Archive for Mercenarios

Siempre se puede empeorar (en lo militar, nos referimos)

Imagen de Leandro Fridman

Fuentes:  El Mundo y Defensa.com.

Hay noticias del mundo militar que te dejan un regusto inquietante de incertidumbre, pero de incertidumbre de mal augurio.

La primera noticia:  «Trump estudia privatizar la guerra en Afganistán» nos lleva a un nuevo universo conceptual.  La guerra ya no es asunto de las naciones estado, ya no es algo patriótico frente al enemigo extranjero.  Ahora la guerra puede ser algo privado, dejada en manos privadas.  Y recordamos que los privados tienen otras necesidades y otros objetivos que son distintos a los de las naciones.  A ellos, a los privados, les da igual el patriotismo y sólo piensan en el negocio.

Que Trump piense en privatizar la guerra de Afganistán nos pone en lo que ya era evidente pero no tan palpable, la guerra como un negocio.  Un sucio y vil negocio, ni más ni menos.

Hablar de empresas privadas es un eufemismo.  Podrían haber titulado:  «Trump estudia contratar mercenarios para la guerra en Afganistán», pero … sonaría más incorrecto.

Los asesores de Trump

han nombrado a dos conocidos mercenarios y empresarios para crear el plan en cuestión, cuya finalidad es propiciar que corporaciones militares privadas se encarguen de la contribución de Estados Unidos en Afganistán, que en estos momentos ronda los 9.000 hombres entre tropas regulares y de las fuerzas especiales, el entrenamiento de las fuerzas de seguridad afganas y la comandancia de las operaciones bélicas.

El primero es Erik Prince, fundador de la empresa Blackwater, la cual en su día fue expulsada de Afganistán por el ex presidente afgano, Hamid Karzai, pero que aún y así la utilizó para su seguridad personal, y que se hizo tristemente famosa por haber luchado junto al ejército norteamericano durante el conflicto en Irak, donde fueron acusados, en numerosas ocasiones, de asesinar a civiles desarmados y cometer crímenes de guerra. El segundo es el propietario de DynCorp International, Stephen Feinberg, una de las empresas de seguridad privada más importantes del mundo.

De esta manera, Prince y Feinberg han creado un plan «más barato y mejor que el del ejército»

Y he aquí la clave:  privatizar la guerra no es una estrategia para llegar antes a la paz, es una estrategia para mantener las guerras de forma más barata.

A Trump no le importan las múltiples acusaciones que han tenido los mercenarios que han acompañado a las tropas yankis.  Sabe que casi nunca quedan en nada grave

Hace medio año escribíamos una entrada titulada:  Las 17 razones para la guerra continua en Somalia y el negocio privado que conlleva.  En dicha entrada, sorprendidos, hablábamos de otra estrategia de empresas de mercenarios.  Esta es mucho más elaborada.  Consiste en entrenar a las fuerzas armadas del país por medio de asesores desarmados y sin cobrar nada.  La segunda parte del plan es la que capitaliza el trabajo anterior ganando dinero mediante la reconstrucción del país o de zonas del país cuando la zona ya está «pacificada», decíamos:

La segunda parte del artículo trata sobre las compañías de seguridad privadas que intervienen en la guerra de Somalia.  Aunque sólo informan de una: Bancroft Global Development empresa creada por un nativo de Virginia (EEUU), Michael Stock, en 1999:

  • comenzó proveyendo “expertos en misiones” extranjeros –que reciben el apodo de mentors en Bancroft, mentores en castellano– a las tropas de la AMISOM establecidas en Somalia. Sus servicios fueron inicialmente contratados por Uganda en noviembre del 2007 y seguidamente de Burundi en agosto del 2008, utilizando la financiación estadounidense para ello.
  • luego, el ejecutivo de Barack Obama identificó las actividades mentoras de la firma Bancroft como un factor determinante de éxito y comenzó a financiarlas directamente y no a través de países terceros de la misión africana. El contrato millonario entre el gobierno y la compañía de Virginia se cerró a comienzos de 2010. En el presente, la Associated Press estima que EEUU gastó unos 206.000 millones de dólares en subcontratos similares tanto en Iraq como en Afganistán, entre el 2002 y el 2011.
  • Bancroft, a diferencia de Blackwater, que arma a sus “mentores”, parece respetar el embargo de armas impuesto por la ONU en Somalia, ya que su personal –en su mayoría veteranos de guerra procedentes de cuerpos de élite norteamericanos o europeos– no porta armas, lo que según ellos les expone a un peligro aún más inminente que les hace confiar su protección a las fuerzas africanas que entrenan.
  • todas las empresas del sector tienen como común denominador la táctica contrainsurgente y el combate de guerrillas en zonas de conflicto que ocasionan alta mortandad o del complejo medio físico.
  • En realidad, su fundador y actual propietario de tan sólo 36 años decidió constituirla en dos firmas con misiones desiguales.
  • Por un lado, Bancroft Global Development es una organización que se proclama sin ánimo de lucro, y busca la estabilización de una zona determinada en conflicto armado utilizando el ya clásico modus operandi de operar “por, con y a través” de las fuerzas armadas locales u oficiales –o más bien, aquellas que decidan contratar sus servicios importando poco su legitimidad–, lo que en Somalia significa asistir al personal de la Misión de Paz de la Unión Africana principalmente, y también a la policía nacional somalí –compuesta en gran porcentaje por antiguas milicias de ciertos señores de la guerra que ahora respaldan al Gobierno de Transición–.
  • En el otro extremo se halla la vertiente lucrativa de Bancroft, aquella que genera ingresos y mantiene al barco de Michael Stock a flote. La razón de ser de Bancroft Global Investment es la de, literalmente, capitalizar el éxito militar de las campañas que lidera en la AMISOM, invirtiendo en la reconstrucción del país o de la región una vez pacificada, en lugares donde nadie más se atrevería a arriesgar su dinero, como ya haya hecho en el pasado en Afganistán. Sin embargo, la inversión en Real Estate –inmobiliaria– no sólo se lleva a cabo a posteriori, sino también durante el momento de la conflagración, como así muestran las anteriores experiencias bélicas de la firma.
  • A finales de los años 90, Stock se marchó al Sahara Occidental donde le impresionó que el gobierno de Marruecos aún no se hubiera encargado de desmantelar las minas antipersona que permanecían enterradas bajo la arena, visualizando la idea mater de lo que sería Bancroft. En sus primeros pasos, operó en Afganistán donde mediante un socio local formó una pequeña sociedad –Mine Pro.- que entrenaba a perros detectores de minas al mismo tiempo que se dedicaba a hacer un poco de todo, desde reparar coches a cañerías.

En definitiva, lo que hacen Bancroft y Michael Stock es una nueva versión del negocio de la guerra:

En una reciente entrevista, Stock aseguraba que él no se dedica a hacer la guerra en el país más oriental de África, sino a “buscar la paz, reconstruir una ciudad, un país que lo ha perdido todo en términos de educación, economía y sanidad”, pues para él las posibilidades de negocio son infinitas en un lugar donde hay que empezar de cero, una idea que le ha llevado a levantar un monumental hotel fortificado al pie de la playa de Mogadiscio, donde se resguardan los altos cargos somalís y el personal diplomático. El resort, al que han llamado International Campus, cuenta con una piscina como la mayoría de los hoteles de playa del mundo, solo que en éste cuando llueve, llueven balas y metralla. Más allá de las vistas del Índico, también dispone de un búnker, un hospital y algo similar a un autoservicio de equipamiento y reparación militar a lo Mad Max.

También tiene como objetivo:  la creación de una fábrica de cemento que se encargue de cimentar el nuevo Mogadiscio

El final del artículo se abre, brevemente para nuestro gusto, a las críticas:

Oponentes de estos contratos claman que estas compañías no son más que mercenarios modernos a sueldo y que se hallan efectivamente por encima de la ley en los países en los que son contratados. Estos contratos se realizan siempre en un marco de dudosa legitimidad ética y moral, pues operan en los lugares más inestables del globo, en estados fallidos y débiles en los que el poder de estas corporaciones privadas y su capacidad organizacional pueden llegar a anular con creces al del gobierno local. Las operaciones de otro de los grandes proveedores de seguridad privada, G4’S, en Sudán del Sur, son un caso a tener en cuenta en este sentido. También se les acusa frecuentemente de implementar de manera tácita y encubierta las directrices de la política exterior estadounidense.

La segunda noticia que nos llama hoy poderosamente la atención se titula:  «La operadora privada ATAC compra 63 Mirage F-1 a Francia».

La empresa ATAC pertenece al grupo norteamericano Textron (con varios intereses militares) y adquiriría los 63 Mirage por 300 millones de €.  Estos aparatos se encontrarían en una base francesa de reparaciones desde que en 2014 fueron dados de baja.

Parece ser que los quieren para entrenamiento (haciendo el rol de agresores) en combates simulados con cazas yankis.

Fuentes francesas anuncian que sus industrias participarán en la puesta a punto de los aparatos a los que calculan que les pueden quedar otros 15 años de vida útil.  (Fíjense qué curioso, estos cazas puede duplicar su vida útil si no es para la defensa propia, sino para entrenamiento, lo cual desdice bastante el ciclo de vida útil que se suele calcular para estos aparatos).

Pero toda la noticia es impactante:  una empresa privada va a tener o tiene ya una capacidad militar aérea muy superior a la de muchos países.  Evidentemente, esta empresa ganará dinero.  ¿Cómo?  Pues suponemos que cobrando al Ministerio de Defensa de EE.UU. por su papel en los entrenamientos.  Suponemos que el propio Ministerio de Defensa yanki podría tener aparatos ya no de primera fila para hacer esta labor, así daría trabajo a sus propios militares poniéndolos a puntos y se ahorraría contratar a una empresa privada, lo cual suponemos que ha de ser más caro.  Sin embargo, Trump prefiere privatizar este aspecto del entrenamiento de sus propios cazas con mercenarios extranjeros.

Tanta privatización hace dependiente a la principal potencia militar del mundo, lo cual no deja de extrañarnos.

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Las 17 razones para la guerra continua en Somalia, y el negocio privado que conlleva

Image de Kate Bum

Fuente:  El Orden Mundial.

En un artículo tétrico, si pensamos en los somalíes, pero realista nos desgranan las razones por las que Somalia es el país de la guerra continua.  Nosotros hemos contado 17, una barbaridad:

  1. La gente obedece a los clanes, no al gobierno central
  2. la expansión de los señores de la guerra en el territorio,
  3. así como la presencia de milicias de alquiler locales
  4. y de mercenarios occidentales,
  5. el problema de la piratería de sus costas,
  6. el tráfico de armas
  7. y el negocio de la ayuda humanitaria,
  8. las hambrunas,
  9. la sequía,
  10. el desplazamiento forzado externo e interno de sus ciudadanos
  11. el desdén internacional
  12. la corrupción generalizada
  13. la mayor tasa de mortalidad infantil del mundo
  14. el fracaso de las injerencias humanitarias llevadas a cabo militarmente.  Que no consiguió completamente la facilitación de ayuda humanitaria a los somalíes atrapados por la guerra y la hambruna, ni se consiguió un alto el fuego entre facciones
  15. la aplicación de la Sharia como paradigma de Estado
  16. la llamada a la Yihad en Somalia por parte de la insurgencia islamista
  17. las compañías de seguridad privadas, mayoritariamente a sueldo estadounidense.

La segunda parte del artículo trata sobre las compañías de seguridad privadas que intervienen en la guerra de Somalia.  Aunque sólo informan de una: Bancroft Global Development empresa por un nativo de Virginia (EEUU), Michael Stock, en 1999:

  • comenzó proveyendo “expertos en misiones” extranjeros –que reciben el apodo de mentors en Bancroft, mentores en castellano– a las tropas de la AMISOM establecidas en Somalia. Sus servicios fueron inicialmente contratados por Uganda en noviembre del 2007 y seguidamente de Burundi en agosto del 2008, utilizando la financiación estadounidense para ello.
  • luego, el ejecutivo de Barack Obama identificó las actividades mentoras de la firma Bancroft como un factor determinante de éxito y comenzó a financiarlas directamente y no a través de países terceros de la misión africana. El contrato millonario entre el gobierno y la compañía de Virginia se cerró a comienzos de 2010. En el presente, la Associated Press estima que EEUU gastó unos 206.000 millones de dólares en subcontratos similares tanto en Iraq como en Afganistán, entre el 2002 y el 2011.
  • Bancroft, a diferencia de Blackwater, que arma a sus “mentores”, parece respetar el embargo de armas impuesto por la ONU en Somalia, ya que su personal –en su mayoría veteranos de guerra procedentes de cuerpos de élite norteamericanos o europeos– no porta armas, lo que según ellos les expone a un peligro aún más inminente que les hace confiar su protección a las fuerzas africanas que entrenan.
  • todas las empresas del sector tienen como común denominador la táctica contrainsurgente y el combate de guerrillas en zonas de conflicto que ocasionan alta mortandad o del complejo medio físico.
  • En realidad, su fundador y actual propietario de tan sólo 36 años decidió constituirla de dos firmas con misiones desiguales.
  • Por un lado, Bancroft Global Development es una organización que se proclama sin ánimo de lucro, y busca la estabilización de una zona determinada en conflicto armado utilizando el ya clásico modus operandi de operar “por, con y a través” de las fuerzas armadas locales u oficiales –o más bien, aquellas que decidan contratar sus servicios importando poco su legitimidad–, lo que en Somalia significa asistir al personal de la Misión de Paz de la Unión Africana principalmente, y también a la policía nacional somalí –compuesta en gran porcentaje por antiguas milicias de ciertos señores de la guerra que ahora respaldan al Gobierno de Transición–.
  • En el otro extremo se halla la vertiente lucrativa de Bancroft, aquella que genera ingresos y mantiene al barco de Michael Stock a flote. La razón de ser de Bancroft Global Investment es la de, literalmente, capitalizar el éxito militar de las campañas que lidera en la AMISOM, invirtiendo en la reconstrucción del país o de la región una vez pacificada, en lugares donde nadie más se atrevería a arriesgar su dinero, como ya haya hecho en el pasado en Afganistán. Sin embargo, la inversión en Real Estate –inmobiliaria– no sólo se lleva a cabo a posteriori, sino también durante el momento de la conflagración, como así muestran las anteriores experiencias bélicas de la firma.
  • A finales de los años 90, Stock se marchó al Sahara Occidental donde le impresionó que el gobierno de Marruecos aún no se hubiera encargado de desmantelar las minas antipersona que permanecían enterradas bajo la arena, visualizando la idea mater de lo que sería Bancroft. En sus primeros pasos, operó en Afganistán donde mediante un socio local formó una pequeña sociedad –Mine Pro.- que entrenaba a perros detectores de minas al mismo tiempo que se dedicaba a hacer un poco de todo, desde reparar coches a cañerías.

En definitiva, lo que hacen Bancroft y Michael Stock es una nueva versión del negocio de la guerra:

En una reciente entrevista, Stock aseguraba que él no se dedica a hacer la guerra en el país más oriental de África, sino a “buscar la paz, reconstruir una ciudad, un país que lo ha perdido todo en términos de educación, economía y sanidad”, pues para él las posibilidades de negocio son infinitas en un lugar donde hay que empezar de cero, una idea que le ha llevado a levantar un monumental hotel fortificado al pie de la playa de Mogadiscio, donde se resguardan los altos cargos somalís y el personal diplomático. El resort, al que han llamado International Campus, cuenta con una piscina como la mayoría de los hoteles de playa del mundo, solo que en éste cuando llueve, llueven balas y metralla. Más allá de las vistas del Índico, también dispone de un búnker, un hospital y algo similar a un autoservicio de equipamiento y reparación militar a lo Mad Max.

También tiene como objetivo:  la creación de una fábrica de cemento que se encargue de cimentar el nuevo Mogadiscio

El final del artículo se abre, brevemente para nuestro gusto, a las críticas:

Oponentes de estos contratos claman que estas compañías no son más que mercenarios modernos a sueldo y que se hallan efectivamente por encima de la ley en los países en los que son contratados. Estos contratos se realizan siempre en un marco de dudosa legitimidad ética y moral, pues operan en los lugares más inestables del globo, en estados fallidos y débiles en los que el poder de estas corporaciones privadas y su capacidad organizacional pueden llegar a anular con creces al del gobierno local. Las operaciones de otro de los grandes proveedores de seguridad privada, G4’S, en Sudán del Sur, son un caso a tener en cuenta en este sentido. También se les acusa frecuentemente de implementar de manera tácita y encubierta las directrices de la política exterior estadounidense.

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La cara visible (y terrible) de la política exterior española

Resultado de imagen de misiones españolas en el exterior

RTVE

Fuente: Larioja.com

Miren ustedes por donde, a veces para conseguir leer las verdades del barquero hace falta prescindir de los tan estereotipados medios escritos más reconocidos (que no se van a permitir con sus libros de estilo desvelar la miseria definitiva de nuestro sistema militarista) y buscar entre lineas en la inocencia de otros que simplemente hablan de sus cosas.

Y así, en el diario Larioja.com encontramos un titular, sin filtrar, suministrado tal vez por la agencia Efe, en el que pone en boca de Cospedal, la mediática ministra de defensa, la siguiente frase referida a la tropa española que actúa (militarmente) en Irak:

«Sois la cara visible de la política exterior»

 

Con lo que la ministra, casi sin quererlo (tal vez sin quererlo, sin el casi, en una de sus características meteduras de pata) certifica la identificación de la política exterior española con la agresión militar y con el envío de tropas al exterior, todo un despropósito, un pedo teológico,como quien dice, una asimilación burda y tétrica.

La cara visible de la política exterior, la cara por la que nos identifican y con la que nos visibilizamos consiste en un ejército en misiones de guerra en el exterior, como es el caso de estos que están en Irak enseñando a hacer la guerra que nos conviene a nosotros pero en la que no queremos asumir pérdidas, a los autóctonos para que la hagan en  nuestro nombre.

Por cierto que ahora, con la aquiescencia y visibilización sin disimulo de nuestro partido militarista transversal, compuesto por el PP-PSOE-C´S, el parlamento ha aplaudido esta idea del Gobierno autorizando el envío de más militares a Irak, para que se visibilice bien nuestra política exterior de mamporreros.

La cara visible, repetimos, que consiste en que somos reconocidos no por obras venturosas, sino por esta loca carrera por ser la avanzadilla militar de Occidente, como si nuestros tristes y mediocres políticos aspirasen a ser cola del león a base de proporcionar sus argumentos últimos, la ratio injusta de la imposición violenta.

Es triste esta asimilación y esta renuncia de la política exterior. No aspirar a mejorar el mundo, sino a meterlo en cintura a base de palos y realismo político a la vieja usanza.

Imaginamos que la ministra, con este giro conceptual de la política exterior entendida como un argumento militar más, estará de acuerdo con nosotros si, a partir de ahora, añadimos que además de las partidas específicas de gasto militar que hasta ahora se ocultan en los presupuestes del ministerio de Asuntos Exteriores, consideramos que la acción exterior en pleno que desarrolla España, debería consignarse en cierto modo como parte del monumental y tupido gasto militar español. Al fin y al cabo, la propia Cospedal habla de la subordinación de la política exterior al militarismo dominante y se queda tan fresca.

Para nosotros, los militares en escenarios de guerra no constituyen, en absoluto, la cara visible de la política exterior, sino, más bien, su cara más terrible y deplorable.

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España presume de militarismo

La+Ni%C3%B1a+Legionaria

Landahlauts

Fuente: El Confidencial

España puede presumir de pocas cosas en el mundo. No somos lo que se dice una potencia en calidad humana, ni en avances científicos. Tampoco en el respeto de los derechos humanos o en la reducción de la pobreza y la desigualdad. Menos aún en respeto de la naturaleza o en ninguna de las cosas que elevan al género humano.

Eso sí, nuestro Estado, es decir, los amos del cotarro y su cohorte de aprovechados, pueden presumir de algo. Somos líderes en injerencia militar, en militarismo.

No ya la rancia ideología imperante ni los valores prácticos por lo su que mantenemos nuestras relaciones sociales, bien llenos ellos de autoritarismo, obediencia ciega, machismo, jerarquía, ranciedad, violencia… Sino que también somos la primera potencia en enviar militares al exterior a dar mamporros.

Lo dice la memoria del Ministerio de Defensa: Contamos con 16 operaciones militares abiertas en el exterior, cuatro más que EE.UU.  Somos la caña.  Desde 1989 España es el país con más efectivos en el ámbito internacional.  Una especie de mercenarios y aventureros de la guerra.

Lo dice una «memoria del Ministerio de Defensa» de la que El Confidencial se hace eco, pero que no hemos encontrado por lugar alguno.

Según refiere dicha memoria

La gran presencia exterior es consecuencia de las acciones del gobierno en política exterior y derivada del análisis de riesgos y amenazas que puedan afectar a la seguridad de la escena internacional activa

Traducido a romance, la política exterior española consiste en mandar tropas a troche y moche. Así es como nos reconocen: los zurrabadanas del planeta.

No es de extrañar que en foros de otro tipo ni siquiera seamos invitados.

Y no solo repartimos ostias, como es el caso, sino que además cada vez somos más sofisticados, señores, que nos estamos acercando a la excelencia militar de enseñar a otros a pegarse con nuestras ideas y en nuestro beneficio pero sin mancharnos las manos, pues a las tradicionales misiones de injerencia militar ahora añadimos cada vez más

el despliegue de equipos racionales de inteligencia y el inicio de operaciones de seguridad operativa en Cabo verde y Senegal.

Cubrimos en nuestro exceso de ardor guerrero el mundo entero y nos metemos gozosos en nuevos avisperos.

Por primera vez se ha desplegado una escuadrilla de aviones Eurofighter en la “Policía Aérea Báltica”, una unidad de defensa antimisil y además un avión tripulado por control remoto en una operación naval. El Ejercito español tiene como objetivo contener a el estado islámico, vigilar el Mediterráneo y luchar contra la piratería en el Índico.

Y ello nos lleva a recordar al respetable público lector de nuestro blog que España cuenta ya con una doctrina de «seguridad» que consagra la idea de las fronteras móviles y de la injerencia militar a larga distancia, en lo que llama «fronteras avanzadas», que sitúa nuestra frontera en términos militares en Centroáfrica y otros escenarios bien alejados de las fronteras físicas del Estado, allá donde esperamos obtener recursos naturales variopintos y ejercer, de la mano de Francia y otras potencias, una cierta dominación.

Digamos de paso que esta profusión militarista sirve muy bien a nuestra casta extractiva para otros intereses más lucrativos: los de vender armas a otros, que pueden comprobar «in situ» cómo molan las que llevan nuestros pretorianos.

Llama la atención que estos tipos del poder, en vez de avergonzarse de tener reconocimiento por su militarismo únicamente, lo proclamen a los cuatro vientos como si el envilecimiento fuera una buena carta de presentación internacional, o como si el mal fuera el bien. Aunque a lo mejor para ellos es todo lo mismo. Han perdido el norte.

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Terrorismo legal versus ilegal

Imagen de El Roto

Nuevamente El Roto nos ha hecho reflexionar sobre una de esas verdades que no por obvia resulta evidente.

Nuestro paradigma cultural de dominación y violencia no nos deja darnos cuenta de que la violencia ejercida por los ejércitos nacionales es tan culpable y dolosa como la que ejercen los terroristas de grupos ilegales.  ¿Por qué lo iba a ser menos?

La legalidad de cada país ampara y justifica que haya una estructura estatal mantenida con los impuestos y los votos de los ciudadanos que se apodera de la posibilidad de usar la denostada violencia sin ningún coste y con muy escasa crítica.

Los militares pueden matar legalmente, el resto de los ciudadanos no.  Los asesinatos de los militares son legales, no se les persigue por ellos, incluso poquísimas veces rinden cuentas y la mayoría de las veces se considera un acto heróico.

Estamos habituados a rechazar a los mercenarios, los que luchan y matan por dinero, los seres despreciables que sólo buscan el lucro personal y son capaces de cambiar de bando si se les paga mejor.  ¿Y los militares, no comparten con aquellos gran parte de su actividad y principios?

Los militares de un estado representan los terroristas para otro.  Y viceversa. ¿tienen razón los que consieran terroristas a los militares de otro estado?¿tenemos razón nosotros cuando hacemos lo propio?

Nuestro paradigma cultural de dominación-violencia nos vende que los nuestros son los buenos (los demás son los malos), los que nos defienden (los demás nos atacan), los que respetan las reglas (los demás las violan), los que se sacrifican (los demás simplemente se ensañan)…

Y nosotr@s, acríticos, nos lo creemos complacidos con este no pensar que llaman buenismo y que permite, sin embargo, que España sea el 7º exportador de armas del mundo, que seamos el 2º país europeo en intervenciones militares en el extranjero, …

¿Cuánta gente habrá visto la viñeta de El Roto y habrá pensado que el problema no son los bandos, sino la violencia?  ¿Cuánta habrá recordado la frase de Gandhi de que «no hay camino para la paz, la paz es el camino?

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Dios los cría y ellos se juntan: Monsanto compra Blackwater

 

 

 

 

 

Fuente:  tercera información.

De confirmarse la noticia, sería de traca.

Si la situación internacional ya daba miedo antes, ahora más.  Por un lado:

Así lo revela un reporte de Jeremy Scahill para The Nation donde expone que el ejército mercenario más grande del planeta, el “servicio” criminal de inteligencia Blackwater fue vendido a la corporación transnacional Monsanto.

Tras incontables denuncias internacionales por violaciones a la Ley, y habiendo adquirido fama por sus masacres de civiles en Irak y otros países, Blackwater cambió su nombre en el año 2009. No obstante, continúa siendo el mayor contratista privado del Departamento de Estado de Norteamérica, como una agencia secreta de “servicios de seguridad” que practica terrorismo de Estado dándole al gobierno la posibilidad de negarlo.

Political Blind Spot denunció que: “Muchos agentes de la CIA y ex militares trabajan para Blackwater o compañías relacionadas, las cuales buscan desviar la atención de su mala reputación y obtener cuantiosos beneficios comerciales. Estos mercenarios venden sus servicios que van desde información ilegal hasta inteligencia de infiltración, lobbismo político y entrenamiento paramilitar – para gobiernos, bancos y corporaciones multinacionales. Acorde a Scahill, los negocios con Monsanto, Chevron, y gigantes financieros como el Barclays o el Deutsche Bank, se canalizan a través de dos empresas cuyo propietario es Erik Prince, dueño de Blackwater: Total Intelligence Solutions y Terrorism Research Center. Estos organismos comparten funcionarios y directores con Blackwater.

En el otro lado del cuadrilátero:

La corporación Monsanto no sólo asesina personas con sus productos químicos, sino también a balazos y mediante “accidentes”. Sus víctimas son periodistas, activistas, políticos y cualquiera que suponga un obstáculo para sus planes de expansión. Al ser contactado por Scahill, el ejecutivo Kevin Wilson de Monsanto rehusó hacer comentarios, pero más tarde se confirmó a The Nation que Monsanto contrató a Total Intelligence durante 2008 y 2009, según la corporación “sólo para efectuar un seguimiento de información pública, de sus opositores”. El ejecutivo de Monsanto también proclamó que Total Intelligence era una “entidad totalmente separada de Blackwater”.

Y en el centro del cuadrilátero, nosotros, los movimientos sociales pacifistas y ecologistas, en el centro del cuadrilátero, vigilando con un ojo a cada uno, dispuestos a ser zarandeados.  O …

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Para humanitaria, la venta de armas a Mali.

Dedo+Coraz%C3%B3n+Chapinero

Fuente: Cadena Ser.

Como se sabe, España está muy preocupada por la situación interna de Mali, hasta el punto de haber mandado allí un contingente militar para apoyar la guerra francesa emprendida contra los «rebeldes islamistas». Los fines alegados son netamente humanitarios y para acabar con el caos.

Pero contrasta con este discurso oficial el incuestionable hecho de que España, en pleno conflicto, vendió armas a Mali, como lo venían haciendo desde 2008.

Mali ha sido un lugar lucrativo para nuestra industria militar. Más de 4 millones de euros. (Quizá aquí no parezcan mucho, pero sí son muchos euros en Malí, uno de los países más pobres entre los pobres).  Tal vez los bonachones de los vendedores de armas pensaban que éstas eran decorativas o que no iban a ser usadas nunca. Estalló el conflicto de forma virulenta y nuestros «vendedores de armas» siguieron pensando lo mismo y durante 2012 siguieron vendiendo armas a Mali.

Puede pensarse que el armamento vendido era de poca enjundia, y que tal vez por eso no se le movió la conciencia a nuestro poder político. Claro que de ser ésta la explicación no sabemos por qué ahora se ha prohibido seguir vendiendo armas a Mali. ¿Eran peligrosas antes y no se dieron cuenta, o no eran peligrosas y ahora hacen el paripé? No queda claro.

Al fin y al cabo es de suponer que las armas siempre son para usarlas y tal vez alguien debería pedir explicaciones a quienes las venden y con ello participan en el incremento de la violencia en los conflictos.

Otra razón más para justificar la lucha contra las industrias militares.

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Intervenciones españolas en el exterior (Final)

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Fuente: Publicado por Utopía Contagiosa en el periódico semanal Es Hora

En las anteriores entregas hemos intentado demostrar que las intervenciones militares españolas en el extranjero son una de las partes más importantes de la política exterior ejecutada por el PP y por el PSOE.

Dichas intervenciones han provocado una serie de consecuencias muy graves:

  • Hemos militarizado nuestra política internacional.
    Hemos militarizado la cooperación al desarrollo y la ayuda humanitaria.
    El objetivo que defienden las intervenciones militares no es la ayuda sino la proyección internacional de la marca España y de nuestros negocios.
    Ahora somos considerados como enemigos por muchos países.

¿Hay alternativas?

Lo primero que tenemos que asumir es que con este tipo de política internacional somos culpables de violencia directa, estructural y cultural. Hemos exportado armas a países que luego han tenido guerras y han usado nuestro armamento. Nosotros hemos sacado beneficios económicos. Hemos actuado y matado en diversas actuaciones de guerra en las llamadas “misiones humanitarias”. Estamos imponiendo un modelo cultural de relaciones internacionales basado en la violencia y en la injerencia. No respetamos los derechos humanos como demuestra el vídeo de los malos tratos en Diwaniya.

Lo segundo que tenemos que pensar, debatir y decidir democráticamente en la sociedad española es qué queremos defender y a quién queremos defender. Otra vez es necesario apuntar, desde estas páginas, que la sociedad española nunca ha decidido qué es lo que quiere defender. ¿Optamos por la defensa militar y agresiva u optamos por una defensa alternativa, defendiendo el concepto de seguridad humana que busca defender los objetivos del milenio y las conquistas de derechos políticos, sociales y económicos? Es imprescindible que luchemos por lograr la soberanía ciudadana para decidir las cuestiones de defensa.

En tercer lugar, hemos de decidir cómo queremos intervenir en los conflictos: ¿violencia o noviolencia? Para aquellos que nunca se han acercado a los postulados de la acción noviolenta diremos que son muchos los ejemplos de actuaciones que se pueden desarrollar desde este enfoque: desde promover el alto el fuego en las guerras por diversos medios, hasta promover el desarme de los contendientes, o detener nuestra producción y comercio de armas, o potenciar la reconversión a bienes sociales de la industria armamentística, o reducir los gastos militares e irlos convirtiendo, poco a poco, en gasto social, o salir de las organizaciones militares internacionales y abogar por otro tipo de instituciones internacionales, o promover una verdadera política de codesarrollo, o promover un verdadero control parlamentario de la política exterior y de defensa, o exigir concreción en los programas electorales de los partidos políticos en exteriores y defensa, o promover un debate social sobre qué queremos defender, o potenciar al movimiento pacifista en España y en los países en conflicto, o ayudar a los refugiados, desplazados, heridos, etc, que sufren las guerras, etc.

Como se ve, la alternativa noviolenta no es una entelequia ni está exenta de líneas políticas interesantes y posibles.

La cuarta cuestión que debemos aclarar es dónde queremos intervenir para modificar nuestra política exterior agresiva y violenta. La respuesta es doble. Por un lado, no renunciamos a colaborar de manera violenta y cooperativa con los países en guerra o que sufren situaciones catastróficas, antes bien, pensamos que es una obligación ética de primer rango. Sin embargo, sí que pensamos que la sociedad española debe renunciar a la actuación violenta y militarista. Además, opinamos que un lugar y objetivo prioritario de intervención es nuestra propia sociedad y nuestra propia política. Es aquí donde se generan las políticas internacionales, culturales, económicas y sociales que luego vamos a exportar al Tercer Mundo como guerras o violencia estructural en forma de comercio exterior injusto o relaciones internacionales imperialistas y violentas. Por lo tanto, pensamos que nuestro propio país es el escenario principal donde se ha de intervenir para lograr las condiciones propicias para la paz mundial con justicia.

La quinta pregunta que nos ayudaría a dar una alternativa a las intervenciones militares españolas en el exterior es quién debe intervenir. Aquí pensamos que hemos de acabar, decididamente, con el monopolio del Estado, de las élites y de sus cuerpos represivos y que debemos fomentar la intervención solidaria y noviolenta de la sociedad, de las ongs, es decir, de todos en conjunto para construir una verdadera alternativa noviolenta.

Muchas veces se ha coreado “no nos representan”. Y hemos de decir que en política de defensa, de cooperación e internacional este lema tiene muchísimo sentido.

Por último, como sexta aportación para construir una alternativa noviolenta , opinamos que hemos de intervenir en tres momentos:

  1. Antes de que los conflictos estallen en guerras porque es el momento en el que tienen más sentido las actuaciones, cuando se están generando las causas estructurales y culturales de los conflictos. Además, es el momento en el que hay más posibilidades de éxito noviolento. Antes hay que prohibir el comercio y la venta de armas desde nuestros “pacíficos” países del primer mundo. Antes hay que abolir los mecanismos políticos y económicos que generan desde nuestras sociedades la injusticia estructural del Tercer Mundo.
  2. Durante los conflictos con objetivos bien claros: por un lado lograr un alto el fuego y lograr que los contendientes dejen de recibir y usar armas. Por otro lado, para defender a aquellos que sufren las guerras. Hace siglos, los muertos corrían, sobre todo, de parte de los militares, ahora, con las guerras modernas, los muertos los ponen los civiles. Hoy por hoy, los civiles son los que más sufren las guerras: son la mayoría de los muertos, de los desplazados, de los heridos, de los empobrecidos. Ellos son quienes merecen nuestros esfuerzos. Sobre todo aquellos que no ven en las guerras las formas políticas de abordar conflictos.
  3. Después. Porque tras las guerras no se suelen resolver las verdaderas causas estructurales y culturales que generan el conflicto. Con el fin de la violencia directa que suponen las guerras no se acaban las múltiples injusticias que las han generado. Una vez acabada la guerra es necesario redoblar los esfuerzos para que la política se haga por otros medios mucho más democráticos, participativos, buscadores de consensos. Sin ellos el conflicto, simplemente, permanecerá larvado y se irá agravando poco a poco.

 

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La guerra silenciada por el Coltan y nuestra responsabilidad politica

Presentamos un material que circula en internet y que explica el valor estratégico y tecnológico del Coltan y la guerra que ha provocado, por países interpuestos, en África y en beneficio de las multinacionales y nuestro actual nivel de vida.

Tal vez somos lo que hacemos y no lo que pensamos. Por eso nos parece oportuno, abandonando las preocupaciones por la crisis y nuestro porvenir en ella, preguntarnos en qué medida nuestro personal modo de vida y nuestro consumo tiene que ver (provoca, fomenta, permite) mantener esta guerra en pié y, por ello, en qué medida somos responsables directos o indirectos del mantenimiento de esta guerra.

También, y con más urgencia, para preguntarnos qué podemos hacer directa y personalmente para que esta guerra acabe.

 

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España abre la peligrosa vía del paramilitarismo de la industria privada de seguridad

Emboscada+de+los+pacosSegún informa El País del día 28 de febrero de 2012, el ministro de Interior de España, el numerario del Opus Dei Jorge Fernández, tiene en la cabeza la idea de facilitar datos de los ciudadanos a las empresas privadas de seguridad y a otras compañías como El Corte Inglés.

El Director General de la Policía, Ignacio Cosidó, ha presentado la llamada «red azul», que es un plan por el que la policía puede proporcionar datos a las empresas privadas de seguridad sobre la ciudadanía a cambio de que éstas le proporcionen a la policía informaciones y colaboren con sus funciones policiales.

Dice Cosidó que esta colaboración es especialmente importante en tiempos de crisis y nosotros nos preguntamos a qué se quiere referir. ¿Es que prevén que las malas políticas sociales aumenten la conflictividad social? ¿Es que tal vez necesitan ejercer un mayor control sobre la sociedad? ¿Es que no se fían de nosotros? ¿Es que somos el enemigo? ¿Es que nos consideran moneda de cambio, puro material para la práctica antidisturbios, como se vio en Valencia, o meros siervos?

¿No asistimos a un grado más en el proyecto de militarización social?

Cosidó ha dicho, según publica Lainformacion.com que los cien mil agentes de la seguridad privada se pongan manos a la obra en combatir la delincuencia y que para ello impulsará esta «alianza de seguridades».

¿Se acuerdan ustedes de eso de los agentes de seguridad privada dando defensa a los atuneros que expolian los recursos pesqueros en el cuerno de África? Parce que esto va, en parte, de lo mismo.

Por su parte el Comisario Jefe de la Unidad Central de Seguridad Privada de la Policía Nacional, Esteban Gándara, añadió que el Plan Azul tiene seis programas específicos.

Entre los ejemplos de «colaboración» referidos por los jefes de la madera se encuentra el del Corte Inglés que retiene a una persona por hurto o robo y pide información  sobre sus antecedentes policiales. Ahora bien ¿Para qué necesita esta información El Corte Inglés y qué hace deteniendo una marca comercial a una persona? El responsable de la policía dijo que no se vulnera el derecho a la intimidad porque en realidad (vean el cinismo del argumento) ellos no van a proporcionar información del ciudadano, sino únicamente a confirmar una sospecha.

Este tipo de propuestas atentan contra derechos básicos a la intimidad, militarizan y privatizan la seguridad y nos consideran a todos fruto maduro para el mercadeo de datos y potenciales delincuentes, pero además tienen un tufo horroroso a una siniestra estrategia de amordazamiento de las sociedades que, bajo el auspicio de los EEUU;  padres de la idea en los años 80, ya se practicó en América Latina: la guerra de baja intensidad.

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