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Intervenciones militares en el extranjero (I)

Death+of+a+surrealist+soldier

Fuente: Publicado por Utopía Contagiosa en Es Hora

Las intervenciones militares españolas en el extranjero se vienen sucediendo sin interrupción desde que Felipe González las inició en 1989.

Las razones para que nuestras tropas abandonasen la defensa de la nación y se lanzasen (proyectasen, en el lenguaje militar actual) hacia el extranjero han sido múltiples, pero en muchas ocasiones no se buscaba promover la paz, o ayudar a otros países, como se suele publicitar habitualmente, sino:

  • Lograr que el ejército español tuviese fama internacional y confianza propia en que podía proyectarse hacia cualquier parte del mundo. Es necesario recordar que el ejército español que salió de la dictadura se había orientado, en gran parte, hacia el control del enemigo interior (las fuerzas democráticas españolas que luchaban contra la dictadura). También es harto conocida la queja constante de que no podían salir de nuestras fronteras ni realizar misiones coordinadas con otros ejércitos porque no sabían inglés. Por tanto, nuestra presencia en el exterior es, desde el punto de vista militar, necesaria para promocionar nuestro entrenamiento en misiones reales de combate y en ejercicios que pongan a pruebas no sólo nuestra capacidad militar sino, también nuestras capacidades logísticas.
  • Prestigiar internamente a un ejército que había dado un golpe de estado y sostenido una dictadura miliar de 40 años. Ello junto al desastroso servicio militar obligatorio que hacía tener un contacto, no deseado pero intenso, con los modos, costumbres y valores militares a todos los españoles varones, lo cual interrumpía de manera muy grosera su formación académica o su inserción al mundo laboral para ofrecer a la patria un año de sus vidas con una efectividad que siempre fue denunciada por altamente ineficaz, logró que la sociedad española estuviese claramente en contra del ejército español. El final de la mili y la consiguiente profesionalización de las fuerzas armadas logró junto a las misiones militares en el exterior que se vendieron propagandísticamente como humanitarias que el ejército subiese su prestigio a finales del siglo XX y principios del XXI.
  • Lograr que la España tenga un lugar en el concierto de las naciones, sobre todo en los foros donde se toman las decisiones. Este objetivo de política exterior también proviene de nuestro aislamiento exterior durante la dictadura franquista. Los gobiernos democráticos han estado obsesionados por, primero, el reconocimiento de España en los foros internacionales y, segundo, por el prurito de que nuestra presencia sea lo más decisiva y decisoria posible. A los múltiples intentos diplomáticos de conseguir puestos de importancia en la OTAN, la ONU y en la Unión Europea, hay que unir esa especie de pago que ha supuesto siempre el mandar tropas a las zonas conflictivas para ser reconocidos por las potencias.
  • La ayuda a otros países y a sus ciudadanos. Si bien España ha participado en múltiples operaciones de carácter humanitario, hay que ser consciente de que dichas operaciones han supuesto algunas prácticas políticas que, quizá, los españoles no vean con demasiados buenos ojos. Por un lado, se ha militarizado la ayuda al Tercer Mundo y la ayuda en las catástrofes naturales. Ante un huracán, ante un terremoto, ante una hambruna, España opta siempre por mandar a nuestros ejércitos. ¿Acaso no puede financiarse el trabajo más constante de las ongs especializadas en cada uno de estos asuntos? ¿No hacen ellas una labor mucho más profunda en el tejido social que el mero llegar, asistir y regresar de los militares?

Desde 1989 se han realizado múltiples actuaciones en el exterior. En el caso concreto de Felipe González:

 

 

G    O   B     I     E    R   N   O   S

 

DE

 

F    E    L     I     P     E

 

 

G  O   N   Z   A   L   E   Z

 

 

Núm.

inicio

Duración (partici- pación España)

Nombre

País

Objetivo

Mandato

Núm máx. soldados

1 1989 En 89- Jul 91 UNAVEM Angola Observ. ONU 7
2 Ab 89- Mar 90 UNTAG Namibia Elecciones/ independenc. ONU 24
3 1990 Oct. 90 En 91 Unaveh Haití Observ. ONU 9
4  

1991

Ab 91 Sept 91 Provide Confort Kurdistán Iraki Represión refugiados COAL. INTERN. 586
5 May 91 Dic 93 Unavem II Angola Post-Conflic. ONU 21
6 Jun 91 Dic 07 ECMMY ECMM EUMM Bosnia Observ UE 4
7  

 

 

1992

En 92 May 95 ONUSAL Salvador Post confl. ONU 130
8 Spt 92 Ene 96 UNPROFOR Bosnia Confl/ Post confl ONU 1405
9 Jul 92 Jun 93 Maritime Monitor/ Guard Adriático Militar 0TAN
10 Jul 92 Jun 93 Sharp Vigilance/ Sarph Fence Adriático Militar UEO
11 Oct 92 Ab 96 ECTF A.R.Y Macedonia Observ UE 5
12  

1993

Mar 93 Oct 94 ONUMOZ Mozambique Post-Conflic.y elecciones ONU 21
13 Ab 93 Ab 96 EUAM Mostar ADM UE 6
14 Mar 93 May 94 Iraquí Fredom Irak Militar COAL. INTERN. 1300
15 Jul 93 Ene 96 Sharp Guard Adriático Bloqueo naval OTAN y UEO 420
16  

1994

Ab 94 Oct 94 UNAMIR Ruanda Conflicto ONU 20
17 Ab 94 Jul 99 OHR Bosnia ADM UE 3
18 Ag 94 Dic 02 MINUGUA Guatemala Post-Confl. ONU 16
19 Nov 94 En 96 Deny Flight Bosnia Bloqueo Aéreo OTAN 250
20 1995 Ab 95 Mar 97 Chechenia Observ. OSCE 3
21 Dic 95 Dic 96 IFOR Bosnia Post-Confl OTAN 1750

 

Se realizaron 21 intervenciones, algunas de ellas con muy poco personal (3, 4 ó 5 soldados) pero otras de importante calado como la que intervino en Irak mediante una coalición internacional con 1.300 soldados o la de Bosnia bajo mando ONU con 1.405 soldados. Los objetivos de las misiones también fueron muy variados, desde mandar tropas en misiones de observación hasta la intervención militar en varios países (Irak y los sucesivos conflictos de la antigua Yugoslavia). Durante el mandato de González se optó por intervenir en Europa, Centroamérica y Caribe y en Oriente Medio. En estos 7 años de intervencionismo militar español en el extranjero se gastaron 377’7 millones de euros (que aunque es una cifra importante, se quedará pequeña en lo sucesivo) …

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Las mujeres de Mali nos marcan el camino hacia la paz

out+of+Africa

Fuente: Publicado en el periódico semanal Es Hora por Utopía Contagiosa.

Si hacemos caso de las informaciones, casi siempre interesadas, de los medios oficiales de comunicación, las guerras son siempre inevitables y no es posible resolver sin ellas los conflictos de diversa índole. Cualquier conflicto que escojamos, desde los más silenciados a los que forman parte de la rabiosa actualidad, son leídos de forma inexorable desde una óptica militarista y parece que la aspiración a una solución alternativa de ellos es una ilusión ingenua.

Es llamativa la absoluta falta de información en nuestros medios de comunicación respecto de cualquier práctica que no sea liarse a tiros en los conflictos que nos presentan. Nada se informa sobre las luchas noviolentas que tienen lugar en Palestina y frente al clima global de confrontación militar, o sobre los grupos que desarrollan actividades noviolentas, antiguerra, o de simple protección de víctimas en Siria, o en Congo, o en Mali, por poner ejemplos candentes.

Hoy queremos dar voz antimilitarista y alternativa a uno de los actores de las guerras que siempre permanecen en el olvido: las mujeres. Miremos un manifiesto de 42 mujeres de Mali, que abogan por una alternativa al la guerra a la que llaman “Badenya” (hijos de la madre) y que promueve otro enfoque y otras prácticas para resolver los conflictos.

Badenya,nos dicen- es uno de los valores que nosotras, las mujeres de Mali,  debemos cultivar más y contraponer al valor masculino fadenya (hijos del padre) que en su versión ultraliberal autoriza la carrera desenfrenada y fratricida al beneficio, hasta el punto de malvender empresas públicas rentables, de ceder tierras agrícolas a los dominadores y de aceptar la partición del territorio nacional.”

Ellas identifican de forma muy clara los males de su sociedad: De la situación dramática de Mali se desprende una realidad terrible que se verifica en otros países en conflicto: la instrumentalización de la violencia sobre las mujeres para justificar la ingerencia y las guerras causadas por la codicia de las riquezas de su país.”

Y ellas mismas se saben parte de la solución en su rol histórico de mujeres y con metodologías diferentes a las imperantes: “Nosotras, las mujeres de Mali, tenemos que jugar  un rol histórico , aquí y ahora, en la defensa de nuestros derechos humanos y fundamentales contra tres formas de fundamentalismo:

  • El religioso a través del islam radical;
  • el económico a través del todo mercado;
  • el político a través de la democracia formal, corrupta y corruptora.

Invitamos a toda/os aquella/os que, en nuestro país, en Africa y en otras partes, se sientan concernidos por nuestra liberación de estos fundamentalismos, a juntar sus voces a las nuestras para decir “No a la guerra”.

Las cuarenta y dos mujeres firmantes del manifiesto nos hacen preguntas interesantes como:

¿Donde está la coherencia de los dirigentes africanos en la gestión de los asuntos del continente si la mayoría de ellos se opuso en vano a la intervención de la OTAN en Libia y ahora se ponen de acuerdo sobre la necesidad de un despliegue de fuerzas militares en Mali, de consecuencias incalculables?

También nos recuerdan las consecuencias graves y negativas que la intervención en Malí va a tener sobre la mujer maliano: “Su vulnerabilidad, que está en todas las bocas, debería estar presente en todos los espíritus cuando se toman las decisiones y ser disuasiva cuando la guerra puede evitarse. Se puede. Debe evitarse en Mali.

Recordemos que los casos de violación que deploramos en las zonas ocupadas del Norte pueden multiplicarse con el despliegue de varios miles de soldados. A este riesgo hay que añadir el de una prostitución más o menos disimulada que se desarrolla generalmente en las zonas de gran precariedad y en consecuencia los riesgos de propagación del VIH/SIDA. El plan de intervención militar que va a examinar el Consejo de Seguridad ¿prevé los medios para proteger realmente a las mujeres y niñas de Mali de este tipo de situación desastrosa?

Recordemos también que en el conjunto del territorio las sanciones económicas impuestas por la comunidad internacional al pueblo maliano en nombre del retorno a un orden constitucional desacreditado afectan considerablemente a los grupos vulnerables. Debido a la división sexual de las tareas, las mujeres se enfrentan a nivel doméstico a la enorme dificultad de proporcionar agua, alimentos, energía doméstica, medicamentos a las familias. Esta lucha cotidiana e interminable para la supervivencia es ya en sí misma una guerra. En estas circunstancias de precariedad y de vulnerabilidad de las poblaciones, y de las mujeres en especial, la opción militar en preparación es un remedio que tiene todas las probabilidades de ser peor que la enfermedad, mientras que una alternativa pacífica que emanara de la sociedad maliana, civil, política y militar, sería constructiva.

Ellas hablan de otro enfoque para el conflicto: No a la guerra.

Nuestras armas deberán ser la lucidez y la madurez política en este mundo sin fe ni ley. No hay ninguna razón para que Mali se comprometa en un terreno en el que tanto Francia como Estados Unidos se retiran, a pesar de la potencia armamentística de la OTAN.

A la economía de la guerra, nosotras, las mujeres de Mali, oponemos la economía de la vida aprovechando la transición en curso como una ocasión histórica de hacer frente al triple desafío del saber, de la ciudadanía y del diálogo. Las evoluciones en curso sobre el terreno, entre ellas la voluntad de negociación de Anar Dine y del MNLA, la modificación constante de las relaciones de fuerza, así como las estrategias y las interacciones entre los distintos grupos presentes, deben ser examinados con la atención necesaria a fin de no solamente evitar una guerra potencialmente trágica sino también de sortear los escollos  de los acuerdos pasados.

Las concertaciones nacionales previstas desde hace meses deben celebrarse de una vez para permitir a la sociedad maliana en su conjunto de reencontrarse y de definir por sí misma las bases y condiciones de una solución concertada (y no impuesta) al conflicto actual. Nosotras, mujeres malianas,  contribuiremos a ello plenamente, así como mañana contribuiremos a la refundación de la democracia en nuestro país de acuerdo con los valores sociales y  culturales  que nos son familiares.

Todo un programa que desenmascara el interesado tratamiento de los conflictos desde la visión militarista en boga.

La guerra no sólo ha sido el recurso habitual en la “solución” de los problemas entre distintos pueblos o entre diferentes mentalidades dentro de un mismo Estado, sino que ha sido constantemente legitimada con argumentos que ofenden al más elemental sentido común, e incluso legitimada como una herramienta política en pie de igualdad con los votos, las leyes, etc., cuando no como uno de los instrumentos más eficaces de la acción política que ha alumbrado nuestro orden mundial de violencia y dominación.

Por eso desenmascararla es, sobre todo, socavar los pies de este coloso de barro que nos oprime. Y en ello las mujeres de Mali nos ofrecen un ejemplo incontestable.

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Los ahorros del militarismo devienen en despilfarro

Ronda

FUENTE: Público

Tenemos que dar la bienvenida al papel crítico que un diputado de ERC está realizando al perseguir y divulgar en las redes los gastos superfluos y caprichosos de nuestros políticos del gobierno.

Gracias a él hemos sabido que la policía se ha gastado últimamente un 80% más que el año anterior en papel higiénico. Tal vez el rechazo social a su furibundia represiva hacia la ciudadanía los tiene a los pobres descompuestos del bajo vientre.

Pero resulta curioso conocer por su labor de vigilancia que el Ministerio de Defensa ha soltado la friolera de 269.750 euros para mejorar las instalaciones de una cafetería y una bolera de la base de Torrejón de Ardoz, seguramente porque con tanto ajuste que denuncian los militares a sus presupuestos, hay que dejarles jugar a los bolos para que no nos lloren por las esquinas.

También hemos conocido que el ejército del aire ha pagado 498.092 euros en acondicionar los apartamentos para las vacaciones de sus miembros, que como sabemos es una de las grandes prioridades de nuestras fuerzas armadas, sobre todo cuando nos están cacareando todo el día que no tienen presupuesto suficiente para la labor de defensa encomendada a ellos.

También ha gastado el militarismo patrio 977.169 euros en comprar granadas de doble efecto, que ya con su propio nombre acojonan un poco.

Nos informa a su vez el diputado vigilante que el ejército español se gastará 745.000 euros en el mantenimiento de los misiles y cohetes con los que cuenta (o piensa contar) el ejército, lo que nos hace tener a todos la perfecta seguridad personal de que nos quedaremos sin trabajo, sin derechos, sin vivienda pero eso sí, bien defendidos a misilazo que te crió de los enemigos externos (que los internos ya se encargan de despilfarrar el presupuesto público y de empobrecernos sin piedad).

Total, que de nuevo comprobamos que la retórica militarista que pide más dinero para los ejércitos y sus cosas encubre un verdadero despilfarro contrario a nuestros intereses y a nuestros derechos. POr eso se justifica, una vez más, que desterremos de una vez de nuestra sociedad los ejércitos y el gasto militar que no nos sirven para nada.

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Razones antimilitaristas para apoyar las manifestaciones del 23 F

chacon+rechaza%2C+lado+oscuro

El próximo 23 de Febrero se tienen convocadas manifestaciones contra el golpe de estado de los mercados, en las que confluirán diversas mareas (Marea Blanca, Marea Verde, Marea Roja 9, Marea Naranja  y Plebiscito Vinculante) así como infinidad de iniciativas y organizaciones identificadas con la lucha social contra este modelo insostenible.

Puedes consultar los mapas de las concentraciones pinchando aquí.

El antimilitarismo, además de compartir todas las razones que justifican las movilizaciones, también tiene razones propias para llamar a las manifestaciones, porque el proceso de oligarquización del poder y de dictadura de los mercados que sufrimos ha supuesto también una vuelta de tuerca más en la militarización social.

Hoy se gastan en España más de 28.901’34 millones de euros anuales en gasto militar (de ellos más de 7 de cada 10 euros de forma clandestina y oculta) para defender el sistema y los intereses de unos pocos frente al resto del planeta. Este enorme gasto militar va en detrimento de las necesidades sociales y ha generado, a lo largo de los años, una deuda por adquisición de armas que a fecha de hoy supera los 32.000 millones de euros que las empresas del complejo militar-industrial reclaman al Estado y que éste está dispuesta a pagar sin rechistar.

Hoy se interviene militarmente desde el ejército español en diversos conflictos militares y guerras de corte imperialista y en contra de los pueblos de la tierra y de la paz mundial.

Hoy los que deciden por nosotros impulsan la venta de armamento a países de dudosa ética a cambio de pingües beneficios y promueven con ello la aparición de nuevos conflictos militares y de represión en pueblos que, con buena lógica, nos pueden considerar causantes de sus males.

El poder militar hoy sigue haciendo alarde de su peligrosidad, al amenazar con truncar los procesos sociales que propugnan la autodeterminación, o para romper huelgas y luchas sociales por los derechos y mostrar los privilegios de los que siempre han disfrutado.

Hoy el poder militar continua siendo el primer terrateniente del Estado y se ha adueñado de amplios espacios urbanos, rústicos, espacios naturales, etc; promueve la especulación de estos terrenos y los posee en detrimento de usos socialmente útiles.

Hoy el militarismo sigue promoviendo una cultura militarizada, enseñando una versión de la historia falsa y militarizada, reforzando un papel de lo político violento, apostando por una resolución de los conflictos violenta y por inculcar valores autoritarios, sumisos, violentos.

Hoy el militarismo sigue jugando el papel de ultima ratio del status quo y defendiendo los intereses de unos pocos frente al resto de la sociedad.

Por todo ello también desde el antimilitarismo existen razones sobradas para apoyar las movilizaciones del próximo 23F.

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El antibelicismo de Gervasio Sánchez y la apuesta por la dolorosa verdad

Death+of+a+surrealist+soldier

Fuente: Ideal

Nos golpean con verdadera clarividencia las palabras de Gervasio Sánchez

«Hay un cinismo brutal por parte de la diplomacia occidental; solo ponen el punto de interés en un conflicto cuando interesa mediáticamente o estratégicamente», dijo Gervasio Sánchez, para quien “el último ejemplo está en la intervención francesa en Mali” ( y mientras lo leemos se nos pasan, como de corrido, las imágenes de las caras de nuestros políticos extractivos, unos votando con fervor en el parlamento español en favor del apoyo militar a Francia, otros votando un “sí critico”, otros votando un “sí” de tapadillo, otros absteniéndose porque “tienen poca información” y sólo 18 votando en contra, no estamos seguros si por coherencia o por tacticismo).

Dice el periodista Gervasio “Al final hay un cansancio» de conflictos que se prolongan durante años o décadas, como Sudán, Afganistán o Irak, y una tendencia a obviar lo que pasa y a olvidar a estos países cuando alcanzan la paz y llegan los problemas graves de la posguerra». Y entonces a las caras (duras y militaristas) de nuestros políticos extractivos, se le unen en nuestra cabeza las “duras caras” de nuestras grandes corporaciones de intereses económicos (que por cierto financian la fabricación y venta de armas a esos desgraciados paganos de nuestras guerras) y las de los lideres de opinión y las principales cabeceras de la prensa y los medios de comunicación, que “callan” tan a menudo sobre esas posguerras que dicen del fracaso de la vía de la guerra y de la falsa ayuda humanitaria, del fracaso del militarismo y del fracaso de las altisonantes palabras de políticos e interesados que apostaron antes por la guerra para “preservar la paz”, o “por solidaridad” y otros groseros de las palabras más venerables en vano.

Gervasio sigue desgranando su discurso y dice que “de la cobertura informativa de las guerras depende muchas veces de que se decida poner en marcha políticas de ayudas. Deberíamos reflexionar sobre ello porque la guerra no es un espectáculo: es un lugar donde ocurren hechos muy desagradables, donde la gente muere y sufre por razones que desconoce» y cuando oímos esto pensamos en nosotros, la sociedad desmoralizada, aburrida, inconsciente, que de forma obediente y latente apoya la guerra no negándola, no luchado contra ella en nuestro propio escenario, donde se la provee de justificaciones, de material, de intereses.

Para el fotógrafo, «la única verdad incuestionable de la guerra son las víctimas civiles».

No se anda con remilgos y no se deja engañar con los señuelos que los interesados en la guerra, los señores de la guerra nos lanzan para justificarla con el manido y burdo argumento de que “algo hay que hacer”. «Incluso cuando tengo dudas de, si me están manipulando o no, me alío con las víctimas» para «intentar mostrar el conflicto a través del dolor o del drama que viven las víctimas civiles, porque así seguramente estaré más cerca de la verdad», explicó.

Porque esa es la más penosa realidad de las guerras: Las pierden las víctimas y las ganan quienes las provocan, incluidos los que desde aquí hacemos por que la guerra y la preparación de la guerra sean la lógica del orden mundial. incluidos quienes aquí apoyamos la existencia de los ejércitos o de la fabricación y exportación de armas. incluidos los que pagamos impuestos que sirven para las guerras o los que miramos para otro lado cuando estas tienen lugar. incluidos los que imponemos a las víctimas un orden mundial que sirve para mantener nuestros privilegios a costa de su propia vulnerabilidad y de provocar violencia estructural fuera de nuestras fronteras.

Gervasio Sánchez con su voz o con su cámara denuncia la maldad de las guerras y el cinismo de quienes permanecen impasibles o fatalistas ante ellas y de quienes, confundiendo el foco, piden más intervención militar donde debería pedirse más protección a las víctimas, más noviolencia y más justicia social.

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¿Cuáles son los riesgos de la sociedad?

Red+Flag

Editado en el periódico Es Hora el 2 de febrero de 2012.

Fuente: Público

Ha afirmado el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Fernando García Sánchez,  según leemos en Público, que “estamos en el mundo más peligroso que hemos conocido hasta ahora” y que los riesgos que amenazan a la sociedad son “los fundamentalismos, los independentismos y el terrorismo derivado de ellos“.

Parece que no se refiere a los fundamentalismos, independentismos y terrorismo (de estado y de los otros) financiados y potenciados por los militares.

La retahíla de mensajes apocalípticos lanzada desde los medios militaristas, incluidos los responsables de los ejércitos, resulta cuando menos curiosa y digna de un estudio más reposado.

¿De qué análisis de la sociedad se puede partir para considerar que los principales riesgos de la sociedad son éstos y no otros? Únicamente caben dos claves, a nuestro juicio, para entender este pensamiento tan catastrofista: una, la lógica amigo/enemigo y la apuesta por una comprensión del mundo en términos de guerra permanente donde sólo cabe aplastar para que no te aplasten. Dos, la apuesta vital por mantener el status quo a toda costa, considerando que éste es el mejor de los escenarios posibles, a pesar de (o sin llegar a comprender) sus muy lastimosos y conocidos efectos perversos sobre los que no tienen el privilegio de estar a este lado de la balanza.

Pero que el mundo sea eso, un inalterable estado de cosas de guerra permanente, donde ganadores y perdedores son el núcleo de la explicación, y la violencia para estar en el sitio deseado el instrumento para conseguirlo; que esa apuesta por el status quo no deba cuestionarse, y que se tenga que aceptar como mal menor el tremendo sacrificio de aplastar cualquier riesgo de cambio de papeles, es algo que no puede mantenerse desde el rigor y la objetividad. Apostar por esa idea del mundo, de los conflictos, del futuro del planeta es una  mera ideología basada en creencias pesimistas y poco contrastables, a pesar de ser una ideología muy compartida por siglos de construcción cultural de la violencia y la dominación y de ejercicio de la guerra y el cinismo como instrumentos de la política.

Es lógico pues que, para quienes ostentan el poder militar y para las élites que disfrutan de los beneficios del poder social y político, y desde una apuesta ideológica militarista, los principales riesgos sean, precisamente, los riesgos a sus intereses, como también es lógico que tiendan a minimizar o eludir los graves problemas éticos de su comportamiento o los datos de la realidad que abundan en la idea de que vamos por mal camino.

Si contemplamos los problemas del planeta en otra escala distinta, lo que en otros artículos hemos denominado Seguridad Humana, los que aparecen como principales problemas son otros y, en la inmensa mayoría de los casos, ni tienen que ver con las apuestas militaristas, ni tienen ningún tipo de solución en ellas, antes bien, lo militar no hace sino complicar más las cosas.

Y ello porque si hay algunos problemas verdaderamente nucleares al planeta y a cada pequeña sociedad, éstos tienen que ver con:

  • lo medioambiental, y más en concreto con el insostenible abuso ejercido por la codicia humana sobre el medio ambiente, abuso que está al borde de poner en peligro la subsistencia misma en el planeta.
  • Los grandes efectos de la desigualdad a escala planetaria, que han puesto en grave amenaza la vida de millones de seres humanos por falta de unos recursos mínimos para vivir dignamente, y en aspectos como el hambre, la salud, la educación, las posibilidades de un techo digno, de un mínimo vital de subsistencia, de libertad, de capacidad de reivindicar sus aspiraciones o de ejercer derechos, etc. Una mirada a diversos instrumentos internacionales, como la carta de los Objetivos del Milenio nos dan una explicación muy elocuente de lo peligroso de la situación.
  • La gran desigualdad humana, el deterioro medioambiental y la mayoría de los conflictos en el mundo, están potenciados por la injusticia estructural que ha generado el actual modelo económico y el orden internacional que preside las relaciones entre los pueblos, así como la lógica de dominación y violencia que preside éstas y la organización de esta lógica  en ejércitos y guerras para asegurarla.
  • El gran argumento de la violencia y la dominación, que constituyen una especie de paradigma de relaciones a escala planetaria y micro en cada sociedad, y que ejerce el papel de marcar tanto los objetivos como las metodologías de la práctica social, pervirtiendo la convivencia y poniendo en riesgo la vida de las personas y del propio planeta.

Gran parte de los fundamentalismos, que el JEMAD vive con tanta alarma, no tienen como principal rostro la figura estereotipada de los fundamentalismos de los otros, sino que engloban el fundamentalismo de otros y el propio, basados en la idea de la superioridad y de la legitimidad de tratar al otro como inferior y someterlo.

El enfoque del JEMAD: existe un fundamentalismo de los otros que conlleva peligro para nuestra seguridad porque deriva en violencia terrorista, contrasta con la realidad de que para muchos pueblos quienes aparecen como fundamentalistas que quieren imponer sus ideas y ponen en peligro, un peligro presente e ilegítimo, sus vidas, somos nosotros, son nuestras prácticas de vender armas a sus élites sin importarnos que las usen contra ellos, de expoliar sus recursos, de aupar a sus dictadores y élites, de promover o consentir la corrupción en sus países, de sostener negocios y estructuras que perjudican los intereses de la gente de allí, de imponerles ideales egoístas, individualistas o creencias que alteran las suyas y no precisamente para ensalzar la dignidad humana.

Pero más sorprendente es que este militar diga que el independentismo es, igualmente, el problema y que su peligro es que deriva en terrorismo. Lo es porque no tiene en cuenta los derechos de los pueblos a decidir autónomamente su futuro. Pero lo es, sobre todo, porque huele a rancio debido a que en España se está abriendo el debate sobre la independencia o no de los pueblos que integran el estado y no parece que la opinión de uno de los máximos representantes del ejército y del poder militar en España al respecto augure nada bueno.

Nuestro ejército sigue mostrando tics que dicen bien poco tanto de lo enterados que están de lo que pasa en el mundo, como de sus referentes ideológicos y del papel que pretenden jugar en el propio debate social en España.

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Morenés, ¿inteligente o impertérrito?.

Cristian+Casseres+en+Acarigua

Fuente: RTVE

El Ministro de Defensa, con el apoyo decidido del de Exteriores, ha dicho en el Congreso, al pedir la intervención de 50 militares españoles en la guerra de Malí, que el asunto nos va a salir por 3,5 millones de euros por el asesoramiento a los militares malienses que ofrecerán nuestros “expertos”, más lo que cueste poner a volar el Hércules que se ha cedido (no ha dicho lo que nos costará poner el “Esperanza del Mar” al servicio de la guerra, pero son pequeños detalles que pasan desapercibidos).

Si el dato nos empieza a dar idea del gasto que nos va a traer acompañar la aventura colonial francesa, la justificación es sorprendente donde las haya “sería negligente permanecer impertérritos ante un problema que está a menos de dos horas de vuelo de España” y que “podría provocar un movimiento masivo de refugiados” huyendo de los terroristas yihadistas.

Morenés está confundido. La gente no quiere que permanezcamos impertérritos, sino que nos movamos precisamente en la dirección adecuada, que para nada es intervenir militarmente apoyando al ejército del dictador maliense y a los intereses neocoloniales de Francia.  Queremos movimiento, pero en favor de la gente, no de los intereses poco santos (y en ello sí que son impertérritos tanto Morenés como los cuatreros franco-malienses) de quienes quieren encontrar una salida militarista a un conflicto que no es de dimensión militar.

Pero además Morenés, tal vez confundiendo el culo con las témporas, nos considera idiotas al decir a los diputados (suponemos que sólo a ellos, de ahí su confusión) que esos 150.000 malienses que huyen de la barbarie de la guerra nos obligan a vigilarles, no sea que vayan a venir aquí a pedir asilo político o trabajo, dado que están a menos de dos horas de avión. ¿Pero Morenés no sabe que, entre otras cosas gracias al status quo generador de violencia estructural en el que Francia y España han participado, esos malienses son pobres de solemnidad y no van en avión a ningún lado, sino que se desplazan a pié, para desertar de la maldita guerra, por desiertos ardientes y sufriendo todo tipo de calamidades (dado que ni Francia, ni España, ni los países de la región, ni nadie ha previsto asistencia a estos refugiados)?. ¿No sabe que los refugiados de las múltiples guerras se apilan en tierra de nadie en los países limítrofes de los conflictos y no aspiran ni siquiera a ir a un sitio más seguro, sino sólo a sobrevivir algo más para poder volver a sus hogares?  ¿Y en todo caso, no sería una opción mucho mas ética, en el caso de que les fuera posible, acoger a estos refugiados y ayudarlos en el drama donde la guerra les expulsa, antes que vigilarlos para que no nos pringuen con su dolor?

Morenés, entre impertérrito y escaso de inteligencia, usa sus intervenciones para su gran afición literaria: la bola-ficción, un nuevo género en el que se nos está volviendo un experto consumado.

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Actores y escenarios de Malí

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Lo que mal empieza, mal acaba. Y todo hace pensar que los escenarios posibles en el conflicto de Malí son, todos ellos, de lo más pesimista.

Si leemos la noticia, un tanto desorganizada y sin conclusiones, del periódico El Mundo del 30 de enero, el conflicto de Malí se desvela como una suma de conflictos superpuestos donde quien más quien menos hacen de villanos e incorporan su resto en bastos a que la situación maliense se deteriore aún más y perpetúe el estado de violencia generalizada en que se encuentra este lugar y, por extensión, todo el Sahel.

      Actores militares del conflicto Maliense:

  1. Comencemos por destacar el absoluto desprecio de los derechos mínimos en Mali. Tanto el gobierno (en realidad una dictadura férrea y feroz) como sus opositores, practican un verdadero aquelarre de desprecio por la vida y los derechos de las personas.
  2. Tampoco parece mucho más honrosa la postura de la potencia colonial francesa, ahora en apoyo de la facción gubernamental, que parece más bien estar protegiendo sus inversiones y su acceso al uranio que cualquier otra cosa. Europa, al respecto, al hacer de comparsa de los franceses no mejora mucho la situación.
  3. Entre los restantes actores se encuentran los tuaregs del norte, que desde hace casi un siglo luchan por su independencia o autonomía, pero que son usados a conveniencia por unos y otros y ninguneados por todos.
  4. Encontramos también a los grupos “islamistas” y sus pretensiones de conseguir un escenario propicio para su lucha.
  5. Y, como no podía ser menos, encontramos los países colindantes, unos sosteniendo el status quo de Malí y otros pretendiendo su debilitamiento, entre los que podemos mentar a Mauritania, Argelia, Senegal y otros.

Otros actores relevantes:

Junto con estos actores, encontramos otros, habitualmnte silenciados, pero que tienen un amplio potencial de participación en el conflicto:

  1. Un significativo número de desplazados y refugiados que ha conllevado el enfrentamiento militar y que se estima por encima de los 150.000 personas, entre las que nosotros no sólo queremos destacar el hecho de que huyen de la guerra, sino sobre todo el hecho de que la guerra los expulsa y que muy probablemente aborrecen esta guerra, es decir, disienten de este tipo de acciones porque saben que ellos, que poco tenían, todo lo pierden con la guerra.
  2. Una situación estructural caracterizada por la pobreza y la dominación tanto si miramos la perspectiva Norte/Sur del estado maliense, como si tenemos en cuenta la propia situación de pobreza de Malí, uno de los países más pobres y desiguales del mundo, que caracteriza las relaciones sociales del Estado como de grave violencia estructural.
  3. Unas aspiraciones de identidad tuareg que contrastan con el trazado del país a cartabón hecho por Francia en su época colonial y que ahora estalla en forma de violencia estructural y cultural.
  4. Una inmensa mayoría de la gente sometida al miedo y la opresión a su tirano propio y el miedo a que el enemigo no menos tiránico ejerza mayor opresión sobre ellos.
  5. Una práctica consolidada de secuestro de menores como niños soldado.
  6. La existencia “en la zona” de organizaciones críticas con todo esto y que luchan por el respeto de los derechos de la mayorías, lo que incluye a algunas ONG no vendidas al ideario militarista y organizaciones autónomas y humanitarias.

Como vemos, los grupos del primer lote, están armados hasta los dientes y participan de una visión militarista del conflicto y de su solución, lo que hace preveer varios posibles escenarios futuros, a cual peor:

  1.   La cronificación de un conflicto bélico o incluso su expansión a otros países de la región, como Argelia, Mauritania, Senegal u otros.
  2. La consolidación de un conflicto internacional, por países interpuestos, entre las potencias europeas aliadas a la dictadura maliense y sus enemigos y los amigos de sus enemigos.
  3. La consagración, en el caso de vencer la coalición progrubernamental, de una dictadura militar o, incluso, su sustitución por otra más dura que la derribe,
  4. La agudización de los conflictos sociales en la zona Sur de Malí y la explosión de un conflicto social de primer orden.
  5. La posible rebelión armada de los tuaregs una vez se desembaracen de los islamistas.
  6. La cronificacion de un santuario islamista o incluso su expansión a otros países de la región, generando mayor desestabilidad global.
  7. La perpetuación de un protectorado neocolonial en la región y como una especie de colchón preventivo para proteger los no siempre santos intereses europeos.
  8. Que otras potencias hasta ahora expectantes (Estados Unidos, China, etc.) se metan en la gresca.
  9. el sometimiento del Norte al Sur del estado con la consiguiente represión más o menos blando.
  10. Que tenga lugar una paz, armada o no, justa o no, que haga salir de las agendas mediáticas el conflicto maliense.

En todo caso, no parece que ninguno de los escenarios promovidos por la agudización militar de este conflicto vayan en la dirección de la protección de los derechos humanos o de la reducción de la violencia estructura, mucho menos hacia la construcción de una paz justa.

      ¿Podría intervenirse de otra forma?

La principal linea argumental de quienes defienden la intervención armada en Malí es que, a pesar de la mezcla de buenas y malas intenciones de los ejércitos europeos, de no intervenir, se consolidará el estado de violencia global en la región.

Ahora bien, según vemos, intervenir armadamente no vale para otra cosa. ¿Cabe pensar en otros tipos de intervención?

  1. Comencemos por indicar que en la zona ya operan organizaciones solidarias que intervienen noviolentamente dando protección a las víctimas de uno y otro lado, luego ya existe algo al respecto y sería muy deseable que, desde esta orilla del conflicto, se diera pleno apoyo a estas organizaciones.
  2. Podría, igualmente, luchar contra los principales intereses del conflicto, bloqueando de forma radical los ingresos de las rutas de narcotráfico en las que andan comprometidos tanto la dictadura como los grupos islamistas.
  3. Podría darse apoyo y cobertura a los grupos de desertores y resistentes a la guerra.
  4. Podría exigirse la construcción de zonas desmilitarizadas y poner toda la carne en el asador en parar la fase bélica del conflicto para poder abordar los otros aspectos del mismo.
  5. Podría empezar a exigirse responsabilidades penales internacionales a los diversos señores de la guerra, promoviendo su persecución y juicio ya sea por violación de derechos humanos, por reclutamiento de menores, por masacres producidas en la guerra, etc.
  6. Podría también prohibirse el tráfico y comercio de armas y las rutas que hacen que las grandes potencias exportadoras consigan colocarlas en los bandos contendientes en Malí, lo que hace de nuestra responsabilidad de luchar desde aquí y contra las políticas de nuestros gobiernos un escenario directo para parar el conflicto maliense.
  7. Igualmente se puede ejercer presión diplomática para acabar con la dictadura y proponer unas salida justa al conflicto territorial y a las reivindicaciones tuaregs, así como dotar de nuevas reglas de juego a las relaciones económicas de Malí par que sus recursos naturales (uranio, oro, petróleo, etc) no sean dilapidados sino que sirvan al verdadero desarrollo social y a la redistribución en el país.
  8. Podrían inciarse programas que incentiven el trabajo con niños soldado para que abandonen las prácticas militares
  9. Podría, a medio plazo y una vez impuesto un alto el fuego total, promoverse un desarrollo diferente de Mali, luchando por lograr una justicia social totalmente ausente en la actualidad (lo que incluye exigir reparaciones a quienes apoyaron este estado de cosas, incluida la potencia colonial francesa).
  10. Podría, en suma,apostarse por hacer una política de paz con contenidos y no una mera política de paz armada, preludio de una nueva y futura guerra.

Llama por ello la atención que quienes apuestan por una modalidad de intervención armada en Malí basándose en la urgencia de hacer algo, ahora demonicen las apuestas noviolentas sin caer en la cuenta de que cualquier agudización militarista del conflicto no puede deparar sino una “solución” violenta y poco respetuosa de los derechos humanos.

Tal vez luchando contra nuestro propio militarismo y por promover una cultura de paz y desarrollo justo aquí y en Malí no podemos hacer tanto como quisiéramos para parar la locura guerrera y de violencia estructural de Malí (de hecho lo ingenuo es pensar que hay alguna manera de hacer algo suficiente), pero tal vez sí podemos hacer lo suficiente para impedir que un nuevo Malí con los viejos males se materialice en poco tiempo.

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No nos creemos las declaraciones de Jefe del Estado Mayor del Ejército

Fuente:  Infodefensa.

El Jefe del Estado Mayor del Ejército dice que el Ejército de Tierra ha perdido 22.500 puestos de trabajo.  Además, ha avisado que en las Fuerzas Armadas ya tienen sus estructuras de personal “optimizadas y disminuidas al máximo”.

No nos lo creemos porque como informábamos, sólo hace unos días:

  • En el presupuesto del Ministerio de Defensa se gastan 3 de cada 4 euros en personal.
  • Las 2.481 bajas de soldados y/o mandos reconocidas en 2012 se han debido a bajas voluntarias y/o a bajas por término de contrato.
  • Siguen sobrando 4.766 mandos militares del total de 54.766 actuales, según la ley.
  • Siguen sobrando 8 tenientes generales de los 16 totales que tenemos actualmente, también en claro fraude de ley.

Nos nos lo creemos porque el JEME no ha especificado de dónde, de qué puestos, si son civiles o militares, se han perdido tantos empleos.  El JEME no ha sido riguroso en la información dando datos que se puedan contrastar.  El JEME puede estar hablando de los puestos de trabajo perdidos desde la muerte de Franco o …  ¿Quién sabe?  Nadie.  Simplemente es palabra de JEME.  Pero, …, nos puede estar malinformando, se puede equivocar, puede exagerar, …  No lo sabemos porque no aporta pruebas.  Todo es de fácil solución.  Que publique las pruebas.  Nosotros, si se demuestra que es verdad, rectificaremos.

¿Hemos de creer a un JEME que no ofrece ningún dato contrastable?  ¿Seguimos estando los civiles obligados a obedecer a los militares?

Si es verdad que lo demuestre porque si no es así, en su Ministerio son muchas las cosas que nos hacen dudar de sus declaraciones.

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Morenés dice que España está al límite en su seguridad por falta de gasto militar

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 Fuente: Antena 3

El Ministro de Defensa “puerta giratoria” en España, Pedro Morenés se ha dedicado, en un programa radiofónico de Onda Cero del día 21 de enero a alarmar a la sociedad, al afirmar que España no está lejos del límite del gasto en Defensa y que no aumentarlo en breve supondrá un peligro para la propia seguridad.

Ha explicado, con la habitual retórica del Ministerio de Defensa que  “cualquier frivolidad en el sentido de no tomarse en serio estas políticas se paga carísimo en todos los sentidos”.

Sin embargo todo hace pensar que el ministro no cuenta la verdad.

Uno, porque el mensaje de que se gasta poco en defensa es falso. Si tenemos en cuenta que el gasto militar español, usando el criterio de gasto que usa la OTAN, es  muy superior al gasto del ministerio de defensa, y que la mayoría del gasto militar español se encuentra o bien disfrazado en partidas ocultas de otros ministerios ajenos al militar, o bien encubierto en créditos extrapresupuestarios que no computan ni siquiera en los presupuestos generales del Estado, decir que España gasta poco en defensa es echar un gran morro al argumento.

Dos, porque si tenemos en cuenta que según los actuales documentos de planeamiento de la defensa “España no tiene enemigos” no adivinamos a ver qué peligros nos acechan para obligarnos a gastar más aún en defensa.

Tres, porque si algo ha generado la política de Morenés, desde que era secretario de estado de defensa con Aznar, hasta su actual puesto de ministro de defensa con Rajoy, pasando por su fase de vendedor de armas, es una monumental deuda en armamento, que nos empuja a incrementar la deuda pública en más de 32.000 millones de euros impagables e insolidarios.

Cuatro, porque si tenemos en cuenta que la mayoría de las previsiones de inversión en armas del Estado español se quieren destinar a armamento de “proyección”, apto para intervenir en otros países a miles de kilómetros y no para defender el territorio (si es que eso es lo que se supone que tiene que defenderse), no adivinamos a ver que estemos al límite en nuestras capacidades de defensa, sino más bien, que estamos poniendo al limite de su resistencia a otros pueblos.

Y cinco, porque si hay erosiones a lo que en realidad necesitamos defender de las agresiones reales que sufrimos (paro, sanidad, educación, cohesión social, ciencia, etc), aquí si que se están dando recortes drásticos y que nos alejan de los estados de nuestro entorno (que al parecer son los que sirven de modelo a Morenés) y sin embargo, en estos temas es el propio gobierno de Morenés el que preconiza cambios que llevan al desastre. ahí si que estamos al límite y las frivolidades se pagan (las pagan los de abajo).

De este modo no nos queda más remedio que pensar que Morenés, con su alarmismo de hojalata, no hace sino abrir una cortina de humo más para que la gente deje de mirar donde está el verdadero peligro.

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