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El antibelicismo de Gervasio Sánchez y la apuesta por la dolorosa verdad

Death+of+a+surrealist+soldier

Fuente: Ideal

Nos golpean con verdadera clarividencia las palabras de Gervasio Sánchez

«Hay un cinismo brutal por parte de la diplomacia occidental; solo ponen el punto de interés en un conflicto cuando interesa mediáticamente o estratégicamente», dijo Gervasio Sánchez, para quien «el último ejemplo está en la intervención francesa en Mali» ( y mientras lo leemos se nos pasan, como de corrido, las imágenes de las caras de nuestros políticos extractivos, unos votando con fervor en el parlamento español en favor del apoyo militar a Francia, otros votando un «sí critico», otros votando un «sí» de tapadillo, otros absteniéndose porque «tienen poca información» y sólo 18 votando en contra, no estamos seguros si por coherencia o por tacticismo).

Dice el periodista Gervasio «Al final hay un cansancio» de conflictos que se prolongan durante años o décadas, como Sudán, Afganistán o Irak, y una tendencia a obviar lo que pasa y a olvidar a estos países cuando alcanzan la paz y llegan los problemas graves de la posguerra». Y entonces a las caras (duras y militaristas) de nuestros políticos extractivos, se le unen en nuestra cabeza las «duras caras» de nuestras grandes corporaciones de intereses económicos (que por cierto financian la fabricación y venta de armas a esos desgraciados paganos de nuestras guerras) y las de los lideres de opinión y las principales cabeceras de la prensa y los medios de comunicación, que «callan» tan a menudo sobre esas posguerras que dicen del fracaso de la vía de la guerra y de la falsa ayuda humanitaria, del fracaso del militarismo y del fracaso de las altisonantes palabras de políticos e interesados que apostaron antes por la guerra para «preservar la paz», o «por solidaridad» y otros groseros de las palabras más venerables en vano.

Gervasio sigue desgranando su discurso y dice que «de la cobertura informativa de las guerras depende muchas veces de que se decida poner en marcha políticas de ayudas. Deberíamos reflexionar sobre ello porque la guerra no es un espectáculo: es un lugar donde ocurren hechos muy desagradables, donde la gente muere y sufre por razones que desconoce» y cuando oímos esto pensamos en nosotros, la sociedad desmoralizada, aburrida, inconsciente, que de forma obediente y latente apoya la guerra no negándola, no luchado contra ella en nuestro propio escenario, donde se la provee de justificaciones, de material, de intereses.

Para el fotógrafo, «la única verdad incuestionable de la guerra son las víctimas civiles».

No se anda con remilgos y no se deja engañar con los señuelos que los interesados en la guerra, los señores de la guerra nos lanzan para justificarla con el manido y burdo argumento de que «algo hay que hacer». «Incluso cuando tengo dudas de, si me están manipulando o no, me alío con las víctimas» para «intentar mostrar el conflicto a través del dolor o del drama que viven las víctimas civiles, porque así seguramente estaré más cerca de la verdad», explicó.

Porque esa es la más penosa realidad de las guerras: Las pierden las víctimas y las ganan quienes las provocan, incluidos los que desde aquí hacemos por que la guerra y la preparación de la guerra sean la lógica del orden mundial. incluidos quienes aquí apoyamos la existencia de los ejércitos o de la fabricación y exportación de armas. incluidos los que pagamos impuestos que sirven para las guerras o los que miramos para otro lado cuando estas tienen lugar. incluidos los que imponemos a las víctimas un orden mundial que sirve para mantener nuestros privilegios a costa de su propia vulnerabilidad y de provocar violencia estructural fuera de nuestras fronteras.

Gervasio Sánchez con su voz o con su cámara denuncia la maldad de las guerras y el cinismo de quienes permanecen impasibles o fatalistas ante ellas y de quienes, confundiendo el foco, piden más intervención militar donde debería pedirse más protección a las víctimas, más noviolencia y más justicia social.

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¿Cuáles son los riesgos de la sociedad?

Red+Flag

Editado en el periódico Es Hora el 2 de febrero de 2012.

Fuente: Público

Ha afirmado el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Fernando García Sánchez,  según leemos en Público, que «estamos en el mundo más peligroso que hemos conocido hasta ahora» y que los riesgos que amenazan a la sociedad son «los fundamentalismos, los independentismos y el terrorismo derivado de ellos«.

Parece que no se refiere a los fundamentalismos, independentismos y terrorismo (de estado y de los otros) financiados y potenciados por los militares.

La retahíla de mensajes apocalípticos lanzada desde los medios militaristas, incluidos los responsables de los ejércitos, resulta cuando menos curiosa y digna de un estudio más reposado.

¿De qué análisis de la sociedad se puede partir para considerar que los principales riesgos de la sociedad son éstos y no otros? Únicamente caben dos claves, a nuestro juicio, para entender este pensamiento tan catastrofista: una, la lógica amigo/enemigo y la apuesta por una comprensión del mundo en términos de guerra permanente donde sólo cabe aplastar para que no te aplasten. Dos, la apuesta vital por mantener el status quo a toda costa, considerando que éste es el mejor de los escenarios posibles, a pesar de (o sin llegar a comprender) sus muy lastimosos y conocidos efectos perversos sobre los que no tienen el privilegio de estar a este lado de la balanza.

Pero que el mundo sea eso, un inalterable estado de cosas de guerra permanente, donde ganadores y perdedores son el núcleo de la explicación, y la violencia para estar en el sitio deseado el instrumento para conseguirlo; que esa apuesta por el status quo no deba cuestionarse, y que se tenga que aceptar como mal menor el tremendo sacrificio de aplastar cualquier riesgo de cambio de papeles, es algo que no puede mantenerse desde el rigor y la objetividad. Apostar por esa idea del mundo, de los conflictos, del futuro del planeta es una  mera ideología basada en creencias pesimistas y poco contrastables, a pesar de ser una ideología muy compartida por siglos de construcción cultural de la violencia y la dominación y de ejercicio de la guerra y el cinismo como instrumentos de la política.

Es lógico pues que, para quienes ostentan el poder militar y para las élites que disfrutan de los beneficios del poder social y político, y desde una apuesta ideológica militarista, los principales riesgos sean, precisamente, los riesgos a sus intereses, como también es lógico que tiendan a minimizar o eludir los graves problemas éticos de su comportamiento o los datos de la realidad que abundan en la idea de que vamos por mal camino.

Si contemplamos los problemas del planeta en otra escala distinta, lo que en otros artículos hemos denominado Seguridad Humana, los que aparecen como principales problemas son otros y, en la inmensa mayoría de los casos, ni tienen que ver con las apuestas militaristas, ni tienen ningún tipo de solución en ellas, antes bien, lo militar no hace sino complicar más las cosas.

Y ello porque si hay algunos problemas verdaderamente nucleares al planeta y a cada pequeña sociedad, éstos tienen que ver con:

  • lo medioambiental, y más en concreto con el insostenible abuso ejercido por la codicia humana sobre el medio ambiente, abuso que está al borde de poner en peligro la subsistencia misma en el planeta.
  • Los grandes efectos de la desigualdad a escala planetaria, que han puesto en grave amenaza la vida de millones de seres humanos por falta de unos recursos mínimos para vivir dignamente, y en aspectos como el hambre, la salud, la educación, las posibilidades de un techo digno, de un mínimo vital de subsistencia, de libertad, de capacidad de reivindicar sus aspiraciones o de ejercer derechos, etc. Una mirada a diversos instrumentos internacionales, como la carta de los Objetivos del Milenio nos dan una explicación muy elocuente de lo peligroso de la situación.
  • La gran desigualdad humana, el deterioro medioambiental y la mayoría de los conflictos en el mundo, están potenciados por la injusticia estructural que ha generado el actual modelo económico y el orden internacional que preside las relaciones entre los pueblos, así como la lógica de dominación y violencia que preside éstas y la organización de esta lógica  en ejércitos y guerras para asegurarla.
  • El gran argumento de la violencia y la dominación, que constituyen una especie de paradigma de relaciones a escala planetaria y micro en cada sociedad, y que ejerce el papel de marcar tanto los objetivos como las metodologías de la práctica social, pervirtiendo la convivencia y poniendo en riesgo la vida de las personas y del propio planeta.

Gran parte de los fundamentalismos, que el JEMAD vive con tanta alarma, no tienen como principal rostro la figura estereotipada de los fundamentalismos de los otros, sino que engloban el fundamentalismo de otros y el propio, basados en la idea de la superioridad y de la legitimidad de tratar al otro como inferior y someterlo.

El enfoque del JEMAD: existe un fundamentalismo de los otros que conlleva peligro para nuestra seguridad porque deriva en violencia terrorista, contrasta con la realidad de que para muchos pueblos quienes aparecen como fundamentalistas que quieren imponer sus ideas y ponen en peligro, un peligro presente e ilegítimo, sus vidas, somos nosotros, son nuestras prácticas de vender armas a sus élites sin importarnos que las usen contra ellos, de expoliar sus recursos, de aupar a sus dictadores y élites, de promover o consentir la corrupción en sus países, de sostener negocios y estructuras que perjudican los intereses de la gente de allí, de imponerles ideales egoístas, individualistas o creencias que alteran las suyas y no precisamente para ensalzar la dignidad humana.

Pero más sorprendente es que este militar diga que el independentismo es, igualmente, el problema y que su peligro es que deriva en terrorismo. Lo es porque no tiene en cuenta los derechos de los pueblos a decidir autónomamente su futuro. Pero lo es, sobre todo, porque huele a rancio debido a que en España se está abriendo el debate sobre la independencia o no de los pueblos que integran el estado y no parece que la opinión de uno de los máximos representantes del ejército y del poder militar en España al respecto augure nada bueno.

Nuestro ejército sigue mostrando tics que dicen bien poco tanto de lo enterados que están de lo que pasa en el mundo, como de sus referentes ideológicos y del papel que pretenden jugar en el propio debate social en España.

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Comunicado conjunto de Utopía Contagiosa y Ecologistas en Acción sobre la intervención en Mali

Peace+is+Just+a+WordLa intervención militar no es la solución a la crisis en Malí

 Ecologistas en Acción y Utopía Contagiosa recalcan, una vez más, que la solución a las crisis que está viviendo África (Malí en este caso) no viene de la mano de una escalada militar y, mucho menos, del intervencionismo de la antigua potencia ocupante: Francia. La solución pasa por el cambio de las políticas internacionales hacia un nuevo orden jurídico internacional justo y solidario y la desmilitarización de las prioridades e instrumentos de la acción política. Además, denuncian que los objetivos de Francia no son humanitarios, sino de acceso a recursos (sobre todo el uranio) y de sostenimiento de su influencia en la región.

 Con el apoyo de la OTAN y Estados como Canadá, Bélgica, Dinamarca, Alemania y España, Francia se ha lanzado a una supuesta misión de pacificación en Malí que, en realidad, busca mantener al actual Gobierno de Bamako en el poder y preservar los intereses occidentales, particularmente de Francia, en la región.

 Malí es el tercer productor de oro de África, con prospecciones a gran escala. Recientemente se han encontrado grandes reservas de uranio (no hay que olvidar la fuerte dependencia de la energía nuclear por parte de Francia) y también petróleo, además de otros recursos naturales como piedras preciosas. La extensión del islamismo supone un desafío al acceso occidental a estos recursos y una potencial fuente de desestabilización de la zona. Además, China ha aumentando notablemente su influencia en toda África en los últimos años. Mantener la influencia francesa frente a la islamista y la China para el control de los recursos malieses es, a juicio de las organizaciones ecopacifistas, la razón real de la intervención francesa.

 Malí es uno de los países más pobres del mundo, con una renta per cápita de unos 1.500 dólares por año. Alrededor de la mitad de su población vive con menos de 1’5 dólares por día. Sin embargo, lo que está haciendo Francia no tiene nada que ver con revertir esta situación, más bien al contrario.

 Malí se ha convertido en uno de los Estados más empobrecidos del planeta como consecuencia de su expolio histórico. Antes de la conquista por Francia, suministró a las potencias europeas oro y esclavos/as, entre otros recursos. Pero es tras su colonización cuando su explotación creció a manos de la metrópoli. Tras la descolonización, Malí pasó a ocupar un lugar periférico en la economía global. Esto se ejemplificó, por ejemplo, en que en 1988 la deuda externa de Malí representaba el 125% de su PIB y el 25% de su presupuesto estaba destinado a pagar la deuda externa. Su incapacidad para devolver la deuda hizo intervenir al FMI, que impuso un duro programa neoliberal (privatización de la banca, disminución de la administración del Estado, obligación a la venta de empresas estatales, …). Estas políticas no mejoraron la situación de la población y la inestabilidad económica conllevó una inestabilidad política con continuos golpes militares. A partir del año 1992, los tuaregs fueron objeto de una fuerte persecución política, que provocó el éxodo de más de 120.000 tuaregs dispersándose por Argelia, Mauritania, Burkina Fasso y Níger. Esos mismos tuaregs son quienes ahora están en guerra contra el Gobierno de Bamako y a los que Francia quiere derrotar.

 La situación de expolio, aunque la deuda externa de Malí ha bajado considerablemente, no ha concluido. Por ejemplo, actualmente se están produciendo ventas de tierras por parte del Gobierno a países y multinacionales en las orillas tanto del río Senegal como del Níger. Ventas que están redundado en un empobrecimiento de la población al privarles de sus medios de subsistencia.

Malí no tiene un gobierno respetuoso de los derechos humanos ni con un programa político enfocado al bienestar de su pueblo, sino un gobierno militar, fruto de un golpe de estado, que derrocó hace poco menos de un año al presidente electo de aquel país cuando quiso resolver de forma negociada los impulsos autonomistas de los tuareg del norte del Estado.

De este modo, para Utopía Contagiosa y Ecologistas en Acción las políticas que tendría impulsar Francia en Malí deberían partir de una asunción de su responsabilidad en el empobrecimiento del país y suponer una ayuda para que la población tenga unas condiciones dignas de existencia sin agotar sus recursos. Al igual que en Europa, la salida de la crisis en Malí pasa por apostar por medidas que busquen la justicia social en equilibrio con el planeta y no en redundar en la masacre de la población.

Es por eso que las organizaciones ecopacifistas hacen un llamamiento a los colectivos sociales y políticos españoles, y a la población en general, para que exija, por medio de la movilización y la lucha social, al Gobierno español el cambio de política hacia el conflicto maliense. Este cambio debe ir en el sentido de presionar a la comunidad internacional hacia la desmilitarización del conflicto y el apoyo a políticas de responsabilidad social, de reparación del expolio colonial, de inversión en el bienestar de la población y de sostenibilidad.

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Bienvenid@s

Esta es nuestra primera entrada en el nuevo blog de Utopía Contagiosa.

Esperamos que nuestros esfuerzos por poner más información a vuestra disposición, y de forma más ordenada, en el menú de la cabecera os sean útiles.  Hablando de esfuerzos, es necesario que aquí conste nuestro agradecimiento a Javier Rois (por temas de gestión de imágenes) y a Javier Martín por enseñarnos con paciencia y maestría a abrir y usar un hosting y a administra un blog como este.

También deseamos que os guste el diseño de esta nueva página.

Confirmamos nuestro compromiso de información diaria (o casi) desde una perspectiva antimilitarista y noviolenta.

Ojalá os animéis a participar con comentarios.  También estamos dispuestos a publicar artículo de aquella gente que se anime a redactarlos (siempre y cuando lleguemos a un acuerdo previo).

Bienvenid@s, que lo disfrutéis y que os sea útil.

Un abrazo.

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