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Actores y escenarios de Malí

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Lo que mal empieza, mal acaba. Y todo hace pensar que los escenarios posibles en el conflicto de Malí son, todos ellos, de lo más pesimista.

Si leemos la noticia, un tanto desorganizada y sin conclusiones, del periódico El Mundo del 30 de enero, el conflicto de Malí se desvela como una suma de conflictos superpuestos donde quien más quien menos hacen de villanos e incorporan su resto en bastos a que la situación maliense se deteriore aún más y perpetúe el estado de violencia generalizada en que se encuentra este lugar y, por extensión, todo el Sahel.

      Actores militares del conflicto Maliense:

  1. Comencemos por destacar el absoluto desprecio de los derechos mínimos en Mali. Tanto el gobierno (en realidad una dictadura férrea y feroz) como sus opositores, practican un verdadero aquelarre de desprecio por la vida y los derechos de las personas.
  2. Tampoco parece mucho más honrosa la postura de la potencia colonial francesa, ahora en apoyo de la facción gubernamental, que parece más bien estar protegiendo sus inversiones y su acceso al uranio que cualquier otra cosa. Europa, al respecto, al hacer de comparsa de los franceses no mejora mucho la situación.
  3. Entre los restantes actores se encuentran los tuaregs del norte, que desde hace casi un siglo luchan por su independencia o autonomía, pero que son usados a conveniencia por unos y otros y ninguneados por todos.
  4. Encontramos también a los grupos «islamistas» y sus pretensiones de conseguir un escenario propicio para su lucha.
  5. Y, como no podía ser menos, encontramos los países colindantes, unos sosteniendo el status quo de Malí y otros pretendiendo su debilitamiento, entre los que podemos mentar a Mauritania, Argelia, Senegal y otros.

Otros actores relevantes:

Junto con estos actores, encontramos otros, habitualmnte silenciados, pero que tienen un amplio potencial de participación en el conflicto:

  1. Un significativo número de desplazados y refugiados que ha conllevado el enfrentamiento militar y que se estima por encima de los 150.000 personas, entre las que nosotros no sólo queremos destacar el hecho de que huyen de la guerra, sino sobre todo el hecho de que la guerra los expulsa y que muy probablemente aborrecen esta guerra, es decir, disienten de este tipo de acciones porque saben que ellos, que poco tenían, todo lo pierden con la guerra.
  2. Una situación estructural caracterizada por la pobreza y la dominación tanto si miramos la perspectiva Norte/Sur del estado maliense, como si tenemos en cuenta la propia situación de pobreza de Malí, uno de los países más pobres y desiguales del mundo, que caracteriza las relaciones sociales del Estado como de grave violencia estructural.
  3. Unas aspiraciones de identidad tuareg que contrastan con el trazado del país a cartabón hecho por Francia en su época colonial y que ahora estalla en forma de violencia estructural y cultural.
  4. Una inmensa mayoría de la gente sometida al miedo y la opresión a su tirano propio y el miedo a que el enemigo no menos tiránico ejerza mayor opresión sobre ellos.
  5. Una práctica consolidada de secuestro de menores como niños soldado.
  6. La existencia «en la zona» de organizaciones críticas con todo esto y que luchan por el respeto de los derechos de la mayorías, lo que incluye a algunas ONG no vendidas al ideario militarista y organizaciones autónomas y humanitarias.

Como vemos, los grupos del primer lote, están armados hasta los dientes y participan de una visión militarista del conflicto y de su solución, lo que hace preveer varios posibles escenarios futuros, a cual peor:

  1.   La cronificación de un conflicto bélico o incluso su expansión a otros países de la región, como Argelia, Mauritania, Senegal u otros.
  2. La consolidación de un conflicto internacional, por países interpuestos, entre las potencias europeas aliadas a la dictadura maliense y sus enemigos y los amigos de sus enemigos.
  3. La consagración, en el caso de vencer la coalición progrubernamental, de una dictadura militar o, incluso, su sustitución por otra más dura que la derribe,
  4. La agudización de los conflictos sociales en la zona Sur de Malí y la explosión de un conflicto social de primer orden.
  5. La posible rebelión armada de los tuaregs una vez se desembaracen de los islamistas.
  6. La cronificacion de un santuario islamista o incluso su expansión a otros países de la región, generando mayor desestabilidad global.
  7. La perpetuación de un protectorado neocolonial en la región y como una especie de colchón preventivo para proteger los no siempre santos intereses europeos.
  8. Que otras potencias hasta ahora expectantes (Estados Unidos, China, etc.) se metan en la gresca.
  9. el sometimiento del Norte al Sur del estado con la consiguiente represión más o menos blando.
  10. Que tenga lugar una paz, armada o no, justa o no, que haga salir de las agendas mediáticas el conflicto maliense.

En todo caso, no parece que ninguno de los escenarios promovidos por la agudización militar de este conflicto vayan en la dirección de la protección de los derechos humanos o de la reducción de la violencia estructura, mucho menos hacia la construcción de una paz justa.

      ¿Podría intervenirse de otra forma?

La principal linea argumental de quienes defienden la intervención armada en Malí es que, a pesar de la mezcla de buenas y malas intenciones de los ejércitos europeos, de no intervenir, se consolidará el estado de violencia global en la región.

Ahora bien, según vemos, intervenir armadamente no vale para otra cosa. ¿Cabe pensar en otros tipos de intervención?

  1. Comencemos por indicar que en la zona ya operan organizaciones solidarias que intervienen noviolentamente dando protección a las víctimas de uno y otro lado, luego ya existe algo al respecto y sería muy deseable que, desde esta orilla del conflicto, se diera pleno apoyo a estas organizaciones.
  2. Podría, igualmente, luchar contra los principales intereses del conflicto, bloqueando de forma radical los ingresos de las rutas de narcotráfico en las que andan comprometidos tanto la dictadura como los grupos islamistas.
  3. Podría darse apoyo y cobertura a los grupos de desertores y resistentes a la guerra.
  4. Podría exigirse la construcción de zonas desmilitarizadas y poner toda la carne en el asador en parar la fase bélica del conflicto para poder abordar los otros aspectos del mismo.
  5. Podría empezar a exigirse responsabilidades penales internacionales a los diversos señores de la guerra, promoviendo su persecución y juicio ya sea por violación de derechos humanos, por reclutamiento de menores, por masacres producidas en la guerra, etc.
  6. Podría también prohibirse el tráfico y comercio de armas y las rutas que hacen que las grandes potencias exportadoras consigan colocarlas en los bandos contendientes en Malí, lo que hace de nuestra responsabilidad de luchar desde aquí y contra las políticas de nuestros gobiernos un escenario directo para parar el conflicto maliense.
  7. Igualmente se puede ejercer presión diplomática para acabar con la dictadura y proponer unas salida justa al conflicto territorial y a las reivindicaciones tuaregs, así como dotar de nuevas reglas de juego a las relaciones económicas de Malí par que sus recursos naturales (uranio, oro, petróleo, etc) no sean dilapidados sino que sirvan al verdadero desarrollo social y a la redistribución en el país.
  8. Podrían inciarse programas que incentiven el trabajo con niños soldado para que abandonen las prácticas militares
  9. Podría, a medio plazo y una vez impuesto un alto el fuego total, promoverse un desarrollo diferente de Mali, luchando por lograr una justicia social totalmente ausente en la actualidad (lo que incluye exigir reparaciones a quienes apoyaron este estado de cosas, incluida la potencia colonial francesa).
  10. Podría, en suma,apostarse por hacer una política de paz con contenidos y no una mera política de paz armada, preludio de una nueva y futura guerra.

Llama por ello la atención que quienes apuestan por una modalidad de intervención armada en Malí basándose en la urgencia de hacer algo, ahora demonicen las apuestas noviolentas sin caer en la cuenta de que cualquier agudización militarista del conflicto no puede deparar sino una «solución» violenta y poco respetuosa de los derechos humanos.

Tal vez luchando contra nuestro propio militarismo y por promover una cultura de paz y desarrollo justo aquí y en Malí no podemos hacer tanto como quisiéramos para parar la locura guerrera y de violencia estructural de Malí (de hecho lo ingenuo es pensar que hay alguna manera de hacer algo suficiente), pero tal vez sí podemos hacer lo suficiente para impedir que un nuevo Malí con los viejos males se materialice en poco tiempo.

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