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Educación militarizada en Extremadura: los cursos del CPR de Badajoz

Por Lav Ulv

Acompañamos a continuación el texto que nos ha aportado Chema Álvarez, que nos autoriza a su publicación y a quien le agradecemos la colaboración. El mismo lo ha editado El Diario.

Para quienes venimos de la cultura antimilitarista y pacifismo a secas de los años 80 y 90, la que lideró en España el movimiento de desobediencia civil al servicio militar que utilizaba la insumisión como estrategia y que finalmente logró acabar con esta leva obligatoria, chirrían iniciativas como la del Centro de Profesores y Recursos de Badajoz, que organiza durante el mes de octubre el curso titulado Mundo actual y políticas de paz, dirigido al profesorado de centros educativos de su demarcación e impartido por personal adscrito al  Instituto Español de Estudios Estratégicos, un organismo del Ministerio de Defensa que, según expresa en su página web, se dedica a fomentar entre la ciudadanía una “Cultura de la Defensa como asunto de indudable trascendencia”.

Dos coroneles del ejército (uno de ellos de la OTAN) y tres analistas del mencionado instituto son los encargados de impartir las ponencias, algunas de ellas con títulos como “Recursos didácticos y propuestas metodológicas para integrar los contenidos de paz, seguridad y defensa en el aula”. No hay, pues, ningún ponente que no pertenezca al estamento militar ni, mucho menos, que sea docente o esté relacionado con la enseñanza pública obligatoria.

Ya de por sí la LOMCE eliminó buena parte de los contenidos relacionados con la Educación para la paz que, de modo transversal, introdujo en su día la LOGSE, una Ley que en su desarrollo curricular admitía enseñanzas en la noviolencia y la desobediencia como estrategia de participación política. El fin del Servicio Militar Obligatorio, acelerado por el empuje de un movimiento pacifista imaginativo, diverso y convencido de la eficacia de sus principios de acción, vino acompañado de una estrategia de gobierno que trataba de lavar la imagen de un ejército y de un modelo de Defensa cada vez más cuestionados, pero que sobre todo precisaba una renovación en cuanto a la percepción de la ciudadanía que le permitiera disfrutar del elevado gasto militar sin cuestionamiento alguno.

Esta nueva estrategia de Estado, motivada por la necesidad de crear un ejército profesional de tropa voluntaria, pasaba por introducir el fundamento militarista de esta institución  en la escuela, con charlas cuyo propósito era actuar como banderines de enganche dirigidas al alumnado de aquellos cursos cercanos o rayanos con el fin de la educación obligatoria, los 16 años, preferentemente de zonas geográficas donde un alto índice de fracaso escolar se unía a un elevado nivel de desempleo y precariedad laboral. Hablo de regiones como Andalucía y Extremadura.

Así, bajo la imagen de un ejército moderno, bien dotado tecnológicamente, que prometía a nuestros jóvenes una profesión con futuro en una especie de parque de atracciones similar a PortAventura,  donde uno podía ejercer deportes de riesgo tales como tirarse en paracaídas, bucear, pilotar aviones o zódiacs, con chicas reclamo que parecían más modelos de revista que soldados, muchos jóvenes se engancharon con la idea de que, al fin y al cabo, siempre podrían ir a ayudar en las llamadas “misiones humanitarias”, una expresión propia de la neolengua orwelliana acuñada por los sucesivos gobiernos españoles para camuflar o edulcorar la imagen del intervencionismo puro y duro allende nuestras fronteras.

Desde el Estado Español se aplica ese calificativo, “misión humanitaria”, a un conjunto de acciones que desvirtúan el significado de dicho adjetivo y perjudican seriamente a las organizaciones civiles independientes que desarrollan su labor rechazando cualquier empleo de la violencia. Desde Felipe González, el Ejército Español ha llevado a cabo 87 intervenciones militares fuera de España: 21 con Felipe González, 23 con Aznar, 22 con Zapatero y 21 con Rajoy, sin que los españoles hayamos podido averiguar cuánto nos ha costado cada una de ellas o todas en su conjunto.

El concepto de seguridad y de defensa que se tiene desde lo militar es muy distinto y está muy lejano de casar de algún modo con el concepto de Educación para la paz que enseñamos como docentes en nuestras aulas. Mientras que el Estado y el Ejército asumen un concepto de paz negativa, fundamentado en la ausencia de violencia directa (si vis pacem, para bellum), la Educación para la paz asume un concepto de paz positiva, fundamentado en la ausencia de la violencia estructural (si vis pacem, para pacem).

El modelo de Defensa del Ejército y del Estado Español no excluyen el uso de la fuerza y la aniquilación violenta del oponente como modelo de resolución de conflictos, mientras que el pacifismo (no me vengan con que los militares también son “pacifistas”) asume que la no violencia debe ser el camino para lograr la reconciliación, mediante el uso de estrategias que excluyen la agresión o aniquilación de ese oponente.

Por otra parte, el concepto de seguridad desde el ámbito militar del Ministerio de Defensa se centra en la defensa territorial y alimenta el culto a un conjunto de valores patrios militarizados que excluyen por lo general a quien discrepe de los mismos: bandera nacional, himno, concepto de nación, obligación de obediencia debida, verticalismo, jerarquías, uniformidad, etc.

La seguridad, vista desde la Educación para la paz y el pacifismo, atiende a las causas estructurales de la violencia, e incide en un modelo de Defensa nacional que nos proteja de la pobreza, el desempleo, la explotación, la violencia machista, la discriminación, la falta de protección sanitaria, la ignorancia en todas sus formas y un sinfín de agresiones diarias contra la ciudadanía que la convierten en pasto de los lobos.

El curso del CPR de Badajoz, impartido exclusivamente por militares o adscritos a la institución del Ejército, dice mucho acerca de por dónde van los tiros en educación. No sólo lamento que el proselitismo militarista haya podido llegar a nuestras aulas, sino que, además, se destine dinero de la Consejería de Educación y Empleo de la Junta de Extremadura a pagar un curso a quien ya va bien pagado. Se estima que el gasto militar español para 2017 será de 34.068,29 millones de euros, 4,46 veces más del gasto militar oficial, establecido en 7.638,54 millones.

La organización Utopía Contagiosa, que lleva años vigilando este gasto, ha publicado recientemente su informe sobre la elaboración actual de los Presupuestos Generales del Estado, donde se incluye el gasto no declarado como militar pero que es camuflado en otras partidas presupuestarias, como nuestra participación en la OTAN y las recientes misiones en Letonia. Quien desee lo puede ver detallado en su página. Cabe decir que el gasto destinado en los mismos Presupuestos Generales del Estado para Educación en España es durante este año de 2.525 millones de euros.

Por último, para mayor escándalo no podemos dejar pasar la ocasión sin mencionar que el Gobierno español es uno de los vendedores de armas al régimen de Arabia Saudí, sospechosa de facilitar esas mismas armas al grupo terrorista ISIS vía Irán. Todo ello relacionado directamente con los ataques terroristas y esa cruel locura que nos asola. Ahí queda eso para explicarlo en el curso del CPR de Badajoz.

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¿Hay alternativas al enfoque militarista y nacionalista del conflicto?

Por Erreache

La Ministra de Defensa se está prodigando en estos días en amedrentar sobre algo que considerar de su incumbencia y competencia, el tema catalán.

Los ingredientes del discurso nacionalista y militarista

Que el tema catalán produce sarpullidos en la derecha española es algo evidente e incorregible. Igual ocurre con el ejército, predispuesto siempre a salvaguardar la unidad de destino en lo universal que, al parecer, sigue siendo esto de las Españas es su concepción del mundo.

Y como doña Cospedal reúne tres sustancias en un solo ser verdadero, pues inequívocamente representa la derecha más reconocible de la derecha española, es además ministra de Defensa y, por si faltara algún ingrediente, suele tener cierta propensión a la bravuconada, el coctel está servido.

Nos dice Doña Dolores, lo leemos en La Vanguardia, que los independentistas caerán bajo el peso de la ley, como si la ley fuera algo parecido a la ley de la gravedad y la caída de los graves inexorable descenso a los infiernos. Bajo esta visión tan simplista se nos ofrecen todos los ingredientes para la polarización y la escalada de un conflicto que, evidentemente, no se resuelve a cañonazos.

a) Se agrupa en una única categoría a toda la plural y amplia expresión de malestar que se da en Cataluña, bajo la denominación de “los independentistas” (¿no hay matices, son todos lo mismo, es igual el político que aprovecha una jugada política que el ciudadano que sale a la calle…)

b) Se los considera el antagonista, el enemigo, al que no se le reconoce valor y

c) Se propone como solución su “caída” bajo el peso (muy pesado y tal vez poco adecuado para estos menesteres) de la ley.

En Expansión nos comentan que Cospedal, también refiriéndose al tema catalán, ha manifestado que los españoles

nos sentimos orgullosos de las Fuerzas Armadas,

que éstas

nos hacen sentirnos honrados de contar con ellos para proteger lo que más queremos: nuestras familias, nuestro barrio, nuestro Estado de Derecho

y que

 nadie puede arrebatarnos el orgullo de ser español, el honor de sentirse español, ni el amor por la patria, 

produciendo otra generalización abusiva, pues no tod@s al otro lado del Ebro nos identificamos ni con el ejército, ni tenemos ningún motivo para sentirnos orgullosos de tal institución o de su papel a lo largo de nuestra historia de tropiezos y desastres, ni, menos aún, sentimos esa identificación de nacionalismo españolista que la ministra considera tan unánime.

Aprovechemos para decir que el cóctel que la ministra prepara ofrece una nueva simplificación, tan abusiva como la anterior, de los actores del conflicto, en este caso los nuestros, todos unidos bajo un mismo interés de imponerse, frente a los otros, a los que no se reconoce nada, también unidos como “enemigos” bajo idéntico interés de prevalecer. Y ello, sobre todo, sirve al interés militarista de abordar este conflicto desde las claves más desastrosas posibles, las que unen los nefastos ingredientes de conflicto, nacionalismo y Estado.

En ABC, con mayor apoyo a la versión ultranacionalista del PP, nos explican que la ministra afirmó en un seminario sobre «Fuerzas Armadas y Sociedad Civil: la participación de la mujer en la vida profesional», que el ejército tiene la misión de

garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional“,

lo que acaba de cerrar el círculo estrecho y nefasto de nacionalismo-ejército-violencia, la nefasta relación que ha dado lugar a tantas guerras a lo largo de la historia.

De este modo, las cosas, en la mentalidad nacionalista española (vale también para la catalana o para cualquier otro nacionalismo) el conflicto se tiende a polarizar en algo parecido a un choque de trenes y de legitimidades, choque en el que se afirma que tenemos algún tipo de “esencias” nacionales irrenunciables que se encuentran en peligro, se amplifica y exacerba una supuesta lista de agravios y justificaciones, se desconoce y demoniza al otro, al que no solo no se le reconoce sino que pasa a la categoría de enemigo y se “justifica” su eliminación o represión, se pretende su rendición incondicional y se legitima cualquier medio para ello.

Una alternativa a la visión de los conflictos

Aprovechemos para señalar la interrelación entre conflicto y modelo de defensa, algo de lo que hemos tratado en extenso en nuestro libro “Política noviolenta y lucha social. Alternativa noviolenta a la defensa militar“, editado por Libros en Acción, capítulo 2.

El conflicto es entendido en la visión militarista como algo negativo, a evitar o reprimir.  Pero no es la única posibilidad de abordarlo, como podemos ver en el siguiente cuadro:

Para la visión negativa del conflicto se opta por negar la existencia del conflicto o por ocultar los perfiles del mismo que no nos interesan. Fomenta una sensación de paz negativa mientras que las políticas estructurales y culturales que aplican los gobiernos o elites no son neutras y de manera más o menos subrepticia fomentan y alimentan las causas generadoras o profundas del conflicto (políticas económicas insolidarias, dependencia, exaltación cultural de nacionalismo, creación de enemigos, culto a la violencia, etc.), según el siguiente cuadro

Un enfoque alternativo rompe este círculo vicioso

 

De este modo, el enfoque erróneo de los conflictos desde esa urdimbre nacionalismo/Estado, tal como aparece en el propio esquema de pensamiento de Dolores de Cospedal y de las visiones simplificadoras y nacionalistas responde a una visión negadora del conflicto y del punto de vista del otro y afirmadora de la legitimidad y la imposición, incluso militar, del propio discurso, algo que no sirve sino para cronificar el conflicto y polarizarlo.

A lo largo de la historia los conflictos se han abordado por los Estados de diversas formas, según este esquema y según el enfoque principal elegido sea de competición con un adversario, de intento de transformación del conflicto o de negación del mismo e intento de obviarlo:

¿Es posible trascender esta visión nacionalista y militarista?  Desde nuestro punto de vista sí, pero ello necesita un cambio de los ejes y de los enfoques del conflicto, para abordar no el problema “nacionalista” de uno y otro lado, ni su correlato de seguridad militar, sino el problema de seguridad humana, de violencia estructural y cultural que mutuamente comparten ambas sociedades en conflicto y que seguirán compartiendo juntas o separadamente. Ello conlleva romper con una dinámica que, en la actualidad, alimenta el Estado de anteponer el discurso nacionalista de la unidad incondicional, la visión del otro como enemigo y la estrategia de derrota absoluta, para pasar a otra que busque los intereses compartidos de sus sociedades respecto a reivindicaciones que la sociedad ha manifestado inequívocamente: de convivencia en paz, reconocimiento del otro como igual y de sus necesidades y opciones como sociedad, de la reclamación compartida de mayor justicia y de convivencia, de mayor conocimiento del otro, y de resolución noviolenta del conflicto.

En suma, las élites de los bandos enfrentados deberían renunciar a sus intereses (partidistas y personales) y promover una transformación tanto de la escalada agresiva del conflicto en sí como de los contenidos de lo que hay que negociar, para pasar del discurso militarista y nacionalista a una apuesta por resolver contenidos concretos de mutua negociación en lo que tiene que ver con la seguridad humana (derechos humanos, necesidades sociales básicas, derechos culturales, educación, sanidad, trabajo digno, renta básica, corrupción política, agotamiento del sistema político de la transición, etc.).

¿Apuestan las élites de uno y otro bando por un cambio de mentalidad?

El bando españolista ofrece un repertorio pesimista al respecto. Desde los viejos socialistas extractivos pidiendo la aplicación del artículo 155 de la Constitución (Felipe Gonzalez) o la intervención directa del ejército (Alfonso Guerra) hasta la derecha más retardataria alimentando los impulsos de su extrema derecha en Madrid, o un Aznar desmesurado y furibundo tachando de blando a Rajoy, pasando por la humillante (si no fuera tan grave diríamos hilarante) posición de la prensa española, desde El País a la Razón pasando por toda la escala de grises, pardos y negros, el espacio para la alternativa parece difícil.

Si faltaba algún ingrediente, es el 12 de octubre, día en teoría de la “hispanidad” que vino a sustituir al anterior día de la raza de cuando Franco y que, por más que nuestras autoridades han pretendido que es una fiesta de todos, es una fiesta del ejército y de sus visiones del mundo. Y este año, nos informa El Diario, promueven el lema “#orgullosodeserespañol”, lo cual no hace sino reforzar la visión empobrecedora de nuestra realidad y la versión militarista del nacionalismo español que tanto interesa a la derecha cospedaliana, al militarismo hispánico y a esta élite extractiva que siente como se les empieza a escapar de las manos, como agua, la legitimación del entramado de privilegios y sumisiones sobre los que han construido su idea de España, su orden público y la mordaza de leyes inexorables, como la ley de la gravedad, con que nos gobiernan.

El campo nacionalista catalán parece igualmente dispuesto a la confrontación en términos puramente estatales, sin capacidad para aprovechar en una línea alternativa la marea de desobediencia civil de la gente, una marea que no se moviliza solo ni principalmente en favor de la “independencia” y sí lo hace desde la indignación y desde la apuesta por alterativas mas cercanas a la idea de seguridad humana.

La esperanza se abre algo con la apuesta desde diversos sectores sociales que llama al diálogo y rechaza el enquistamiento actual de los partidos políticos, algo que ha dado lugar en las plazas y ciudades a un espontáneo (e impreciso, hay que decir) movimiento por el diálogo que hay que ver en qué desemboca.

Trabajar para el día después

Con todo, la solución previsible de un tal choque de legitimidades y trenes, no hará sino cronificar la situación de fondo, por lo que hemos de estar preparados para el día después seguir trabajando en una visión alternativa de transformación (mejor que resolución que parece mas idílico pero menos posible) del conflicto.

Por nuestra parte, trabajar para desenmascarar el peligroso nacionalismo español (y cualquier otro nacionalismo) y para transarmar el modelo de defensa que propone, los ejércitos, será nuestra más específica contribución a este propósito.

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Las grandes diferencias entre la paz negativa y la paz positiva

Imagen de Onasill Bill Bazdo

Fuente:  Amnistía Internacional.

Nos cuenta Jelena Sesar, investigadora sobre los Balcanes, los recuerdos de varias mujeres sobre la guerra que marchitó sus vidas.  Son escenas nítidas, potentes, que delatan la inhumanidad de quienes las ejecutaron:

Los vi llevarse a mi padre y a mi hermano pequeño. Los mataron brutalmente y dejaron los cuerpos en el campo, al lado de la casa. Mi padre era anciano y frágil

¿Qué sentido tiene llevarse para matarlos a un joven y a un anciano?  ¿Qué peligro suponían?  ¿Qué elemento táctico o estratégico de la guerra se cumplía con ello?  Posiblemente ninguno, salvo el terror.  Quizá acciones más personales encubiertas por el gran amparo de las necesidades de la guerra y la ubicua disculpa de los daños colaterales.

Ese fue sólo el principio del terror. A Elma la llevaron a lo que se conocía como “campo de violación”, donde los grupos paramilitares que volvían de sus misiones en primera línea la violaron colectivamente cada día. “Me pegaban y me violaban, a mí y a otras jóvenes, a menudo en grupo”, añade. “Llevaban pasamontañas y me preguntaban si podía adivinar cuál de ellos estaba encima de mí”.

Como consecuencia de la violencia, perdió a su bebé y sufrió lesiones en la columna de las que nunca se ha recuperado.

Y, luego, mucho más tarde, la paz.  Una paz que no es reparadora sino mera ausencia de guerra.  Todos pensamos que la ausencia de guerra, esa paz llamada negativa, es un gran paso, algo necesario e imprescindible.  Pero, ¿imprescindible para qué?  Quizá con las declaraciones que nos ofrece Jelena se nos aclaren los conceptos y entendamos que la mera ausencia de guerra no significa paz para muchas personas:

Un cuarto de siglo después, se siente olvidada y abandonada por el gobierno e incluso por su propia comunidad. No tiene empleo y necesita urgentemente asistencia médica y psicológica para tratar de reconstruir su vida.

25 años después no se han reparado las heridas psicológicas y sociales que provocó una guerra que nosotros ya, casi, hemos olvidado.  Para mucha gente aquella guerra sigue siendo una parte importante de su presente, de sus costumbres, de su personalidad, de sus miedos:

Mujeres como Sanja, que estuvo cautiva y fue violada en reiteradas ocasiones por un soldado y sus camaradas, contra los cuales las autoridades no han adoptado ninguna medida. “Ya no confío en nadie, especialmente en el Estado”, dijo. “Todos me han fallado.”

Una mujer que fue violada múltiples veces por paramilitares en su casa dice que la mayoría “de las supervivientes no vivirá lo suficiente para ver que se hace justicia. En unos años no quedarán supervivientes, perpetradores ni testigos con vida”.

Las disculpas son importantes para nosotras”, me dice Elma. “Nos demuestran que la sociedad reconoce que no fuimos responsables de lo que nos pasó y que la culpa está en otra parte. Cuando vi a uno de los criminales de guerra condenados reconocer su culpa y venirse abajo en el juicio, diciendo que sentía realmente todo lo que había hecho, me sentí profundamente conmovida. Lo perdono un poco”.

El trauma psicológico y los problemas físicos sin tratar causados por la violencia sexual podrían impedir que muchas mujeres encuentren trabajo y mantengan su empleo. Por lo general, las víctimas de violación en tiempo de guerra experimentan tasas elevadas de desempleo y pobreza, y constituyen uno de los grupos económicos más vulnerables de Bosnia y Herzegovina.

El concepto de paz positiva no se fija tanto en la ausencia de guerras como hace el modelo de defensa militar, sino en aspectos que tienen que ver con la Seguridad Humana, como todo aquello que tiene que ver con defender las posibilidades de desarrollar una vida más plena en el plano personal, social y ecológicamente:  la posibilidad de sentirse acogido en el seno de la comunidad, la posibilidad de confiar en las personas para poder relacionarte, la posibilidad de estar sano psicológicamente, la posibilidad de tener empleo, casa, sanidad, etc., la posibilidad de vivir plenamente una vida digna.  Sin embargo, las mujeres violadas en la guerra de los Balcanes no se sienten así porque en 25 años nadie les ha ayudado, ni reconocido.

Según el derecho internacional, las autoridades de Bosnia y Herzegovina son responsables de ofrecer justicia, verdad y reparación a las víctimas de crímenes de guerra, pero los sucesivos gobiernos les han fallado por reiteradas razones legales y políticas. Desde que en 2004 comenzaron los juicios por crímenes de guerra en Bosnia y Herzegovina, menos del 1% del número estimado de casos de víctimas ha llegado a los tribunales. Con una ingente cantidad de casos de crímenes de guerra pendientes, los tribunales de todo el país sólo han juzgado 123 casos de violencia sexual.

Aunque en los últimos años ha habido considerables avances en los programas de protección de testigos y una mejora general de la calidad de los enjuiciamientos de estos casos, siguen existiendo otros problemas que dificultan que se haga justicia y crean una sensación generalizada de impunidad. Los tribunales de algunas partes del país tienen un índice elevado de absoluciones y otrosimponen condenas reducidas, permitiendo que los perpetradores de crímenes de guerra se libren con sólo pagar una multa. Teniendo en cuenta la enorme acumulación de casos y la penosa lentitud de las actuaciones judiciales, es probable que la mayoría de los perpetradores nunca comparezca ante la justicia.

Aunque las víctimas del crimen de guerra de violencia sexual son algunas de las más vulnerables del país, sólo alrededor de 800 han podido acceder al estatuto especial y a un subsidio básico. La existencia de estas ayudas no está garantizada universalmente en todo el país. A algunas supervivientes se las discrimina por su lugar de residencia, y que otras cambian su domicilio oficial para tener derecho a recibir una pequeña ayuda económica en las zonas donde ésta existe. Estos malabarismos administrativos dejan a menudo a estas mujeres sin atención médica o psicológica básica en los lugares donde viven realmente.

Pero la inexistencia de un programa formal de resarcimiento obliga a las víctimas a sortear los complejos sistemas de la seguridad social y judicial sin ayuda, a menudo con resultados inciertos.

Todos estamos de acuerdo en que el momento más difícil para ayudar a una zona en guerra es el periodo bélico, pero ¿qué ocurre con el antes y el después?  En ambos periodos es mucho más factible realizar acciones desde nuestro rico primer mundo, o al menos financiarlas para que las ejecuten ONG de la zona.  El apoyo previo y decidido a aquellas apuestas locales por la paz, el diálogo y el compromiso podría evitar guerras. El apoyo posterior a todos las víctimas de la guerra podría borrar muchas de las huellas del conflicto y podría conducir a que se hablasen seriamente y se llevasen a cabo iniciativas en las que las partes enfrentadas realmente analizasen el fondo del conflicto y pudiesen tener compromisos constructivos y pacíficos de entendimiento.

Aquí nuestra responsabilidad es grande desde nuestro remanso de ficticia paz.  Responsabilidad porque somos corresponsables de las guerras que ocurren lejos de nuestras fronteras con nuestras políticas económicas imperialistas y generadoras de desigualdad, con nuestra exportación de armas para el lucro de nuestras elites.  Y responsabilidad porque no hacemos nada positivo con nuestra políticas internacionales a nivel estatal, ni con las políticas a nivel de comunidad autónoma o ayuntamiento.

Sin embargo, pasamos de una guerra a otra a golpe de noticiario.  Todas nos espantan pero nada aprendemos, nunca cambiamos de paradigma.  Y es necesario hacerlo, debemos formarnos e investigar los dos conceptos:  paz negativa y paz positiva.  De ellos depende nuestra solidaridad y la vida y su calidad de muchas personas del mundo.

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Militarizar a los observadores para misiones de paz

Imagen de Ministerio da Defesa Brasil

Fuente:  One Magazine.

El Ejército de Tierra convoca un curso de 4 semanas para formar Observadores para Misiones de Paz.  Ya hubo otro entre mayo y junio pasados.  También desarrollan cursos para Operaciones de Paz.

No les basta con militarizar las iniciativas de paz diversas que se producen en los conflictos internacionales.  La presencia de soldados, marineros, aviadores y guardias civiles no es suficiente.  Necesitan que, también, los observadores civiles tengan formación militar.

La oferta es inigualable:  no se exigen gastos para matricularse.  Ofertón que en cualquier curso civil no se ve.  ¿Por qué será?

Mucho nos tememos que el curso sea meramente otra forma de propaganda militar dado que una de las “prácticas” que se harán por la tarde será en un campo de maniobras de Toledo.  También, en uno de los cursos, se ofrece una visita a la División Acorazada XII, para conocer su misión de primera mano.

Se trata de un curso en el que se entiende a los observadores de paz como parte de la acción exterior y militar española, como representantes del gobierno español, no de la sociedad, sino del gobierno.  Por lo tanto, su visión del conflicto ha de estar muy mediatizada por lo que es actualmente la política exterior española:  militarismo e intervencionismo.

¿Dónde queda la ética de los observadores, dónde queda la neutralidad, la noviolencia?

¿Dónde queda una visión crítica de los conflictos y de la violencia que en ellos se desarrolla?  Porque, pensamos que es muy importante que un observador dé fe de qué es lo que está ocurriendo en un conflicto, pero su mirada se va a fijar en aquello para lo que esté entrenado.  Si su visión es militarista, reproducirá ese militarismo en su intervención en el conflicto que observa.  En cambio, si su mirada es alternativa y noviolenta esta perspectiva se verá reflejada.

¿Será de esta manera tan militarista como funciona la cuestión de los observadores de misiones de paz?

Mucho nos tememos que sí y para prueba un botón:  nos informa El Periódico que “España tiene preparados a 22 observadores para verificar el alto el fuego en Colombia”.   Pues bien, entre los 22 hay militares, policías y guardia civiles.  Ni un sólo civil, nadie de una ONG aunque estén ya en el terreno y hayan demostrado muchas veces sus altas capacidades para estas labores.

Eso sí, como los observadores que se necesitan en Colombia son civiles porque es una misión política, nuestros militares, policías y guardia civiles irán camuflados de civiles:

En total, España enviará en total entre 350 y 400 observadores, tal y como confirmó el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, y parte de ellos serán militares que acudirán ‘de paisano’, ya que se trata de una misión de carácter político.

Otro tema de paz que se militariza:  los observadores de paz.

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Colaboración universitaria con la industria militar

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Por Gotesan

Fuente: Infodefensa

Quienes suponen que la universidad debe ser un lugar para promover la cultura y lo mejor que podemos dar al género humano en cuanto a transmisión de conocimientos, pueden verse apesadumbrados cada vez que se enteran de que una universidad cualquiera se convierte en apéndice de la industria militar y colabora creando sus ingenios mortíferos.

Es el caso, en nuestro ejemplo de hoy, de la Universidad Carlos III, de Madrid, que ha firmado un acuerdo con Navantia, uno de los sumideros por donde la industria militar nos arruina con deuda perpetua, para diseñar el sistema Scomba de las fragatas F110 que Navantia está fabricando (por cierto, unas con vistas al ejército español y otras con vistas a venderlas a civilizados países como Arabia Saudí, nuestro gran cliente).

El Departamento de informática de la Universidad, a través de su grupo de investigación de inteligencia artificial aplicada, será el encargado de ensuciar el prestigio de la Universidad abrazándose con el militarismo más rancio y belicoso.

Ya lo ven, la cultura de la defensa, en el criterio compartido de Defensa y la Universidad, no pasa por culturizar la defensa, sino por militarizar la cultura.

Nos podremos preguntar si en el curriculum de los investigadoras que colaboren con esta aplicación militar podrán poner, por ejemplo, calaveras negras, una por cada mil individuos agraciados con el soporte mortífero de estos aparatos, para así darse mayor prestancia. ¿O contarán con una mención del tipo “ayudé a que Arabia Saudí engrandeciera su idea del poder en las siniestras guerras donde utilizó el fruto de mi esfuerzo”?

Tal vez otros profesores de esta universidad, por ejemplo los del instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas, también dependiente de la Universidad Carlos III, podrían modificar el programa para justificar la guerra como un derecho humano en consonancia con la colaboración a la misma que ya prestan otros departamentos universitarios.

Sería todo un bonito ejemplo de integración de saberes y una buena mordaza para las conciencias más críticas.

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Turismo de guerra: ¿turismo ético?

Imagen de txindoki

Fuente:  Tourinews.

Nos hace reflexionar la información sobre que está en auge el turismo para visitar los parajes donde ocurrieron grandes batallas (Normandía, Pearl Harbour, la Guarida del Lobo hitleriana, y un largo etcétera).

Está muy bien conocer la historia, es indispensable para no caer en los errores del pasado.

¿Pero qué historia se contará a los que hagan estas visitas?  Mucho nos tememos que será la habitual:  la historia en la que somos los buenos atacados por los malos, la historia en la que se muestran las líneas del frente, los avances y retrocesos, la historia en la que se habla de los “adelantos” técnicos que desequilibraron batallas, en las que se suceden los heroísmos patrios y los horribles atropellos de los salvajes ajenos.

En fin, unas batallas y unas guerras llenas de patriotismo, militarismo, violencia, inhumanidad, pero reflejadas en la actualidad soleada, biendesayunada, cómoda, segura y ajena a las guerras de nuestro primer mundo.  ¿Acaban estas empresas siendo meras colaboradoras y propagandistas del militarismo?

¿Cómo sería visitar un hospital (o sus ruinas, mejor dicho) en Alepo, cómo sería visitar el resultado de un bombardeo en Yemen?  ¿Cómo sería visitar un país sin país y sin futuro como Palestina?

¿Sentiríamos lo mismo, pensaríamos lo mismo?

Seguramente ni iríamos a viajes así.  Una cosa es aprender historia militar cómodamente y otra, muy distinta, ver los horrores de la guerra in situ,  ver sus mutilados, viudas, violadas, famélicos, niños soldados, en directo, mirándote a los ojos y pensando que estás faltándoles al respeto visitándoles como si fuesen un espectáculo y no solidarizándote con ellos como sería menester.

La guerra deja dinero, aunque sea tras muchos, muchos años.  En el primer mundo estamos ávidos de negocio, sin plantearnos, por supuesto, dilemas éticos.

Hay una empresa viguesa que puede ser el ejemplo de todo esto:  Bobyblue.

Como se ve en su web se pone al mismo nivel el ecoturismo, el turismo del bienestar, el turismo de aventura y el turismo militar.

Todas las empresas deben tener una responsabilidad social que debe cubrir muchos aspectos de su negocio.  Suponemos que también se les debe exigir una responsabilidad ética contra la violencia de las guerras.

 

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La cultura de defensa consiste en que el buque escuela de la Armada sirva de crucero a gastos pagados a ministros y familiares

Imagen de juantiagues

Fuente:  El Diario.

El buque escuela Juan Sebastián Elcano se dedica, además de a instruir a nuestros militares marineros en la desusada militarmente navegación a vela, a hotel de lujo, dando camarotes gratis a familiares del Ministerio de Defensa.

Un caso más de mala praxis en el Ministerio de Defensa y de despilfarro militar.

Ignacio López del Hierro, el marido de la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, fue uno de los pasajeros ilustres a bordo del Juan Sebastian Elcano. Ocupó uno de sus camarotes durante la última etapa de la travesía con la que el buque escuela de la Armada conmemoraba su 90º aniversario, un viaje entre los puertos de Marín (Pontevedra) y Cádiz con todos los gastos pagados.

La explicación, la habitual, es una tradición.  De ella participan los familiares de trabajadores (de alto rango, entendemos) del Ministerio de Defensa e, incluso, los titulares de la cartera, y otros titulares de ministerios ajenos como García Margallo (y mujer) y Zoido, al parecer cuando era alcalde de Sevilla.

El Ministerio quita importancia a la presencia de López del Hierro en ese crucero y asegura que siempre ha habido parientes de altos cargos, también “durante la época del PSOE”. Junto a ellos, “abogados, médicos y periodistas” a los que se permite subir a bordo como parte de una labor de “divulgación de la cultura de Defensa”.

El cinismo, el no asumir las responsabilidades del cargo, el pensar que el ministerio y lo que contiene o administra son su propio cortijo, el desprecio a la ciudadanía media que ni por asomo podrían pagarse un crucero así, etc., se venden como Cultura de la Defensa.  ¿En esto consiste la Cultura de Defensa?  No nos extraña que no se sientan respaldados por la ciudadanía.  Es una vergüenza su concepto.

Y, a su modo, tienen razón; es cultura de la defensa de las elites, de los violentos, de los militaristas.

Por una vez la noticia se hace eco del responsable:  el almirante jefe del Estado Mayor de la Armada, esta vez Teodoro López Calderón, que es quien decide directamente quién, de entre los solicitantes, merece el crucero de 4 días a gastos pagados.  ¿Dimitirá por ética?  ¿Algún alto cargo lo cesará para que no caigan las responsabilidades de encubrimiento en él?

La cifra de civiles agraciados este año con el crucero no es pequeña:  90.  Viajaron con 171 militares.  2/3 del pasaje total.  Demasiado para algo tan serio como es la Defensa Nacional.

Por otro lado, ¿es necesario un buque escuela como Elcano?  No son ya demasiadas las polémicas, muchas muy turbias, con las que nos regala, año sí y año también:

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Agnotología militar

Imagen de Mikel Ortega

No conocíamos el término agnotología.  Según wikipedia:

La agnotología (del griego ἄγνωσιςagnōsis, “desconocer” (griego ἄγνωτος “desconocido”​), y -λογία-logía. Es el estudio de la ignorancia o duda culturalmente inducida, especialmente a la publicación de datos científicos erróneos o tendenciosos.

El término fue acuñado por  Robert Proctor, profesor estadounidense de Historia de la ciencia y de la tecnología en la Universidad de Stanford.​ De forma más general, el término también hace referencia a los casos cada vez más comunes en que un mayor conocimiento de un tema resulta en que se tengan más dudas que al comienzo.

Robert Proctor investiga cómo la ignorancia se genera activamente en la sociedad a través de fuentes como el secretismo militar o judicial y por medio de políticas deliberadas. La manufactura de la ignorancia es muy común, como en el caso del calentamiento global o la teoría de la evolución, que siguen poniéndose en duda en algunos colectivos, como si no se tratara de verdades científicas. El autor afirma que este tipo de tecnología de la desinformación surge de la industria tabacalera.

¿Se puede cultivar la ignorancia en lo militar por medio de técnicas previstas y que tengan como función que sepamos más, pero sin llegarnos a enterar de nada, realmente?  ¿Tiene algo que ver con esta sociedad de vértigo digital en la que cada vez tenemos más información pero en la que somos incapaces de discernir algo con claridad?

Es mucho lo que se puede pensar sobre este tema.  Y posiblemente sea necesario hacerlo y pararnos a diferenciar qué es lo que vale la pena y lo que no.

Sólo vamos a hacer un pequeña contribución al tema:  son varias las formas que se nos ocurren para fomentar la agnotología militar:

1.-  La más clásica, la más sólida y contundente:  no dar información.  Durante muchísimo tiempo en nuestra democracia era lo habitual, había muy pocas fuentes públicas de información sobre lo militar:  la Revista Española de Defensa, las revistas de los Ejércitos y muy poco más.  Todo ello era, además, muy poco accesible:  pocos kioskos sabían darte noticias sobre cuándo estarían las revistas disponibles, por ejemplo.  Como nadie sabía, nadie opinaba (eso pensaban).  Pero en aquella época había una gran fuente de información oral:  el Servicio Militar Obligatorio.  En él ocurrían cosas continuamente y muchas de ellas no hablaban bien de lo militar y del militarismo.  ¿Qué ocurría en las salas de mando?  Poco se sabía, mucho se especulaba.

2.-  Abrumar con información.  Era conocido y temido por este hecho el ministro Narcís Serra.  Se volvieron míticas las jornadas en las que informaba a la Comisión de Defensa con muchísimas transparencias, un ritmo rápido y una duración desaforada.  Al final los diputados no sabían qué preguntar porque estaban saturados.  Nosotros, desde hace unos pocos años, hemos seguido las sesiones donde se informaba de los Presupuestos del Ministerio de Defensa:  lluvia de epígrafes, partidas, cifras y análisis.  Resultado, no hay quien se entere, sobre todo si el ponente, y suele coincidir, no es muy ordenado.

3.-  Dar informaciones con poco tiempo de antelación para su estudio.  El ejemplo es el mismo:  los diputados de la Comisión de Defensa siempre se quejan de que el Ministerio de Defensa les ha dado la información en el mismo momento, la misma mañana, el día anterior como mucho.  Así, reclaman, es imposible un estudio sosegado y, añadimos nosotros, sobre todo crítico.  El PP se lo recriminó al PSOE y luego el PSOE al PP.  Pero nadie lo evita, nadie es capaz de proponer una norma parlamentaria en la que las informaciones se deban dar con un par de semanas de antelación.

4.-  Dar exclusivamente información técnica y con lenguaje críptico.  Los militares son muy dados a los acrónimos y siglas.  Y ya cuando hablan de armamento no digamos:  unen números y terminología en inglés.  Entrar en el análisis de un documento militar puede ser muy duro:  una primera lectura nos indicará, más o menos, de qué se está hablando.  Luego será necesario hacer un breve (o no tanto) estudio y memorización de las siglas utilizadas que suelen poner en un anexo.  Tras ello habrá que hacer algunas lecturas más, poco a poco, para acabar concluyendo alguna que otra cosilla, no más.  Si tenemos la suerte (es un decir) de que sea el Tribunal de Cuentas el que analiza un asunto militar con la información económica y las opiniones que le han pasado desde el Ministerio de Defensa, tendremos que tomarnos varios fármacos contra el dolor de cabeza porque aquí se junta el críptico lenguaje militar con el críptico lenguaje económica y el rizo se riza del todo.

5.-  Dar información poco relevante.  Y es que debe haber algún método oculto por el que los altos mandos tanto políticos como militares, llegan a esas altas cotas de concisión y oscuridad en la que la información que dan no significa nada.  Podemos hablar de las misiones militares en el exterior, por ejemplo, en las cuales no se dirá nunca su número, su coste y, mucho menos, las razones que tenemos para estar “proyectados” (eufemismo para no decir “invadiendo”) en medio mundo.  El uso de frases hechas que buscan la plácida aquiescencia de la población es la norma imperante.  Se puede hablar una hora entera, pero el escuchante no saldrá más informado y, sobre todo, nunca saldrá mejor informado.

6.-  Poner ejemplos que banalizan lo importante.  ¿Nunca han oído el ejemplo de que la defensa militar es como en nuestra casa o comunidad de propietarios, donde elegimos si poner una verja, o un circuito de vigilancia, o dejamos la puerta abierta, o le dejamos las llaves a los vecinos para que vigilen;  que entre todos decidimos cuánto gastamos y en qué en la seguridad de nuestra vivienda?  Nosotros sí.  Así presentado parece que la defensa militar es algo limpio, aséptico, neutro, aproblemático.  Sin embargo, la defensa militar, para existir, necesita provocar guerras, fabricar armas, venderlas, que haya tensiones internacionales o intranacionales que se resuelvan por la vía violenta;  la defensa militar necesita muertos, muchos muertos, y enemigos, que todos sean nuestros enemigos, incluso las personas pobres que huyen desde su país al nuestro en busca de un futuro.  La defensa militar necesita cultivar con esmero la violencia, tanto directa como cultura y estructural.  Necesita y protege las desigualdades sociales.  No banalicemos con los ejemplos, y no lo hagamos, como mínimo, por respeto a todos los miles y miles de personas que son asesinados militarmente cada año.

7.-  Dar saltos de un tema a otro.  ¿Que ocurre que en un debate te han pillado con una argumentación, una cifra, o un hecho?  Lo habitual en temas de Defensa es pasar, con mayor o menor gracia y habilidad, a otro tema.  La gente en sus discursos, cuando ve peligro en el tema que se toca, rápidamente pasa a otra cosa donde carga las tintas.  Todo ello es una actividad para escurrir el bulto, para no quedar comprometido.  Y es curioso porque en cada uno de los temas de Defensa se podrían usar horas y horas, días y días, hablando, argumentando, razonando, aportando datos, analizándolos, buscando alternativas, debatiéndolas.

8.-  Dar opiniones por información.  Esto se basa en el principio de autoridad.  Si eres una persona del pueblo, te exigirán datos, razonamientos, esquemas, gráficos, alternativas y, sobre todo, la seguridad total de que lo que dices es cierto.  Si eres alguien de la elite militar nadie osará dudar.  Podrás decir cualquier opinión con la fuerza y la contundencia de una información.  Tus opiniones serán informaciones, la realidad es lo que tú hablas, fuera de tus opiniones de experto, en lo militar, la realidad no existe.  Claro, todo esto es consecuencia de la cultura que en temas de Defensa hemos vivido:  obediencia, elitismo, imposición, delegación, …

9.-  No argumentar lo que se dice.  Fíjense en las declaraciones de nuestros ministros militaristas o de los militaristas políticos:  frases cortas, categóricas, rotundas.  Ustedes las escuchan y están esperando que, acto seguido, siga la argumentación.  Falsa esperanza.  Jamás llega.  No la espere.  ¿Por qué han de argumentar?  Basta con aleccionar.  Y es que, como dicen los militares y militarista, la política de Defensa es una política de Estado.  ¿Qué significa esto, se preguntarán?  Pues está claro:  la debes asumir sin rechistar, sin críticas, sin oposición.  Porque al ser una política de Estado todos debemos estar de acuerdo.  Aunque coincide que el acuerdo siempre esté en el área de la derechona rancia de toda la vida.

10.-  Todo junto.  Como se ve el repertorio es amplio.  Unos meses puedes centrarte más en unos puntos y otros en los demás.  Así nadie notará nada, tu discurso se renovará, parecerá fresco y actualizado.  Y todo el que te haya escuchado saldrá con una sonrisa y la convicción de haber aprendido.

Tras este breve decálogo de agnotología militar nos damos cuenta de que realmente sí existe la agnotología militar y, además, de que es, casi, lo único que existe.

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¿Es promoción del militarismo la rehabilitación de las fortificaciones de la guerra civil en la Comunidad de Madrid?

Imagen de PhotosNormandie

Fuente:  El Confidencial.

Los debates son interesantes porque mezclan historia, turismo, cultura de defensa versus cultura de paz, educación, negocio y ética.

La Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid ha identificado 462 bastiones de la Guerra Civil en 68 municipios madrileños.  Estas fortificaciones militares se encuentran actualmente protegidas desde 2013 como Bienes de Interés Cultural por la Ley de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.

Cristina Cifuentes quiere iniciar un ambicioso plan para identificar, rehabilitar y promocionar turísticamente muchas de las fortificaciones de la Guerra Civil que aún se conservan

Y es que la guerra sirve para todo.  También para sacar dinero mediante el turismo.

El debate cultural:  cultura de defensa o cultura de paz.

Pero la noticia es preocupante desde el ámbito cultural porque nadie nos dice qué versión de la guerra venderán, ¿la de los republicanos, la de los franquistas?  Y la cuestión es importante dado que nadie duda de la honestidad e imparcialidad de Cifuentes y del PP.  ¿Se hablará de las tropelías de ambos bandos, o sólo de las de un bando, según sea el gobierno regional de turno?  ¿Serán los búnkeres de la Guerra Civil usados como propaganda del militarismo actual?

Porque, suponemos, en ningún caso promocionarán una visión pacifista, antimilitarista y antibélica; una visión que nos haga aprender de la maldad intrínseca de todas las guerras.  ¿Se divulgará el movimiento antiguerra durante la guerra civil?

El objetivo es la promoción, la difusión turística. La Dirección General de Patrimonio Cultural ya ha incluido en sus rutas patrimoniales los restos ya restaurados de la Guerra Civil que forman parte del Frente del Agua, en la sierra norte, un recorrido circular de nueve kilómetros, transitable a pie y en bicicleta, que recorre 27 fortificaciones. Una importante zona estratégica por la que lucharon republicanos y nacionales, entre Paredes de Buitrago y Prádena del Rincón, que incluye nidos de ametralladora, amplios refugios de tropas y puestos de mando, líneas de trincheras y fortines republicanos (ladrillo revocado y techado con hormigón) y bastiones del bando nacional (hormigonados al completo). Un ejemplo de lo que se quiere hacer en todo Madrid, una especie de ‘paquete turístico’ para disfrutar de una parte de nuestra historia.

Así, sin más, paquete turístico para disfrutar de una parte de nuestra historia.

¿Disfrutar?  ¿Sin ninguna crítica a las guerras, a su uso por lo militares que se alzaron, a los miles y miles de muertos que produjo, a la represión de 40 años de dictadura y militarismo a ultranza que siguieron?

Ni los hechos acaecidos fueron neutros, ni lo serán las formas que tengamos de enseñar a nuestros jóvenes y turistas lo que fue, es y serán las guerras.

El debate económico y su importancia para establecer el Gasto Militar.

Pero el cultural no es el único punto de preocupación.

Hasta la fecha, el Ejecutivo autonómico ha invertido 353.700 euros en varias actuaciones, como la rehabilitación del Frente del Agua, 27 fortines, búnkeres y nidos de ametralladora situados en Paredes de Buitrago, que cuenta ya con un centro de interpretación que visitan los escolares madrileños; y en el Blockhaus número 13, un gran refugio de hormigón que hoy sigue vigilando la carretera de Colmenar del Arroyo hacia Navalagamella, en el oeste de la región.

Y he aquí otro debate.  Si la inversión deviene en ensalzar el militarismo y la guerra, en no criticarlo, en, de otra manera más, presentarlo como inevitable, en presentarlo desde sólo sus aspectos técnicos (cómo se construía, cómo se conectaban los búnkeres, cuáles fueron las estrategias militares, etc.) y no desde aspectos más humanitarios, críticos, antimilitaristas y antibélicos, lo primero nos hace considerar que la inversión de 353.700 € por la Comunidad de Madrid es Gasto Militar encubierto esta vez en una Comunidad Autónoma, y lo segundo nos haría variar nuestra postura.

Pero ni Cifuentes ni el PP dejan duda, mucho nos tememos que es una nueva partida de Gasto Militar.

Y eso esperando que no esté la Comunidad de Madrid haciendo el caldo gordo al Ministerio de Defensa, acondicionando restos históricos militares que no sabemos si son de su propiedad.

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El inhumano coste de la guerra en Colombia

Impresionante infografía la que les presentamos:  las cifras de la guerra en Colombia.

¿Qué destacar de este informe gráfico?  Todo.

¿Cuál es el futuro de un país en el que se gasta 120.000 veces más en Defensa que en Empleo Público , o 80.000 veces más en Cultura?

¿Por qué se empeñan nuestras élites en que lleguemos a gastar el 2 % del PIB en Defensa cuando se ve claramente que a mayores cifras, en Colombia el 17’9 % del gasto en Defensa sobre el total de los Presupuestos, más posibilidades, o mejor, más seguridad, de guerra?

Destacamos un dato que viene en pequeñito y que quizá se os pase.  El número de funcionarios:

  • Ministerio de Defensa:  23.993
  • Policía Nacional:  179.172
  • Ejército Nacional:  233.765
  • Armada Nacional:  35.526
  • Fuerza Aérea:  10.562
  • TOTAL: 483.018

Casi medio millón de funcionarios dedicados a la guerra y la violencia.

El presupuesto de Defensa ha ido creciendo a razón de 1 billón de pesos por año, comenzando a contar desde los 12’6 billones de pesos del 2000 hasta los 27’7 billones de pesos de 2014.

Quizá sea una forma rápida o coloquial de decirlo, pero puede que en ella se encierre mucho contenido político.

Nos referimos al concepto de “el coste de la paz”, en ello incluyen los 14.600 millones de pesos que costaron las conversaciones de paz, los 20 millones de pesos que cuesta cada reinsertado, los 4’13 billones de pesos que se gastó entre 2000 y 2014 para resarcir económicamente a las víctimas, y los 139.268 pesos que le ha costado al Estado la protección de los más de 2 millones de menores de edad desplazados.

Nos parece totalmente mentira e interesado el título.  No es el coste de la paz, es el coste de las secuelas de la guerra que ha afligido a Colombia.

Y falta el coste de los muertos y heridos en la guerra, el coste ecológico, el coste en infraestructuras destruidas, el coste relacional entre l@s colombian@s, el coste de todas aquellas políticas de vivienda, educación, sanidad, etc., que se pudieron hacer pero que no se hicieron por gastar en lo militar, … el coste de ser uno de los países más desiguales del globo.

Nos debería hacer reflexionar este ejemplo de violencia directa, estructural y cultural, nos debería hacer tomar posiciones claras a favor de la paz.

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