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Cañones o mantequilla, también en Arabia Saudí

Imagen de Tribes of the world

Fuente:  El País.

Muchas veces cometemos el error de juzgar a un país, y sobre todo a sus pobladores, por las actuaciones de sus gobernantes.  En concreto se suele criticar últimamente a Arabia Saudí por su política expansiva, violenta y militarista en la región, sin darnos cuenta de que los saudíes de la calle también sufren las políticas de sus sátrapas y tal vez también sean víctimas y rehenes de éstas.

Al recibir la última nómina hace unos días, el saudí Yaafar M. notó un descuento de 4.000 riales (1.000 euros). Tras consultar en la web de la universidad de Riad donde da clases, descubrió que se le ha retirado uno de los pluses que recibe. A él, y al resto de los profesores. “Es cosa del Ministerio [de Educación]”, le respondieron en el departamento de personal. La medida, sobre la que no se les avisó de antemano, es fruto de los recortes que el Gobierno de Arabia Saudí se ha visto obligado a imponer ante el descenso de los precios de petróleo. Sin embargo, la escasez de ingresos no parece afectar a los gastos militares y de seguridad, algo que preocupa a un creciente número de saudíes.

Y es que parece que la guerra es el Dios al que han decidido adorar todos los gobiernos que tienen dinero en el mundo.  Y en este artículo intentamos demostrar que las ofrendas que se hacen al Dios de la guerra perjudican tanto al enemigo como a la propia población:

Los ajustes alcanzan a todos los ámbitos. En los hospitales públicos se han suprimido las horas extras y los incentivos por asistir a conferencias. En los privados, los médicos acusan un descenso de pacientes.  “Todo esto mientras [los gobernantes] se dedican a destruir Yemen y no dejan de comprar armas”

Otra opinión abunda en la idea de que es necesario utilizar el dinero existente en mantequilla para la población propia y no en tanques contra la población ajena:

“¿Cree que vamos a tener una guerra con Irán?”, pregunta un funcionario tras el anuncio de la alianza militar islámica para combatir el terrorismo, consciente de la naturaleza suní de sus integrantes. El mismo hombre se muestra contrariado ante la promesa de 30.000 millones de riales (unos 7.500 millones de euros) que su país hizo a Egipto al día siguiente. “Ese dinero nos hace falta aquí para crear empleos”, afirma bajando la voz. (Según las estadísticas oficiales, la mitad de los jóvenes sin estudios universitarios están en paro). Para eso, y para mejorar la habitabilidad de sus ciudades, cuyas carencias se aprecian en un simple paseo por Yeddah o Riad.

Además, el plan militarista, intervencionista y violento lo es a largo plazo:

Aunque Arabia Saudí ha reducido su presupuesto de defensa un 2 % este año, es el octavo país que más gasta en armamento, unos 42.500 millones de euros, según la consultora IHS, y planea aumentar esa cifra un 27 % durante los próximos cinco años.

Uno de los aspectos malos de la guerra es que tiene un fuerte efecto bumerang, y la violencia acaba volviendo a aquellos que la generan:

La prolongación de la guerra, que ya entrado en su noveno mes, añade inquietud al estado de ánimo de los saudíes. No solo no se ha logrado restaurar al Gobierno de Abdrabbo Mansur Hadi en Saná, sino que se están produciendo ataques en la frontera, dentro de territorio saudí. Poco a poco, la convicción de que las revueltas sucedidas en otros países podrían producirse también en el reino empieza a encontrar eco en algunos sectores. Incluso hay quienes están comprando casas fuera por si acaso.

¿Está pasando todo esto por casualidad, o realmente hay algunos beneficiados con la guerra?

El mes pasado, los servicios secretos alemanes (BND) tomaron la inusual decisión de difundir una nota alertando de que el país corre el riesgo de desestabilizar el mundo árabe.

El BND atribuye la nueva política de “intervención impulsiva” a las luchas internas de los Al Saud y al deseo de liderar el mundo árabe.

Parece ser que el segundo en la línea de sucesión y ministro de Defensa está decidido a promover el militarismo y el intervencionismo allende sus fronteras:

Pronto quedó claro que Yemen sólo era el principio. La doctrina Salmán, como la bautizó el columnista saudí Jamal Khashoggi, se extiende a toda la región. Casi al mismo tiempo que Riad montaba a toda prisa la coalición para frenar a los rebeldes Huthi en un país que considera su patio trasero, también intentaba formar una fuerza militar árabe y reforzar económicamente a sus aliados sacudidos por las primaveras, en especial Egipto. Más recientemente ha anunciado una gran coalición islámica frente al terrorismo de tan incierta concreción como aquel proyecto. También en Siria, donde desde 2011 financia a grupos contrarios a Bachar el Asad, redobló su apuesta con la creación de una nueva fuerza que los integrara, Jaish al Fatah.

Y, mientras tanto, España vende munición a Arabia Saudí, 24’2 millones de € en 2015 para proyectiles de artillería, bombas y granadas, y, según el

informe sobre exportación de material de Defensa y doble uso de la Secretaría de Estado de Comercio. Arabia Saudí es ya el mayor cliente de la industria militar española con 447,6 millones, más del 25% del total en dicho periodo (1.727,2 millones).

Y gracias a ello, se produce el récord histórico en venta de armas españolas a Arabia Saudí.

Y aquí ¿nadie se cuestiona nada?

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España «a punto» de vender tanques Leopard a Arabia Saudí gracias al Rey

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Fuente: Infodefensa.com

Según ha declarado el Ministro Pedro Morenés, España está a punto de cerrar el trato de venta de carros de combate Leopard fabricados en Sevilla a Arabia Saudí.

La noticia no es nueva, sino una especie de segunda versión de una noticia antigua que ya publicamos en este blog en mayo de 2012, según la cual España pretendía vender tanques a Arabia Saudí y otros países, para lo cual el Gobierno había publicado un real decreto que le permitía realizar ventas directas, de país a país.

Lo novedoso de la actual noticia es que Morenés avanza un poco más y nos dice que la venta de estos artilugios (que pueden suponer unos ingresos de unos 3.000 millones de euros) se va a fraguar gracias a la mediación del Rey.

Al parecer, la venta estaba en entredicho tanto porque faltaba la autorización alemana (los dueños de la patente) para permitir que España vendiera estos tanques, como por obstáculos en el gobierno Saudí. Pero el Rey ha salido a mediar y los obstáculos ya no son tales.

Llama la atención este papel intermediador del Rey. ¿Es que un rey se debe dedicar a la venta de armas? ¿Será verdad, como dice la mala prensa, que el Rey es un comerciante de armas de esos que campan a sus anchas por el mundo?.

A nuestro juicio, de ser cierto, para defensa esto habría que prolongar a la realeza ese lobby militar-político-industrial que tantas armas produce y tanta deuda genera.  Por ello, Morenés también pasa bastante de su dedicación ministerial buscando mercados para las armas españolas.

Hay muchas razones para aspirar a suprimir la monarquía. Ahora tenemos una más y no menos importante. El Rey, que nos han vendido como un adalid de la concordia y la paz, resulta que al final está involucrado en el negocio de la venta de armas.

En todo caso, el negocio de las armas es una mala noticia para la paz y, en el caso Saudí, para los vecinos de Arabia Saudí y para la parte de su pueblo que aspire a libertad y sueñe con el derrumbe del régimen poco recomendable de aquel feudalato.

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Nuestro socio «democrático» Arabia Saudí.

Fuente: Infodefensa.

¿Han oído hablar de la colaboración «público-privado» que propugna el nuevo modelo neoliberal en boga? ¿Y de la colaboración «civil-militar» que propone nuestra política de defensa cuando se refiere a la venta de armas? ¿Y de la ayuda y solidaridad entre estados amigos, aunque uno de ellos no sea, precisamente, un pais respetuoso de los derechos humanos?

Pues les vamos a contar un ejemplo típico de esta triple alianza de intereses, donde el Estado español promueve el negocio para una empresa privada de venta de armas ayudando de paso a un Estado amigo no precisamente muy respetuoso con los Derechos Humanos.

La empresa española se llama Uro y su negocio es, según sus propios papeles «es una empresa del sector de automoción dinámica, moderna y con una trayectoria siempre ascendente, cuyas actividades son el diseño y la fabricación de vehículos especiales todo terreno, con una extensa gama de aplicaciones en muy diferentes sectores de actividad tanto industriales como militares.»

URO factura anualmente cerca de 30 millones de euros en venta de estos vehículos, y cuenta con menos de 150 trabajadores y ha colocado sus camiones blindados militares (principalmente la versión VAMTAC), además de al ejército español, en países tan curiosos como Marruecos, Malasia, Angola o Ghana, así como en escenarios de guerra abierta como Afganistán, Kosovo, Irak, República Democrática del Congo o Líbano.

Vayamos ahora al país agraciado con la getión del mInistro de Defensa para promover la expansión de los nuevos negocios de Uro: Arabia Saudí es un país islámico, con régimen de monarquía absolutista y que se caracteriza, hasta ahora, por su escaso interés por los derechos humanos, si hacemos caso de organizaciones como Amnistía Internacional, el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas o Human Rigths Watch. Sus tribunales, en aplicación de la ley islámica, imponen penas corporales por la comisión de diversos delitos, como puede ser el caso de la amputación de miembros, cremación con ácido, azotamiento, ahorcamiento y otros igualmente impresentables.

El régimen saudí, a su vez, ha impuesto la segregación sexual, la represión de las ideologías o creencias diferentes, un trato degradante a los trabajadores no cualificados de origen extranjero y un régimen de represión política y económica significativa.

Sin embargo, y eso tal vez explica muchas cosas, es un aliado importante de las potencias prooccidentales en la región y es la segunda reserva mundial de petróleo en el mundo.

Es a este régimen y a sus fuerzas militares y policiales a quien el Ministro de Defensa está ayudando a comprar vehículos blindados de Uro.

Nosotros nos preguntamos ¿Para qué querrán las autoridades saudies estos vehículos probados en diversos conflictos bélicos? ¿Sera posible que se usen contra las aspiraciones de derechos humanos de su población reprimida? ¿Los usarán contra los pueblos vecinos, en un contexto regional de extrema peligrosidad militar? ¿No le importa esta posibilidad a la empresa URO, ni al gobierno español? ¿Da igual a quién se vende y para qué va a hacer uso de lo vendido, con tal de hacer negocio?

¿Y no colleva graves responsabilidades políticas para la política exterior española el potenciar a una dictadura como la Saudí?¿No debería responder por ello el Ministerio de Defensa, que se ha manchado las manos en promover este negocio?

¿En que gana nuestra sociedad con este negocio?

El ministro y las autoridades saudíes se han reunido, “en una extensa y cordial reunión, exploraron las diferentes alternativas que están siendo evaluadas desde Riad para el suministro de carros de combate para su Ejército”.

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