Unión Europea

No inviertas en armas

Por ENAAT

Fuente: Campaña en WeMove.EU

Desde la Red Europea contra el Comercio de Armas (ENAAT por sus siglas en inglés) se ha iniciado una campaña dirigida a los eurodiputados para que no apoyen con su voto la promoción de la venta de armas con presupuestos europeos.

La petición, en concreto dice así:

No incluyan una partida para la industria armamentística en el nuevo presupuesto de la UE. El dinero de los europeos no debería financiar tecnología militar. Este dinero debería destinarse a proyectos que desarrollen estrategias no violentas para evitar y resolver conflictos y que hagan frente a sus verdaderas causas.

Nos parece todo un acierto de la campaña vincular el rechazo de la tecnología militar con la idea de revertir ese dinero para luchar contra las causas de las guerras y de los conflictos, lo que apunta a una visión de alternativa a la defensa militar, algo normalmente eludido en los discursos oficiales y que necesitamos construir, difundir y popularizar para que la sociedad se empodere de tal propuesta transformadora.

No faltan razones para exigir a los eurodiputados que no colaboren con esta vuelta de tuerca del militarismo agresivo al que nos aboca la política europea y la dichosa aspiración de competir en el plano de las superpotencias.

Como dice la justificación de la campaña, contamos ya y por primera vez con un presupuesto “europeo” para los tres próximos años destinado a la industria militar, con 90 millones de euros para partidas de investigación de I+D militar. Fue aprobado el pasado año y los eurodiputados colaboraron en esta aprobación. De manera que no son, que digamos, almas cándidas y mucho nos tememos que ya han sido tocados por el lobby militar para futuras colaboraciones.

La Comisión Europea, órgano político de la Unión Europea y un inestimable aliado del militarismo, ha estado presionando además para dar prioridad al “sector de la defensa” dentro del presupuesto europeo, introduciendo partidas destinadas a estos fines en los  Fondos Estructurales y Regionales, en la Ayuda al Desarrollo y hasta en el famoso programa Erasmus. Otro signo de la preocupante extensión de la mancha de aceite de los señores de la guerra en las instituciones europeas.

Junto con estos apabullantes datos, nos cuenta la Red promotora de la iniciativa que

El 7 de junio, la Comisión lanzó el Fondo Europeo de Defensa [4], mediante el cual pretende destinar 500 millones de euros adicionales del presupuesto de la UE a la investigación y desarrollo de la industria armamentística durante el período 2019-2020 [5]. Es más, a partir del 2021 dicha contribución llegará a los 1.500 millones de euros al año, lo que significa un aumento mucho mayor del propuesto en noviembre de 2016.

Este fondo también incluirá contribuciones nacionales hasta llegar a los 4.000 millones de euros al año, con el fin de financiar la última fase del proceso: el desarrollo y compra conjunta de equipamiento militar por parte de todos los Estados miembros. La Comisión propone que las contribuciones nacionales a este fondo queden excluidas del umbral de déficit del 3% que cada Estado miembro debe respetar. Un privilegio del que no gozan las inversiones en educación, salud o medio ambiente.

Es este contexto el que justifica la movilización de ENAAT, en la idea de ejercer presión a los eurodiputados para que no apoyen con su voto los cambios que pretende la Comisión, pues en los próximos meses se llevarán a votación los euro-presupuestos.

Nos pide una de las personas que sigue nuestro blog que opinemos en público sobre dicha campaña.

Por supuesto que cualquier lucha encaminada a enfrentar el militarismo y a buscar alternativas al mismo merece nuestro respeto y animamos, no faltaría más, a hacer lo posible para evitar un presupuesto europeo encaminado a potenciar el desarrollo y la venta de armas.

Y si ocurre que, al menos que nosotros sepamos, ésta es la única campaña abierta a que la sociedad presione a estos diputados, bienvenida sea y que tenga toda la eficacia posible.

Pero vayamos un poco más allá de la mera declaración de principios, a analizar algunos aspectos de la propuesta que nos parece, puede añadir puntos no tanto para enmendar la campaña (no somos nadie para ello y sentimos respeto por este trabajo) como para reclamar nuestro propio compromiso en la lucha por la paz.

1.- La Red Europea contra el Comercio de Armas. ENAAT.

La promotora de la iniciativa, la Red ENAAT, es según su propia explicación  “una red informal de grupos e individuos que ven el comercio de armas como una amenaza para la paz, la seguridad y el desarrollo” y que luchan como grupo de presión contra el lobby de la industria militar.

Su trabajo pretende limitar o terminar con el comercio de armas, mediante la investigación, la publicación, la presión y las campañas públicas.

Naturalmente, este trabajo de lobby no agota las luchas pacifistas y del sentido común, y tal vez no sea tampoco el trabajo que más y mejor puede aglutinar a la sociedad para problematizar la idea de paz de los poderosos; pero es un aspecto que, también, forma parte de estas luchas y es de agradecer (dado lo anodino y ambiguo que puede llegar a ser) que alguien se dedique a ello.

Es decir, su lucha, según este esquema, se focaliza en realizar investigación-divulgación y lobby contra la industria militar. Se enfoca a convencer (más improbable) o a incomodar a las instituciones para que cambien (por gusto o a regañadientes) sus actividades.

Los componentes de esta red, según aparece en su propio listado son:

De esta composición destacan varios aspectos: su carácter multinacional, su diversidad de organizaciones y enfoques (redes de paz, grupos de promoción de derechos humanos, institutos de investigación, y las dos organizaciones internacionales más amplias, una de carácter antimilitarista y otra religiosa) y su común apuesta por un trabajo de diálogo institucional y de lobby institucional.

Se trata, desde nuestro punto de vista, de lo que hemos llamado en nuestro libro “Política Noviolenta y lucha Social” (págs. 38 a 56) de una de las perspectivas del pacifismo, la que hemos denominado pacifismo no oficial (no comparte ni la idea ni la agenda de paz “oficial” e institucionalizada que entiende la paz como preparación de la guerra y, cuando más, como ausencia de guerra) y no alternativo o reformista (pretende promover cambios críticos pero no rupturistas con la idea de paz oficial y no apuestan por una alternativa global de paz y defensa).

No queremos decir que algunos o muchos de estos miembros no compartan, de fondo, una idea de paz diferente (ni menos aún que no promuevan otras luchas más centradas en la idea de una alternativa global de paz), sino que sus acciones y su trabajo en el campo concreto que analizamos no va encaminada a esto, sino a conseguir, en el dialogo con las instituciones, la asunción de reformas posibilistas en la idea oficial de paz.

Nos parece de una enorme valía esta unión de fuerzas para luchar por un tema de esta envergadura y es de apreciar el esfuerzo tanto de investigación y divulgación, como de campañas de presión institucional, los aspectos fundamentales que abordan en la campaña. De hecho el trabajo de denuncia y de sacar información al respecto es de valía también para la lucha de un pacifismo horizontal, desde abajo y enfocado a una alternativa global y debemos saber aprovecharlo y saber crear sinergias con este enfoque pacifista.

2.- La militarización soterrada e imparable de la política europea.

Pero como hemos señalado en diversas ocasiones, el problema de la paz en Europa no es el problema de una reglamentación jurídica de la guerra y de los períodos de entreguerra, ni es sin más una especie de construcción jurídica de la paz, mediante tratados de limitación del armamentismo, o políticas de desarme entre los Estados.

El problema de la paz es más transversal y radical, y su enfoque debe pretender no limitar la guerra, sino construir la paz con contenidos y de forma dinámica, estructural y global, mediante políticas de transarme (no mero desarme) y propuestas de defensa alternativas tanto en el qué hay que defender, como en las metodologías de defensa y los sujetos de la misma.

En el contexto europeo, todo esto va estrechamente asociado no sólo a la limitación de industria militar y sus intereses (más bien deberíamos hablar de su reconversión a fines socialmente útiles y su eliminación como industria militar), sino principalmente:

  •  a la lucha contra la creciente militarización de la política europea,
  • a la resistencia contra la creación de múltiples estructuras y sinergias encaminadas a cimentar una potencia militar europea,
  • y a la apuesta contra la perversión de confundir políticas de paz con políticas militares y con un enfoque global de la seguridad desde la óptica militar.

La idea oficial de paz en Europa es la idea militarista que legitima el intervencionismo militar y la dominación y violencia como metodologías propias en materia de seguridad y razón última de sus políticas internacionales. Se construye desde un silencioso consenso de las élites, acompañado de una inconsciente ignorancia de la ciudadanía, que se supone que por omisión acepta este estado de cosas.

Merece la pena recordar que el militarismo europeo está incrementándose de forma silenciosa pero a pasos agigantados, y que entre sus componentes cuenta con:

  • una Agencia Europea de Defesa,
  • otra Agencia Europea de Inteligencia,
  • un espionaje militar propio,
  • un Cuartel General y un Estado Mayor propio,
  • un Comité Político y de Seguridad (COPS) que diseña la doctrina de defensa europea, incluyendo la política de fronteras y contra la inmigración,
  • un Comité Militar (CMUE) que diseña el despliegue de tropas en misiones militares europeas,
  • una Academia Militar Conjunta,
  • unos Eurogrupos de Combate,
  • Fuerzas Navales y Guardamarinas Conjuntas,
  • y con un importante despliegue de tropas en varios conflictos internacionales,
  • más un presupuesto militar creciente, como venimos diciendo, y diversas subvenciones y ayudas que se le ofrecen a la industria militar y al militarismo disfrazadas en partidas destinadas a fines más nobles.

Todo un arsenal militarista al que, al parecer, falta por poner la guinda con la creación de un futuro “ejército europeo”, tal como explicamos en un trabajo de 2015 editado con el nombre de “ejército europeo” y que en sus líneas básicas sigue aportando información y análisis vigentes a día de hoy.

Merece la pena decir que la otra pata de todo este entramado consiste en el colaboracionismo social y global con el desarrollo de esta política. Colaboracionismo que se manifiesta en el aplauso de los diputados europeos al gasto militar (a los que hay que presionar, como muy bien hace esta campaña, y señalar con el dedo de la indignidad), pero también con el colaboracionismo del poder financiero y de la banca (convertida en uno de los principales agentes de esta locura y a la que también hay que poner freno) y del mundo productivo, de los enfoques tecnológicos y de desarrollo científico, del mundos mediático y cultural que promueven la legitimación de esta violencia cultural, de los principales partidos y agentes sociales europeos en sus programas de acción, de los ayuntamientos  e instituciones que facilitan subvenciones y otros medios a estas industrias y a estas infraestructuras militares, …; pero no menos de los trabajadores y trabajadoras que operan en empresas militares, de los ahorradores que depositan sus ahorros en bancos armados, de los consumidores y usuarios que aceptan una oferta y un bienestar propio basado en la explotación y dominación sobre otros territorios y sociedades, de los intelectuales que callan, de los ciudadanos que colaboran sirviendo en estos ejércitos o sometiéndose a su lógica, y del conjunto de la sociedad que de forma acrítica participa del caldo de cultivo estructural, cultural y global de este modelo.

En suma, la pata principal del militarismo europeo es nuestra voluntaria servidumbre y colaboracionismo con su lógica y con su actividad y es aquí donde, en nuestra opinión, debe realizarse todo el trabajo posible para desencadenar la desobediencia a esta política, pues, de lo contrario, no podremos avanzar sino en la ingenua idea de “convencer” por la altura de nuestros principios a una élite que se caracteriza por la bajeza de los suyos y mide todo en política en términos de oportunismo, clientelismo e intereses egoístas.

Por supuesto que una campaña encaminada a presionar a las instituciones europeas (Parlamento, Consejo o cualquier otra) para que no avancen en sus peores intenciones es meritoria y debe ser bienvenida, pero es necesario añadir que no agotan la agenda de la lucha por la paz necesaria y que tal vez por sí solas no permitan avanzar en este propósito o al menos al ritmo requerido.

Para que no le pase como al cuento del cacique que señala Galeano en su libro de los abrazos (que su propuesta rasque mucho y rasque bien pero donde no pica) deberá (y esa es la principal tarea que debe hacer el que llamamos pacifismo alternativo) venir acompañado de una lucha en la base social y encaminada desde postulados abiertamente antimilitaristas y alternativos de desobediencia y creación de otras prácticas de lucha social contra el militarismo europeo.

3. La pasividad social

Por eso, y aún aplaudiendo la iniciativa, mucho nos tememos que las razones de peso de la red para llamar a la conciencia de los eurodiputados, o para alertar a una ciudadanía en el mejor de los casos bastante alejada de esta problemática, cederán ante la presión y el prestigio del militarismo y de su lobby político, el cual hace muchos halagos y promesas a la clase política europea.

Jugamos con fuerzas desiguales y por desgracia en la balanza de la campaña se encuentra el peso de la razón (un peso ligero) y de la ética, más las firmas que se consigan (actualmente más de cien mil), frente al abrumador peso de los intereses y del potente lobby militar industrial y del militarismo militante de los gobiernos europeos.

¿Quiere esto desacreditar a la campaña? En absoluto. La animamos y animamos a la firma de la petición que plasma la campaña por cuanta más gente mejor, por más que llamemos a nuestro propio compromiso para hacer avanzar la lucha por la paz más allá de presionar con firmas a los diputados europeos, cuyo voto, en cierto modo, ya es un voto cautivo y anunciado.

Lo importante es llegar a problematizar una política deliberada de remilitarización tal como la emprendida por la élite europea, y eso necesita un peso decisivo de la sociedad, de esa sociedad despreocupada y desmovilizada (¿tendrá que ver en ello de alguna manera la falta de agendas políticas del pacifismo y del antimilitarismo o la falta de permeabilidad de los sectores políticos tradicionalmente de izquierda hacia la agenda de la paz?).

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Materia militar en el último Consejo de Ministros del año

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Por La Moncloa, Gobierno de España.

 

Fuente: La Moncloa.

Pues, como nos veíamos venir, también ha aprovechado el Gobierno para añadir más incentivos al militarismo en el último Consejo de Ministros del año.

1.- Autorización de inversiones militares a empresas extranjeras.

Esta vez en forma de autorización de empresas de Luxemburgo, Países Bajos y Reino Unido para que realicen inversiones en empresas militares en España. Todo sea regalar inversión al militarismo, que para eso somos la sexta potencia mundial exportando armas (y como añadido, regalando guerras a países diversos).

El Consejo de Ministros ha autorizado una inversión extranjera consistente en que las sociedades “PI 1, S.Á.R.L” (sociedad constituida en Luxemburgo); “Everest Holdings, B.V.” (Países Bajos), y “ANV Co-Invest, L.P.” (Reino Unido), adquieren, de manera directa, el 60,41 por 100, del capital social de Aernnova Aerospace Corporation S.A., y, de forma indirecta, el mismo porcentaje respectivamente en las filiales de esta última, para que se puedan destinar a realizar actividades relacionadas con la defensa nacional.

Aernnova Aerospace Corporatión SA (con sede en Gasteiz), aparentemente, no se dedica al sector militar, sino a la gestión de espacios aéreos y fabricación de estructuras aeronáuticas, según aparece en su página web, pero sí indirectamente, porque lo hace a través de sus empresas filiales, como dice el propio Consejo de Ministros. Estas filiales son:

  • Aernnova Aerospace, S.A.U.
  • Aernnova Aeroestructuras Álava, S.A.U.
  • Aernnova Andalucía Estructuras Aeronáuticas, S.A.U.
  • NMF Europa, S.A.U.
  • INTEC-AIR, S.L.U.
  • Gestión de Materiales y Proyectos, S.A.U.
  • Aeronáutica y Automoción, S.A.U.
  • Fibertecnic, S.A.U.
  • Internacional de Composites, S.A.U.

De paso vemos una de las más endiabladas realidades de la industria militar. Hay empresas, esta es un ejemplo, que aparentemente no tienen que ver con la defensa (lavado de cara) pero que luego resulta que o bien tienen empresas filiales que sí que lo hacen, o bien participan en el accionariado de las empresas militares, con lo que es difícil hacer un seguimiento de éstas. Si además, acaban siendo, como es el caso, participadas por fondos europeos y empresas de otros lugares, el rastreo de estas empresas se hace más difuso aún.  Y si a todo ello añadimos la colaboración de una banca armada en financiar su negocio, tenemos un cuadro más complejo de este sector tan opaco y peligroso.

2.- Cofinanciación con Europa del INTA.

No es el único acuerdo que afecta a lo militar. Hay un segundo acuerdo, como es de esperar fuera del Ministerio de Defensa, por el que el Ministerio de Industria y Competitividad realiza un acuerdo con el organismo autónomo militar INTA, para “para la ejecución del proyecto “FENYX-Gran Aeronave de Investigación y Experimentación” que, a su vez, cofinancian (es decir, pone una parte) los fondos FEDER (Fondos Europeos de Desarrollo Regional) con cargo al Programa Operativo de Crecimiento Inteligente 2014-2020.

Aclaremos que este Programa Operativo es el instrumento con el que el Ministerio de Hacienda (ya tenemos tres ministerios implicados en financiar al militarismo por este asunto) tiene para distribuir estos Fondos Europeos en cofinanciación entre España y Europa.

Según el convenio que se autoriza, el presupuesto del que contará INTA para desarrollar este proyecto FENYX será de 35 millones de euros de los que los fondos FEDER, a través del Ministerio de Economía, aportará 28 millones y el INTA (no dice de dónde lo sacará) otros siete.

3.- Reglamento del INVIED.

Además de estos dos acuerdos, el Consejo de Ministros ha aprobado otra resolución para modificar el Estatuto del INVIED mediante Real Decreto.

El anterior estatuto de este organismo fue declarado nulo por el Tribunal Supremo porque para su aprobación, como ocurre con otra normativa militar, no se habían atenido a la legalidad formal (para qué, si al fin y al cabo nadie les pone trabas).

En este caso se habían saltado un informe preceptivo (pero no vinculante) de un organismo oficial, el Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas recogido en otra ley militar, la Ley Orgánica de Derechos y Deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas, del 27 de julio de 2011.

Además de contar ahora con este informe han aprovechado para introducir una modificación sobre el anterior texto, concretamente para permitir que si un usuario de una casa del INVIED no paga la renta, se pueda suplir el desahucio por llegar a un acuerdo de pago más cómodo y, en caso de situación de vulnerabilidad del ocupante, que se pueda suspender el desahucio por un plazo de hasta tres años.

Una buena medida, que no existe en la legislación civil y que el Gobierno podría imitar para los miles de familias en situación de vulnerabilidad o riesgo que no pueden pagar la vivienda.

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Un nuevo ciclo inversor en armas

Por Ejército de Tierra

Fuente: El Economista.

Lo veníamos sospechando y anunciando. Nuestros dirigentes políticos y los señores de la guerra estaban muy contentos y esas alegrías suelen preludiar tristezas donde más duele al común de los apaleados mortales.

Lo veníamos advirtiendo: al escándalo de una burbuja de deuda militar impagable (más de 30.000 millones de euros) que nos provocó el ciclo de inversión en armas iniciado por el PP en tiempos de Aznar y continuó con pasmosa fidelidad el PSOE en los de Zapatero y, de nuevo, el PP del pasmoso Presidente Rajoy y su ex-ministro Pedro Morenés, le iba a suceder algo peor.

La codicia de los señores de la guerra es casi insaciable, e insondable la comprensión hacia sus demandas por parte de nuestro partido militarista tácito, con miembros adscritos en todo el arco parlamentario.

Ahora la Ministra de Defensa ha lanzado la noticia, como quien lanza una bomba.

Defensa confirma que lleva tiempo preparando un plan quinquenal de inversión en armas para “reactivar el gasto en armamento militar” (reactivar debe leerse como figura retórica) y “potenciar las nuevas tecnologías y modernizar y dinamizar la industria y su tejido.”

Un plan de esfuerzo inversor con cinco años de duración.

Obsérvese el crudo y descarnado realismo con el que nos explican sus intenciones. En el enunciado de lo que se pretende no aparece la idea de defender a la sociedad, que es justamente lo que aparentemente justifica el colosal gasto militar español. No. El ciclo inversor en armas es más caprichoso. Lo hacen para reactivar el gasto militar, para modernizar la industria militar, para dar pasta flora a sus amiguetes, no para defendernos.

Estamos trabajando para impulsar un ciclo inversor en el que se incluirán nuevos programas como adquisiciones que no necesariamente tienen que estar integradas en los planes especiales de armamento (PEAS) y que sin lugar a dudas supondrá un cambio de paso y de ritmo en la industria de defensa española. La idea es reactivarla.

¿Se fijan? Reactivarla, como si estuviera tiesa. Como si el PP no la tuviera en estado de excitación febril. Cuando, hace unos días, el Presidente de la TEDAE nos acaba de explicar que la industria de defensa durante la crisis ha salido triunfadora, ha ganado más de un 10´2%, como informa Infodefensa.

La Ministra, que se está especializando en decir naderías, dijo además

Una nación sin una industria eficaz, inteligente, competitiva y a la vanguardia de la innovación sin duda alguna es un país débil. La industria tiene que adaptarse al nuevo escenario tal y como está dispuesta a hacer

Fíjense que la frase en sí no dice nada. O nada específico. Es una generalidad que vale tanto para una industria que fabrique veneno como para otra que fabrique tecnología biomédica.

Es evidente que la inteligencia, la innovación y las otras zarandajas son objetivos estratégicos para cualquier sector productivo, pero para el bien común no da lo mismo que el dinero se use para una u otra cosa. Si la industria en la que buscamos eficacia es la que queremos que sea “competitiva” vendiendo armas a troche y moche, resulta que el perjuicio social es alarmante, pues incentiva y exporta guerras y busca un enriquecimiento que ni es socialmente útil, ni es equitativo, sino lucrativo para cuatro listillos y generador de inseguridad humana para el resto.

Si en vez de en cañones invertimos en mantequilla, en desarrollo humano y en derechos en serio, ocurre todo lo contrario: crece el bienestar social, decrece la desigualdad, se construyen nuevos consensos más inclusivos, se acorta la distancia entre los que más tienen y los que más sufren, se rompe el elitismo, se abordan los verdaderos problemas de la sociedad y se ataca el círculo vicioso que nos ata al malestar social que nos impone esta elite egoísta y calamitosa. ¿Se dan cuenta de las muy sólidas y persistentes razones que tienen los que mandan para invertir en cañones, no en mantequilla?

Añadió la Ministra que España va a cumplir cuanto antes su compromiso de elevar su presupuesto de Defensa al 2% del PIB (ojito al dato, ya no se habla de elevar el gasto militar, sino el Presupuesto de Defensa, que es una pequeña parte del gasto militar).

No lo hacemos porque lo haya pedido Donald Trump, lo hacemos porque se pactó en 2014 con los demás países socios de la OTAN y porque el gobierno tiene el compromiso de mantener la seguridad y la integridad de su población.

Ya lo ven, para ayudarnos. ¡Menuda ayuda!. Nos quieren mantener seguros, íntegros y sobre todo esquilmados y sin derecho a decidir, que es lo suyo, para que no nos volvamos molicie, que ya saben ellos que somos incorregibles. Habrá que preguntarse si no habrá alguien más y diferente dispuesto a darnos un poco de ayuda, pero en otra dirección, que a estos ya les tenemos vistas las intenciones.

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¡Qué buenas son las crisis para la industria militar!

por Pavel Vanka

Fuente: Infodefensa.

Si lo decimos nosotros seguramente nadie nos hará caso. No somos creíbles, para algunas mentes militarizadas, por más que aportemos datos, fuentes, estudios…

Pero no lo decimos nosotros, sino el propio Presidente de la TEDAE (Asociación Española de Tecnologías de Defensa, Aeronáutica y Espacio), ahora a punto de ser sustituido (un misterio que deparará probablemente una sorpresa este de la sustitución de un Presidente de la patronal de las empresas aeronáuticas y espaciales vinculadas a la defensa, donde se han afincado algunas de las puertas giratorias, incluyendo algún ex-ministro de Defensa): la crisis es una oportunidad para la industria militar. Igual que la carroña es comida para ciertos pájaros.

Adolfo Méndez, actual presidente de TEDAE, y en el foro “Infodefensa” sobre la industria militar, analizó la bonanza de este sector, ofreciendo cifras de escalofrío. El año pasado, nos dice, facturaron 10.700 millones de euros, un 10´2 % más que el año anterior. Con entusiasmo entendible añadió

crecimos un 10% en plena crisis

No es para menos. No conocemos ejemplos de tal prosperidad en otros sectores.

Al parecer, a la industria de las armas la crisis le ha venido bien. Y eso que la predicada austeridad y la propaganda del gobierno nos ha hecho creer que todos nos apretábamos el cinturón.  Se ve que todos no. Que la hebilla se cerraba sobre nuestros pantalones de meros transeúntes a la par que se aflojaba en los pantalones de paño fino de los señores de la guerra.

Podríamos, también, comparar el crecimiento del 10% de la facturación de la industria militar aeronáutica y espacial con rebajas equivalentes en otras áreas, como la bajada del 16´3 % del gasto en sanidad pública durante la crisis (más de 10.000 millones de euros), según informó El País, o la bajada del gasto de sanidad y educación que se prevé para 2018 según los datos del Plan Presupuestario 2018 enviados por el Gobierno a Bruselas en el mes de octubre, que situará a la sanidad y a la educación en sus mínimos históricos, o la bajada del gasto en prestaciones a desempleados, que se redujo en 2017 en 20.000 millones de euros, según informa Público.

Ha hecho falta que esto lo diga, en pleno apogeo triunfalista, el jefe de la patronal TEDAE para que los medios se hagan eco. Claro que es distinto decir que la industria militar es boyante y un ejemplo de éxito, con lo bien que han sorteado la crisis (¿por casualidad?) y  con amplias perspectivas de futuro (sobre todo para las empresas inversoras en armas), que decir que lamentablemente, la industria militar hace negocio de la crisis, hace de la crisis su negocio, hace de nuestro empobrecimiento su negocio, hace de la connivencia con lo más desaprensivo y militarista de los poderes reales y oficiales su negocio y su cartera, mientras que (y no por casualidad) cada vez vivimos peor, se precariza la situación vital de las personas, crece la pobreza y la inseguridad humana.

Es improcedente mirar de frente la realidad y decirla a las claras. No es noticiable y al niño que grita que el Rey está desnudo, se le tacha de loco, o de panfletario.

Sic transit gloria mundi: efímera pero persistentemente a favor de los de arriba.

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¿Más incentivos económicos para los submarinos de Navantia?

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Fuente: Infodefensa

Los submarinos que Navantia debe construir para la Armada española son, por decirlo así, como el tejido de Penélope, que por más que el tiempo pasa, siempre vuelve al mismo sitio, sin avances. El asunto parece el cuento de nunca acabar.

Aunque bien mirado, es una cosa de cuento y cuentas.

Como hemos explicado en otros momentos, resulta que el precio inicial del encargo (que engrosa las cifras escandalosas de la deuda por programas especiales de armamentos), se incrementó en el proceso de “prefabricación” (por cierto que financiada mediante “adelantos” generosos del Ministerio de Industria con cargo a créditos del Estado a interés cero), pero luego ha ido sufriendo otros tantos empujones económicos para pagar los defectos encontrados en el diseño (el viejo cuento del sobrepeso del submarino que ha implicado nuevos desembolsos tanto para el nuevo diseño, como para la posterior actualización o sustitución de sus motores y sistemas diseñados para un submarino más pequeño y para la adaptación del puerto de Cartagena para albergar un submarino más grande del previsto en su fase constructiva), hasta el punto de que ahora ya casi estamos al final del túnel y, al menos en teoría, se podrán empezar a entregar los submarinos a la Armada.

Hasta aquí todo dentro de la anómala normalidad de la industria militar, que tiene la capacidad de elaborar muy mal sus productos y encarecerlos muy bien.

Pero, nos dice Infodefensa, el primer submarino de la serie, que se entregará a defensa en 2018, irá sin el sistema de Propulsión Independiente de Aire (AIP), una de las principales innovaciones (y justificaciones de su tremendo gasto) de estos submarinos.

Dicen que ya se los pondrán tras la botadura (prevemos que a un nuevo e imprevisto precio, para variar).

Pero, con ser mucho, lo dicho no es todo. Queda la guinda. El almirante de acción marítima, De la Puente Mora-Figueroa de apellido, ha declarado que los primeros prototipos se entregarán en 2021 al haberse cerrado definitivamente su diseño en 2016 (con varios años de retraso y muchos millones de sobreprecio, se le olvidó decir), y que para ello

ya solo faltan los incentivos económicos  para seguir avanzando en la construcción

Es decir, que aún piensan estrujar más al erario público “para seguir avanzando” con estos “estímulos” a la voraz, incompetente, insolidaria y carísima industria militar. Lo que quiere decir que aún no nos han sangrado todo lo que pensaban y que aún habrá más gasto militar, en detrimento de necesidades sociales, para estos famosos submarinos.

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¿Sindicalismo promilitar?

Sindicatos, políticos y empresarios coinciden en la necesidad de impulsar la industria de defensa y seguridad española y reclaman un pacto de Estado

Fuente: Infodefensa

Los sindicatos UGT y CCOO han suscrito un comunicado con la patronal de la industria militar, TEDAE, que parece dictada por esta última. ¿se volvieron amarillos estos sindicatos antaño de clase y con vocación por la paz?

El comunicado, del que un buen extracto se puede leer en la página de TEDAE, pide mayor esfuerzo gubernamental (como si el existente fuera poco) y más compromiso para impulsar esta industria y, en sintonía con las principales reivindicaciones de la patronal armamentista, expone que la industria militar española

necesita desarrollar una política de estado para la Defensa (una elegante  manera de decir que no sujeta a los cambios políticos) que se manifieste en el marco de un acuerdo político estable (osea apoyado nítidamente por la casta política a largo plazo, como hasta ahora ocurre) que trascienda las legislaturas (osea que condiciones y encadene a los nuevos que vengan a lo aprobado por los viejunos de ahora)  al mismo tiempo que se cosoliden los compromisos interminitestiales (osea involucrando a otros ministerios en esta expansión militarista) para abordar todas las problemáticas que rodean al sector de la defensa nacional (es decir, con la pretensión de una evidente expansión de este sector a otras áreas tradicionalmente ajenas donde también esperan hacer negocio) incluyendo la necesidad de abordar un protocolo de actuación para atraer a la sociedad (es decir, involucrando a la sociedad para que trague) en el esfuerzo por impulsar al sector de la defensa en general y a su industria en particular.”

Casi ná.

Y todo para alimentar la codicia de un sector que factura 4800 millones de euros pero da empleo solo a menos de 20.,000 personas y exporta el 67% de sus armas a países en conflicto.

Que la patronal de este sector piense así resulta normal.

Pero ¿alquen se atreve a sostener que los sindicatos amarillos representan a eso que se llama clase trabajadora?¿No es antagónico con el interés de esa clase el potenciar una industria que no es ética, que exporta conflictos y guerras, que ofrece poco trabajo y que genera beneficios solo para sus dueños?¿No podrían, por ejemplo, pedir que la industria militar reconvierta su investigación y produción hacia fines solidarios o al menos útiles?

Sin comentarios.

 

 

 

 

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Otro cuento: la necesidad de “crecer” de la industria militar española

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Jose Luis Cernadas Iglesias

Fuente: El País

Escribe María Fernández, en El País, un extenso artículo en el que viene a decirnos que la industria militar española necesita crecer para tener más peso mundial y asegurar su propio éxito.

Es esta la conclusión que, por otra parte, comparte la patronal del sector, TEDAE, y que parece que ha conseguido imprimir en el cerebro de la periodista, sin duda muy poco crítica con lo que representa este sector y con lo propios datos que maneja ella misma.

Aportamos nuestra opinión crítica para que lo que viene a continuación se pueda analizar, también, desde otro punto de vista:  la industria militar necesita crecer y tener más peso mundial para exportar más armamento porque la industria militar si no exporta empobrece al país que la sustenta.  Ninguna industria militar es ecológica ni económicamente sostenible.  Todas son un desperdicio de materiales y energía, un pozo sin fondo de inversión que no concede a los ciudadanos ningún beneficio social cuantificable, sino que, por el contrario, empobrece a las sociedades porque detrae recursos de los gastos sociales (educación, sanidad, vivienda, medioambiente, …).

La industria militar española es la séptima exportadora mundial de armas, con una cuota del 3% del negocio mundial sangriento que esto representa, y solo por debajo de las potencias de la ONU con derecho de veto más Alemania, lo que nos da una perspectiva muy diferente del asunto.

Pero la periodista opta por creer a pies juntillas el argumentario empresarial de TEDAE para afirmar que la industria de defensa española está intentando sacar cabeza fuera de España (lo cual no es para nada exacto, sino más bien todo lo contrario: está enfocada a promover la venta de armas a mansalva y al precio de generar inestabilidad mundial y armamentismo para obtener beneficio propio) y que por culpa de las pocas compras del gobierno español (otra mentira porque España cuenta ya al menos con un ciclo completo de compra de programas de armamentos innecesarios y que nos hacen arrastrar una deuda impagable de más de 30.000 millones de euros, más un segundo ciclo recién iniciado y que prevé encargos que incrementarán la deuda en los próximos años en otros 10.000 millones más, para comprar armas que no se necesitan) no puede desarrollar su potencial, con lo que su única opción pasa por fusiones que conviertan dos o tres grandes empresas en mega empresas (precisamente lo que pretende el Ministro de Defensa Pedro Morenés, anteriormente uno de los directivos más representativos del sector industrial de la defensa) y por convencer al Estado de que invierta más en Defensa:  tanto en adquisición de nuevos equipos y sistemas de armas para incentivar la creatividad de la industria militar (es decir, aún cuando no tengan en sí una finalidad directa en la defensa que se supone que es la razón de ser del ejército, sino para que la industria militar innove) como en nuevas subvenciones y ayudas (a pesar de que la industria militar obtiene créditos constantes del Ministerio de Industria a interés cero, ayudas y subvenciones multimillonarias en los presupuestos dedicadas a la “innovación militar” y múltiples ayudas de las diferentes escalas de la administración: estado, autonomías y localidades).

Se nos insinúa que se trata de una industria de alto valor añadido, que da empleo a 400 empresas y unos 20.000 personas, como si esto fuera un sector intensivo en trabajo o altamente eficiente, cuando la realidad es que ni por el peso de su masa laboral ni por su eficiencia este sector resiste la menor comparación con otros de muy alto valor social.  Quizá el gráfico siguiente de una idea más adecuada de la relación industria militar / trabajo:

investigación en armamento y trabajo

No saca la conclusión principal de la desproporción entre lo que se fabrica, la magnitud del propio sector industrial y el altísimo beneficio (casi 8.000 millones de euros en 2014) que obtienen los pocos (pero muy selectos) dueños de esta industria:  es un beneficio no en términos país, como se insinúa, sino para esa especie de élite extractiva y despiadada que no tiene patria y que nos somete a todos.

Explica como una mera anécdota el hecho de que nuestra industria militar sea absolutamente chapucera y despilfarradora, como se demuestra por los constantes fallos en los aviones A400 (con sobrecostes ya considerables y tremendos fallos de diseño y montaje), helicópteros de combate de EADS, prototipos de los submarinos S80 (que han constado un sobrecoste de más de 2000 millones de euros sin que hasta la fecha se haya podido poner a flote ninguno de los submarinos aparentemente destinados a la venta internacional) y un largo etcétera que convierte esta industria en un dechado de defectos.

Llega a la conclusión de que es necesario un impulso público al sector para hacerlo crecer. Curiosamente, la conclusión de la periodista es la conclusión del propio sector y que únicamente le beneficia a éste y a sus intrincadas complicidades con la casta política en eso que se ha dado en llamar el complejo militar industrial.

Promover y mimar la industria militar es promover y mimar el enriquecimiento de una clase parasitaria a costa del sufrimiento de pueblos enteros a los que se venden armas made in Spain.

Promover este sector es engordar un gasto militar destinado a hacer del sistema de defensa un expositor de armas de cara a su venta y beneficio para unos pocos, mediante el intervencionismo militar, el negocio de la guerra, el constante trasiego de cargos militares a países como agentes comerciales de esta industria y el desarrollo de sistemas de armas que no son necesarias para la defensa.

Una política pública que quiera desarrollar lo mejor de nosotros debería preocuparse más bien por fabricar algo socialmente útil y que permita un desarrollo justo y un reparto de riqueza  tanto en el estado español como en los supuestos clientes de nuestras industrias. Precisamente algo que no puede conseguirse vendiendo armas a mansalva y generando deuda impagable e inmoral al erario público, sino reconvirtiendo el sector y redistribuyendo su riqueza para fines socialmente útiles y justos.

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¿Está podrido el ejército?

Imagen de Jko Sánchez

Fuente:  Huffington Post.

Lo dice un militar, un teniente.  Y la prensa se hace eco de sus denuncias aunque las presente de manera novelesca.

Nosotros, los civiles, llevamos haciendo las mismas y más denuncias pero sin novelar, mediante la cruda realidad, y ni la prensa, ni la sociedad, ni los políticos nos hacen ni caso.  Para muestra algunos botones:

Aún así, el teniente Luis Gonzalo tiene razón.  Y se la damos.  Según él el ejército está plagado de malas prácticas, es un sistema de castas en el que los oficiales se benefician de derechos que no les corresponden, hay abusos, corrupción, desvío de dineros públicos, acosos sexuales y laborales.  Por no hablar de las puertas giratorias, de las decenas de intervenciones violentas fuera de nuestras fronteras, de la falta de democracia interna y de la falta de democracia en todo el tema de la defensa, de la ingente deuda militar, …

Además, nos solidarizamos con él por las represalias que dice que está sufriendo por sus denuncias.

Por último le quisiéramos hacer notar, mi teniente, que todas estas malas prácticas en el ejército no son puntuales sino intrínsecas a esta institución anclada en los valores de la obediencia ciega, la violencia, el machismo y la represión.  El ejército es una institución que genera violencia directa contra los civiles y contra los propios militares.  Pero, también y además, genera violencia estructural porque detrae recursos que se necesitan urgentemente para las necesidades sociales tan apremiantes en esta época de crisis que vivimos.  Y, también y además, genera violencia cultural por los valores que transmite como la insolidaridad de seguir pidiendo más presupuesto de los casi 7.000 millones de € que tiene asignados en Ministerio de Defensa cuando realmente tienen un gasto militar de 27000 millones de € en 2014 y cuando han recibido créditos a interés cero para construir armamento ultrasofisticado.

En conclusión, mi teniente, al ejército no le vale con unas reformas más o menos profundas sino que es imprescindible eliminarlo, para dar paso en paralelo a otra forma de entender la seguridad diferente y realmente alternativa, que defienda  lo que la ciudadanía realmente quiere defender:  la Seguridad Humana.

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