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Los desmanes del militarismo (1)

Pintando+amaneceres

FUENTE: Artículo publicado en el periódico semanal Es Hora por Utopía Contagiosa

El imaginario vigente en nuestro rancio patrioterismo militarista señala, no sin épica a tono, que el ejército es una de las mas gloriosas y abnegadas instituciones que nos podemos echar a la cara. Tan admirativa devoción viene acompañada de la sumisa admiración de las estruendosas manifestaciones (desfiles, exhibiciones aéreas y otros gestos) y por la exculpación a los desmanes que sus miembros realizan o han realizado, por inmorales o graves que sean o hayan sido estos, los cuales quedarán reducidos a actos de incontrolados o excepciones a la regla general

 Podríamos ejemplificarlo con la más reciente burriez militar: el vídeo recientemente difundido sobre los malos tratos y torturas ejercidas por efectivos militares españoles a un detenido irakí en Dinawiya allá por 2004. En el momento en que se tuvo publicidad nnegable de tal desmán, se aprestó la vocera del PSOE, Doña Trinidad Jiménez, a lamentar el hecho, a pedir, “si aun estamos a tiempo” el castigo de sus culpables, pero sobre todo a enfatizar las bondades de nuestro ejército y de sus misiones en el exterior, declarando la admiración del PSOE por el ejército y aclarando que estos hechos aislados no tienen nada que ver con la dicha institución. Llamativamente, el vídeo que desvelaba torturas quedó en flor de un día y ha sido devorado por el silencio posterior y, a lo que parece, empantanado ante una supuestamente independiente investigación por parte de la “justicia militar” (qué contrasentido que ellos tengan jueces propios y se juzguen a sí mismos). Ya nadie habla de ello. Los medios de comunicación cómplice miraron para otro lado y los políticos extractivos que soportamos se dedicaron a sus peleas urgentes y alejadas de la preocupación ciudadana.

 Podemos a ello sumar el papel exaltado de la televisión publica ante las manifestaciones religiosas de la semana santa malagueña, dando una cobertura inmodesta a la Legión (si, la Legión) procesionando con el “Cristo de la buena muerte”, con elogios nada recatados a este cuerpo militar tan poco conocido en sus actuaciones en el exterior de todos los tiempos, desde que el General Millán Astray, ese novio de la muerte que amenazó a la intelectualidad, la creó, hasta nuestros días.

 ¿Llama a alguien la atención la falta de criterio de nuestros informadores sobre temas de defensa?¿Alguna vez han tenido en sus “informaciones2 una fuente que no sea el pripio militarismo?¿Han oído un análisis alternativo de los hechos?¿No son agasajados mimados por el Ministerio de Defensa?

 Llama la atención la desbordante falta de información y el ensordecedor silencio de nuestros medios de comunicación, el desinterés culpable de nuestros políticos y sus preferencias temáticas, el irresponsbale silencio de las instituciones formales, de los “agentes sociales” y de casi todo el aparataje “académico” e “intelectual” hacia los desmanes del militarismo propio (nos aprestamos a señalar antes de que el cacareo argumental nos lo indique, que por otra parte no es ni peor ni diferente al de los otros militarismos mundiales, sino uno mas de sus ejemplos) y la complacencia en un sistema militar que consume ingentes recursos económicos (recursos por otra parte disfrazados sin que casi nadie los critique, a pesar de conocerse de sobra el escándalo de que algo más de 7 de cada diez € gastados en defensa son opacos al control presupuestario, o de que arrastremos una deuda de más de 32.000 mill. de € por culpa de la compra de armas pensadas para agredir a otros pueblos, deuda que crece año tras año) en detrimento del avance de los derechos y el desarrollo humano de nuestra sociedad y del resto del planeta.

 En el año 2003, el Colectivo Gasteizkoak publicó un pequeño texto en la editorial ZapAteneo (“La abominable cara oculta de los ejércitos humanitarios”) donde detallaba no una ni cien de las muy frecuentes violaciones de derechos de nuestras fuerzas militares patrias y de las de los demás en sus acciones en el exterior. Por dicho texto pudo enterase quien quiso de diversos ejemplos de maltrato de los ejércitos humanitarios, incluidos los patrios, que superan el centenar de casos. No mereció, en general, ningún respingo en las conciencias de nuestros bienpensates apolo-getas de la intervención humanitaria y no hemos oído (salvo que se nos haya escapado) que se haya realizado ni una sola comisión de investigación en el Parlamento, o al menos de carácter interno en los ejércitos o en el Ministerio de Defensa, para esclarecer estos casos. En 2008, el mismo Colectivo Gasteizkoak volvió a la carga demostrando con datos y explicaciones puntillosas de violaciones sistemáticas de derechos humanos y violencia sexista (“los ejércitos humanitarios. La violencia sexista militar” editorial ZapAteneo) que tampoco ha tenido la atención necesaria. El periodista Gervasio Sánchez ha denunciado torturas militares españolas en diversos foros, mereciendo consiguientemente el calificativo de radical e impresentable, poco cómodo a los círculos oficiales del bien, y desde luego poco escuchado, cuando no denostado, por éstos.

 Tampoco ha llamado la atención la opinión de la portavoz de la ONU Theres Gastaud en 1996 “las naciones unidas carecen de un sistema judicial y por tanto no pueden hacer nada. Son los países de donde proceden los soldados, es decir, la justicia nacional de cada estado implicado la que debe castigar a los cascos azules que han tomado parte en los ataques…” (El Correo 05-12-1996).

 Junto con los poco edificantes casos de malos tratos cometidos durante las diversa guerras donde nuestros disfrazados soldados jugaron a la ayuda humanitaria, tenemos casos en los últimos tiempos de tropelías en maniobras que han dado lugar a incendios en zonas forestales y agrícolas (hemos contado más de 10 en los últimos cinco años), de timos y estafas cometidos por mandos militares para cobrar subvenciones, dietas indebidas o mordidas a partidas de alimentos o similares, de vejaciones sexistas cometidas hacia compañeros o compañeras, de sobrevuelos de naves militares sobre pueblos que han mostrado un cierto ánimo independentista, de opiniones debidamente dosificadas de mandos militares, casi todos en la reserva como no puede ser menos, mostrando sus nostalgias por esos espadones de la dictadura o advirtiendo de la aplicación manu miliari del artículo 8 de la Consitución para salvaguardar la indisoluble unidad territorial, diversas corruptelas y mordidas dadas con motivo de los suministros de petróleo o alimentos, “corbatas” y sobresueldos que otros funcionarios no pueden ni soñar, molestias a las poblaciones olvidadas de la mano de Dios cometidas en simulacros de acciones militares contra pueblos enemigos, y un largo etcétera. ¿son, por casualidad, todo casos aislados?¿No marcan, cuando menos, una rara tendencia?

 Son muchos los escándalos sobre los que se ha pasado página de forma rápida y a menudo sin investigación por medio, a pesar de tratarse de verdaderos e inaceptables desmanes que serían intolerables en cualquier institución no armada de nuestra sociedad. ¿Por qué este trato diferente?

 Queremos con este artículo iniciar una serie de articulos sobre las actuaciones poco edificantes de los ejércitos. Pero hacerlo no fijándonos únicamente en la actualidad, que también, sino en los tiempos pretéritos, porque sostenemos que esos desmanes son una constante. Es más, son una característica del militarismo y de la defensa militar. Precisamente una característica que desmiente el papel salvícfico, benéfico y justificativo de los ejércitos.

 Los ejércitos son un mal. Hacen el mal. Sirven al mal. Y bien haríamos, como recomendó en su día nada menos que Albert Einstein, en deshacernos de ellos en beneficio de la propia humanidad.

 ¿No resulta asombroso y turbador que ninguna fuerza política del marco parlamentario se proponga en su práctica política la desmilitarización de la defensa, o al menos la reducción de esta al máximo posible?, ¿No aparece bochornoso el melífluo entreguismo de nuestros políticos a unas fuerzas armadas que no nos defienden de lo que la sociedad quiere defender? ¿Miedo, respeto o complicidad? Que cada uno escoja.

 Vayamos a recordar, a lo largo de cinco o seis artículos, el corolario de desmanes de los ejércitos desglosando algunas de sus más memorables actuaciones contra los derechos de los muchos.

 

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«La patria es anterior y más importante que la democracia»

Fuente:  Público.

Las declaraciones son del general de división en la reserva Juan Antonio Chicharro el pasado 6 de febrero.

El razonamiento es el siguiente:

La patria es anterior y más importante que la democracia. El patriotismo es un sentimiento y la Constitución no es más que una ley

Es decir, cualquier día nuestro aguerridos militares nos darán un golpe de estado saltándose todas las leyes a la torera porque para ellos priman los sentimientos.  Sus sentimientos, claro, y también sus leyes.

Por si aún no os ha entrado todo el miedo que deberían dar estas declaraciones, seguimos con el razonamiento:

Luego insinuó que el artículo 8.1 forma parte del núcleo duro de la Carta Magna, lo que no ocurre con el artículo 97, que fija la subordinación de las Fuerzas Armadas al Gobierno, por lo que, a su juicio, la fuerza imperativa de este último artículo es menor.

Es decir, todo un general de división (en situación de retiro, ciertamente) nos razona que la sumisión de las Fuerzas Armadas al Gobierno no tiene mucha fuerza legal. Más bien son los vigías de la política, porque ya se sabe, su deber es mantener la integridad territorial, el orden, la propia constitución…

Como nos informa El País,

la Asociación de Militares Españoles (AME) dijo compartir sus palabras “de la A a la Z”

y, además, se está investigando a Chicharro por si sus declaraciones constituyen materia de sanción al faltar al deber de neutralidad de las Fuerzas Armadas con respecto a las diversas opciones políticas o sindicales.

Penoso hasta el fin este asunto porque sería más lógico que se le sancionase por animar al golpismo y no por hacer uso de su libertad de expresión.

La idea visionaria del ejército como último reducto de la convivencia y legitimado a intervenir en todo cuando les parezca que la cosa no está a su gusto no es nueva. Ha sido invocada para todas las asonadas y cuartelazos del Siglo XiX y XX por nuestros golpistas de pacotilla y, lo más preocupante, ha formado y forma parte de la doctrina que se ha enseñado en las academias militares, forma parte del ideario militarista como una verdad, una de sus verdades más supremas.

Cuando se habla de libertades, de profundización democrática, parece que los militares, al menos una buena parte de la cúpula, son más bien el enemigo y no tanto los que se han de encargar de defendernos.  Pero ya se sabe que hace no mucho disfrutamos de 40 años de dictadura militar (por nuestro bien, claro, argumentarán, dado que el levantamiento militar surgió de un sentimiento).

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Millán Astray se queda sin estatua en A Coruña

pensar

El sanguinario Millán Astray, uno de los generales golpistas que se levantaron contra la legalidad en España en 1936 y propiciaron la dictadura, se ha quedado, por fin, sin estatua en A Coruña (con lo que sospechamos que se ha quedado sin estatuas en todas partes). La excrecencia ha sido retirada el 21 de enero del parque donde se encontraba.

El sujeto era de armas tomar (nunca mejor dicho) y como no se trata de ocultar la historia, sino de dar memoria de ella, digamos algunas cosas que no deben ser olvidadas: Millán, frustrado porque su matrimonio «fraternal» no pasó de eso (su señora le informó la noche de bodas que se había consagrado al corazón de Jesús o a cualquier otra víscera del susodicho, lo que la obligaba a castidad eterna) fundó la Legión a imitación de la legión francesa (cuerpo en el que le sucedió como jefe el que luego sería dictador, Franco Bamonte, más tarde reconvertido a Franco Bahamonte cuando sus ínfulas nobilísticas le llevaron a esta variación del apellido), incitó al odio y al rencor más reaccionario, cometió crímenes contra la humanidad y luego, hecho ya un guiñapo a causa de sus heridas de guerra que lo dejaron tuerto, tullido y capón, se hizo famoso por denostar la cultura y la intelectualidad con sus famosos gritos (más bien rebuznos) de «abajo la inteligencia» y «viva la muerte». Luego de esto fue el encargado de propaganda del franquismo durante un tiempo. Luego se enamoró de una señora en una partida de bridge (esta parte de la azarosa vida del tipo no la podemos entender, porque un patriota tan patriotero tendría que haberse enamorado en una partida de brisca, o a lo sumo de mus, que es lo español, pero al bridge, ¡joder!) y tras una historia bastante vulgar y conocida, la dejo empreñada, pirándose a Lisboa con ella previa separación de su Santa.

El señor Millan Astray tuvo luego una hija a la que pusieron de nombre Peregrina.

Millán la espichó (palabra gallega que no es de mal gusto en este caso porque hace una especie de reconocimiento de la galleguidad del sujeto, por más que los gallegos no lo lleven a gala) en el año 1954 como Director General del Cuerpo de Caballeros mutilados de guerra por la patria, que al parecer debía ser una especie de lugar siniestro o algo peor, dado en nombrecito del chisme.

Si se quiere una versión amañada de la vida del tipo se puede visitar la página de los propagandistas de franco pinchando aquí. Es una lectura edificante y aleccionadora, por si alguien ha pensado que esta peña ha perdido el peligro.

Ahora, sin estatua militar, las palomas gallegas tendrán que buscar otro lugar para cagar.

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Investigan posible conspiración de militares para derrocar a Correa.

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Fuente: El impulso, Hoy EcuadorChina.org, La vanguardia Liberal,

Aunque son informaciones confusas, parece que está en marcha una investigación interna para conocer la implicación del ejército o de algunos mandos en un nuevo intento de conspiración para derrocar a Correa. Al parecer en este intento puede estar implicado el líder del partido ultraconservador «socialcristiano» (militar golpista y posteriormente «presidente democrático» ecuatoriano de 2002 a 2005) Lucio Gutiérrez, quien al parecer lleva un tiempo intentando (de acuerdo con Estados Unidos) involucrar a Correa con el terrorismo internacional con el fin de promover su destitución o justificar un alzamiento contra el mismo.

Nuevamente, parece que se cierne una estrategia de desestabilización en la región andina que afecta a todos los países, sin excepción, de vuelta a la «solución militar» y que agrede principalmente a las sociedades y a sus pretensiones de democracia sustantiva.

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Clima golpista en Paraguay.

%C2%A1Que+frio+hace+en+este+pueblo%21Siguiendo el modelo hondureño, la ologarquía paraguaya está moviendo pieza para dar un golpe de estado y sacar a Lugo del Poder. En la intentona está también el actual vicepresidente Federico Franco, que pertenece al ala más conservadora del Partido Liberal Radical Auténtico. Igualmente se encuentra implicado el Partido Colorado.

Pero la intentona no debe tener el beneplácito de EE.UU., porque de forma inopinada, sin previo anuncio, el Jefe del Comando Sur de USA, el general Douglas Fraser, ha aterrizado en Asunción para hablar con el Ministro paraguayo de defensa, Luis Barreiro y con el Comandante de las Fuerzas Militares, General Oscar Velázquez, tras de lo cual ha dado por apagada la intentona.

Llama la atención el clima que comienza a extenderse en América Latina de derrocamiento de las fuerzas de «izquierda», vía ya ensayada con éxito (y al fin y al cabo aceptación de los actores internacionales y del principal de ellos, EEUU) en Honduras, o las amenazas constantes que se ciernen sobre Correa por el grupo político encabezado por el ex presidente Lucio Gutiérrez, o sobre Evo Morales, o los acuerdos de utilización del ejército de EEUU de las bases militares en territorio de Colombia y las constantes (y alimentadas desde la oligarquía boliviana y EEUU) desestabilizaciones que van teniendo lugar en los países de la sub-región.

Igualmente llama la atención la alegría con la que los generales de USA se presentan en los países a sofocar o alentar algaradas y no parece que sea una buena señal de cara al futuro, como tampoco lo es el incremento del gasto militar y del armamentismo que está sucediéndose de forma exponencial en los países latinoamericanos, con la complicidad de los grandes exportadores de armas, y de la que ya nos hemos hecho eco en otras ocasiones.

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