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El gasto militar español: mucho más que el 2% del PIB

Por Edicions La Veu del País

Aunque nos venden como novedad el acuerdo adoptado por nuestros gobernantes para que los países europeos de la OTAN alcancen el 2% de su PIB en gasto militar, es un acuerdo que ya habían tomado en la Cumbre de Cardiff (Gales) de la OTAN, en  septiembre de 2014 (mucho antes de que Trump llegara a la presidencia de EEUU).

Que EE.UU tiene interés en este incremento del gasto militar en apoyo de sus políticas es evidente. Ellos no quieren pagarse por sí mismos su propia “defensa” y necesitan repartir sus costes. No hay más que oír a su tremulante presidente para darse cuenta de ello.

En la Cumbre de los Jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN de mayo de 2017, y tras la machacona insistencia de Donald, los demás expresaron su compromiso de superar dicho porcentaje en 2024, algo que ya habían decidido antes, pero ahora con la novedad de asociar a este esfuerzo la “necesidad” de luchar contra el Estado Islámico, el nuevo enemigo ad hoc que se ha fabricado el militarismo agresivo occidental para autojustificarse ante las cada vez más desinformadas y atemorizadas sociedades.

La portavoz de la Alianza, Oana Lungescu, pudo anunciar a su término ufana en Twitter que “los líderes de la OTAN han adoptado planes para combatir el terrorismo y mejorar el reparto de cargas

1.- El caso de España

El caso de España no creemos que sea una excepción, pero nos sirve muy bien para ejemplificar el paso al frente de la creciente militarización occidental, que necesita justificarse ante sus desorientadas sociedades con el anuncio de que hay que aceptar un mayor gasto militar como en el refrán de las lentejas, y resignarse a perder libertades para gozar de más seguridad, como dice chuscamente nuestra Ministra del ramo.

España, a la hora de consignar su gasto militar, es un despropósito, de forma que los datos oficiales discrepan entre sí en cuantificar el verdadero gasto militar existente.

  • Por una parte, contamos con el gasto presupuestado, es decir, el que reconocen los presupuestos generales del estado en las partidas del Ministerio de Defensa. Según este parámetro, para 2017 nuestro gasto militar será de 7.638´54 millones de euros, el 31,97 % de aumento respecto del de 2016, gracias a que otro organismo oficial, en Tribunal Constitucional, obligó el año pasado en una sentencia a considerar gasto militar los pagos extrapresupuestarios (y descontrolados) que Defensa hacía en verano por las compras de programas de armamento.

Con esta nueva cifra, que es la que España ofrece a la OTAN, sale ya un 1´1% del PIB, una cifra superior al 0,9% que la OTAN reconoce, haciendo uso de los datos proporcionados por España. Nos asignaba como tercer menor contribuyente de la alianza, según la oficial Agencia Europa Press, al lado de Luxemburgo y Bélgica, a los que, parece ser, no deseamos parecernos en nada.

  • Tenemos, además, el gasto militar que reconoce el propio Estado en los documentos que elabora de control del gasto público. Concretamente, contamos con las “liquidaciones del gasto” que publica la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE), conforme a las cuales podemos observar cómo, año tras año, Defensa es el ministerio que gasta ¡mucho más! de lo que presupuesta. Según el Informe que elaboramos en febrero de 2017, referido al último informe de la IGAE (el de 2014), podemos observar cómo en el período 2003 a 2014 se ha gastado de más la cifra de 8.344,8 millones de euros, lo que representa una media de sobregasto del 14,14% sobre lo presupuestado para ese período. De modo que sobre lo que España proyecta en sus cuentas, al menos hemos de adicionar un resultado final de un 14.1% de aumento, si bien en los presupuestos elaborados por Rajoy en su tiempo de gobierno, esta nunca ha bajado del 30%.
  • Si acudimos a los datos que ofrece el SIPRI, el prestigioso Instituto para la Paz de Estocolmo, que tiene en cuenta los datos ofrecidos por los gobiernos con algunos ajustes, la cifra del gasto militar español se eleva otro peldaño. En 2016 España, según el SIRPI,  llegó a un gasto militar de 12.852 millones de euros, es decir, el 1,3% PIB, cifra próxima a la que nos ofrece el Banco Mundial, que también baraja datos oficiales y la consigna en 12.715,76 M€ para 2016.
  • Nosotros, siguiendo el criterio OTAN, hemos elaborado diversos informes que intentan desvelar el gasto militar oculto en otros ministerios y que no suele ser reconocido como tal, así como el impacto del pago de la deuda que este gasto genera y la propia proyección de los sobregastos que anualmente y de forma deliberada realiza defensa sobre lo presupuestado.

Ello nos ha permitido calcular, para este 2017, un gasto militar oculto de 3 de cada cuatro euros de gasto real, con una escandalosa cifra final de  33.762,40 millones de euros, un 3% del PIB, conforme al siguiente cuadro

Concepto Millones de euros
Gasto en el Ministerio de Defensa 7.638´54
Gasto oculto en otros ministerios y organismos 8.852´40
Gasto militar antes de deuda 16.490´83
Deuda 17.271´54
Total 33.762´40

Por tanto, el manido mantra de la flamante ministra de defensa y la prensa del régimen, de que tenemos que llegar al 2% del PIB en gasto militar para satisfacer a nuestros macabros socios, resulta que falsifica la realidad y no busca sino despistarnos, pues el 2% del PIB de dicho gasto ya lo superamos con creces.

Este hecho lo reconoce también el Ex JEMAD Julio Rodríguez en un reciente artículo publicado en Infolibre, donde aprovecha para exigir que haya transparencia en el gasto militar y la política de defensa y que la propia política de defensa forme parte del debate abierto y público.

2.- El PIB no lo es todo

Pero, al igual que en otros países, el PIB no es todo el coste que soporta la sociedad (de momento resignadamente) en el mantenimiento del entramado militarista.

Por ofrecer algunos ejemplos más del abrumador coste social de la defensa militar, consideremos los siguientes:

– El Coste de la violencia para España, según el Índice Global de Paz, referido a 2016, es de 39.051´95 millones de dólares (algo más de 26.000 millones de euros), con varios valores destacados en lo negativo por dicho índice, como son la exportación de armas (aprovechemos para decir que somos la sexta potencia exportadora del mundo, un verdadero peligro), la militarización, la conflictividad social, el personal destinado a seguridad y los conflictos exteriores en que se participa.

– El elevado número de operaciones en el exterior en que participamos. Actualmente 17 conflictos, y un total de 82 desde Felipe González a la fecha, 79 hasta 2016 y otros 3 nuevos en 2017, con más de 12.208,91 M€ gastados según datos propios sacados de comparecencias de la Ministra de Defensa Cospedal, declaraciones del SEDAF y respuestas del Portal de Transparencia del Gobierno a El Confidencial.

La participación española en las industrias militares: España es accionista único de varias industrias militares gravemente deficitarias, como es el caso de NAVANTIA, y de otras en las que participa merced al control que ejerce en su accionariado por las participaciones en estas del ejército a través del INTA y de la SEPI

– La pertenencia al entramado OTAN impone a España no sólo el pago de cuotas (que de forma poco comprensible se abonan desde el Ministerio de Asuntos Exteriores), compromisos de adquisición de material militar y participación en operaciones militares de injerencia militar, sino que condiciona el propio uso del territorio, como es el caso de la negativa de defensa a desmilitarizar Bardenas Reales y atender la reclamación social, por el valor estratégico del campo de tiro allí enclavado para el entrenamiento de los pilotos de la OTAN. Igualmente condiciona la seguridad de España al pasar a ser, merced a la política agresiva de esta organización, un verdadero enemigo para otros pueblos.

– Los platos rotos causados por la ineficacia y chapucería de nuestra industria militar puntera, con tan señalados desastres como el submarino S-80 y los aviones A400; chapuza que acaba redundando en sobrecostes y pagos desmesurados que el Estado asume sin rechistar porque nadie va a protestar.

– La existencia de varias Bases militares al servicio de la defensa occidental: es el caso de Morón, Rota, Bardenas Reales, Torrejón de Ardoz, Bétera, el entramado del “Escudo Antimisiles” … que nos pone en la punta del huracán y son un coste social inasumible.

La militarización del territorio,  condicionado en sus usos por leyes militares que imponen el prioritario interés de la defensa y que pueden afectar, sin más, al uso y disfrute del territorio que para los militares sea de interés, al tipo de cultivos o prácticas posibles en los mismos, o condicionar su venta, o incluso imponer la prohibición de su disfrute paisajístico o recreativo. Se da el caso de que los militares pueden hacer a su antojo maniobras, sin comunicarlo, en lugares tan emblemáticos como el Parque Nacional de Doñana.

La deuda militar generada por la adquisición de programas especiales de armamentos y que alcanza actualmente más de 30.000 millones de euros sin resolver, que lastran además nuestras cuentas públicas, y a la que ahora se quiere incrementar más aún con el nuevo ciclo inversor de armamentos con la adquisición de nuevos programas de defensa de los que los PGE de 2017 ya nos hablan y que ha detallado el SEDAF, Agustín Conde en comparecencia ante el Congreso de los Diputados (blindados 8×8, nuevas fragatas F-100, satélites militares, sistemas de mando y control, misiles y hasta los carísimos F35 que quiere la Armada).

La huella ecológica de la actividad militar, huella que pesa sobre todos nosotros, que provoca costes abrumadores que no se contabilizan como gasto.  De este coste ecológico hemos hablado más extenso en el informe sobre Gasto Militar 2016, páginas 40 a 47. Debemos destacar que nuestro ejército, en su actividad ordinaria, según fuentes oficiales, emite más de 150 tipos de residuos contaminantes, 120 de ellos muy peligrosos.

La pérdida e oportunidades vitales:  El viejo dilema “cañones o mantequilla” ejemplifica muy bien la correlación que existe entre las prioridades políticas ante las que se enfrenta el poder político. La relación entre gasto militar y necesidades humanas no es de complementariedad, como afirma la Ministra de Defensa, sino de exclusión mutua. Mayor gasto militar implica menor atención a las necesidades sociales.

Frente al aumento del presupuesto de defensa en los PGE en más de un 31%, encontramos las reducciones presupuestarias en algunas de las necesidades más básicas, como protección del desempleo, que baja un 6´6% respecto del año anterior, o acceso a la vivienda, que baja un 20,6%, o cultura, que baja un 0.7 % respecto al pasado ejercicio, o políticas de comercio y PYMEs, que baja un 11%, o infraestructuras, que también bajan cerca del 11%, sin contar, como explica Infolibre, con que los “ligeros” aumentos en pensiones (0´25%) harán perder poder adquisitivo a los ancianos en un 3,75%, o que la ínfima recuperación del presupuesto de dependencia no supone sino recuperar el 10% de lo recortado anteriormente, por poner algunos ejemplos esclarecedores.

Podríamos ahondar mucho más en los ejemplos, como para indicar que el coste del despilfarro militar español es abrumador, o que las políticas que permiten la exención de impuestos y tasas municipales a las instalaciones de defensa, (incluidas las que no son acuartelamientos, ni tienen un uso para la defensa, como son los campos de golf, espacios recreativos, cantinas, etc.) implican que somos los ciudadanos quienes pagamos su uso del espacio urbano, o la insostenible situación en que mantienen vedados al disfrute común espacios naturales “de su propiedad”, o el tremendo coste social de la militarización social, sin olvidar las subvenciones que las administraciones realizan a la industria militar.

Por otra parte, la comprobación del escaso apoyo que ofrece en la actualidad España a la Ayuda al desarrollo y a la lucha contra la pobreza, por debajo del 0´12 del PIB, ofrece otro elemento de juicio más del papel del militarismo en nuestra política.

Es, una vez más, la comprobación del tremendo impacto social y económico de mantener el sistema de defensa pactado por los gobiernos, mucho más allá del 2% del PIB. Un escándalo.

¿Y el gasto militar europeo?

La zona Euro de Europa tiene un PIB de 10.740.911 M€ en 2016, lo que pér cápita supone 31.600€. Según estos datos, la inversión del 2% de su PIB en defensa implicaría destinar a la misma 214.818,22 millones de euros. El PIB de toda la UE, según Eurostat, llegaría a 12,967.811 M€. y per cápita 25.500 €, es decir, su 2% equivale a 259.356 M€.

No existen coincidencias entre los países de la eurozona y la UE, ni entre estos y los de la OTAN (faltarían Irlanda, Chipre Austria y Malta que no forman parte de la Eurozona ni de la OTAN) pero los datos son significativos para sostener que el 2% del PIB de los países europeos de la OTAN no puede superar los 259.356 M€ que implica el conjunto de todos los países de la UEm donde se incluyen otros que no son de la OTAN.

Pues bien, de la lectura de los datos del SIPRI, ofrecidos por el Banco Mundial como fiables para 2015 (que a su vez no dispone de cifras de gasto militar de Eslovaquia e Islandia) podemos comprobar, conforme al cuadro siguiente, que el gasto militar conjunto de estos países (sin contar más que con lo que calcula el SIPRI, como vemos, en el caso de España, muy por debajo de lo que supone su gasto militar real) sería de 360.690 M$, equivalentes a 322.913 M€, por encima de ese 2% del PIB de la UE. Si a esta cantidad le sumamos el gasto militar de Turquía, la cifra que moviliza, sin contar con EEUU y Canadá, el militarismo occidental es abrumadora y escandalosa.

País Presupuesto de defensa según el SIPRI (millones de dólares)
Albania 16.671
Alemania 35.517
Bélgica 3.758
Bulgaria 1.116
Croacia 5.179
Dinamarca 23.296
Eslovaquia
Eslovenia 367
España 12.716
Estonia 412
Francia 45.855
Grecia 4.582
Hungría 286
Islandia
Italia 21.494
Letonia 412
Lituania 425
Luxemburgo 273
Montenegro 58
Noruega 47.550
Países Bajos 8.000
Polonia 39.428
Portugal 3.322
Reino Unido 36.296
República Checa 43.738
Rumanía 9.939
Total 360.690
Turquía 41.546
Total + Turquía 402.236

Podemos arrojar otras cifras igualmente escandalosas respecto al militarismo europeo, como, por ejemplo:

  •           Que la suma del coste de la violencia de los países de Europa que forman parte de la OTAN es de 996.189 M$, correspondientes a 892.402 M€, una cifra astronómica
País Coste de la Violencia según el Indice Global de Paz (millones de dólares)
Albania 1.113
Alemania 171.144
Bélgica 23.078
Bulgaria 4.411
Croacia 3.556
Dinamarca 7.638
Eslovaquia 4.480
Eslovenia 1.868
España 39.051
Estonia 1.608
Francia 112.959
Grecia 13.232
Hungría 5.547
Islandia 242
Italia 67.268
Letonia 1.815
Lituania 2.735
Luxemburgo
Montenegro 691
Noruega 9.517
Países Bajos 28.045
Polonia 32.204
Portugal 11.428
Reino Unido 139.883
República Checa 10.272
Rumanía 12.404
Total 996.189
Turquía 94.007
Total + Turquía 1.090.196

 

  • Con arreglo a las cifras que ofrecimos en nuestro estudio “¿Ejército europeo?” , Europa cuenta con más de 6.300.000 personas movilizables y entrenadas en caso de conflicto, así como con un amplio dispositivo militar común en la UE.
  • Europa desarrolla por su cuenta múltiples misiones militares propias y en colaboración con al OTAN
  • El Complejo Militar industrial europeo, con la suma de sus empresas, factura al año más de 140.000 millones de euros y es de los más potentes del planeta.
  • Cuenta con una Agencia europea de Defensa plenamente operativa y que moviliza miles de millones de euros.
  • Recientemente se ha constituido, por acuerdo de sus presidentes de gobierno, un gran fondo europeo para gasto militar que movilizará 5.000 millones de euros en 2017, 25 millones anuales entre 2018 a 2019 y unos 500 anuales a partir de 2020.

Podríamos hacer comparaciones de esta abrumadora realidad con la más exigua del dinero destinado a la cohesión, a la persecución de los objetivos del milenio o a ayuda internacional al desarrollo (AOD). Durante el sexenio 2014 a 2020 el Parlamento Europeo aprobó que el presupuesto comunitario destinada a AOD la cantidad de 51.419 millones de €, una pizca comparado con lo que destinan los países europeos a gasto militar año tras año.

Hablar de defensa con estos datos nos parece un error. Asistimos a la consolidación del militarismo que agrede a las sociedades, detrae sus recursos, las empobrece, erosiona sus derechos e impone, en el mundo global, la lógica de la violencia y la dominación y una geopolítica inadmisible. Para eso es para lo que EE.UU quiere un gasto militar abrumador. Para eso, para garantizar, con sus socios, su hegemonía, para hacer negocio de la guerra, de la paz, de la venta de armas.

Por eso nos impone pagar sus guerras y pide a nuestras élites extractivas el suficiente apoyo para que lo hagamos sin rechistar y bajo el chantaje de un miedo a la reacción vengativa de los que aspiran a convertirse en tribunos de los vapuleados por estas políticas.

Son las malas políticas de occidente las que originan la actual situación de crisis, pero esta no revertirá mientras ahondemos en la torpeza y no en la lucha contra la inseguridad humana y la violencia estructural.

¿Seguiremos pagando a tan alto precio la seguridad de los intereses de los de arriba como si fueran los nuestros?

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Nueva Directiva de Defensa Nacional. Sin luz, sin taquígrafos y sin control de nadie.


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Por European People’s Party

Al inicio de cada legislatura se publica por el Presidente de Gobierno, como responsable de la política de defensa a tenor del artículo 6.1 de la L.O 5/2005, de la Defensa Nacional, la llamada Directiva de Defensa Nacional, documento que orienta el planeamiento de la defensa, define los riesgos y amenazas que marcan el contexto de ésta y plantea las directrices de la política de defensa para una legislatura.

Se trata, y así se define en la Orden Ministerial 37/2005 de 30 de marzo publicada en el Boletín Oficial de la Defensa número 68, de 8 de abril de dicho año, del principal documento de la defensa y del planeamiento militar.

La vigente Directiva de Defensa Nacional, titulada “Por una defensa necesaria, por una defensa responsable” es de julio de 2012 y tras su aprobación por el Presidente de Gobierno fue informada al Parlamento (remarquemos que únicamente informada, no debatida, ni votada, ni siquiera consultada previamente a su aprobación).

Muy resumidamente, dicha directiva partía de un doble contexto: el de inseguridad internacional, eso sí explicado desde la versión simplista de la derecha, y el de crisis económica. Uno y otro servían para decir, tan a gusto del gobierno y en línea en cierto modo muy continuista con las directivas anteriores, que España no podía hacer dispendios en gasto militar (dispendios que, sin embargo ha seguido haciendo pero ocultándolos) y que por eso los presupuestos de la legislatura serían austeros y sin alegría. También afirmaba que el contexto exigía profundizar en las líneas de defensa que han sido el mantra de ese férreo consenso de estado de PP y PSOE en estos temas: 1) modernizar nuestra defensa y sus instrumentos, 2) profesionalizar la defensa, 3) seguir en el  papel intervencionista de nuestra tropa más allá de las fronteras y al servicio del entramado de intereses de la OTAN, UE, EEUU, 4) privilegiar la industria militar y 5) buscar el reconocimiento de lo militar en nuestra sociedad a través de una política de adoctrinamiento y propaganda que denominan “cultura de la defensa” en la que todo lo que sea criticar este sistema es considerado incultura.

Las Directivas de Defensa, a pesar de su importancia, pasan por ser un documento desconocido y opaco, incluso para el propio Parlamento. De hecho, hasta 1992 (12 años después de la primera de ellas) fue un documento secreto.

Es cierto que Carme Chacón, en comparecencia que efectuó ante la Comisión de Defensa del Parlamento, el 25 de noviembre de 2008 prometió que a partir de la fecha se escucharía y consultaría previamente al Parlamento, pero del dicho al hecho… no se ha cumplido tal promesa y el Parlamento es un convidado de piedra más a sumar a la ciudadanía desinformada, a la clase política despreocupada de estos temas (por cierto previamente pactados y cerrados entre los partidos que se han alternado en el gobierno bajo la excusa poco rigurosa de que son “políticas de estado”) y a los medios de comunicación demasiado desinteresados por explicar de verdad aspectos tan peliagudos como lo que se define como enemigos, riesgos y amenazas, si se va gastar mucho o no en armas y ejércitos, si seguimos con un enfoque de ejército intervencionista, el vínculo con la OTAN y sus políticas o el impulso a una industria militar que se ha convertido en la sexta exportadora de armas del mundo y que, cada vez más, promueve no solo el negocio, sino también el conflicto y la guerra.

Con este contexto, surge una primera pregunta: ¿por qué el gobierno de Rajoy, en el poder desde 2011, y después de permanecer gobernando “en funciones” un buen pellizco de 2015 y del 2016, más el tiempo que lleva como presidente nominado desde octubre pasado, aún no ha aprobado la nueva “Directiva de Defensa Nacional”?

Y de esta pregunta tres nuevas cuestiones:  ¿sera que asistimos a un repliegue de las directivas al secreto?, ¿Será que con una oposición más compleja que las del tiempo de plena vigencia del bipartito prevén que la directiva abra una rendija, mínima rendija a nuestro parecer, a la crítica y al cuestionamiento de esta “política de Estado”?, ¿Será, sencillamente, que esperan a publicar los PGE que consolidan una apuesta por aflorar una mayor porción del gasto militar (precisamente la destinada a comprar armas de “proyección/ataque” que no se necesitan y que nos arruinan, y a consolidar mediáticamente el mensaje de vuelta de tuerca del militarismo que está efectuando la ministra del ramo?

¿O será, como en tantas otras cosas, otro ejemplo de desidia de nuestro abúlico presidente?

Sea como sea, y antes de que sea tarde, queremos alertar del hecho de que el gobierno, antes o después, va a firmar la directiva que definirá la política de defensa para la legislatura, sin contar para ello con nadie más que con la propia cúpula del ejército y de espaldas al Parlamento, a la sociedad y al debate ciudadano.

Y una vez firmado ese marco referencial, el debate sobre qué defensa queremos estará, definitivamente, cerrado por otra legislatura. Gastarán más, invadirán más, serán más estrechamente cómplices de la política de la OTAN, venderemos más armas, generaremos más deuda militar… Serviremos mejor al status quo.

Para promover el debate, empecemos por señalar lo que probablemente dirá la nueva directiva. Para ello tenemos algunas pistas, como, por ejemplo, las declaraciones repetidas y tópicas de la Ministra y de sus corifeos de que hay que aumentar el gasto militar español al 2% del PIB (por cierto, que según nuestros cálculos, sumado el presupuesto del Ministerio de Defensa a punto de aprobación definitiva con las partidas escondidas en otros departamentos y partidas que conforme al criterio de la OTAN son gasto militar, ya superamos ese 2% del PIB), o acerca del reiniciado “segundo ciclo de rearme”, con la apuesta por comprar nuevos sistemas de armas innecesarias y de invasión (Aviones A400 y F35, nuevos barcos de guerra, vehículos 8×8, drones, nuevos sistemas de misiles, etc.), o los nuevos compromisos anunciados de participar en más operaciones de guerra en el exterior (Afganistán, frontera con Rusia, mayor implicación en Centroáfrica…), o los acelerados pasos para “securitizar” y  militarizar otras políticas, como la de movilidad humana, la de seguridad pública y libertades bajo el nuevo trampantojo del terrorismo internacional como excusa.

Probablemente el contexto que defina esta nueva directiva venga a explicarnos, como siempre, que vivimos en un mundo lleno de riesgos y amenazas que, como dice la ministra, obligan a fortalecer la defensa porque nuestra seguridad y bienestar se defiende lejos de nuestras fronteras y por medio del ejército. A este mundo de constante liquidez y movilidad, se une que el rajoinato predica el fin de las vacas flacas, lo que de rondón valdrá para que la nueva directiva, de nuevo, sea más de lo mismo de las anteriores con directrices que propondrán mayor gasto militar para alcanzar el 2% del PIB en defensa, mayor esfuerzo militar en el exterior, principalmente de la mano de la OTAN y de las operaciones de la UE, mayor esfuerzo en promover la industria militar y la exportación de armas y algunos cantos de sirenas más para incorporar a la noción de defensa previa esta especie de invasión de la securitización de la vida social, con toda la retahíla de propuestas sobre la ciberseguridad, la necesidad de recortar derechos para evitar el terrorismo y las demás lindezas con las que se justifica la expansión del militarismo.

Con este panorama nos cabe otro par de preguntas más.

De todo esto, ¿qué opinan los partidos políticos del arco parlamentario?, ¿están de acuerdo?, ¿no merece la pena protestar antes de que sea tarde?

Si observamos los diversos programas políticos las divergencias, si es que las hubiere, podrían ir referidas principalmente a la necesidad de una mayor transparencia de la política de defensa y del gasto militar.  A partir de ahí, sin embargo, los partidos de la derecha, Ciudadanos y PSOE muestran más similitudes que diferencias y apuestan por apoyar el consolidado sistema de defensa vigente. Tal vez las fuerzas más a la izquierda discutirían el contexto de riesgos planteados por el establishment, para poner el énfasis en la violencia estructural y en los intereses poco santos de occidente, y para criticsar la apuesta de vincularnos a operaciones de paz bajo el paraguas de la OTAN. Tal vez discutan la prioridad del gasto militar cuando existen tantas necesidades sociales, y la existencia de algunos capítulos del gasto militar poco presentables, pero no vemos mayores disensos.

No obstante, a los partidos les tocará, si es que lo estiman oportuno, hacer sus propias consideraciones al respecto, claro está, si es que son consultados, lo cual, de nuevo, está fuera del escenario actual.

No parece, sin embargo, que vayan a exigir que la directiva de defensa sea discutida en el Parlamento, ni someterla a crítica y debate público, aunque en cierto modo, una discusión pública de esta política, como ocurre en otras, sea un ejercicio de salud democrática que nos permitiría al menos contrastar argumentos, posibilidades y alternativas.

¿Por qué, entonces, no se exige que se debata y apruebe por el Parlamento, no como hasta ahora?

¿Cabria proponer, e incluso construir socialmente, desde ya, propuestas diferentes a la previsible directiva?, ¿cabría formular propuestas para por ejemplo, parar esta deriva?, ¿para iniciar un ciclo al menos diferente?, ¿o incluso para impulsar un cambio de modelo que abandone el enfoque militarista y adopte un enfoque de la seguridad alternativo?

Desde luego, las múltiples demandas y propuestas de los movimientos sociales altermundistas y antiglobalizadores, anticapitalistas, de la solidaridad internacional, antimilitarista, ecologista, feminista, pongamos por caso, en sus diferentes y complementarios enfoques, permitirían rellenar una agenda de caminos a emprender para desenmadejar el tema de la defensa y construir una alternativa de seguridad humana. ¿Merece la pena una puesta en común que nos permita ofrecer un referente con el que contrastar el modelo de defensa militarista que defenderá la próxima Directiva de Defensa?

Para cuando llegue ese momento, nosotros creemos que hay algunas preguntas básicas que, como hemos venido promoviendo desde el inicio de nuestro recorrido, podrían ayudar a definir una política acorde con la seguridad humana:

 

Pregunta básica Alternativa 1 Alternativa 2
¿Qué es lo que hay que defender?

 

La seguridad militar

Las fronteras

El status quo

La lucha contra el terrorismo internacional

Contra las invasiones y amenazas militares

Los derechos sociales

Los derechos humanos

La seguridad humana

La lucha contra la violencia estructural y cultural

La lucha contra los problemas globales de índole ecológica, pobreza, etc.

¿Quién tiene que ser el sujeto de esta defensa? Las élites

Los ejércitos

La industria militar

Expertos

La sociedad en su conjunto

Los movimientos sociales y otros cauces de auto-organización

Sin delegación

¿Cómo hay que ejercitar esta defensa? Militar

Violenta. Guerras.

Bajo el paradigma dominación-viole

Social

Noviolenta. Transformación de conflictos

Bajo el paradigma cooperación-noviolencia

 

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¿Mejora la paz mundial?

Por esglobal

 

Fuente: esglobal

Nos sorprende mucho la cabecera de la noticia que publica esglobal, difundiendo un informe del Institute for Economics and Peace, un centro de pensamiento que elabora un índice mundial de paz cada año:

Los resultados del Índice de Paz Global de 2017 muestran una ligera mejora en la paz, 93 países han mejorado y 68 han empeorado. Seis de las nueve regiones experimentan cambios positivos. Sudamérica se convierte en la cuarta región más pacífica, mientras que Norteamérica, África subsahariana y Oriente Medio y Norte de África sufren los mayores deterioros.

Una ligera mejoría que implica que 68 países han empeorado en su índice de paz, que se dice pronto, y que nos permite apreciar lo mal que va el mundo cuando una noticia así aparece como algo mejor que lo que teníamos antes.

El informe aplica 23 indicadores cualitativos y cuantitativos para medir la paz, y tiene en cuenta dimensiones como la protección social, el grado de militarización y los conflictos internos e internacionales, de modo que no podemos reprocharle mucho.

El informe de este año ha incluido en el estudio factores de paz positiva (actitudes, estructuras y acciones que crean y sostienen sociedades pacíficas tal como lo definen) por lo que no solo se centran en la paz negativa (ausencia de guerra o conflicto) y nos dan una versión más realista del problema de la paz.

Si miramos la paz en un período más largo, una década, la situación es mucho menos halagüeña:

La tendencia del nivel de paz en los últimos 10 años muestra que la paz global se ha deteriorado en un 2,8% desde 2008 y que el 52% de los países del índice ha empeorado y el 48% ha mejorado.

La mejoría de 2016, en este informe de 2017 ha sido globalmente de un 0´28% respecto a 2016, lo cual, como veíamos antes, es poco o nada.

Islandia sigue siendo el país más pacífico del mundo, puesto que ocupa desde 2008. Arriba están también Nueva Zelanda, Portugal, Austria y Dinamarca, mantienen una situación similar al IPG del año pasado. También hay pocos cambios al final de la lista. Siria sigue siendo el país menos pacífico del mundo, precedido de Afganistán, Irak, Sudán del Sur y Yemen.

Si comprobamos la lista de países más pacíficos nos sorprenderemos de ver cómo ninguno de ellos forma parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo cual despeja dudas de la paz que promueve dicho Consejo de Seguridad,  y que tampoco son de los países con mayor arraigo militarista y gasto militar mundial, lo cual también señala la dirección de la paz.

Pero, si miramos por debajo, los países con menos paz, de nuevo nos vemos obligados a reconocer nuestras malas políticas como algo que tiene que ver con la ausencia de paz. Son países donde la intervención geopolítica del militarismo occidental, entre otros, es elocuente y en los que, de una u otra forma, participamos activamente en incendiar los conflictos.

Situación que nos apunta con el dedo más en concreto cuando nos preguntamos dónde está interviniendo el ejército español y leemos a continuación el informe donde se dice que

Los mayores deterioros regionales los sufren Norteamérica, África subsahariana y Oriente Medio y Norte de África (MENA)

También nos da cuenta el informe de lo cara que le sale al planeta la violencia y la guerra, tan cara que su erradicación podría acabar con gran parte de las lacras endémicas de la humanidad en un solo año.

En 2016, el impacto económico de la violencia en la economía mundial fue de 14,3 billones de dólares en términos de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA). Esta cifra equivale al 12,6% de la actividad económica del mundo (producto mundial bruto), 1.953 dólares por persona, y es un 3% inferior que en 2015. La reducción se debió sobre todo a la disminución del número de personas muertas en actos terroristas, que descendió un 10%, y al descenso de los gastos dedicados a mantener la paz y la seguridad interna y de los costes de los homicidios.

y

La repercusión económica de las guerras fue de 1’04 billones de dólares. Se calcula que el gasto de consolidación de la paz asciende aproximadamente a 10.000 millones de dólares, menos del 1% de lo que cuestan las guerras. El informe calcula también los rendimientos probables del aumento de los fondos para construir la paz y destaca que la rentabilidad de la inversión puede ser de hasta 16 veces el coste de la intervención, lo cual supone una gran oportunidad para inversiones futuras. Este dato es especialmente importante para los países atrapados en guerras, dado que el impacto económico medio de la violencia para los 10 países menos pacíficos fue equivalente al 37% de su PIB, mientras que no fue más que del 3% en el caso de los 10 más pacíficos.

El que no vea la necesidad de hacer de la lucha por la paz y la seguridad humana un eje principal de la nueva agenda global, al menos a la par de otros grandes problemas mundiales como el calentamiento global, por ejemplo, es porque no quiere. O porque no quiere un mundo estructuralmente pacífico y justo.

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La insumisión y el legado de la lucha noviolenta

insumision

Por Roberto Moso

Comentamos una tribuna que publica Pedro Oliver en Público y que se titula “La insumisión antimilitarista en la nueva política”.

En el mismo, el amigo Pedro señala, con bastante acierto, algunos de los logros de la lucha política noviolenta llevada a cabo por el antimilitarismo del Estado español a partir de 1989. Una campaña promovida contra las leyes del servicio militar y de la objeción de conciencia, que garantizaban la sumisión forzosa a la prestación de un servicio militar (o su sustituto civil pensado como refuerzo de éste) ideado para perpetuar la razón militarista y el propio servicio como escuela de aprendizaje de sus prácticas y valores.

Destaca que la insumisión mostró, por primera vez, que era posible ganar a la “razón de estado” por medio de una estrategia noviolenta de lucha radical. Y en efecto, fue la demostración de la potencia política de la acción noviolenta y de la metodología de la desibediencia civil para conseguir cambios más o menos radicales en una sociedad plenamente instalada en la idea de democracia representativa y ologárquica.

Señala también cómo este legado se ha transmitido de forma clara a otras luchas sociales de cualquier ámbito, tales como ecologistas, feministas, altermunidistas, sindicales, etc. (en puridad habría que decir que también aprendió y adquirió préstamos de estas) y cómo afectó a éstas tanto en lo metodológico (trabajo de base, asamblearismo, metodología noviolenta) como en los medios y objetivos (desobediencia civil como práctica de reafirmación de los principios de democracia radical), hasta el punto de ser hoy en día parte del ADN de los nuevos y no tan nuevos movimientos sociales posteriores a la eclosión del 15M.

“dejó un legado fructífero en la cultura de protesta, una influencia que perdura.

y

quedó como un referente metodológico en el acervo colectivo de la protesta democrática y democratizadora.

… la memoria de la insumisión se convirtió en una especie de ADN asambleario, noviolento y desobediente que quedó inserto en la mayor parte de los movimientos sociales locales y globales de principios del nuevo milenio y de no pocos fenómenos de protesta de antes y después de la crisis iniciada en 2008, hasta la eclosión del 15M

Qué duda cabe que estos elementos son aportaciones de un valor inestimable y que sin la insumisión nuestra propia cultura política, incluidos  los horizontes de aspiraciones de tantas luchas, sería muy diferente y mucho más pobre.

Hasta aquí, quienes de una u otra forma participamos en su día de toda esa lucha (y vivencia) no podemos estar más satisfechos y agradecidos, tanto por lo logrado, como por lo aprendido en ese camino.

Se pregunta Pedro, con perplejidad que compartimos, cómo es posible que siendo tal legado una especie de hilo conductor de la actual cultura política de los movimientos sociales y de la propia cultura política, la llamada “nueva política” minusvalore todo esto y se arriegue a perder un potencial electorado. Lo dice así:

No nos cabe la más mínima duda de que el prestigio de la acción noviolenta en España se debe en gran medida al ciclo de 30 años de desobediencia civil protagonizado por el movimiento antimilitarista y, más en concreto, a la experiencia referencial de la campaña de insumisión. Con todo, lo mejor de todo es que esa memoria sigue viva. Quien la obvie, se encontrará con ella más temprano que tarde, y quien la desprecie, chocará de frente con su legado más emotivo y simbólico. ¿Cómo es posible que la “nueva política” de izquierda y el populismo de izquierda minusvaloren el legado de la insumisión y al mismo tiempo se declaran herederos del 15M? ¿Acaso creen que semejante contradicción no les perjudica?

Lejos de tener respuestas a esta perplejidad, a nosotros se nos acumulan las dudas y los desafíos. Pedro nos estimula a pensar en ellas porque su análisis es sugerente.

  • La primera duda se refiere a nosotr@s mism@s, al antimilitarismo.

Nos preguntamos cómo es, qué explicación tiene, que teniendo la potencia que tuvo el antimilitarismo en los años 90, tanto en su militancia como en sus apoyos sociales y en el cambio de mentalidad que produjo, la actual militancia antimilitarista se haya reducido casi a la puramente testimonial y residual y, con algunas excepciones, no se haya dado un recambio generacional ni la incorporación de gente joven.  Y añadida a esta, ¿cómo es que las actuales aspiraciones de la sociedad, en general, parezcan tan desconcetadas de los objetivos del antimilitarismo?, ¿no supimos transmitirlas?, ¿por qué no somos atractivos como militancia de las nuevas mentalidades?

Ciertamente podemos encontrar mucha gente que militó en el ciclo de protesta insumiso en organizaciones sociales de todo tipo, e incluso entre los militantes y cargos de algunos partidos nuevos y no tan nuevos. Pero… ¿la militancia antimilitarista?, ¿qué fue de ella?. ¿dónde se encuentra?, ¿cómo se expresa?

Asociada a esta pregunta, una nueva perplejidad. Hoy en día conocemos mucho más el militarismo, sus características, su funcionamiento, su papel global en la estrategia de dominación-violencia que define las políticas estatales y mundiales, su gasto militar, las puertas giratorias, su implicación en el desastre ecológico mundial y, en fin, tantos escenarios más, que cuando el movimiento antimilitarista tenía mejor salud. Sin embargo este conocimiento no nos ha llevado a un enriquecimiento de nuestros objetivos, ni a un incremento de nuestras apuestas, ni a una agenda de luchas más diversificada y radical, sino, al contrario, a un repliegue de “campañas y agendas” políticas,  que prácticamente se reducen a reconvertir los antaño fructíferos grupos antimilitaristas en grupos de acción directa puntual y sin más. ¿Responde a una reducción y concentración de esfuerzos dados los escasos medios a nuestro alcance?, ¿responde a una reducción de posibilidades en la agenda política actual?, ¿responde a una reducción de ideas?…

Antaño aspirábamos a una lucha cultural amplia, a la que dedicábamos campañas de educación para la paz, de nuevas metodologías de resolución de conflictos, de encuentro entre el antimilitarismo y el feminismo, o el ecologismo, o… ¡ tantas otras!. Aspirábamos a dinamizar a la sociedad en la resolución alternativa de conflictos, a promover una alternativa global de defensa -basada en la cooperación y la noviolencia- a la defensa militar, a abolir los ejércitos, a desenmascarar las guerras y sus intereses, a generar sinergias para la reconversión de la industria militar, a luchar contra la militarización social en todos los frentes, a promover un modelo de relaciones sociales alternativo…

Comparar la agenda no sólo de aspiraciones sino también de luchas y campañas del antimilitarismo insumiso de los años 90 con el actual panorama del antimilitarismo, de nuevo, nos produce perplejidad. ¿hemos perdido o ganado en el camino? Nosotros, sinceramente, no nos lo sabemos responder.

  • La segunda se refiere al legado en sí. ¿cuál fue el verdadero legado de la insumisión que permeó fructíferamente a la sociedad?

Es evidente que no todo el legado de la lucha insumisa caló con igual intensidad en la sociedad y sobre los movimientos sociales. Una gran parte, precisamente la de contenido explícitamente antimilitarista, se quedó en la superficie o se evaporó.

En nuestra opinión la principal contribución de la insumisión fue el prestigio no tanto de la noviolencia en sí como de la desobediencia civil como herramienta política útil. Pero una herramienta en cierto modo “neutra” en cuanto a su coherencia noviolenta. De los diversos enfoques de la desobediencia civil y del contenido explícitamente antimilitarista y noviolento de ésta ya hemos hablado en el libro “Política noviolenta y lucha social” publicado por ecologistas en Acción en 2012 y no es el caso repetirnos ahora.

Tal vez a ello podríamos unir una cierta cultura de lo asambleario, del trabajo sin delegación, directo, de base, igualitario, no sexista, que se interiorizó en los movimientos sociales con mayor acierto.

Son dos aportaciones monumentales y son dos elementos indisociables de la lucha de la insumisión y de la propia filosofía noviolenta y antimilitarista, pero no son todo el legado del antimilitarismo ni de la lucha noviolenta.

En cuanto a la desobediencia civil, ésta  traspasó la barrera de rechazo que la cultura imperante impone porque entraba en un diálogo (Pedro también lo apunta) bastante práctico con uno de los principales referentes de lucha social de las antiguas izquierdas: la lucha violenta (añadiremos por nuestra cuenta dos más: los partidos “representativos”  y la lucha sindical).

Precisamente donde la violencia era incapaz de romper la razón de estado en una “democracia occidental” y se mostraba más bien como un delirio indeseable (véase el caso de ETA) o un buen argumento para mientras se bebían unas cañas, pero inútil en otro plano, la insumisión, con su estrategia de lucha noviolenta (desobediencia civil, boicot, uso escénico de los juicios y de la represión, horizonte de sentido sin guerras ni ejércitos y aspiración creativa a construirlo aquí y ahora, etc.) tuvo la capacidad de mostrar en la práctica su potencial de desbordar al Estado y modificar el escenario político más allá de lo que éste calculaba. No ganamos el conflicto (si es que la aspiración en estos no puede ser otra que la de transformar los escenarios y reconfigurar los consensos, y no tanto una suma de tipo gana/pierde) pero cambiamos el panorama hacia una dinamización/transformación del mismo que no entraba en la hoja de ruta del poder y que, de nuevo, puede ser ahora o más tarde referente para nuevos desbordamientos de ésta.

Por otra parte, frente a una lucha sindical que aparentemente debía lograr por medio de la negociación y la huelga cambios esenciales en favor del “bienestar” socialdemócrata y que, en la práctica, y salvando honrosas excepciones, se mostró más bien como una herramienta ineficaz para tales fines, la desobediencia mostraba un horizonte de lucha mucho más ingobernable por parte de los que mandan. Idea que, a su vez, podemos trasladar a todo el modelo de representación y sobrerepresentación institucional y política existente.

Volvemos a decirlo. el valor de ésto es incalculable, impresionante, exitoso. Pero no es toda la riqueza que el antimilitarismo pretendía aportar y potencialmente puede aportar.

De este modo, el legado que permeó fue, principalmente, la desobediencia civil como herramienta y la organización horizontal y asamblearia como metodología organizativa. Si se quiere, con menor impacto, ciertos valores de la noviolencia centrados en la renuncia a la violencia en la acción política y la dinamización de un colchón social de apoyo a las luchas y una llamada estética a lo radical.

Pero no tanto el antimilitarismo como contenido (incluso los partidos de izquierda que aceptaron la desobediencia y la insumisión lo hicieron sin renuncias ni cambios fundamentales a sus postulados militaristas de siempre, a los que añadieron la desobediencia bien como otra herramienta complementaria o bien por puro oportunismo coyuntural) ni la noviolencia como apuesta por un paradigma alternativo de cooperación-noviolencia desde el que promover no solo protesta y denuncia, sino también alternativa y anuncio de algo diferente y radicalmente otro.

Sin duda el debate sobre la violencia política es mucho más complejo que la manida refriega habitual entre creyentes de una u otra cosa con sus ejemplos tópicos a cuestas).  No queremos ser simplistas. Pero también la noviolencia es algo más complejo que la caricatruresca figura de un tipo que, por no violentarse, renuncia ascéticamente a tomar partido y a comprometerse activamente en cambiar las cosas, o de un santón que renuncia a ver la crueldad del mundo por vivir en su mundo interior. Es, a la vez, 1) lucha contra todas las violencias (no sólo la directa, sino también la cultural y la estructural y el sumatorio de todas ellas en esa violencia sinérgica y global que impregna nuestro orden y paradigma) en todos los escenarios y en todos los momentos y 2) construcción alternativa de paz creativa y con contenidos en todos esos escenarios (directo, estructural, cultural) para construir esa sinergia en una paz global basada en la cooperación y la noviolencia como fuerzas rectoras.

El antimilitarismo cuenta con contenidos mucho más amplios que, en realidad, no han sido asumidos con igual éxito y que, por lo que parece, resultan quiméricos o inoportunos para la izquierda experta y los partidos políticos en su conjunto. Por ejemplo, no es lo mismo pedir una reducción o un cambio de partidas del gasto militar que un proceso de transarme que acabe trasladando todo el gasto militar, aunque sea de forma gradual, desde partidas destinadas a la defensa y al militarismo, a necesidades sociales y luchas por la seguridad humana, ajenas o contrapuestas a éste. No es lo mismo pedir que haya un cierto control de armas, a luchar para que se dé un proceso gradual de transarme que las elimine, o que se busque un control de las industrias militares a que se desarrollen políticas de reconversión de éstas a otros fines útiles o de desinversión y desincentivos para que desaparezcan. No es igual querer un ejército más o menos democrático que proponer la sustitución por políticas de transarme del modelo de defensa militar por un modelo de seguridad humana. No es lo mismo conformarse con no ser excesivamente partícipe en las políticas municipales con los intereses de los ejércitos o desarrollar “cumbres” mediáticas de expertos, que promover una política de paz que se base en la desmilitarización también municipal (ayudas y subvenciones a lo militar, desmilitarización inmobiliaria, del callejero y de las simbologías, propuestas de acogida efectiva de los desertores y damnificados de las guerras, prohibición de negocios relacionados con lo militar, promoción de una política de verdadera lucha contra la preparación y causas de las guerras, investigación y prácticas para la paz, etc.).

También es cierto que la escasa profundización del antimilitarismo en estos temas, su actual dificultad de diálogo y coordinación con otras tradiciones y luchas sociales, y  la dificultad de la difusión y divulgación de ellos hace más difícil que acaben echando raíces en la sociedad.

  • En tercer lugar, la referencia a la nueva política y su relación actual con el antimilitarismo.

Nuestro análisis coincide fundamentalmente con el de Pedro. Para la nueva (y no tan nueva) política, el antimilitarismo es algo no conveniente, cuando no irrelevante o excéntrico.

De ahí, y no solo de nuestras pocas fuerzas y de palmarios déficits de coordinación y optimización de nuestras propias capacidades, la difícil relación.

Pero debemos matizar un poco.

a) Esta irrelevancia e inconveniencia que forma parte de las actuales manifestaciones públicas de esta “nueva-vieja” política se concentra, principalmente, en sus líderes más mediáticos y sus círculos más próximos. No así, o al menos no tanto, en la gente sensible e incluso de sus militancias variopintas.

Probablemente las biografías de estos líderes explican de forma suficiente su astringencia al antimilitarismo: cálculo, tacticismo, prejuicios ideológicos, ideas férreamente militaristas y vanguardistas… No es probable que cambien de mentalidad sin más.

Pero, lo dice Pedro y nosotros lo compartimos, en el imaginario social hay aún mucho poso de viejas aspiraciones antimilitaristas. No se fuma bien el puro de nuevos alcaldes que encima se dicen antimilitaristas diciendo que no importa que se hagan barcos de guerra para países como Arabia Saudí con tal de dar trabajo en sus regiones, como no se asumen con facilidad otras manifestaciones de figuras mediáticas ciertamente muy alejadas de los postulados antimilitaristas. es cierto que los programas políticos presentados por todos esos nuevos actores (que en otros artículos de este blog hemos analizado críticamente) no nos permiten augurar nada bueno. Y es también cierto que a estos líderes nuevo-viejos algo de factura les ha de pasar (y les ha pasado ya) el manifiesto rechazo, cuando no desprecio, de estas sensibilidades.

Tal vez los “líderes” no nos dejan ver el bosque, pero no lo son todo. Ni siquiera en su panorama interno y … ¡tampoco son eternos!

Nuestra experiencia al menos dice eso. Cuando tomamos contacto, ciertamente el pobre contacto que podemos tomar en charlas y encuentros a los que nos  invitan (por cierto, a otros nos dejan de invitar, como es la Universidad de Verano de Anticapitalistas, ¿tal vez castigo por criticar a Kichi y sus barcos a Arabia Saudí?) con las gentes que participan de estos partidos y las que éstos son capaces de convocar, lo cierto es que la presentación del panorama del militarismo y de las propuestas de lucha que podría llevar a cabo una apuesta antimilitarista, llaman mucho la atención y agrupan mucha simpatía (también autocrítica a sus propias formaciones y a sus ya tradicionales postulados en la materia y reproches merecidos a nuestra ineficacia para dialogar con ellos).

No quiere decir más de lo que dice, pero es lo cierto que se detecta una sensibilidad creciente en la gente cuando pasa de la absoluta desinformación a un conocimiento mayor del tema y de su influencia en otras luchas y apuestas. A lo mejor no da para hacer de esta militancia dispersa y diversa activos antimilitaristas, ni para que promuevan, sin el apoyo suficiente al menos, un enfoque alternativo de múltiples temáticas en sus formaciones, pero tal vez, como antaño, sí sean simpatizantes proclives a cambios más radicales si somos capaces de rotularlos y proponerlos en términos de lucha política concreta y que les concierna.

Y es que la responsabilidad mayor de traducir en propuestas políticas la apuesta antimilitarista, queramos o no, sigue siendo de l@s  (pocos o muchos, emboscados o manifiestos) antimilitaristas que seguimos haciendo de esta nuestra militancia, o al menos una de ellas, fuerte.

Tampoco son pocos, parecerá a lo mejor una sorpresa, los cargos institucionales de municipios, diputados (autonómico y estatales) y otros que se sienten incómodos con el discurso oficial de sus líderes y que estarían por la labor de debatir más y de promover algunas de las propuestas antimilitaristas. ¿Las tenemos preparadas?.

Tal vez la vía institucional, y nosotros nos confesamos tan escépticos de ella como el que más, no sea la más eficaz y tal vez de ella solo quepa esperar el repliegue institucional, pero si nuestras luchas buscan un desbordamiento, tal vez contar con quien sea al menos capaz de un compromiso mínimo desde el lado obscuro o se preste de algún modo a servirnos de altavoz, o de proporcionarnos información, o de generar contradicción, no nos venga mal. Muchos de ellos incluso fueron compañeros en la lucha insumisa y asea como activistas, grupos de apoyo, etc.

b) Lo mismo ocurre en los espacios de la “sociedad civil” (al menos en nuestra corta experiencia): la gente en general simpatiza con lo que decimos y asume cómodamente (es decir, sin que les suponga un desequilibro mental) la apuesta desmilitarizadora. Tal vez también aquí nos está faltando capacidad de trabajo y acompañamiento con la gente común, ofrecer campañas concretas y asumibles de fácil contagio. Disolvernos en sus aspiraciones y luchas. Apropiarnos horizontalmente con ellos del tema de la defensa y de la necesidad de la alternativa al mismo.

Por fortuna, a niveles más locales, se empiezan a congregar gentes y nuevos grupos que llevan adelante  nuevas y antiguas apuestas antimilitaristas y las dinamizan.

Y no podemos dejar de reconocer la simpatía, tal vez aún simplemente simpatía, de muchos grupos sociales y movimientos hacia nuestras (aunque pobres) campañas y propuestas. Es cierto que el antimilitarismo no está aún incorporado de forma rotunda a sus luchas pero… es un camino a trazar en un terreno ya abonado donde tenemos mucho que dar y recibir.

En estas circunstancias, no siempre desfavorables como vemos, y habiendo  reducido el antimilitarismo su militancia y relevancia de forma drástica, ¿somos capaces de asumir el evidente reto de diálogo que requiere el hambre de la sociedad al respecto?, ¿tenemos identificadas las palancas que hemos de pulsar para estimular y dinamizar luchas sociales antimilitaristas para las que hoy en día tenemos identificados mejor que antes los actores, el conocimiento y la información precisa, los objetivos a perseguir?, ¿sabemos marcarnos una agenda de trabajo que vaya más allá de lo puramente testimonial o el activismo de testosterona?, …

¿Somos capaces, con igual energía, de aportar a la sociedad los contenidos antimilitaristas que se quedaron en el aire en la anterior campaña de la insumisión al servicio militar?

Sería nuestro tercer gran aporte a la democracia radical y al cambio de paradigma que se avecina.

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La resistencia de un barrio okupa en Gasteiz, ejemplo de defensa social noviolenta

Por Errekaleor Bizirik

Fuete: Público

El mayor barrio okupa y autogestionado del Estado se encuentra en Gasteiz y se llama Errekaleor. Agrupa al menos a 150 vecinos y vecinas.

Actualmente está cercado por la Ertzaintza, las fuerzas policiales vascas al servicio del orden propio de esta sociedad postcapitalista y sus poderes más localistas.

 El alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran, ha prometido que derribará Errekaleor quieran o no quieran sus actuales vecinos, a quienes el político del PNV definió como “antisistema”

¿Una niña de dos meses antisistema?, ¿un anciano de más de 70 años?, ¿un centro cultural?. A veces los alcaldes pasan de la temeridad a la comicidad y dan entre risa y lástima. Es el caso.

Errekaleor es el esqueleto que el anterior alcalde del PP, Alfonso Alonso, pretendía convertir en un nuevo diseño residencial al uso de los tiempos aquellos en que las políticas liberalizadoras del suelo acabaron por construir el desastre inmobiliario con el que nuestros ricos y sus representantes políticos nos atizaron y empobrecieron. Luego vino la gran crisis, la gran estafa, y el faraónico proyecto del alcalde Alonso se fue al traste.

Pero los vecinos del barrio fueron, no obstante, expulsados del barrio y obligados sin piedad a realojarse en otros lugares. Necesitaban en suelo libre para el negocio.

En septiembre de 2013, varios jóvenes se instalaron en uno de los portales vacíos. Fue la mecha que encendió la llama: en apenas unos meses, la vida volvió a esta desolada zona del extrarradio de Vitoria. El barrio renació y ahora es el mayor barrio autogestionado del Estado y con su funcionamiento abre una brecha que el decrépito poder de este decadentoso régimen no puede cerrar.

Hace pocos días Iberdrola cortó la luz a todo el barrio. El Alcalde tiene como objetivo desalojarlo y tirar, casa a casa, hasta la última piedra. Es intolerable, debe pensar, que a la gente la de por vivir a su manera y, de paso, nos jorobe las brillantes ideas urbanísticas con las que encandilamos a los votantes. Hay que dar ejemplo de seriedad y eficacia administrativa.

La gente prefiere decidir su propio destino a su manera y defiende lo que considera que ha de defender. En este caso la vida del barrio donde viven, frente a los intereses políticos de quienes tan desastrosamente nos conducen por el filo de un precipicio y aspiran a que les consideremos nuestros defensores.

Esta historia ya la hemos vivido en otros lugares y en otras épocas. Vecinos que tejen la convivencia en un sitio dejado a su suerte e intereses económicos y políticos que en un momento dado deciden que hay que echarlos a todos.

La historia, corta historia de menos de cinco años, de la lucha del barrio de Errekaleor, es en parte un ejemplo más de la lucha social de la gente por lo que le interesa defender frente a lo que los de arriba quieren defender en nuestro nombre y llaman seguridad. Seguridad humana frente a un enfoque de seguridad de los intereses de los de arriba.

El conflicto es inevitable.

Mientras se incorporaban nuevos vecinos y se ponían en marcha distintas iniciativas para rehabilitar la zona, los grupos municipales de PNV, PSE y PP se unían para advertir que no lo tolerarían. A finales del año pasado, la sociedad pública Ensanche 21 (que se reivindica como titular de este gigantesco espacio) decidió presentar una demanda de desahucio contra todo el barrio. La medida fue promovida por los representantes del PP y apoyada por PNV y PSE.

En ese contexto, el pasado jueves 18 llegaron varias dotaciones de los Antidisturbios de la Ertzaintza, quienes hacían de escoltas de un número más reducido de técnicos de Iberdrola. La misión de estos últimos era cortar la luz, mientras que los primeros se encargarían de apartar a quienes se pusieran en el medio. Así pudieron constatarlo los numerosos jóvenes que rodearon el transformador de la zona y que fueron sacados a rastras por los policías. Así, entre forcejeos, Iberdrola cumplió su cometido. Según explicó la Policía Autonómica, detrás del operativo se encontraba el departamento de Industria del Gobierno Vasco, que había solicitado el corte de energía por cuestiones de “seguridad”.

Pero los vecinos defienden lo que quieren defender y no se dejan amilanar. Es una lucha social y ahora han tenido una nueva idea que demuestra la eficacia de la defensa de la seguridad humana con metodologías de acción directa noviolenta, con estrategias de lucha social y con fórmulas de organización autogestionada y de base.

Los vecinos han iniciado un trabajo para autoabastecerse de electricidad y luz con energías limpias. Una vez que la coacción del ayuntamiento e Iberdrola les ha liberado de la atadura de las energías promovidas por el lobby energético, los vecinos han decidido generar energía limpia y solidaria y demostrar que hay vida más allá de Iberdrola y el muro de la Ertzaintza. Otro ejemplo que apunta al futuro que esta lucha social quiere construir y al pasado que denuncian y rechazan.

Donde los malos esperaban una coacción intolerable, han abierto sin quererlo una oportunidad a la creatividad y liberación de la gente.

Una semana después de ser apaleados por la Ertzaintza, los 150 vecinos de Errekaleor, el barrio autogestionado más grande del Estado, buscarán convertirse en la “mayor isla autosuficiente del sur de Europa”. El plan ya está diseñado: en los próximos días, la asamblea barrial pondrá en marcha una campaña de apoyo, dirigida a hacerse con 550 placas solares que permitirían dar luz a todas las casas de esta antigua zona obrera de Vitoria, contra la que hoy cargan (además de la Policía Autonómica) los responsables del PNV, PSE y PP.

La lucha empieza a ser conocida en otros lugares. El barrio aspira a ser el más grande barrio autogestionado y autosostenible del Sur de Europa y desata la simpatía y la solidaridad.

Así lo confirmaba el colectivo Errekaleor Bizirik (Errekaleor Vivo) desde su cuenta en Twitter, donde daba pistas sobre el futuro que intentarán construir. “¡Primer tweet sostenible! Hemos colocado la primera placa solar. Con tu ayuda serán muchas más”, anunciaban. Según señalaron a Público sus portavoces, la campaña será presentada formalmente el próximo sábado 3, en el marco de una manifestación a favor de este proyecto autogestionario que se realizará en la capital alavesa.

´Nos alegra este ejemplo que apunta directamente a la seguridad humana y a la defensa de lo que la gente quiere defender. Un ejemplo de defensa noviolenta que nos enseña además que podemos aspirar a otra defensa y a derribar la defensa militar.

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Parte del gasto militar español bastaría para evitar la pobreza extrema mundial

Imagen de Paulo Slachevsky

Fuente:  El Orden Mundial.

¿Es posible acabar con la pobreza mundial?

Esta es una pregunta muy pertinente porque actualmente más de 1.000 millones de personas viven con menos de un dólar al día.  Es lo que se llama pobreza extrema.

Que todas estas personas pudiesen vivir con 5 dólares al día supondría un gasto anual de 4.000 millones de dólares.

Sin duda, este aumento en sus ingresos supondría un gran cambio en sus vidas.  No sabemos si suficiente, tal vez no.  Pero sí suponemos que tendrían bastante para comer, al menos, y para cubrir algunas de sus necesidades más acuciantes.

Que viviesen con 10 dólares al día, supondría un gasto anual de 9.000 millones de dólares.

Es un gasto elevado, pero una inversión de futuro.  Estos 1.000 millones de personas empezarían a generar riqueza en sus barrios, en los comercios de la zona.  Y esta riqueza haría, en principio, que aumentase el nivel de vida global.

¿Qué podría hacer España en este contexto?  ¿Poco, nada?  Quizá no pudiésemos con el hambre en todo el mundo, pero, ¿podríamos acabar con la pobreza extrema en África?

¿Aportaría algo a nuestra política exterior el hecho de intentar acabar con la pobreza extrema en el mundo?  ¿Dejaría España de ser vista como un enemigo dado que somos uno de los países que más practica la injerencia militar en el extranjero?  ¿Estaríamos orgullosos con este esfuerzo?

¿Podría colaborar nuestra política de defensa, si en vez de orientarse hacia la Defensa Nacional militarista se orientase hacia la Seguridad Humana y, por lo tanto, se ocupase de defendernos, entre otras cosas, de la pobreza extrema?

Algunos datos:

El Ministerio de Defensa va a gastar en 2017 7.638’54 millones de €.

Sin embargo, el militarismo español oculta 8.852’29 millones de € en otros ministerios fuera del de defensa.

Cierto es que hay un gasto, el de clases pasivas militares, que nos parece que no puede ser suprimido sin más.  Tampoco nos parece oportuno suprimir los programas sociales de ISFAS.  Por lo tanto, 3.923’39 millones de € podrían ser utilizados para este fin utilizando lo que el Ministerio de Defensa oculta como Gasto Militar en otros ministerios. Supondría el 43’59 % de lo necesario.

Pensamos que, además, lo presupuestado para los Programas Especiales de Armamento, PEAS, 1.824’47 millones de €, podrían contribuir al objetivo de acabar con el hambre en el mundo.

Y, por supuesto, sería lógico dejar de tener una política exterior y de defensa tan agresiva y militarista como la actual.  Por ello, también podríamos utilizar los 771’11 millones que, al menos, gastaremos en 2017 para Operaciones Militares en el Exterior.

Al final se dispondría de 6.518,97 millones de € para combatir la pobreza extrema.  Llegaríamos al 72’43 % del objetivo mundial.

Y eso sólo con un país.

Con la ayuda de Portugal, y/o Italia, habría posibilidades de atender por completo a este problema.

La existencia de la pobreza extrema es, por tanto, una decisión política del primer mundo, nuestra.

Una política de transarme sería útil y es necesaria.

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Transarme, una propuesta utilizando inmuebles de Defensa

Imagen de Carlos Soler

Fuente:  El Economista y El País.

Supongamos que queremos hacer una política de defensa alternativa, dentro del paradigma de cooperación-noviolencia, defendiendo los principios de Seguridad Humana.

¿Cómo la financiamos sin aumentar ni un € el gasto en defensa actual?

Pues muy fácil, del mismo modo en que financian los militares sus rearmes y otros gastos:  utilizando el patrimonio en fincas y bienes inmuebles que posee el INVIED en todo el territorio nacional.

Ahora mismo la noticia es:

El Ministerio de Defensa busca desprenderse de un total de 189 activos inmobiliarios por un valor inicial de 44 millones de euros. Las operaciones las realiza el Instituto de Vivienda, Infraestructura y Equipamiento de Defensa (Invied) que tiene como principal función la enajenación de los bienes inmuebles que sean desafectados por la Administración que actualmente encabeza María Dolores de Cospedal.

De un lado, el Invied tiene previsto sacar a subasta próximamente, concretamente entre abril y mayo, un total de 89 locales, 14 garajes, 11 solares y tres edificios por un precio inicial total de 22,4 millones de euros. Además, y por otro lado, el organismo también tiene ya puestos en venta directa otros 50 locales, 12 garajes y 10 solares que suman un valor total de 21,65 millones de euros. Según explica la propia página web del Instituto de la Vivienda del Ministerio de Defensa, los inmuebles que actualmente se ofrecen en venta directa son los que han quedado desiertos en subastas anteriores. Del mismo modo, algunos de los bienes inmuebles que se ofrecen en subasta ya han pasado por primeras pujas en las que han quedado desiertos y esperan una segunda oportunidad.

Lo sacan a subasta ahora que el precio de los inmuebles está subiendo y hay más oportunidades para vender.  El dinero que consiguen hace que el Ministerio de Defensa sea el segundo ministerio que más ingresa.  Pero estos ingresos no los comparte con el resto de los ministerios o el resto de las administraciones del Estado (ayuntamientos, comunidades autónomas), sino que lo usa para sus financiar sus objetivos armamentíticos.

Pero esta política podría ser de otra manera, para ello hacemos uso de la noticia de El País, que nos habla de que una antigua fábrica de bombas hidráulicas va a pasar a ser:

  • un centro cultural donde promocionar el arte moderno y contemporáneo,
  • y un centro social de atención a los niños vulnerables del barrio,
  • además de un centro de referencia en la investigación de enfermedades raras, sobre todo la de Wilson.  Todo ello en Valencia.

¿Buena idea?  Claro que sí.  Si se puede hacer en el ámbito privado, ¿no se podría hacer también en la esfera pública?  Seguro.

Daría nuevos servicios al barrio, nuevos empleos, directos e indirectos, proyección a la ciudad en diversos ambientes culturales, bienestar a la vecindad del barrio, etc.

¿Mejoraría la Seguridad Humana?  Por supuesto, los objetivos del proyecto lo harían por sí solos, no habría que añadir nada más.

Pero es que, además, se podrían usar los fondos obtenidos con estas ventas de inmuebles a otros aspectos políticos que mejorasen las posibilidades de solución de conflictos armados, como ya decíamos en las conversaciones de paz de Sudán de Sur, o muchos otros pequeños objetivos de paz a lo largo del mundo.

Tres son los grandes solares (Muruarte de Reta, en Navarra; Son Olivaret en Menorca;  y Lorán en Estartit, Gerona) de los que se quiere deshacer Defensa, en cada uno de ellos se podrían iniciar actividades diversas que promocionasen el barrio o pueblo, diesen empleo a la gente de la localidad y generasen bienestar al barrio:

De manera desglosada, entre los 11 solares que saldrán de forma inminente a subasta destacan el antiguo Campamento El Carrascal, ubicado en la localidad navarra de Muruarte de Reta y con una extensión de 231.434 metros cuadrados, la vieja instalación de artillería situada en Son Olivaret (Menorca) de 307.300 metros cuadrados o la base de Lorán, ubicada en Estartit (Gerona), de 351.800 metros cuadrados.

Es sólo una cuestión de voluntad política y de apostar por un mundo de paz en lugar de apostar por la violencia y el militarismo.

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Transarmemos estos presupuestos contra natura

Imagen de José Antonio Moreno Cabezudo

 

Fuente:  El Diario.

En muchas charlas preguntamos al público qué es lo que ell@s, realmente, quieren defender. Al principio suele reinar el silencia.  Claro, nunca se les ha dado la oportunidad de contestar la pregunta básica que organiza la defensa:  ¿qué se quiere defender?  Y no se les da la oportunidad para que no tengan ideas, para que no haya debate, para que no existan opiniones.  Porque la Defensa es una cuestión de Estado y esto significa que es una política inamovible y de derechas militaristas y violentas.

Dejamos pasar algún minuto y les preguntamos de nuevo.  ¿Les vale con las fronteras, las instituciones, la patria, la nación, el status quo?  La respuesta es que no.

¿Entonces?

Siempre hay alguien que de manera tímida abre el fuego y declara que lo que quiere defender es la sanidad.  Nosotros lo apuntamos.  Luego la gente se anima.  Se suman la educación, la vivienda, …. y el medio ambiente.

Nosotros les decimos que su opción puede ser tan válida como cualquier otra y que tienen tanto derecho a plantearla como los demás; que quizá, si no les preguntan es porque no quieren que salgan estas respuestas.

Informa El Diario que los presupuestos que ha presentado el PP lo son contra natura.

Se refieren a que, por ejemplo:

El recorte del 23% en el presupuesto del Organismo Autónomo Parques Nacionales condena las principales reservas de nuestra naturaleza al deterioro.

La conservación de la naturaleza sigue siendo una cuestión menor para este Gobierno, como lo demuestra el nuevo recorte a las políticas medioambientales en los Presupuestos Generales del Estado. Siempre me he preguntado por qué los políticos conservadores son tan poco conservacionistas. Por qué muestran tanta afición por determinadas actividades extractivas vinculadas al medio natural y tan poco interés por las destinadas a su conservación y custodia, como por ejemplo el mantenimiento de los Parques Nacionales.

Si disfrutásemos de un mejor medio ambiente nuestra salud lo agradecería, también nuestro ocio y, por supuesto, muchas actividades económicas que sacan sus materias primas de la naturaleza de forma contaminada o en menor cantidad.

Sin embargo, la Seguridad Ecológica, un tipo de Seguridad Humana, no es importante para el PP.  Prefieren enclavar un polígono de tiro en medio de un Parque Natural y Reserva de la Biosfera y bombardear Bardenas una y otra vez con miles de kilos de munición.

Transarme es quitar poder (también económico) a lo militar para, a la vez, dotar de poder (también económico) a una forma alternativa de ejercer la defensa de manera noviolenta.

¿De dónde se pueden sacar recursos para mejorar y proteger nuestros Parques Nacionales?  Pues, en nuestra opinión, del comercio de armas, de la deuda militar, del despilfarro militar, de las intervenciones militares en otros países, …

En efecto, presupuestos contra natura y contra el gasto social, y contra los derechos y libertades.

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España debería financiar las conversaciones de paz de Sudán del Sur

Imagen de Hans Birger Nilsen

Fuente:  Europa Press.

Las autoridades de Sudán del Sur informan de que es imposible realizar las reuniones para buscar la paz dado que carecen de fondos para financiarlas.  La falta de fondos en Sudán del Sur es tan grave que los funcionarios y miembros del gobierno llevan dos meses sin cobrar.

Aunque estas reuniones deberían haber comenzado en marzo, aún no hay perspectivas de que comiencen y con ello condenan a sus habitantes a la desesperación.

Parece ser que era Japón quien se había comprometido a enviar la financiación necesaria para las conversaciones de paz, pero no lo ha hecho.

Pero también el gobierno de Sudán del Sur está haciendo dejación de funciones porque hay actuaciones que no son dependientes más que de la decisión política y no se han hecho.  Un ejemplo es el nombramiento y la jura del cargo del Comité Directivo para el Diálogo, que se publicó en diciembre, pero que aún no han sido llamados para prestar juramento.

Hay que recordar que las conversaciones de paz en Sudán del Sur han sido suspendidas múltiples veces en los últimos años.

¿Cuánto costará reanudar estas conversaciones de paz?

Una política de defensa alternativa y noviolenta debería de ocuparse de este problema.  Habría que anular alguna partida militarista del presupuesto de defensa actual para invertirla en impulsar estas conversaciones de paz.  Se podría renunciar a la compra de alguna fragata, de algún eurofighter, de algún 8×8, o también se podría reunicar a alguna de nuestras intervenciones militares en el extranjero y con ello financiar estas conversaciones de paz.

A ello se le llama transarme, política que consiste en defender la Seguridad Humana mediante la transferencia progresiva de parte del presupuesto militar a usos civiles de defensa noviolenta.

La paz en Sudán de Sur sería un éxito para esta política noviolenta de defensa, pero claro, dejarían de ganar dinero nuestras élites militaristas con la venta de armas.

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Cospedal, la madrina

Premios+C%C3%A1tedra+Metropol+US

Fuente: La Vanguardia

Y ahí que la tenemos, toda compuesta, de madrina.

Nada menos que la Ministra madrina, la Dolores de los Cospedales, la dama de los tercios, la infantina de la marina, como quieran que se diga, junto a la alcaldesa de San Fernando (Cadiz) señora Cavada, el Almirante Jefe del Estado Mayor, la Presidenta de la SEPI, el Presidente de Navantia y otras fuerzas vivas, aplaudidores y demás añadidos siempre lustrosos y ornamentales para estos actos.

Y la Ministra madrina que allá que se fue a botar el BAM (Buque de Acción Marítima), “Audaz”  (el próximo a botar se llamará “Furor”) del que la prensa militar especializada (principalmente en distorsionar la realidad y desenfocar los temas) ha dado datos de que ha supuesto para Navantia 1,1 millones de horas de trabajo y 250 empleos directos (lo que no parece justificar tanto revuelo ni ser la solución del abrumador paro en Cádiz) así como otros 1.000 indirectos en la industria auxiliar. Si hacemos un ligero cálculo, implica no más de 1.000 horas de trabajo por persona, es decir unas 25 semanas (menos de 6 meses), suponiendo un trabajo equivalente de 40 horas por semana y persona (y esperemos que la solidaridad de los trabajadores gaditanos no permita que alguno haga horas extra y deje sin trabajo a otro). No vemos cómo estas modestas cifras pueden hacer creer a algunas personas respetables y despiertas que Navantia es la panacea para salvar el paro, pero a veces las ideas tienen eso, que por falta de análisis se vuelven creencias y meras supersticiones.

Lo que no informa la noticia de la botadura es el precio del susodicho barco militar. A falta de otros datos mejores, hemos acudido al informe del Tribunal de Cuentas sobre los “Programas Especiales de Armamentos” (PEAS) recientemente publicado y del que ya hemos hecho algún comentario previo en este blog, para saber lo que viene costando cada BAM.

Según parece, cada BAM de los 4 ya entregados (este sería el quinto) cuesta cerca de 35 millones de euros, pero además su precio “final” es un 48,9% más caro que el inicialmente presupuestado. Como no podía ser menos, las entregas de estos barcos se hacen siempre con retraso, y el “Audaz” es un claro ejemplo de esto. A pesar de ello, el Estado ha renunciado a cobrar las penalizaciones por retraso de Navantia por los cuatro BAM anteriores, nada menos que 37,74 millones de euros. Añadamos que, dado que los buques de Navantia se “retrasan” en la entrega de sus barcos y que para poder hacerlos tienen que contar con industrias auxiliares (que incorporan aproximadamente 1000 trabajadores a los 250 que ha empleado Navantia) se supone que Navantia o ha perdonado los “retrasos ” a estas industrias militares, o se ha embuchado las penalizaciones o, la más rocambolesca de las tres posibilidades, las industrias auxiliares no se han retrasado y lo que pasa es que Navantia es el colmo de la ineficacia y la chapuza.

Pero volvamos al solemne acto de botadura del barco, que no queremos empañarlo con pequeñeces y críticas poco constructivas.

Cospedal sacó pecho por lo demasié que es la industria miliar española y toda la parafernalia de tópicos que ha debido heredar del apolillado manual de estilo de sus antecesores, pero soltó una perla propia. Agárrense las canillas, que vamos a transcribirla

Hay dirigentes políticos que dicen: Con el dinero de un barco se pueden construir varios hospitales”. Pero quienes dicen estas cosas por lo general ni construyen hospitales, ni saben todo el empleo, la riqueza y la prosperidad que genera la construcción de un barco»,

Todo lo hace, la pobre, por nuestro bien y el Ministerio de Defensa está haciendo todo lo posible para impulsar

iniciativas y soluciones para nuestros astilleros. Desde Defensa y desde la Armada estamos deseosos de impulsar cuantas más mejor

No sabemos si Doña Maria Dolores espetó al respetable con tan abrupta reflexión antes o después de estallar en el barco la botella tradicional de vino “sangre y trabajadero”, un oloroso con el que inauguró el pantano, como quien dice, o incluso de beberse la copa del brindis que, como el valor, se le supone a este tipo de actos.

Y ya lo ven, el recurso de Dolores es hacer barcos por nuestro bien, no hospitales, que para el caso que nos ocupa tanto monta y algo deja de beneficio a las amistades y puertas giratorias del sector. Aunque Navantia nos enseña que su especialidad es recibir pasta, fabricar mal, retrasarse constantemente, llegar siempre tarde  y, a la larga, ni barcos ni dineros, sino mero cebar la bomba.

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