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Una vuelta de tuerca más en la militarización de la seguridad: se aprueba el Plan Estratégico Nacional de lucha contra la radicalización violenta

kameras

Daniel Lobo

 

Fuente: Consejo de Ministros de 20-1-2015

Muy grave nos parece lo que comentamos hoy.

El Consejo de Ministros de 30 de enero de 2015 aprobó el «Plan Estratégico nacioal de lucha contra la radicalización violenta«, documento que hay que enmarcar necesariamente en el contexto de refuerzo de la idea de seguridad de corte militar y recorte de libertades que se está impulsando desde los centros de poder a partir (y sobre todo, con la excusa de) los atentados terroristas sufridos en los últimos años.

Luego hablaremos de este contexto y enmarcaremos el Plan con otras medidas adoptadas por el gobierno del PP y otras en fase de deliberación (algunas incluso pactadas con la otra pata del PP, de siglas y compromisos cada vez más inseparables) con las que, al parecer, van a modificar el actual marco legal y social.

Pero comentemos ahora el plan. Y empecemos por lo que dice y cómo lo dice:

¿Unos antecedentes que justifican este Plan?

Comienza el Plan elaborado por el departamento que dirige el halcón (por cierto de afinidades religiosas y políticas muy a la derecha del Padre) Don Jorge Fernández  por explicar las razones que llevan al gobierno a establecer ahora este Plan, y que son:

  1. La existencia de una clara amenaza terrorista (cita atentados en Estados Unidos de 2001, Indonesia de 2002, Marruecos en 2003, España en 2004, Reino Unido en 2005 y ahora en Francia). No cita, tal vez por irrelevantes para la concepción de la seguridad desde la que se elabora este plan, la mayoría de los atentados terroristas que han tenido lugar en países del propio área a la que implícitamente se refiere el plan en todo momento, ni los variopintos atentados provocados por alguno de nuestros aliados, como el caso de Israel, o los otros provocados por error por tropas de nuestro propio bando en las diversas guerras con las que hemos intervenido en el área referida. Tampoco refiere nada en relación a las causas y antecedentes políticos, históricos, económicos, sociales, etc., que dan lugar a este terrorismo, ni a las prácticas políticas que podemos estar llevando nosotros que puedan provocar un cierto odio o una estrategia de reacción que provoque que nos tengan en el punto de mira).
  2. Europa ha definido la lucha contra el terrorismo como uno de los ejes de su política de seguridad (cita el documento de la UE  que puede consultarse aquí «Estrategia de la Unión Europea para la Lucha Contra la Radicalización y la Captación de Terroristas«) cuyo enfoque remilitariza abiertamente la idea de seguridad interior e inicia un soterrado pero firme avance de las ideas más militaristas en torno a la seguridad, eso sí, sin que la crítica de los grupos sociales o políticos alternativos se haya hecho oír al respecto ni en la sociedad ni en el parlamento europeo).
  3. La estrategia se seguridad nacional española sitúa el terrorismo internacional como la principal amenaza para la seguridad de España (cita para ello el documento Seguridad Nacional, un proyecto compartido de 2013. Deja de citar los de ámbito militar que con más precisión enmarcan este proceso en el enfoque militarista, como es la propia directiva de defensa nacional 1/2012, máximo documento del planeamiento militar español)
  4. La lucha contra el terrorismo viene priorizada en el documento «Estrategia integral contra el terrorismo internacional y la radicalización aprobado en 2010 (curiosamente es un documento aprobado en junio de 2010, con Zetapé, por la Comisión de Situaciones de Crisis, y luego ratificado por el Gobierno de Rajoy en 2013. Dicho documento está declarado secreto).

Pues bien, vistos estos antecedentes «justificativos», a saber:  los atentados, Europa, nuestra política de defensa y seguridad, nos podemos preguntar si tales antecedentes son en realidad justificativos de una respuesta tan unilateral y reactiva y, más en concreto, si este argumentario justifica un plan de seguridad que busca remilitarizar, como veremos, la idea de seguridad, e implicar de forma contundente en dicha estrategia a los entes locales y autonómicos de competencias tales como escuelas, servicios sociales, educación, etcétera, a los trece ministerios, y a las entidades sociales que el gobierno «estime oportuno».

Nuestra respuesta, la anticipamos ya, es no. No porque los problemas de seguridad no se pueden enfrentar desde una respuesta meramente reactiva, de vigilancia y control policial-militar y que huye de estudiar el fenómeno en su complejidad, buscando atajar las causas con medidas más transversales y con metodologías alternativas.

El plan, como veremos, no contiene una sola medida educativa, social,  de prevención basada en la idea de Seguridad Humana, de interculturalidad o convivencia, de enfoque noviolento, sino, sencillamente, la implantación de unos protocolos de  información a las diversas policías, en el ámbito «interno» y de protagomismo del Ejército en el ámbito exterior.

Da por ello más bien la impresión de que el plan es previo a la justificación: se pretende imponer unas políticas y se ha buscado un argumentario ad hoc (y por cierto ampliamente simplista) para «justificarlas»

Unos objetivos reactivos e indefinidos.

Continúa el Plan diseñando los objetos a los que pretende responder, que son:

  1. Responder a la radicalización violenta
  2. Cumplir con las directrices de la Unión Europea
  3. imponer un «consenso» entre las administraciones, la sociedad civil y los colectivos vulnerables o en riesgo de radicalización
  4. Implicar y obligar a todos los Ministerios de la administración general del Estado y entidades sociales bajo coordinación del Ministerio del Interior (y aunque no lo dice en los objetivos sí en las medidas, de Defensa):

Llama la atención la amplitud e indefinición de los sujetos sobre los que se piensa aplicar esta política, calificados como «radicalización violenta».  ¿Que se considera como «radicalización violenta»?  ¿Entra únicamente el fenómeno yihadista que aparentemente justifica este plan?, ¿se entiende extensible a la violencia fascista que hemos visto retransmitida en campos de fútbol y otros eventos deportivos?  ¿Incluye los «grupos antisistema» que forman parte de las obsesiones del Ministro del Interior?, ¿es extensible a los «radicales», expresión usada por el PP para referirse despectivamente a cualquiera que no sean ellos?…

En segundo lugar acudimos a la misma indefinición si nos fijamos en la idea de «violencia» que subyace al texto: ¿Qués e entiende por radicalización «violenta»?, ¿qué entra en la categoría «violento» objeto de este especial tratamiento represivo?

La cuestión no es baladí, porque el proyecto de código penal que el PP propone en el nuevo pacto con el PSOE, su otra pata, aplica diversos tipos delictivos encaminados a reprimir penalmente como delitos de terrorismo conductas como «desórdenes públicos», «actos contra el patrimonio», «ultrajes a España»  o «alteraciones de la paz pública» que sospechosamente nada tienen que ver con el terrorismo ni con la violencia en sí, tal como denuncia por ejemplo la imparcial, objetiva y liberal Amnistía Internacional,  y que parecen más bien pensados para un ejercicio de represión contra la disidencia, la protesta o la movilización social contra los mandamanses, como puede ser el ejemplo de las movilizaciones de las plataforma de hipotecados o de la Hepatitis C, las movilizaciones similares a las de «rodea el Congreso» y tantas acciones noviolentas ejercidas por grupos pacifistas, ecologistas, altermundistas, de ocupación y de diverso signo en estos últimos tiempos.

Una tercera crítica la encontramos en este criterio autoritario de pretender imponer un consenso desde arriba que afecte y obligue a todos. Es comprensible que un ministro perteneciente al Opus Dei, como es el caso del actual de Interior, o un partido popular que recogió los rescoldos de las derechas más agrias de toda la vida y que fue fundado por un señor que fue ministro de Franco y predicó un concepto de orden público de honda raíz autoritaria, piensen que el consenso es algo parecido a la sumisión, pero cualquier manual actual acerca de la construcción de los consensos descarta esta modalidad de consensos a la búlgara. El consenso no es fruto de la autoridad, sino del diálogo y la construcción en común y, que se sepa, es imposible de imponer a la sociedad a su pesar.

Desvela este objetivo un deje altamente deficitario en cuanto a calidad democrática se refiere, y más aún si se intenta imponer obligatoriamente.

Estamos con ello ante unos objetivos políticos de muy poco calado democrático, de un sesgo autoritario apabullante y que se fijan más en la represión de la disidencia mediante medidas reactivas que en abordar el complejo fenómeno del terrorismo desde su multidimensionalidad.

Unos ámbitos de actuación que refuerzan el papel preponderante de lo militar y nos considera enemigos internos

Si los presagios que se intuyen de lo ya comentado son malos, las cosas tienen la capacidad de empeorar mucho más. Y así ocurre que cuando el plan se refiere  a los ámbitos de actuación en los que se va a desarrollar esta política fija tres, a cual peor:

  1. El ámbito interno, coordinado por el Ministerio del Interior y donde pretende articularse a todos los niveles: desde el estatal al autonómico y local, pasando por la sociedad civil. En este, dice el plan, el escenario principal de actuación será el municipio, donde pretende vincular en la «lucha·» a diversos actores.
  2. El exterior, al parecer coordinado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, pero con un fuerte protagonismo (de hecho es el actor único) del Ministerio de Defensa y del Ejército. Según el plan, este nivel se realizará «en atención a los intereses y zonas de influencia de España», idea bastante difusa pero que no está puesta ahí de forma ingenua, ya que hace relación al propio planeamiento militar de la defensa y a la idea de que España, más allá de defender su territorio y sus fronteras, defiende militarmente sus intereses en cualquier parte del globo, y de  otra brillante y peligrosa idea plasmada en un plan de estrategia militar español, la de que tenemos unas «fronteras de seguridad avanzadas«  que tienen que ver con nuestras zonas de influencia y su tratamiento militar (Mali, Centroáfrica, Somalia, Golfo de Guinea, etc.).
  3. El indefinido mundo del «ciberespacio» donde afectará, dice el plan, a actores y contenidos y que será controlado por el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) que depende del Ministerio del Interior e íntimamente relacionado (si no subordinado) con el Mando Conjunto de Ciberdefensa, dependiente del Estado Mayor de la Defensa, cuyos cometidos son (esto no lo cuenta el Plan que comentamos) : «1.- Garantizar el libre acceso al ciberespacio, con el fin de cumplir las misiones y cometidos asignados a las Fuerzas Armadas, mediante el desarrollo y empleo de los medios y procedimientos necesarios.2.- Garantizar la disponibilidad, integridad y confidencialidad de la información, así como la integridad y disponibilidad de las redes y sistemas que la manejan y tenga encomendados.3.- Garantizar el funcionamiento de los servicios críticos de los sistemas de información y telecomunicaciones de las Fuerzas Armadas en un ambiente degradado debido a incidentes, accidentes o ataques.4.- Obtener, analizar y explotar la información sobre ciberataques e incidentes en las redes y sistemas de su responsabilidad.5.- Ejercer la respuesta oportuna, legítima y proporcionada en el ciberespacio ante amenazas o agresiones que puedan afectar a la Defensa Nacional.6.- Dirigir y coordinar, en materia de Ciberdefensa, la actividad de los centros de respuesta a incidentes de seguridad de la información de los Ejércitos y Armada y el de operaciones de seguridad de la información del Ministerio de Defensa.7.- Ejercer la representación del Ministerio de Defensa en materia de ciberdefensa militar en el ámbito nacional e internacional.8.- Cooperar, en materia de ciberdefensa, con los centros nacionales de respuesta a incidentes de seguridad de la información, de acuerdo con lo que determinen las estrategias y políticas nacionales de ciberseguridad en vigor, así como con otros centros militares de respuesta a incidentes de seguridad de la información en el ámbito internacional.

Bajo este triple escenario se pueden leer algunas conclusiones que empeoran las cosas:

a) La consideración del espacio interior como un espacio de intervención de esta idea de seguridad difusa y militarista, que nos vuelve a convertir, si alguna vez dejamos de serlo para la doctrina de la seguridad militar, en el enemigo interno. Todas las personas y todos los ámbitos de nuestra actuación somos susceptibles de ser considerados parte del problema y de que nos apliquen las políticas de seguridad pretendidas.

b) La ocupación de espacios tradicionalmente ajenos a la seguridad militar se agranda.  Ahora el municipio, el espacio local, el pluriespacio público, son objetos de preocupación de esta idea de seguridad y, como veremos más adelante, los diversos mecanismos municipales pensados tiempo atrás para la convivencia y la prestación de servicios a la comunidad, agentes de esta extensión de la idea de seguridad y de sus políticas de control. No sabemos lo que pensarán las diversas propuestas políticas municipalistas de esta extensión de la militarización al espacio local. ¿Le parecerá bien a las candidaturas ciudadanas, a los partidos no manchados por el extractivismo político deplorable que nos aqueja, a las nuevas agrupaciones de electores, que se les obligue a participar de esta idea de enemigo interno? ¿Dirán algo al respecto en sus programas? ¿Alertarán a la ciudadanía de la necesidad de empoderamiento social para abordar estas temáticas de forma alternativa?

3) Se legitima la intromisión de lo militar y de la idea de seguridad en la propia privacidad y en la red. El fantasma del riesgo ciberterrorista deroga, de facto, la vigencia del derecho a la intimidad en relación a la propia comunicación y cibervida que se pretendió garantizar (ciertamente con la boca pequeña) en la decrépita y plagada de promesas incumplidas constitución del 78.

4) La idea militarista de seguridad, criticada por Naciones Unidas cuando acuñó el término de «Seguridad Humana» como alternativa  esta, gana terreno y remilitariza espacios, contenidos y libertades anteriormente ajenas a lo militar.

5) Se incrementa, en consonancia con la estrategia neoliberal, todo el arsenal de políticas de disciplinamiento social, cuyo interés prioritairo es convertirnos de ciudadanos en súbditos, pero usando al retórica de los derechos (la zanahoria) y la política del recorte de derechos y aspiraciones (el palo).

La estructura de mando: De nuevo organigrama autoritario-militar

Dicen los entendidos que una imagen vale más que mil palabras y, aunque la que presentamos es engañosa (elude al militarismo, director de la orquesta) permite comprobar el grado de enfoque represivo y militar de todo el asunto.

 foto1Este organigrama se corresponde con la estructura nacional de coordinación del plan. Como podemos ver, la coordinación de todo el plan, en lo que se refiere a la cuestión interior, se encuentra en el «grupo nacional de lucha contra la radicalización violenta» coordinado por Interior, con especial aportación del CNI (que hasta ahora no habían mencionado en todo el plan), los 12 ministerios restantes, la Federación Española de Municipios y Provincias, la Fundación Pluralismo y Convivencia (una fundación estatal creada para tratar temas de pluralismo religioso) y «otras entidades públicas y privadas que se considere necesarias (un indefinido que no queda nada claro).

Nos da una muestras clara de la expansión de la idea de seguridad como orden público policial, cuando no meramente militarista, que se mantiene en este plan y del papel de mano extendida allá donde tiene más difícil el acceso lo policial/militar que se quiere hacer jugar a las entidades sociales, y a los propios ayuntamientos.

Siguiendo con la estructura del plan propuesto encontramos que éste define una serie de «agentes» del mismo:

  • En el ámbito de la lucha interna:
    • policía local
    • policía autonómica
    • Ayuntamiento
    • juzgados
    • centros escolares
    • Asuntos sociales
    • entidades sociales
    • colectivos de riesgo
  • En el ámbito externo:
    • Ministerio de Defensa
    • Fuerzas Armadas
  • En el ciberespacio:
    • El CITCO, El CNI

La expansión del militarismo a la idea de seguridad

Hemos explicado anteriormente que la idea de seguridad humana tiene poco que ver con la idea militar de seguridad, basada en aspectos de orden público, represión, imposición legal y violenta, defensa de unos supuestos intereses vitales allende las fronteras, etc.

La idea de Seguridad Humana, acuñada por el PNUD, habla de desarrollo humano, de disfrute de derechos y libertades, de disminución de la pobreza, de garantías frente a la enfermedad, la incultura, la pobreza, y ofrece un carácter universal a estas dimensiones, añadiendo que la seguridad humana en un punto del planeta depende de la de los demás, y se consigue incrementarla incrementando la de los demás, pues son interdependientes.

Este enfoque propondría otro tipo de medidas para abordar el fenómeno del terrorismo internacional, basadas en la comprensión entre los pueblos, en la inversión para conseguir sociedades más igualitarias y con estándares de disfrute de bienes sociales y garantías de vida digna, en educación, en políticas de igualdad, en solidaridad, …

Un enfoque que busca abordar lso conflictos de forma constructiva y noviolenta.

Pero, por desgracia, este enfoque choca con una realidad cruel donde la dominación y la violencia son las políticas rectoras y donde la imposición de explotación, dominación, depredación de recursos, expolio e imposición militar de todo ello son el abc de cada día.

En el caso concreto de los países occidentales no puede decirse que basen su «bienestar» en la colaboración con el bienestar de otros pueblos, sino al contrario, en la dominación abusiva de éstos, y también en políticas que los debilitan, como son la venta de armas, la promoción de la guerra en su interior, la potenciación de la rivalidad y la corrupción, etc., todo lo cual es un verdadero caldo de cultivo para el resentimiento y, también, para reacciones basadas en los mismos parámetros de dominación y violencia.

El plan ahora comentado no hace sino expandir estas ideas reactivas a áreas donde hasta ahora no tenía espacio el ideal de seguridad militar. Y lo hace de la mano de otro paquete de medidas de recorte de derechos y libertades, como el paquete recientemente negociado por el PP-PSOE de políticas antiterroristas, o la reforma del código penal, o la creación de un adefesio constitucional que es el estado de crisis en en anteproyecto de ley de seguridad nacional.

Una expansión de la visión autoritaria y militarista muy en consonancia con la desconposición acelerada del régimen vigente.

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Documento del ejército español para tratar la inmigración: espacio anticipado de seguridad y defensa

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Fuente: ABC

El Ministerio de Defensa ha elaborado y preparado un documento para «responder» al reto de la inmigración, una de las preocupaciones que, como hemos indicado en otras ocasiones, se aborda en España con un enfoque cada vez más militarista, aunque a algunos de nuestros lectores les ha parecido que nuestro planteamiento era simplista.

Pues veamos el simplismo de cerca: el documento, fechado en noviembre de 2013 y al parecer ya aprobado, se llama «Espacio anticipado de seguridad y defensa», lo cual ya nos dice por donde van a ir los tiros (en este caso la metáfora nos parece especialmente ilustrativa).  Por no hablar del cinismo.  Parece que ahora intervenir en otros países de manera militar se llama «espacio anticipado de defensa y seguridad»

Aclaremos que, para guardar las costumbres de transparencia imperantes en todo lo militar, no hemos podido acceder al documento en concreto dado que no se ha publicado en internet en la página del Ministerio de Defensa, como debería;  sino por referencias del periódico abc y de un foro de policías bastante exótico.

Dice el texto que el Sahel es considerado, desde la óptica de estos señores, un espacio a tratar militarmente

«bajo la premisa de considerar al Sahel como un espacio anticipado para la seguridad y defensa del Magreb y, por extensión, de la misma UE y entendiendo que ha de ser ésta la que asuma el liderazgo e iniciativa con respecto a aquella zona»

Es decir, se legitima el enfoque militar del tema migratorio porque el Sahel aparece como una zona de inseguridad para nuestros intereses (al decir nuestros, queremos aclarar, no nos referimos a un nosotros inclusivo, sino al nosotros de los que nos mandan y sus intereses propios) y porque sólo con un abordaje apropiado podemos hacer que nuestra presencia allí, nos de seguridad y defensa aquí.

El documento contiene doce directrices a seguir para lograr el honorable objetivo que se propone. Dado que no tenemos acceso directo al documento, sino referencias tanto por un foro policial como por parte del periódico ABC, no nos queda más remedio que extractar lo que aquí encontramos:

1.- La legitimación de una intervención militar en el «terreno»

La directriz novena, que incorpora el uso de la fuerza militar en determinadas circunstancias:

cuando el deterioro de la seguridad lo demande, la participación directa con fuerzas propias buscará obtener efectos resolutivos aunque su permanencia sobre el terreno deberá limitarse por cuanto la misma, entre otras consecuencias no deseadas, supone el posible efecto llamada de movimientos radicales de corte yihadista y separatista para combatir la presencia occidental.

Puede parecer una perla de la literatura militar, no en vano querríamos conocer al autor de tan elocuente frase para agradecerle la idea o, incluso, por si le proponemos para el nobel de la paz (menos méritos que Obama no habrá hecho), o de literatura (recuérdese que dicho premio se lo dieron también a Echegaray o a Benavente), pero no nos quedemos en los pequeños detalles.

2) ¿A qué países nos referimos?

Habría tres categorías principales de lugares en los que intervenir y de ejércitos a los que ayudar a adiestrar, pero a juzgar por lo leído, no son excluyentes (de hecho, tratándose de África, no aparece el Índico y los países donde ya opera nuestro ejército militarmente):

  1.  Los «estados corazón», nada menos que Mauritania, Niger, Mali, Burkina Faso y Chad
  2. «otros escenarios», en concreto los del «golfo de guinea» (Liberia, Costa de Marfil, Ghana, Togo, Lagos, Camerún, Guinea Ecuatorial, Gabón) y la costa noroccidental de África (Marruecos, Sahara, Senegal, Gambia, Guinea Bissau, Sierra Leona)
  3. Las «aguas territoriales» por donde discurren las principales rutas comerciales hacia Europa y los caladeros de pesca que expoliamos (en fin, esto es una licencia porque el documento no habla de que expoliemos nada).

Casi nada: la defensa de España y sus intereses se ejerce, en lo que a las migraciones se refiere, ejerciendo poder militar en toda una amplia franja de África, donde curiosamente coinciden intereses económicos evidentes, así como en el mar y en la expoliación de los recursos de estos sitios.

Veamos un mapa del invento

Defensa diseña un plan de cooperación militar para frenar la inmigración ilegal

3) El enfoque de la inmigración como peligro.

Pero el documento insiste más: el enfoque de la inseguridad que obliga a nuestra intervención desde una óptica militar se centra en el hecho migratorio. Uno de los riesgos y amenazas de este áfrica urgida de nuestros militares, es la inmigración.

Una población mayoritariamente joven, sin trabajo y sin esperanza de futuro. Todo esto causa la inmigración ilegal masiva de la que se lucran las organizaciones de crimen organizado de la región»

Al respecto sobran los comentarios, sobre todo cuando conocemos que el documento dice que va a tratar desde la óptica de la defensa y seguridad la inmigración para así ir a las raíces del problema (con lo que no sabemos si las raíces del problema  para estos señores es que la inmigración genera inseguridad y ésta se combate con militares, o que las raices son la pobreza pero que, dado que no saben cómo combatir esta sin cambiar las reglas de juego mundiales no queda otra que mandar militares a estos países para que no intenten venir a Europa, o cualquier otro razonamiento similar).

4) El ejército busca nuevos enemigos.

Una vez que los tradicionales «enemigos» que justificaban el monumental gasto militar español se han convertido en papel mojado, la evidencia de que un ejército no tiene función defensiva alguna ha hecho que los militares busquen nuevas justificaciones para su «papel institucional».

Que los problemas que hacen que nuestra élite extractiva siga viendo al ejército como un garante siguen ahí (el debate territorial y las esencias patrias, la vigencia de un orden que garantiza los privilegios de unos pocos e impone disciplina y autoridad al resto, el papel de punta de lanza de una diplomacia enfocada a la expoliación de otros a la escala que un estado como España puede permitírselo, la defensa de los intereses de la OTAN y EEUU, etc) es una evidencia, pero ocurre que dichos problemas ahora no son vistos como tales por la inmensa mayoría y no justifican, a juicio de ésta, el despliegue militar que tenemos.

Es por eso que los ejércitos y los militaristas necesitan fabricar nuevos enemigos imaginarios para justificar la imposición militarista. Y en este punto, el papel de la inmigración como riesgo es elocuente. En realidad su complejidad no permite un enfoque militar ni justifica un gasto militar ingente, pero sirve para atizar los miedos ciudadanos y crear una cortina de humo en las «deslegitimidades» de los ejércitos y la resolución violenta de los conflictos mundiales.

Ahora bien, el problema de las migraciones humanas tiene que ver, principalmente, con la situación de la justicia y el desarrollo a nivel mundial, más bien con la desigualdad y el ejercicio de la violencia y la dominación como argumentario del orden mundial, y con la negación de un orden basado en los derechos humanos a escala planetaria. Esto es principalmente el motor y el vomitorio de inmigración por el mundo.

Por ello abordar las causas es luchar por un cambio global del orden mundial que haga de la inmigración no una fatalidad ni un negocio, sino el ejercicio de un derecho en pié de igualdad con el de no emigrar si no se quiere.

El ejército y el enfoque autoritario sobre las políticas migratorias no hace sino complicar más las cosas, porque el militarismo no es la solución, ni parte de la solución, sino parte, una gran parte, del problema.

Por eso, una vez más, políticos y militares usan un tema para justificar una mentira: la necesidad de la defensa militar para los intereses de la sociedad.

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Seguridad ecológica

Fuente:  El País.

Muchas veces nos hemos preguntado ¿qué hay que defender?  Esta es la idea clave para construir un modelo de defensa.  Actualmente, la defensa militar encubre turbios intereses (negocios de las multinacionales del armamento) o se describe académica y políticamente como una defensa ante riesgos.  Nadie nos explica qué es un riesgo y, sobre todo, nadie reconoce que esto es trampa porque un riesgo siempre existe y no se puede recurrir a riesgos sociales, políticos, económicos, militares o de cualquier otra naturaleza para acabar justificando, siempre, el mismo tipo de defensa, la militar.

La propia defensa militar actual reconoce a muchas de las características del actual sistema ecológico en desequilibrio que caracteriza al planeta como generadoras de conflictos graves a corto, medio y largo plazo:  se habla de guerras por el agua, por la energía, por las migraciones debidas a los cambios climáticos, etc.  Y con ello se vuelve a justificar la defensa militar.

En nuestra opinión, si los riesgos o los enemigos son otros muy distintos, también ha de ser otra y muy diferente la manera de encararlos.

1.-  ¿Quién es el enemigo desde el punto de vista de la seguridad ecológica?

Las catástrofes naturales, la contaminación, la lluvia ácida, la superpoblación, el cambio climático, la sequía, la deforestación, la pérdida de suelo fértil, la pérdida de biodiversidad, los problemas en la capa de ozono, la destrucción de los ecosistemas marinos, terrestres y fluviales, el consumismo exacerbado, el injusto reparto de la riqueza y de los bienes, la inseguridad alimentaria …

Nuestra relación con la naturaleza está muy bien caracterizada por Jeffrey Sachs en su artículo «Boletín de notas para Río + 20», el cual citamos arriba como fuente:  Una de las publicaciones científicas más destacadas del mundo, Nature, ha publicado un boletín de notas mordaz antes de la cumbre de Río+20 sobre desarrollo sostenible. Las notas de la aplicación de los tres grandes tratados firmados en la primera Cumbre de la Tierra de Río en 1992 eran las siguientes: Cambio Climático, suspenso; Diversidad Biológica, suspenso; y Lucha contra la Desertificación, suspenso. ¿Puede todavía la humanidad evitar que la expulsen?

El razonamiento que sigue Sachs es contundente y lo enuncia como cosa sabida por todos:  Sabemos desde hace al menos una generación que el mundo necesita cambiar de rumbo. En vez de hacer que la economía mundial funcione con combustibles fósiles, tenemos que usar mucho más las alternativas bajas en carbono como la energía eólica, solar y geotérmica. En vez de cazar, pescar y deforestar la tierra sin tener en cuenta las repercusiones para otras especies, tenemos que acompasar nuestra producción agrícola, nuestra pesca y nuestra explotación forestal a la capacidad de carga del medio ambiente. En vez de dejar a la gente más vulnerable del mundo sin acceso a la planificación familiar, a la educación y a la atención sanitaria básica, tenemos que acabar con la extrema pobreza y reducir los índices de fertilidad en aumento que persisten en las partes más pobres del mundo.  En resumidas cuentas, tenemos que reconocer que, con 7.000 millones de personas hoy en día, y con 9.000 millones hacia mediados de siglo, todas interconectadas en una economía mundial de alta tecnología y que hace un uso intensivo de la energía, nuestra capacidad colectiva para destruir los sistemas sobre los que se sustenta la vida no tiene precedentes.

Ciertamente, hemos llegado a un punto en el que nuestra seguridad depende de la ecología.  Y no de la ecología de una ciudad o de un país, sino de la ecología a nivel planetario.  Hemos roto los equilibrios de la naturaleza con nuestro egoísmo personal y como especie animal, nos hemos cegado en un desarrollismo que nos lleva a la extinción, condenamos a una gran parte de la humanidad y de los seres vivos al hambre, a la sed y a la enfermedad, sin querer darnos cuenta de que, desde el primer mundo somos los causantes de estas situaciones tan injustas e inhumanas.

2.-  ¿Quiénes son los aliados en la seguridad ecológica?

La prevención de desastres naturales, las energías limpias y renovables, la planificación familiar, la solidaridad alimentaria, la reforestación, el cuidado de la flora y fauna, la investigación científica, el respeto a los ecosistemas, a sus dinámicas y a sus equilibrios, el decrecimiento, la justicia social, …

Las ongs que trabajan por todo lo anterior con carácter verdaderamente innovador  y las empresas y países que, poco a poco, van intentando variar sus políticas y actuaciones hacia lo ecológico.

3.-  Es vital abandonar el viejo modelo de defensa militar y adoptar un modelo basado en los grandes retos de la humanidad, uno de ellos el ecológico.

Lejos, por nuestra parte, de querer defender las viejas ideas como la patria, sí nos interesa proponer el concepto de seguridad ecológica.

Este concepto nos hace enfocar nuestras relaciones con la naturaleza como una de las principales áreas que hay que defender para poder tener una calidad de vida aceptable.  Por el contrario, lo militar que es un gasto social y ecológicamente inútil e, incluso, contraproducente, se convierte en uno de los enemigos que hay que combatir.

¿Alguien duda de que son los propios militares los principales promotores de las armas de destrucción masiva como las NBQR (Nuclear, Biológicas, Químicas y Radiactivas)?  ¿Qué puede aportar de positivo lo militar en disminuir la contaminación o en luchar contra el cambio climático?  Cualquier actuación que se nos ocurra puede ser realizada de manera más eficaz por medios civiles.  En este escenario corre prisa acometer planes de reconversión de la industria militar hacia finalidades civiles y ecológicas, también es imprescindible acabar con la producción de armas y con su comercio, y derivar estas industrias de muerte a otras que mejoren la calidad ecológica del planeta.

4.-  La seguridad ecológica nos lleva a abandonar los enfoques nacionalistas.

Aquí, en el concepto de seguridad ecológica, ya no es válido el enfoque nacional o nacionalista.  Simplemente no sirve de nada.  La contaminación no tiene fronteras ni las conocen el cambio climático, la deforestación, la sequía, la superpoblación, el consumismo, etc.  Este enfoque de nuestra seguridad es muy interesante porque nos lleva a transgredir uno de los grandes tabúes políticos de nuestra cultura, el enfoque nacionalista.  Ante él se yergue la colaboración entre países, entre municipios, entre industriales y entre ciudadanos como la única manera posible de combatir problemas que a todos nos afectan y que cada vez son de más necesaria solución.

5.-  ¿Quién es el protagonista de la seguridad ecológica?

Frente a la estatalización y la militarización de la defensa nacional o militar clásica, la seguridad ecológica potencia unos protagonistas mucho más variados.  Ciertamente las naciones pueden jugar un papel importante, pero también los juegan las empresas y, lo que es más interesante, lo puede y debe jugar el individuo y sus formas habituales de organizarse, las ongs.

Ahora el enfoque da a los ciudadanos mucho más protagonismo:  podemos «librar batallas» en los terrenos personales (moderando nuestro consumismo, por ejemplo), en los terrenos asociativos (a través de la lucha ecologista), en los terrenos empresariales (fomentando líneas de actuación ecológicas en nuestras empresas:  promoción del reciclaje, utilización de energías más limpias, etc.), y en los terrenos políticos habituales (obligando a los partidos políticos a que varíen su línea en política de defensa para defender lo que realmente es importante, la seguridad ecológica).

6.-  ¿Cuáles pueden ser los objetivos de una seguridad ecológica?

Aquí puede haber múltiples propuestas y muchas de ellas loables y perfectamente válidas.  Un buen resumen, o un buen punto de partida sería lograr los objetivos del milenio.  Si luchamos para lograrlos, nuestra seguridad ecológica, nuestra calidad de vida y nuestras posibilidades de supervivencia como especie se multiplicarían.

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Seguridad alimentaria.

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Fuente:  Alberto Cique Moya para IEEE.

El texto del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) sobre seguridad alimentaria ha sido elaborado por el Jefe del Departamento de Defensa Biológica NBQ y alerta sobre el significado estratégico que hacia el futuro tendrá para la seguridad el control de los alimentos y de sus precios, como factor principal de la geopolítica.

Se sabe que la acumulación de alimentos y la lucha por su control ha sido un factor importante de dominación y de guerras en los siglos pasados y, dado que se espera que  se acentúen los efectos negativos del calentamiento global y del nefasto uso de los recursos por el capitalismo, lo será probablemente en el futuro.

El autor del texto señala que la inseguridad alimentaria, por ello, va a adquirir una dimensión importante en el nuevo diseño militar de la seguridad, de la seguridad global, y añade que Rusia está jugando un papel relevante al quererse convertir en la principal despensa y canal de distribución (y deteminación de precios) de los alimentos a escala mundial.

El estudio enfatiza algunos aspectos que, según el autor, tienen una evidente dimensión militar dentro de este conflicto, como es lo que llama agroterrorismo, y sabotajes alimentarios, o los conflictos por la escasez, o de acceso al agua , que pueden generar guerras, o la movilidad humana que puede suponer la subida al Norte de los pueblos subsaharianos, donde se espera que ocurran los peores impactos del calentamiento global.

Sin embargo, el estudio cae en algunos errores de bulto, como el de considerar que en realidad estamos ante una situación de escasez de alimentos (cuando en realidad el planeta tierra tiene para alimentar cuatro veces la población actual) y no ante un problema de desigual reparto y de injusticia estructural, o el de enfocar la seguridad alimentaria desde una óptica de dominación y de control de recursos y no desde una óptica de cooperación y de desarrollo justo.

Si, efectivamente, la seguridad alimentaria es uno de los problemas de seguridad actual, no lo es por su dimensión militar, que en definitiva lo que procura es el egoísmo, el situarnos, el acumular fuerza para mantener el status quo que nos beneficia, sino por su dimensión humana, de falta de garantías de igualdad y de necesario cambio social hacia la justicia y hacia el combate contra la violencia estructural.

Curiosamente astimos a una expansión de la idea militarista hacia los aspectos de la seguridad humana que no tienen que ver con el militarismo y, a la vez, a un repliegue de las dimensiones y del tratamiento civil de los problemas mundiales de índole civil.

La seguridad ecológica, la seguridad alimentaria, el desarrollo de los derechos humanos, la construcción de un orden internacional justo, son efectivamente dimensiones de la seguridad. En realidad son las dimensiones de la seguridad humana, pero conseguirlas no depende del enfoque militar, sino que precisa superarlo en un enfoque humano que promueva la cooperación y la noviolencia y para conseguir llevarlo a cabo se necesita, entre otras muchas cosas, la desmilitarización de la idea de defensa.

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El reto de desmilitarizar la idea de seguridad

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Publicado en el periódico semanal es hora el 8 de junio de 2012.

No hace muchos días, en la cumbre de la OTAN, el desconcertado Rajoy señaló que los recortes obligados por la crisis (a la que nos ha llevado la mala gestión política y económica y lo insostenible de nuestro sistema depredador e inhumano) no deben afectar en absoluto a la seguridad de la sociedad. Sabemos que donde él dice seguridad no se refiere precisamente a lo que nosotros podríamos entender por seguridad (protección frente al paro o la enfermedad, trabajo digno, libertad para el desarrollo personal, respeto a la naturaleza, paz y justicia, etc.), sino a inversiones en armamentos, acumulación de fuerza militar y seguidismo de la doctrina de defensa del bloque de la OTAN.

Pero su apelación a la seguridad nos permite al menos confrontar la idea de seguridad “del sistema” y de los políticos que aparentemente lo gobiernan, y la aspiración de seguridad de los que padecemos las consecuencias de sus políticas.

Donde Rajoy y sus adláteres entablan acuerdos para dar seguridad a los banqueros, a los capitales y a los especuladores, o para garantizar la “estabilidad” del sistema económico, o para fomentar un incremento de los aparatos militares mediante inversiones multimillonarias en gastos militares, o para hacer uso de la fuerza o amenazar a otros pueblos con sus alianzas militares; donde ellos hacen esto, decimos, nosotros no hablaríamos de seguridad, sino de inseguridad, de la más absoluta inseguridad.

De hecho el sistema, con su lógica de violencia y de dominación, produce inseguridad a todos los niveles y cada vez ofrece menos justificaciones para su mantenimiento: nunca como ahora ha existido tanta inseguridad en la sociedad, tanto española como mundial, ni tanta incertidumbre sobre el futuro. Nunca como ahora el paro ha sido tan escandalosamente amenazante a la seguridad de las personas y de sus “microeconomías”. Nunca antes se ha vivido de forma tan dramática la situación de los menores en el mundo y el riesgo de vulnerabilidad, empobrecimiento o esclavitud sin futuro para millones de ellos. Nunca antes, a escala global, ha crecido tanto la sobreexplotación de recursos limitados ni la consecuencia lógica de amenaza de colapso ecológico. Nunca como en el siglo último ha sido tan aberrante el crecimiento de los gastos militares y de la cifra de muertos o afectados por las guerras. Nunca antes la sensación de inseguridad mundial ha sido tan apabullante, a pesar de las desenfrenadas inversiones en armas y ejércitos. Read more

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Mariano Rajoy se convierte: «que los recortes no afecten a la seguridad de los ciudadanos»

Mariano Rajoy +

Fuente: RTVE

Quién lo iba a decir, que Don Mariano, uno de los halcones del aznarato, un apéndice del sistema por tradición familiar, un opositor de primera, el líder de la derechona que ha encabezado el mayor golpe dado en la España postfranquista a las conquistas arrancadas por la movilización social durante la transición para ponernos donde siempre aspiró la derecha en tenernos, iba a cambiar de rumbo y pensar en la sociedad.

«Que los recortes no afecten a la seguridad de la ciudadanía» ha dicho.

Ya estamos de nuevo esperanzados en que las cifras del paro disminuyan para que aumente la seguridad de la ciudadanía, o que se realicen las necesarias investigaciones de políticos y banqueros corruptos que nos llevaron al desastre, o que se legisle para convertir la vivienda en un derecho y no en un objeto de especulacion y de ruina familiar, o que se reduzca en gasto militar inmoral, o que se consolide un sistema público de servicios sanitarios, educativos y sociales que impida que sólo puedan acceder a estos bienes los que tienen mucho dinero.

Todo por la seguridad de la sociedad.

Nadie lo podía pensar: La derecha más refractaria pensando en la seguridad humana y no en sus bolsillos y además diciéndole las cuatro verdades del barquero nada menos que a la cumbre de la OTAN; donde los malos se reunen para imponer la violencia estructural y la guerra a los pueblos menos privilegiados.

Tenemos un amigo aguafiestas que nos quiere convencer de que no. Que Rajoy sigue siendo Rajoy y que cuando habla de segridad no habla de seguridad humana, sino que utiliza el lenguaje y lo retuerce, lo manipula con cinismo, para decir lo contrario de lo que dice: que van a invertir más en muerte, en guerra, en armas y conflictos. Que van a seguir privilegiando un orden de violencia y de imposición. Que van a seguir dando a los bancos dinero y quitándolo de pensiones y servicios públicos. Que van a invertir en especulación y a reducir en investigación científica. Que van a seguir rompiendo la convivencia social y la cohesión con políticas antisociales, egoístas y patrioteras.

Que van a seguir confunidiéndonos y confundiendo seguridad con inseguridad e injusticia y donde ellos dicen seguridad nosotros hemos de entender violencia, donde dicen paz hemos de sospechar guerra y donde dicen justicia hemos de traducir por privilegios y desgracia.

Las recetas del sistema, que intentan arroparse del lenguaje de la seguridad, no hacen otra cosa que causarnos dolor e inseguridad y precisamente por eso, porque no van a cambiar, hemos de seguir haciendo de la lucha y de la indignación nuestros instrumentos para cambiar la maldad que ellos ensalzan.

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Programa de Equo y política de seguridad: sin alternativas nos decepciona.

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Nos preguntábamos no hace muchos días si EQUO sería capaz de romper con la aceptación del paradigma militarista en materia de seguridad y defensa. Los antecedentes eran muy ambiguos, pues por una parte se aprestó a apoyar la acción de injerencia militar en Libia y a dejarse asesorar en materias de seguridad por sedicentes pacifistas, como Viçent Fisas, que aprovechó para publicar un artículo de apoyo al intervencionismo humanitario y a lanzar exabruptos contra los pacifistas y contrarios a esta intervención; y por otra parte, en declaraciones más recientes, denostaron el gasto militar y pidieron su reducción drástica y el cambio de orientación de los dineros públicos para destinarlos a bienes sociales como la educación y otros.

Ahora podemos dar una respuesta más ponderada, porque EQUO ha publicado ya el programa electoral con el que va a concurrir a las elecciones generales.  Y la respuesta es, júzguenlo ustedes leyendo su programa, de lo más decepcionante, pues EQUO, en materia de seguridad y defensa, es militarista y no apuesta por ninguna novedad.

Nos vamos a preguntar qué quiere defender la formación EQUO, qué metodologías le parecen adecuadas para hacerlo y quién cree que debe ser el sujeto de la defensa.

Se debe advertir que los partidos políticos, en general, no cuentan con expertos en estas materias y que normalmente no saben nada de estos temas. En el caso de Equo esto es así a medias, pues el dinamizador de la parte del trabajo que EQUO ha realizado en esta materia es un investigador de FRIDE, un tanque de pensamiento del statu quo, llamado Stefan Meyer, que se ha empeñado en colarnos la idea vaporosa de la ciudadanía cosmopolita y otras lindezas bajo los términos manidos de la gobernanza mundial y semejantes.

Leído el apartado del programa de EQUO en materia de defensa y seguridad podemos decir, con Galeano, que rasca, y rasca mucho, pero que rasca donde no pica.

Pero vayamos al grano.

1) Partes del discurso de Equo no se entienden:  frases como EQUO elevará el perfil cosmopo­lita de España en el exterior, como un Estado comprometido con los Derechos Humanos, con el Desarrollo Sostenible y con la participación ciudadana en la reso­lución de los problemas globales.  Consecuente con la distribución actual del poder internacional, con las necesidades globales urgentes y con los límites ambientales del Planeta que cada Estado no puede resolver por sí solo …” no se entienden o no dicen nada en conccreto.  Estamos acostumbrados a frases como estas en las demás fuerzas políticas.  Esperábamos que Equo fuese alternativo, también, en el lenguaje.  No es así.  Cuando los demás partidos usan esta forma ampulosa y vacua de expresión lo hacen porque:

  • quieren ocultar sus verdadera ideas militaristas sin cortapisas.
  • quieren imposibilitar el diálogo social sobre temas de defensa.

No pensamos que Equo se encuentre en esta línea, pero nos preocupa que ya, tan jóvenes, usen los mismos tics que los partidos que tan profundamente aburridos y hartos nos tienen.

2)  Equo afirma que pretende variar la idea de defensa por la idea de seguridad, pero no concreta. Esta primera afirmación supone un avance, porque lo que se encuentra debajo de ella es la ruptura que el PNUD ya propuso al hablar de seguridad humana, entre la vieja idea de defensa, basada en lo militar, por la idea de seguridad humana, basada en la promoción de los derechos, de la libertad, la lucha contra la pobreza, etc.

Sin embargo, el concepto de seguridad humana se está convirtiendo en ambiguo por el mal uso que le están dando desde el poder, y a esta invocación acuden tanto quienes apuestan por romper con la idea militarista de defensa como quienes apuestan por reforzar el militarismo. Si la idea sirve, por ejemplo, para firmar que los problemas mundiales (hambre, falta de libertades, injusticia estructural, ecología, etc.) no tienen una solución ni un enfoque militar, también ha valido para que los militares pretendan una expansión del militarismo a todos los campos de intervención, proponiendo militarizar la ayuda al desarrollo, los problemas ecológicos, los desplazamientos humanos fruto de la injusticia estructural, etc.

¿Qué quiere decir, por tanto Equo cuando afirma lo que afirma?  Sin concreción es imposible poder valorar este apartado de su programa.

3.- Pues aquí viene la respuesta. En el primer apartado que EQUO dedica a la seguridad expresamente, afirma que «Equo propone materializar el espíritu de la Estrategia Española de Seguridad…»

Pues bien, la estrategia española de seguridad es un documento aprobado por el gobierno socialista y elaborado por el ex-secretario de la OTAN y anterior Mister PESC, Javier Solana, que afirma la defensa militarista dentro de un corte clásico de defensa militar y que apuesta por la asombrosa idea de defensa de los «intereses» de España en cualquier parte del globo, con políticas de toda índole (militar, económica, cultural, etc.); entendiendo por intereses algo muy poco alternativo (simplemente nuestro propio interés, olvidándose de la necesaria solidaridad con el Tercer Mundo o la necesidad de un cambio de orden mundial). El documento Solana, además, apoya la inversión en armamentos más sofisticados y el ensamblaje militar con los otros ejércitos OTAN, la complementariedad de nuestra doctrina de defensa con la de ésta organización y la legitimidad de las intervenciones de injerencia internacional, así como la mayor alianza militar con Estaos Unidos y con su versión imperialista del mundo.

De este modo, cuando EQUO afirma que quiere materializar esta política, está diciendo, de forma nada inocente, que apuesta por este modelo de defensa militar y por una concepción militarista de la defensa. Pueden existir otros instrumentos «civiles» y hasta «noviolentos», pero lo serán como complemento del modelo vigente y de sus intereses.

Por tanto, EQUO apuesta por defender los intereses que la defensa militar y de la violencia que promueven  y renuncia a plantear una alternativa noviolenta.  ¿Dónde está la alternativa de Equo?

4.- Plantea una medida «complementaria» a la defensa militar mediante la creación de un «cuerpo civil de intervención y reconstrucción de estados«.

Un amigo ya fallecido, Gonzalo Arias, propuso en su día la creación de un cuerpo noviolento que pudiera intervenir en conflictos para evitar su militarización. Si nosotros entendimos bien el asunto (y conste que con Gonzalo compartimos talleres sobre alternativas de defensa en los que Gonzalo tuvo muy amplia participación) no se trataba de crear un ejército civil y mucho menos un complemento «civil» a la defensa militar, sino de provocar expresiones de ruptura con el militarismo mediante acciones noviolentas que en parte sirvieran para ejemplificar la eficacia de la noviolencia y en parte para sustituir gradualmente la defensa militar por la defensa civil.  Al margen de lo realizable y eficaz o no de tal propuesta, que sin embargo se enmarcaba en la opción por una alternativa de defensa y no por un complemento civil de la defensa militar, lo que ahora se nos propone no es eso, sino un recurso más de la panoplia de intervenciones globales del militarismo.

Por eso mismo, la afirmación siguiente «queremos convertir a España en un activo constructor de paz con capacidades propias enmarcadas en los esfuerzos de la UE y la ONU para resolver los conflictos de forma noviolenta«, que podría en otro contexto ser una propuesta admisible, aparece como una opción complementaria del militarismo.

El tema no es intrascendente, porque ha sido precisamente éste el escollo con el que se han encontrado en las primeras fases del estudio por una alternativa civil a la defensa militar las propuestas del pacifismo de la segunda mitad del siglo XX, por ejemplo las de J.M. Müller y Semelín, que en su avance hacia un intento de alternativa se encontraron que una defensa civil, si es defensa de lo mismo que defiende el paradigma militar, acaba siendo un recurso, un complemento o una opción de la política de defensa estatal bajo el parámetro militar y en realidad no puede ofrecer una alternativa.

5.-   Abogan por unificar las capacidades militares de la UE y en hacer de su poder militar un polo de poder mundial.

Equo, en línea con lo peor del militarismo del grupo verde alemán, claramente apuesta por el ejército y por las políticas europeas. Europa en su panoplia de constitución, luego reducida a otro tipo de instrumentos jurídicos, tiene entre sus propósitos configurar un cuerpo de ejército que le dé poder militar. De hecho tiene más instrumentos de militarización de su política exterior, como es la idea (y práctica) de construcción de una Agencia Europea de Defensa, de Eurocuerpos (algunos de sus inicios ya operativos) de una política semimilitar de fronteras común que patrulla los mareas para que no entren en la frontera interior los inmigrantes y un largo etcétera.

No estamos diciendo que esto sea lo que pretende Equo, pero, como quien dice, por la boca  muere el pez, y pretender un mando único de ejército europeo es decir que queremos un ejército, aunque sea europeo, y aunque sea el ejército de los buenos (si es que los hay) que Equo querría hacer para hacer el bien (con el añadido de que los ejércitos europeos no da la impresión de que se hayan caracterizado precisamente por esto).

Muchos pensábamos (¿soñábamos?) que la alternativa que prometía Equo lo iba a ser también en lo militar.  Sin embargo, parece que, más o menos de rondón, Equo va a iniciarse asumiendo los ejércitos para defender otra ecología y otra equidad.  ¿Acaso piensan que los ejércitos dejan de ser lo que son sólo porque los lleven los ecologistas?  Los ejércitos son uno de los principales emisores de gases contaminantes, de gases de efecto invernadero, las guerras son atentados ecológicos de primer calibre, el militarismo está en contra de los derechos humanos en muchas partes del planeta, el comercio de armas empobrece a estados enteros, la guerra es un atentado a la ética y a los derechos humanos.  ¿Por qué Equo en su primer programa electoral no dice estas cosas y no se posiciona claramente contra ellas?

Una desilusión.  Y quizá algo más:  esto es un claro indicador de que Equo está muy metido en el sistema del que pretenden ser alternativa.  Es decir, una gran contradicción.

6.- Actuación militar basada en la responsabilidad de proteger siempre que se ajuste a la legalidad internacional. Aunque resulta muy difícil entender una retórica tan sutil, detrás de esta afirmación engañosa se encuentra una intención clara: Equo apoya la injerencia internacional y el intervencionismo humanitario. De ello ya dio ejemplo en su apoyo a las tropelías del militarismo occidental en libia (aprovechemos ahora para advertir que a Gadafi parece que e lo acaban de cargar de una forma poco garantista y nada democrática con e apoyo de los ejérctos humanitarios europeos).

Pretender una justificación al intervencionismo militar,  aunque lo sea bajo la excusa de la responsabilidad de proteger, no es sino volver al viejo argumento ya obsoleto de la guerra justa al servicio de los intereses de los poderes que dominan el panorama internacional. No se adivina, frente a esta opción, la política alternativa  de construir metodologías concretas y trasversales de lucha contra la violencia estructural, contra el militarismo, etc.  Parece que poco han aprendido de lo que ha ocurrido en Libia, ¿no se dan cuenta de lo complicada que es ahora, tras el uso de la violencia por todas las partes, la construcción de una verdadera democracia con pluralidad y diálogo?

7. Apuesta veladamente por el control de las políticas de venta de armas y de las empresas militares.

Es imperioso mejorar la coherencia de polí­ticas, especialmente en lo que afecta a la polí­tica de comercio de armas y el control de las empresas militares privadas”.  ¿No podrían haber sido, al menos en este punto, mucho más concretos y taxativos?  Si ya casi todos los partidos están a favor del control de varios tipos de armas, …

8.-   De lo que EQUO no dice  nada es sobre:

  • Las políticas de defensa actuales

1) El gasto militar, si está a favor de incrementarlo, reducirlo, dejarlo como está, 2) Las infraestructuras y patrimonio militar, 3) Deuda militar de 31.000 millones de €, 4) Efectivos y ejércitos, si dejaros, reducirlos, ampliarlos, reconvertirlos, 5) Armamentos y material militar, si dejarlo, usar sólo material defensivo, incrementar el ofensivo, desmontarlo, etc. 6) Planeamiento de la defensa, si hacerlo los militares, el parlamento, con o sin debate social, con o sin intervención social, 7) Si se va a efectuar o no una política de control parlamentaria, 8) Si se apuesta o no por estar o salir de la OTAN y de otras estructuras militares, 9) Si la apuesta de la política de relaciones exteriores, según Equo, debe ser de usar el ejército como el principal argumento o no, 10) Si en sus políticas relacionadas con la defensa se apoya el uso del ejército para operaciones como la defensa de los mercados, los atuneros, la guerra comercial, 11) si apoyan convertir Rota en un punto cardinal del escudo antimisiles americano, etc.

  • Qué es lo que hay que defender.

Si Equo apuesta por la defensa desde la idea militar, de los intereses de España en cualquier lugar, de la patria, etc.;  o si se trata de la defensa de los derechos y conquistas sociales. Debería definir si bajo su idea de seguridad humana (por cierto una idea que maneja el programa del PSOE para definirse por un modelo de defensa militar) se esconde un enfoque desde el paradigma militarista o no.

  • El papel de la sociedad en la defensa 

No señala Equo qué papel tiene la sociedad civil en la defensa. Si ha de haber debate social en torno a la defensa o quedan estos temas reducidos en el secretismo y los expertos, si la sociedad debe articularse como sujeto de la defensa en sus fases de planeamiento, ejecución y evaluación o si ésta debe ser dejada en manos de «técnicos» y «profesionales», si la defensa es lo que se articula en estructuras militares, o si se va a potenciar el papel de la sociedad en sus luchas sociales y su empoderamiento como defensa de los logros sociales, etc. No se aborda nada al respecto de las apuestas noviolentas de defensa, nada de la promoción de la educación para la paz, nada acerca de la permisión o no de la objeción fiscal al gasto militar, del impulso a la cultura de paz, etc.

  • La apuesta por una defensa alternativa.

No aclara Equo si apuesta por un modelo de gradual y progresiva sustitución del modelo militarista de defensa por un modelo noviolento de sociedad y de defensa, quitando poder a lo militar y dotando de poder a la alternativa, mediante estrategias de transarme, o si apuesta por mantener el modelo de defensa vigente.

Equo, en su intento calculado de no levantar ampollas, o quizás llevado por su intima convicción, ha pasado por los temas de puntillas, ha renunciado a reivindicar el pasado pacifista y antimilitarista de la tradición ecologista y pacifista que se supone que es la base de sus posibles simpatizantes, y ha optado por un programa edulcorado que no dice nada de nada pero que leído al detalle dice demasiado, porque por muy maximalista que se sea en algunas posturas de cambio ecológico, no se adivina de qué manera se van a conseguir las transformaciones pretendidas manteniendo posturas tan minimalistas en materias esenciales, como la construcción de una política militarista y violenta o de una apuesta alternativa por una defensa social y noviolenta.

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Los militares se montan un curso sobre seguridad global

Fuente: mde.

Con el rimbombante nombre de «seguridad global y las potencias emergentes en el mundo bipolar», la «Catedra Cervantes» de la Academia General Militar, ha convocado un curso (cerrado) desde el 26 al 30 de julio de 2011 en el palacio de Congresos y Exposiciones de Jaca (Huesca).

El nombrecito del curso se las trae y parte de una premisa bastante discutible: que estamos en un mundo bipolar y necsitado de seguridad (militar) global.

En primer lugar, y por comparación, hay completo consenso en que estuvimos en un mundo «bipolar» cuando competían en una especie de guerra total los dos bloques mundiales de occidente y el bloque comunista, ambos con sus propias alianzas «defensivas» (OTAN y Pacto de Varsovia) y en un aconfrontación total que se llamó «guerra fría», porque las contiendas militares se jugaban fuera del territorio propio de cada bloque, por  medios de guerra tanto clásica como de otro tipo (guerra económica, de baja intensidad, subversión, terrorismo de estado, etc).

Pero una vez  caído el bloque comunista, hablar de mundo bipolar o de mundo multipolar es, en realidad, una falsificación del estado de cosas actual, en donde únicamente existe un apotencia global (Estados Unidos) y, eso sí, algunos países «emergentes» que a futuro tal vez puedan o piensen en disputarle la hegemonía actual.

En segundo lugar, porque pretender una «seguridad» global desde la óptica militarista es una nueva falsificación de la realidad. El militarismo no proporciona seguridad, ni global, ni regional ni de ningún tipo, sino que es la principal fuente de inseguridad y el principal riesgo para el género humano. Donde lo militar se mete a «defender» lo que sea, sabemos que se agudizarán los problemas, que únicamente comienzan a tener solución (reconstrucción, etc.) cuando los militares se largan.

El militarismo, y su pretensión de defensa global no son sino el sistema de agresión más elocuente de la seguridad mundial y se emparejan con catásstrofes, imposición de intereses, depredación del medio ambiente, privación de derechos y libertades, gasto ingente en cosas inutiles, refuerzo del modelo capitalista de mundialización económica insostenible que tenemos, etcétera.

Pero si vemos el plantel de ponencias y de expertos que irán a ese curso, no podemos sino alarmarnos de la falta de pluralidad y de enfoques alternativos con los que el ejército se empeña en adoctrinar a sus oficiales en las peores ideas posibles: El enfoque del encuentro es el habitual desde el punto de vista militar: Hay muchos riesgos porque hay armas de destrucción masiva incontrolados, estados fallidos y terroristas dispuestos a hacer el mal y nuevos mecanismos de guerra cibernética. La solución a todo ello, ejércitos más preparados. Hay energías imprescindibles para el buen funcionamiento del mundo (es decir, del mundo occidental que es el que las consume) y su abastecimiento seguro se convierte en un objetivo de la seguridad militar. Además hay países que empiezan a competir con la hegemonía actual de Estados Unidos y de su alianza OTAN con nosotros (se señalan Rusia, China, India y Brasil) y hay que estar prevavidos porque seguro que tienen malas intenciones (piensa el ladrón que todos son de su condición).

Este enfoque es tremendamente unilateral y simplista y no tiene en cuenta que el factor de mayor desestabilización mundial es la vigencia del paradirma militarista de dominación y violencia, el fortalecimeinto de ejércitos y de armamentos por doquier, la consolidación de un sistema mundial que confunde paz con militarización y con ausencia de guerra, la generación a escala planetaria de un sistema de injusticia que genera desigualdad mundial, conflictos ecológicos, enemistades entre los pueblso, imposicón cultural, dominación política y un largo etcétera.

No se habla de seguridad humana, ni de noviolencia, ni de alternativas al militarismo como modelo global de «defensa».

En el plantel de ponentes de este curso no hay ni un solo pensador alternativo. No aparece ninguno de los que tienen cierto renombre y una visión dirferente (Galtung. Sharp, Laederech, Arcadi Oliveres, Taibo, etc.), ni aparece ningún grupo o tendencia alternativos o con propuestas diferentes.

Ellos definen el campo de discusión, canonizan sus medias verdades y evitan toda discusión con las visiones diferentes. Por algo será.

A lo mejor se merecían que a la puerta del evento hubiera gente denunciando el militarismo.

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Eurolat y la seguridad birregional Europa-América Latina

Bases+fueraFuente: gaceta.mx

Los días 17 y 18 de mayo se reunirá en Montevideo la V Cumbre Plenaria del parlamento Euro-Latinoamericano EuroLat.

Europa y América Latina comparten una iniciativa de relación «birregional» estratégica, la cual entre otros instrumentos cuenta con una cámara de parlamentarios (75 europarlamentarios y 75 parlamentarios de los diversos parlamentos latinoamericanos de integración que son PARLACEN, de Amércia Central, Parlandino, del área Andina y Parlatino, del cono Sur).

Normalmente estar reuniones derivan en la suscripción de resoluciones y declaraciones de diverso tipo y calado, pero con poca eficacia operativa.

En esta ocasión uno de los documentos a debatir versa sobre seguridad y defensa (no es la primera vez) y en el mismo, un bloque importante de parlamentarios latinoamericanos van a introducir enmiendas para desvincular los términos de seguridad y defensa del tema militar y hablar más en términos de seguridad humana y desarme.

Entre las propuestas más polémicas se encuentra la que propone la no proliferación y el desmantelamiento de los arsenales nucleares, la que propone además la revisión de la relación entre américa latina y la OTAN (y pide que ésta última deje de tener injerencia en la región) y el desmantelamiento de las bases militares en América latina, junto con una solución justa para la ocupación británica de las Malvinas.

Nos parece una iniciativa digna de ser seguida y que probablemente hará ver al bloque monolítico europeo que América Latina no quiere hablar en términos de militarismo sino de justicia social en su relación con Europa.

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La OTAN crea un centro de «seguridad energética»

WINnnnnnd

FUENTE: Expansión

La OTAN está dando pasos, como de costumbre, en su ideal de hegemonía militarista. En un documento que tuvo luz pública en mayo («documento OTAN 2020″) se afirmaba que la OTAN debía ampliar su enfoque defensivo hacia una cosa rara que se llama «amenazas no convencionales», donde cabe todo y que es la puerta de entrada a la militarización de todo lo que interese militarizar, en definitiva, toda la sociedad.

Una de las dimensiones que se propone militarizar la OTAN es la energía o, mejor dicho, el desigual acceso a ésta y el dominio euroatlántico en materia energética, lo que incluye cuestiones como la continuidad en el suministro, el control de la producción y precios de la energía, y un largo etcétera.

En la concepción de la OTAN, si vamos al fondo de su planteamiento, la energía es un arma «geoestratégica» y la OTAN debe garantizársela.

Pues bien, dicho este rollete, ahora viene explicar los pasos que se están dando para dotarse de este arma energética y dominarla frente a los demás: el pasado mes de agosto la OTAN ha creado una cosa que se llama División de Desafíos Emergentes (ESCD) entre cuyos objetivos está el análisis de la seguridad energética y la idea de dotarse en un próximo futuro (se piensa que para febrero existirá en Lituania) de un Centro de excelencia de Seguridad Energética que es algo así como la manera operativa de poner en marcha la preparación de la guerra energética.

Al parecer este centro ya se contempla en el documento sobre nuevo concepto de seguridad y defensa de la OTAN que aún está en elaboración y que teóricamente se presentará a la luz pública en octubre.

Todo un ejemplo de remilitarización de la idea de seguridad que justifica la crítica antimilitarista y la lucha por cambiar el modelo de seguridad hacia otro no militarista y de seguridad humana.

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