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Las mujeres que acabaron con la guerra en Liberia

Por Fronteiras do Pensamento

Fuente:  Solidaridatd.net

¿Dónde está Liberia?  En la Costa Oeste de África.  ¿Cuántos liberianos son?   4.294.000 habitantes.

Ahora imaginemos a Liberia en una segunda guerra civil (la primera, 1989-1996, había dejado a un golpista en el cargo de primer ministro tras 200.000 muertos) en la que el gobierno se enfrenta varias guerrillas.  Dicha segunda guerra civil duró desde 1999-2003.

En Liberia las guerras, dado que están olvidados por todo el mundo y difícilmente son noticia, son crónicas, como en muchos países y presentan muchos de los elementos más crueles:

Mientras la guerra arrasaba por todo el país, los soldados de ambos frentes del conflicto saqueaban y quemaban pueblos, violaban a las mujeres y reclutaban a chicos jóvenes para luchar. Miles de personas huyeron de sus casas y llegaron a Monrovia, la capital de Liberia, donde vivían en campamentos de refugiados sin demasiada comida ni agua potable.

Entre tanto Leymah Gbowee se dio cuenta de que:

si cualquier cambio tuviera que suceder en la sociedad, dicho cambio tendría que llevarse a cabo por las madres

Y, a partir de aquí la historia tiene carácter de película y comienza en 2002, prolongándose hasta que gana el Noble de la Paz en 2011.

Al principio, apelando a la iglesia luterana en la que participaba, Gbowee reclutó a varios centenares de mujeres cristianas para rezar por la paz. En una de sus reuniones en marzo de 2003, una musulmana, Asatu Bah Kenneth habló ante la multitud y anunció que traería a las mujeres musulmanas para que se unieran a las mujeres cristianas en la tarea de exigir la paz al presidente y a los señores de la guerra.

El 1 de abril, el grupo unido de mujeres cristianas y musulmanas montó su primera manifestación. Usando la radio para difundir su discurso, Gbowee y Janet Johnson Bryant, una periodista, animaron a las mujeres de Monrovia a expresarse en favor de la paz. Al oír el anuncio por la radio, muchas mujeres desplazadas se unieron a la campaña. Las mujeres, vestidas de blanco, se reunían en el mercado de pescado cada día durante una semana. Se sentaban, bailaban y cantaban por la paz. Algunas llevaban pancartas que decían “Las mujeres de Liberia quieren la paz ahora”.

Una protesta más, parece cuando lo leemos; una protesta que será ignorada, como tantas, sin embargo:

Su situación en el mercado de pescado era estratégica ya que el terreno era visible desde la residencia del Presidente Taylor. Cada día, el convoy de Taylor pasaba por delante de las mujeres. Según pasaba la semana, hasta 2.500 mujeres se reunieron en el descampado del mercado.

Esa semana, las fuerzas rebeldes junto con el ejército de Taylor atacaron los campos de refugiados de Monrovia. Las mujeres activistas llevaron a cabo una vigilia con velas para rezar por los refugiados. Según aumentaba la violencia, la comunidad internacional pidió acuerdos de paz. Las mujeres secundaron la demanda y apremiaron a Taylor y a los rebeldes a negociar. Ambos lo rechazaron.

Se fijaron un objetivo que para muchos es siempre utópico, inalcanzable, etéreo:  la paz.

El 11 de abril, la Acción Masiva por la Paz de las Mujeres de Liberia (Women of Liberia Mass Action for Peace), como se llamaban a sí mismas, publicó una Declaración de Posición sobre la Crisis Liberia. Se quedaron al margen del campo político por miedo a persecuciones y declararon que su meta era, sencillamente, conseguir la paz. Levantaron una valla publicitaria en el mercado del pescado que decía “Las mujeres de Liberia dicen que la paz es nuestra meta, la paz es lo que importa, la paz es lo que necesitamos”.

Con este mensaje, las mujeres marcharon por las calles de Monrovia, mientras cientos de personas se unían a la cola del grupo según pasaba por delante de sus casas. Su marcha concluyó en la Oficina Municipal de Monrovia donde las mujeres se reunieron y solicitaron una reunión con Taylor para presentarle su Declaración de Posición. En este momento, había reunidas unas 1.000 mujeres. Taylor accedió a reunirse.

El 23 de abril, las mujeres visitaron a Taylor. Gbowee le presentó la Declaración en el escenario mientras el resto de las mujeres se sentaban en el público, juntando las manos y rezando. Después de la reunión, Taylor aceptó asistir a los acuerdos de paz.

Con su siguiente actuación demostraron que los dos bandos enfrentados militarmente suelen participar del mismo paradigma, el de dominación-violencia, y que el camino de la paz no es parte de él, sino que utiliza otro paradigma político, el de la cooperación-noviolencia:

El siguiente grupo al que se dirigieron fueron los rebeldes; les exigieron que también ellos asistieran a los acuerdos de paz. Después de oír que los señores de la guerra iban a Freetown, Sierra Leona, un contingente de mujeres viajó a la ciudad. Localizaron el hotel donde los rebeldes se habían reunido, algunas de las mujeres liberias se alinearon en las calles mientras otras se sentaban frente al hotel y rechazaron moverse hasta que les concedieran una reunión con los señores de la guerra. Su sentada atrajo la atención de los medios y ayudó a difundir su mensaje de paz a la comunidad internacional. Las mujeres conocieron a los líderes de LURD y MODEL y les convencieron de asistir a los acuerdos de paz que tendrían lugar en Accra, Ghana.

Para mantener la presión de alcanzar un acuerdo sobre los rebeldes y el Presidente, las mujeres recaudaron fondos para enviar un grupo a Accra. El 4 de junio, empezaron los acuerdos de paz. Las mujeres que habían viajado desde Liberia se reunieron en el descampado frente al edificio donde éstos tenían lugar, cantando y llevando pancartas. Durante las negociaciones de Accra, Taylor fue acusado de crímenes de guerra por una corte internacional en Sierra Leona. Para escapar del arresto, huyó de vuelta a Liberia.

Poco después de su huida, estalló una guerra de grandes dimensiones en Monrovia, incluso durante las negociaciones de paz de Ghana. Le dijeron a los civiles que no se sentían seguros que fueran al campo de fútbol y miles de ellos buscaron refugio allí. A pesar de los ataques en Monrovia, las mujeres que no habían ido a Ghana, continuaron rezando en el mercado del pescado.

El 21 de julio, aumentó la violencia en Monrovia al chocar un misil con la Embajada Estadounidense matando a muchos liberianos desplazados que se estaban refugiando allí. Las mujeres de Ghana pidieron refuerzos y planearon iniciar una acción mayor en Accra. Fueron ante las puertas del edificio donde tenían lugar las negociaciones y se sentaron allí uniendo los brazos. Rodearon el edificio y se negaron a permitir que los delegados salieran hasta que hubieran llegado a un acuerdo.

Luego utilizaron medios noviolentos basados en el compromiso, en la imaginación, en el diálogo, siempre sin renunciar a sus principios y a su forma de actuación:

Cuando los guardias vinieron a arrestar a las mujeres, Gbowee amenazó con quitarse la ropa, un gesto que avergonzaría a los hombres. Su amenaza impidió que los agentes de seguridad levantaran a las mujeres. Para terminar con la confrontación, el presidente de Ghana, el mediador principal de los acuerdos de paz acordó reunirse con las mujeres y oír sus propuestas de paz si ellas mismas se iban del edificio de las negociaciones. Las mujeres aceptaron con la condición de que si la reunión no era satisfactoria, deberían permitirles volver al edificio.

¿Quién les enseñó las técnicas de acción noviolenta?  ¿Cómo se entrenaron en el compromiso, en la unión, en todo lo que necesita una lucha noviolenta?  Casi parece que la lucha noviolenta es connatural al ser humano (como también lo es la lucha violenta).  Nos enseñan que no hay camino para la paz, que la paz es el camino:

Tres semanas más tarde, el 11 de agosto, Taylor dimitió de la presidencia de Liberia y se anunciaron los términos de los acuerdos de paz. Taylor se exilió a Nigeria, las fuerzas de paz de la ONU recibieron orden de entrar en Monrovia y se puso un gobierno de transición para empezar el proceso de llevar a cabo unas elecciones democráticas. Habiendo conseguido el acuerdo, las mujeres liberianas volvieron a su país. A la llegada, organizaron una marcha de la victoria. Cientos de niños siguieron a las mujeres por las calles “¡Queremos paz, no más guerra!”.

El 4 de agosto, las tropas internacionales de paz entraron en Liberia. Las mujeres se reunieron y decidieron que seguirían involucradas para asegurarse de que el gobierno de transición ponía en marcha los acuerdos de paz.

En diciembre, las tropas de la ONU empezaron el proceso de desarme, instando a los ex-combatientes a entregar sus armas por dinero. Cientos de personas con pistolas acudieron al lugar del desarme. Aunque el intercambio debería haber sido pacifico, estalló una pequeña pelea y se usaron armas. Las mujeres de Liberia intervinieron para ayudar al desarme. Entre otras cosas, dieron un anuncio por la radio animando a los ex-combatientes a mantener la calma.

Gran ejemplo.  Y desde el puro conflicto, desde las mayores dificultades, desde la guerra fratricida.

Mucho orgullo, compañeras.

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Las grandes diferencias entre la paz negativa y la paz positiva

Imagen de Onasill Bill Bazdo

Fuente:  Amnistía Internacional.

Nos cuenta Jelena Sesar, investigadora sobre los Balcanes, los recuerdos de varias mujeres sobre la guerra que marchitó sus vidas.  Son escenas nítidas, potentes, que delatan la inhumanidad de quienes las ejecutaron:

Los vi llevarse a mi padre y a mi hermano pequeño. Los mataron brutalmente y dejaron los cuerpos en el campo, al lado de la casa. Mi padre era anciano y frágil

¿Qué sentido tiene llevarse para matarlos a un joven y a un anciano?  ¿Qué peligro suponían?  ¿Qué elemento táctico o estratégico de la guerra se cumplía con ello?  Posiblemente ninguno, salvo el terror.  Quizá acciones más personales encubiertas por el gran amparo de las necesidades de la guerra y la ubicua disculpa de los daños colaterales.

Ese fue sólo el principio del terror. A Elma la llevaron a lo que se conocía como “campo de violación”, donde los grupos paramilitares que volvían de sus misiones en primera línea la violaron colectivamente cada día. “Me pegaban y me violaban, a mí y a otras jóvenes, a menudo en grupo”, añade. “Llevaban pasamontañas y me preguntaban si podía adivinar cuál de ellos estaba encima de mí”.

Como consecuencia de la violencia, perdió a su bebé y sufrió lesiones en la columna de las que nunca se ha recuperado.

Y, luego, mucho más tarde, la paz.  Una paz que no es reparadora sino mera ausencia de guerra.  Todos pensamos que la ausencia de guerra, esa paz llamada negativa, es un gran paso, algo necesario e imprescindible.  Pero, ¿imprescindible para qué?  Quizá con las declaraciones que nos ofrece Jelena se nos aclaren los conceptos y entendamos que la mera ausencia de guerra no significa paz para muchas personas:

Un cuarto de siglo después, se siente olvidada y abandonada por el gobierno e incluso por su propia comunidad. No tiene empleo y necesita urgentemente asistencia médica y psicológica para tratar de reconstruir su vida.

25 años después no se han reparado las heridas psicológicas y sociales que provocó una guerra que nosotros ya, casi, hemos olvidado.  Para mucha gente aquella guerra sigue siendo una parte importante de su presente, de sus costumbres, de su personalidad, de sus miedos:

Mujeres como Sanja, que estuvo cautiva y fue violada en reiteradas ocasiones por un soldado y sus camaradas, contra los cuales las autoridades no han adoptado ninguna medida. “Ya no confío en nadie, especialmente en el Estado”, dijo. “Todos me han fallado.”

Una mujer que fue violada múltiples veces por paramilitares en su casa dice que la mayoría “de las supervivientes no vivirá lo suficiente para ver que se hace justicia. En unos años no quedarán supervivientes, perpetradores ni testigos con vida”.

Las disculpas son importantes para nosotras”, me dice Elma. “Nos demuestran que la sociedad reconoce que no fuimos responsables de lo que nos pasó y que la culpa está en otra parte. Cuando vi a uno de los criminales de guerra condenados reconocer su culpa y venirse abajo en el juicio, diciendo que sentía realmente todo lo que había hecho, me sentí profundamente conmovida. Lo perdono un poco”.

El trauma psicológico y los problemas físicos sin tratar causados por la violencia sexual podrían impedir que muchas mujeres encuentren trabajo y mantengan su empleo. Por lo general, las víctimas de violación en tiempo de guerra experimentan tasas elevadas de desempleo y pobreza, y constituyen uno de los grupos económicos más vulnerables de Bosnia y Herzegovina.

El concepto de paz positiva no se fija tanto en la ausencia de guerras como hace el modelo de defensa militar, sino en aspectos que tienen que ver con la Seguridad Humana, como todo aquello que tiene que ver con defender las posibilidades de desarrollar una vida más plena en el plano personal, social y ecológicamente:  la posibilidad de sentirse acogido en el seno de la comunidad, la posibilidad de confiar en las personas para poder relacionarte, la posibilidad de estar sano psicológicamente, la posibilidad de tener empleo, casa, sanidad, etc., la posibilidad de vivir plenamente una vida digna.  Sin embargo, las mujeres violadas en la guerra de los Balcanes no se sienten así porque en 25 años nadie les ha ayudado, ni reconocido.

Según el derecho internacional, las autoridades de Bosnia y Herzegovina son responsables de ofrecer justicia, verdad y reparación a las víctimas de crímenes de guerra, pero los sucesivos gobiernos les han fallado por reiteradas razones legales y políticas. Desde que en 2004 comenzaron los juicios por crímenes de guerra en Bosnia y Herzegovina, menos del 1% del número estimado de casos de víctimas ha llegado a los tribunales. Con una ingente cantidad de casos de crímenes de guerra pendientes, los tribunales de todo el país sólo han juzgado 123 casos de violencia sexual.

Aunque en los últimos años ha habido considerables avances en los programas de protección de testigos y una mejora general de la calidad de los enjuiciamientos de estos casos, siguen existiendo otros problemas que dificultan que se haga justicia y crean una sensación generalizada de impunidad. Los tribunales de algunas partes del país tienen un índice elevado de absoluciones y otrosimponen condenas reducidas, permitiendo que los perpetradores de crímenes de guerra se libren con sólo pagar una multa. Teniendo en cuenta la enorme acumulación de casos y la penosa lentitud de las actuaciones judiciales, es probable que la mayoría de los perpetradores nunca comparezca ante la justicia.

Aunque las víctimas del crimen de guerra de violencia sexual son algunas de las más vulnerables del país, sólo alrededor de 800 han podido acceder al estatuto especial y a un subsidio básico. La existencia de estas ayudas no está garantizada universalmente en todo el país. A algunas supervivientes se las discrimina por su lugar de residencia, y que otras cambian su domicilio oficial para tener derecho a recibir una pequeña ayuda económica en las zonas donde ésta existe. Estos malabarismos administrativos dejan a menudo a estas mujeres sin atención médica o psicológica básica en los lugares donde viven realmente.

Pero la inexistencia de un programa formal de resarcimiento obliga a las víctimas a sortear los complejos sistemas de la seguridad social y judicial sin ayuda, a menudo con resultados inciertos.

Todos estamos de acuerdo en que el momento más difícil para ayudar a una zona en guerra es el periodo bélico, pero ¿qué ocurre con el antes y el después?  En ambos periodos es mucho más factible realizar acciones desde nuestro rico primer mundo, o al menos financiarlas para que las ejecuten ONG de la zona.  El apoyo previo y decidido a aquellas apuestas locales por la paz, el diálogo y el compromiso podría evitar guerras. El apoyo posterior a todos las víctimas de la guerra podría borrar muchas de las huellas del conflicto y podría conducir a que se hablasen seriamente y se llevasen a cabo iniciativas en las que las partes enfrentadas realmente analizasen el fondo del conflicto y pudiesen tener compromisos constructivos y pacíficos de entendimiento.

Aquí nuestra responsabilidad es grande desde nuestro remanso de ficticia paz.  Responsabilidad porque somos corresponsables de las guerras que ocurren lejos de nuestras fronteras con nuestras políticas económicas imperialistas y generadoras de desigualdad, con nuestra exportación de armas para el lucro de nuestras elites.  Y responsabilidad porque no hacemos nada positivo con nuestra políticas internacionales a nivel estatal, ni con las políticas a nivel de comunidad autónoma o ayuntamiento.

Sin embargo, pasamos de una guerra a otra a golpe de noticiario.  Todas nos espantan pero nada aprendemos, nunca cambiamos de paradigma.  Y es necesario hacerlo, debemos formarnos e investigar los dos conceptos:  paz negativa y paz positiva.  De ellos depende nuestra solidaridad y la vida y su calidad de muchas personas del mundo.

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Otro ejemplo de transarme, en Kenia

Imagen de Pim Stouten

Fuente:  El País.

Cuantas veces se nos ha dicho que en muchas zonas (Cádiz, Ferrol, Palencia, etc) es imposible salirse del monocultivo militar y dejar de apoyar a Navantia o a cualquier otra fábrica de armas dado que son las únicas que proveen empleo para la zona.

Se nos aduce que nadie está de acuerdo con fabricar armas, que todos desean que no se utilicen más que en guerras justas y defensivas.

Nosotros siempre hemos replicado que todo es cuestión de voluntad política (como demostraron los programas europeos de reconversión militar KONVER y TACIS) y de ansias por buscar alternativas de desarrollo más justas y solidarias.

Cuando un pueblo está imbuido del paradigma de dominación-violencia no puede ver alternativas a su situación y, por ello, se resigna.  Desaparece el espíritu crítico y alternativo, las nuevas propuestas son desdeñadas desde el inicio y nadie mueve un dedo para vivir en un paradigma distinto, el de la cooperación-noviolencia.

¿Cómo se puede dar una respuesta noviolenta a un problema que viene de siglos, que es, incluso, intrínseco con la forma cultural de entender la vida para un pueblo?

Las mujeres kenianas optaron por la educación, por el cooperativismo, por ser más independientes de los hombres, se olvidaron de los ritos ancestrales y optaron por defender lo que realmente les importaba:  la salud, la educación, la calidad de vida.  Dijeron no a las guerras y a la violencia como forma de vida y sí a la Seguridad Humana.  Hicieron su proceso de transarme.

Pero nadie lo verá así porque los muros que levanta el paradigma de dominación-violencia no nos dejan, siquiera, imaginar formas de vida alternativas.  Las mujeres keniatas no solo lo imaginaron, también lo hicieron.

Hoy exponemos un caso que nos ha llamado mucho la atención en Kenia:

El problema es una antigua tradición, el robo de ganado para subsistir, basada en el ocio de la juventud, en sus ganas, inculcadas por su cultura milenaria, de pelear.  También, antiguamente era la forma de casarse, de demostrar riqueza.  Ahora todo ha derivado hacia el crimen organizado.

“Nuestros jóvenes solo piensan en robar ganado de los grupos vecinos, especialmente de los pokots, que viven en el valle”, continúa Alice. “Eso no está bien, los jóvenes están ociosos todo el día y solo piensan en pelear y robar. Si van a la escuela tendremos paz”.

El robo de ganado en Kenia se solía explicar por la tradición: jóvenes que intentaban aumentar el número de cabezas de su rebaño para casarse o demostrar riqueza. Pero cada vez tiene que ver más con el crimen organizado y con el aumento de la demanda de carne en todo el país. Se han introducido mafias que incitan a los jóvenes al saqueo, lo que lo ha convertido en una actividad muy peligrosa que provoca conflictos violentos entre comunidades. Muchas veces, estos terminan en muertes y desplazamientos forzosos.

El coste humano es inmenso: cada año mueren cientos de personas y muchos miles se ven obligados a abandonar sus hogares. Según la Anti-Stock Theft Unit (la división de la policía keniana encargada de prevenir el robo de ganado) entre 2012 y 2014 murieron en el noroeste del país unas 580 personas a raíz de estos robos.

Por lo general los ladrones son jóvenes armados que atacan a otros clanes o a grupos étnicos rivales.  Tradicionalmente, estas incursiones en territorio ajeno no daban lugar a muertes, pero últimamente se han vuelto invariablemente letales. Sobre todo, por el uso de armas de fuego.

La solución:  la educación.

“Si conseguimos ingresos extra podremos pagar el colegio de nuestros hijos. Y ellos podrán encontrar un trabajo y ayudar a sus familias”. Quien habla es Alice Lesabuiya, presidenta de la asociación de mujeres campesinas de Siambu.

Es el principal motivo por el que las mujeres de Siambu se han organizado en una cooperativa agrícola. La idea es conseguir un dinero extra que les permita pagar el colegio de sus hijos y así conseguir que estos se olviden de una tradición que está cobrándose muchas vidas y generando enemistad entre poblaciones vecinas.

Antes de lanzar este proyecto, la experiencia de estas mujeres en la agricultura era muy limitada. Pertenecen a un pueblo seminómada que solía trasladarse continuamente en busca de pastos y agua para el ganado, la gran riqueza de los samburu.

Los frutos:

Por eso, el primer paso fue formarse en técnicas agrícolas y nuevos cultivos que hasta entonces les eran desconocidos, pero que ya han comenzado a introducir en su dieta diaria. Así, al tiempo que fomentan la paz a través del acceso a la educación, obtienen una dieta más variada y sana que, entre otras cosas, ha contribuido a la reducción de la mortalidad infantil y la malnutrición. Hasta hace poco el 46,2% de los niños menores de cinco años de esta zona tenía un peso inferior al normal.

La actividad agrícola también dota a las mujeres de autonomía y cierta independencia respecto de sus maridos. “Antes no podíamos hacer nada por nuestro hogar o nuestra familia, teníamos que esperar a que nuestros maridos trajeran algo a casa. Ahora nosotras decidimos”, explica Alice Lesabuiya.

Esa independencia quizá sea uno principales cambios para estas mujeres. Gracias a los pozos que Amref ha ayudado a construir en la zona, ya no tienen que caminar kilómetros para encontrar agua para cocinar ni trasladarse continuamente por las necesidades del ganado.

Lilian Letowor, la tesorera del grupo, informa que tras repartir beneficios la asociación tiene en el banco unos 30.000 chelines kenianos (cerca de 263 euros). Estas reservas están pensadas para atender las urgencias que puedan sobrevenir, como la enfermedad de una socia. «No solo podemos pagar la matricula del colegio de nuestros hijos e hijas y hacer que se olviden de robar ganado o de pelear, también podemos comprar medicinas cuando nos hacen falta”, explica Letowor. La tesorera insiste en que así el proyecto contribuye también a mejorar la salud de la comunidad.  Comen más sano y variado, pueden acudir al médico y comprar medicinas, y tienen acceso a un pozo con agua más limpia y saludable.

Querer es poder.  Aquellos que razonan que no pueden, quizá es que no quieran.  Ello es otro problema.

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Premio a la mejor maestra por trabajar con la noviolencia

Imagen de Edgardo W. Olivera

Fuente:  El Mundo.

La maestra palestina Hanan Al Hroub acaba de ser galardonada con el ‘Global Teacher Prize‘. O como ya la definen, acaba de ser reconocidad como «la mejor maestra del mundo de 2016″.

El premio -organizado por la Fundación Varkey y patrocinado por el emir de Dubai, Mohammed bin Rashid Al Maktoum- es algo más que una dotación económica cifrada en un millón de dólares. Se trata de un importante espaldarazo al mensaje de diálogo y paz de esta palestina. Al Hroub, que nació y creció en el campo de refugiados de Deheishe, en la zona de Belén, imparte clases en la escuela primaria Samiha Jalil en la localidad de Al Bireh, cerca de Ramala.

Nos encanta este reconocimiento a la educación en la noviolencia.  Sin esta educación alternativa es imposible soñar, trabajar y construir un mundo alternativo.  Precisamente en Palestina la necesidad de la noviolencia es crucial para poder desarrollar vidas que luchen contra las marcas indelebles que deja la violencia directa, estructural y cultural que sufren los palestinos.  En palabras de Hanan Al Hroub:

Uno de sus dos grandes eslóganes es «No a la violencia». «Trabajar duro para liberar las mentes de los niños de la violencia y convertirlo en diálogos de belleza«, señaló al recibir el premio y recordar el trauma que vivieron sus hijos mientras iban al colegio debido un tiroteo en la zona.

«Sentí que ningún profesor me ayudaba en devolver a mis hijos al camino correcto», comentó. «Cada día vemos el sufrimiento en los ojos de nuestros estudiantes y profesores causados por los puestos de control de la ocupación militar israelí. Queremos que nuestros hijos vivan en libertad y paz como el resto de niños en todo el mundo», afirmó Al Hroub, que propone que el 2016 «sea declarado el año del profesor palestino para dar esperanzas a nuestros hijos».

El segundo lema de la maestra palestina -clave para su victoria- es «Jugamos y aprendemos«, como reza el título de su libro.

Ojalá este ejemplo cunda entre los educadores de los lugares en conflicto, pero, sobre todo, ojalá cunda entre los educadores de los países del primer mundo que somos los que fabricamos, y nos lucramos, con las armas que se usan en el Tercer Mundo y los que mantenemos las estructuras económicas, políticas y sociales que transmiten la violencia estructural desde nuestras cómodas vidas a las del Tercer Mundo.

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El militarismo intervencionista de la aspirante a la Casa Blanca Hillary Clinton

Imagen de Nathania Jonhson

Fuente:  resumenlatinoamericano.org

Todos conocemos a Hillary Rodham, también Hillary Clinton.Los medios se hjan encargado de empacharnos con su imagen. Quizá por ello no nos preocupamos mucho en revisar quién es y qué ha hecho a lo largo de su larga vida política.

Esta imagen prefabricada y algo superficial beneficia algunas de sus facetas que no son publicitadas habitualmente por los medios de comunicación de masas.

Resumen Latinoamericano recuerda dos artículos publicados por el New York Times en febrero de 2016 sobre los aspectos que tienen que ver con Hillary y la Defensa.  Hay que recordar que el Times ha respaldado a la Clinton para la nominación a la Casa Blanca en las elecciones de este año, es decir, no es un periódico contrario a la mandataria.

Como Secretaria de Estado promovió la intervención militar de EE.UU.-OTAN en la guerra de Libia.  También fue proclive a otras intervenciones militares:  luego de los ataques del 11 de septiembre respaldó las acciones militares en Afganistán y la resolución de la guerra en Irak, pero posteriormente, se opuso a la administración Bush en el manejo de la guerra en Irak.

Parecen claras las pruebas sobre sus ansias de intervenciones militares en el extranjero con el objetivo, simplemente, de no quedarse atrás con respecto a otras potencias y no perder presencia en la zona:

Dentro del gobierno, informa el Times, ella presionó por la intervención militar directa de Estados Unidos en razón de que el gobierno británico y el francés seguirían adelante sin Estados Unidos y Washington sería “dejado atrás” y “sería menos capaz de dar forma” a la pelea por el control de Libia y su riqueza petrolera.

Promueve el intervencionismo desde todos los ángulos posibles:

Consideró al «poder inteligente» como la estrategia para afirmar el liderazgo y valores de EE. UU. en el mundo, mediante la combinación del poder militar con diplomacia y capacidades estadounidenses en la economía, tecnología y otras áreas.

Como suele ser habitual en Estados Unidos, para justificar sus intervenciones militares utilizan excusas que acaban demostrándose falsas:

El pretexto, que las fuerzas del gobierno libio estaban a punto de cometer una “masacre genocida de manifestantes” en la ciudad oriental de Bengasi, fue refutada posteriormente por grupos internacionales de derechos humanos, y el número total de muertos en enfrentamientos armados antes de que los Estados Unidos y la OTAN comenzaron sus bombardeos contra Libia ascendieron apenas a 350.

Esta falta de sinceridad y de ética constante hacen que se le pueda catalogar dentro del stablishment estadounidense.  Por ejemplo, no tiene muy en cuenta aquello de no aliarse con sus enemigos declarados.  Pareciera como si lo que le interesase fuese sólo lo que rige la política internacional de USA:  fomentar los negocios de la guerra:

El artículo establece que Clinton “presionó por un programa secreto que suministrara armas a las milicias rebeldes”, compuestas en gran parte de grupos islamistas, algunos con vínculos directos con Al Qaeda.

Su negativa como Secretaria de Estado a explorar las soluciones negociadas, en las que se diluye el papel militar preponderante de EE.UU. son la tónica:

Al comienzo de esta campaña de bombardeos, relata el artículo, funcionarios libios, funcionarios de las Naciones Unidas, otros gobiernos africanos y la Unión Africana realizaron numerosas tentativas para negociar un alto el fuego y lograr un arreglo político, todas las cuales fueron rechazadas por Washington. A Charles Kubic, un almirante retirado que recibió una propuesta de un alto oficial del ejército libio para un cese al fuego de 72 horas, el comando militar de Estados Unidos le ordenó cortar inmediatamente la discusión en base a órdenes que habían llegado desde “fuera del Pentágono”.

¿Habrá que alegrarse si, finalmente, la Clinton gana la nominación del partido Demócrata?  ¿Habrá que alegrarse si al final gana la carrera electoral a Trump?

Lo vemos difícil por los argumentos que hemos dado más arriba.  Negros tiempos se acercan para la paz en el mundo.

En la foto que encabeza el artículo se lee «Luchando por nosotros».  Sólo hace falta especificar quiénes son los nosotros a los que se refieren.  Posiblemente, los militares, los fabricantes de armas, las multinacionales que esquilman al Tercer Mundo, los estadounidenses ricos.

Pero nosotros, los de aquí y muchos otros países seguiremos siendo intervenidos por sus guerras y bases militares.

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Condena a las violaciones como arma de guerra

Imagen de Erik Torner

Fuente:  Diagonal

Cualquier violación es condenable.  Por ello nos alegramos de la sentencia de Guatemala que condena a 360 años a dos militares por usar las violaciones como arma de guerra.

El caso se dio contra mujeres indígenas a las que sometieron a violaciones continuadas, esclavitud sexual y doméstica.

la fecha del 26 de febrero marcará un paradigma en los procesos de justicia y reparación para las mujeres, en América Latina y el mundo, ya que por primera vez se ha condenado la violencia sexual ante tribunales nacionales. Por primera vez, las voces de mujeres mayas se han escuchado en las instituciones de justicia con ecos a nivel internacional. Estas once mujeres  q’eqchi’ han relatado las atrocidades de los agentes del estado y los trazos del genocidio para que los crímenes sexuales no se vuelvan a repetir.

La guerra no perdona a nadie.  Y parece que las sociedades tardan en darse cuenta de lo que en realidad suponen.  Se tardan años en considerar delitos las cuestiones violentas que se hacen en el entorno de las guerras, parece que la violencia hecha en grupo y de uniforme no lo es, o lo es menos.

Esta condena además sienta un precedente en el que se reconoce que el trabajo doméstico forzado, la violación y la esclavitud sexual constituyen crímenes de guerra que deben ser condenados.

La violación sexual se reconoció como un arma de guerra que afectó tanto a las mujeres q’eqchi’ como a los varones, ya que fue una agresión al grupo del “bando contrario” y tuvo como fin su eliminación. El trabajo forzado, la esclavitud y la violación sexual de las mujeres fueron diseñados como tácticas y estrategias para el control de los territorios e implicaron gastos para el ejército (armas, agentes para utilizarlas, etc.).

Aunque el trabajo doméstico forzado, la violación y la esclavitud sexual no asesinó directamente a las mujeres o al grupo que se considera “insurgente”, sí lo eliminó a través de una política eugenésica en la que se mezcló el racismo de la élite y la oligarquía militar con la misoginia y la asociación simbólica del cuerpo de las mujeres con la posesión de los territorios. Por eso, esta sentencia es un paradigma para la justicia en América Latina porque sienta precedentes y señala horizontes para otras mujeres que han vivido situaciones similares.

La violencia contra las mujeres en las guerras se multiplica y se vuelve norma.  Parece que cuando acaban los conflictos la sociedad mira para otro lado.  Quizá porque existen demasiados implicados.  Quizá porque culturalmente no se considera grave.  ¿Cuántos casos de impunidad militar habrá en el mundo cada día?

La guerra es violencia sinérgica, violencia que multiplica sus factores directos, estructurales y culturales.  La prueba la dan las declaraciones de las mujeres que han ido a juicio contra los militares:

Julia Coc, testigo once, declaró que su hija y dos nietas fueron detenidas extrajudicialmente y asesinadas por los soldados en 1982. Dijo que le hicieron mucho daño al cuerpo de su hija cuando la violaron. En la exhumación encontraron pelo, ropa y huesos de sus hijas y “de mis nietas solo hallaron los calzoncitos, sus huesos eran polvo”. Después de matar a su hija a ella la obligan a que le dieran comida a lo soldados.

Otra sobreviviente contó cómo a su esposo lo detuvieron, cómo ella fue violada por cuatro soldados y cómo sus hijos murieron porque no tenían comida.

Sobreviviente narró que llegó al destacamento a preguntar por su esposo, los soldados la detuvieron por la fuerza y la violaron varias veces”.

“Nos obligaban a hacerles la comida y nos violaban. Por eso es muy doloroso”.

“Nos mandaban al río a lavarles su ropa y nos perseguían. Ahí nos violaban”.

“No me acuerdo cuántos me violaron porque quedé desmayada. Quedé muy dañada de mi cuerpo, sangraba mucho”.

“Ahí tenían lugares. Tenían cuartos y ahí nos jalaban. A veces eran 3, 4 o 5 (los soldados que la violaban en el destacamento)”.

“Si no me dejaba me decían que me iban a matar. A veces uno me sujetaba y otro me ponía un arma en el pecho”

Entrenamos cada año a millones de personas, hombres y mujeres, para la guerra.  Y lo hacemos en academias militares en las que no se habla de estas realidades.  Los ejércitos nos venden lo militar como un juego tecnológico, como una batalla de mentes en un inmenso tablero de ajedrez, como algo aséptico y limpio, algo bueno para todos.

Sin embargo las anteriores declaraciones de las mujeres violadas nos dan una perspectiva muy diferente y, a la vez, mucho más real.

El militarismo es violencia, hasta que no abandonemos nuestro cinismo habitual, no seremos capaces de entender la necesidad de darle alternativas noviolentas.

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Mujer y guerra

Imagen del Comité de la OTAN sobre Perspectivas de Género

Fuente:  El orden mundial.

El sistema militar de resolución de conflictos es inherentemente violento.  Una de las facetas en que lo es se refiere a todo lo que tiene que ver con la mujer:  desde negarle un lugar igualitario a la hora de resolver las cuestiones de seguridad y defensa, donde se las excluye, hasta ser usadas como rehén en las guerras, o, si llega el caso, como guerreras, para, cómo no, ser usadas contra ellas armas de guerra específicas como la violación, el escarnio, …. Todo ello es práctica común desde la remota antiguedad.

El artículo de El Orden Mundial que comentamos se titula:  «Género y seguridad:  el papel de la mujer en la guerra«.  En él nos cuentan que cada vez más mujeres feministas quieren poner los puntos sobre las íes en esta relación entre mujer y guerra.

El artículo hace un recorrido histórico, sin excesivo rigor, por las variadas utilizaciones de la mujer en la guerra.  Y subrayamos la palabra utilizaciones.  Porque parece que ha sido la tónica habitual.

En lo que concierne al caso español, recurrimos al informe del Observatorio Militar para la Igualdad de 4 de enero de 2016.  informe este, por cierto, que no hace honor al nombre, pues es sólo un resumen de datos estadísticos generales y, si es que podemos llamar análisis a sus reflexiones, analiza con poca profundidad y demasiada banalidad los problemas de las mujeres en las FAS.

  • Un 12’4 de los efectivos de las FAS son mujeres
  • En los tres ejércitos hay un total de 15.081 mujeres, 9.063 en el de Tierra, 2.575 en la Armada y 2.763 en el de Aire y 680 en los cuerpos comunes
  • El porcentaje de mujeres en las FAS se ha mantenido casi estable desde 2006, año en el que eran un 12 %, hasta 2015 en el que eran un 12’5 %
  • 12.676 son de tropa y marinería (hasta cabo incluido), 1.180 son suboficiales (sargentos, brigadas y subtenientes), alféreces, tenientes y capitanes son 882.  Por último, hay 274 comandantes y 69 tenientes coroneles, máximo rango militar que han alcanzado hasta la fecha.
  • En cambio, en el conjunto del Ministerio de Defensa abundan más las mujeres entre el personal civil, en concreto un 56’3 % de los funcionarios son mujeres y un 36’2 % del personal laboral.

En 1988 se permitió por primera vez a las mujeres ser militares en España. La militarización de la mujer en España avanza rápidamente (por nuestra parte diremos que no hay muchas voces que alerten de ello, incluso en el movimiento feminista, y que desvelen que pertenecer al ejército no es igualdad para las mujeres, sino militarización):

En un primer momento se les vetaron algunos destinos, como la brigada paracaidista o la legión. Ahora la igualdad es total. El Ejército español es, con el de Noruega, los únicos de Europa que les permiten acceder a cualquier destino, incluidos los de combate. Idoia Rodríguez fue la primera militar española fallecida en una misión internacional, en este caso, en Afganistán, por la explosión de una mina.

El porcentaje de mujeres militares en misiones en el exterior alcanza el 10,3%, según datos de enero de este año. Ya hay mujeres pilotos de caza, expertas en guerra electrónica, conductoras de carros de combate, legionarias, sargentos en la dotación de un submarino

Podemos preguntarnos, si es que de igualdad queremos hablar y no de señuelos: ¿Cuántas mujeres deciden la política de Defensa?  Pocas, podríamos citar, sólo a Soraya Sáenz de Santamaría, en su calidad de vicepresidente y ministra de Presidencia. Las demás no están en el plano. ¿igualdad?

La preocupación por las cuestiones de género también ya llegado a la OTAN y en ella existe un Comité de Perspectivas de Género, que nació en 1973 con otra denominación.  En la página web de la OTAN lo hemos encontrado, dentro de la Estructura Militar y con las siglas NCGP, pero sin enlace a una web en la que podamos ver su labor.  Sin embargo, con un poco de tecleo hemos visto que sí hay página web del Comité de Perspectivas de Género de la OTAN.  En ella encontramos que:

Cada nación de la OTAN tendrá derecho a nombrar un delegado a la NCGP. Los delegados deben ser oficiales en servicio activo de rango superior o equivalente civil.

A nivel internacional la militarización de la mujer cada vez es mayor, por ejemplo, el ejército de USA tiene en Afganistán unidades de marines exclusivamente femeninas.

¿Cuántas mujeres de esas deciden las políticas de paz y guerra de EEUU? ¿Cuántas mujeres deciden políticas de paz y seguridad en general?¿Representan en realidad a las mujeres?¿Se peude decir que la visión de las mujeres esté representada de forma real en la construcción de el orden de dominación y violencia vigente?¿que lo esté en la decisión política de perpetuar ejércitos permanentes?, ¿que lo esté en la consolidación de un gasto militar mundial abrumador?, ¿en la aplicación de la guerra como recurso político?, ¿en el fomento de la industria militar y de las inversiones hacia esta?

Creemos que no. Todo ello se hace de espaldas a las mujeres que, al igual que son usadas en tiempo de guerra, lo son en tiempos de «paz» por el militarismo.

 

 

 

 

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Violaciones y Fuerzas de Paz en Somalia

Imagen de HRW

Fuentes:  El País.  Y el informe de Human Rigths Watch titulado «El poder que los hombres tienen sobre nosotras«.

La situación en Somalia es dantesca:

Es necesario saber, para contextualizar estos datos, que Somalia tiene una población de 10’2 millones de personas.  Es decir, extrapolando, la hambruna somalí en España supondría la muerte de 1.000.000 de españoles y la cifra de 369.000 refugiados supondría en España que en los alrededores de Madrid viviesen en campos de refugiados 1.500.000 personas.  ¿Os imagináis la situación?  Queda clara la dimensión del sufrimiento de la población somalí.

Y en esta situación varios países han mandado soldados para que hagan de Fuerzas de Paz.  ¿Han contribuido a mejorar en algo la situación de la población somalí?  Pues no lo parece:

En junio de 2013, un intérprete que trabajaba en el cuartel general de Amisom —la misión de paz de la Unión Africana en este país— se aproximó a ella y le preguntó si quería ser “amiga” de un soldado ugandés. Le dijo a la niña que el soldado podría conseguir cualquier cosa que ella necesitara si le trataba “como si fuera su marido” y “le hacía sentir cómodo”. Cuando se encontró con el militar y comprendió que debía mantener relaciones sexuales con él, quiso marcharse, pero el traductor no se lo permitió, ignorando sus llantos y sus súplicas. “Cuando me resistí, el militar se enfadó mucho y llamó de nuevo a su intérprete, que me amenazó en somalí”, dijo la joven a la organización humanitaria Human Rights Watch.

Casos como el de Aziza no son excepcionales en Somalia. Tanto Naciones Unidas como diversas organizaciones en defensa de los derechos humanos han documentado altos niveles de violencia sexual contra las mujeres somalíes, especialmente contra las refugiadas. Pero ahora, por primera vez, una organización apunta directamente con el dedo a un organismo y a una práctica concreta: Human Rights Watch acusa a algunos soldados de Amisom, que cuenta con casi 17.000 efectivos desplegados, de abusar de su posición para agredir y explotar sexualmente a mujeres y niñas somalíes. «Algunos soldados de la Unión Africana han hecho mal uso de sus posiciones de poder para explotar a las mujeres y niñas más vulnerables de Somalia», asegura Liesl Gerntholtz, director de derechos de la mujer de Human Rights Watch.

No hay que olvidar la responsabilidad que contraen los países que envían al extranjero a sus Fuerzas Armadas, sin negar, por supuesto, la responsabilidad principal de aquellas personas que cometen las acciones ilegales:

Somalia tiene muchos problemas de difícil solución, pero los dirigentes de Somalia y la Unión Africana podrían acabar con la explotación y los abusos sexuales presionando a los países que aportan contingentes para que busquen y castiguen a los responsables

Los datos que aporta son horribles:

Generalmente, los violadores son hombres armados y uniformados y el 33% de las víctimas son niñas

Además,

Unicef, por otra parte, asistió a más de 2.200 víctimas de violencia de género en el sur y centro de Somalia ese año de 2012.

Los relatos son aterradores:

La mayoría de violaciones documentadas por HRW tuvieron lugar en las instalaciones del contingente de soldados de Burundi desplegado en Mogadiscio cuando mujeres y niñas acudían para obtener medicinas o ayuda humanitaria. Fue el caso de Qamar R., de 15 años.

Y la implicación directa o indirecta de los mandos es clara:

HRW ha documentado también casos que sugieren un sistema relativamente organizado de explotación sexual en los campamentos base de Amisom y en la base burundí de Mogadiscio. Varias mujeres y niñas reconocieron a HRW que mantuvieron relaciones sexuales consentidas con soldados como último recurso pues, en muchos casos, ellas eran el único sustento de sus familias. Los soldados de Amisom disponen de ingresos infinitamente mayores que los refugiados (unos 1.000 dólares al mes), por lo que se hallan en una situación de completa superioridad ante estas mujeres, denuncia el informe.

Las pruebas recabadas sugieren que la explotación sexual no es un secreto en las bases de Amisom, ya que las mujeres entran en ellas a través de puertas custodiadas por oficiales pese a tener prohibido el acceso.

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El impacto emocional de la barbarie de la guerra

La+libertad

Fuente: El País

Es elocuente el informe que han elaborado hace poco la Organización Internacional para la Migraciones (OIM), Unicef y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar sobre los niños que han sufrido la barbarie de la guerra en Colombia:

No pueden evitar estar tristes. Lloran. Se aíslan. Tienen problemas para hacer amigos. La ansiedad parece un apéndice de sus días. Les cuesta sonreír. No confían en los demás. Los persigue la culpa y tienen enormes dificultades para sobreponerse al dolor. Son agresivos y para algunos, sobre todo para los que han sido reclutados por grupos armados, ser sinceros es todo un desafío.

Naturalmente podríamos aplicarlo a los niños de Siria, o de Afganistán, o de Congo, o de Palestina, o de cualquiera de los otros escenarios de horror militar actualmente en activo.

Podemos observar las diferentes categorías de niños y niñas agredidas por las múltiples guerras: repesaliados y víctimas civiles, reclutados y niños soldado, niños y niñas sometidos a violencia sexual, agredidos como «daños colaterales», refugiados … Todos ellos víctimas de la barbarie de los mayores. ¿Cuántos miles de niños y niñas víctimas de las guerras?, ¿Cuántos de ellos marcados que reproducirán en el futuro la sinrazón de la violencia militar?

Los expertos recomiendan infinidad de enfoques para trabajar con el estado emocional de estos menores.¿Cuánto hay de verdad al servicio de los menores y cuánto de negocio que aprovecha a los niños para sostener a las instituciones  en estos programas?. Con todo, cuanto se haga será poco para recuperar estas vidas rotas por las guerras.

En la realidad de los niños soldados vemos amplificada la realidad brutal de todas las guerras y la vulnerabilidad de todas las víctimas. Soldados por imposición, víctimas de la barbarie, esclavas sexuales, rapiñas, masacres, horror sin fin al servicio de los señores de la guerra.

Llama la atención la frágil realidad de los niños victimados por la guerra si contemplamos la retórica de los políticos mundiales que usan la imagen de los menores para fundamentar sus aspiraciones y ambiciones políticas. ¿qué no harían por un niño?. Podrían empezar por prohibir su reclutamiento y la constante exhibición de violencia y muerte que son los valores militaristas. ¿no es sospechoso que detrás de las vaporosas llamadas a la paz de los políticos y líderes mundiales nunca vaya aparejada alguna idea práctica, como el llamamiento a desobedecer a los ejércitos, a desertar de sus fatales ideales, a acoger a los que rechazan el juego de las armas, a negar financiación a las empresas que negocian con tan turbio interés…? ¿No llama la atención que las guerras sigan teniendo tantos adeptos, desde los que las potencian hasta quienes las pagan y las consienten, pasando por todos nosotros, aparentemente lejanos a ellas, a pesar de beneficiarnos de su preparación y de su resultado?. ¿No parece que nuestro modelo de vida se base en la preparación de la guerra, en la propagación de la dominación y la violencia?

Podrían empezar las grandes agencias internacionales interesadas en los niños soldados por reivindicar la prohibición de los ejércitos, por luchas por impedir el negocio de las armas, por inculcar una cultura de la noviolencia, por promover estructuras sociales justas, por castigar a quienes se lucran de la guerra, …

Una mejor manera de luchar hacia el futuro contra la barbarie de la guerra y en favor del futuro de los niños y del planeta.

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Menos mujeres en el ejército

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fuente: El País

A pesar del cacareo de que el ejército es igual para hombres y mujeres y toda la parafernalia con la que se intenta incentivar el aumento del número de mujeres en el ejército, las cifras arrojan datos que nos hacen pensar que, en general, las mujeres pasan del ejército mucho más de lo que el ejército dice y quiere.

Únicamente el 12,3% de los miembros del ejército es mujer, frente al apabullante 87,3 de hombres.

¿Será por las trabas y el machismo, como predica la opinión oficial, o porque, sencillamente, las mujeres pasan del ejercito, como se supone de la buena lógica?

En cuanto a las trabas, la legislación militar ha ido incentivando la incorporación de la mujer a los ejércitos aprobando normativas contra los abusos de autoridad, sobre la conciliación de la vida familiar, sobre la maternidad y otras, pero ni así.

Conforme reconoce un portavoz militar la desafección es preocupante para el ejército:

Lo más preocupante es que cada vez ingresan menos. Si en 2008 las mujeres representaban el 11,5% de los nuevos soldados y marineros, en 2011 solo eran el 4,8%. Aun peor es la evolución entre los cuadros de mando: el año pasado solo 17 mujeres (4,7%) consiguieron plaza como oficiales y, por vez primera, no hubo ninguna entre los suboficiales.

Parece que ni los cantos de sirena del empleo y la promoción personal, ni los anuncios de emociones y otras simplezas con las que el ejército intenta engatusar cada año a los jóvenes para integrar las fuerzas armadas convencen a las mujeres, lo cual es una buena noticia para quienes aspiramos a un futuro más cuerdo y sin ejércitos.

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