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¡Qué buenas son las crisis para la industria militar!

por Pavel Vanka

Fuente: Infodefensa.

Si lo decimos nosotros seguramente nadie nos hará caso. No somos creíbles, para algunas mentes militarizadas, por más que aportemos datos, fuentes, estudios…

Pero no lo decimos nosotros, sino el propio Presidente de la TEDAE (Asociación Española de Tecnologías de Defensa, Aeronáutica y Espacio), ahora a punto de ser sustituido (un misterio que deparará probablemente una sorpresa este de la sustitución de un Presidente de la patronal de las empresas aeronáuticas y espaciales vinculadas a la defensa, donde se han afincado algunas de las puertas giratorias, incluyendo algún ex-ministro de Defensa): la crisis es una oportunidad para la industria militar. Igual que la carroña es comida para ciertos pájaros.

Adolfo Méndez, actual presidente de TEDAE, y en el foro «Infodefensa» sobre la industria militar, analizó la bonanza de este sector, ofreciendo cifras de escalofrío. El año pasado, nos dice, facturaron 10.700 millones de euros, un 10´2 % más que el año anterior. Con entusiasmo entendible añadió

crecimos un 10% en plena crisis

No es para menos. No conocemos ejemplos de tal prosperidad en otros sectores.

Al parecer, a la industria de las armas la crisis le ha venido bien. Y eso que la predicada austeridad y la propaganda del gobierno nos ha hecho creer que todos nos apretábamos el cinturón.  Se ve que todos no. Que la hebilla se cerraba sobre nuestros pantalones de meros transeúntes a la par que se aflojaba en los pantalones de paño fino de los señores de la guerra.

Podríamos, también, comparar el crecimiento del 10% de la facturación de la industria militar aeronáutica y espacial con rebajas equivalentes en otras áreas, como la bajada del 16´3 % del gasto en sanidad pública durante la crisis (más de 10.000 millones de euros), según informó El País, o la bajada del gasto de sanidad y educación que se prevé para 2018 según los datos del Plan Presupuestario 2018 enviados por el Gobierno a Bruselas en el mes de octubre, que situará a la sanidad y a la educación en sus mínimos históricos, o la bajada del gasto en prestaciones a desempleados, que se redujo en 2017 en 20.000 millones de euros, según informa Público.

Ha hecho falta que esto lo diga, en pleno apogeo triunfalista, el jefe de la patronal TEDAE para que los medios se hagan eco. Claro que es distinto decir que la industria militar es boyante y un ejemplo de éxito, con lo bien que han sorteado la crisis (¿por casualidad?) y  con amplias perspectivas de futuro (sobre todo para las empresas inversoras en armas), que decir que lamentablemente, la industria militar hace negocio de la crisis, hace de la crisis su negocio, hace de nuestro empobrecimiento su negocio, hace de la connivencia con lo más desaprensivo y militarista de los poderes reales y oficiales su negocio y su cartera, mientras que (y no por casualidad) cada vez vivimos peor, se precariza la situación vital de las personas, crece la pobreza y la inseguridad humana.

Es improcedente mirar de frente la realidad y decirla a las claras. No es noticiable y al niño que grita que el Rey está desnudo, se le tacha de loco, o de panfletario.

Sic transit gloria mundi: efímera pero persistentemente a favor de los de arriba.

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Nuevo engaño militar: aumentar el presupuesto militar con presupuestos prorrogados

El Gobierno aprovecha la prórroga de los presupuestos generales de 2017 para comprometer gasto militar por la puerta de atrás, como hizo en 2015, cuando tuvo que prorrogar los presupuestos de 2014 con su gobierno “en funciones”, y también en 2016 a falta de tener un gobierno votado en el Parlamento.

La suma del compromiso de gasto aprobado hasta ahora es escandalosa, al menos 864,41 millones de euros para 2018 y 1.748’82 millones de € en total (las partidas de CNI y los compromisos con NAVANTIA no detallan la cifra de gasto en los acuerdos del Consejo de Ministros).

ConceptoImporte (en millones de €)Estimación 2018
Para convenios de asistencia sanitaria con entidades privadas (privatización de la sanidad que debe prestar ISFAS) para 2018 y 2919 (Consejo de Ministros de 6 de octubre de 2017)971´69485´84
Combustible 2018 y 2019 (Consejo de Ministros de 13 de octubre)711´29359´55
CNI para renovación tecnológica e inversiones en infraestructuras (Consejo de Ministros de 27 de octubre de 2017)INDEFINIDOINDEFINIDO
Aumento de gasto para el INTA para equipamiento para el Centro de Investigación aerotransportada de Las Rozas en Lugo (Consejo de Ministros de 27 de octubre de 2017)3´423´42
Gastos plurianuales para armamento y tecnología militar compartida con UE, para 2018 a 2020 (Consejo de Ministros de 3 de noviembre de 2017)6´491´62
Acuerdo con el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad para celebrar contrato con Navantia para la Quinta adenda al convenio de colaboración existente (Consejo de ministros de 3 de noviembre)DESCONOCIDODESCONOCIDO
Acuerdo para adquisición de munición para el ejército para cuatro años (Consejo de Ministros de 11 de octubre de 2017)55´93 13´98
Totales1.748´82864,41

Nos encontramos con que Rajoy, que no cuenta con mayoría para aprobar presupuestos en 2017, ya ha comprometido, por si acaso, partidas que no están previstas en la prórroga ahora decretada de los presupuestos de 2017. Pero también ha comprometido, sin pasar por autorización parlamentaria alguna, gastos para 2018, 2019 y hasta 2020, condicionando así la política futura de cualquier gobierno.

Estas mejoras presupuestarias no son las únicas que ha introducido Rajoy para el año que viene. En Febrero de 2017 autorizó un gasto extra de 420.000 euros, 210.000 para 2017 y 210.000 para 2018, para que los militares mejoraran su inglés y en mayo de 2015 otros 139´1 millones para tres años para contratar transitoriamente servicios e infraestructuras de telecomunicación para la información de la defensa I3D.

El escándalo, lo decíamos al principio, se repite al menos desde 2015, en que Rajoy, con presupuestos prorrogados e imposibilidad de pactar unos nuevos, se fue saltando la regla de congelación de gasto, vía acuerdo del Consejo de ministros, con aumentos de dicho techo para lo militar.

En Consejo de Ministros de 11 de diciembre de 2015 se permitió aprobar partidas plurianuales para defensa 17´35 millones de euros para servicios de mudanza del Ministerio de Defensa, y de 21,39 millones para adquisición de misiles Envolved Sea Sparrow, junto con un partida para 2016 a 2018 de 89,29 millones de euros autorizados a Industria para financiar vehículos de combate 8×8 y Fragatas F-100, a los que podemos sumar los 60´17 millones autorizados en Consejo de Ministros de 4 de diciembre de 2015 para pago de organizaciones internacionales de carácter militar y operaciones en el exterior.

Y también en 2016 usó el mismo truco para aprobar en Consejo de Ministros de 21 de octubre de 2016 106 millones de euros más para gasolina y otros 16´7 para comida de lata ; más otros 25´6 millones para inversiones del INTA en antenas durante los años 2017 a 2019, otros 115´92 para restauración en 2017 y 1´5 más para auxiliares de servicio y control del Ministerio de Defensa, en el Consejo de Ministros de 16 de septiembre, también en funciones.

Se ve que el gobierno de Rajoy, a falta de hacer política para resolver los problemas de la sociedad, aprovecha los consejos de ministros del último cuarto del año en que prorroga los presupuestos para aumentar los compromisos de gasto militar, como si no pasara nada (de hecho no pasa porque no tenemos una oposición dispuesta a criticar en serio la política militar).

Y el año no ha acabado. ¿Qué más podemos esperar? Es cosa de repasar los sucesivos Consejos de Ministros.

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El militarismo se disfraza de necesidad social

Por MOC Valencia

Fuente: Levante

Nos ha parecido una idea muy acertada, «el militarismo se disfraza de necesidad social«, la que los objetores «históricos» (suponemos que quiere decirse bajo tan campanudo título anteriores a la finalización de la mili, lo que amalgama desde Pepe Beúnza hasta los presos insumisos valencianos) han explicado en unas «Jornadas de reencuentro y reivindicación» que han mantenido en Llíria.

Afortunadamente el encuentro valenciano no es una especie de balneario donde reunirse, pongamos por caso, como los exalumnos cincuentones  del colegio, la peña de amiguetes de la juventud y otros tantos reencuentros sensibleros, sino que los antimilitaristas valencianos se han propuesto «ver si aún somos capaces de realizar acciones de cara al futuro«, una especie de actualización de las luchas, ahora que el escenario mundial y la sutil vuelta de tuerca militarista han desdibujado tanto el tablero y la desorientación y el desconcierto empequeñecen nuestra apuesta antimilitarista.

Se han reunido varias generaciones de antimilitaristas valencianos, desde el primer objetor político, en pleno franquismo, hasta otros objetores del final del franquismo y de la transición, y objetores e insumisos de los años 80, 90 y hasta ahora, de modo que al menos tenemos tres escenarios distintos que dieron lugar a estrategias de lucha variadas y a agendas de prioridades también distintas, todas ellas unidas por el núcleo común del ideario antimilitarista (que por cierto hemos ido construyendo y reconstruyendo en el camino, a saltos entre la teoría y la práctica, de forma tentativa y abierta, como toda ideología viva), de la apuesta de noviolencia política y por el aprendizaje del trabajo colectivo, horizontal, desobediente y alternativo con las que fuimos capaces de desarrollar tanta creatividad, tantas apuestas, tantas propuestas e, incluso, apostar por una alternativa global a la defensa.

Y los  amigos valencianos ponen el dedo en la llaga:

el pacifismo vuelve a ser más necesario que nunca. El militarismo ha renacido y es más difícil de combatir porque se esconde como una necesidad social, como una especie de ONG. Por eso denunciamos la opacidad con la que actúan los gobiernos, incrementando los presupuestos para armas, favoreciendo su tráfico y alimentando el terrorismo

De ahí sale una agenda de trabajo a nada que nos pongamos: la llamada cultura de la defensa, la opacidad de lo militar, los gastos militares, los conflictos internacionales, la correlación de inseguridad-terrorismo-intereses militaristas como su potenciador, las propuestas de cambio y transición (transarme) hacia un mundo menos militarizado y que intente abordar sus conflictos por metodologías noviolentas, …

En tiempos oscuros, como estos, parece que proponer un horizonte que niega la lógica del militarismo desde su raíz es una quimera, o así nos lo quieren hacer ver los que nos pintan las bondades de la actualidad y nos dicen que no se puede aspirar a nada más, pero si algo tiene a su favor el antimilitarismo es que ha sido capaz, una y mil veces, de desmentir que su apuesta fuera mero idealismo y una quimera, para proponernos en la práctica que aquí y ahora, en un mundo no precisamente de ángeles, se puede conseguir poner freno a las imposiciones militaristas y arrancar a la realidad logros de la paz basada en la justicia. Nos lo dice otro de los insumisos valencianos

«Enfrentarse al servicio militar en la oscuridad del franquismo fue algo bestial. Pero al final demostramos que las utopías se pueden conseguir»

Los amigos valencianos tienen mucho trabajo:

Estamos preparando una campaña para pedir que el Ejército no acuda a Expojove porque hace una pedagogía contraria a la cultura de la paz, y para colaborar con los colegios para que dejen de hacer visitas a estamentos militares. También vamos a trabajar en reforzar la campaña de objeción fiscal para que nuestros impuestos no vayan a gasto militar y exigir que se destine a fines sociales

Es paradójico que ahora que sabemos más que nunca sobre el militarismo y que tenemos mejor documentado que nunca su parasitismo y su desafuero, el otrora potente movimiento antimilitarista tenga menos fuerzas que nunca, se encuentre diluido en otras luchas y atomizado y que sean los objetores históricos, en este caso los incombustibles compañeros de Valencia, quienes nos animen a reemprender luchas que se han ido apagando y a encauzar otras de las que recientemente descubrimos sus perfiles.

Si algo echamos en falta, es el trabajo directo en debatir más y mejor y en proponer con prácticas y acciones concretas una alternativa global a la defensa militar, basada en la idea de seguridad humana y en la alternativa noviolenta. Todo se andará.

El MOC de Valencia ha hecho su propia explicación del evento, que puede consultarse pinchando aquí.

Pero de momento, ¡que cunda el buen ejemplo!

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Nueva Directiva de Defensa Nacional. Sin luz, sin taquígrafos y sin control de nadie.


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Por European People’s Party

Al inicio de cada legislatura se publica por el Presidente de Gobierno, como responsable de la política de defensa a tenor del artículo 6.1 de la L.O 5/2005, de la Defensa Nacional, la llamada Directiva de Defensa Nacional, documento que orienta el planeamiento de la defensa, define los riesgos y amenazas que marcan el contexto de ésta y plantea las directrices de la política de defensa para una legislatura.

Se trata, y así se define en la Orden Ministerial 37/2005 de 30 de marzo publicada en el Boletín Oficial de la Defensa número 68, de 8 de abril de dicho año, del principal documento de la defensa y del planeamiento militar.

La vigente Directiva de Defensa Nacional, titulada “Por una defensa necesaria, por una defensa responsable” es de julio de 2012 y tras su aprobación por el Presidente de Gobierno fue informada al Parlamento (remarquemos que únicamente informada, no debatida, ni votada, ni siquiera consultada previamente a su aprobación).

Muy resumidamente, dicha directiva partía de un doble contexto: el de inseguridad internacional, eso sí explicado desde la versión simplista de la derecha, y el de crisis económica. Uno y otro servían para decir, tan a gusto del gobierno y en línea en cierto modo muy continuista con las directivas anteriores, que España no podía hacer dispendios en gasto militar (dispendios que, sin embargo ha seguido haciendo pero ocultándolos) y que por eso los presupuestos de la legislatura serían austeros y sin alegría. También afirmaba que el contexto exigía profundizar en las líneas de defensa que han sido el mantra de ese férreo consenso de estado de PP y PSOE en estos temas: 1) modernizar nuestra defensa y sus instrumentos, 2) profesionalizar la defensa, 3) seguir en el  papel intervencionista de nuestra tropa más allá de las fronteras y al servicio del entramado de intereses de la OTAN, UE, EEUU, 4) privilegiar la industria militar y 5) buscar el reconocimiento de lo militar en nuestra sociedad a través de una política de adoctrinamiento y propaganda que denominan “cultura de la defensa” en la que todo lo que sea criticar este sistema es considerado incultura.

Las Directivas de Defensa, a pesar de su importancia, pasan por ser un documento desconocido y opaco, incluso para el propio Parlamento. De hecho, hasta 1992 (12 años después de la primera de ellas) fue un documento secreto.

Es cierto que Carme Chacón, en comparecencia que efectuó ante la Comisión de Defensa del Parlamento, el 25 de noviembre de 2008 prometió que a partir de la fecha se escucharía y consultaría previamente al Parlamento, pero del dicho al hecho… no se ha cumplido tal promesa y el Parlamento es un convidado de piedra más a sumar a la ciudadanía desinformada, a la clase política despreocupada de estos temas (por cierto previamente pactados y cerrados entre los partidos que se han alternado en el gobierno bajo la excusa poco rigurosa de que son “políticas de estado”) y a los medios de comunicación demasiado desinteresados por explicar de verdad aspectos tan peliagudos como lo que se define como enemigos, riesgos y amenazas, si se va gastar mucho o no en armas y ejércitos, si seguimos con un enfoque de ejército intervencionista, el vínculo con la OTAN y sus políticas o el impulso a una industria militar que se ha convertido en la sexta exportadora de armas del mundo y que, cada vez más, promueve no solo el negocio, sino también el conflicto y la guerra.

Con este contexto, surge una primera pregunta: ¿por qué el gobierno de Rajoy, en el poder desde 2011, y después de permanecer gobernando “en funciones” un buen pellizco de 2015 y del 2016, más el tiempo que lleva como presidente nominado desde octubre pasado, aún no ha aprobado la nueva “Directiva de Defensa Nacional”?

Y de esta pregunta tres nuevas cuestiones:  ¿sera que asistimos a un repliegue de las directivas al secreto?, ¿Será que con una oposición más compleja que las del tiempo de plena vigencia del bipartito prevén que la directiva abra una rendija, mínima rendija a nuestro parecer, a la crítica y al cuestionamiento de esta “política de Estado”?, ¿Será, sencillamente, que esperan a publicar los PGE que consolidan una apuesta por aflorar una mayor porción del gasto militar (precisamente la destinada a comprar armas de “proyección/ataque” que no se necesitan y que nos arruinan, y a consolidar mediáticamente el mensaje de vuelta de tuerca del militarismo que está efectuando la ministra del ramo?

¿O será, como en tantas otras cosas, otro ejemplo de desidia de nuestro abúlico presidente?

Sea como sea, y antes de que sea tarde, queremos alertar del hecho de que el gobierno, antes o después, va a firmar la directiva que definirá la política de defensa para la legislatura, sin contar para ello con nadie más que con la propia cúpula del ejército y de espaldas al Parlamento, a la sociedad y al debate ciudadano.

Y una vez firmado ese marco referencial, el debate sobre qué defensa queremos estará, definitivamente, cerrado por otra legislatura. Gastarán más, invadirán más, serán más estrechamente cómplices de la política de la OTAN, venderemos más armas, generaremos más deuda militar… Serviremos mejor al status quo.

Para promover el debate, empecemos por señalar lo que probablemente dirá la nueva directiva. Para ello tenemos algunas pistas, como, por ejemplo, las declaraciones repetidas y tópicas de la Ministra y de sus corifeos de que hay que aumentar el gasto militar español al 2% del PIB (por cierto, que según nuestros cálculos, sumado el presupuesto del Ministerio de Defensa a punto de aprobación definitiva con las partidas escondidas en otros departamentos y partidas que conforme al criterio de la OTAN son gasto militar, ya superamos ese 2% del PIB), o acerca del reiniciado “segundo ciclo de rearme”, con la apuesta por comprar nuevos sistemas de armas innecesarias y de invasión (Aviones A400 y F35, nuevos barcos de guerra, vehículos 8×8, drones, nuevos sistemas de misiles, etc.), o los nuevos compromisos anunciados de participar en más operaciones de guerra en el exterior (Afganistán, frontera con Rusia, mayor implicación en Centroáfrica…), o los acelerados pasos para “securitizar” y  militarizar otras políticas, como la de movilidad humana, la de seguridad pública y libertades bajo el nuevo trampantojo del terrorismo internacional como excusa.

Probablemente el contexto que defina esta nueva directiva venga a explicarnos, como siempre, que vivimos en un mundo lleno de riesgos y amenazas que, como dice la ministra, obligan a fortalecer la defensa porque nuestra seguridad y bienestar se defiende lejos de nuestras fronteras y por medio del ejército. A este mundo de constante liquidez y movilidad, se une que el rajoinato predica el fin de las vacas flacas, lo que de rondón valdrá para que la nueva directiva, de nuevo, sea más de lo mismo de las anteriores con directrices que propondrán mayor gasto militar para alcanzar el 2% del PIB en defensa, mayor esfuerzo militar en el exterior, principalmente de la mano de la OTAN y de las operaciones de la UE, mayor esfuerzo en promover la industria militar y la exportación de armas y algunos cantos de sirenas más para incorporar a la noción de defensa previa esta especie de invasión de la securitización de la vida social, con toda la retahíla de propuestas sobre la ciberseguridad, la necesidad de recortar derechos para evitar el terrorismo y las demás lindezas con las que se justifica la expansión del militarismo.

Con este panorama nos cabe otro par de preguntas más.

De todo esto, ¿qué opinan los partidos políticos del arco parlamentario?, ¿están de acuerdo?, ¿no merece la pena protestar antes de que sea tarde?

Si observamos los diversos programas políticos las divergencias, si es que las hubiere, podrían ir referidas principalmente a la necesidad de una mayor transparencia de la política de defensa y del gasto militar.  A partir de ahí, sin embargo, los partidos de la derecha, Ciudadanos y PSOE muestran más similitudes que diferencias y apuestan por apoyar el consolidado sistema de defensa vigente. Tal vez las fuerzas más a la izquierda discutirían el contexto de riesgos planteados por el establishment, para poner el énfasis en la violencia estructural y en los intereses poco santos de occidente, y para criticsar la apuesta de vincularnos a operaciones de paz bajo el paraguas de la OTAN. Tal vez discutan la prioridad del gasto militar cuando existen tantas necesidades sociales, y la existencia de algunos capítulos del gasto militar poco presentables, pero no vemos mayores disensos.

No obstante, a los partidos les tocará, si es que lo estiman oportuno, hacer sus propias consideraciones al respecto, claro está, si es que son consultados, lo cual, de nuevo, está fuera del escenario actual.

No parece, sin embargo, que vayan a exigir que la directiva de defensa sea discutida en el Parlamento, ni someterla a crítica y debate público, aunque en cierto modo, una discusión pública de esta política, como ocurre en otras, sea un ejercicio de salud democrática que nos permitiría al menos contrastar argumentos, posibilidades y alternativas.

¿Por qué, entonces, no se exige que se debata y apruebe por el Parlamento, no como hasta ahora?

¿Cabria proponer, e incluso construir socialmente, desde ya, propuestas diferentes a la previsible directiva?, ¿cabría formular propuestas para por ejemplo, parar esta deriva?, ¿para iniciar un ciclo al menos diferente?, ¿o incluso para impulsar un cambio de modelo que abandone el enfoque militarista y adopte un enfoque de la seguridad alternativo?

Desde luego, las múltiples demandas y propuestas de los movimientos sociales altermundistas y antiglobalizadores, anticapitalistas, de la solidaridad internacional, antimilitarista, ecologista, feminista, pongamos por caso, en sus diferentes y complementarios enfoques, permitirían rellenar una agenda de caminos a emprender para desenmadejar el tema de la defensa y construir una alternativa de seguridad humana. ¿Merece la pena una puesta en común que nos permita ofrecer un referente con el que contrastar el modelo de defensa militarista que defenderá la próxima Directiva de Defensa?

Para cuando llegue ese momento, nosotros creemos que hay algunas preguntas básicas que, como hemos venido promoviendo desde el inicio de nuestro recorrido, podrían ayudar a definir una política acorde con la seguridad humana:

 

Pregunta básica Alternativa 1 Alternativa 2
¿Qué es lo que hay que defender?

 

La seguridad militar

Las fronteras

El status quo

La lucha contra el terrorismo internacional

Contra las invasiones y amenazas militares

Los derechos sociales

Los derechos humanos

La seguridad humana

La lucha contra la violencia estructural y cultural

La lucha contra los problemas globales de índole ecológica, pobreza, etc.

¿Quién tiene que ser el sujeto de esta defensa? Las élites

Los ejércitos

La industria militar

Expertos

La sociedad en su conjunto

Los movimientos sociales y otros cauces de auto-organización

Sin delegación

¿Cómo hay que ejercitar esta defensa? Militar

Violenta. Guerras.

Bajo el paradigma dominación-viole

Social

Noviolenta. Transformación de conflictos

Bajo el paradigma cooperación-noviolencia

 

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Multiplicdas por 2.5 las autorizaciones de venta de armas españolas al exterior

Aeroscopia

Aerofossile2012

Fuente: Infolibre.

Según el nuevo informe de «exportaciones de material de defensa, de otro material y de productos y tecnologías de doble uso», remitido por el Gobierno a las Cortes, relativo al primer semestre de 2016, se autorizó la venta de armas al exterior durante los seis primeros meses del año en curso por valor de 3.433 millones de euros, 2,5 veces más que el primer semestre de 2015, y un claro exponente de la agresiva política de venta de armas españolas al exterior.

La cosa es grave, porque en 2015 las armas vendidas que fueron autorizadas  (10.676 millones de euros) ya aumentaron en un tercio respecto de las de 2014, lo que augura este año una cifra más escandalosa todavía.

Si a ello sumamos que también nos estamos poniendo en primera fila en lo que respecta a la venta de material antidisturbios ( de 274.575 euros entre enero y junio de 2015 a 5,9 millones en los seis primeros meses de 2016) y material del llamado «doble uso» (621 millones frente a los 181 millones de 2015) parece que la industria militar española ha emprendido una alocada carrera por nutrir de instrumentos de guerra y represión a cuanto desalmado tenga a bien gastar el dinero de sus pueblos en armas en vez de en desarrollo de sus poblaciones, lo cual además se corrobora porque entre nuestros principales «compradores» encontramos países tan idílicos como Omán (196,8 millones de euros), Egipto (138,1 millones), Malasia (135,7 millones) o Arabia Saudí, Emiratos Arabes o Libia,estos con cantidades inferiores a los primeros, así como a los países de la agresora OTAN (813 millones) que ejerce un apolítica global de dominación y violencia. .

La venta de armas como uno de los principales ejemplos de la marca España nos deja en muy pésimo lugar y debería ser considerado no tanto como un motivo de orgullo como de vergüenza y desatino.

Por eso nos extraña oír tan pocas voces en contra de esta mala práctica que nos arruina moralmente para enriquecer a unos cuantos desalmados dedicados al negocio de la guerra.

 

 

 

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El Plan B ¿también pasa por recortar el gasto militar?

desobedece

Montecruz Foto

Fuente: El diario

Se han venido realizando en Madrid la semana pasada unas jornadas de presentación del llamado «plan B», una iniciativa de búsqueda de modelos alternativos desde la izquierda para la construcción europea, con participación de grandes figuras mediáticas tales como el belga Eric Touissant, el griego Yanis Varufakis, la politóloga Susan George o algunos de los españoles de IU, Equo y Podemos, más o menos significados, entre otros.

Curiosamente, en este encuentro se han planteado propuestas de diverso significado para romper con la hegemonía ultraliberal de la egoísta Europa, pero se ha hablado poco del ejército y del militarismo europeo, uno de los puntales de dicha hegemonía.

Se ha hablado de casi todo y muchos han sido los improperios de máximos contra los peores males del capitalismo a excepción, casi por completo, de lo que se refiere al militarismo, a los ejércitos, al intervencionismo militar, a la provocación de violencia estructural de nuestras políticas apoyadas por un imponente aparato de coacción militar, a la venta de armas… ¿No es curioso?

Los grandes líderes tienen otras muchas cosas que pensar. Es comprensible. Ante lo urgente, nos olvidamos de lo esencial o, como en el caso de una cierta izquierda militarista, consideramos el militarismo parte de nuestra fuerza de choque con tal de que actúe a nuestro favor.

Sin embargo, no todo ha sido olvido. Ha sido Zoé Konstantopoulou, ex presidenta del parlamento griego (¿casualidad que sea mujer quien denuncia el militarismo o tal vez esperanza de que la relevancia previsible de las mujeres sea a la vez la que consiga meter en agenda este tema obviado por los hombres?), quien ha denunciado con fuerza el militarismo europeo y quien ha abogado por la reducción de lo militar y la auditoría de su deuda ilegítima, para afirmar, poniendo el dedo en la llaga, que

la deuda de los países está relacionada con gastos inútiles en armamento y se ha demostrado que eran casos de corrupción a gran escala

A nosotros nos parece evidente la asociación perjudicial entre el militarismo (con los grupos de poder que se lucran de éste, con el complejo militar industrial y con la élite política que diseña políticas despiadadas) y la deuda que arrastran los países.

Y nos parece evidente que la deuda ilegítima de carácter militar (en España, como ejemplo, de más de 30.000 millones acumulados en armas sofisticadas y de invasión, más una deuda anual ordinaria de más de 10.000 millones de euros para sostener presupuestos de defensa desmesurados y políticas de agresión inaceptables) que fomentan las élites es una agresión a nuestra seguridad humana, y por tanto ataca lo que se supone que debe defender una sociedad.

Y nos parece evidente que, además, este militarismo desmesurado que forma parte de la agenda política europea también agrede a otros pueblos y su seguridad humana.

Y nos parece evidente, siguiendo el hilo de la explicación, que el militarismo no aparece como nuestro garante de seguridad, sino como nuestro enemigo.

Y en esta línea de evidencias, nos parece lógico que la agenda de una alternativa de lucha contra esta Europa, desde la «izquierda» debería contemplar el punto de vista antimilitarista: la reducción drástica y constante del gasto militar, la reconversión de sus industrias de guerra, la auditoría a la deuda ilegítima de carácter militar, la renuncia al intervencionismo militar, el inicio de un camino de desmilitarización y transarme hasta la supresión del modelo de seguridad basado en ejércitos y su sustitución por un modelo de seguridad colectiva basado en la cooperación y la noviolencia y que persiga la seguridad humana, la modificación de las políticas generadoras de violencia estructural, …

No comprendamos por qué los supuestos representantes de esa innovadora izquierda ni siquiera, salvo excepciones, tienen en mente esta dimensión de la Europa que quieren combatir, ni como a la primera de cambio, si tomamos por ejemplo el caso de España,  apuestan por políticas militaristas, proponen ministros generales o se suman al carro de los que quieren que se produzcan armas para vender a países canallas si con ello garantizan un poco más de trabajo en España.

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Las enmiendas parlamentarias a los presupuestos: de la irrelevancia a la decepción. Se consolida la política de defensa de la casta

P1040914

POr S. Robles

Uno de los trámites necesarios para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado es su aprobación parlamentaria.

Previa a ésta, se abre un período de enmiendas destinado, al menos en la teoría, a proponer mejoras y alternativas sobre el proyecto inicialmente presentado por el Gobierno.

El debate presupuestario debería ser uno de los puntos álgidos de la actividad parlamentaria, pues siendo la ley de presupuestos la que permite en mayor medida establecer con qué recursos se pretende realizar la acción del gobierno, aparece como un momento privilegiado para conocer tanto la propuesta de gobierno como las alternativas que la oposición plantea a la misma.

En el presupuesto de 2016, además, hay una característica añadida, y es que el gobierno que ha presentado los presupuestos y el partido político que lo ha apoyado ruidosamente pero con la oposición en contra, es un gobierno saliente, y no está definido qué ocurrirá tras las elecciones convocadas para el 20 de diciembre de 2015 y qué composición de fuerzas y de gobierno existirá tras estas.

A su vez, la propia Comisión Europea ha dejado claro que estos presupuestos aprobados por la mayoría absoluta en manos del PP, que compone el parlamento español, no son creíbles y encubren un déficit monumental que habrá de solventarse con la aplicación tras las elecciones de nuevos recortes, lo que los hace, además, unos presupuestos poco creíbles.

El doble condicionamiento de aprobar unos presupuestos que, pase lo que pase en las próximas elecciones, incluso si llega a gobernar de nuevo el PP, es probable que no van a ser aplicados por la misma composición de fuerzas que apoya actualmente al gobierno y de que dichos presupuestos vayan a ser “necesariamente” corregidos tras la constitución del gobierno de la XI legislatura, nos hacen afirmar que son unos presupuestos cautivos y destinados a someter y condicionar la labor del próximo gobierno, implicándole en las políticas austericidas que Europa y el PP preconizan.

Tal vez esta doble razón explique, como veremos más adelante, el poco entusiasmo y la dejadez de los partidos a la hora de plantear enmiendas a los mismos, una vez que el PP dejó claro que estos serían inamovibles y una vez que se comprobó que además vana sufrir un nuevo recorte que forma parte de una agenda oculta pero insoslayable.

Y lo que es regla general para los presupuestos generales lo es más, si cabe, en los presupuestos de defensa, que están configurados de tal forma que, pase lo que pase, condiciona las políticas que se vayan a realizar e impide un giro sustancial en las mismas, al comprometer programas de armamentos enfocados al interés de la OTAN y a la injerencia humanitaria, al mantener plantillas militares invariables, al comprometer pagos abrumadores a la industria militar y al mantener la opacidad y ocultación que permitirá que la política de defensa, sin transparencia, oculte gasto (a lo mejor también para los nuevos titulares de la defensa) en otros ministerios y escondrijos varios.

Así las cosas, y tal vez por esas razones, las enmiendas parlamentarias a los presupuestos de defensa son, después de ligeros avances y de atisbarse nuevas propuestas políticas de los partidos de la oposición para la defensa en los de 2013 y 2014, insatisfactorias y, más aún, decepcionantes en grado sumo.

En primer lugar, el número total de enmiendas específicamente destinadas al gasto militar son 64 frente a las 84 del ejercicio anterior.

El peso de estas enmiendas sobre el total del las planteadas es el 1,4 % de las 4384 enmiendas, lo que supone una bajada importante respecto al 2,2 % que suponían el pasado ejercicio.

La distribución, además, de estas enmiendas también arroja una importante aclaración suplementaria sobre el escaso peso que la política de defensa tiene en el interés de sus señorías y en el de todas y cada una de las fuerzas políticas parlamentarias, que compiten al parecer en una loca carrera por ostentar el primer puesto en desinterés de una política tan esencial y que comporta una gran parte del gasto público excluidas pensiones, prestaciones y sanidad.

Partido A la totalidad del capítulo Al articulado Numero

total

PP

0

0

0

PSOE

1

9

10

Foro

0

0

0

PNV

0

0

0

CC

0

0

0

CiU

1

4

5

UPiD

1

17

18

Izquierda plural

1

9

10

ERC

0

13

13

AMAIUR

1

2

3

GAROA BAI

0

2

2

BNG

0

3

3

EQUO-COMPROMIS

0

0

0

TOTALES

5

59

64

Por orden de aparición encontramos, similar al año pasado, que el partido que más interés muestra por esta política es el partido UPyD, gracias probablemente al destacado papel jugado por una de las pocas diputadas que ha dedicado su tiempo a ejercer una política de control de la defensa en el parlamento de la X legislatura, seguido de ERC, IU y PSOE y con un grupo en el pelotón de cola que comparten a partes iguales Equo –Compromis, CC, PNV y Foro Asturias para los que prácticamente la legislatura ha pasado en blanco en materia de política de defensa.

Si nos fijamos en un segundo término en los temas que se han incorporado a la agenda de preocupaciones ya ineludibles, esta tendría que ver con la censura al disfrazamiento del gasto militar y a la ausencia de una política transparente respecto del mismo, en la necesidad de resolver el agravio comparativo de la I+D+i civil respecto al trato de favor de la militar, la necesidad de racionalizar y (en la mayoría de los casos) aumentar las inversiones en material y prestaciones directas a militares en detrimento del aparataje burocrático del ejército.

Salta este año una segunda categoría de propuestas que nos merece la pena destacar: se pide por Garoa Bai inversión para estudiar el desmantelamiento del campo de tiro militar de Bardenas Reales y se pide por varios partidos transferir gasto desde el presupuesto militar a gasto social o de desarrollo local o autonómico, mientras que Esquerra Republicana introduce dos novedades, al pedir una limitación de plantilla militar a 50.000 efectivos con el consiguiente ahorro que esto supondría, y constituir una partida económica destinada a estudiar la reconversión a usos civiles de la industria militar vigente.

En cuanto al tenor general de las enmiendas se mantiene las líneas generales de las presentadas en año pasado y así, podemos destacar tres grandes grupos:

a) El de los que pretenden un aumento significativo del Gasto militar, grupo en el que se encuentra, amén del PP que protagoniza dicho gasto en su proyecto de presupuestos, UPyD, que propone diversos cambios de partidas para garantizar partidas operativas e inversiones en detrimento de partidas burocráticas y no operativas, el PSOE que pide incrementar el gasto en nuevos programas de armas (particularmente los vehículos 8×8), Izquierda Plural con matices, pues pide aumentos en las partidas destinadas a complementos salariales de guardia civil y ejército y la creación de una estructura nueva, el observatorio de la vida militar, que pretende adscribir al Congreso de los Diputados.
b) El de los que piden reducciones o transferencias netas, entre los que encontramos a Bildu, que pide que las comunidades vasca y Navarra queden exentas de toda contribución con diversas instituciones estatales, entre ellas el ejército y la política de defensa. En este grupo también aparece Nafarroa Bai que por una parte pide la eliminación del campo de tiro del ejército del Aire de Bardenas Reales y por otra detraer 50 millones de euros para constituir un fondo de ayuda al os refugiados. Con algunos matices podemos situar en este grupo a Ezquerra republicana de Catalunya, que junto con la propuesta de reducir efectivos a 50.000 y de dar de baja las partidas de i+d militar para transferir sus fondos a i+d civil y de dar de baja las partidas de los programas de armamentos, sitúa propuestas como la de constituir un fondo especial para desmantelar las minas fabricadas en España y vendidas por nuestra industria militar a zonas en conflicto, dar de baja las campañas publicitarias adscritas a la “cultura de paz” del Ministerio de Defensa, dar de baja 34 millones de inversión del ejército de tierra para crear con ellos un fondo para material de ayuda humanitaria o quitar los 536 millones de innovación tecnológica de que goza el gasto militar (industria más defensa) y generar innovación tecnológica civil con ellos; si bien también pide aumento de partidas para indemnizar a los miembros de las antiguas agrupaciones guerrilleras antifranquistas o incrementar el presupuesto militar para ampliar la base de Pollença con vistas a un posterior uso público de la misma.
c) Los que piden aumento y disminución indistintamente, como es el caso de CIU que junto con las partidas de disminución que solicita para transferir locales en desuso militar a usos civiles de las entidades locales, pide un incremento para reconocer derechos por servicios prestados a personal de IFNI y otro para prevención de ataques bioterroristas. Caso aparte supone IU, de quien hemos comentado más arriba su cada vez mayor propuesta de aumentos de gasto militar. IU pide en su enmienda de devolución, en lo que parece una declaración de principios, tanto el fin de la participación en la OTAN y de las bases como la reducción real del gasto militar. Sin embargo, en sus propuestas parciales esta reducción no se observa y así, junto a los aludidos incrementos para complementos de los militares y guardia civiles, pide desplazar partidas desde el capítulo de pago a la OTAN a dotar al INTA, en realidad uno de los ejes del polo militar industrial español junto con el marcado carácter de defensa de las reivindicaciones del asociacionismo militar, que hace suyas.

En todo caso, lo endeble de las propuestas y su insignificancia hacen, una vez más afirmar que no se acaba de esbozar una alternativa de ningún grupo político a la política militar monolítica propuesta por el PP y que es fruto de un viejo y apolillado consenso.

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Acción noviolenta contra los ejercicios de la OTAN Arctic Challenge

Danny+of+Last+Call

LudovicBertron

Fuente: Moc-Valencia

Conocemos por una entrada de la página de los antimilitaristas de Valencia la realización de una acción directa noviolenta que ha tenido lugar en Suecia contra un ejercicio militar de la OTAN, concretamente unas maniobras militares que agrupan a los dispositivos militares de los vecinos nórdicos (Suecia, Finlandia y Noruega), junto con otros ejércitos invitados (Francia, Alemania, EE.UU., Holanda, Reino Unido) y que supuestamente simula una lucha militar en el Ártico y que se desarrolla desde tres bases militares: Bodo, en Noruega, Rovaniemi en Finlandia y Kallax en Suecia, según informa la página web del ejército del aire de Noruega.

En esta ocasión,los pacifistas suecos hicieron diversos actos de protesta: manifestaciones, conciertos, etc. y un grupo de 10 activistas de la red antimilitarista Ofog, Mujeres por la Paz, y la Campaña Popular contra las Armas Nucleares, entró en el aeropuerto militar F21 de Luleå, en Suecia y simularon las nefastas consecuencias de una guerra, tumbándose sobre la pista de aterrizaje e impidiendo el despegue de los cazas.

De ello informa también la prensa del lugar eso sí, no nos hemos enterado de lo que dicen por problemillas con el idioma.

Los activistas fueron detenidos y, más adelante, puestos en libertad por las autoridades.

Un bonito ejemplo a imitar ahora cuando se hagan en España y Portugal las más impresionantes maniobras militares de la OTAN.

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Tropas españolas desplegadas en el exterior

colors

airborneshodan

Fuente: ABC

Estamos acostumbrados a creer que el ejército es una institución inocua que se dedica a vigilar que no nos ataquen potenciales enemigos.

A esta idea tan pacífica le resulta extraña la realidad de la actividad del ejército español.

Nos informa ABC que España en la actualidad tiene doce misiones militares en el exterior: ocho bajo «bandera» de la UE, tres con la OTAN y una con la ONU. A ello se une que España ha prestado un general al frente del Estado Mayor que hace la guerra en Mali.

En total España ha mandado al exterior más de 100.000 efectivos desde la época de Felipe González hasta la actualidad, y mantiene actualmente 1.736 militares en el exterior.

Los lugares donde mantenemos presencia militar son como poco bastante pintorescos y dan fe del papel intervencionista de nuestro ejército:  AfganistánBosnia y Herzegovina. Líbano, Océano Índico con la operación  Atalanta contra la piratería, Somalia . Cuerno de África, Mali, países limítrofes de Mali en apoyo a la intervención en Mali, Repúblicoa Centroafricana, vIgilancia marítima permanente de la OTAN en la Agrupación Naval Permanente 2 de la OTAN y en la agrupación naval permanente contraminas de la OTAN

Normalmente los medios de comunicación, cuando nos explican esta participación militar española, se limitan a hacer grandes panegíricos de las supuestas virtudes militares de la tropa, de su supuesto trabajo humanitario y de la nostalgia que sienten estos militares por volver a sus casas.

Los políticos aprovechan para decirnos, además, que la presencia militar española es el principal aval de la política exterior española y no dejan de soltar parabienes por la buena imagen que ofrece este despliegue militar a la «marca España».

No nos cuentan que, fuera de los politiqueos con los que nuestros politicos parecen sentirse mejor, la presencia militar española no aporta ningún beneficio ni a los países donde intervenimos, ni a la propia España y que, además, la aventura del expansionismo militar español cuesta la año más de 800 millones de euros, es decir, más de 133.000 millones de las antiguas pesetas.

800 millones que, gastados en estos avatares, se dejan de gastar en necesidades sociales imperiosas pero, en manos de los políticos, menos importantes para la «marca España» y sus particulares aspiraciones megalómanas de reconocimiento por parte de los amos del mundo.

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¿Por qué la agenda antimilitarista no está presente en el sindicalismo al uso?

Banana+Republic

Fuente: Infodefensa

Todos hemos asistido a peroratas laudatorias del sindicalismo «de clase» lanzadas por sindicalistas de las principales marcas (no queremos dar nombres) en las que, tras las loas merecidas a la lucha de los trabajadores de otros tiempos, acaban explicando la buena vecindad de los sindicatos de ahora con el régimen que los legaliza y constitucionaliza como los «agentes sociales» (la mayoría de las veces ninguneando a quienes no tienen ese merecimiento en la Constitución) y el «sentido de responsabilidad» con el que conducen sus siempre complicadas y muchas veces casi incomprensibles negociaciones con los sectores capitalistas más furibundos y con las políticas neoliberales de nuestros políticos oligárquicos.

Muchos nos hemos sorprendido por lo que, tal vez por nuestro despiste, aparece como una especie de instalación en el conformismo y en un abandono no ya de los intereses «de clase» que dicen defender, sino de la más mínima sintonía con las aspiraciones de justicia social de la inmensa mayoría de la sociedad, que cada vez los ve más como parte del aparato de sorebrerpesentación que pesa como una losa sobre nuestros sufridos lomos.  No deja de sorprendernos la poca talla en esta materia de muchos sindicalistas de oficio (y no queremos dar nombres, aunque mucho nos tememos que tampoco hace falta).

A nosotros en concreto hay dos realidades que nos asombran y perturban más aún:

  • la primera: que aún mantienen vigente la aspiración de cambiar de arriba abajo este sistema capitalista y maximalizan hasta el frenesí esta aspiración, pero, sin embargo, minimizan todo lo que tiene que ver con la crítica y lucha contra el militarismo connatural al capitalismo.  Y pareciera que piensan hacer su revolución de máximos pero sin tocar en lo más mínimo los aparatos de control social y la estructura de violencia militar de éste. Es una especie de paradoja de querer lo más de lejos pero aspirando a lo menos en lo concreto.
  • La segunda: que habitualmente no forma parte alguna en sus agendas políticas operativas la más mínima crítica al gasto militar abrumador, al intervencionismo de nuestros flamantes ejércitos, a la escandalosa componenda político-industrial del complejo militar-industrial, con ministros puerta giratoria incluidos,  a la producción y fabricación de armas destinadas a la exportación y explotación de otros pueblos.

Y sin embargo ésto no ha sido siempre así. El sindicalismo en otras ocasiones fue fuertemente pacifista y uno de los motores del pensamiento antimilitarista.  Otras expresiones sindicales promueven luchas pacifistas más o menos clásicas, como la objeción fiscal, la objeción laboral y científica, la reivindicación de gasto militar transarmado para fines sociales, de conversión de las industrias militares, etc. ¿Qué ha ocurrido entonces? ¿Es que somos unos ingenuos e ignorantes comeflores que no nos enteramos de qué va el mundo? ¿Que defender el trabajo de los de aquí justifica cualquier apuesta, incluida la que fomenta la explotación de los de otros sitios o el imperialismo del que nuestra industria militar forma parte privilegiada?

¿Por qué la agenda antimilitarista no forma parte de sus agendas propias?¿Por qué la idea de paz de estos sindicatos no deja de ser una idea estética y retórica pero sin contenido?¿Por qué se ve tanta distancia entre luchas que coherentemente deben ir unidas?

Pongamos el caso de la Federación de Industria de UGT, un sindicato socialista según sus propios orígenes e ideario.

En un reciente comunicado dicen que los últimos recortes en los programas de defensa ponen en riesgo a España de perder capacidad tecnológica en un sector puntero y afirman sin sonrojo que

España no puede permitirse el lujo de perder el tren de la innovación en defensa”

Dicen más y peor:

A pesar de que España tiene capacidad tecnológica suficiente como para poder montar íntegramente un avión en las fábricas de nuestro país, los continuos recortes sufridos por los programas del Ministerio de Defensa están haciendo tambalear una de las pocas industrias que han resistido, hasta ahora, las consecuencias de la crisis, y que ha seguido creando empleo de calidad altamente cualificado que pueden contribuir al cambio de modelo productivo que demanda MCA-UGT

¿El modelo social y el cambio de modelo productivo que propone MCA-UGT descansa sobre el armamentismo? No lo podemos creer.

Reclaman al Gobierno que instale en España una linea de montaje final del A-320 y que dote de más carga de trabajo a la industria militar.

Lo dicho. No nos lo podemos creer.

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