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Las 17 razones para la guerra continua en Somalia, y el negocio privado que conlleva

Image de Kate Bum

Fuente:  El Orden Mundial.

En un artículo tétrico, si pensamos en los somalíes, pero realista nos desgranan las razones por las que Somalia es el país de la guerra continua.  Nosotros hemos contado 17, una barbaridad:

  1. La gente obedece a los clanes, no al gobierno central
  2. la expansión de los señores de la guerra en el territorio,
  3. así como la presencia de milicias de alquiler locales
  4. y de mercenarios occidentales,
  5. el problema de la piratería de sus costas,
  6. el tráfico de armas
  7. y el negocio de la ayuda humanitaria,
  8. las hambrunas,
  9. la sequía,
  10. el desplazamiento forzado externo e interno de sus ciudadanos
  11. el desdén internacional
  12. la corrupción generalizada
  13. la mayor tasa de mortalidad infantil del mundo
  14. el fracaso de las injerencias humanitarias llevadas a cabo militarmente.  Que no consiguió completamente la facilitación de ayuda humanitaria a los somalíes atrapados por la guerra y la hambruna, ni se consiguió un alto el fuego entre facciones
  15. la aplicación de la Sharia como paradigma de Estado
  16. la llamada a la Yihad en Somalia por parte de la insurgencia islamista
  17. las compañías de seguridad privadas, mayoritariamente a sueldo estadounidense.

La segunda parte del artículo trata sobre las compañías de seguridad privadas que intervienen en la guerra de Somalia.  Aunque sólo informan de una: Bancroft Global Development empresa por un nativo de Virginia (EEUU), Michael Stock, en 1999:

  • comenzó proveyendo “expertos en misiones” extranjeros –que reciben el apodo de mentors en Bancroft, mentores en castellano– a las tropas de la AMISOM establecidas en Somalia. Sus servicios fueron inicialmente contratados por Uganda en noviembre del 2007 y seguidamente de Burundi en agosto del 2008, utilizando la financiación estadounidense para ello.
  • luego, el ejecutivo de Barack Obama identificó las actividades mentoras de la firma Bancroft como un factor determinante de éxito y comenzó a financiarlas directamente y no a través de países terceros de la misión africana. El contrato millonario entre el gobierno y la compañía de Virginia se cerró a comienzos de 2010. En el presente, la Associated Press estima que EEUU gastó unos 206.000 millones de dólares en subcontratos similares tanto en Iraq como en Afganistán, entre el 2002 y el 2011.
  • Bancroft, a diferencia de Blackwater, que arma a sus “mentores”, parece respetar el embargo de armas impuesto por la ONU en Somalia, ya que su personal –en su mayoría veteranos de guerra procedentes de cuerpos de élite norteamericanos o europeos– no porta armas, lo que según ellos les expone a un peligro aún más inminente que les hace confiar su protección a las fuerzas africanas que entrenan.
  • todas las empresas del sector tienen como común denominador la táctica contrainsurgente y el combate de guerrillas en zonas de conflicto que ocasionan alta mortandad o del complejo medio físico.
  • En realidad, su fundador y actual propietario de tan sólo 36 años decidió constituirla de dos firmas con misiones desiguales.
  • Por un lado, Bancroft Global Development es una organización que se proclama sin ánimo de lucro, y busca la estabilización de una zona determinada en conflicto armado utilizando el ya clásico modus operandi de operar “por, con y a través” de las fuerzas armadas locales u oficiales –o más bien, aquellas que decidan contratar sus servicios importando poco su legitimidad–, lo que en Somalia significa asistir al personal de la Misión de Paz de la Unión Africana principalmente, y también a la policía nacional somalí –compuesta en gran porcentaje por antiguas milicias de ciertos señores de la guerra que ahora respaldan al Gobierno de Transición–.
  • En el otro extremo se halla la vertiente lucrativa de Bancroft, aquella que genera ingresos y mantiene al barco de Michael Stock a flote. La razón de ser de Bancroft Global Investment es la de, literalmente, capitalizar el éxito militar de las campañas que lidera en la AMISOM, invirtiendo en la reconstrucción del país o de la región una vez pacificada, en lugares donde nadie más se atrevería a arriesgar su dinero, como ya haya hecho en el pasado en Afganistán. Sin embargo, la inversión en Real Estate –inmobiliaria– no sólo se lleva a cabo a posteriori, sino también durante el momento de la conflagración, como así muestran las anteriores experiencias bélicas de la firma.
  • A finales de los años 90, Stock se marchó al Sahara Occidental donde le impresionó que el gobierno de Marruecos aún no se hubiera encargado de desmantelar las minas antipersona que permanecían enterradas bajo la arena, visualizando la idea mater de lo que sería Bancroft. En sus primeros pasos, operó en Afganistán donde mediante un socio local formó una pequeña sociedad –Mine Pro.- que entrenaba a perros detectores de minas al mismo tiempo que se dedicaba a hacer un poco de todo, desde reparar coches a cañerías.

En definitiva, lo que hacen Bancroft y Michael Stock es una nueva versión del negocio de la guerra:

En una reciente entrevista, Stock aseguraba que él no se dedica a hacer la guerra en el país más oriental de África, sino a “buscar la paz, reconstruir una ciudad, un país que lo ha perdido todo en términos de educación, economía y sanidad”, pues para él las posibilidades de negocio son infinitas en un lugar donde hay que empezar de cero, una idea que le ha llevado a levantar un monumental hotel fortificado al pie de la playa de Mogadiscio, donde se resguardan los altos cargos somalís y el personal diplomático. El resort, al que han llamado International Campus, cuenta con una piscina como la mayoría de los hoteles de playa del mundo, solo que en éste cuando llueve, llueven balas y metralla. Más allá de las vistas del Índico, también dispone de un búnker, un hospital y algo similar a un autoservicio de equipamiento y reparación militar a lo Mad Max.

También tiene como objetivo:  la creación de una fábrica de cemento que se encargue de cimentar el nuevo Mogadiscio

El final del artículo se abre, brevemente para nuestro gusto, a las críticas:

Oponentes de estos contratos claman que estas compañías no son más que mercenarios modernos a sueldo y que se hallan efectivamente por encima de la ley en los países en los que son contratados. Estos contratos se realizan siempre en un marco de dudosa legitimidad ética y moral, pues operan en los lugares más inestables del globo, en estados fallidos y débiles en los que el poder de estas corporaciones privadas y su capacidad organizacional pueden llegar a anular con creces al del gobierno local. Las operaciones de otro de los grandes proveedores de seguridad privada, G4’S, en Sudán del Sur, son un caso a tener en cuenta en este sentido. También se les acusa frecuentemente de implementar de manera tácita y encubierta las directrices de la política exterior estadounidense.

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Desmilitaricemos Somalia

Imagen de rjones0856

Fuente:  El Confidencial Digital.

Todas son loas al militarismo:

La Operación Atalanta ha sido un “éxito”. Así se extrae de informes elaborados por las unidades de inteligencia de la Armada española, cuyo contenido ha conocido El Confidencial Digital.

El operativo, diseñado en 2008 y ejecutado por la Unión Europea desde entonces, ha conseguido su objetivo: reducir la presencia de piratas en las aguas de la costa este africana y del Golfo de Adén.

Según los datos registrados por la propia Operación Atalanta, en 2014 no se registró ni un solo secuestro de buques mercantes. Un detalle significativo si se tiene en cuenta que durante el pico de peligrosidad en dichas aguas, registrado en 2011, se alcanzaron los 32 secuestros de embarcaciones.

Tal y como ha sabido El Confidencial Digital, los informes periódicos que elaboran las unidades de inteligencia y que son enviados al Estado Mayor de la Armada reflejan la “práctica erradicación de la actividad sospechosa” en estas aguas.

Estos datos deberían hacernos reflexionar sobre la necesidad del militarismo naval en aquella zona del planeta pagado por la Unión Europea y por España.  Sin embargo, parece que no es así, que haya desaparecido la práctica de la piratería y sus secuestros de embarcaciones y marineros parece que no significa que el ingente gasto que realizamos se vaya a, al menos, recortar en algún porcentaje.

Hace poco informábamos que en 2014 España se había gastado en la operación Atalanta la friolera de

104.395.772’76 € en 2014 y un despliegue de 128 militares españoles.  815.591,9 € por militar.

Además, también estamos gastando en otra misión relacionada con la de Atalanta

EUCAP NESTOR en Yibuti y Tanzania y Seychelles.  No sabemos cuánto ha costado en 2014, pero ha habido un oficial de enlace (nuevo) en Tanzania y 2 oficiales en Yibuti más 5 civiles.  Además, hay un suboficial de la Guardia Civil en Seychelles.

Y que, además, en Somalia hay otra actuación internacional de la Unión Europea:

EUTM en Somalia con un gasto en 2014 de 1.883.251’62 € y 14 militares españoles desplegados.  Con 134.517,9 € por militar.

Es decir, 106 millones de € que van a seguir invariables.  No se plantea Europa ni España que, quizá, no es necesaria tanta militarización y que, al menos una parte de los 106 millones de €, podría ser dedicada a actuaciones civiles que tuviesen como objetivo el que los somalíes no volviesen a practicar la piratería porque tienen alternativas de desarrollo económico posibles y más lucrativas.

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Violaciones y Fuerzas de Paz en Somalia

Imagen de HRW

Fuentes:  El País.  Y el informe de Human Rigths Watch titulado «El poder que los hombres tienen sobre nosotras«.

La situación en Somalia es dantesca:

Es necesario saber, para contextualizar estos datos, que Somalia tiene una población de 10’2 millones de personas.  Es decir, extrapolando, la hambruna somalí en España supondría la muerte de 1.000.000 de españoles y la cifra de 369.000 refugiados supondría en España que en los alrededores de Madrid viviesen en campos de refugiados 1.500.000 personas.  ¿Os imagináis la situación?  Queda clara la dimensión del sufrimiento de la población somalí.

Y en esta situación varios países han mandado soldados para que hagan de Fuerzas de Paz.  ¿Han contribuido a mejorar en algo la situación de la población somalí?  Pues no lo parece:

En junio de 2013, un intérprete que trabajaba en el cuartel general de Amisom —la misión de paz de la Unión Africana en este país— se aproximó a ella y le preguntó si quería ser “amiga” de un soldado ugandés. Le dijo a la niña que el soldado podría conseguir cualquier cosa que ella necesitara si le trataba “como si fuera su marido” y “le hacía sentir cómodo”. Cuando se encontró con el militar y comprendió que debía mantener relaciones sexuales con él, quiso marcharse, pero el traductor no se lo permitió, ignorando sus llantos y sus súplicas. “Cuando me resistí, el militar se enfadó mucho y llamó de nuevo a su intérprete, que me amenazó en somalí”, dijo la joven a la organización humanitaria Human Rights Watch.

Casos como el de Aziza no son excepcionales en Somalia. Tanto Naciones Unidas como diversas organizaciones en defensa de los derechos humanos han documentado altos niveles de violencia sexual contra las mujeres somalíes, especialmente contra las refugiadas. Pero ahora, por primera vez, una organización apunta directamente con el dedo a un organismo y a una práctica concreta: Human Rights Watch acusa a algunos soldados de Amisom, que cuenta con casi 17.000 efectivos desplegados, de abusar de su posición para agredir y explotar sexualmente a mujeres y niñas somalíes. «Algunos soldados de la Unión Africana han hecho mal uso de sus posiciones de poder para explotar a las mujeres y niñas más vulnerables de Somalia», asegura Liesl Gerntholtz, director de derechos de la mujer de Human Rights Watch.

No hay que olvidar la responsabilidad que contraen los países que envían al extranjero a sus Fuerzas Armadas, sin negar, por supuesto, la responsabilidad principal de aquellas personas que cometen las acciones ilegales:

Somalia tiene muchos problemas de difícil solución, pero los dirigentes de Somalia y la Unión Africana podrían acabar con la explotación y los abusos sexuales presionando a los países que aportan contingentes para que busquen y castiguen a los responsables

Los datos que aporta son horribles:

Generalmente, los violadores son hombres armados y uniformados y el 33% de las víctimas son niñas

Además,

Unicef, por otra parte, asistió a más de 2.200 víctimas de violencia de género en el sur y centro de Somalia ese año de 2012.

Los relatos son aterradores:

La mayoría de violaciones documentadas por HRW tuvieron lugar en las instalaciones del contingente de soldados de Burundi desplegado en Mogadiscio cuando mujeres y niñas acudían para obtener medicinas o ayuda humanitaria. Fue el caso de Qamar R., de 15 años.

Y la implicación directa o indirecta de los mandos es clara:

HRW ha documentado también casos que sugieren un sistema relativamente organizado de explotación sexual en los campamentos base de Amisom y en la base burundí de Mogadiscio. Varias mujeres y niñas reconocieron a HRW que mantuvieron relaciones sexuales consentidas con soldados como último recurso pues, en muchos casos, ellas eran el único sustento de sus familias. Los soldados de Amisom disponen de ingresos infinitamente mayores que los refugiados (unos 1.000 dólares al mes), por lo que se hallan en una situación de completa superioridad ante estas mujeres, denuncia el informe.

Las pruebas recabadas sugieren que la explotación sexual no es un secreto en las bases de Amisom, ya que las mujeres entran en ellas a través de puertas custodiadas por oficiales pese a tener prohibido el acceso.

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Somalia en guerra desde 1986

The+caravan+passes+-+Die+Karawane+zieht+weiter

Fuente: Diariosur.es

Soldados del gobierno federal de transición de Somalia, con la ayuda del ejército etíope, se han hecho con la ciudad de Baidoa tras combates encarnizados con las tropas de Al Shabab, su oponente.

Comprender este conflicto militar es muy complejo.

1 Una guerra permanente, prolongada y con multiples ejércitos en liza

Comenzó con la insurrección contra el dictador Said Barre. A esta le siguió una guerra civil y el derrocamiento de éste en 1991.

La guerra continuó y tras este derrocamiento vino una contrarevolución para restaurar su régimen.

La guerra seguía en pié y entonces metió las narices en el conflicto la ONU y sus cascos azules con su excusa de ayuda humanitaria.

La guerra continuó a pesar de todo y en 1993 entraron en el conflcito las tropas de Estados Unidos para poner orden. No hubo orden y a pesar de que los americanos tuvieron que marcharse en 1995, la guerra continuó (aunque por cierto, se supo que poco antes de derrocar a Said Barre, los nuevos gobernantes le concedieron a Estados Unidos patentes y privilegios para la explotación de petróleo sobre dos tercios del territorio, a favor de las compañías Conoco, Amoco, Chevron y Phillips).

El caso es que la guerra siguió primando en Somalia y entre 1998 a 2004 se fracturó el país en varios estados autónomos (autoprolamados así por los señores de la guerra en conflicto) y varios intentos de unión de varios de estos, hasta que en noviembre de 2004 se creó el Gobierno Nacional de Transición de Somalia, que consiguió establecer su capital en Naidoia, enfrentada a la facción de corte islamista de la Unión de Tribunales Islámicos, que se emplazó en Mogadisco.

La guerra no sólo continuó sino que se recrudeció con estos dos bandos enfrentados y, cómo no, la intervención de otros ejércitos y países (entre ellos la CIA estadounidense, Etiopía, etc.).

En 2007 Etadados Unidos vuelve a enviar tropas y a bombardear a las tropas que considera enemigas (las islamistas) con la excusa de acabar con los infiltrados de Al Qaeda.

En este punto s emezclaban ya varias guerras interpuestas: una de los gobiernos de Somalia y Etiopía contra los rebeldes de la Unión de Tribunales Islámicos. Otra de Estados Unidos contra todo lo que se movía. Una tercera de clanes tribales entre sí y, por si eran pocos, las tropas de la Unión Africana AMISOM, que supuestamente son tropas pacificadoras.

A estos grupos se han incorporado en 2011 tropas de Kenia, persiguiendo a los proislamisatas de Al Sahbab, que son los que controlan el Sur, dando con ello mayor fragor al ya de por sí liado embrollo.

Es en este sucederse de una guerra permanente donde ahora parece que las tropas oficiales de Somalia con ayuda de las de Etiopía parece que se han hecho con un enclave importante de su «enemigo».

2.- Un genocidio de varios millones de muertos, mutilados, empobrecidos.

Si hemos narrado todo esto es con una clara inteción: ahora nos venden el genocidio de Siria para justificar una intervención militar futura contra el gobierno Sirio.

Sin embargo hay guerras permanentes que en realidad son un permanente genocidio en las que el foco mediático no se pone. ¿Tienen menos desastre?, ¿son menos urgentes?

En la guerra de Somalia, de más de 25 años de duración, son varios los millones de muertos y, qué curioso, son muchos los intereses solapados de occidente en la región y, por ello, en la creación del clima de caos que permite mejor expoliar los recursos y la geoestrategia de la región. Qué curioso, en la región es donde operan nuestras fragatas para defender a los atuneros españoles que despojan de recursos naturales a los lugareños y que no hacen nada para contribuir al desarrollo real de estas poblaciones.

La guerra de Somalia ocupa otros escenarios a cada cual más tétrico:  ejércitos con niños soldados, son muchas las denuncias de violaciones de derechos de la población civil, las violaciones de mujeres, los desplazamientos masivos de población, campos de concentración,  la muerte por hambrunas derivada de la estrategia de tierra quemada, etcétera.

El propio enviado de Naciones Unidas a Somalia, Ahmedou Ould Abdhalla se ha referido a este genocidio en varias ocasiones

¿Qué intervención en Somalia?

Las intervenciones en Somalia por parte de la «Comunidad Internacional» se han dado y han dado un claro ejemplo de la eficacia y del alcance de este falso intervencionismo humanitario. Han servido para incrementar el conflicto, no para desinventarlo. Son múltiples las denuncias a las tropas americanas e internacionales en este sentido.

Han demostrado que la intervención militar no es eficaz para parar ni los genocidios ni para parar la fase armada del propio conflicto. Antes bien, han potenciado el conflicto y han servido a los intereses políticos de los países patrocinadores de estas tropas, especialmente de Estados Unidos.

Somalia y Siria

Somalia es el paradigma del intervencionismo humanitario y nos muestra a dónde conduce éste.

Por esto nos enseña que dotar de armas, como se hizo en Somalia, a una facción de los contendientes no hará sino potenciar y agudizar la guerra y volverla crónica.

Nos enseña también que la intervención directa, con esas supuestas tropas de paz, no hará sino favorecer una salida militar del conflicto, lo que a la larga agudiza el mismo y no lo resuelve.

Nos enseña que además todo esto es funcional para un reparto del pastel por parte de los intereses espúreos occidentales

Nos enseña que la vía militar no sirve para resolver ningún conflicto ni para traer ninguna paz, sino para perpetuar la guerra como lógica.

¿Cabría otro tipo de intervención?

El actual estado del conflicto somalí no permite halar de una solución militar ni de ningún tipo. Sólo cuando se pare la guerra será posible iniciar actuaciones para la construcción de la paz.

El problema es que los enfoques internacionales de itervención en Somalia no se centran en parar la guerra, sino en mantenera: venta de armas a las partes en conflicto, apoyo militar y logístico, aprovechamiento de las debilidades actuales para depredar los recursos regionales, involucración de otros países en el conflicto, soterraiento del drama por parte de los intereses economicos y mediáticos …

Ahora bien ¿cabe hacer ahora otra cosa?

Entendemos que se puede invertir en la desinvención de la guerra con medidas como el boicot económico a las cuentas e intereses de los contendientes, la prohibición absoluta de venta de armas, el apoyo a los desertores de los bandos enfrentados, la colaboración con los grupos de resistencia civil y  de derechos humanos en la zona, para sacar niños soldados de la garras de los ejércitos, etcétera.

Se puede instar la desmilitarización del conflicto mediante la reducción gradual de armamentos y tropas, políticas de reconstrucción y desarrollo, lo que implica trabajo comunitario para la reconciliación y reintegracion social .

Se puede generar mediante fondos mundiales de cooperación u otras fórmulas similares para el desarrollo regional justo.

Se puede exigir a nuestros gobernantes la responsabilidad social y política por su velada participación en estas guerras.

Se puede luchar desde aquí contra las industrias que venden armas y contra los bancos que las financian.

Se puede poner el foco de preocupación de los movimientos sociales en reivindicar la variación de nuestras políticas hacia la región, la variación de nuestras políticas de exteriores e internacionales, la lucha por la reduccion significativa del gasto militar, en favor de la reconversión de las industrias militares, y un largo etcetera que garantice la participación justa de España en la resolución del conflicto.

Y dese luego se puede seguir apostando por medidas noviolentas y pacíficas y en contra la de participación militar en los conflictos.

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