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Debates electorales (II): qué defender

Tras la introducción que suponía plantear la necesidad de debate sobre temas de defensa cuando se elaboran los programas electorales, ahora queremos abordar el tema que nos parece la piedra angular de todos los debates sobre defensa:  ¿qué queremos defender?

Resulta asombroso y turbador comprobar cómo en la Directiva de Defensa Nacional de 2012 (gobierno de Rajoy) se decía que España no tiene enemigos.  Entonces, ¿para qué está todo el entramado militar de cientos de miles de soldados montado, por qué en 2014 vamos a gastar 27.659 millones de € en Gasto Militar?  Parece demasiado incongruente.

Una estudio sobre las diversas Directivas de Defensa Nacional se puede encontrar en forma de presentación en prezi.

1.-  Defensa militar versus seguridad humana.

Pensamos que el principal debate dentro de este epígrafe es si nuestro modelo de defensa quiere defender los postulados de la defensa militar o los postulados de la seguridad humana.

La defensa militar busca defender las fronteras y el territorio contra las supuestas agresiones externas y la protección de los intereses nacionales en la política exterior (sería más adecuado decir que busca la protección de los grandes empresario y los grandes grupos de poder, no de los intereses de las personas comunes). También busca defender conceptos como la nación, los valores patrios, la patria, etc;  además, pretende defender la bandera, las instituciones y su permanencia inamovible.  La defensa militar se ha convertido en una manera, más o menos solapada, de crear conflictos fuera de nuestras fronteras para venderles armas y luego «ayudarles» con intervenciones humanitarias militares y/o civiles.

En definitiva, la defensa militar busca defender el status quo nacional e internacional.  Se convierte, por tanto, en un concepto diseñado más para el estado-nación que para la gente, más para las élites políticas y/o económicas que para las ciudadanos de a pié.

En cambio, la seguridad humana, es un concepto que tiene otras expectativas verdaderamente alternativas.  La seguridad humana es un concepto universal, pertinente a la gente de todo el mundo, no exclusivo de las naciones-estado;  además, los componentes de la seguridad humana son interdependientes, no buscan la victoria, la desaparición del enemigo, y ni siquiera se plantean la existencia de enemigos;  la seguridad humana se preocupa por la forma en que vive la gente, la libertad con la que pueden ejercer diversas opciones, participar de la democracia, ejercer sus derechos económicos, políticos y sociales;  la seguridad humana busca defender la vivienda, la sanidad, la educación, el medioambiente.

También, como tantas veces, existe una opción intermedia, patrocinada por los intereses militares que es hablar de seguridad militar.  Es, simplemente, un intento de confundir a la gente dejando de hablar de defensa (que se entiende ligada estrictamente a lo militar) para hablar de seguridad, concepto que explican que es más amplio y abarca las relaciones sociales, económicas, etc.  Lo malo es que como se hace desde la óptica militar es un concepto de defensa que acaba buscando defender lo mismo que la defensa militar, eso sí con otra jerga.

2.-  ¿Quiénes son los enemigos?

En la jerga militarista se pasó de unos enemigos nítidamente caracterizados:  la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, a hablar de riesgos y amenazas.  En España el viaje fue más largo, se pasó de hablar de un enemigo exterior (el anterior) y otro interior (el propio pueblo con ideas democráticas) a sólo un enemigo exterior que nos hizo ingresar en la OTAN.

Los enemigos en la defensa nacional son los demás estados, todos aquellos que tengan armas, o las puedan tener, todos aquellos que tengan fronteras comunes, o aquellos que tengan unas fuerzas armadas capaces de invadir, aunque sea salvando grandes distancias

La Directiva de Defensa Nacional (DDN) redactada por el gobierno de Rajoy dice que España no tiene enemigos, pero existen riesgos y amenazas.  Se ha llegado, incluso, a hablar de incertidumbres. Estos conceptos tan etéreos y a la vez ubicuos son los que hacen, sin ningún tipo de razonamiento asociado, indispensable la existencia de una defensa militar.  Se ven dos grandes tipos de amenazas:

  • Las amenazas compartidas:  ataques cibernéticos, armas de destrucción masiva, tráfico de personas, piratería, grupos fanatizados, quiebra del espacio aéreo y espacial.
  • Las amenazas no compartidas:  inestabilidad en la frontera y orilla Sur, Oriente Medio y el Sahel, el tráfico ilícito en Guinea (piratería), el tráfico ilícito en latinoamérica (narcotráfico, terrorismo, y amenazas a los intereses de las empresas españolas en la zona).

Como se puede ver, todo en consonancia con lo que decíamos anteriormente.  Llama la atención, en la línea de expandir el concepto de defensa hacia el de seguridad, que se consideren desde esta perspectiva los intereses de las empresas españolas en la zona, aquí ya concretamos pero en una dirección que no nos parece adecuada:  se busca defender nuestro bienestar aunque sea a pesar del de otros países y sociedades.

Otro texto revelador de las intenciones de la defensa militar actual en la DDN es:

asegurar una España fuerte, que permita mantener la influencia necesaria en el contexto internacional, para contribuir a la estabilidad de éste, principalmente en nuestra zona de interés directo, así como a preservar nuestros intereses nacionales en el resto del mundo.

Lo cual parece indicar claramente las ansias de ser una potencia que defienda sus intereses en todo el mundo, cual si fuésemos una potencia hegemónica.  Pero, hay que constatar que los intereses que quiere defender España no están explicitados, por lo cual pueden ser, y son, sometidos a manipulación fácilmente para adecuarse a los de los grupos financieros imperantes.

En cuanto a la seguridad humana, los enemigos están más claramente marcados:  todo lo que afecte al medioambiente, a la calidad de vida de la gente (sanidad, educación, empleo, …), lo que socave la libertad de ejercer los derechos sociales, políticos y económicos, etc.

La crítica que se suele hacer a esta opción, desde el punto de vista militarista, es que no habla de lo que ellos piensan que es vital defender, que se mea fuera del tiesto y que, por ello, nos vamos a quedar indefensos ante cualquier ataque extranjero.

Quizá les tendríamos que recordar que multitud de países con potentísimos ejércitos han sido atacados por fuerzas militares del extranjero y/o por terroristas.  Es decir, que la posesión de un ejército no es garantía de que no se vaya a sufrir una invasión o ataque.  Por otro lado, lo que sí garantiza un ejército es que nos vean como posibles enemigos y que se tenga un gasto económico muy considerable que se desvía de los gastos sociales que son lo que realmente se quiere defender.

Y he aquí la clave del debate:  qué queremos defender.  Nunca en la historia hemos sido consultados sobre este punto.  Ningún partido político, en sus programas electorales aborda el tema.  No hay un verdadero debate social sobre el punto clave de los modelos de defensa.  Así, vamos aplicando, con dejadez a la hora de plantear alternativas, lo que siempre se ha aplicado.  Es decir, optamos por el continuismo.  Lo que ocurre es que si miramos las raíces de este continuismo, nos daremos cuenta de que se instalan en el modelo de defensa de la dictadura y que estamos aplicando diariamente muchos de sus tics, sin ni siquiera cuestionarlos.

3.-  Violencia directa versus violencia estructural y cultural.

Pensar y debatir sobre estos tres conceptos también es clave a la hora de definir nuestro sistema de defensa.  La defensa militar está basada en defendernos de la violencia directa.  Lo que se suele ocultar es que, además de potenciar la violencia directa, esta visión fomenta la violencia estructural y cultural.

El concepto más “sencillo” de violencia es el de violencia física o directa:-toda aquella acción agresiva o destructiva contra la naturaleza (daños contrala biodiversidad, contaminación de espacios naturales, etc.),- contra las personas (violaciones, asesinatos, robos, violencia de género,violencia en la familia, violencia verbal y/o psicológica, …)- o contra la colectividad (daños materiales contra edificios, infraestructuras,guerras, etc.).

El uso (mejor sería decir, el abuso de la fuerza) tiene objetivos diferentes: lucro personal, intereses políticos, compensación de problemas psíquicos, etc.

La violencia directa tiene como principal característica diferenciadora que es una violencia visible en lo que se refiere a muchos de sus efectos; básicamente los efectos materiales (por ejemplo, los antes citados). Sin embargo, también es cierto que algunos efectos aparecen más o menos invisibles (odios, traumas psicológicos, sufrimientos, relaciones internacionales injustas, adicción a una cultura violenta, concep -ciones culturales como la de ‘enemigo’, etc.) o no se suelen considerar de tanta importancia como los efectos materiales.

Nos deberíamos preguntar cuáles son los efectos sociales, ecológicos, económicos, culturales y políticos de estar considerando siempre a los demás como enemigos.  El primero de ellos es la reciprocidad.  Las demás naciones también nos consideran a nosotros como sus enemigos, aunque nosotros nos sintamos muy lejos de serlo.

Los ejércitos necesitan armas y generan una industria armamentística que se convierte en un verdadero lobby económico-político.  Dichas armas necesitan ser exportadas porque no son socialmente útiles y el único rendimiento que se les puede sacar es venderlos a otros países para poder ingresar algo por un bien que es altamente perjudicial.  Para ello, la política internacional ha de crear la necesidad de esas armas fomentando tensiones, conflictos, guerras.  Estas exportaciones de armas, estamos acostumbrados a ver, que son una de las principales características de los tratados comerciales, incluso de la ayuda al desarrollo, hacia los países no desarrollados.  Ello implica su empobrecimiento creando violencia estructural.

Una pequeña definición de violencia estructural sería la que citamos a continuación:

a inicios de la década de los años ’70 del sigloXX, Galtung y otros desarrollaron el concepto de violencia estructural, concepto queavanza a una visión de violencia más dinámica y más invisible: se define la violenciaestructural como “aquello que provoca que las realizaciones efectivas, somáticas y mentales, de los seres humanos estén por debajo de sus realizaciones potenciales”.
Siguiendo y concretando esta línea de razonamiento, posteriormente Galtung definiría cuatro tipos de violencia:
·la clásica o directa que se ejecuta contra el cuerpo y la mente humana,
·la pobreza que provoca la privación de las necesidades humanas básicas, por ejemplo, ¿cómo es posible que hoy en día mueran 9 millones de niños y niñasmenores de cinco años por falta de antibióticos o vacunas?
·la represión que provoca la privación de los derechos humanos y
·la alienación, que provoca la privación de los derechos humanos y políticos.
Los tres últimos 3 tipos de violencia serían los que conforman la violencia estructural.  La violencia estructural sería un tipo de violencia indirecta, es decir, las acciones que provocan el hambre en el mundo, por ejemplo, no están diseñadas y realizadas directamente con ese fin, sino que son derivaciones indirectas de la política económica capitalista y del injusto reparto de la riqueza. Esto provocaría que las causas que producen la violencia estructural no sean visibles con evidencia, en algunos casos o en un análisis poco profundo, con lo cual se entiende el por qué de su denominación posterior.

Otra característica importantísima de la violencia estructural, además de su invisibilidad, es que se encuentra, junto a la violencia cultural, como causa profunda de muchísimos conflictos.

Muchas partidos políticos y personas, se sorprenden cuando estalla un conflicto o guerra.  Entonces, la violencia directa, les impulsa a hacer algo rápidamente, por ejemplo, una intervención más o menos humanitaria.  ¿Por qué no les urgía antes, cuando el conflicto, con hondas bases estructurales se iba fraguando y agrandando?  Simplemente porque no veían la importancia de la violencia estructural en la génesis de los conflictos.  Así, la mayor parte de los partidos políticos se ver urgidos a intervenir, de alguna manera, ante los muertos y las situaciones graves de violencia directa.  Y ello les hace altamente vulnerables a la manipulación militarista.  Dado que sólo existe la posibilidad de una intervención militar, aunque sea para ayudar en un tifón o en una hambruna, el militarismo se garantiza su exclusividad en la política internacional.

Pero, ¿qué ocurriría si, sobre todo nos fijásemos en la violencia estructural que ejerce el primer mundo, entre ellos España, sobre la génesis de la mayoría de los conflictos que acaban en guerra actualmente?  Parece que ni los ciudadanos ni los partidos políticos somos conscientes de que la situación de explotación económica, la venta de armas ligada a los fondos de ayuda al desarrollo, el mantenimiento de muchos dictadores en sus puestos por décadas (Gadafi, El Assad, …), nos harían ser conscientes de que estos son los momentos en que más y mejor se puede invertir en políticas noviolentas que ayuden a evitar conflictos armados.  Muy seguramente, si las sociedades del Tercer Mundo, que es donde se dan la mayor parte de las guerras actualmente, pudiesen desarrollarse económica, social y políticamente de manera mejor, las guerras tendrían mucha menor oportunidad de ocurrir.

Además, potenciar la visión estructural de los conflictos nos haría darnos cuenta de que otro escenario en el que hay que intervenir para evitar las guerras es nuestra propia sociedad.  Efectivamente, somos los séptimos exportadores de armas del mundo y nuestras multinacionales y nuestra política exterior son causantes de violencia estructural.  En consecuencia, la conclusión sería que acabar con las guerras en el extranjero sería más posible si acabásemos con nuestro propio militarismo, con nuestra política exterior intervencionista y con nuestras fábricas de armas.  Además, todo ello significaría que los demás países dejarían de vernos como enemigos.

Para acabar, es necesario analizar también el concepto de violencia cultural:

una violencia que “se expresa también desde infinidad de medios (simbolismos, religión, ideología, lenguaje, arte, ciencia, leyes, medios de comunicación, educación, etc.), y que cumple la función de legitimar la violencia directa y estructural, así como de inhibir o reprimir la respuesta de quienes la sufren, y ofrece justificaciones para que los seres humanos, a diferencia del resto de especies, se destruyan mutuamente y sean recompensados incluso por hacerlo”

El papel de la violencia cultural es por lo tanto ser una especie de argamasa que dota de coherencia al sistema de dominación y violencia en el que nos movemos actualmente.  No hay que olvidar que la alternativa, el paradigma de cooperación-noviolencia también coexiste ahora y ha existido siempre.  Hay muchísimos ejemplos de sociedades, etnias, países, gentes, que colaboran y colaboraron para mejorar sus respectivas situaciones y que regularon sus conflictos de manera cooperativa y rechazando la violencia.

¿En qué curso de nuestras escuelas, en qué asignatura se enseñan los casos históricos de desobediencia civil a las guerras, de cooperación internacional para resolver conflictos, de sociedades que promovieron y promueven otras formas, noviolentas, de hacer política?  En ninguno.  Quizá, mejor dicho, seguramente, fijarnos en estos ejemplos y difundirlos haría que surgiesen más iniciativas noviolentas a nivel social y político para colaborar con los países vecinos y para ayudar a la resolución noviolenta de conflictos lejanos.  También tendrían nuestros políticos muchos menos argumentos y muchas menos excusas para aplicar la violencia.  Hay que promover la creación de una cultura de paz coherente, ética y aplicable en la sociedad y las relaciones internacionales actuales.

4.-  Conclusiones.

  • Es imprescindible que la sociedad reclame a los partidos políticos que concreten sus ofertas en los programas electorales en lo que concierne a los gemas de Defensa.
  • Es necesario que los partidos políticos expongan con claridad qué quieren defender, cuáles son los enemigos que ven, cuál es el origen de la violencia directa, estructural y cultural que quieren combatir, si optan por defender los postulados de la defensa militar o de la seguridad humana.
  • Es imprescindible que la sociedad se haga soberana, también en temas de defensa.  Y que debata profundamente qué quiere defender.
  • Es imprescindible que la sociedad investigue y audite el actual militarismo para conocer sus defectos y poder confeccionar alternativas desde la actual realidad.
  • Todo lo anterior no es sólo una cuestión que hay que debatir y trabajar cuando llegan las épocas electorales, sino durante los cuatro o cinco años que duran las legislaturas, permanentemente, controlando a nuestros representantes políticos promoviendo la participación social permanente.
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Más allá del gasto militar, el coste militar

Este concepto no se suele cuantificar normalmente, por la dificultad técnica y por la escasa sensibilidad existente ante las repercusiones generales que provoca el gasto militar, pero es muy importante conocer y ser consciente de que el militarismo nos cuesta mucho más de lo que pagamos por él.  El coste militar incluiría, además de los presupuestos del Ministerio de Defensa y de todo lo que considera el criterio OTAN:

  • el coste de las vidas propias y ajenas de las actividades militares. Hay que tener en cuenta que una estimación conservadora cifra en más de 100 millones los muertos por guerras desde 1914.  Otro dato más preciso, pero no menos aterrador, es el que nos dice que la guerra de 30 meses ha supuesto la muerte de 11.000 niños en Siria.
  • el coste en atenciones sanitarias y protección social a los heridos en los diversos conflictos,
  • el coste de atender a refugiados y desplazados (es importante analizar el ejemplo del caso sirio, donde se calcula que ya hay más de 2 millones de refugiados y más de 1 millón son niños.  ACNUR solicita una ayuda internacional de 2 € para invertirlos en 1 colchón y 1 manta para cada refugiado.  ¿Cuánto costará la comida, atención sanitaria, agua potable, …?
  • la deuda ecológica que contraen las diversas actividades militares (guerras, entrenamientos, desfiles) con el medio ambiente mediante el uso de recursos o su directa destrucción con contaminantes o munición, la sobreexplotación de recursos, la producción de residuos, etc.
  • el coste que suponen las guerras en el tejido productivo de los países afectados, en su inflación, en su deuda exterior, en sus medios de comunicación, etc., lo que acaba produciendo una pobreza crónica para el país,
  • el coste que suponen las guerras en generaciones de personas que se van a encontrar empobrecidos durante toda su vida, no van a disfrutar de vivienda en condiciones, ni de sanidad o educación.  Si pensamos en los casos de Afganistán, Irak, Siria, Libia, …, nos daremos cuenta de que si se hiciese un estudio riguroso del coste de la guerra para estos países, habría que cuantificarlo no en millones de millones de € porque esta magnitud se quedaría muy pequeña, sino en el número de generaciones que van a sufrir sus consecuencias de manera catastrófica a lo largo de toda su vida, un ejemplo de ello nos lo dan las declaraciones de la adjunta para los derechos humanos de la Secretaría General de la ONU que recuerda que un tercio de la población siria necesita ayuda humanitaria urgente y que si la paz llegara mañana a Siria, nos llevaría diez años reconstruirla.
  • la violencia estructural de las relaciones internacionales y económicas (entre primer y Tercer Mundo), el apoyo militar continuado a regímenes dictatoriales y que no respetan los derechos humanos, la continua exportación de armas a estos países, etc.,
  • la violencia estructural que se genera en España cuando nuestro limitados recursos son dedicados a lo militar e imposibilitan usarlos en lo que realmente interesa a los españoles:  sanidad, educación, vivienda, cooperación internacional, etc.  El ocultamiento del gasto militar en otros ministerios está forzando una situación continuada de violencia estructural porque significa la militarización de la I+D+i en España, porque aumenta desorbitadamente la deuda y el déficit de los presupuestos con el malgasto que supone en inversiones armamentísticas, etc.
  • el coste de la violencia cultural que provoca este modelo de resolver los conflictos de manera violenta mediante invasiones, guerras, generación de gigantescos ejércitos y producción de armas,
  • el coste de desarrollo humano y el alejamiento de la consecución de los Objetivos del Milenio que supone invertir (o malgastar, sería más exacto decir) recursos limitados que no se pueden utilizar en asuntos de impacto social positivo.
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Dios los cría y ellos se juntan: Monsanto compra Blackwater

 

 

 

 

 

Fuente:  tercera información.

De confirmarse la noticia, sería de traca.

Si la situación internacional ya daba miedo antes, ahora más.  Por un lado:

Así lo revela un reporte de Jeremy Scahill para The Nation donde expone que el ejército mercenario más grande del planeta, el “servicio” criminal de inteligencia Blackwater fue vendido a la corporación transnacional Monsanto.

Tras incontables denuncias internacionales por violaciones a la Ley, y habiendo adquirido fama por sus masacres de civiles en Irak y otros países, Blackwater cambió su nombre en el año 2009. No obstante, continúa siendo el mayor contratista privado del Departamento de Estado de Norteamérica, como una agencia secreta de “servicios de seguridad” que practica terrorismo de Estado dándole al gobierno la posibilidad de negarlo.

Political Blind Spot denunció que: “Muchos agentes de la CIA y ex militares trabajan para Blackwater o compañías relacionadas, las cuales buscan desviar la atención de su mala reputación y obtener cuantiosos beneficios comerciales. Estos mercenarios venden sus servicios que van desde información ilegal hasta inteligencia de infiltración, lobbismo político y entrenamiento paramilitar – para gobiernos, bancos y corporaciones multinacionales. Acorde a Scahill, los negocios con Monsanto, Chevron, y gigantes financieros como el Barclays o el Deutsche Bank, se canalizan a través de dos empresas cuyo propietario es Erik Prince, dueño de Blackwater: Total Intelligence Solutions y Terrorism Research Center. Estos organismos comparten funcionarios y directores con Blackwater.

En el otro lado del cuadrilátero:

La corporación Monsanto no sólo asesina personas con sus productos químicos, sino también a balazos y mediante “accidentes”. Sus víctimas son periodistas, activistas, políticos y cualquiera que suponga un obstáculo para sus planes de expansión. Al ser contactado por Scahill, el ejecutivo Kevin Wilson de Monsanto rehusó hacer comentarios, pero más tarde se confirmó a The Nation que Monsanto contrató a Total Intelligence durante 2008 y 2009, según la corporación “sólo para efectuar un seguimiento de información pública, de sus opositores”. El ejecutivo de Monsanto también proclamó que Total Intelligence era una “entidad totalmente separada de Blackwater”.

Y en el centro del cuadrilátero, nosotros, los movimientos sociales pacifistas y ecologistas, en el centro del cuadrilátero, vigilando con un ojo a cada uno, dispuestos a ser zarandeados.  O …

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La masacre olvidada de Somalia y los intereses de la UE

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Fuente: Público

Ahora que el foco mediático está en Siria y la posible complicación de la región a causa de la impresentable entrada en escena de Israel y la presión de gran parte de los intereses en juego para que EEUU y la UE justifiquen la intervención armada en Siria, nos queremos fijar en una de esas guerras olvidadas en las que los occidentales jugamos pasivamente el papel de verdugos y agresores, pero donde la presión mediática, sin embargo, juega a favor de que no se justifique ninguna actuación de la «comunidad internacional».

En Somalia han muerto de hambre desde octubre de 2010 a noviembre de 2012 más de 250.000 personas según un estudio publicado por la ONU.

¿Ha causado este desastre algún remordimiento en occidente?¿Ha variado alguna de las políticas aplicadas hacia Somalia?¿Ha merecido la intervención urgente y prioritaria de alguien?¿Ha sido difundido y dado a conocer entre nosotros este drama y sus causas?

Desde 2008 a la actualidad ¿cuál ha sido la política de la UE ante Somalia?:

  1. Adiestramiento de militares somalíes para luchar contra el enemigo oficial de occidente en el conflicto: el islamista ejército Al Shabab
  2. La operación militar Atalanta de la OTAN y las otras operaciones militares en curso (AMISOM, EUTM).
  3. La protección militar de los intereses económicos occidentales en la región y la captura sin garantías de «piratas» somalíes.
  4. Ayudar a EEUU a instalar drones militares para el asesinato selectivo en la zona.

España en concreto es el segundo contribuyente económico y militar del negocio. Aportamos una fragata, un avión de patrulla marítima y un buque a la misión Atalanta. Según datos proporcionados en su día por el Ministro de Defensa en comparecencia ante la Comisión de Defensa el 16 de mayo de 2012, desde 2009 a mayo de 2012 llevábamos gastado en esta operación cerca de 200 millones de euros. Si el gasto sigue la progresión que llevaba hasta entonces, seguramente habremos sobrepasado ya los 300 millones de euros  ¿Nos tendríamos que plantear qué exigimos a nuestros políticos?¿Nos parece aceptable que parte del drama somalí tenga que ver con nuestras indignas políticas? ¿Nos parece aceptable ser una parte de la guerra que se libra allí y cocausantes de la hambruna que se padece en la región?

Los ejércitos españoles tuvieron mucho que ver con las misiones de entrenamiento militar que se ha llevado a cabo en Somalia. Precisamente esta «brillante» experiencia es la que estamos llevando a otro país candidato al desastre (Malí), como nos explican en una nota de El País donde un mando militar así lo reconoce.

Se trata de la Misión de Entrenamiento de la Unión Europea (EUTM), que, además de la instrucción de unos 2.000 soldados malienses, incluye también el asesoramiento para mejorar las capacidades del Ejército. Una experiencia copiada de la misión de entrenamiento en Somalia, que se desarrolló en Uganda, y en la que España ya tuvo un peso importante

¿Nos ha importado algo el destino de los somalíes? ¿Se ha invertido algo en parar la guerra, en dejar de vender armas a los bandos enfrentados, en bloquear cuentas e intereses de los líderes guerreristas, en apoyar a los desertores, en impedir el reclutamiento de niños, en dejar de negociar prebendas económicas y cuotas de mercado con los contendientes, en procurar zonas desmilitarizadas?

No. Se ha invertido en armar a los bandos. En dar formación militar a los contendientes. En conseguir acuerdos de exclusividad para nuestros negocios. En mandar operaciones militares que preserven los intereses (muchas veces altamente depredadores) de occidente. En pervertir el orden jurídico de los países de la zona para que puedan «castigar» a los «piratas».

¿Son los más de 250.000 somalíes muertos por hambre en menos de dos años víctimas fortuitas de la mala suerte o más bien muertos por la guerra por otros medios y  por la violencia estructural que la UE está ayudando a construir en la región?

Exigir a nuestros políticos un cambio en la orientación de la política exterior, actualmente condicionada por el enfoque militarista de la misma, es por ello una cuestión de principios y una estrategia de lucha por la solidaridad entre los pueblos, porque de hecho Somalia es un país agredido, a fecha actual, por el orden mundial que los ejércitos, en nuestro nombre, están ayudando a construir.

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Guerra del agua en África

Fuente:  El País.

Desde el principio de este blog alertamos sobre las nuevas guerras, aquellas que no son de estado contra estado y que tienen intereses que no son meramente geoestratégicos sino que buscan el control de los recursos naturales más básicos (esto no es nuevo, ya se hacía y hace con el petróleo, por ejemplo).  Ahora le toca el turno al agua en África.  Pobres africanos, van a sufrir, ya sufren, la codicia sin límites de las multinacionales, los fondos de inversión y gobiernos extranjeros.

Multinacionales, fondos de inversión e incluso Gobiernos extranjeros se están quedando con sus aguas a través de la compra o arrendamiento de ingentes extensiones de campos de labor. Hasta ahora se había advertido del riesgo del acaparamiento de tierras, pero estos días le ha llegado el turno al agua dulce.

La fragilidad de este elemento es tal que es el único recurso imprescindible para el ser humano que no está protegido por ningún acuerdo internacional.

Parece ser que los fondos de inversión especulativos de los países ricos ya no sacan tantos rendimientos de especular en inmuebles, armas, o contra los monedas de los países, ahora parece que se han fijado en el agua y han diseñado estrategias para sacarle provecho.  Con ello no nos referimos al desarrollo de regiones para que puedan hacer un uso sostenible del agua en un entorno de economías con desarrollo humano, sino a provecho propio, provecho para los tiburones financieros.

¿Qué nos espera ver en África en los próximos años?  Nuevas formas de violencia estructural que acabará derivando en violencia directa

¿Qué se puede hacer contra todo este desbarajuste económico en el que sólo impera el egoísmo y las políticas a corto plazo?  La primer idea es que poco y menos nosotros, simples mortales alejados de los mercados financieros especulativos.  Sin embargo, si lo pensamos más profundamente es posible hacer algo contra ello:  luchar contra los paraísos fiscales, abogar por la imposición de tasas disuasorias que gravan los movimientos de capital especulativos y desvían lo recaudado a cooperación.  Es decir, podemos unirnos a los movimientos sociales o al 15 M, podemos redoblar nuestro compromiso con ellos, dado que son los únicos que, en el fondo, luchan de manera ética y noviolenta por los derechos de los pobres y los olvidados en estas nuevas guerras como la del agua.

Así, de paso, evitaremos pobreza, migraciones no deseadas y conflictos bélicos en 2013 y años sucesivos.

En el fondo, luchar aquí para que cambie nuestras instituciones políticas, sociales y económicas no es abstraerse u olvidarse del problema africano, sino trabajar en la fuente del problema.  Aquí, en los países ricos es donde están los brokers que van a acabar acaparando el agua africana, con nuestras leyes económicas (españolas y de la unión europea) es con las que se mueven, con las subvenciones y apoyo de nuestros estados.  Aquí, por lo tanto, se genera el problema y por ello aquí, con los movimientos sociales de aquí es donde hay que dar una parte importante de la batalla.

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