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Ser espía del CNI es una cuestión de herencia

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fotemas

Fuente: El confidencial

Nos informa El Confidencial del enchufismo, nepotismo y corrupción que persiguen al CNI, el cuerpo de espías de España:

Más del 75% de su plantilla -integrada actualmente por 3.500 funcionarios- la forman agentes contratados con el aval previo de un pariente o allegado de La Casa, bien en activo o antiguo miembro del servicio de espionaje, según aseguran a El Confidencial fuentes muy solventes.

Para nosotros la explicación no puede ser sino la confirmación de lo que ocurre en todos los mundos cerrados del estilo. El sistema militar es un sistema de castas (salvo para la carne de cañón) dominado por una oligarquía hereditaria e interesada en sus propios privilegios por encima de todo,  algo normal, por otra parte, en un reino tan hereditario como las otras tradiciones similares.

Según informa la citada fuente,

«El argumento oficial es que, de esta forma, se contribuye a minimizar los riesgos a la seguridad y las posibles fugas de información. Pero es un argumento falaz. No se selecciona a los mejores, sino a los que tienen mejores contactos. Hay casos gravísimos, como el del primer magistrado del Tribunal Supremo que tuvo la potestad de autorizar operaciones del CNI que afectan a derechos fundamentales de los ciudadanos, como el secreto de las comunicaciones, y que colocó a una hija en el centro».

Ni a la hija del magistrado, ni al nieto del general ni al sobrino del alto cargo se les va a pedir que se infiltren en un grupo islamista o se les va a destinar a una estación sensible del CNI, como pueda ser Argelia o el África subsahariana», argumentan las mismas fuentes, que, por razones obvias, se ocultan tras el anonimato. «Actualmente, y este es otro de los graves problemas del centro, apenas un 10% del personal puede ser considerado realmente operativo, es decir, agentes de campo que, por ejemplo, dominan el árabe o tienen capacidad para infiltrarse en un grupo hostil, detectar sobre el terreno una amenaza para la seguridad nacional, hacer seguimientos y penetraciones o poner micrófonos ocultos»

Para ser espía hay que tener estómago, dado que lo que hacen los espías (no vamos a revelar con ello ningún secreto) no es nada santo. Y estas cualidades, como las de estudiar por ejemplo o las de ser solidarios, se adquieren en un hondo proceso educativo y biográfico donde los referentes de cada cual y sus comportamientos van moldeando nuestro mundo propio.

Si uno, pongamos por caso, aprende a ser buena gente, honrado trabajador, activista social, porque se educó en ese caldo de cultivo, no será espía de mayor.  Si uno, en otro ejemplo, es hijo de un señor de la casta que tira de tarjeta negra y encima cuando se hace mayor tiene padrinos para ponerle en algún consejo de dirección a empobrecer al prójimo, lo vivirá con toda la naturalidad del mundo, sin miramientos. Y si uno es hijo de un espía y su vida y relaciones son así de tóxicas, el camino lo tiene expedito porque su carácter es capaz de tragar con todo y su allegado capaz de ponerle en la pomada del CNI a hacer méritos.

Un caso más de despilfarro y corrupción militar.

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