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Un nuevo ciclo inversor en armas

Por Ejército de Tierra

Fuente: El Economista.

Lo veníamos sospechando y anunciando. Nuestros dirigentes políticos y los señores de la guerra estaban muy contentos y esas alegrías suelen preludiar tristezas donde más duele al común de los apaleados mortales.

Lo veníamos advirtiendo: al escándalo de una burbuja de deuda militar impagable (más de 30.000 millones de euros) que nos provocó el ciclo de inversión en armas iniciado por el PP en tiempos de Aznar y continuó con pasmosa fidelidad el PSOE en los de Zapatero y, de nuevo, el PP del pasmoso Presidente Rajoy y su ex-ministro Pedro Morenés, le iba a suceder algo peor.

La codicia de los señores de la guerra es casi insaciable, e insondable la comprensión hacia sus demandas por parte de nuestro partido militarista tácito, con miembros adscritos en todo el arco parlamentario.

Ahora la Ministra de Defensa ha lanzado la noticia, como quien lanza una bomba.

Defensa confirma que lleva tiempo preparando un plan quinquenal de inversión en armas para «reactivar el gasto en armamento militar» (reactivar debe leerse como figura retórica) y «potenciar las nuevas tecnologías y modernizar y dinamizar la industria y su tejido.»

Un plan de esfuerzo inversor con cinco años de duración.

Obsérvese el crudo y descarnado realismo con el que nos explican sus intenciones. En el enunciado de lo que se pretende no aparece la idea de defender a la sociedad, que es justamente lo que aparentemente justifica el colosal gasto militar español. No. El ciclo inversor en armas es más caprichoso. Lo hacen para reactivar el gasto militar, para modernizar la industria militar, para dar pasta flora a sus amiguetes, no para defendernos.

Estamos trabajando para impulsar un ciclo inversor en el que se incluirán nuevos programas como adquisiciones que no necesariamente tienen que estar integradas en los planes especiales de armamento (PEAS) y que sin lugar a dudas supondrá un cambio de paso y de ritmo en la industria de defensa española. La idea es reactivarla.

¿Se fijan? Reactivarla, como si estuviera tiesa. Como si el PP no la tuviera en estado de excitación febril. Cuando, hace unos días, el Presidente de la TEDAE nos acaba de explicar que la industria de defensa durante la crisis ha salido triunfadora, ha ganado más de un 10´2%, como informa Infodefensa.

La Ministra, que se está especializando en decir naderías, dijo además

Una nación sin una industria eficaz, inteligente, competitiva y a la vanguardia de la innovación sin duda alguna es un país débil. La industria tiene que adaptarse al nuevo escenario tal y como está dispuesta a hacer

Fíjense que la frase en sí no dice nada. O nada específico. Es una generalidad que vale tanto para una industria que fabrique veneno como para otra que fabrique tecnología biomédica.

Es evidente que la inteligencia, la innovación y las otras zarandajas son objetivos estratégicos para cualquier sector productivo, pero para el bien común no da lo mismo que el dinero se use para una u otra cosa. Si la industria en la que buscamos eficacia es la que queremos que sea «competitiva» vendiendo armas a troche y moche, resulta que el perjuicio social es alarmante, pues incentiva y exporta guerras y busca un enriquecimiento que ni es socialmente útil, ni es equitativo, sino lucrativo para cuatro listillos y generador de inseguridad humana para el resto.

Si en vez de en cañones invertimos en mantequilla, en desarrollo humano y en derechos en serio, ocurre todo lo contrario: crece el bienestar social, decrece la desigualdad, se construyen nuevos consensos más inclusivos, se acorta la distancia entre los que más tienen y los que más sufren, se rompe el elitismo, se abordan los verdaderos problemas de la sociedad y se ataca el círculo vicioso que nos ata al malestar social que nos impone esta elite egoísta y calamitosa. ¿Se dan cuenta de las muy sólidas y persistentes razones que tienen los que mandan para invertir en cañones, no en mantequilla?

Añadió la Ministra que España va a cumplir cuanto antes su compromiso de elevar su presupuesto de Defensa al 2% del PIB (ojito al dato, ya no se habla de elevar el gasto militar, sino el Presupuesto de Defensa, que es una pequeña parte del gasto militar).

No lo hacemos porque lo haya pedido Donald Trump, lo hacemos porque se pactó en 2014 con los demás países socios de la OTAN y porque el gobierno tiene el compromiso de mantener la seguridad y la integridad de su población.

Ya lo ven, para ayudarnos. ¡Menuda ayuda!. Nos quieren mantener seguros, íntegros y sobre todo esquilmados y sin derecho a decidir, que es lo suyo, para que no nos volvamos molicie, que ya saben ellos que somos incorregibles. Habrá que preguntarse si no habrá alguien más y diferente dispuesto a darnos un poco de ayuda, pero en otra dirección, que a estos ya les tenemos vistas las intenciones.

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El ejército no es viable ni sostenible. ¿Por qué no lo disolvemos?

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Fuente: El País

Nuestro ministro «puerta giratoria» de Defensa acaba de afirmar que con los actuales presupuestos militares el ejército no es viable ni sostenible.

Debemos considerar esta afirmación truculenta como un paso más en la campaña permanente de manipulación informativa para conseguir mayores ingresos para el militarismo patrio. El ministro además, usa de forma deliberada la manipulación y la mentira (que en su caso es pecado, porque para eso es simpatizante del opus) para amedrentarnos con la inviabilidad del ejército: Invertimos en Defensa lo mismo que Luxemburgo, dice.

Pues bien, al ministro le fallan los hechos, que por desgracia son muy tozudos y por suerte cada vez más conocidos:

  1. Uno, que a lo presupuestado en el Ministerio de Defensa suele ocurrirle, año tras año, que se gasta un 50% más en los mismos conceptos, lo cual incrementa notablemente el gasto militar (aquí se incluye, también, el gasto en clases pasivas militares). Por poner un ejemplo, desde Utopía hemos hecho un estudio sobre la última liquidación del gasto publicada por el órgano público encargado de este control (IGAE), correspondiente a 2011, y aparece un desfase abrumador. También ha hecho estimaciones John Doe, ahora investigador del Centro Delás, sobre el asunto y referidos a 2012, sobre el que el IGAE únicamente ha sacado hasta la fecha datos parciales.
  2. Dos, que los criterios del IGAE ni siquiera computan partidas que la OTAN considera en sus cuentas como gasto militar (por ejemplo, las de clases pasivas comentadas antes) que incrementan notablemente el gasto militar.
  3. Que además de estas partidas existen otras ocultas que son abrumadoras y de las que ya hemos intentado desglosar una gran cantidad en nuestro análisis de los presupuestos generales del Estado de 2013. 
  4. Que, conforme hemos ido conociendo, a este gasto militar que podríamos llamar «ordinario» podemos añadir la disparatada deuda militar de más de 32.000 millones de euros (aunque el Secretario de Estado de Defensa ha anunciado una sospechosa y poco creíble reducción a menos de 30.000 millones) que se va pagando «poco apoco» con créditos extraordinarios y subvenciones encubiertas a la industria militar.

Pues bien, con poco que nos esforcemos, tenemos que a los iniciales cerca de 7.000 millones de euros de gasto militar podemos adicionarle más de 21.000 millones «ocultos» al año, lo que no sólo nos aleja bastante del gasto militar de «Luxemburgo», y nos acerca bastante al de los principales países militaristas de Europa.

Pero pensemos las cosas de otro modo.

¿Es Luxemburgo un ejemplo tan nefasto? No lo parece, si tenemos en cuenta que según el Banco Mundial mantiene la mayor renta per cápita del mundo, mantiene, para lo pequeño que es, una economía altamente desarrollada, diversidad cultural y lingüística sin problemas estridentes y ultranacionalistas, es un estado laico, muy baja inflación, muy baja tasa de desempleo, unas políticas aceptables hacia la emigración (ha crecido cerca de 100.000 personas, 1/5 de su población, por la inmigración en los últimos 30 años). Puede no gustarnos mucho de su desarrollo, como parte del centro de poder europeo, o de su enfoque de desarrollo, pero no parece que, para un Estado que aspira a logros parecidos pueda ser un mal ejemplo el parecernos a este país. Tal vez, contra la mediocre explicación del ministro, pueda sospecharse que el relativamente poco gasto militar es parte de la explicación del relativamente poco paro, etc.

¿Gasta tan poco España en militarismo como dice? Tampoco lo parece. Si acudimos a los datos que arroja el promilitarista Miguel González en El País, haciendo estimaciones conservadoras en el gasto militar, doblamos el de Luxemburgo y superamos el 1% del PIB en gasto militar. ¿Quiere tan desmesurado gasto la población?¿Lo necesita para defender sus derechos e intereses?¿No responde más bien a la defensa de un sistema oligárquico y de unos intereses de la élite?. Que el Ministerio de Defensa sospecha su ilegitimidad se demuestra en la constante y pasteleada técnica usada por PP y PSOE cuando han dirigido esta política de ocultar el gasto militar real y de hacer opaca la política de defensa. ¿Por qué sobre estas materias no hay debate real en el Parlamento?¿Por qué no define la política de defensa la constante opinión publicada por el CIS de que la sociedad no acepta subidas en el gasto militar y aspira a bajar este gasto?

¿Es el ejército inviable por falta de presupuesto? Aquí nos encontramos una de las trampas más groseras del discurso de Defensa. Es mentira que el ejército sea inviable por falta de presupuesto. Lo que es inviable es un gasto militar desmesurado para mantener una estructura de defensa desmesurada e innecesaria. En otros países, enfrentados a la tesitura de un menor presupuesto junto con la pérdida de sentido de mantener los privilegios y la estructura de los ejércitos clásicos, han optado por reducciones drásticas de personal (de entre un 30 y un 50% en países como Italia, Alemania, Francia o Inglaterra, que no se caracterizan para nada por su pacifismo), de su infraestructura y material bélico (Incluso donándolo a otros países y llegando a acuerdos de uso compartido con otros ejércitos), y de sus presupuestos destinados a la guerra. SI aquí no se hace y más del 70 % del presupuesto del Ministerio de Defensa (Por otra parte menos de 3 de cada 10 euros de gasto militar) se destina a mantener un ejército sobredimensionado y macrocefálico, con un mando por cada dos efectivos, esto no responde a eficiencia, sino a privilegios de casta. Si en España no se adoptan políticas de reducción de lo militar no es porque se necesite tanto militarismo, sino por conservar los privilegios militaristas de siempre.

¿Si el ejército es inviable, estamos indefensos? De nuevo, el planteamiento del Ministro es tremendamente manipulador. Que el ejército sea inviable supone sencillamente eso, que colapsó su «legitimidad» y que no tiene sentido mantenerlo, pues es inviable. Pero no quita ni pone un ápice a nuestra defensa y seguridad porque en realidad, nuestra seguridad no tiene gran cosa que ver con el ejército y la amenaza del uso de la fuerza y no está garantizada, ni puede garantizarse con los ejércitos. El ministro usa en este sentido un miedo paradigmático basado en un puro prejuicio cultural que viene a decir que si no hay ejército seremos irremediablemente invadidos y aniquilados. Los militaristas y nacionalistas patrios nos han hecho pensar durante siglos que no somos nadie ni podemos subsistir sin ejército y que desprendernos de este es imposible. Pero ¿Es esto así? ¿Responde a la realidad? Primero, porque existen pueblos sin estado y sin ejército y no han desaparecido por ello. Segundo porque lo que agrede nuestra seguridad no es una supuesta invasión externa (que por cierto hasta cierto punto ya sufrimos, pero de nuestros supuestos aliados) sino las constantes, diarias y concretas agresiones a nuestros derechos y a la propia idea de seguridad humana, que no tiene nada que ver con lo que los ejércitos dicen defender. Nuestra seguridad no es defendida por ejército alguno. Si nos apuran, más bien los ejércitos contribuyen al agravamiento de nuestros males y son, en un gran porcentaje, nuestros agresores. Nuestra defensa se construye día a día por el trabajo abnegado de grupos sociales y la apuesta por luchas sociales que de forma libre y con medios de autoorganización basados en gran parte en las metodologías de la noviolencia y de la participación social, tienen lugar entre nosotros y nosotras (luchas por la ecología, contra el patriarcalismo, por la paz, por la solidaridad entre los pueblos, de cooperación en pie de igualdad, por los derechos humanos, grupos de alternativas de decrecimiento, de lucha por la vivienda, etc.). El ejército no hace sino consumir recursos y capacidades que podrían emplearse en agudizar estas luchas y mejorar sus logros sociales.

Por tanto, que el ejército sea inviable, de ser así, no sería motivo para temer, sino para esperar en un futuro mejor.

Merece la pena en todo caso luchar por su inviabilidad e insostenibilidad.

 

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