Archive for militarización y cambio climático

Cambio Climático S.A.

Por Fuhem Ecosocial

Fuente: FUHEM.

Nos ha llamado mucho la atención el libro que publica Fuhem Ecosocial con el título “Cambio climático SA“.

Se trata de una traducción de un texto elaborado por varios autores y publicada inicialmente por el Transnational Institute,  una prestigiosa ONG reconocida como entidad consultiva por el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de la Organización de Naciones Unidas.

Nos dice la página de Fuhem:

Los autores del trabajo documentan meticulosamente cómo los ejércitos y las corporaciones, con el consenso de ciertos grupos políticos, buscan hacer del cambio climático un gran negocio del que lucrarse, mientras profundizan la exclusión de las y los desposeídos, expuestos a las peores consecuencias.

El vínculo de la cada vez más expansiva idea de securitizar todo, y la consiguiente militarización ideológica y práctica que supone, con el cambio climático, viene a suponer una (una mas) de las dimensiones del militarismo global y de la estrategia de dominación y violencia de sus promotores. Porque habría un abordaje del cambio climático alternativo, desde el enfoque de los derechos humanos, de los derechos de los perdedores, o de la seguridad humana, por ejemplo, que nos permitiría llevar a cabo políticas alternativas a las que ocupan la agenda mundial sobre cambio climático.

Advierte en el prólogo al respecto el Director de Fuhem Ecosocial, Santiago Álvarez

De ahí que la adaptación militarizada al cambio climático no signifique otra cosa que la respuesta a esas amenazas con ejércitos y fuerzas de seguridad privadas con la doble misión de fortificar archipiélagos de prosperidad en medio de océanos de miseria y expulsar de sus hábitats a una fracción de la humanidad calificada de sobrante o prescindible

Añade en su prólogo a la edición inglesa Susan George

… los pensadores cooptados actuales, tanto civiles como militares, todavía dicen a las clases dominantes lo que quieren escuchar. Quieren oír que hay cientos de millones, o quizá miles de millones, de personas innecesarias, superfluas, inútiles, non gratas y desechables con las que el planeta no puede permitirse cargar. Por tanto, para mantener el orden, la disciplina y la sociedad humana en un punto manejable, es moralmente permisible cualquier medio que se considere necesario.

El cambio climático es el telón de fondo y la próxima causa de esta ofensiva, al igual que su justificación. Requerirá una racionalización con una nueva retórica conducida por un lenguaje acorde, pero los neoliberales han estado ya adoctrinando a expertos en esos asuntos en innumerables think tanks.

y

Lo que trato de decir es que la gélida lógica de la clase dominante no va a cambiar de dirección. El mundo como lo conocemos se sumergirá a partir de ahora en una situación en la que el cambio climático se sitúa en el centro. Pero también tenemos la certeza de que el capitalismo no se rendirá, y no solo hablamos de las corporaciones de hidrocarburos. Al revés que la gente corriente, a los «amos del universo» no se les ordenará que «se adapten» o que se hagan «más resilientes». Nosotros, no ellos, somos la variable que obligarán a ajustar.

Precisamente esta nueva perspectiva es la que, en nuestro criterio, justifica la unión de luchas e ideologías ecologistas y antimilitaristas, dos caras de una misma moneda, para enfrentar de forma coherente este escenario de horror y dominación para el que la élite poderosa ya ha preparado sus ejércitos y políticas de seguridad.

El libro se estructura en tres grandes partes.

Una primera parte, “La agenda de seguridad”,  nos ofrece una visión de la convergencia entre neoliberalismo, cambio climático,  militarización y el enfoque militarista de la idea de “seguridad” que se maneja para abordar el cambio climático desde las élites.

Una segunda parte, “¿Seguridad para quién?”, en la que se aclara que esta nueva agenda de cambio climático tiene actores privilegiados (empresas transnacionales y estados), ganadores y perdedores, y analiza algunos nuevos escenarios de la conflictividad climática (entre otros el tema de las fronteras, el de las crisis de los refugiados o el del complejo militar industrial)

Y una tercera parte, “Acumulación por desposesión”, en el que se reflexiona críticamente en torno a los discursos de securitización y militaristas de las grandes corporaciones y de los Estados en torno a las problemáticas referidas a la crisis climática (alimentación, agua y seguridad energética entre otros).

El libro acaba con un capítulo de conclusiones donde se proponen resistencias y algunas alternativas de lucha.

Desde luego el texto merece una lectura reposada y un análisis más sereno, que intentaremos hacer próximamente, y plantea un gran desafío para nuestra perspectiva antimilitarista: el de participar de la construcción de esa alternativa global, también en este escenario de crisis climática.

 

Share

La apuesta antimilitarista como prioridad en la lucha ecologista

Coido+en+provincia+de+A+Coru%C3%B1a

Por Manuel Calavera

Fuente: La Tarcoteca

Por medio de este blog hemos tenido acceso a un artículo (en inglés) titulado “Environmentalists Are Ignoring the Elephant In the Room: U.S. Military Is the Worlds Largest Polluter” y publicado en WashingtonsBlog, que explica por qué es esencial a la apuesta ecologista el enfoque antimilitarista y la lucha contra los ejércitos como uno de los primeros agentes contaminantes y promotores del desastre ecológico en que vivimos.

Con cita de diversos medios más o menos oficiales, el artículo explica que los ejércitos y la industria bélica son las industrias más contaminantes del planeta y que pugnan cada vez más por un control “sucio” de los recursos y materias primas.

Por poner un ejemplo, cita fuentes de Newsweek en un reportaje de Alexander Nazaryan de 17 de julio de 2014 titulado “The US Department of Defense Is One of the World’s Biggest Polluters”, publicado en Newsweek, que se refieren a EEUU y que nos puede ofrecer una idea del devastador efecto del militarismo sobre el medio ambiente:

El Departamento de Defensa de EE.UU. es uno de los peores contaminadores del mundo. Su huella empequeñece a la de cualquier corporación: 4.127 instalaciones repartidas en 19 millones de acres de suelo americano [unos 76.900 Km2]. Maureen Sullivan, que dirige los programas ambientales del Pentágono, dice que su oficina se encarga de 39.000 zonas contaminadas.

Camp Lejeune es una de los 141 zonas contaminados financiado por el Superfondo del Departamento de Medioambiente, que han sido clasificadas para recibir subsidios especiales de limpieza del gobierno federal. Esos sitios son aproximadamente el 10% de todos los sitios Superfund (sitios especialmente contaminados) de Estados Unidos, lo que indica que fácilmente contamina más que cualquier otro. Si ampliamos la definición más allá de las instalaciones del Pentágono, cerca de 900 de los 1.200 o más sitios Superfund en América son instalaciones militares abandonadas o sitios que de otro modo apoyan necesidades militares.

Otro articulo de Emerson Urry, de 15 de febrero de 2016, publicado con el nombre de “The Department of Defense Is the Third Largest Polluter of US Waterways” en Truth-Out, afirma que

el ejército de EEUU es el tercer mayor contaminador de las vías navegables de EEUU

Y en The Washington Post, publicado el 20 de mayo pasado por Cralg Whitlock y Bob Woodward con el nombre de “At the Pentagon, overpriced fuel sparks allegations — and denials — of a slush fund“, se nos explica el tremendo consumo de combustible del ejército estadounidense,el primer consumidor del mundo y aporta una terrorífica gráfica al respecto

 

Según este artículo

El Departamento de Defensa es el mayor consumidor individual de combustible en el mundo. Cada año compra cerca de 100 millones de barriles de petróleo refinado para sus aviones, buques de guerra, tanques y otras máquinas. El pentágono ha acumulado un superávit de $ 6 billon desde 2010 por sobrecompra de las fuerzas armadas de combustible

En Diciembre de 2009, Sara Flounders, en “Winner of Project Consored top 25 articles for 2009 – 2010 news stories: Pentagon’s role in global catastrophe“, del International Action Center, reflexiona

El hecho de que el ejército estadounidense sea una de las mayores fuentes mundiales de C02 es un secreto abierto del que nadie se está ocupando. Si el C02 provoca el calentamiento y el ejército es uno de los mayores productores de C02, entonces cualquier conversación sobre el cambio climático que no incluya a los militares no es más que aire caliente

También Ban Ki Moon, en 2014 (por aquel entonces era Secretario General de la ONU)  afirma en  el texto “Wats´s the environmental impact of modern war?” publicado en The Guardian que

El medio ambiente ha sido durante mucho tiempo una silenciosa víctima de la guerra y el conflicto armado. Desde la contaminación de la tierra y la destrucción de los bosques hasta el saqueo de los recursos naturales y el colapso de los sistemas de gestión, las consecuencias ambientales de la guerra suelen ser generalizadas y devastadoras.

Podríamos extender las citas, los estudios y los aspectos relacionados con la seguridad ecológica que los ejércitos, su actividad, sus objetivos de dominación, destruyen constantemente. Sería redundar en una idea que, a pesar de ser obvia, no es operativa. No sirve para mover ni un milímetro las agendas políticas y las propuestas a favor de un planeta más sano y sostenible.

Es curioso. El primer contaminante mundial, el primer causante del desastre ecológico, el pilar a su vez que garantiza con el uso de la guerra o la amenaza de hacerla, el escenario de dominación-depredación que padecemos, no aparece en los tratados sobre el clima.

La actividad militar, tan depredadora, no sólo no está prohibida, sino que, por si faltara algo, está exenta de cualquier compromiso climático y de cualquier mirada crítica.

Y es más curioso aún comprobar como el discurso oficial de los centros de estudio, de los centros bienpensantes e incluso de los principales lobbys pro-ecológicos del planeta no introduzcan en su agenda de prioridades acabar con el militarismo, frenar la actividad militar, impedir su efecto contaminador, evitar la guerra y su preparación.

Es muy curiosa la desconexión de un sector muy importante del ecologismo con la lucha antimilitarista.

Contamos con un claro mapa que señala uno de los principales focos del mal está en los ejércitos y la actividad bélica, pero miramos para otro lado procurando evitar roces con el potente lobby militar y de las industrias de la guerra.

Muy,  pero que muy sospechoso.

El ejército y el militarismo odian la ecología y abominan de un planeta sostenible, pero se valen de una propagandística difusión de una ecología ad hoc que sirve a sus intereses y presionan para que cualquier compromiso climático los deje fuera de limitaciones y reglas de juego.

Con razón el presidente promilitarista de EE.UU. sirve a esta coherencia y mientras aumenta el presupuesto militar y redefine la política exterior imperial para vencer en cualquier guerra y ante cualquiera que se les cruce, reduce a la nada cualquier compromiso climático. Es de suyo.

Share

Los riesgos de la sociedad: dos enfoques contrapuestos (Defensa Militar y Seguridad Humana)

Imagen de Robert Reimer

Fuente:  DSN

Desde hace una docena de años el Foro Económico Mundial publica sus informes Global Risks Report.

Nos ocupamos hoy del Informe sobre los Riesgos Globales de 2017.  En él han participado 750 expertos y se centra mucho en el caso estadounidense. Tan sesudo informe no se queda calvo al apostar por los riesgos más probables que se presumen para este año:

La edición de 2017 señala, como aquellos riesgos de mayor probabilidad de que ocurran, los sucesos derivados de una climatología extrema, los flujos migratorios no voluntarios a gran escala, los grandes desastres naturales, los ataques terroristas a gran escala, y los incidentes de robo o de fraude masivo de datos.

En función del grado de impacto, los cinco riesgos identificados son, por este orden, las armas de destrucción masiva, los sucesos derivados de una climatología extrema, las crisis relacionadas con el agua, los grandes desastres naturales y el fracaso en la mitigación y adaptación de los efectos del cambio climático.

Todos ellos se pueden abordar, si lo pensamos con detenimiento, por métodos no militares de manera más efectiva que mediante armas, guerras y ejércitos.  Son más propios de un enfoque de seguridad humana que de un enfoque militar.  Sin embargo, desde DSN, el Departamento de Seguridad Nacional, un apartado de Presidencia de Gobierno, preferirían convencernos de que lo fundamental es que sigamos usando las mismas metodologías fallidas contra problemas que son incapaces de resolver.  Como vemos una visión muy contradictoria la del Gobierno español.

El Global Risks Report 2017 se estructura en tres partes: el paisaje de los riesgos globales, los desafíos políticos y sociales, y la gestión de la cuarta revolución industrial.

El paisaje de los riesgos globales
En el informe Global Risks Report 2017 se destaca una significativa y creciente interrelación de los riesgos sociales, económicos y políticos. El informe resalta cinco áreas de riesgos globales, para las que se precisa una acción urgente:

Crecimiento económico y reformas del mercado capitalista: Desde el comienzo del siglo XX, y hasta la década de los ochenta, la desigualdad ha disminuido en los países industrializados. Sin embargo, en los últimos años, y particularmente, entre 2009 y 2012, los ingresos económicos del 1% de la sociedad más rica en los Estados Unidos ha crecido más del 31%, en comparación con un crecimiento de apenas el 0,5% del 99% del resto de la población.
De esta forma, la desigualdad es percibida como la tendencia más importante para los próximos diez años.
Reconstrucción de la sociedad: Décadas de cambio rápido social y económico han ampliado la brecha generacional y han amplificado determinados asuntos relacionados con la identidad nacional y los valores culturales.
La política está siendo definida, de forma cada vez más intensa, por un clima de “post-verdad”. Esto se traduce en una corriente de debate político que tiene como objetivo la división de la opinión pública. El desafío será saber encontrar formas inclusivas para tender puentes allí donde exista una división cultural, y preservar los derechos del individuo.
Gestión de la disrupción tecnológica: La tecnología está trasformando el mundo de forma radical y moldea los riesgos a los que hacemos frente. Aproximadamente, el 86% de la disminución de empleo manufacturero en los Estados Unidos entre 1997 y 2007 fue debido a la automatización, en comparación con menos del 14% debido al comercio.
Con la mitad, al menos, de todos los puestos de trabajo en riesgo, debido al rápido cambio tecnológico, la naturaleza del trabajo en sí mismo está en transformación. Resultan necesarios nuevos sistemas colaborativos para minimizar el riesgo de una dramática disrupción social y de una disparidad creciente de ingresos.
Fortalecimiento de la cooperación global: El año 2016 ha sido testigo de signos repetidos de una disminución del compromiso para la cooperación global, y del resurgimiento de un interés en la adquisición de capacidades militares a nivel nacional. El progreso hacia la adopción de acuerdos comerciales multilaterales se ha ralentizado. Algunos veredictos prominentes emitidos por tribunales internacionales han sido rechazados. Lo anterior refleja la pérdida de confianza en los mecanismos de seguridad colectiva.
Un área de particular interés es la relativa a los riesgos medioambientales. El Acuerdo de París ha sido ratificado por más de ciento diez países. Sin embargo, la situación permanece crítica. Los últimos dieciséis años han estado entre los diecisiete más cálidos de la historia, desde que se disponen de registros. Para limitar el riesgo de catástrofes derivadas de los efectos del cambio climático resulta necesario mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC. Para ello, las emisiones de CO2 han de ser reducidas entre un 40 y un 70% antes del año 2050, y eliminadas por completo en 2100.

Desigualdad, inclusividad, empleo, cooperación y medioambiente.  Estos son los riesgos que establece el informe.  ¿Pueden los ejércitos y las intervenciones militares fuera de frontera hacer algo contra estos riesgos?  Nos parece que lo único que hacen, de continuo, es agravarlos.

Desafíos políticos y sociales
La segunda parte del informe Global Risks Report 2017 pone el foco en tres riesgos relacionados con la dimensión política y social.

El primero de los tres “riesgos en foco” considera tres razones principales que ponen en desafío el actual orden liberal. En concreto, el impacto de la disrupción tecnológica, la profundización de la polarización social y cultural y el surgimiento del debate político denominado “post-verdad” generan inquietudes sobre cómo hacer el crecimiento económico de forma más inclusivo y cómo reconciliar la identidad nacional con una sociedad cada vez más diversificada.
El segundo riesgo está relacionado con el funcionamiento de la sociedad y la política. Muestra una tendencia de estrechamiento del espacio cívico, que se materializa en ejemplos concretos tales como la disminución de la inversión pública en iniciativas de carácter cívico-social o humanitario.
En tercer lugar, una de las causas del aumento en la desafección del status quo político y económico es que los sistemas de protección social se encuentran cercanos a su punto de ruptura. Este factor, unido a la disminución de los sistemas de protección social de los trabajadores, sugiere la necesidad de una aproximación innovadora  para rellenar el hueco existente entre la masa social y la protección que la administración puede proporcionar.

¿No sería una buena opción disminuir los gastos militares para poder rellenar el hueco existente, cada vez mayor, entre las necesidades de protección social de l@s ciudadan@s y la cada vez menor inversión pública en estas necesidades?  Parece que últimamente el Estado sólo gasta en protegerse.

Gestión de la cuarta revolución industrial
La cuarta revolución industrial fue el tema central del foro Davos 2016. Este término hace referencia a la transformación global producida por el fuerte avance digital. Se trata de un auténtico tsunami tecnológico que provoca un efecto disruptivo y acelerador al que se ve sometido la sociedad actual.
En el informe de 2017, la cuarta revolución industrial se presenta como un desafío a la gobernanza, por la dificultad de sus procesos asociados de adopción de normativa, estándares internacionales, instituciones y otros mecanismos requeridos para modelar el desarrollo de la tecnología de forma apropiada.
La regulación de los rápidos desarrollos tecnológicos es una tarea muy compleja y desigual. Así, mientras que existen áreas emergentes, como la biotecnología, que está altamente regulada, pero a una velocidad de avance muy lento, encontramos otras, como por ejemplo la inteligencia artificial, que apenas se encuentra gobernada.

Nuevamente el enfoque es estatista y no ciudadano.  A los Estados les interesa, sobre todo, la regulación para proteger sus intereses.  A l@s ciudadan@s les interesa, sobre todo, poder utilizar las nuevas tecnologías para fomentar y apuntalar derechos sociales, para campañas de solidaridad.

Como se ve, podríamos estar de acuerdo en los riesgos, aunque nosotros incluiríamos uno más con muchas facetas:  el gasto militar, los ejércitos, la producción y venta de armas, el despilfarro militar,…  Pero a la hora de proponer soluciones la divergencia es total:  el Estado y sus expertos se quieren proteger, la ciudadanía queremos ejercer y conquistar derechos políticos, económicos y sociales.

Share

1.729 conflictos ambientales son parte del coste militar

Imagen de www.fuhem.es

Fuente:  Diagonal.

Nuestro mundo es injusto en muchos aspectos, uno de ellos es nuestra relación con la naturaleza, que nos da sus bienes y de la cuál abusamos y, en efecto bumerang, nos devuelve los daños que le causamos.

Los conflictos ambientales son provocados y causan violencia estructural, directa y cultural.  Por ello es importante, desde el punto de vista de las guerras, tenerlos en cuenta, pues generan guerras, las empeoran, las prolongan, …

Nos hacemos eco del Atlas de Justicia Ambiental realizado por la Universidad Autónoma de Barcelona, Ecologistas en Acción y otros.  Hasta ahora han contabilizado 1.729 conflictos.

Cuando hablamos en nuestro estudio “Gasto militar 2016” de las implicaciones que tiene la ecología con respecto a los conflictos armados lo relacionamos, también, con el concepto de gasto militar, en el cual incluimos, como parte inherente, el concepto de coste militar (a partir de la página 29)

El concepto de coste militar implica un esfuerzo por cuantificar el peso global que parala sociedad tiene la estructura de defensa organizada por los estados, más allá del purogasto presupuestario que comporta año tras año. 
Nuestra insistencia en referir el coste militar, más allá del gasto, es dar a conocer a la sociedad la enorme repercusión de la organización militar de la defensa en nuestras vidas y en la pérdida de oportunidades de desarrollo de un mundo diferente
El coste militar, por tanto, incluiría diversas magnitudes:
1) El coste económico que supone el gasto militar, 
2) El coste de vidas humanas de las actividades militares,
3) El coste sanitario, de asistencia y protección a los heridos colaterales y militares en los conflictos,
4) El coste de atención a refugiados y desplazados y de los campos de concentración,
5) La deuda ecológica que comporta la guerra y la actividad militar, incluido el efecto contaminante de los ejércitos, uno de los principales agentes de emisión de materias y gases nocivos,
6) El coste de los conflictos bélicos en el tejido productivo de los territorios
victimados por ellos,
7) El empobrecimiento de las poblaciones que sufren las intervenciones militares
8) El coste de la desestructuración social que incorporan los conflictos bélicos y prebélicos
9) El coste educativo y cultural que suponen las guerras, lo que incluye también la destrucción del patrimonio humano y natural
10) La violencia estructural de las relaciones internacionales y económicas (entre primer y Tercer Mundo), el apoyo militar continuado a regímenes dictatoriales y que norespetan los derechos humanos, la continua exportación de armas a estos países, etc..,
11) La violencia estructural que se genera en los países del primer mundo (por ejemplo España) como consecuencia del mantenimiento de un sistema de defensa enfocado a la preparación de la guerra,
12) El enorme coste de pérdida de oportunidades. Cuando nuestros limitados recursos son dedicados a lo militar imposibilitan usarlos en lo que realmente interesa a los ciudadanos: sanidad, educación, vivienda, cooperación internacional, etc. El ocultamiento del gasto militar en otros ministerios está forzando una situación continuada de violencia estructural porque significa la militarización de la I+D+i enEspaña, porque aumenta desorbitadamente la deuda,
13) El déficit de los presupuestos con el malgasto que supone en inversiones armamentísticas, etc.
14) El coste de la violencia cultural que provoca este modelo de resolver los conflictos de manera violenta mediante invasiones, guerras, generación de gigantescos ejércitos y producción de armas,
14) El coste de la venta de armas en la generación de conflictos,
15) El coste del añadido despilfarro militar,
16) El coste de desarrollo humano y el alejamiento de la consecución de los Objetivos del Milenio (ahora Objetivos de Desarrollo Sostenible) que supone invertir (o malgastar, sería más exacto decir) recursos limitados que no se pueden utilizar en asuntos de impacto social positivo

La relación entre militarización, guerra y conflictos ecológicos nos parece, por consiguiente, razonable.

 El mapa se puede consultar en la siguiente dirección:  https://ejatlas.org/

El atlas permite, por el momento, búsquedas de conflictos por países, por la mercancía o tema objeto del conflicto –el derecho al territorio es el tema con más conflictos relacionados por todo el mundo, con 495 casos mostrados en este mapa, seguido por el agua, con 300 casos–, o por empresas –Shell, Nigerian Petroleum Corporation y Chevron son las que aparecen con más conflictos relacionados–.

En los tiempos que corren parece que no hay salida, pero este mapa muestra el empoderamiento de la sociedad y el papel que la sociedad civil toma”, ha señalado Samuel Martín-Sosa, responsable del área internacional de Ecologistas en Acción

Cuando usas el mapa y haces zoom en España la situación se agrava.  Si comparas con la vecina Francia, nuestro país está plagado de conflictos ambientales, si miras a Marruecos, igual, si miras a Italia los conflictos son menos, etc.

Conclusión:  en España aún no tenemos conciencia de lo necesario que es el respeto al medio ambiente.

Share

Guerras y cambio climático, dos caras de la misma moneda

Imagen de Víctor Hugo García Ulloa

Fuente:  Cambio Climático y Pobreza.

Está archicomprobado que tanto el cambio climático como las guerras generan problemas sociales, económicos y políticos que producen migraciones gigantescas.  Pero, ¿se interrelacionan ambos procesos?

Por nuestra parte, en el estudio sobre Gasto Militar 2016, a partir de la página 40, hemos desarrollado, un poco, los impactos que producen las guerras sobre el Medio Ambiente.

En la noticia que comentamos se preguntan si el cambio climático exacerba las guerras:

Otro aspecto que genera bastante controversia y que también se ha tratado durante la UNEA es el papel que juega el cambio climático en la exacerbación de conflictos armados, un tema muy debatido en el caso de Siria.

“El conflicto sirio -comenta- no tuvo su origen en el cambio climático, pero Siria sufrió una sequía de cuatro o cinco años que provocó migraciones masivas del campo a las ciudades” y eso generó desigualdades y aumentó el malestar entre una población que ya daba signos de rebelión.

No es fácil determinar hasta qué punto estas sequías -o las inundaciones, el deterioro de las tierras, etc.- son causa de los ciclos naturales del clima de determinadas regiones o del proceso de cambio climático que experimenta el planeta. Y mucho menos establecer un vínculo directo entre estos fenómenos y los conflictos armados, aunque sí hay ejemplos que se dan en todo el mundo, como los enfrentamientos entre tribus ganaderas seminómadas y agricultores por la creciente escasez de agua.

Por ello, Traoré considera que hacen falta “más pruebas, datos concretos, estadísticas y también más análisis cualitativos” para que los gobiernos “tomen más en serio” el problema y tengan las herramientas adecuadas para orientar sus políticas de protección.

Parece que esta postura tan poco tajante se podría complementar con otras:

1.-  El cambio climático podría promover guerras por el acceso a los recursos naturales.

2.-  Un estudio relaciona la sequía y el cambio climático con la guerra de Siria.  En él se advierte que el calentamiento global triplica el riesgo de conflictos como el de Siria en la región.

3.-  Cambio climático y guerras.  Donde se dice que un estudio de la Universidad de California pronostica que un aumento de la temperatura de la Tierra en 1ºC haría que la probabilidad de guerras en el África subsahariana aumentase en un 50% en 2030.

El argumento principal de los investigadores que firman el estudio es que cualquier cambio de temperatura afectará a las cosechas lo que repercutirá, de manera muy especial, en los países de África subsahariana que dependen, principalmente, de la agricultura y la ganadería. Cuando las temperaturas se eleven, la supervivencia de muchos africanos estará en peligro y, consecuentemente, los más empobrecidos no dudarán en tomar las armas.

4.-  El artículo “Guerras, el efecto oculto del cambio climático” publicado por MIT Technology Review, nos da muchas más ejemplos de que el cambio climático ha producido guerras (Siria, Sudán, Irak, por ejemplo).

Para cerrar el listado incorporamos la opinión de Ecologistas en Acción que proclama que hay que luchar contra el cambio climático para luchar contra las guerras.

Como ven, un círculo de lo más vicioso.

Share

La inutilidad de la guerra para conseguir recursos energéticos

Imagen del Colectivo Desazkundea (Decrecimiento)

Fuente: The oil crash.

Muy interesante el artículo que analiza la rentabilidad energética de la guerra.  Es un enfoque necesario y que aúna a dos sectores,  pacifistas y ecologistas, que siempre han tenido muchísimas razones para caminar juntos.

Lo hace desde el punto de vista de la Tasa de Retorno Energético (TRE)

entendida en este contexto como la ganancia de energía que consigue un país que va a la guerra comparada con la energía que consume en esa misma guerra.

El autor tiene muy claras las implicaciones éticas de la guerra:

Desde un punto de vista ético hablar del rendimiento o beneficio de la guerra parece de un cinismo insoportable, pues por encima de todo la guerra es muerte, heridos, destrucción, epidemias, hambre, familias deshechas, ilusiones perdidas, caos, pérdida de civilización… No hay nada heroico en la guerra por más que la propaganda la glorifique, y pensar en la guerra en términos del propio beneficio es deplorable. Y sin embargo, las guerras se hacen siempre para ganar algo, y la mayoría de las veces (si no son todas) el beneficio pretendido es bastante tangible y material, incluso prosaico.

Además, reflexiona sobre los beneficios de las guerras y sobre la desinformación, interesada, que se produce sobre ellas:

Por otro lado, discutir sobre el beneficio material de la guerra puede ser útil si se puede mostrar que tal beneficio material no se realizará, porque no es alcanzable o porque simplemente no existe. De hecho, a medida que nuestra civilización vaya consumando su previsible tránsito de descenso energético, las sucesivas guerras serán cada vez menos interesantes desde el punto de vista del beneficio. Incluso, pasado un cierto punto (el de los rendimientos decrecientes) ir a la guerra acelerará nuestro camino hacia el colapso, en vez de retardarlo.

Y concluye sus razonamientos con este párrafo:

Como ven, ningún tipo de guerra sale a cuenta en el largo plazo, y en realidad la más rentable es la más banal, el saqueo. Si nuestra sociedad tienen que confiar en la guerra como manera de mantener su supervivencia (aunque cínicamente nos negaremos a aceptar que es por eso que se libran estas, nuestras, guerras), entonces seguramente no merece la pena que nuestro modelo social sobreviva. Piense en esto, querido lector, cuando los tambores de la guerra empiecen a sonar, alegres, cerca de su casa.

En su relato distingue tres tipos de guerras:

1.-  Guerras de saqueo.

Es el tipo más sencillo y básico de acción bélica, y también el que tiene la TRE más elevada. El atacante asalta un determinado territorio con la intención más o menos declarada de pillar todo lo que pueda. No se trata de mantener una posición, sino de coger el botín y salir corriendo. Este tipo de conflictos suelen tener tamaños limitados, no siendo propio de estados-nación sino de bandas mercenarias, piratas y similares. Ejemplos históricos de este tipo de guerras serían, a pequeña escala, las que emprendieron los vikingos sobre toda la costa norte de Europa o la de los piratas en los siete mares, pero naciones mayores lo han mantenido como modo de financiación; por ejemplo, la España de los siglos XVI y XVII financiaba sus tercios, prácticamente mercenarios, con el pillaje y saqueo de las poblaciones conquistadas (en ciertas partes de Europa son muy recordados algunos “sacos” históricos).  (…)

Podemos hacer una estimación de la rentabilidad del saqueo en función del tiempo de recurrencia: cuanto más tiempo pase entre saco y saco, mayor fue el rendimiento del saco anterior. La TRE es seguramente alta, aunque la cantidad total de energía conseguida relativamente pequeña (y por tanto satisface a una población pequeña de saqueadores). Las poblaciones de saqueadores no pueden crecer de manera ilimitada, ya que hay varios factores que limitan su expansión: la disponibilidad de objetivos lo suficientemente ricos como para garantizar la supervivencia del grupo como tal hasta el siguiente saco, la necesidad de dejar pasar cierto tiempo antes de volver a saquear un mismo lugar para que se puedan reparar los daños y vuelva a generar suficiente riqueza digna de ser saqueada, la dificultad creciente de saquear si la presencia de los saqueadores es muy notoria ya que las ciudades refuerzan sus defensas, etc.

2.-  Guerras de conquista.

Este tipo de guerra es el preferido por los estados-nación. El objetivo de la guerra de conquista es mantener permanentemente el control de un territorio y por ende de sus recursos. No basta, pues, con entrar en un territorio: hay que ocuparlo. Implica, por tanto, desplazar un contingente militar bien entrenado y mantenerlo indefinidamente en un territorio para garantizar el flujo de recursos. Antiguamente, los Estados ocupantes se mantenían físicamente al mando de los países ocupados; hoy en día, aprovechándose de que todo el mundo está organizado en Estados-nación, los Estados ocupantes colocan una administración local favorable a sus intereses y recurren al propio ejército local como garante de la paz y el orden en favor de sus intereses; lo único que desplaza el ocupante sobre el terreno, en el largo plazo, son las empresas dedicadas a la explotación de los recursos de la nación subyugada.  (…)

El actual sistema de externalización redujo los costes para el país ocupante a los de la primera campaña destinada a aniquilar la resistencia local e instalar el Gobierno amigo, lo cual es mucho más barato que incurrir en unos costes constantes a lo largo de años, incluyendo el de una opinión pública que generalmente acaba siendo contraria, sobre todo cuando se organiza una resistencia en el país ocupado que conlleva bajas humanas en el ocupante que se van acumulando (y eso sin contar con quintas y levas forzosas).

La externalización ha funcionado muy bien durante todo el siglo XX, permitiendo disimular la razón de nuestra riqueza; cuando decimos que la TRE del petróleo es de 20 no solemos tener en cuenta de que este alto valor energético para nosotros es fruto de que en origen seguramente es incluso mayor (30 o más) pero que allí no se explota sino que se nos exporta por un precio monetario que no se corresponde con la ganancia energética que nos reporta.

(…) para mantener el alto rendimiento energético de sus fuentes para Occidente tienen que reducir el beneficio neto a la población local. Surgen así atropellos ambientales y de derechos como los del delta del Níger o de las arenas bituminosas del Canadá, llegando incluso a guerras con algunos productores importantes con tal de garantizar que el flujo de petróleo barato siga llegando. El problema es que la guerra es un mal método para lidiar con la geología. Un ejemplo paradigmático lo tenemos en Libia; fíjense en cómo ha evolucionado la producción de petróleo en ese país durante los últimos años:

Imagen deImagen de Peak Oil Barrel: http://peakoilbarrel.com/opec-tight-oil-and-russia/ Tomada de The Oil Crash

3.-  Guerras de hegemonía.

Este tipo de guerra es el propio de un imperio o, en terminología más moderna, una superpotencia. El objetivo de la guerra de hegemonía es mantener el status quo de la metrópoli. Estas guerras no tienen por objetivo generalmente ganar el control de un recurso, sino mantener un control que ya se tiene, y a veces ni siquiera es sobre el país que posee el recurso sino sobre uno de los países satélite, también controlados, que dan soporte logístico a las operaciones. Este tipo de guerra, siempre, es un sumidero de recursos. Ejemplos éste es el tipo de guerra que ha vivido Afganistán, tanto con la Unión Soviética primero como con los EE.UU. después. También aquí la tendencia es a la externalización: son las guerras de prestado o proxy wars, guerras ejecutadas por peones apoyados por las superpotencias que se disputan la hegemonía del territorio. Ejemplo de este tipo sería, por ejemplo, la guerra civil que se está disputando en Ucrania, con el trasfondo del control del flujo del gas natural ruso a Europa.

Las guerras por la hegemonía, como decimos, tienen por definición TRE por debajo de 1 (es decir, que se gana menos que lo que se consume), cuando no directamente igual a 0 (no se gana nada), porque el objetivo muchas veces no es tanto no ganar como no perder. A medida que una superpotencia es más global y controla más territorios tiene que disputar, directa e indirectamente, cada vez más guerras para mantener lo que ya tiene. Esencialmente son guerras completamente territoriales, típicas de macho alfa, que sólo tienen sentido cuando otros territorios están aportando los recursos necesarios para mantenerlas. También, por su baja a nula TRE, son el principal sumidero de recursos de muchos imperios; como también suelen ser recurrentes en las fases decadentes de los imperios, suelen ser la causa de su perdición.

 

Share

¿Los Verdes europeos son verdes, pacifistas o alternativos?

Imagen de Jóvenes Verdes

El título del artículo nos pareció demoledor:  “Un “Plan B” para la Seguridad europea:  la mitigación del cambio climático a través adquisiciones militares“.

El autor es Francisco Seijo, profesor adjunto de ciencias políticas en la CV Starr Middlebury College, la Universidad de Nueva York, la Universidad de El sur de California, la Universidad de Boston y el Instituto de Empresa en Madrid, España..

El problema, sólo disponíamos de versión en inglés.  Por ello, con bastante esfuerzo lo tradujimos (esperamos haber hecho un buen trabajo y si alguien ve fallos, por favor, dígannoslo para subsanarlos).

¿Realmente los Verdes se plantean mitigar el cambio climático mediante inversiones en la industria militar?  Nos sorprende y decepciona por muchos motivos:

  • la industria militar es lo más antiético que pueda haber.
  • la industria militar detrae recursos energéticos, de materiales minerales, de tecnologías, detrae puestos de trabajo, etc., al desarrollo de las necesidades sociales.  Ninguna industria militar es conocida por sus implicaciones positivas con el medio ambiente.
  • las guerras y los ejércitos son unos de los grandes productores de gases de efecto invernadero mundiales
  • la industria militar se puede considerar, entera, despilfarro militar
  • La industria militar provoca y potencia guerras y dominación

Aún así, a continuación, entrecomillado y en cursiva, ofrecemos el artículo, con algunos comentarios nuestros:

1.-  Todo empieza argumentando la necesidad de luchar contra el cambio climático:

Al alterar el clima los seres humanos del planeta han transformado el mundo natural de manera irreversible.  Estas transformaciones nos obligarán a vivir  de forma diferente de cómo lo hemos estado haciendo desde el comienzo de la era industrial. Como señala la revista conservadora británica ¨The Economist¨ “los seres humanos han cambiado la forma en que funciona el mundo … ahora tienen que cambiar la forma de pensar en ello”. De hecho, sigue siendo en gran medida incierto cómo el cambio climático (uno de las grandes transformaciones de nuestro tiempo) va para impactar en la humanidad. Algunos activistas ambientales creen que marca el “fin de la naturaleza” y la llegada de un planeta humanizado totalmente artificial, mientras que otros ven en él una oportunidad de abandonar  el “capitalismo avanzado” y crear unas formas de organización política y económica, más en sintonía con esta nueva realidad ambiental.

Está claro que Europa necesita pensar profunda y seriamente acerca de las formas de mitigar el impacto a gran escala de las emisiones de carbono de la era industrial en los sistemas naturales del planeta. Esto no tiene por  qué ser un proceso traumático profundo. De hecho, el cambio climático, tal vez el mayor reto ambiental que la humanidad ha enfrentado jamás, podría proporcionar un impulso para que Europa encuentre un nuevo propósito para algunos de los pilares de su vacilante proyecto de integración. Con todo, el cambio climático representa una oportunidad única para que Los Verdes de Europa puedan “liderar el camino” mediante el desarrollo de una estrategia sólida para “enverdecer” la política exterior y de seguridad de Europa, mientras se enfrenta a los retos planteados por un sistema climático global degradado.

2.-  Sigue proponiendo que cuando se piense en el cambio climático no se haga en parámetros de fallo del mercado, sino como dilema de seguridad

Más que un “fallo del mercado”

El cambio climático ha sido descrito por los académicos, Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y la mayoría de los políticos internacionales como ejemplo de libro de un “fallo del mercado”. Es suficiente mirar el Informe Stern, hasta la fecha el más influyente estudio sobre los aspectos económicos de la cuestión. Como dice Stern, “El cambio climático es el resultado del mayor fracaso del mercado que el mundo ha visto … El problema del cambio climático implica un fallo fundamental de los mercados:  aquellos que dañan a otros mediante la emisión de gases de efecto invernadero en general no lo pagan “.

Pensar el problema de esta manera ha llevado a los actores internacionales a apostar por la construcción de un sistema complejo y jerarquizado de mitigación,  “cap and trade”. “Cap and trade”, en términos generales, busca crear un mercado racional regulado para el carbono y por  atraer o coaccionar a los contaminadores y los a los financieros que deseen mantener sus ganancias y a la vez servir al bien común mediante la mitigación de las emisiones.

Ha llegado el momento de reconocer que este enfoque ha fracasado en cumplir su promesa.  El más notable ejemplo de este fracaso es el Esquema Europeo de Comercio de Emisiones de la Unión (EU ETS). No sólo el ETS de la UE no cumple sus ambiciosos objetivos de reducción emisiones, sino que ha distorsionado el precio de los permisos del carbono en el mercado que la propia UE ha creado (reduciendo su valor a niveles prácticamente invendibles) y ha abierto enormes oportunidades para el fraude para el intereses comerciales y financieros intensivos en carbono que se supone que ser incentivados por el sistema para resolver el problema.

Queda por verse si – con profunda racionalización – el EU ETS y otras iniciativas regionales similares y  ambiciosos como Aire de California Recursos de Programa de Comercio de Emisiones (CARB TP) demuestran ser eficaces. Es evidente, sin embargo, que en este punto una re-evaluación crítica tanto de los fundamentos teóricos como de la efectividad de “cap and trade” es muy necesaria porque los negociadores en Paris precipitadamente procurarán, con toda probabilidad, basar un tratado internacional sobre el cambio climático sobre esa idea. Este acuerdo, en caso de aprobarse, podría comprometer a la comunidad internacional con el “cap and trade” “durante décadas.

Dada la creciente urgencia de la mitigación de gases de efecto invernadero sería temerario fiarlo todo en un enfoque de “una sola bala” para resolver el problema del cambio climático. El mundo necesita un “Plan B” y el desarrollo de un plan de este tipo requiere sustancialmente volver a pensar en lo que representa el cambio climático.

El cambio climático es un dilema de seguridad

Pensemos, por un momento, en los fallos del mercado no como una causa, sino como una consecuencia. Este es, sin duda, un ejercicio difícil dado el carácter “económico” de nuestra época en la que los intereses financieros y económicos parecen ser los principales motores de todas las cosas. ¿Y si un supuesto fallo de mercado era  en realidad la consecuencia de un “dilema de seguridad” subyacente? El dilema surgiría cuando un estado, buscando atenuar el cambio climático, se viera inevitablemente atrapado en un razonamiento de doble vínculo sobre las consecuencias de acción o inacción.

Imaginemos que un determinado Estado optó por actuar mientras que otros estados no hicieron nada. El coste económico de la acción, dado el costo actual de bajas emisiones de carbono en la producción de energía, sin duda haría su economía no competitiva y finalmente la llevaría a una “crisis de seguridad” con respecto a sus competidores.

¿Qué pasa si este Estado optó por la inacción?  Esta vez surgiría un tipo diferente de “crisis de seguridad”, como resultado de un sistema climático deteriorado.  Por desalentador que pueda parecer, estos tipos de  dilemas de seguridad no son nuevos en las relaciones internacionales. La humanidad se ha enfrentado a problemas similares antes, por lo que no hay razón para creer que no se puedan resolver.

El ejemplo histórico cercano de éxito de resolución de un “dilema de seguridad”, fue el enfrentamiento nuclear de la Guerra Fría. Una combinación de carrera armamentística, los tratados de desarme y  una efectiva “señalización” (lo que significa que las dos potencias nucleares pudieron transmitir creíblemente información acerca de sí mismos a la otra parte), impidió que una guerra nuclear catastrófica se llevara a cabo. De hecho, los negociadores internacionales han captado intuitivamente las similitudes entre estos dos “dilemas de seguridad”, por lo que los tratados “cap and trade” como el Protocolo de Kyoto se han inspirado en el diseño de los Tratados de Limitación de Armas Estratégicas de la Guerra Fría.

3.-  Propone aprender del desarme, fijándose en el desarme nuclear.  ¡Precisamente!  Fijándose en el desarme que nunca fue porque aunque los arsenales nucleares han bajado, su merma se ha debido, fundamentalmente, a la disminución de las ojivas antiguas ya en desuso.  Además, se siguen haciendo ojivas nuevas con un poder de destrucción muchísimo mayor. POdemos tomar por ejemplo el actual anuncio de Putin de aumentar y modernizar sus ojivas nucleares.

¿Aprender de desarme?

Sin embargo, la aplicación de modelos de tratados de “desarme” al cambio climático pueden razonar a través de una falsa analogía. La experiencia demuestra que las iniciativas de desarme funcionaron mejor cuando  se negociaron bilateralmente.

Los tratados de desarme multilaterales han ido, en general, mucho peor.  Por ejemplo, los Tratados sobre Anti-Misiles Balísticos que, a pesar de un éxito parcial, no ha logrado contener la proliferación nuclear en Estados canallas como Corea Del Norte. Los defensores del desarme pueden aducir también como estrategia exitosa la importancia de las carreras de armamentos  – para una cantidad limitada de tiempo y en contextos particulares – para superar el “dilema de seguridad “de la Guerra Fría.

¿Cuáles son, entonces, las características especiales del nuevo “Dilema de seguridad”,  representado por el cambio climático?

El mayor reto planteado en esta ocasión es cómo encontrar una manera de mantener nuestra civilización próspera en la era del post-carbono y post-industrial. Necesitamos fuentes de energía alternativa que puedan garantizar tanto el bienestar material de la humanidad como preservar los valores ecológicos de los sistemas en los que se basa nuestra civilización no sólo para su  supervivencia, sino también para su bienestar espiritual.

No existe todavía una alternativa tecnológica económicamente viable al carbono. Sin embargo, la tecnología fue la que nos metió en el problema y – aunque otras medidas como poner freno al “consumismo” y otras alternativas al despilfarro en la vida política y económica también pueden ayudar en cierta medida – es sobre todo la tecnología lo que se necesita para sacarnos del presente dilema.

La tarea no será fácil. No podemos volver atrás el reloj y retroceder a la civilización humana a una era preindustrial con bajas emisiones de carbono, en el que la población del mundo no era más que una porción de lo que es hoy. Para añadir a nuestras dificultades, la política medioambiental en la que esta búsqueda de alternativas tecnologías deben desplegarse también ha cambiado sustancialmente. El mundo es ahora asimétricamente multipolar. Europa, por lo tanto, ya no puede simplemente mirar al otro lado del Atlántico, como lo hizo durante la Guerra Fría, para el liderazgo y la innovación tecnológica. Se debe dar un paso adelante y hacer frente a las  responsabilidades que el relativo declive de los EE.UU. conlleva.

Y, aquí vienen las propuestas, algunas de las cuales no tienen ninguna justificación razonada en el artículo, simplemente se cuelan porque el autor ha ido derivando del efecto invernadero a las cuestiones de seguridad, y aunque reconoce que el aumentar el gasto en lo militar puede ser un anatema para los Verdes, se empeña, sin argumentarlo ni dar datos a favor, en que el gasto en lo militar puede ser la rampa de salida para una revolución tecnológica que acabe con el cambio climático.  (¿¿¿???)

Vamos a darle un P.U.S.H.

Entonces, ¿qué se puede hacer? Cuando nos fijamos en el cambio climático como un “dilema de seguridad” en lugar de como un “fallo del mercado” la solución al problema ya no se basa exclusivamente en el “cap and trade”. En su lugar el foco se desplaza hacia la creación de una política internacional medioambiental más propicia para el desarrollo de tecnologías alternativas que las que impulsan los  combustibles fósiles – y sus asociados intereses financieros e industriales creados  – en gradual obsolescencia económica y política. Para facilitar este proceso, la Unión Europea debería formular una política de exteriores y seguridad que defina el cambio climático como uno de sus máximas prioridades de seguridad nacional, por lo tanto señalaría claramente tanto a sus aliados y rivales internacionales que toma en serio el problema. Por otra parte, los planes para beneficiarse de las oportunidades que una civilización globalizada post-carbono y post-industrial en cuya creación tiene previsto participar proactivamente.

En síntesis he integrado algunas de estas políticas que se verían dentro del acrónimo P.U.S.H.  que significa “unilateral Positivo Señalización de Seguridad Nacional basadas en las prioridades del cambio climático”.

  1. La reforma de la política de seguridad sin timón de la UE

Proyectos de Investigación y Desarrollo (I + D) de tecnologías  de bajas emisiones de carbono, en mi opinión, deben ser financiados a nivel europeo, siguiendo el modelo cooperativo desarrollado por la industria militar y, de hecho, detrayendo recursos de algunos de sus proyectos más innecesarios. ¿Por qué financiar un esquema de investigación de un derrochador e ineficaz “Eurocopter” o “Eurofighter” en lugar de las tecnologías alternativas de bajas emisiones de carbono? Esto podría mitigar el cambio climático y garantizar la seguridad energética de Europa.

La I + D también podrían producir efectos económicos positivos a través del “desbordamiento del conocimiento” para la industria y la sociedad europeas. Aunque esto puede sonar a anatema para muchos “Verdes”,  las adquisiciones militares precisamente pueden ser el camino hacia un inicio rápido a la siguiente revolución tecnológica. No es ningún secreto que muchas de las tecnologías más transformadoras de la humanidad se han desarrollado bajo la presión y / o liderazgo militar.   Internet, por ejemplo, fue desarrollado por los EE.UU. militar con los efectos beneficiosos sobre todo de “desbordamiento” para la economía estadounidense y mundial.

 

  1. La aplicación de un “impuesto al carbono” homogéneo en la UE

Este impuesto debe ser cuidadosamente diseñado para favorecer iniciativas empresariales que incorporan cuantificables mejoras en las emisiones y / o  bajas intensidades de energías basadas en el carbono. El movimiento “verde”, al mismo tiempo, debe oponerse activamente a los impuestos “verdes” que tienen como objetivo real, la recaudación de fondos para fines distintos de la conducción de la transformación tecnológica de las industrias intensivas del carbono. En efecto,  estos tipos de industrias deben ser el principal objetivo del nuevo “impuesto al carbono”, ya que la mayoría de las emisiones surgen de la disfunción en la “oferta” en lugar del fin de la  “demanda” del mercado.  Impuestos “verdes”, por último, no son económicamente progresivos, penalizando a los pobres y los ricos por igual. Esto genera hostilidad y escepticismo hacia todo lo “ecológico” entre la población general, incluyendo, por supuesto, los partidos verdes que son vistos como más preocupados por la naturaleza que por las personas.

  1. Un papel más importante para la Comisión Europea. Europa también necesita reforzar los poderes ejecutivos de la Comisión Europea (CE) y, particularmente, el Comisario de la Competencia. A escala financiera europea, la reforma del sector industrial y de energía es necesario que limite el tamaño de los actores existentes y los mercados abiertos a nuevas iniciativas “verdes” de negocios en igualdad de condiciones. Esto implica poner freno a las políticas de la UE que favorezcan la creación de “campeones europeos” de la industria, las finanzas y la energía que son supuestamente competitivos, pero, de hecho, derivan sus los beneficios de la explotación de oligopolio mercados cautivos en Europa.

 

  1. La necesidad de la descentralización

Una cuarta medida requeriría la descentralización de la mitigación, la planificación y la adaptación a niveles municipal y regional.  Fondos agrícolas y de cohesión de la UE podrían ser parcialmente acondicionados para el desarrollo de “abajo hacia arriba” de los planes regionales de las comunidades locales cuya gobernanza informal y estructuras económicas también debe ser reforzado financieramente. Las metas y logros de estos planes deben ser cuantificables y verificables a fin de evitar, tanto como sea posible, oportunidades para la corrupción.

 

  1. El cambio climático debería ser una prioridad

Por último, debe ser reorientada la política exterior de la UE hacia la priorización de la mitigación y la adaptación del cambio climático. Para ello la UE debe tratar de fomentar una “carrera de energía limpia” entre los grandes bloques regionales existentes en el mundo actual.

Europa debe liderar a través de la competencia algo como “mecanismos flexibles”, 20/20/20 (tal vez 30) objetivos unilaterales, las emisiones fraudulentas programas de comercio. En paralelo, y para explotar plenamente las ventajas de la política exterior de esta clara la “señalización”, la UE debería centrar sus esfuerzos de mitigación en negociaciones multilaterales internacionales en el G-20 en lugar de a nivel de las Naciones Unidas, ya que el 80% de las emisiones de carbono del mundo son producidos por los países que pertenecen a este club gobernabilidad informal para los países poderosos.

¿Qué cara se les quedaría a los ecologistas si los pacifistas propusiéramos para mitigar el cambio climático, instalar en los techos de las centrales nucleares placas solares? La industria militar no puede incentivar una revolución verde si no es mediante su absoluto desmantelamiento y reconversión.

Lo dicho.  No salimos de nuestro asombro.  Sobre todo porque fue publicado en el Green European Journal y podría presumirse que es lo que piensan los verdes europeos en materia de seguridad.

Share
A %d blogueros les gusta esto:
Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookCheck Our Feed