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Foro AESMIDE 2017. Los militares quieren cariño y más dinero

Drakhart

Fuente: Infodefensa

La Asociación de empresas AESMIDE, constituida en 1984 por empresas contratistas con la administración pública, principalmente en el ámbito de la seguridad y defensa (según detalla su propia publicidad institucional) ha celebrado su tradicional Foro del mes de Octubre (vamos por la XVI edición, una por año), esta vez destinado a «Inversión, contratación pública y empresa: analizando el presente, mirando el futuro«.

El Foro celebrado en 2014, por ejemplo, se centró en la «Colaboración con las administraciones: internacional (OTAN), nacional, regional y local«. El de 2015 fue inaugurado por el Secretario de Estado de Defensa, Pedro Arguelles, y versó sobre los «Procesos de elaboración de los presupuestos generales del Estado«. Acudieron más de 300 empresas contratistas principalmente de los sectores de Defensa y Seguridad. Participaron en sus ponencias personajes del estilo de Julián García Vargas, ex ministro de Defensa; o el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Juan Antonio Carrasco y el Almirante Jefe de la Jefatura de Apoyo Logístico de la Armada. El de 2016, sobre «La contratación pública hoy. Modelos de gestión y ejecución» fue inaugurado por el Ministro de Defensa Pedro Morenés, y contó, entre otros, con el Director General de Asuntos Económicos del Ministerio de Defensa, Vicente GImeno; o con el Jefe de la Jefatura de Apoyo a la Guardia Civil, del Ministerio del Interior.

El de 2017 ha contado en su inauguración con el Secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda, del Ministerio de Fomento, y su conferencia inaugural «Planeamiento de capacidades militares» la desarrolló el Jefe de la División de Planes del Estado Mayor Conjunto (EMACON), contraalmmirante Benigno González-Aller. Han participado también el Director General de Política Comercial y Competitividad (Ministerio de Fomento), el Secretario de Estado de Comercio (Ministerio de Economía y Competitividad), Antonio García Rebollar, quien habló de «el apoyo a la empresa en los nuevos escenarios económico-políticos»; y el Director General de Patrimonio del Estado (Ministerio de Hacienda y Administración Pública) que se extendió sobre «La nueva ley de contratos del sector públcio».

Sorprende este foro elaborado por AESMIDE, en realidad una asociación de empresas, principalmente contratistas con el sector de la defensa y la seguridad, que actúa a su vez como un verdadero lobby. Se trata de un foro de carácter anual trufado de militares y autoridades relacionadas con la defensa entre los ponentes principales y cuya «reflexión» se centra en la contratación y en los presupuestos.

Otro foro militar y de intereses y negocios militares al que Madrid le presta su hospitalidad, aunque esta vez, a diferencia de la feria de armas de HOMSEC; al menos no cuenta (que sepamos) con apoyo institucional municipal.

En la edición del foro de 2017, el contralmirante González-Aller arrojó la consabida reclamación de más dinero para inversiones militares y dejó caer que la OTAN ha dado un nuevo tirón de orejas a España por no invertir lo pactado en defensa. Un argumento de autoridad que a los militares les parece definitivo a pesar de dejar en muy mal lugar la soberanía en temas relacionados con esta materia: hay que invertir más en defensa porque lo dice la OTAN.

Para el Contraalmirante los militares no sólo necesitan cariño

Recibimos mucho cariño, pero no sólo necesitamos cariño, necesitamos apoyo económico. Esta institución está mal financiada y por eso estamos en estos foros, para que se nos conozca más

Pero al margen de esta anecdótica explicación, el Contraalmirante contó que se ha producido un cambio en el ciclo del planeamiento para garantizar lo que el militar llama estabilidad presupuestaria en materia de Defensa.

Hasta ahora los militares hacíamos una propuesta la Ministerio que era como una carta a los Reyes Magos porque nunca se podía satisfacer. En el nuevo planeamiento contamos con una previsión de recursos para que el resultado del proceso sea aplicable.

Hasta ahora el ciclo de planeamiento se inauguraba con cada gobierno a partir de la Directiva de Defensa Nacional, donde el Presidente de Gobierno fijaba las prioridades políticas para una legislatura. Una vez dictada esta Directiva, el ciclo tenia un plazo de cuatro años para ir planeando las «necesidades». Y aquí venía la «Carta a lo Reyes Magos» que dice el contraalmirante, porque, para que el planeamiento tuviera en cuenta sus preferencias, necesitaban (previamente a la Directiva) influir en ésta para que las tuviera en cuenta, y cabía la posibilidad (en realidad más teórica que real, a juzgar por la política de defensa continuista de los gobiernos del PP y PSOE) de que un gobierno poco motivado empezara a romper con la lógica de gasto militar existente.

El nuevo ciclo intenta evitar esto, y se articula no en torno a cuatro años, sino en torno a seis años, con lo que las prioridades ya no dependen de las directivas gubernamentales, sino que las define el propio «ciclo», que se inicia cuando el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) determina en un documento los escenarios posibles, las capacidades que van a  hacer falta para enfrentarlos. Luego este documento va a ser complementado por otros dos: uno que hace el Secretario de Estado de Defensa (SEDEF) en el que se establece el dinero disponible; el otro el que elabora el Subsecretario de Defensa, que establece cuánto personal va a necesitarse. Es aquí, dice el Contraalmirante en su explicación, cuando entra en juego la industria militar, proponiendo soluciones reales y asumibles para llevar a cabo los requerimientos de estos documentos.

De la lista de propuestas que se hace, el resultado es que el Ministerio elige las prioridades que pueden asumirse y comprometerse, asegurando así que, salga el gobierno que salga, éstas necesidades y prioridades queden garantizadas.

Desde luego este sistema pretende, se ve a las claras, desvincular las inversiones y el gasto militar de la orientación del gobierno que pueda salir y consolidar un gasto militar a gusto de los militares y, dicen ellos, «estable», es decir, a resguardo de bajadas y que permita abordar sin problemas tanto las inversiones en armas, como el mantenimiento del conjunto de la defensa.  En otras palabras, con este nuevo ciclo de planeamiento los militares se desvinculan del poder político, se hacen independientes.

Se nos ocurren maneras mucho más creativas de cumplir con unos requisitos lógicos que garanticen inversiones necesarias y mantenimiento, como por ejemplo, reducir el secular e injustificado gigantismo de nuestro ejército, suprimir la reserva que consume más de 500 millones de euros para pagar a unos 15.000 militares que no hacen nada, o redefinir la política de injerencia militar en el exterior que nos obliga a mantener un armamento de agresión y ataque innecesario para una estricta defensa (lo que obliga a mantener unos programas de armamento que nos endeuda por décadas) y de paso nos ahorra los otros 1.000 millones de euros que gastamos en operaciones en el exterior.

O podríamos abordar en serio y profundamente toda la política de defensa y emprender un camino de transarme hacia un modelo de defensa basado en la seguridad humana y para el que tal vez no sea necesario el aparato militar desmesurado que tenemos y se pueda ir reduciendo hacia su eliminación y transformación hacia una defensa alternativa y noviolenta.

Claro que esta manera creativa exigiría no hacer caso a lo que dice la OTAN y definir la política de defensa desde otros parámetros más enfocados a ver qué queremos defender en vez de qué quieren gastarse los militares.

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Nueva Directiva de Defensa Nacional. Sin luz, sin taquígrafos y sin control de nadie.


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Por European People’s Party

Al inicio de cada legislatura se publica por el Presidente de Gobierno, como responsable de la política de defensa a tenor del artículo 6.1 de la L.O 5/2005, de la Defensa Nacional, la llamada Directiva de Defensa Nacional, documento que orienta el planeamiento de la defensa, define los riesgos y amenazas que marcan el contexto de ésta y plantea las directrices de la política de defensa para una legislatura.

Se trata, y así se define en la Orden Ministerial 37/2005 de 30 de marzo publicada en el Boletín Oficial de la Defensa número 68, de 8 de abril de dicho año, del principal documento de la defensa y del planeamiento militar.

La vigente Directiva de Defensa Nacional, titulada “Por una defensa necesaria, por una defensa responsable” es de julio de 2012 y tras su aprobación por el Presidente de Gobierno fue informada al Parlamento (remarquemos que únicamente informada, no debatida, ni votada, ni siquiera consultada previamente a su aprobación).

Muy resumidamente, dicha directiva partía de un doble contexto: el de inseguridad internacional, eso sí explicado desde la versión simplista de la derecha, y el de crisis económica. Uno y otro servían para decir, tan a gusto del gobierno y en línea en cierto modo muy continuista con las directivas anteriores, que España no podía hacer dispendios en gasto militar (dispendios que, sin embargo ha seguido haciendo pero ocultándolos) y que por eso los presupuestos de la legislatura serían austeros y sin alegría. También afirmaba que el contexto exigía profundizar en las líneas de defensa que han sido el mantra de ese férreo consenso de estado de PP y PSOE en estos temas: 1) modernizar nuestra defensa y sus instrumentos, 2) profesionalizar la defensa, 3) seguir en el  papel intervencionista de nuestra tropa más allá de las fronteras y al servicio del entramado de intereses de la OTAN, UE, EEUU, 4) privilegiar la industria militar y 5) buscar el reconocimiento de lo militar en nuestra sociedad a través de una política de adoctrinamiento y propaganda que denominan “cultura de la defensa” en la que todo lo que sea criticar este sistema es considerado incultura.

Las Directivas de Defensa, a pesar de su importancia, pasan por ser un documento desconocido y opaco, incluso para el propio Parlamento. De hecho, hasta 1992 (12 años después de la primera de ellas) fue un documento secreto.

Es cierto que Carme Chacón, en comparecencia que efectuó ante la Comisión de Defensa del Parlamento, el 25 de noviembre de 2008 prometió que a partir de la fecha se escucharía y consultaría previamente al Parlamento, pero del dicho al hecho… no se ha cumplido tal promesa y el Parlamento es un convidado de piedra más a sumar a la ciudadanía desinformada, a la clase política despreocupada de estos temas (por cierto previamente pactados y cerrados entre los partidos que se han alternado en el gobierno bajo la excusa poco rigurosa de que son “políticas de estado”) y a los medios de comunicación demasiado desinteresados por explicar de verdad aspectos tan peliagudos como lo que se define como enemigos, riesgos y amenazas, si se va gastar mucho o no en armas y ejércitos, si seguimos con un enfoque de ejército intervencionista, el vínculo con la OTAN y sus políticas o el impulso a una industria militar que se ha convertido en la sexta exportadora de armas del mundo y que, cada vez más, promueve no solo el negocio, sino también el conflicto y la guerra.

Con este contexto, surge una primera pregunta: ¿por qué el gobierno de Rajoy, en el poder desde 2011, y después de permanecer gobernando “en funciones” un buen pellizco de 2015 y del 2016, más el tiempo que lleva como presidente nominado desde octubre pasado, aún no ha aprobado la nueva “Directiva de Defensa Nacional”?

Y de esta pregunta tres nuevas cuestiones:  ¿sera que asistimos a un repliegue de las directivas al secreto?, ¿Será que con una oposición más compleja que las del tiempo de plena vigencia del bipartito prevén que la directiva abra una rendija, mínima rendija a nuestro parecer, a la crítica y al cuestionamiento de esta “política de Estado”?, ¿Será, sencillamente, que esperan a publicar los PGE que consolidan una apuesta por aflorar una mayor porción del gasto militar (precisamente la destinada a comprar armas de “proyección/ataque” que no se necesitan y que nos arruinan, y a consolidar mediáticamente el mensaje de vuelta de tuerca del militarismo que está efectuando la ministra del ramo?

¿O será, como en tantas otras cosas, otro ejemplo de desidia de nuestro abúlico presidente?

Sea como sea, y antes de que sea tarde, queremos alertar del hecho de que el gobierno, antes o después, va a firmar la directiva que definirá la política de defensa para la legislatura, sin contar para ello con nadie más que con la propia cúpula del ejército y de espaldas al Parlamento, a la sociedad y al debate ciudadano.

Y una vez firmado ese marco referencial, el debate sobre qué defensa queremos estará, definitivamente, cerrado por otra legislatura. Gastarán más, invadirán más, serán más estrechamente cómplices de la política de la OTAN, venderemos más armas, generaremos más deuda militar… Serviremos mejor al status quo.

Para promover el debate, empecemos por señalar lo que probablemente dirá la nueva directiva. Para ello tenemos algunas pistas, como, por ejemplo, las declaraciones repetidas y tópicas de la Ministra y de sus corifeos de que hay que aumentar el gasto militar español al 2% del PIB (por cierto, que según nuestros cálculos, sumado el presupuesto del Ministerio de Defensa a punto de aprobación definitiva con las partidas escondidas en otros departamentos y partidas que conforme al criterio de la OTAN son gasto militar, ya superamos ese 2% del PIB), o acerca del reiniciado “segundo ciclo de rearme”, con la apuesta por comprar nuevos sistemas de armas innecesarias y de invasión (Aviones A400 y F35, nuevos barcos de guerra, vehículos 8×8, drones, nuevos sistemas de misiles, etc.), o los nuevos compromisos anunciados de participar en más operaciones de guerra en el exterior (Afganistán, frontera con Rusia, mayor implicación en Centroáfrica…), o los acelerados pasos para “securitizar” y  militarizar otras políticas, como la de movilidad humana, la de seguridad pública y libertades bajo el nuevo trampantojo del terrorismo internacional como excusa.

Probablemente el contexto que defina esta nueva directiva venga a explicarnos, como siempre, que vivimos en un mundo lleno de riesgos y amenazas que, como dice la ministra, obligan a fortalecer la defensa porque nuestra seguridad y bienestar se defiende lejos de nuestras fronteras y por medio del ejército. A este mundo de constante liquidez y movilidad, se une que el rajoinato predica el fin de las vacas flacas, lo que de rondón valdrá para que la nueva directiva, de nuevo, sea más de lo mismo de las anteriores con directrices que propondrán mayor gasto militar para alcanzar el 2% del PIB en defensa, mayor esfuerzo militar en el exterior, principalmente de la mano de la OTAN y de las operaciones de la UE, mayor esfuerzo en promover la industria militar y la exportación de armas y algunos cantos de sirenas más para incorporar a la noción de defensa previa esta especie de invasión de la securitización de la vida social, con toda la retahíla de propuestas sobre la ciberseguridad, la necesidad de recortar derechos para evitar el terrorismo y las demás lindezas con las que se justifica la expansión del militarismo.

Con este panorama nos cabe otro par de preguntas más.

De todo esto, ¿qué opinan los partidos políticos del arco parlamentario?, ¿están de acuerdo?, ¿no merece la pena protestar antes de que sea tarde?

Si observamos los diversos programas políticos las divergencias, si es que las hubiere, podrían ir referidas principalmente a la necesidad de una mayor transparencia de la política de defensa y del gasto militar.  A partir de ahí, sin embargo, los partidos de la derecha, Ciudadanos y PSOE muestran más similitudes que diferencias y apuestan por apoyar el consolidado sistema de defensa vigente. Tal vez las fuerzas más a la izquierda discutirían el contexto de riesgos planteados por el establishment, para poner el énfasis en la violencia estructural y en los intereses poco santos de occidente, y para criticsar la apuesta de vincularnos a operaciones de paz bajo el paraguas de la OTAN. Tal vez discutan la prioridad del gasto militar cuando existen tantas necesidades sociales, y la existencia de algunos capítulos del gasto militar poco presentables, pero no vemos mayores disensos.

No obstante, a los partidos les tocará, si es que lo estiman oportuno, hacer sus propias consideraciones al respecto, claro está, si es que son consultados, lo cual, de nuevo, está fuera del escenario actual.

No parece, sin embargo, que vayan a exigir que la directiva de defensa sea discutida en el Parlamento, ni someterla a crítica y debate público, aunque en cierto modo, una discusión pública de esta política, como ocurre en otras, sea un ejercicio de salud democrática que nos permitiría al menos contrastar argumentos, posibilidades y alternativas.

¿Por qué, entonces, no se exige que se debata y apruebe por el Parlamento, no como hasta ahora?

¿Cabria proponer, e incluso construir socialmente, desde ya, propuestas diferentes a la previsible directiva?, ¿cabría formular propuestas para por ejemplo, parar esta deriva?, ¿para iniciar un ciclo al menos diferente?, ¿o incluso para impulsar un cambio de modelo que abandone el enfoque militarista y adopte un enfoque de la seguridad alternativo?

Desde luego, las múltiples demandas y propuestas de los movimientos sociales altermundistas y antiglobalizadores, anticapitalistas, de la solidaridad internacional, antimilitarista, ecologista, feminista, pongamos por caso, en sus diferentes y complementarios enfoques, permitirían rellenar una agenda de caminos a emprender para desenmadejar el tema de la defensa y construir una alternativa de seguridad humana. ¿Merece la pena una puesta en común que nos permita ofrecer un referente con el que contrastar el modelo de defensa militarista que defenderá la próxima Directiva de Defensa?

Para cuando llegue ese momento, nosotros creemos que hay algunas preguntas básicas que, como hemos venido promoviendo desde el inicio de nuestro recorrido, podrían ayudar a definir una política acorde con la seguridad humana:

 

Pregunta básica Alternativa 1 Alternativa 2
¿Qué es lo que hay que defender?

 

La seguridad militar

Las fronteras

El status quo

La lucha contra el terrorismo internacional

Contra las invasiones y amenazas militares

Los derechos sociales

Los derechos humanos

La seguridad humana

La lucha contra la violencia estructural y cultural

La lucha contra los problemas globales de índole ecológica, pobreza, etc.

¿Quién tiene que ser el sujeto de esta defensa? Las élites

Los ejércitos

La industria militar

Expertos

La sociedad en su conjunto

Los movimientos sociales y otros cauces de auto-organización

Sin delegación

¿Cómo hay que ejercitar esta defensa? Militar

Violenta. Guerras.

Bajo el paradigma dominación-viole

Social

Noviolenta. Transformación de conflictos

Bajo el paradigma cooperación-noviolencia

 

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Retos para Cospedal en Defensa

Imagen de Gobierno de Castilla La Mancha

Imagen de Gobierno de Castilla La Mancha

Fuente:  Infodefensa.

Infodefensa, desde su perspectiva militarista (nosotros añadimos algunos comentarios desde nuestra perspectiva pacifista, para completar el análisis) nos cuenta que son 10 los principales retos a los que se enfrenta María Dolores de Cospedal, nueva ministra de Defensa:

1.-  Los Programas Especiales de Armamento (PEAS).  Después de que el Tribunal Constitucional negase la legalidad de pagar los PEAS mediante créditos extraordinarios que se firmaban en verano, para ocultar los 1.000 millones que suponían en 2016, queda por ver cómo hará el PP para pagar estos programas innecesarios y que, a la vez, están hundiendo al Ministerio de Defensa en la bancarrota.  Hay que recordar que quedan por pagar 21.300 millones de deuda arrastrada.

2.-  Elaboración del Presupuesto para 2017.

¿Seguirá ocultando la mayor parte del gasto militar anual en otros ministerios y otras partidas presupuestarias?  Hay que tener en cuenta que según nuestro informe «Gasto militar 2016«,  se presupuestó para el Ministerio de Defensa un gasto de 5.787’89 millones de €, y según nuestros cálculos el gasto militar para 2016 va a acabar siendo más de 30.928’86 millones de €.  Es decir, se esconde, ni más ni menos que 25.140’97 millones de €.

¿Seguirá gastando en Defensa más de lo que se presupuesta?  Hay parte del gasto militar que no se presupuesta.  En concreto, el sobregasto en Defensa entre 2002-2016 ha sido de 19.981’15  millones de € (un 20’66 % más de lo presupuestado)

¿Seguirá aumentando la deuda militar?  La deuda militar para 2016 la hemos calculado en 16.127’63 millones de €.

3.-  Para no aburrir, englobamos en este punto todas las demandas de armamento ultramoderno que piden los tres ejércitos:

  • Para la Armada:  submarino S-80, sustitución de los aviones de caza de despegue vertical Harrier, adquirir nuevas fragatas F-110, comprar nuevas lanchas de desembarco.
  • Para el Ejército de Tierra:  el nuevo 8×8, las Brigadas Orgánicas Polivalentes.
  • Para el Ejército del Aire:  aviones no tripulados (RPAS), aviones de transporte militar A-400M, nuevos aviones de reabastecimiento en vuelo, aviones para entrenamiento.
  • Reordenar la Dirección General de Armamento y Material, que pretenden que, de una vez por todas, sea una Agencia de Adquisiciones centralizada.

Como se ve, si los PEAS ya han sumido en la miseria al Ministerio de Defensa y al de Industria, ahora el plan es que suman en la miseria al resto de departamentos económicos y al Estado en pleno.  Una locura.

4.-  El relevo de la cúpula militar, para dejarla a gusto de la nueva ministra.

5.-  El mercado europeo de la defensa.  Aquí, para los militares vienen épocas de vacas gordas tras el anuncio de la decisión europea de dedicar fondos para potenciar la industria militar.

6.-  Relaciones militares con USA.  No nos preguntamos si se militarizarán más el sur de España con fuerzas armadas yankis, lo más certero será preguntarse cómo lo harán.  Rota, Morón, Canarias serán los pacientes sufridores de ser la plataforma de lanzamiento de ataques hacia África y hacia Oriente Medio.

7.-  Intervenciones en el extranjero.  ¿A qué cifra llegará el nuevo record intervencionista español?  Suponemos que Dolores no se dejará amilanar por Morenés y superará la cifra de 2.300 efectivos fuera de nuestras fronteras.

Otras cuestiones, muy importantes.

Siendo muy importante todo lo anterior, también lo son las cuestiones que desde nuestra óptica proponemos para debate:

¿La Directiva de Defensa Nacional seguirá redactándose sin hacer participar al Parlamento y a la sociedad española?

¿Seguiremos con una política de personal en el Ministerio de Defensa que haga que nuestros ejércitos sigan estando sobredimensionados, sobre todo en cuanto a oficiales y mandos se refiere?

¿Seguiremos militarizado la I+D+i?

¿Seguirán existiendo los inútiles y duplicadores de gasto Organismos Autónomos militares?

¿Seguirá militarizada nuestra política exterior?

¿Se informará al Parlamento sobre cuestiones de Defensa de manera tal que se favorezca el debate pausado y profundo, y que se tengan en cuenta sus propuestas?

¿Para cuándo una auditoría del Gasto Militar?

¿Para cuándo abolir la justicia militar?

¿Se seguirá hurtando a la ciudadanía la decisión sobre temas de defensa?

¿Se abordará la reducción paulatina del gasto militar?

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Celebremos el militarismo

Imagen de El Coleccionista de Instantes

Imagen de El Coleccionista de Instantes

Resulta asombrosa y turbadora la persistencia de esa anacrónica celebración anual del 12 de octubre, que mezcla la exaltación de los ejércitos y nostalgia con la idea de la “nación española” y más allá de ésta, de la hispanidad, denominación que edulcora la que antaño tenía la fiesta, “de la raza”.

En dichos fastos pone todas sus complacencias el Ministerio de Defensa, principal protagonista del evento, como punta de lanza que es de su política de adoctrinamiento en eso que llaman “cultura de la defensa” y que se concibe como una exaltación de las virtudes militares y de la parafernalia militarista encaminada a adormecernos, aún más, en la aceptación del ejército como una institución legítima y normalizada, columna vertebral del Estado (dicen los estereotipados discursos al uso) y mascarón de proa de la política exterior “cola de león” de nuestra élite dominante.

La exhibición de 2016 le va a costar al erario público, según declaraciones del Ministerio de Defensa, la friolera de 800.000 euros, la mitad más o menos para el gran desfile militar de Madrid.

La cifra, al parecer, incluye sólo el gasto que el Ministerio de Defensa destina a tales fastos, pero no es todo el dinero público que provocará este evento, pues a ello hay que sumar, al menos, el que supondrá el corte de calles y refuerzos de policías nacional y locales (1.500 policías reforzarán el desfile, cesión de espacios y otros pequeños gastos que ni están cuantificados ni desglosados pero que, sin embargo, se producen.  Habrá que sumar, al menos, lo que cuesten los 18 actos en Andalucía, 12 en Murcia, 11 en Castilla León, 11 en Galicia, 7 en Madrid,  5 en Aragón, 4 en Canarias, 4 en Castilla La Mancha, 3 en Cataluña, 3 en Baleares, y 1 en Ceuta, Extremadura, Melilla, Valencia y Asturias  y actividades sensibleras como grabar en video 22 flexiones “por España” y mandarlas al hashtag “#22porEspaña”.

¿Qué ha pasado en años anteriores?

2015, 800.000 euros, pero sin incluir la exhibición de vuelo de la que no se dio información.

2014:   823.000 euros

2013: 823.000 euros

2012: 1 millón de euros

2011: 2,8 millones de euros

Sumadas estas cifras de los últimos 6 años, se han despilfarrado nada menos que 7,05 millones de euros, un dinero que, sin duda, podría haber paliado muchas de las graves y cotidianas amenazas que la seguridad de los españoles padecen a diario.

Por tanto, celebremos el militarismo:

  • Celebremos que no nos dejan opinar sobre la política de defensa y la Directiva de Defensa Nacional sigue siendo aprobada sin contar con el Parlamento.
  • Celebremos que nos dicen que van a gastar en Defensa un presupuesto de  5.787’89 millones € y realmente nos engañan con un gasto militar superior a los 30.928 millones de €.
  • Celebremos que nos engañan ocultando el 81’29 % del gasto militar existente.
  • Celebremos que ocultan gasto militar en 12 de los 13 ministerios existentes.
  • Celebremos la deuda militar de más de 16.127 millones de € que acumularemos sólo en 2016.
  • Celebremos que somos considerados el enemigo por muchos países dado que actualmente tenemos 17 misiones militares en el exterior y hemos llegado a las 79 desde tiempos de González.
  • Celebremos un gasto militar diario de 84’5 millones de €.
  • Celebremos ser el 6º exportador mundial de armas.

Y, ya de paso, celebremos el paro, la precariedad, los desahucios, los despidos de profesores, médicos y enfermeros, la contaminación, el envenenamiento de las aguas, la corrupción política, …

Y hartos de celebrar, quizá algún día comprenderemos el error de asimilar patrias con ejércitos, política exterior con violencia, recuperación económica con venta de armas.

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Política de defensa en Francia

Imagen de Barby BZ

Imagen de Barby BZ

Continuamos la serie que prometíamos en el artículo “Política de defensa de Alemania“, y «Política de defensa de Gran Bretaña», siguiendo el estudio “Análisis comparativode la capacidades militares españolas con las de los países de su entorno” realizado por Ignacio Fuente Cobo para el IEEE del Ministerio de Defensa.

Hoy nos ocupamos de las líneas generales de la política de defensa de Francia.

 

Como el resto de sus homólogos occidentales, las Fuerzas Armadas francesas comenzaron a evolucionar con el final de la Guerra Fría y la reanudación de las operaciones expedicionarias en el exterior. Siguiendo un proceso paralelo al de las Fuerzas Armadas de países europeos como España, Italia y Portugal, entre otros, Francia suspendió la conscripción en 1996 y en 2001 los últimos reclutas acabaron su período de servicio de diez meses. Se daban así los primeros pasos hacia un nuevo ejército profesional, que debía ser más compacto, mejor equipado y mejor adaptado para intervenir fuera del territorio nacional.

Sin embargo, a la vez que mantenía su ambición de seguir siendo considerada una potencia global, Francia, siguiendo la misma tendencia que otras naciones occidentales, fue reduciendo progresivamente el porcentaje del PIB dedicado a la defensa, cuyo presupuesto cayó del 2% de 1997 al entorno del 1,4% que alcanzó a principios de la presente década. Ello supuso que, con el fin de mantener unas Fuerzas Armadas tecnológicamente avanzadas, Francia tuvo que sacrificar el tamaño de la fuerza, cuya reducción fue continua e inevitable.

No obstante, Francia mantuvo su individualidad estratégica y solo se integró en la estructura militar de la OTAN en 2009, al tiempo que aspiraba a potenciar y liderar las iniciativas militares en el marco de la Unión Europea. De esta manera, Francia intervino con una División ligera (la División Daguet, unidad ad hoc constituida por unos doce mil quinientos franceses procedentes de diferentes unidades orgánicas y un refuerzo de cuatro mil quinientos norteamericanos, dotada de carros AMX-30, vehículos blindados, artillería y helicópteros de ataque) en la Guerra del Golfo en 1991, pero no se implicó en Irak y en Afganistán, su participación ha tenido menor perfil que la de Reino Unido e, incluso, que la de Alemania o Italia.

Por el contrario, la revalorización estratégica del continente africano le ha servido a Francia para hacer valer su amplia experiencia en ese continente, especialmente tras su exitosa intervención militar autónoma en la operación «Serval» en Malí en 2013. Su participación en las operaciones en Libia en 2011 también fue particularmente activa y, en la actualidad, el despliegue regional en el Sahel conocido como operación «Barkhane» es, en general, considerado como un importante factor estabilizador de carácter antiterrorista y, en particular, antiyihadista. Incluso, en la lucha contra el Dáesh en Siria e Irak (la operación «Chammal»), Francia, con el despliegue permanente de medios aéreos (un contingente de unos 850 militares) y el ocasional de medios aeronavales, como el portaviones Charles de Gaulle, ha asumido un papel algo mayor que el de Reino Unido y, por supuesto, Alemania o Italia.

Los documentos en los que se basa la política de defensa de Francia en la actualidad son:

  • el Libro Blanco sobre Defensa y Seguridad Nacional, cuya última edición es de 2013 y que es el documento que marca la orientación estratégica de los próximos 15 años
  • y la Ley de Programación Militar (LPM) para el período 2014 a 2019.

La evolución de la política de defensa francesa viene marcada por la sucesiva publicación de sus Libros Blancos sobre la Defensa:

comenzó con la publicación del Libro Blanco sobre la Defensa y la Seguridad Nacional de 1994 que supuso el cambio de énfasis de la defensa del territorio nacional por las operaciones expedicionarias. Este proceso continuó con un nuevo Libro Blanco en el año 2008 en el que se formulaba el concepto de «incertidumbre estratégica», definido como la dificultad de identificar los riesgos y amenazas en un mundo que entendía se había vuelto más inestable y más peligroso. Las Fuerzas Armadas francesas se concebían y dimensionaban principalmente a partir de la hipótesis de un enfrentamiento importante de alta intensidad con fuerzas estatales de un nivel equivalente. Este documento fue revisado en 2012 para integrar los efectos de la llamada «Primavera árabe», la inflexión estratégica de los Estados Unidos hacia el Pacífico y la crisis económica que tan profundo efecto estaba teniendo en las cuentas del Estado incluyendo los presupuestos de defensa. Sin embargo, la presidencia francesa no pareció completamente satisfecha del resultado obtenido por lo que el actual presidente, François Hollande, condicionado por las repercusiones de la operación «Serval» en Malí, que no habían sido previstas en este documento, así como por la necesidad de recuperar el equilibrio de las cuentas públicas, ordenó al llegar al Elíseo que fuera completamente reescrito, dando lugar así al actual Libro Blanco de la Defensa cuya publicación data de abril de 2013 y que ha sido desarrollado por la Ley de Programación Militar (LPM) 2014-2019

El entorno de seguridad y la estrategia militar.

Reconoce tres tipos de amenazas:

  • «Amenazas de la fuerza», considerando que, al menos hasta 2025, el riesgo de que resurjan conflictos entre Estados sigue estando presente. Ello es debido al aumento del gasto militar, especialmente en Asia; a las políticas expansivas de potencias como Rusia y China; a la desestabilización regional en áreas como el Oriente Medio; a la proliferación de las armas de destrucción masiva y, finalmente, a los ataques informáticos dirigidos desde ciertos Estados.
  • Los «riesgos de la debilidad» de algunos Estados que pueden terminar por convertirse en amenazas, esto supone un factor estratégico nuevo en el que algunos Estados en África, Oriente Medio, o Asia resultan incapaces de ejercer sus responsabilidades, los riesgos, por lo que las amenazas que surgen en su territorio pueden desbordarse rápidamente y afectar a la seguridad de Francia.
  • Las amenazas y los riesgos amplificados por la «globalización» se refieren a las amenazas y los riesgos que pesan sobre los flujos de bienes, mercancías o personas, en constante aumento con la globalización económica; los riesgos para la seguridad marítima debido al incremento de la piratería, los riesgos terroristas que siguen presentes en el centro de las preocupaciones de seguridad de la mayoría de los países, el incremento exponencial de los riesgos mediante ciberataques contra las infraestructuras digitalizadas y las amenazas que pueden dirigirse contra el espacio extratmosférico.

Otro cambio importante que recoge el Libro Blanco es que restringe el alcance de la acción de Francia a los límites de Europa, léase África.  Se centran actualmente —al igual que ocurre con la mayor parte de sus socios europeos— en la lucha contra el terrorismo yihadista y en la estabilización de los países que conforman la periferia de la Unión Europea. Los sueños formulados en 2008 de jugar un papel en Asia han quedado olvidados, reconociéndose que Francia ya no tiene los medios para para llenar su ambición más lejana. Las dos últimas guerras libradas por Francia en Libia y Malí, organizadas por medio de coaliciones «verticales», y el hecho de que los Estados Unidos hayan renunciado a estar en primera línea, representan, en la percepción francesa, el futuro modelo de conflicto al que ha de enfrentarse el país.

El siguiente párrafo nos pone cara a cara con la penosa realidad de la planificación militar (no sólo francesa, mundial).  En él, sin reconocer el error que cometieron en la pasada planificación, se autoenmiedan la plana sin asomo de autocrítica o de rubor:

La actuación de Francia en Malí, por otra parte, ha confirmado la necesidad de mantener bases militares en África, quedando así abandonado el propósito estipulado en el Libro Blanco de 2008 de racionalizar la presencia militar francesa en África mediante una reducción drástica de sus bases militares. De esta manera, se reconoce que sin estas bases la intervención en Malí no hubiera sido posible y también indica que Francia parece haber comprendido que la mayor parte de los gastos de este tipo de intervenciones serán nacionales.

En cuanto a la estrategia militar:

hasta el Libro Blanco de 2013, las Fuerzas Armadas francesas se habían concebido y dimensionado principalmente a partir de la hipótesis de un enfrentamiento importante de alta intensidad con fuerzas militares de otro Estado de un nivel equivalente. Por ello el Libro Blanco de 2008 insistía especialmente en el principio de polivalencia y en el alto nivel de modernización de todas las unidades.

Sin embargo, la edición de 2013 del Libro Blanco introduce una inflexión con respecto a esta tendencia distinguiendo entre operaciones coercitivas, donde las Fuerzas Armadas francesas se enfrentarían a ejércitos estatales, y las operaciones de gestión de crisis que tienen características militares distintas. Consecuentemente, el Libro Blanco establece una categorización de las principales misiones operativas asignadas a las Fuerzas Armadas que permitan hacer frente a un amplio espectro de intervenciones e incluyen, por una parte, las misiones permanentes y, por otra, las misiones no permanentes de intervención fuera de sus fronteras.

Los ejércitos deberán llevar a cabo los siguientes esfuerzos militares:

  • Misiones de protección del territorio y la población, que exigen una capacidad de fuerzas terrestres que puede alcanzar los 10.000 hombres, así como los medios adaptados de las fuerzas navales y aéreas, en misiones de refuerzo de las fuerzas y cuerpos de seguridad.
  • Gestión de crisis internacionales hasta en 3 teatros diferentes con medios que pueden llegar a los 7.000 hombres y que incluyen unidades navales, entre ellas un buque de proyección y mando, y una docena de aviones de combate.
  • Por último, 1 operación coercitiva importante que implique alrededor de 15.000 hombres, con hasta dos brigadas interarmas, 45 aviones de combate y un grupo aeronaval, y que incluya fuerzas especiales.

Para cumplir su nivel de ambición, el Libro blanco prevé:

  • invertir la tendencia decreciente manteniendo un esfuerzo de defensa significativo de manera que, en un primer momento, el gasto de defensa se estabilice para después, incrementar su volumen progresivamente.
  • El presupuesto de Francia seguirá siendo el segundo presupuesto militar de la Unión Europea —después del británico—, lo que se considera el precio de mantener la ambición internacional de Francia y preservar su autonomía estratégica.
  • La caída del presupuesto de defensa impide mantener el nivel de ambición de las Fuerzas Armadas francesas en el medio y largo plazo, a pesar de que el nivel de esfuerzos que se les exige se ha reducido a la mitad, pasando de 30.000 soldados en operaciones hace unos años a 15.000 a comienzos de 2015.

La tensión que ha producido en el seno de las Fuerzas Armadas esta situación de sobresfuerzo militar en una época de recortes presupuestarios se ha reflejado en ciertas discrepancias internas entre el poder político y los responsables militares hasta el punto de que en mayo de 2014 el jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) y los tres jefes de Estado Mayor de los Ejércitos (JEME) amenazaron con su dimisión si no se revertía una situación que entendían insostenible en el largo plazo.

La planificación francesa también ha visto recientes cambios en lo que se refiere a presupuestos:

De acuerdo con la Ley de Programación Militar, tal y como fue aprobada en diciembre de 2014, los presupuestos de defensa, sin incluir los gastos de pensiones, expresados en miles de millones de euros corrientes, debían evolucionar como sigue (sin incluir los gastos en pensiones):

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Además, se contará con recursos excepcionales, incluyendo enajenaciones, por valor de:

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Poco después, por los atentados terroristas de 2015, se decidió establecer

un presupuesto de defensa para los cinco años de 162.410 millones de euros. Ello supone que, de acuerdo con la ley modificada, Francia va a liberar 3.800 millones de euros suplementarios en los próximos cuatro años, lo que le permitirá evitar acometer en toda su dimensión la reducción de plantilla prevista en el Libro Blanco. Ya no se suprimirán de aquí a 2019 los 34.000 empleos proyectados, sino aproximadamente la mitad

La opción francesa contra los atentados terroristas en su territorio en 2015 ha consistido en remilitarizar Francia y considerar la seguridad interna como un frente más, así:

Los ataques terroristas en París de 13 de noviembre de 2015 han acelerado esta inflexión hacia el incremento de sus gastos de defensa, cancelando los recortes de personal en las Fuerzas Armadas previstos para los años 2015 y 2016 que alcanzaban un total de 18.750 efectivos. Igualmente, a raíz de los ataques, todos los recortes de personal previstos para después de 2017, 2018 y 2019 han sido suspendidos.  También, como consecuencia del incremento de la amenaza terrorista, se van a reforzar la policía y la gendarmería con cinco mil nuevos efectivos, así como el Ministerio de Justicia y el Servicio de Aduanas con tres mil quinientos nuevos empleados que se añadirán a las 2.650 plazas suplementarias aprobadas después de los anteriores ataques de enero de 2015

Los problemas de programación y el uso excesivo y engañoso, por tanto, de los créditos extrapresupuestarios es un grave problema que compartimos a ambos lados de los Pirineos:

la asignación anual para las operaciones externas se ha fijado en 450 millones de euros, una cantidad que resulta insuficiente, por lo cual, como reconoce la propia ley, los costes adicionales y los reembolsos de las organizaciones internacionales en el marco de las operaciones externas deben ser objeto de una financiación extraordinaria, con el consiguiente impacto sobre las cuentas del Estado.

Nos parece que el modelo francés es la envidia de Morenés y su ministerio porque:

Francia tiene una consideración especial hacia el imperativo industrial, es decir, la necesidad de preservar el conjunto de los sectores industriales crí- ticos que hacen de la base industrial y tecnológica de Francia un instrumento de su autonomía estratégica y de su soberanía. Francia cuenta con la segunda industria de defensa de Europa, por detrás de Reino Unido. Con cuatro mil empresas trabajando en este sector, un volumen de ventas de cerca de 15.000 millones de euros, unos 165.000 empleos directos e indirectos en territorio francés y la exportación de entre el 25 y el 40% de su producción, la industria de defensa se considera uno de los motores principales de competitividad de la economía francesa, así como del empleo, por lo que su protección no es cuestionada por nadie.

Esto se ha traducido en una prioridad continua de los gastos de investigación y desarrollo y de un esfuerzo en el equipamiento sobre base nacional de las Fuerzas Armadas hasta 2025

Francia en el límite.

Francia ha llegado al límite de sus capacidades operativas con sus Fuerzas Armadas comprometidas en varios frentes, con casi veinte mil soldados desplegados en el extranjero, empeñados principalmente en la operación «Barkhane» que cubre todo el Sahel y la operación «Sangaris» en la República Centroafricana. A ello hay que añadir la participación francesa contra el Dáesh en Irak, además de los más de diez mil soldados que patrullan el país para proteger las zonas sensibles. Francia se encuentra también al límite de sus posibilidades presupuestarias. Su presupuesto de defensa reducido al 1,8% del PIB en 2015 resulta insuficiente para mantener en el medio y largo plazo una actividad operativa tan amplia. Incluso si este porcentaje aumentara hasta superar el umbral del 2% para finales de esta década, seguirá siendo insuficiente para mantener su ambición estratégica, sobre todo si se tienen en cuenta las exigencias operativas que pueden derivarse de los conflictos actuales y previsibles en el futuro.

 

 

 

 

 

 

 

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Política de defensa de Gran Bretaña

Imagen de Miguel Discart

Imagen de Miguel Discart

Continuamos la serie que prometíamos en el artículo «Política de defensa de Alemania«, siguiendo el estudio «Análisis comparativode la capacidades militares españolas con las de los países de su entorno» realizado por Ignacio Fuente Cobo para el IEEE del Ministerio de Defensa.

Hoy nos ocupamos de las líneas generales de la política de defensa de Gran Bretaña.

Las grandes líneas de la política de defensa de G.B. se rigen por

  • la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS), que analiza el entorno de seguridad y establece los objetivos estratégicos.  La última es de noviembre de 2015.  Y se revisa cada 5 años.
  • la denominada Revisión Estratégica de Seguridad y Defensa (SDSR) que establece las formas de lograr esos objetivos y los medios necesarios para conseguirlo, es decir, los recursos que van a emplear.  La última es de noviembre de 2015.  Y se revisa cada 5 años.
  • un informe anual a la comisión parlamentaria de defensa sobre la implementación de la NSS
  • y un registro nacional de riesgos de carácter abierto y revisable cada dos años

Esta organización nos parece mucho más transparente y participativa que la DDN española que es realizada y aprobada por el gobierno y que tras ello y, sólo con carácter informativo, es puesta en conocimiento del Congreso.

También nos parece muy oportuno dividir el debate en dos:  por un lado definir los enemigos, riesgos y objetivos de la defensa;  y en otro debate posterior plantearse cómo realizar esos objetivos.  Así, se pueden analizar por separado para mejorarlas y se pueden pedir responsabilidades o fijar los errores más concretos.

El principal problema de la SDSR de 2010 era que mantenía la misma premisa de la anterior, al afirmar que con el fin de la Guerra Fría la probabilidad de que se produjese un conflicto interestatal era muy baja, por lo que habría dejado de ser prioritario dotarse de las capacidades necesarias para hacer frente a un Estado militarmente avanzado, un escenario básicamente improbable.

La premisa subyacente en esta revisión de 2010 que, sin embargo, no fue formulada explícitamente, era que Reino Unido confiaba en que las crisis de seguridad y humanitarias fueran lo suficientemente infrecuentes y limitadas como para que las Fuerzas Armadas británicas estuvieran en condiciones de evitarlas o, en su caso, hacerlas frente con pocos medios. De hecho, los británicos nunca comprometieron más del 10% de sus efectivos en las operaciones más exigentes de Irak y Afganistán (diez mil soldados de un total de cien mil).

Un esfuerzo que, aunque pudiera parecer muy elevado para otros países, resultaba escaso para lo que estaba acostumbrado a comprometer hasta entonces Reino Unido. La denominada Fuerza Futura 2020 que contemplaba la revisión, establecía que Reino Unido solo debía hacer frente a un único problema importante de seguridad —Major Operation— en cada momento.

La SDSR 2010 no fue capaz de anticipar una serie de crisis y acontecimientos que iban a conformar el panorama estratégico de nuestros días. Los más evidentes fueron la participación de Reino Unido en las acciones en Libia en 2011, la inestabilidad en Ucrania en 2014.   la aparición de una nueva forma de islamismo extremista en Siria e Irak, o la epidemia del virus del ébola en África occidental.

De esta manera, se establecía un nivel de ambición consistente en desplegar un máximo de 6.600 soldados durante una década en una sola operación de estabilización y en un solo país, complementada con esfuerzos temporales menores que en ningún caso superarían los 3.000 soldados.

Así se redujo progresivamente el coste de las operaciones de proyección de fuerza un 19% en 2015 en comparación con los niveles de 2010.

Sin embargo, Reino Unido sobrepasó en 2010 su nivel de ambición respecto a su capacidad de conducir operaciones marcado para ese año —el denominado Defence Planning Assumptions— lo que supuso un esfuerzo extraordinario para las Fuerzas Armadas británicas, dando lugar a disfunciones que aún persisten

La postura gubernamental de llevar al límite esta política intervencionista ha supuesto graves problemas en el Ejército de Tierra, el más sobrecargado en las intervenciones:

La realidad fue, por tanto, que esos diez mil militares que estuvieron en operaciones durante esos años no supuso un esfuerzo repartido proporcionalmente entre el conjunto de las Fuerzas Armadas, sino que, muy mayoritariamente, recayó en el ejército de Tierra y en particular de las Unidades de Infantería, con lo que el nivel de exigencia operativa sobre esta parte relativamente reducida de la estructura de fuerzas británica resultó absolutamente desproporcionado. Por otro lado, este esfuerzo comenzó en 2003 en Irak y tuvo que mantenerse casi hasta 2014, unos diez años, sumando los años en Irak y en Afganistán, lo que ocasionó que casi se llegara a alcanzar el punto de ruptura de sus unidades, con problemas de retención, reclutamiento y generación de contingentes. Esta concentración del esfuerzo operativo sobre una porción limitada de unidades hizo que sus efectos dañinos todavía estén en proceso de recuperación.

G.B. eligió una opción generalista en la que asumía su papel como gran potencia intervencionista:

Reino Unido renunciaba a la especialización en determinadas capacidades, o en determinadas especialidades operativas, que debían ser reforzadas en caso de resultar insuficientes por las aportadas por los aliados. Por el contrario, intentaría mantener todas las capacidades propias de una potencia militar avanzada, incluyendo aquellas que estimaba habían quedado anticuadas como los carros de combate, aviones de combate de última generación, submarinos, armas nucleares, o portaviones, si bien en cantidades más modestas.

Finalmente, en una declaración que parecía más voluntarista que realista, asumía que más que centrarse en una región particular del mundo (por ejemplo, Europa y el Oriente Medio) su compromiso era global, abarcando desde el Pacífico hasta el África subsahariana.

Lo más significativo en cuanto a la reevaluación de sus planteamientos estratégicos por parte de Reino Unido realizada en la SDSR 2015 no eran estos acontecimientos en sí mismos, sino las tendencias que representaban. En primer lugar, la premisa de que tras las campañas de Irak y Afganistán debería seguir un período de «pausa estratégica», durante las cuales pudiera desarrollarse e implementarse la Fuerza Futura 2020, resultaba errónea desde el momento en que Reino Unido se vio inmerso en acciones militares en Libia, África occidental y Oriente Medio. En segundo lugar, tampoco era cierta la premisa de que Europa era inmune a la violencia estatal transfronteriza, por el contrario Estados poderosos en la región como Rusia no habían renunciado a emplear la fuerza como herramienta fundamental de su política internacional. Finalmente, estaba la relevancia de la aparición del Estado islámico en Irak y Siria que, con su brutal combinación de terrorismo e insurgencia, tenía como objetivo la posesión territorial, no tanto para crear una estructura estatal, capaz de ser reconocida por el ordenamiento jurídico internacional, como para establecer un califato islámico que desafiase al modelo westfaliano de orden internacional existente

¡Cuánto nos recuerda a nuestra DDN española!  Y eso que nuestro potencial económico y político no llega, ni de lejos, a los británicos.

Restricciones presupuestarias.

El análisis siguiente debería ser muy educativo para las elites militaristas españolas.  La producción y compra de armamento no es el objetivo principal de una nación al que todo debe plegarse.  Hay problemas más importantes y acuciantes que hacen que el esfuerzo militar pase a un segundo plano y sea contingente:

Ahora bien, el principal problema de la SDSR de 2010 no estaba tanto en la evaluación del entorno de seguridad —ciertamente limitada— sino, sobre todo, en que emergía en el contexto singular de una profunda crisis económica y financiera, lo que se tradujo en recortes sustanciales de los gastos públicos, incluidos los de defensa. Los compromisos de defensa heredados de épocas anteriores fueron considerados inabordables tanto a la hora de abordar la reducción del déficit público como a la hora de financiar los programas de equipamientos correspondientes. La consecuencia fue una sustancial reducción en los presupuestos de defensa que alcanzó el 8% en términos reales en el año 2015, traduciéndose esta rebaja en cambios importantes en la configuración y en el equipamiento de las Fuerzas Armadas. Los principales recortes en capacidades críticas, como la de la aviación embarcada con la retirada de los aviones Harrier y del portaviones HMS Ark Royal (un nombre mítico que había estado en servicio en la Armada británica desde los tiempos de la «Invencible»), así como el retraso en la construcción de dos nuevos portaviones debido, entre otras cosas, a la dificultad de acomodar en ellos el nuevo avión de combate F-35, reflejaban la dificultad de Reino Unido de lograr unas capacidades militares acordes al nivel de ambición global expresado en su revisión de la defensa. La eliminación de programas considerados hasta entonces prioritarios como el de patrulla marítima con la supresión del programa Nimrod MRA4, o la reducción de la flota de superficie de veintitrés a diecinueve fragatas y destructores, no hacían sino abundar en estas dificultades. En general, todas las capacidades fundamentales sufrieron recortes muy importantes, cuyo promedio alcanzó el 30%

Pero quizás la reducción más crítica fue en el personal en servicio activo, al prever el recorte en 17.000 efectivos del número de soldados y marineros (10.000 en el Ejército de Tierra y 5.000 en cada uno de los otros dos ejércitos). De esta manera, las Fuerzas Armadas británicas quedaban dimensionadas a unas cifras que no se conocían desde mediados del siglo XIX. La disminución de personal militar en activo debía compensarse con reservistas, cuyo número se preveía alcanzase un total de treinta y cinco mil en el año 2018, aunque existían serias dudas sobre la efectividad.

Es decir, países de nuestro entorno, países a los que las elites militaristas quieren parecerse, son conscientes de que la crisis económica imponía la reducción de gastos y de armamentos.  Nosotros no.  Los hemos considerado sagrados y hemos conseguido, con ello, multiplicar la deuda pública.

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Crecen las críticas.

Cristalizaron fundamentalmente alrededor de dos temas:

– Que la SDSR había sido dictada por las consideraciones presupuestarias más que por un verdadero análisis estratégico de los recursos necesarios para las Fuerzas Armadas a la vista del entorno de seguridad.

– Que la reducción de personal y los recortes en los equipos ponían en riesgo la capacidad de las Fuerzas Armadas británicas para llevar a cabo todas las misiones que se les encomendaban, especialmente las más exigentes.

La decisión de reducir el enorme déficit presupuestario provocó una disminución considerable en la capacidad militar de Reino Unido, a medida que se iban reduciendo las capacidades convencionales de combate de sus Fuerzas Armadas y los niveles de preparación de sus tropas. En un entorno estratégico que se iba complicando con la aparición de problemas como la anexión de Crimea por Rusia, o los efectos perversos de las «Primaveras árabes», Reino Unido disminuyó el perfil de su política exterior y de seguridad, lo que parecía indicar que se estaba produciendo un cierto agotamiento estratégico. La reducción sustancial de sus Fuerzas Armadas puso en duda la capacidad de Reino Unido de ofrecer en cualquier operación militar futura el mismo nivel de compromiso sostenido en el tiempo que fue capaz de soportar durante las guerras de Irak y Afganistán.

La autocrítica en G.B. a su política de defensa les impide cometer errores que aquí, en España, se nos acumulan (S-80, intervencionismo por todo el globo, ejércitos sobredimensionados en cuanto a personal, gasto militar desaforado, …):

el Comité de Defensa de la Cámara de los Comunes publicara en marzo de 2015 tres informes demoledores en los que se criticaba duramente la forma en que se planeaban las operaciones militares y se ejecutaban las decisiones de compras de armamentos y equipos. Ejemplo de la seriedad con que se tratan los temas de defensa en este país, en uno de los informes al referirse al segundo de los portaviones previstos para la Armada (el Príncipe de Gales), se afirmaba sin contemplaciones que «tenía poco sentido el adquirirlo» a menos que se encontrase el suficiente dinero para comprar los aviones con que debía dotarse y los buques de protección que debían acompañarle

La nueva Revisión Estratégica de la Defensa.

Lo acertado de los análisis críticos anteriores nos hacían pensar que la política de defensa de G.B. tomaría derroteros mucho más pacíficos y comedidos que los que implantó la nueva Revisión Estratégica de la Defensa publicada en noviembre de 2015:

La nueva revisión asume una aproximación más completa al tema de la seguridad, de manera que incluye no solo la política de defensa y las capacidades de las Fuerzas Armadas, sino que abarca una visión de la seguridad ampliada, en la que se contemplen asuntos tales como la defensa interior, el contraterrorismo, la ciberseguridad, la seguridad de las fronteras o la evolución de la seguridad internacional.

Se trata, por tanto, de una visión reforzada de la seguridad en la que se contempla rehacer las Fuerzas Armadas para el nuevo período postafganistán, de manera que sean capaces de apoyar las operaciones de estabilidad hasta en 12 teatros simultáneamente, en los que haya que hacer frente tanto a amenazas no convencionales como convencionales. En todo caso, y en un ejercicio de pragmatismo, Reino Unido reconoce que dado que ningún país es capaz de afrontar estas amenazas en solitario, su primera misión es actuar en el seno de grandes coaliciones o alianzas, principalmente con los Estados Unidos y, subsidiariamente, con la OTAN.

La locura.  Parece ser que los británicos, conscientes de que no pueden mantener una única intervención militar en el exterior durante 10 años, optan por mantener 12 teatros  exteriores simultáneos, junto con el de la defensa ante la amenaza «interior».

Ahora Reino Unido parece dispuesto a emplear su liderazgo militar en el seno de la OTAN, para asegurar que la Alianza cuenta con toda la gama de fuerzas convencionales necesaria para defender Europa contra una amenaza clásica como pudiera ser la rusa. En este sentido, Reino Unido pretende reconstruir sus capacidades convencionales seriamente erosionadas desde el fin de la Guerra Fría y volver a ponerlas «a punto» para las nuevas contingencias.

Al mismo tiempo, la nueva SDSR busca desarrollar capacidades que respondan a las amenazas asimétricas y aquellas definidas como de la «próxima-generación», o «ambiguas», como puedan ser los ciberataques, la operaciones de información y el empleo de fuerzas especiales para fomentar la subversión. En definitiva, responder a lo que entiende como la nueva amenaza rusa en entornos operativos híbridos, de manera que se pueda evitar la repetición de lo ocurrido en el caso de Ucrania. Igualmente, Reino Unido pretende desarrollar la capacidad de respuesta frente a una amplia serie de desafíos y riesgos que pueden surgir fuera de Europa, como puedan ser el terrorismo, los regímenes criminales, los grupos extremistas que controlan territorios extensos (i.e. el Dáesh/IS), las guerras civiles y los Estados colapsados o frágiles

Este número tan elevado de riesgos y amenazas potenciales que pueden presentarse simultáneamente hace que las operaciones de estabilización intensivas en recursos humanos y materiales, tipo Irak o Afganistán, tiendan a ser desechadas como modelos de intervención futuras. Ahora se recuperan los casos de Bosnia o Sierra Leona como modelos de éxito a repetir en el futuro, mientras se contempla la necesidad de desarrollar una nueva estructura de fuerzas y capacidades adecuada a los requerimientos exigibles en situaciones más complicadas como serían los casos de Libia, Siria o Ucrania.

La política de defensa está íntimamente relacionada con su entorno con las otras políticas estatales.  En España optamos por priorizar y salvaguardar la política de defensa, su despilfarro en armas que en nada de tiempo se quedan obsoletas, :

Ahora bien, el problema de los presupuestos de defensa en Reino Unido es que, al igual que pasa en la mayoría de países europeos, los gastos del Estado en temas como educación, salud o pensiones están «blindados» ante cualquier tipo de reducción y consumen la mayor parte del mismo, por lo que, en escenarios económicos deprimidos, el presupuesto de defensa resulta especialmente vulnerable

¿Será G.B. capaz de mantener estos desmedidos esfuerzos en defensa mientras se sigue recortando el apoyo social a su propia población?  Parece difícil considerar que sí, sobre todo si tenemos en cuenta que:

La SDSR 2010 dejaba fuera el sistema de misiles balísticos Trident considerado el arma estratégica última de Reino Unido, a pesar de que supone el 25% del presupuesto militar en adquisiciones durante al menos la próxima década. Esto, unido a las cantidades significativas necesarias para dotarse de los dos portaviones previstos, parece indicar que, inevitablemente, se producirán recortes en otros capítulos, lo que pone en serias dudas la capacidad de Reino Unido para afrontar satisfactoriamente los riesgos y amenazas que proclama en su próxima SDSR.

Estos compromisos incluyan un incremento del presupuesto de gastos de adquisición de nuevos equipos en un 1% en términos reales cada año a partir de 2016, lo que permitiría adquirir nuevos submarinos de la clase Astute, cierta cantidad de aviones F-35 de última generación, nuevas fragatas Type-26 y vehículos acorazados Scout.

El problema es que el mantenimiento de estas promesas en cuanto a adquisiciones exige mantener «congelados» los sueldos militares, una situación que viene prolongándose desde 2010 como parte de la consolidación fiscal del sector público acometido por el Gobierno británico en esa fecha.

Estas circunstancias pueden llevarnos a pensar que, muy probablemente, un porcentaje del 2% no sea suficiente para cubrir todas las necesidades de la defensa, incluyendo la reestructuración de la Fuerza Futura 2020, lo que obligará al Reino Unido a tomar decisiones difíciles en lo que se refiere al empleo de unos recursos limitados.

 

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Política de defensa de Alemania

Imagen de Javier Blesa Martínez

Imagen de Javier Blesa Martínez

Fuente:  Ministerio de Defensa.

El Ministerio de Defensa, a través de su Instituto Español de Estudios Estratégicos ha publicado su Cuaderno de Estrategia 179 titulado «Análisis comparativo de las capacidades militares españolas con las de los países de su entorno», de 271 páginas.

Concretan con las capacidades militares de 5 países:  España, Gran Bretaña, Alemania, Francia, e Italia.

Nos parece una gran iniciativa porque así podremos comparar, con números en la mesa, nuestra política con la de los demás países europeos que marcan la pauta en política de defensa.  Pero, …, tenemos que tener en cuenta la visión sesgada y promilitar del informe.  No sabemos si los datos que ofrece van a ser rigurosos y reales, sobre todo, teniendo en cuenta el despropósito informativo de nuestro Ministerio de Defensa.  Tengamos en cuenta que ellos sólo reconocen, como explicamos en nuestro informe:  «Gasto Militar 2016» 5.787’89 millones de € y nosotros demostramos que el gasto militar español para 2016 llegará, al menos a 30.928’86 millones de €.

Los contenidos los estructuran en

  • La política de defensa.
  • Capacidades terrestres.
  • Capacidades navales.
  • Capacidades aéreas.
  • Capacidades económicas e industriales.
  • Conclusiones finales.

Iremos resumiendo las características de cada uno de los países en una serie de publicaciones.  Hoy nos centramos en Alemania.  El análisis está firmado por el coronel y analista de IEEE Ignacio Fuente Cobo.

En cuanto a la política de defensa alemana, la primera idea que analizan es la del contraste entre su habitual línea débil en política de defensa

la política de seguridad y defensa de Alemania, el primero de los países considerados, se ha venido caracterizando desde el final de la Segunda Guerra Mundial por mostrar una identidad muy débil. Hasta fechas muy recientes, Alemania ha constituido la expresión tenaz de la continuidad ideológica reflejada en una cultura de contención militar extrema, con independencia de la tendencia política del partido en el Gobierno en cada momento. A diferencia de otros campos del poder nacional —como es el económico— en el que no ha rehuido ejercer el liderazgo europeo, Alemania se ha refrenado de hacer lo mismo en el campo de la seguridad.

por un interés reciente en potenciarla y convertir a Alemania en un, o en el, líder en cuestiones de defensa en Europa y en la OTAN, llegando, incluso, a decir que

Alemania debe hacer más para garantizar una seguridad que otros le han proporcionado a ella durante décadas.

Las causas de esta situación pueden encontrarse en:

la repercusión sociológica de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, que configuró una Alemania educada durante generaciones en la aversión al militarismo y el expansionismo militar, al tiempo que sometida a numerosas restricciones legales en cuanto al uso del poder militar.

Puede, por tanto, afirmase que los efectos traumáticos de la Guerra Mundial, junto con el profundo pacifismo de una sociedad que conserva el estigma de las atrocidades del pasado, se han traducido en un bajo interés por los temas de seguridad y defensa

El lenguaje, y las ideas, guerreristas e intervencionistas se reflejan en este análisis del IEEE, en el que no es la idea de defensa lo que domina, sino las ansias por utilizar el instrumento militar para avanzar en los intereses nacionales.

Las líneas básicas de la política de defensa alemana han sido:

Alemania siempre ha sido firme partidaria del multilateralismo en las relaciones internaciones y particularmente en las intervenciones armadas, siempre en el marco de la OTAN o, aún mejor, de la Política Común de Seguridad y Defensa de la Unión Europea

Es de destacar que en Alemania existe una institución, peculiar en el entorno europeo, llamada Comisionado Parlamentario para las Fuerzas Armadas, una especie de Defensor del Soldado con jurisdicción específica y responsabilidad de supervisión sobre las Fuerzas Armadas que no depende del Gobierno, sino del Parlamento (https://www.bundestag.de/htdocs_e/ bundestag/commissioner, donde pueden encontrarse igualmente sus últimos informes anuales, el último de fecha enero de 2015).

La reticencia alemana al intervencionismo se puede ejemplificar en que

durante la crisis de Libia de 2011, en la que Alemania se abstuvo de votar favorablemente la resolución 1973 del Consejo de Seguridad que autorizaba una intervención limitada en este país, o en el escaso apoyo que prestó a la intervención francesa en Malí durante la operación «Serval» en enero de 2013.

Los fundamentos de la política de defensa alemana.

No obstante, los dos pilares fundamentales de la política de defensa alemán (OTAN y Unión Europea) permanecen inmovibles, hasta el punto que más que una política de seguridad y defensa propiamente alemana se puede hablar propiamente de dos políticas diferentes, una para cada organización. La primera, atlántica, desempeña el papel de la defensa clásica y constituye el marco preferido de acción militar para Alemania, mientras que la segunda, europea, está orientada más bien a la gestión de crisis. Esta ambivalencia en cuanto a su seguridad, unida a los cambios que están experimentando ambas organizaciones, hace que la política de defensa alemana siga siendo más reactiva que proactiva.

Alemania tiene un Libro Blanco de la Defensa de 2006, actualmente en vigor, pero los problemas en Ucrania y la opción militarista de Rusia le han llevado a estar tramitando uno nuevo en la actualidad.  El proceso del nuevo Libro Blanco se ha iniciado en febrero de 2015 y en él están participando no solo militares, sino expertos civiles, representantes de diferentes ministerios, de partidos políticos y las empresas de armamento germanas.  Parece ser que esta nueva versión opta por

  • remilitarizar las acciones en el exterior.  Berlín decidió el aumento del número de sus instructores militares en la misión de la Unión Europea en Malí (de 180 a 250, y el apoyo con capacidades de transporte a la misión de la Unión Europea en la República Centroafricana.  Aunque sigue manteniendo no traspasar la línea roja de no mandar tropas de combate y parece más probable que se decida por apoyos financieros para librarse de la presión de contribuir militarmente.  Pero parece claro que, poco a poco, Alemania va dando pasos para el intervencionismo militarista, como pone de manifiesto que desplegará 6 aviones Tornado y un satélite SAR, además de una fragata que escoltará al portaviones francés Charles de Gaulle en el Mediterráneo oriental. También aportará 1.200 militares en una misión contra el Daesh. La misión costará 134 millones de euros hasta finales de 2016.
  • remilitarizar el Este de Europa para hacer frente a Rusia.

La reforma de la defensa alemana.

En 1994 el Tribunal Constitucional Federal fallaba que

el fallo del Tribunal Constitucional Federal en 1994, que declaraba legales los despliegues operativos de las Fuerzas Armadas alemanas (Bundeswehr) fuera del territorio nacional

ello ha permitido a la Bundeswehr transformarse, pasando de ser una fuerza orientada exclusivamente a la defensa del territorio nacional, muy numerosa, pesada y basada en el servicio militar obligatorio, a una entidad totalmente profesional, mucho más reducida, ligera y orientada a las operaciones de proyección.

Esta profunda transformación del modelo militar alemán ha tenido lugar en medio de un prolongado recorte presupuestario, junto con un colosal esfuerzo para integrar simultáneamente las Fuerzas Armadas de la antigua República Democrática Alemana (RDA) como consecuencia de la reunificación. En este sentido las Fuerzas Armadas de la República Federal se convirtieron en uno de los pilares fundamentales de la unificación nacional, por lo que no es de extrañar que Alemania optase por esperar hasta el año 2011, una vez el proceso de reunificación estuviese consolidado y más de un decenio después de países como Francia o España, para transformar sus Fuerzas Armadas en totalmente profesionales y voluntarias.

En el año 2010, Alemania lanzó la que puede considerarse la mayor reforma de sus capacidades de defensa desde el establecimiento de la Bundeswehr, una reforma que debe estar concluida en 2017

Respecto al nivel de ambición, declaraba:

  • su disposición para convertirse en nación marco de una organización operativa multinacional con capacidad de integrar fuerzas de otros países, para lo que necesitaba contar con fuerzas capaces de operar en todo el «espectro del conflicto».  Alemania pretende ser la nación marco que ofrece el esqueleto al cual se enganchan los países más pequeños para hacer sus contribuciones específicas. Aquí Alemania ve una oportunidad especial de compensar las reducciones, integrando dentro de sus estructuras marco a los países de su entorno, con especial preferencia por los cuatro de Visegrado (República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia), Nordefco (Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia) y Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo). Además, el trabajar en ámbitos militares multilaterales da a la defensa un carácter políticamente más aceptable ante la sociedad alemana, que las iniciativas militares unilaterales germanas.
  • El objetivo de «fuerza desplegable» y «sostenible» en diferentes operaciones de gestión de crisis se cifraba en diez mil efectivos.  A diferencia de Reino Unido y Francia, no identifica explícitamente un «esfuerzo máximo temporal» de Fuerzas en operaciones de alta intensidad. Se significa que el actual ciclo de disponibilidad alemán implica despliegues operativos de cuatro meses seguidos de un período intermedio de descanso y adiestramiento hasta un nuevo despliegue en veinte meses, incluyendo seis meses previos de adiestramiento pre-despliegue.
  • Mientras el anterior Nivel de Ambición del año 2003 contemplaba una fuerza desplegable de 14.000 para un total de 245.000 que formaban la Bundeswehr, el actual Nivel de Ambición prevé reducir este número a 10.000 soldados en operaciones para un total de 185.000.
  • Alemania prevé también reducir sus presupuestos de defensa centrándose en las misiones más probables de prevención de conflictos internacionales y de gestión de crisis, es decir, en lo que ha venido a denominarse operaciones de estabilización.
  • La idea fuerza que subyace debajo de este concepto es la de mejorar el sostenimiento y mantener las capacidades críticas, actuando en marcos multinacionales, en las que otros países cubren las carencias propias, y realizando un planeamiento de la defensa combinado con otros países.

Posteriormente, en junio de 2012, se concretaron los planes de implementación de la reforma que están actualmente en desarrollo, estimándose que tres cuartas partes de los objetivos deberían haber sido alcanzados ya en 2015.

Las opciones alemanas en cuanto a personal son las siguientes:

  • el objetivo es disponer en 2017 de 185.000 militares en activo y 55.000 empleados civiles (reduciendo 75.000 militares y 20.000 civiles respecto de las cifras de personal de 2010).
  • El ejército quedaría reducido a unos 57.000 soldados, junto a 23.000 militares del ejército del aire (Luftwaffe) y unos 13.000 marinos.
  • Respecto a las reservas, la aspiración es de disponer de 6.000 reservistas organizados en doce unidades, si bien la reorganización de las fuerzas en activo ha retrasado la implementación de la reserva.
  • Optan por una logística conjunta, el «Servicio de Apoyo Conjunto», que comprende 36.000-46.000 efectivos, y un servicio médico conjunto con 15.000-19.000 efectivos.

El problema presupuestario.

Alemania se muestra dispuesta a aumentar su gasto en defensa de acuerdo con las directrices de la OTAN de alcanzar el 2% del PIB y para lograrlo el Gobierno federal ha acordado irlo aumentando gradualmente desde el actual 1,2%, uno de los menores de Europa, de acuerdo con su actual ciclo de planificación financiera previsto hasta 2019, según las cifras del siguiente gráfico:

proxima-evolucion-presupuesto-defensa-aleman

Pero es de destacar que esto no es más que un modelo de planificación y no tiene carácter vinculante.

Alemania parece haber descubierto, al igual que otros países antes que ella, que la sustitución del servicio militar obligatorio por un ejército profesional, algo imprescindible para la realización de operaciones expedicionarias de proyección de fuerzas, no implica un ahorro presupuestario sino todo lo contrario

Alemania, como España tiene problemas con los suministros armamentísticos que reciben de la industria militar, que destaca nuevamente por sus bajísimos niveles de calidad:

Es de señalar que a finales de septiembre 2014 salieron a la luz informaciones que indicaban que los principales sistemas de armas del ejército alemán estaban en un nivel de operatividad muy bajo y que Alemania apenas podía cumplir sus compromisos con la OTAN.  Los principales problemas se referían a plataformas aéreas, como los aviones de transporte C-160 Transall y helicópteros como el terrestre NH-90 y los navales Sea King y Sea Lynx, aunque la descripción general de todos los sistemas de armas era alarmante. Respecto a medios terrestres, solo 280 de 406 vehículos de combate (VCI) Marder y 70 de 180 vehículos blindados Boxer fueron calificados como «operativos y desplegables», en la misma categoría solo entraban 10 de los 31 helicópteros de ataque Tigre y 8 de los 33 NH-90.

La combinación de este cambio hacia políticas más intervencionistas y la nefasta gestión de la industria militar ha provocado algunos cambios de tendencia apreciables:

el Gobierno germano haya decidido en abril de 2015 incrementar su fuerzas acorazadas de cuatro a seis batallones, a fin de aumentar su capacidad de disuasión. Es la primera vez en muchos años que Alemania en lugar de reducir sus fuerzas las aumenta y puede ser un indicio de lo que depara el porvenir y de un proceso que se presenta también inevitable en el resto de socios europeos. Como signo del cambio de tendencia, en noviembre de 2015 el Bundestag aprobó un incremento de 1,32 billones de euros para el presupuesto de Defensa de 2016 y, en respuesta a los recientes problemas en el campo de los programas de armamento, la ministra Von del Leyden anunció que, para remediar las carencias detectadas, se gastarían unos 130 billones de euros hasta 2030 en este campo

 

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Nada del problema militar es negociable para Sánchez

Imagen de David de la Luz

Fuente:  Nueva Tribuna.

Pedro Sánchez acaba de hacer públicas 43 medidas que ha enviado a los partidos para negociar su presidencia del gobierno.

Muchas de ellas son, innegablemente, necesarias y urgentes (derogar la Reforma Laboral, derogar la Reforma Educativa -cosa que, por cierto, no se dice, sino que se habla de paralizar su calendario de aplicación-, medidas de choque para bajar el paro a la mitad, …).

Otras son risibles viendo el comportamiento conocido del PSOE, por ejemplo en todas las noticias sobre las puertas giratorias constantes en el mundo de la Defensa. Dicen así

36. Endurecer el régimen de incompatibilidades para evitar el fenómeno de las puertas giratorias, extendiendo el periodo hasta los 5 años.

.Otras son necesarias pero hay que concretar.  Por ejemplo, cuando habla (en la medida 4) de hacer una auditoría del gasto público, ¿se refiere también al gasto militar?  Porque el gasto militar ha de ser, urgentemente, auditado dado que los Presupuestos Generales del Estado para 2016, entre otras cosas,

  • esconden gasto militar en 12 de los 13 ministerios existentes y
  • que aunque se publicita que el presupuesto del Ministerio de Defensa será de 5.787’89 millones de €, la suma de todas las partidas que tienen que ver con el gasto militar (siguiendo el criterio contable de la OTAN) asciende a 31.133’15 millones de €, es decir, las cuentas públicas esconden 25.345’26 millones € de gasto militar esconden el 81’41 % de dicho gasto.
  • la deuda militar que genera el gasto militar será para 2016 de 16.309’59 millones de €, el 53’82 % del gasto militar.

En la medida 15 se habla de

Promover Acuerdo por la Ciencia, recuperar los niveles de inversión pública en I+D+i e impulsar un plan de repatriación del talento científico.

Pero no se habla del problema que está suponiendo la militarización de la I+D+i española en los últimos gobiernos.

También nos llama la atención la propuesta

32. Atribuir a los partidos políticos que se hayan financiado ilegalmente responsabilidad patrimonial de dichos actos.

porque, en nuestra opinión, estas responsabilidades políticas y penales se debería aplicar también a la esfera militar dado que los programas PEAS están sobreendeudando al Ministerio de Defensa y al de Industria, además, de contribuyendo negativamente porque producen excesivo aumento de déficit en los PGE.  Una y otra vez publicamos noticias sobre la mala calidad de la industria militar, parte de la cual tiene accionariado estatal, y donde nunca nadie asume las consecuencias de las malas políticas que implementan.

Pero nos extraña sobremanera que nada de lo militar sea importante para Pedro Sánchez, el PSOE y para los pactos que quieren hacer para gobernar España durante los próximos cuatro años.  Por ejemplo, ¿no es importante

  1. Conseguir que la Directiva de Defensa sea debatida por el Parlamento y la sociedad antes de ser aprobada
  2. Conseguir que la Comisión de Defensa del Congreso sea un órgano donde realmente se controle la política de Defensa
  3. Reducir el excesivo número de militares españoles
  4. Aumentar la ratio de oficiales por soldado desde los impresentables y actuales 1 oficial por cada 1’8 soldados a cifras más presentables
  5. Iniciar el proceso de reconversión de las deficitarias e ineficaces industrias militares españolas hacia fines socialmente útiles
  6. Prohibir el gasto en programas de armamento ineficaces, caros y generadores de deuda, como los PEAS que van a suponer una inversión en armas de 1.606’5 millones € en 2016
  7. Reducir el Gasto Militar español de 31.133’15 millones € para financiar políticas sociales
  8. Abandonar la política de exteriores militarizada y cambiar las prioridades hacia la cooperación y la solidadridad
  9. Presupuestar bien las Operaciones Militares en el Exterior (1.034 millones para 2016) y dejar de ocultar su desmedido gasto a la opinión pública
  10. Desmilitarizar la Guardia Civil y la Guardia Real
  11. Acabar con la corrupción militar
  12. Acabar con el despilfarro militar (cuerpos como la Patrulla Águila, Patrulla Acrobática de Paracaidismo, Patrulla Aspa, desfiles militares, …)
  13. Desmilitarizar la UME
  14. Salir de la OTAN
  15. Acabar con la justicia militar
  16. Prohibir el sobregasto del Ministerio de Defensa en las liquidaciones de los presupuestos por un valor medio de 1.357 millones de € al año
  17. Podríamos añadir un largo etcétera, que podéis consultar en nuestros informes sobre Gasto Militar, sobre el Ejército Europeo y sobre Antimilitarismo y Elecciones Municipales y Autonómicas.

Sin embargo, nos sorprende que nada de lo militar sea negociable, mejorable, hablable siquiera.

Una vez más los militares se salen con la suya logran mantenerse como política de estado, como política inmutable y ajena a quien gobierne, y sobre todo a los ciudadanos.

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La estructura de la Defensa

Fuente:  Estado Mayor de la Defensa.

El Estado Mayor de la Defensa ha sacado un material muy bien editado y muy claro sobre la estructura de la defensa.  Les felicitamos por ello, sobre todo teniendo en cuenta que habitualmente no se dedican a difundir sus entresijos a la población civil de forma clara ni transparente

Es lógico que no estemos de acuerdo en algunas de las funciones que se autootorgan las Fuerzas Armadas, como, por ejeplo, ser instrumento eficaz en la acción exterior del Estado.  Tampoco estamos de acuerdo en la habitual indefinición de las labores y objetivos de las FAS, donde nos dicen de forma un tanto vacía: «a las amenazas tradicionales se han unido otras»

Bajo el epígrafe de «Fuerzas Armadas equilibradas y responsables» hablan de que las FAS «son responsables ante la Sociedad del cumplimiento de sus cometidos«, sutil manera de no decir nada disimulando que están hablando.  Curioso.  Nunca consultan a dicha sociedad para definir los objetivos de las FAS, ni lo que se debe gastar en ellas, ni lo que hay que defender ni cómo, pero ellos son responsables bla, bla, bla.

Aunque el material está muy bien editado, hay que reconocer que los militares no ponen especial cuidado en ser entendidos.  Usan muchísimas siglas para cualquier cosa. Siglas que distraen más que informan:  así, el MOPS es el Mando de Operaciones, y lo componen:

  • el MCCD:  el mando de Ciberdefensa,
  • el MCOE:  mando de Operaciones Especiales,
  • la UME:  Unidad Militar de Emergencias,
  • la MVSM:  mando de Vigilancia y Seguridad Marítima,
  • el MDOA:  mando de Defensa Aérea,

Luego nos dicen que:

El empleo de las Fuerzas Armadas se materializan mediante la actuación de la Fuerza Conjunta, dispuesta para ser empleada en cualquier momento y lugar, de acuerdo a los intereses nacionales.

Se componen de 67.000 efectivos.  27.000 en el núcleo de Fuerza Conjunta y 40.000 como reserva para asegurar rotaciones.

Del núcleo de Fuerza Conjunta hay 12.000 efectivos permanentes para cometidos de la Defensa Nacional (vigilancia marítima, defensa aérea, ciberdefensa, inteligencia, reconocimiento y vigilancia, colaboración con autoridades civiles, …) y 15.000 para contingencia o reacción rápida.  De ellos 5.000 son de reacción (actuaciones fuera del territorio nacional) y 10.000 para actuaciones combinadas con aliados (en dos escenarios: alta intensidad limitada en el tiempo, y baja-media intensidad de duración sostenida).

Parece, pues, que con 67.000 efectivos nuestras FAS estarían servidas.  El resto es sobredimensionamiento y despilfarro, dado que no hacen nada ni nada tienen previsto.

Por cierto, quedaría por divulgar cuántos mandos, oficiales, suboficiales y tropa hay en cada uno de estos núcleos de la Fuerza Conjunta. Nos sorprendería.

Esta infografía es complementaria del BOE de 21 de Enero de 2015 por el que se desarrolla la organización básica de las Fuerzas Armadas.

fuerza conjunta

 

 

 

 

 

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Fronteras de seguridad avanzada

Imagen de Alessandro Vannucci

Pensamos que la Real Academia de la Lengua y muchos premios Nobel de Literatura deberían estudiar con atención el mundo militar para aprender lo que el el uso de las metáforas, de los eufemismos y de los circunloquios hueros.

«Frontera de seguridad avanzada»:  dícese de la frontera española situada en Mauritania (a algo más de 1.000 km de distancia de Cádiz, por ejemplo). Un término que la academia consideraría inadecuado.

Bella e imaginativa construcción verbal que quizá quiera ocultar como es habitual en los eufemismos (según la RAE, manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura y malsonante) una realidad mucho peor.  España pone su frontera sur en el punto de África que le da la gana.

Como dice la RAE, la parte dura y malsonante sería la siguiente:

El Sahel es la frontera de seguridad avanzada de España y donde se concentran las mayores amenazas contra la seguridad de nuestro país. De hecho, la Estrategia de Seguridad Nacional la define como una “zona vital para los intereses de España” y es donde el Ejército de Tierra está fijando su mirada como el posible escenario en el que tendrá que intervenir en el futuro para apoyar a los países de la “ribera sur del Mediterráneo”.

según nos informa onemagazine.

Y realmente da miedo ver que Mariano Rajoy y Pedro Morenés, a la chita callando, van dando forma a los aires intervencionistas y guerreros que tuvo Aznar.

Si analizamos la frase nos quedamos de piedra.  Las mayores amenazas para «nosotros» se concentran en el Sahel.  Nuestras mayores amenazas vienen andando mil kilómetros para saltar una valla con concertina y conseguir un trabajo con el que mandar algo dinero a sus familias pobres. ¡Hay que ver!

Si este es nuestro mayor enemigo es que no existen enemigos, como reza nuestra Directiva de Defensa Nacional aprobada por el PP al llegar al poder.  Pero es que si interviniendo en la frontera de Mauritania es como nos defendemos de nuestros enemigos, quizá nosotros y nuestra política intervencionista sea el enemigo.

El enemigo de los pobres y de los africanos.  Pero también, si tenemos algo de humanidad, nuestro propio enemigo.

Todo se ultima, como nos comenta la noticia, en el Mando de Canarias.  Y no se ultima de cualquier manera sino con el más puro y duro planeamiento militar de acercar efectivos y armamento al lugar de la batalla.

Leyendo la noticia parece que la intervención a gran escala en suelo mauritano está cercana y que España se está preparado para asumir un papel parecido al de la intervencionista Francia en África.

Por otro lado, también onemagazine, nos informa de que

La Guardia Civil va a firmar un contrato de subvención del proyecto de colaboración con Mauritania `West Sahel II´, una operación que ya ha sido autorizada por el director general de la Benemérita, Arsenio Fernández de Mesa.

El objetivo de este acuerdo es reducir el volumen de la inmigraciónirregular que circula por el norte de África para tratar de acceder a Europa, a través de España o de Italia. Para ello, a lo largo de 18 meses, se realizaránactividades de formación con la gendarmería mauritana (como cursos de vigilancia y entrenamientos para patrullas conjuntas), cediendo material y medios para el control de sus fronteras terrestres.

La colaboración de la Guardia Civil con las autoridades de Mauritania en materia de inmigración ha sido intensa en los últimos años, como demuestra el anterior Proyecto Sahel, que también se puso en marcha en Senegal, Níger y Mali  

Con lo cual parece que el plan intervencionista se programa a largo plazo y con objetivos cada vez más ambiciosos.  Y, por supuesto, sin reparar en gastos:

El coste total del proyecto suma 620.000 euros, de los que 500.000 euros serán desembolsado por la Unión Europea y 120.000 por España, a través de la Guardia Civil. 

En realidad si los mauritanos pensaran (tal vez lo piensan) que somos unos cerdos, estarían dando en el clavo.

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