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La ciudad también viola

Os recomendamos que veáis este vídeo para admirar la valentía y la sencillez con la que una admirable mujer narra los hechos que sufrió.

La violación como método de plusvalía, como negocio inmobiliario, de violencia estructural y cultural.

¿Dónde somos capaces de llegar en nuestra inhumanidad y por nuestras ansias de lucro?

Ocultar los hechos no vale de nada.  Solamente dándoles publicidad nos harán reflexionar y nos impulsarán a la solidaridad.

 

 

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Las grandes diferencias entre la paz negativa y la paz positiva

Imagen de Onasill Bill Bazdo

Fuente:  Amnistía Internacional.

Nos cuenta Jelena Sesar, investigadora sobre los Balcanes, los recuerdos de varias mujeres sobre la guerra que marchitó sus vidas.  Son escenas nítidas, potentes, que delatan la inhumanidad de quienes las ejecutaron:

Los vi llevarse a mi padre y a mi hermano pequeño. Los mataron brutalmente y dejaron los cuerpos en el campo, al lado de la casa. Mi padre era anciano y frágil

¿Qué sentido tiene llevarse para matarlos a un joven y a un anciano?  ¿Qué peligro suponían?  ¿Qué elemento táctico o estratégico de la guerra se cumplía con ello?  Posiblemente ninguno, salvo el terror.  Quizá acciones más personales encubiertas por el gran amparo de las necesidades de la guerra y la ubicua disculpa de los daños colaterales.

Ese fue sólo el principio del terror. A Elma la llevaron a lo que se conocía como “campo de violación”, donde los grupos paramilitares que volvían de sus misiones en primera línea la violaron colectivamente cada día. “Me pegaban y me violaban, a mí y a otras jóvenes, a menudo en grupo”, añade. “Llevaban pasamontañas y me preguntaban si podía adivinar cuál de ellos estaba encima de mí”.

Como consecuencia de la violencia, perdió a su bebé y sufrió lesiones en la columna de las que nunca se ha recuperado.

Y, luego, mucho más tarde, la paz.  Una paz que no es reparadora sino mera ausencia de guerra.  Todos pensamos que la ausencia de guerra, esa paz llamada negativa, es un gran paso, algo necesario e imprescindible.  Pero, ¿imprescindible para qué?  Quizá con las declaraciones que nos ofrece Jelena se nos aclaren los conceptos y entendamos que la mera ausencia de guerra no significa paz para muchas personas:

Un cuarto de siglo después, se siente olvidada y abandonada por el gobierno e incluso por su propia comunidad. No tiene empleo y necesita urgentemente asistencia médica y psicológica para tratar de reconstruir su vida.

25 años después no se han reparado las heridas psicológicas y sociales que provocó una guerra que nosotros ya, casi, hemos olvidado.  Para mucha gente aquella guerra sigue siendo una parte importante de su presente, de sus costumbres, de su personalidad, de sus miedos:

Mujeres como Sanja, que estuvo cautiva y fue violada en reiteradas ocasiones por un soldado y sus camaradas, contra los cuales las autoridades no han adoptado ninguna medida. “Ya no confío en nadie, especialmente en el Estado”, dijo. “Todos me han fallado.”

Una mujer que fue violada múltiples veces por paramilitares en su casa dice que la mayoría “de las supervivientes no vivirá lo suficiente para ver que se hace justicia. En unos años no quedarán supervivientes, perpetradores ni testigos con vida”.

Las disculpas son importantes para nosotras”, me dice Elma. “Nos demuestran que la sociedad reconoce que no fuimos responsables de lo que nos pasó y que la culpa está en otra parte. Cuando vi a uno de los criminales de guerra condenados reconocer su culpa y venirse abajo en el juicio, diciendo que sentía realmente todo lo que había hecho, me sentí profundamente conmovida. Lo perdono un poco”.

El trauma psicológico y los problemas físicos sin tratar causados por la violencia sexual podrían impedir que muchas mujeres encuentren trabajo y mantengan su empleo. Por lo general, las víctimas de violación en tiempo de guerra experimentan tasas elevadas de desempleo y pobreza, y constituyen uno de los grupos económicos más vulnerables de Bosnia y Herzegovina.

El concepto de paz positiva no se fija tanto en la ausencia de guerras como hace el modelo de defensa militar, sino en aspectos que tienen que ver con la Seguridad Humana, como todo aquello que tiene que ver con defender las posibilidades de desarrollar una vida más plena en el plano personal, social y ecológicamente:  la posibilidad de sentirse acogido en el seno de la comunidad, la posibilidad de confiar en las personas para poder relacionarte, la posibilidad de estar sano psicológicamente, la posibilidad de tener empleo, casa, sanidad, etc., la posibilidad de vivir plenamente una vida digna.  Sin embargo, las mujeres violadas en la guerra de los Balcanes no se sienten así porque en 25 años nadie les ha ayudado, ni reconocido.

Según el derecho internacional, las autoridades de Bosnia y Herzegovina son responsables de ofrecer justicia, verdad y reparación a las víctimas de crímenes de guerra, pero los sucesivos gobiernos les han fallado por reiteradas razones legales y políticas. Desde que en 2004 comenzaron los juicios por crímenes de guerra en Bosnia y Herzegovina, menos del 1% del número estimado de casos de víctimas ha llegado a los tribunales. Con una ingente cantidad de casos de crímenes de guerra pendientes, los tribunales de todo el país sólo han juzgado 123 casos de violencia sexual.

Aunque en los últimos años ha habido considerables avances en los programas de protección de testigos y una mejora general de la calidad de los enjuiciamientos de estos casos, siguen existiendo otros problemas que dificultan que se haga justicia y crean una sensación generalizada de impunidad. Los tribunales de algunas partes del país tienen un índice elevado de absoluciones y otrosimponen condenas reducidas, permitiendo que los perpetradores de crímenes de guerra se libren con sólo pagar una multa. Teniendo en cuenta la enorme acumulación de casos y la penosa lentitud de las actuaciones judiciales, es probable que la mayoría de los perpetradores nunca comparezca ante la justicia.

Aunque las víctimas del crimen de guerra de violencia sexual son algunas de las más vulnerables del país, sólo alrededor de 800 han podido acceder al estatuto especial y a un subsidio básico. La existencia de estas ayudas no está garantizada universalmente en todo el país. A algunas supervivientes se las discrimina por su lugar de residencia, y que otras cambian su domicilio oficial para tener derecho a recibir una pequeña ayuda económica en las zonas donde ésta existe. Estos malabarismos administrativos dejan a menudo a estas mujeres sin atención médica o psicológica básica en los lugares donde viven realmente.

Pero la inexistencia de un programa formal de resarcimiento obliga a las víctimas a sortear los complejos sistemas de la seguridad social y judicial sin ayuda, a menudo con resultados inciertos.

Todos estamos de acuerdo en que el momento más difícil para ayudar a una zona en guerra es el periodo bélico, pero ¿qué ocurre con el antes y el después?  En ambos periodos es mucho más factible realizar acciones desde nuestro rico primer mundo, o al menos financiarlas para que las ejecuten ONG de la zona.  El apoyo previo y decidido a aquellas apuestas locales por la paz, el diálogo y el compromiso podría evitar guerras. El apoyo posterior a todos las víctimas de la guerra podría borrar muchas de las huellas del conflicto y podría conducir a que se hablasen seriamente y se llevasen a cabo iniciativas en las que las partes enfrentadas realmente analizasen el fondo del conflicto y pudiesen tener compromisos constructivos y pacíficos de entendimiento.

Aquí nuestra responsabilidad es grande desde nuestro remanso de ficticia paz.  Responsabilidad porque somos corresponsables de las guerras que ocurren lejos de nuestras fronteras con nuestras políticas económicas imperialistas y generadoras de desigualdad, con nuestra exportación de armas para el lucro de nuestras elites.  Y responsabilidad porque no hacemos nada positivo con nuestra políticas internacionales a nivel estatal, ni con las políticas a nivel de comunidad autónoma o ayuntamiento.

Sin embargo, pasamos de una guerra a otra a golpe de noticiario.  Todas nos espantan pero nada aprendemos, nunca cambiamos de paradigma.  Y es necesario hacerlo, debemos formarnos e investigar los dos conceptos:  paz negativa y paz positiva.  De ellos depende nuestra solidaridad y la vida y su calidad de muchas personas del mundo.

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Las mujeres y la paz

Fuente:  20 minutos.

Las mujeres también son apartadas del protagonismo político en lo que tiene que ver con las negociaciones de paz y firmas de procesos de paz en sus propios países.

Entre 1992 y 2011, menos del 4% de las firmas en los tratados de paz  fueron de mujeres. Del mismo modo, las mujeres representaron menos del 4% de los participantes y  del 10% de los negociadores en las conversaciones de paz. Por otro lado, en las misiones de mantenimiento de la paz y en los sistemas de seguridad nacional en áreas de conflicto, las mujeres también estuvieron infrarrepresentadas.

Esta exclusión de las mujeres tiene poco sentido. Los conflictos amenazan a todos, pero implican  riesgos específicos sobre mujeres y niñas, como la violencia sexual, el tráfico de personas y un mayor aumento de las desigualdades de género. Los intentos para acabar con estos problemas están destinados a fracasar si la perspectiva y las contribuciones de las mujeres no están apropiadamente integradas en los esfuerzos de prevención y recuperación de conflictos

Recomendamos la lectura del informe completo en inglés titulado «Women, peace and security:  keeping the promise» de Oxfam, o del resumen en castellano «Mujeres, paz y seguridad:  cumplir la promesa«, donde se dan datos muy demostrativos:

La ayuda internacional utilizada para promover la igualdad de género en Estados frágiles ha ido en aumento; no obstante, sólo el 6% del total de esa ayuda tiene como objetivo principal favorecer la igualdad de género. En el ámbito de la paz y la seguridad, el porcentaje de la ayuda destinada a la igualdad de género es incluso menor, del 2%, una cantidad muy por debajo de la necesaria para cumplir con los compromisos en materia de mujeres, paz y seguridad.

En muchas ocasiones se nos plantea cómo se puede contribuir desde la sociedad civil a que los gobiernos, comunidades autónomas y ayuntamientos trabajen por la paz.  Este sería uno de los programas que habría que financiar desde cualquier municipio.  Sus frutos serían semillas de paz en el interior de las zonas en conflicto.

También sería uno de los puntos a tener en cuenta cuando hablamos de reemplazar los cañones por mantequilla.

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¿Hacia la igualdad de las mujeres imponiéndolas los peores engendros masculinos?

Aguas + con + this + mujer

Por José Eugenio Gómez Rodriguez

Fuente: One magazine

Puede parecer un tanto excéntrico el titular de esta entrada, pero ¿supone un caso de lucha contra la discriminación de género el imponer a las mujeres el servicio militar obligatorio?  Otro engaña contra las mujeres, las pretendemos igualar en lo peor y no en la mejor opción.  ¿No sería más bien el abolir la conscripción militar un claro avance en la lucha contra la discriminación y por la justicia?

En la revista One Magazine ofrecen un artículo que enfatiza el gran avance que el parlamento noruego realizó en 2012, al imponer a las mujeres noruegas un servicio militar obligatorio de un año de duración, con el fin de incrementar sus fuerzas armadas.

Su constitución establecía el servicio militar obligatorio para los varones noruegos, y ahora una ley, en realidad de 2013 y no de 2012, aprueba el servicio militar obligatorio para ambos sexos con el fin de conseguir en 2015 un ejército «neutral en materia de género», según nos informó la prensa en su día.

¿Un ejército con hombres y mujeres es neutral en materia de género? ¿Un ejército no perpetúa un modelo cultural y político basado en la violencia y la dominación, mantenedor del status quo, sumido en valores como la jerarquía, la obediencia ciega, la sumisión, la amenaza, etc.? ¿Son estos valores contra la segregación de género, superadores del patriarcalismo?  ¿Desaparece el machismo por el mero hecho de admitir mujeres en las FAS?

Y nos ponen un ejemplo de ejército ya integrado que es todo un clamor de lo que supone el ejército en si: el de Israel, donde las mujeres también hacen el servicio militar obligatorio (excepto si están casadas y otra serie de dispensas similares). Un servicio militar de dos años que, además, implica en muchos casos la participación en guerras donde todo cuidado hacia los demás, toda creatividad, toda singularidad y todo lo que supone vida son negados sistemáticamente. Matan niños y niñas, hombres y mujeres indefensos, ancianos, animales y plantas…

Asimilar los peores vicios del patriarcalismo, entre ellos la insana costumbre de la guerra y sus violencias, su preparación constante y sistemática, sus ejércitos, sus valores e intereses, no es un avance ni hacia la igualdad ni hacia la superación del patriarcalismo, sino integrar a las mujeres en esta enorme lacra.

¿Podemos decir que el servicio militar de las mujeres ayuda a la lucha por la liberación de las mujeres?, ¿podemos decirlo en el actual contexto mundial?

Nosotros pensamos que no.

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Más ejemplos de violencia cultural contra las mujeres

Fuente:  elconficencial.com

Como nuestra mentalidad es muy otra, nos parece increíble esta noticia.  Sin embargo, somos conscientes de que esta realidad de irrespeto máximo a los derechos de las mujeres existe y tiene mucho poder en varios lugares del planeta.

El Confidencial nos regala un listado de 7 restricciones ridículas para los derechos de las mujeres en el mundo:

1.- Yemen: una mujer es sólo ‘medio’ testigo en un juicio

Esta es la política de testigos en Yemen, donde la mujer “no está considerada como una persona completa ante un tribunal”. Generalmente, el testimonio de una mujer no tiene valor legal a no ser que esté respaldado por el de un hombre o concierna a un lugar o una situación en la que nunca habrá un hombre presente.  Además, las mujeres no pueden testificar en procesos por adulterio, injurias, robo o sodomía.

2.- Arabia Saudí y Ciudad del Vaticano: las mujeres no pueden votar… aún

Este es la situación, por asombrosa que parezca, en Arabia Saudí, aunque un decreto del rey Abdulá permitirá a las mujeres participar en las elecciones del año 2015. Ciudad de Vaticano es el único otro estado del mundo que permite a los hombres, pero no a las mujeres, ejercer su derecho al voto.

3.- Marruecos y Arabia Saudí: las víctimas de una violación terminan siendo acusadas

Muchos países suspenden en la protección de las víctimas de una violación, pero algunos van incluso más lejos… castigan a la mujer por haber abandonado su hogar sin la compañía de un varón, por estar en compañía de un hombre que no es pariente suyo, o por haberse quedado embarazadas tras sufrir abusos sexuales. El caso más infame podría ser el de Qatif girl, la joven saudí que fue raptada y violada por siete hombres en el año 2006. Sus agresores fueron sentenciados a entre 80 y 1.000 latigazos y hasta diez años de cárcel, pero la víctima también fue condenada a 90 latigazos y seis meses de prisión por “estar sola en un coche en compañía de un hombre que no era un pariente”. Recientemente, una joven marroquí de 16 años terminó suicidándose cuando un tribunal la obligó a casarse con el hombre que la había violado.

5.- Yemen: una mujer no puede salir de casa sin el permiso de su marido

Yemen, donde esta ley infame sigue vigente hoy en día, sólo permite a una mujer abandonar su casa en una situación de emergencia, por ejemplo, si debe salir a toda prisa para cuidar de unos parientes enfermos.

 6.- Ecuador: el aborto es ilegal a no ser que seas “idiota”

Según Rothna Begum, esta es la política actual en Ecuador, donde el aborto ha sido ilegal desde hace tiempo excepto para “idiotas” o “dementes”. Los políticos consideran actualmente redefinir la ley con un menos polémico “mentalmente enfermos”, pero eso no cambiará el estatus legal sobre el aborto en el país. O, lo que es más importante, el hecho de que la ley se emplea frecuentemente para criminalizar abortos espontáneos.

7.- India (ciertas zonas del país): algunas leyes de seguridad vial no se aplican a las mujeres

En algunos estados de India, ciertas normas de seguridad vial no afectan a las mujeres, como la obligación de llevar casco si utilizan una motocicleta. Organizaciones feministas han atacado la medida argumentando que se trata de una devaluación de la vida de una mujer. Aquellos que la apoyan, esgrimen que sólo intenta preservar los peinados y el maquillaje de las mujeres, lo que no es precisamente una respuesta muy feminista.

La octava sería la ley que prohíbe a las mujeres conducir y que es la que ha motivado esta recopilación.

Y nos parece que no es adecuado el adjetivo de ridículas.  Estas normas son injustas, inhumanas, machistas, atentatorias claramente contra los derechos humanos.  Sobrepasan lo ridículo y se convierten en terrorismo de estado contra las mujeres.  Son leyes ilegítimas contra las que sólo cabe la desobediencia civil noviolenta.  Y además, nos parece que los autores de dichas leyes deberían ser perseguidos legalmente de oficio y llevados a juicio por alguna Corte Penal Internacional para que alguien declare el reproche de sus imposiciones desde el punto de vista de la justicia.

Las sociedades se ven educadas en un entorno de violencia que va más allá de la violencia directa y que incluye a la violencia cultural que en otro trabajo:

 lo definen como una violencia que “se expresa también desde infinidad de medios (simbolismos, religión, ideología, lenguaje, arte, ciencia,leyes, medios de comunicación, educación, etc.), y que cumple la función de legitimar la violencia directa y estructural, así como de inhibir o reprimir la respuesta de quienes la sufren, y ofrece justificaciones para que los seres humanos, a diferencia del resto de especies, se destruyan mutuamente y sean recompensados incluso por hacerlo

La noticia, ciertamente, mueve al asombro, a la ironía;  pero ante todo nos debería mover a la solidaridad y a la acción.

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Más ejemplos de violencia cultural

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En otras ocasiones hemos presentado ejemplos de violencia cultural. Se trata de la imposición de una manera hegemónica de entender el mundo, que propone ideas, creencias y prácticas para vivir la vida en términos de necesaria violencia y bajo objetivos de dominación-violencia y, desde luego, es uno de los principales aliados del paradigma de dominación-violencia vigente y de la ideología militarista.

La violencia estructural es un tipo de violencia que legitima la violencia directa y la violencia estructural, pero a la vez actúa potenciándolas, recreándolas, impulsándolas.

Podemos ver múltiples ejemplos de este tipo de violencia en nuestro propio entorno. Vamos a proponer algunos ejemplos.

1) El primer ministro iraní, progre para la óptica occidental, prometió que desde el primer momento de su mandato promovería políticas de igualdad entre hombres y mujeres. Su primer «gesto» ha dado muestras de su idea de la igualdad de hombres y mujeres. Se trata de una rueda de prensa de la que se ha hecho eco El País. En ella los periodistas de género masculino siguieron la rueda de prensa sentados en sillas, pero las periodistas mujeres tuvieron que seguirla sentadas en el suelo, a los pies de los hombres. Juntemos a esto que según Reporteros Sin Fronteras, Irán es uno de los países del mundo con más periodistas encarcelados. ¿violencia cultural?¿Justificación de la violencia estructural? ¿Explicación de la violencia directa? Sobran los comentarios.

2) Podríamos pensar, con esa mentalidad nuestra tan característica, que estas ideas solo ocurren en países «extremistas» o algún otro calificativo despectivo. Sin embargo, El País, de nuevo, nos informa de altercados racistas  provocados por pertenecientes al partido neonazi alemán en protesta por la apertura de centros de atención a inmigrantes y refugiados de conflictos bélicos. una nueva prueba de violencia cultural cuyo resultado final ya tuvo Europa la oportunidad de experimentar en los años 30 y 40. ¿Una cultura racista como justificación de la violencia contra los otros y de la violencia estructural? El ejemplo es efectivamente muy elocuente.

3) Lo mismo hemos conocido de la creciente ola desatada en Rusia que considera que los homosexuales no son gente normal ni debe pertenecer, al parecer, a la sociedad con igualdad de derechos. El último episodio es la noticia de la tramitación parlamentaria de una ley por la que se prohibirá la donación de sangre a homosexuales. Nos informa de ello Público. También aquí las ideas perversas y violentas acaban en actos violentos y en injusticia estructural.

4) También entre nosotros cunde el ejemplo de la burriez de las malas ideas. En concreto nos hemos sorprendido mucho del pensamiento militarista con el que algunos españoles de pura cepa han pedido la solución del conflicto de Gibraltar (que dicho sea de paso es una pura cortina de humo infumable y tóxica) apelando a los más rancios e irracionales valores y a las soluciones enérgicas (incluso con invocaciones al dictador Franco) y militares. Podemos escandalizarnos no sólo de la opinión extravagante de un tal Rocafort en el pornográfico diario La Razón, sino, sobre todo, el de la ristra de comentarios a su malhadada opinión. Nada bueno augura este imaginario militarista para las necesidades de una sociedad desmoralizada y atacada por el mal ejemplo de nuestra cerril oligarquía.

La violencia cultural acampa por doquier y predica el odio, la superioridad, la dominación y la justificación de la violencia como regla social de juego y como verdad última de nuestro género humano, Y lo malo es que, convertida en verdad esta prédica, el salto a la imposición por la fuerza, la dominación o la injusticia es algo absolutamente evidente y aterradoramente inminente.

Nos queda por ello una gran tarea por delante: nada menos que la de desenmascarar esta violencia cultural y desinventar sus mecanismos operativos.

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Menos mujeres en el ejército

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fuente: El País

A pesar del cacareo de que el ejército es igual para hombres y mujeres y toda la parafernalia con la que se intenta incentivar el aumento del número de mujeres en el ejército, las cifras arrojan datos que nos hacen pensar que, en general, las mujeres pasan del ejército mucho más de lo que el ejército dice y quiere.

Únicamente el 12,3% de los miembros del ejército es mujer, frente al apabullante 87,3 de hombres.

¿Será por las trabas y el machismo, como predica la opinión oficial, o porque, sencillamente, las mujeres pasan del ejercito, como se supone de la buena lógica?

En cuanto a las trabas, la legislación militar ha ido incentivando la incorporación de la mujer a los ejércitos aprobando normativas contra los abusos de autoridad, sobre la conciliación de la vida familiar, sobre la maternidad y otras, pero ni así.

Conforme reconoce un portavoz militar la desafección es preocupante para el ejército:

Lo más preocupante es que cada vez ingresan menos. Si en 2008 las mujeres representaban el 11,5% de los nuevos soldados y marineros, en 2011 solo eran el 4,8%. Aun peor es la evolución entre los cuadros de mando: el año pasado solo 17 mujeres (4,7%) consiguieron plaza como oficiales y, por vez primera, no hubo ninguna entre los suboficiales.

Parece que ni los cantos de sirena del empleo y la promoción personal, ni los anuncios de emociones y otras simplezas con las que el ejército intenta engatusar cada año a los jóvenes para integrar las fuerzas armadas convencen a las mujeres, lo cual es una buena noticia para quienes aspiramos a un futuro más cuerdo y sin ejércitos.

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Las guerras generan violencia contra los civiles, sobre todo contra mujeres y niños

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Fuente:  Público.

Nos ilustra el diario Público sobre un hecho de sobra conocido (y silenciado): las guerras no sólo implican la más rotunda barbarie y el peor de los inventos contra los pueblos sino que, además, es especialmente grave hacia las mujeres. La guerra es selectiva hasta en el género y las mujeres se encuentran, por razón de ello, en el primer lugar de las víctimas.

Además de las consecuencias trágicas de toda la población, por el hecho de ser mujeres, en Palestina, dos millones de ellas sufren además «elevados grados de inseguridad alimentaria, mayor dificultad en el acceso a la educación y a los servicios sanitarios, exposición frecuente y continuada a la violencia machista».Una violencia que, además, está invisibilizada y ninguneada por los actores del la guerra, pues así de cruel es nuestro modelo patriarcal, que incluso segrega entre las víctimas e impone su criterio de visibilidad machista hasta en este trance.

Señala así la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina (UNRWA) que

La situación de las mujeres en la franja de Gaza se encuentra muy limitada en la actualidad, tienen poco acceso a todo tipo de servicios, son objeto de violencia fuera y dentro del hogar y están invisibilizadas en sus comunidades

y más adelante que

Frecuentemente, los roles de hombres y mujeres se ven afectados de manera diferente en situaciones de conflicto, ocupación y postconflicto, lo cual tiene un efecto directo tanto en el ámbito público como en el privado

Este hecho, a menudo obviado, ha sido estudiado con mucho mérito, y podemos recomendar, al respecto, dos textos en castellano: «Las mujeres y la guerra», compendio de colaboraciones editados por Nash y Tavera y editado en Icaria en 2003, y «Sobre la guerra y la violencia en el discurso femenino, 1914-1989», de Rius Gatell, editado por la Universidad de Barcelona en 2006.

Queremos también remitir a la página web de mujeres de negro  (también la de mujeres de negro de Madrid) grupo feminista y antimilitarista que ha trabajado ampliamente esta temática y donde se pueden encontrar tanto redes de trabajo como una amplia información sobre la materia.

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El papel de la mujer y del género en los conflictos

Fuente: Atenea Digital

Si hay un estado moderno y civilizado donde los haya, ese es el reino de España. Y para muestra un botón. La señora subsecretaria de defensa del Gobierno rajoiniano ha dado una (por otra parte previsible) conferencia pública para presentar el ejemplar número 157 de los Cuadernos de Estrategia, que edita el CESEDEM, esta vez dedicado al rimbombante y sorprendente título «El papel de la mujer y del género en los conflictos».

Podríamos esperar algunas reflexiones a la lucha de géneros, a la guerra relacionada con el patriarcado, al papel de víctimas doblemente maltratadas de las mujeres en las guerras, o similares, pero no. No va de eso el asunto, salvo muy honrosas excepciones como es el capítulo 2 del documento. El resto va del reconocimiento al largo progreso de incorporar a las mujeres al imaginario militarista de los ejércitos, ese «gran avance» en la lucha por conseguir iguales derechos.

Doña Irene, que es como se llama la subsecretaria, ha destacado que en el ejército hay 15.336 efectivos de género femenino, un 12% del total, 252 comandantas y 9 tenientas coronelas (máximo grado al que han llegado), cantidades que, según se mire, son mucho o poco.

La incorporación de las mujeres a las fuerzas armadas es, dice la doña, para enorgullecerse de nuestro avance en la igualdad. Sólo ejércitos como Canadá (con una tasa del 15%) nos igualan al respecto.

Ahora bien, cabe preguntarse dos tres cosas que la conferencia de la señora Subsecretaria no ha despejado:

1) La primera hace relación al amplio contingente de mujeres que no forman parte del 12%. Sería curioso comparar si la preferencia de éstas hacia otro tipo de trabajo más bien alejado del militarismo querrá decir algo.

2) La segunda es cuestionarnos a qué se refiere el discurso militarista cuando habla de igualdad, de integración y de género. El propio enfoque de la intervención de la Subsecretaria o el título del monográfico nos producen una cierta urticaria. ¿supone en realidad igualdad el hecho de que las mujeres asuman el rol y el paradigma militarista? No lo creemos.

3) La tercera hace referencia a una cuestión que desdice las propias palabras de Doña Irene: las funciones de estas mujeres integradas en el ejército y la ocupación de «cargos» directivos (que se nos perdone esta tendencia a la nomenclatura de la vida civil) no parece avalar ni siquiera la idea de que se trate a todos por igual en esa institución y sí, más bien, que se relega a la mujer al papel subalterno que tradicionalmente tiene en una sociedad machista y patriarcal como la nuestra.

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Atentado contra una niña por defender su derecho a estudiar: Otro ejemplo de violencia cultural y estructural

Benazir+Bhutto

Fuente: Publico

Nos informa Público que Malala Yusufzai, de 15 años, ha sido operada de los dos tiros que el machismo dominante en Paquistán le ha propiciado por defender en público su derecho a estudiar y reivindicar de forma pacífica un cambio cultural para las mujeres paquistaníes y para toda la sociedad en la que ella vive.

La niña mostró el camino de la coherencia con su acción cotidiana y desafiante, e iba todos los días a su escuela a estudiar, a pesar de que los dueños de su región tenían prohibido que las mujeres estudiasen y la tenían condenada a muerte por su desafío.

Ahora, los violentos han cumplido su amenaza, pero no han ganado la batalla: la niña no sólo vive, lo cual es muy buena noticia para ella y para todos los demás, sino que su causa se ha vuelto conocida además de ejemplar y su metodología de lucha se nos ha hecho próxima, y tal vez todo ello sea una piedra más en el camino por romper las ataduras del autoritarismo machista mundial y local.

Pero leamos el comunicado de los agresores para conocer a fondo la prédica de violencia cultural y estructural que quieren perpetuar estos tipos que han ejecutado la orden de muerte: «Estamos a muerte contra la coeducación y el modelo educativo secular, y la ‘sharía’ nos ordena ir contra él».

Tal vez aquí, desde la comodidad occidental de leer el periódico sentados donde estas cosas no pasan y nos podemos indignar sin alterar las relaciones que se dan entre nosotros; parece que hablamos de otro mundo que no es el nuestro.Pero ¿es esto así? ¿No resuena un tufillo parecido al que, de modo por supuesto mucho más aséptico, se usa aquí para justificar culturalmente la sumisión de las mujeres o su relegación a espacios, actividades o relaciones de segunda fila?

Tenemos la impresión de que el argumentario patriarcal y la ideología machista forman uno de los grandes pilares de nuestro paradigma de dominación y violencia y que son a la vez causa y efecto perversos de gran parte de la violencia (cultural y estructural) que existe en el planeta.

Violencias cultural y estructural unas veces solapadas y soterradas y otras, como el caso que comentamos, groseramente visibles y terroríficas, pero en todo caso, necesarias para mantener un estado de cosas inmoral y que debemos liquidar.

Curiosamente, esta «restauración» por la violencia del orden que practican ciertos grupos sociales y esta lucha contra los cambios es a lo que los señores de la guerra llaman paz y es la paz a la que aspiran: una paz como mantenimiento del status quo y como sumisión de todos a sus ideales, por brutales que sean.

Salvo que nuestra paz no es su paz (o tal vez llamamos paz a lo que ellos llaman guerra) y lucha, como ha hecho la niña Malala Yusufzai, desde la noviolencia , por desterrar y desbordar la imposición de esas violencias.

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