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El militarismo en el Norte de África

Imagen de Antonio García

Fuente:  Centre Delás.

Recomendamos y nos hacemos eco del buen informe que ha presentado hace unos meses el Centre Delás sobre el militarismo en África.  En sus 45 páginas, trufadas por tablas, que nos hablan del número de efectivos militares en cada país, de los conflictos armados que tiene cada país y una aproximación a su número de muertos, de lo que decidan a armamentos, de las importaciones y exportaciones de armas, etc, se hace un repaso muy necesario para entender las dinámicas de estos países ribereños del Mediterráneo.

A modo de conclusiones, podríamos citar su resumen ejecutivo, que el papel de los ejércitos en todos estos países:

En Marruecos, el ejército no interviene en las revueltas populares, aunque estas nunca se convierten en amenazas serias para el régimen alauí. En Argelia, su rol es represivo al lado de la policía y los servicios secretos, al igual que en Mauritania. En Túnez, el ejército se posiciona a favor de las revueltas asumiendo el poder interino y garantizando la transición. En Egipto, las fuerzas armadas se posicionan rápidamente en favor de la revuelta, lideran una transición ambigua y, después de un año de gobierno civil retoman el poder e inician una nueva ola de represión manteniendo las redes de poder de la era Mubarak.

Como se ve, los ejércitos o reprimen al pueblo o se ocupan de asegurar el dominio de aquellos que reprimen al pueblo.

El número de militares en la región es muy elevado y

destaca Egipto en cuanto al número de soldados, con 439.000 efectivos y 397.000 paramilitares. En segundo lugar está Marruecos, con 196.000 soldados y 50.000 paramilitares, seguido de Argelia, con 130.000 efectivos y 187.000 paramilitares. Los datos de Libia son menores: 76.000 militares, aunque su grado de militarización por cada 1.000 habitantes es el mayor de la zona, duplicando a los demás 12’1 militares por cada 1.000 habitantes.

En cuanto al gasto militar, Argelia ha pasado (2003) de un gasto de 3.152 millones de dólares a 9.104 (2012), es decir, ha multiplicado su gasto militar casi por 3.  Egipto ha sido el país que más ha gastado en lo militar hasta 2007 (fue superado por Argelia) y en 2003 gastó 5.227 millones de dólares y en 2012 gastó 4.175, con una rebaja del 20 %.  El caso de Libia también refleja una militarización importantísima:  2003:  831, 2012:  2.800 millones de dólares, es decir, lo ha multiplicado por 3’3.  Marruecos, en el mismo periodo, también ha seguido una línea ascendente de gasto militar desde 2.483 hasta 3.582 millones de dólares.  El total de la región ha pasado (2003):  12.295 millones de dólares a (2012):  20.407, un aumento del 66 %.

En el apartado de compra de armas, los países que abastecen a esta región son:

Rusia:  4.631 millones de € (con preferencia por Argelia y Egipto).

Estados Unidos:  1.677 millones de € (con preferencia por Egipto y Marruecos)

Francia:  696 millones de € (con preferencia por Marruecos y Argelia)

Luego les siguen Holanda, China, España (6º lugar con 217 millones de € y preferencia por Marruecos y Egipto), Ucrania, Italia y Reino Unido

En cuanto a la Unión Europea, el informa remarca que:

Desde una lectura objetiva de cada uno de los criterios de denegación de las exportaciones del marco legal mencionado, hay que observar que todos los países del Norte de África vulneran claramente la Posición Común Europea sobre exportación de armas, tecnologías y equipos militares y no deberían ser receptores de armas de los países que integran la UE.

Sin embargo, de 2006 a 2011 se han exportado al Norte de África 2.255 millones de €, y eso sin contar con las exportaciones de Reino Unido (Tercer exportador de armas mundial) y de Alemania (octavo exportador de armas mundial), que no informan de sus exportaciones de armas.  De 2006 a 2011 las exportaciones de armas de la UE al Norte de África se han duplicado.

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El impacto emocional de la barbarie de la guerra

La+libertad

Fuente: El País

Es elocuente el informe que han elaborado hace poco la Organización Internacional para la Migraciones (OIM), Unicef y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar sobre los niños que han sufrido la barbarie de la guerra en Colombia:

No pueden evitar estar tristes. Lloran. Se aíslan. Tienen problemas para hacer amigos. La ansiedad parece un apéndice de sus días. Les cuesta sonreír. No confían en los demás. Los persigue la culpa y tienen enormes dificultades para sobreponerse al dolor. Son agresivos y para algunos, sobre todo para los que han sido reclutados por grupos armados, ser sinceros es todo un desafío.

Naturalmente podríamos aplicarlo a los niños de Siria, o de Afganistán, o de Congo, o de Palestina, o de cualquiera de los otros escenarios de horror militar actualmente en activo.

Podemos observar las diferentes categorías de niños y niñas agredidas por las múltiples guerras: repesaliados y víctimas civiles, reclutados y niños soldado, niños y niñas sometidos a violencia sexual, agredidos como «daños colaterales», refugiados … Todos ellos víctimas de la barbarie de los mayores. ¿Cuántos miles de niños y niñas víctimas de las guerras?, ¿Cuántos de ellos marcados que reproducirán en el futuro la sinrazón de la violencia militar?

Los expertos recomiendan infinidad de enfoques para trabajar con el estado emocional de estos menores.¿Cuánto hay de verdad al servicio de los menores y cuánto de negocio que aprovecha a los niños para sostener a las instituciones  en estos programas?. Con todo, cuanto se haga será poco para recuperar estas vidas rotas por las guerras.

En la realidad de los niños soldados vemos amplificada la realidad brutal de todas las guerras y la vulnerabilidad de todas las víctimas. Soldados por imposición, víctimas de la barbarie, esclavas sexuales, rapiñas, masacres, horror sin fin al servicio de los señores de la guerra.

Llama la atención la frágil realidad de los niños victimados por la guerra si contemplamos la retórica de los políticos mundiales que usan la imagen de los menores para fundamentar sus aspiraciones y ambiciones políticas. ¿qué no harían por un niño?. Podrían empezar por prohibir su reclutamiento y la constante exhibición de violencia y muerte que son los valores militaristas. ¿no es sospechoso que detrás de las vaporosas llamadas a la paz de los políticos y líderes mundiales nunca vaya aparejada alguna idea práctica, como el llamamiento a desobedecer a los ejércitos, a desertar de sus fatales ideales, a acoger a los que rechazan el juego de las armas, a negar financiación a las empresas que negocian con tan turbio interés…? ¿No llama la atención que las guerras sigan teniendo tantos adeptos, desde los que las potencian hasta quienes las pagan y las consienten, pasando por todos nosotros, aparentemente lejanos a ellas, a pesar de beneficiarnos de su preparación y de su resultado?. ¿No parece que nuestro modelo de vida se base en la preparación de la guerra, en la propagación de la dominación y la violencia?

Podrían empezar las grandes agencias internacionales interesadas en los niños soldados por reivindicar la prohibición de los ejércitos, por luchas por impedir el negocio de las armas, por inculcar una cultura de la noviolencia, por promover estructuras sociales justas, por castigar a quienes se lucran de la guerra, …

Una mejor manera de luchar hacia el futuro contra la barbarie de la guerra y en favor del futuro de los niños y del planeta.

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Los alemanes también contribuyen al genocidio humanitario.

Fuente:  Público.

The+Junior+Genocide

La tropa de élite alemana estuvo implicada en la operación indiscriminada e inmoral (de ahí que las guerras sean justas tal como sentencia Obama y sus comentaristas) que acabó con la vida de al menos 74 civiles afganos y otras tantas personas (imaginamos que militares o guerrilleros) hasta un total de 142.

Gracias a esta heroica acción, el ejército alemán ha superado su ranking de matanzas de civiles desde 1945 a la fecha, lo cual da fe de su poderoso ejército humanitario.

El Comando de operaciones especiales, que es como se llama esta tropa de asesinos, actúa en secreto y ha estado implicado en otras operaciones, como el secuestro de un turco alemán que estuvo cuatro años por la cara en Guantánamo hasta comprobarse que se trataba de un error.

Conviene decir que aunque el hecho ha causado un cierto escándalo en Alemania (menos, en otros lugares), aún no ha merecido una investigación del Tribunal Penal Internacional, ni una mención en Naciones Unidas, pongamos por caso, ni, mucho menos, que Alemania decida sacar de Afganistán a estos cafres. Tal vez merezcan el nobel de la paz por estar haciendo en la práctica lo que teoriza el actual premio nobel de la paz.

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