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La geopolítica del agua

Imagen de I. Valdés y A. Galocha en El País

Fuente:  Informe sobre el Desarrollo Humano del PNUD 2006:  Más allá de la escasez:  poder, pobreza y la crisis mundial del agua.

¿Qué queremos defender?  La defensa militar pretende defender las fronteras, la patria, las instituciones.  Sin embargo, acaba defendiendo las élites económicas y políticas.  El concepto alternativo, la seguridad humana pretende defender todo aquello que realmente es importante para el desarrollo vital, entre otras cosas, el agua, y tiene poco o nada que ver con la defensa militar.

Recomendamos encarecidamente la lectura atenta del informe del PNUD sobre el agua.  Es muy impresionante y aleccionador.  Nos recuerdan, por ejemplo, cómo la inseguridad en el agua provocó la separación del crecimiento económico del desarrollo humano.  ¿Por qué la industrialización no aumentó la esperanza de vida ni la supervivencia infantil?  En parte porque las ciudades se convirtieron en verdaderos estercoleros en los que el agua era un foco permanente de infección.

Las estadísticas son tremendas:

A comienzos del siglo XXI uno de cada cinco habitantes de los países en desarrollo, 1.100 millones de personas, no disponen de acceso a agua limpia. Por otro lado, el uso promedio de agua por persona y día entre 1998 y 2002 fue de 575 litros de agua en Estados Unidos (líder mundial en este aspecto), 495 en Australia, 320 litros en España.  En el lado opuesto de la estadística y por debajo del umbral de la pobreza del agua:  Mozambique:  5 litros, Haití, Ruanda y Uganda:  15 litros.

Por lo tanto, hay muchos países que son vulnerables en el tema del agua.  La inexistencia del agua limpia es un verdadero enemigo contra el que luchar.

El acceso a agua limpia tiene mucho que ver con:

  • reducir la pobreza de ingresos,
  • reducir la mortalidad infantil (la diarrea es la segunda causa de muerte infantil)
  • poner fin a las desventajas en el ciclo de vida,
  • mantener bajos los amplios costes en salud,
  • mejorar la educación de las niñas,
  • liberar a las mujeres y niñas del tiempo que pasan buscando agua,
  • garantizar el sentido de la dignidad humana.

También es importante que el agua sea de titularidad pública, es decir, de todos y que su precio sea social, pagando las posibles diferencias con los precios del mercado con la inversión vía presupuestos del Estado.  El negocio se debe alejar de algo tan básico.

Excelente el seguimiento que hace EsGlobal de la geopolítica del agua:  en primer lugar nos queremos referir a La lista:  aguas turbulentas, donde se exponen sucintamente los casos de Brasil, Turquía, Birmania, Etiopía, Cachemira, donde el agua es el principal foco de tensión en un país o entre varios países vecinos.  Por otro lado, nos muestra una recopilación de fotografías Ciudades con sed.  Es una recopilación que nos enseña los problemas que provoca el agua y su escasez.  Casos como el de Nueva Dehli, Nairobi, Manila, Islamabad, Puerto Príncipe, Yakarta, ciudad de Guatemala, Yaundé y Dacca.  Además, con carácter general, nos parece muy ilustrativa y esclarecedora la infografía publicada en EL PAÍS:  Radiografía del Agua en el mundo, que ilustra el inicio de este artículo-recopilación.

En el artículo El acceso al agua, una cuestión de poder, la relatora especial de las Naciones Unidas para el derecho humano al agua cuenta lo que ha costado que este derecho humano sea considerado como tal y que

¿Puede una empresa privada garantizar el derecho humano al agua?

Desde el punto de vista de la empresa, la tentación es obtener ganancias. Pero quien tiene la obligación de la implementación del derecho es el Estado, que debe ser el garante y adoptar un marco regulador que determine cuáles son las reglas que se imponen a las empresas privadas: tarifas, mecanismos para garantizar que sea asequible para los más pobres, etcétera. Hay precondiciones que tienen que existir antes de abrir la puerta al sector privado, entre ellas, el derecho de participación y de información en todo el proceso de privatización.

El marco es una entrevista que realiza Esglobal y que plantea otras cuestiones muy interesantes como:

Es global.  En sus informes critica la cooperación para el desarrollo Norte- Sur por su cortoplacismo. ¿Cómo es el modelo de gestión de agua que se exporta desde el Norte?

C.A. Muchas veces sirve para abrir mercados a productos de un determinado país en otro. Me parece legítimo que un organismo del Estado abra mercados para sus empresas, pero que no le llamen cooperación internacional, como hacen los estadounidenses de la USAID con los jabones de Procter & Gamble en África o en India. Eso no es promover derechos humanos. Estuve en las islas Kiribati y vi una desalinizadora que no funcionaba desde hacía años porque necesitaba demasiada energía y no tenían recursos humanos capaces de repararla; hablé con el Gobierno sobre los problemas de acceso al agua y su estrategia para el futuro pasaba por ¡plantas desalinizadoras! “Son nuestros amigos quienes nos las dan, los australianos y los japoneses”, me dijeron. Es decir, la comunidad donante les da algo sabiendo que no tienen capacidad. La gente no había participado en la toma de decisiones y tengo mis dudas sobre si el Gobierno nacional había participado y de qué forma. Los procesos no son transparentes ni abiertos. Cuando comprendes la corrupción que existe detrás entiendes el tipo de selección que se hace.

Algunos casos concretos sobre la importancia de defender el agua, dentro del concepto de Seguridad Humana, serían los siguientes:

  • Gigante sin agua.Donde nos cuentan que «El apabullante ascenso de China está construyéndose a costa de la degradación ecológica, sobre todo de sus ríos y lagos. Mientras las industrias contaminan con total impunidad, cientos de millones de chinos beben agua insalubre. La polución empieza a pasar factura a Pekín.  (…) La demografía juega en contra del país asiático, que aunque posee las sextas reservas hídricas del mundo, tiene que repartirlas entre más de 1.300 millones de habitantes. Esto significa que cada persona recibe 2.000 metros cúbicos al año, es decir, una cuarta parte del consumo medio per cápita mundial. En otras palabras, China, con el 20% de la población del planeta, posee sólo el 7% de sus recursos hídricos. «.   Y nos ofrecen un argumento de gran calado:  «El agua, y no el petróleo, es el recurso más estratégico en la República Popular. A fin de cuentas, el oro negro es sustituible, mientras que el agua no«.  Además, la buena gestión es clave en lo que concierne al agua y  a sus productos derivados, como los alimentos:  «El norte del país, el granero chino, genera más de la mitad de la producción nacional de trigo y una gran parte del maíz, a pesar de que es allí donde el agua escasea más. Desde el punto de vista económico, el cultivo de cereales en esa zona es un despilfarro y, además, resulta insostenible, incluso mejorando las técnicas de riego. Las autoridades, no obstante, temen poner en peligro el medio de vida de millones de agricultores. Tampoco se fían de los mercados mundiales donde se negocian los cereales básicos de la dieta china. Pero si se agotan los acuíferos de los que dependen 200 millones de personas, será imposible cultivar el campo ni suministrar a las fábricas ni dar de beber a la población. Por tanto, la cuestión no es si China reducirá el área de cultivo de cereales, sino a qué ritmo. Si decidiera hacerlo de forma brusca, se vería obligada a importar –como ya hace en el caso de la soja, que compra sobre todo a Brasil y a EE UU–, lo que provocaría un alza en los precios globales de los cereales en beneficio de los grandes productores, pero quizás en perjuicio de los países más pobres.»   Además, por otro lado:  «La contaminación industrial añade una dimensión ecológica alarmante al problema de escasez, cuyo impacto socioeconómico es uno de los principales quebraderos de cabeza para los dirigentes comunistas. Un 90% del agua subterránea no cumple la normativa sanitaria, según el viceministro de la Agencia China de Medio Ambiente, Pan Yue. Unos 700 millones de chinos la beben contaminada por desechos animales y humanos. Desde 2006, la calidad del agua potable ha descendido cinco puntos en las ciudades más importantes del país, y sólo 66 urbes cumplen la legislación nacional. En el campo, la situación es aún peor. En realidad, el 30% de los recursos hídricos es demasiado tóxico incluso para la agricultura, lo que pone en peligro la sostenibilidad de la cadena alimentaria y el modo de vida de millones de campesinos
  • Guerras del agua en el Sur de Asia.  En esta región geopolítica también el agua está presente en muchos conflictos, no en vano, no hay que olvidar que «El Sur de Asia ha sufrido 17 episodios de disputas relacionadas con el agua desde 1947″.  Por ejemplo, habría que destacar de manera positiva la gestión de las aguas del Indus: «uno de los éxitos diplomáticos en las relaciones indio-paquistaníes –más bien escasos– se encuentra el Tratado del río Indus. A pesar de las tensiones políticas, relacionadas con proyectos concretos y por la angustia pakistaní a que Nueva Delhi utilice el agua del Indus  –que nace en territorio indio– como arma política, el acuerdo ha sobrevivido durante más de 50 años, con guerras por Cachemira y una enfermiza desconfianza entre ambos países de por medio. ¿Podrían cambiar las cosas en el futuro, cuando la falta de agua ahogue a unas poblaciones tan dependientes de la agricultura? Las tensiones parecen casi aseguradas, la incógnita está en si podrán ser resueltas en el marco legal actual y de manera pacífica. Los riesgos son innegables, sobre todo en la inestable Cachemira, que alberga el nacimiento de los afluentes occidentales del Indus. Aunque no parece probable que el agua sea la única causa que desencadene por sí sola una guerra, podría unirse a otros factores –que no faltan–, añadiendo estrés al volátil territorio. »  Muy polémico y paradigmático es el caso de Afganistán.  Este país ha estado sometido a décadas de guerra y de ocupación por ejércitos extranjeros que no han contribuido en nada para mitigar la sed en el país:  «Afganistán tiene el dudoso honor de ser el país con peor capacidad de almacenaje de agua de la región y de estar entre los peores del mundo. Pero no todos salen perdiendo de este desastre: Pakistán, Irán y Turkmenistán, principalmente, se benefician de que su vecino pierda dos de las terceras partes del agua de sus ríos. Mientras Kabul no ha construido presas ni infraestructuras debido a décadas de guerra, Pakistán e Irán no han perdido el tiempo, llevando a cabo proyectos que dependen en su totalidad del flujo de agua que atraviesa el territorio afgano. Algunos expertosapuntan que una futura política del agua en Afganistán, basada en el desarrollo de presas y proyectos hidroeléctricos, podría activar las tensiones con Islamabad y Teherán. La escasez de este recurso supone para el Estado afgano un gran desafío en términos de seguridad alimentaria, enfermedades y desplazados. Una adecuada política en este campo sería esencial para el porvenir y la estabilidad a largo plazo del país. Eso sí, una gran inversión económica y negociaciones a escala regional serían dos requisitos indispensables.»  Aquí, la apuesta de abordaje positivo del conflicto es la siguiente:  «La cooperación regional se presenta como la mejor medicina, pero no está exenta de numerosos obstáculos a día de hoy: una gran desconfianza, miedo al uso de este recurso como arma política y discursos oficiales centrados en intereses nacionales más que en preocupaciones regionales comunes, entre otros
  • El poder del agua en Oriente Medio y Paradojas de la gestión del agua en Oriente Medio«La celebración de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Rio+20 ha constituido el marco perfecto para apreciar las paradojas de la gestión del agua en Oriente Medio. Por un lado, la delegación israelí ha presentado todo tipo de tecnologías de última generación para la optimización en el uso de este bien tan altamente preciado en la región; y por otro, la palestina, que ha intentado utilizarla como plataforma para seguir reivindicando sus hasta ahora denegados derechos, no sólo al agua, sino también al otro elemento que le es intrínseco: el territorio.  Al igual que todos los países de Oriente Medio, Israel padece una crisis crónica de falta de recursos hídricos, que sin embargo ha paliado invirtiendo en el desarrollo de tecnologías que le permiten maximizar su conservación, utilización, reciclaje y reutilización, hasta el punto de convertirse en un referente global en este ámbito. »   Esta primacía mundial israelí en la investigación y el buen uso del agua contrastan con otras facetas de su política: « Al igual que para los israelíes el agua es una cuestión de seguridad, para los palestinos es una cuestión de supervivencia. Según el derecho internacional público –que prohíbe la discriminación en el uso del agua entre el poder ocupante y el territorio ocupado– Israel no sólo debería proporcionar agua a sus ciudadanos, sino también a los palestinos, de los cuales controla más del 80% de sus recursos hídricos, especialmente los acuíferos de Cisjordania y el río Jordán. Esto es así porque la división territorial diseñada en Oslo coadyuvó a que la ANP se hiciera cargo únicamente de las áreas metropolitanas (zonas A) y pueblos adyacentes (zonas B), mientras que las áreas rurales o zonas C, donde se concentran las fuentes de agua, hayan permanecido bajo control efectivo israelí.»  Pero parece que también hay iniciativas positivas:  «En febrero de 2011, tras una reunión en Mumbai (India) en la que participaron un centenar de dirigentes y expertos de Israel, Palestina, Jordania, Líbano, Irak y Turquía, el Strategic Foresight Group presentó un exhaustivo informe de 180 páginas en el que demuestra cómo los cauces de los ríos de la zona van disminuyendo progresivamente, y cómo otras reservas como el Lago Tiberiades o el Mar Muerto van reduciéndose (el primero hasta niveles críticos, el segundo hasta comenzar incluso a desaparecer al ritmo de evaporación actual y falta de reposición). Por ello, han propuesto la creación de un “Consejo de Cooperación para la Gestión Sostenible del Agua”, que incluiría a Turquía, Siria, Líbano, Jordania e Irak, permitiendo canalizar los excedentes de unos a aquellos que presenten déficits. Y también un paquete de medidas de confianza entre Israel y Palestina, que permitiera la reactivación de la Comisión Conjunta del Agua bajo la supervisión y arbitrio del Cuarteto (formado por EE UU, la UE, Rusia y la ONU) o bien de algún donante internacional como el Banco Mundial.  De esta forma el informe “Paz Azul” propone transformar la crisis del agua en Oriente Medio en una oportunidad para promover una nueva paz regional basada en el axioma de que dos países fronterizos con acceso a suficientes, limpios y adecuados recursos hídricos ya no se sentirán motivados para entrar en conflicto bélico, pues éste resultaría altamente perjudicial para ambos. Quizás el mejor ejemplo de “paz azul” en la  zona lo presenten Jordania e Israel tras su Acuerdo de Paz de 1994, que establece la cogestión de los ríos Yarmouk y Jordán, así como la puesta en común de nuevas tecnologías. Acuerdos similares con Palestina, Líbano y Siria posibilitarían un cambio de paradigma en la gestión del agua en esta región tan seca y convulsa del planeta.
  •  El imperio turco del agua.  «En una zona donde el agua es un bien cada vez más escaso, Turquía ha puesto en marcha su pequeño gran juego geoestratégico con vastos planes de irrigación y una amplia red de embalses en el sureste de Anatolia, lo que ha despertado los recelos de sus sedientos vecinos, Irak y Siria. Con este ambicioso plan, Ankara pretende, al mismo tiempo, desarrollar la región, obtener una ventaja frente a sus tradicionales enemigos y servir de barrera al independentismo kurdo.  Agua. Ésa fue la insólita petición el pasado 12 de mayo del Parlamento iraquí al Gobierno de Bagdad para que éste exigiera a la vecina Turquía mayor cantidad de oro líquido. Los parlamentarios sostenían que, a consecuencia de las infraestructuras construidas en las cuencas de los ríos Éufrates y Tigris, el caudal de agua de deshielo que llega a Irak se había reducido a 11.000 millones de metros cúbicos, frente a los 40.000 millones disponibles hace apenas tres años. Los expertos iraquíes afirman que las precipitaciones no han descendido por debajo de los niveles normales, y que la escasez ha sido provocada por Turquía, que interrumpe el flujo del líquido elemento hacía Irak para así llenar sus embalses en el Éufrates. El descenso de caudal no sólo supone un desastre medioambiental (por la desecación y salinización de los humedales del sur del país, entre otras cosas), sino que hace que la población rural iraquí se vea forzada a desplazarse. Los parlamentarios aprobaron una resolución que bloquea cualquier acuerdo con el país vecino mientras Irak no reciba una cantidad más justa. Karim al Yaqubi, miembro del comité parlamentario sobre el agua, declaró: “Hoy el Parlamento iraquí ha aprobado que el Gobierno esté obligado a incluir en cualquier acuerdo que se firme con un país limítrofe un artículo que garantice que Irak recibe la proporción de agua que le corresponde. Si no es así, no se ratificará”. La decisión de la Cámara baja iraquí es el último episodio de un largo enfrentamiento. Irak acusa a Turquía de estrangular el Tigris y el Éufrates mediante la construcción de presas y de cientos de kilómetros de canales de irrigación, englobados en un gigantesco plan hidrológico conocido como GAP (Güneydogu Anadolu Projesi o Proyecto para el Sureste de Anatolia)»  
  • Comprar tierras para tener agua.  Este artículo nos habla de América Latina y de los esfuerzos de las multinacionales por comparar tierra para acaparar su agua.  En 2008 explotó la tendencia internacional para apropiarse de tierras extranjeras con el objetivo de controlar sus aguas.  «En un primer momento fueron fundamentalmente países de Oriente Medio los que se hicieron con vastas extensiones de terreno fuera de sus fronteras para producir alimentos, provocando de forma paralela una creciente especulación financiera con los cultivos. Desde entonces, nuevos Estados y nuevos actores han profundizado la moda, que justifica en muchos casos la necesidad de inversiones para lograr un aumento de la productividad.  (…)  Estados Unidos, Emiratos Árabes, India, Reino Unido, Egipto, China e Israel están detrás de aproximadamente el 60% del agua incautada a través de la tierra. »  En este sentido, nos parece interesantísima la Guía Básica:  El acaparamiento global de tierras de FUHEM ECOSOCIAL.    En la misma referencia de FUHEM se dice que:  «La Unión Europea está muy involucrada en el acaparamiento de tierras, tanto de forma directa, a través de la inversión de capital y de corporaciones de la UE en la apropiación de tierras, como indirecta, a través del conjunto de políticas de la UE que está transformando la tierra en una mercancía global.  Un rasgo destacable ha sido la entrada de nuevos actores financieros e inversores institucionales, como los fondos europeos de pensiones, en la adquisición de tierras de cultivo. (…) En 2001 la UE aprobó el acuerdo Everything But Arms (EBA) [Todo Menos Armas], por el cual las importaciones a la UE desde los países menos desarrollados estarían libre de cualquier obligación o restricción, excepto para armas y municiones. Aunque que un acuerdo de ese tipo puede parecer benigno, sin embargo, ha alimentado el acaparamiento global de tierras en Cambodia y en otros lugares.  Europa misma es también objeto del acaparamiento de tierras. En los últimos años empresas de Europa occidental procedentes del Reino Unido, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Suiza y Francia han estado acumulando tierras en Europa del este, concentrándose especialmente en la región de Chernozem (o Tierra Negra) de Rusia y en Ucrania.  Hay estudios en marcha sobre el acaparamiento de tierras en Rumanía, Bulgaria, Serbia y Hungría, al igual que en España, Francia e Italia«.

Quizá la política europea en Ucrania y Rusia no sea tan angelical y desprovista de intereses como nos quieren hacer creer.

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