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Mapa de Discapacidad de las Fuerzas Armadas

Auroras+77

Por David Peinado

Fuente: Fundación ONCE.

La Fundación ONCE, bajo el amparo de un Convenio de colaboración suscrito con el Ministerio de Defensa, y con la financiación del Fondo Social Europeo, ha elaborado una radiografía de la discapacidad en las Fuerzas Armadas, en el documento “Mapa de Discapacidad de las Fuerzas Armadas” en el que se explica que en la actualidad hay 10.907 militares discapacitados (10.680 varones y 227 mujeres) y cobrando algún tipo de prestación por su situación, de ellos la mayoría (8.484 en concreto) en edad laboral (menos de 65 años).

el retrato robot del militar con discapacidad de las FAS que cobra algún tipo de prestación es el de un hombre (97,9%) con una edad media de 57,5 años,  que ingresó en las Fuerzas Armadas antes de cumplir los 20 años. Una vez retirado de la vida activa por su discapacidad, se concentra mayoritariamente en las zonas de más tradición militar, como son Cádiz (10%), La Coruña  (5,2%),  Murcia (7,2%), Sevilla (5,6%) o Madrid (12,7%).

Si atendemos a las posibilidades de inserción en otro tipo de actividades civiles, encontramos que en su mayoría se trata de una población envejecida y con escasas posibilidades de inserción laboral (más del 50% tienen entre 50 y 64 años) y los menores de 50 años (con mayores posibilidades de salidas laborales) agrupan al 27´4% del total.

De este modo, los esfuerzos por una integración laboral solamente son posibles respecto a algo menos de un tercio del total de esta población, y ´para el resto la integración posible no pasa por lo laboral, sino por medidas de índole social, exactamente igual que ocurre con los discapacitados del mundo civil sin posibilidad de acceso al trabajo.

Por el tipo de prestaciones que cobra, la mayoría, el 73,7%  reciben la ayuda correspondiente por Incapacidad Permanente Total ( impide para el trabajo específico en el que se declara la incapacidad, pero no para otro tipo de trabajo), seguido de un 17´6% que percibe por incapacidad permanente absoluta (no pueden trabajar en nada) y por un 8´7% que además son grandes inválidos (necesitan la asistencia de otra persona para atender a sus necesidades).

El mapa nos da algunos datos imprescindibles para aplicar políticas justas hacia estos discapacitados y debemos celebrarlo.

Políticas justas que, como hemos dicho en otras ocasiones, pasan por asimilar su condición a la de cualquier otro discapacitado, pues no hay razón para dos regímenes de tato diferentes entre la población civil y la militar a la hora de gozar de las prestaciones sociales y derechos.

Y ello nos pone en el punto de reivindicar, una vez más, la desaparición e integración en el sistema general del ISFAS, un instituto autónomo militar que duplica actividades que ya efectúan los correspondientes dispositivos civiles y que genera un gasto que podría aprovecharse mucho mejor y con más eficiencia.

Pero el panorama de discapacidad de las Fuerzas Armadas nos sitúa en un segundo plano, el de la tremenda población discapacitada que genera la actividad militar, algo que hace a los ejércitos en un oficio especialmente peligroso para los propios militares y que nos debería llevar a otro tipo de reflexión acerca del propio riesgo que conlleva el ejército.

Lamentablemente no hemos podido acceder al informe (no aparece en la página de la Fundación ONCE y no lo hemos encontrado en ninguna otra), para comprobar si, en dicho informe, se explican algunas dudas que nos podrían llevar a reflexiones complementarias, como por ejemplo, el modo en que se produjeron tales lesiones (no es lo mismo si en “operaciones en el exterior”, pongamos por caso, que en accidente en el cuartel u otro tipo de causa), el cuadro de prestaciones económicas y sociales que perciben, o el empleo concreto que tenían al momento de su discapacidad.

Datos que, a su vez, nos permitirían asociar este tipo de lesiones a determinado tipo de actividades y/o empleos, lo que incluye también el debate sobre el abandono de alguna de ellas, comprobar las prestaciones que perciben en relación a las que perciben los discapacitados de la sociedad civil, y el grado de “integración” que logran las políticas aplicadas por el sistema militar de protección social en relación al que se consigue con el sistema común aplicable a los civiles, a fin de desarrollar políticas igualatorias y de adopción de las mejores prácticas existentes en todos los casos.

 

 

 

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Los Organismos Autónomos Militares incrementan el gasto militar en otros 1.686´3 millones de €

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Presupuestos Generales del Estado 2015

El Gobierno ha presentado en el Parlamento el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2015 y nosotros, fieles a nuestro compromiso, hemos comenzado a desentrañarlo.

Como de costumbre, se nos ofrece una cifra oficial de Gasto de Defensa (5.767,77 millones de €, un 0,38% más que el año anterior) que dista mucho de ser la cifra del gasto militar español, muy por encima de la cifra oficial y oculto en infinidad de partidas de 12 de los 13 ministerios del gobierno de Rajoy (falta el de Justicia, donde de momento no hemos encontrado nada) y en otras partidas presupuestarias fuera de las ministeriales.

Con todo, el presupuesto del Ministerio de Defensa es el segundo más alto en gastos de todos los ministerios, solo por detrás de Empleo y Seguridad Social que cuenta en su presupuesto las prestaciones a parados (sin este rubro, el presupuesto de Defensa sería el más alto de todos).

En todo caso, el presupuesto de Defensa no sólo es engañoso porque oculta cuatro de cada cinco euros del efectivo gasto militar español, sino también porque, año tras año, el presupuesto ejecutado (es decir, el dinero efectivamente gastado) rebasa ampliamente al presupuestado, en una deliberada estrategia de ocultar el desmesurado gasto militar.

Por ello, entre el gasto de defensa presentado por el gobierno de España y el gasto militar real hay una sideral distancia y el descaro en la ocultación llega a tanto, que el propio Tribunal de Cuentas ha censurado este modo deliberado de ocultar el gasto militar que tiene el Gobierno Español.

Uno de los rubros de gasto militar que habitualmente se nos oculta es el que se corresponde con los Organismos Autónomos Militares. Los organismos autónomos son varias entidades con personalidad jurídica propia que gestionan determinadas funciones de los ejércitos. En la actualidad, y conforme a la reorganización que se ha producido existen tres organismos autónomos militares:

  • El INVIED (Instituto de la Vivienda, Infraestructuras y Equipamientos de la Defensa), que se encarga de todo lo relacionado con el patrimonio militar, con la enajenación y venta de terrenos militares (lo que incluye no pocos casos de verdadera especulación), con las ayudas a la vivienda de militares y con inversiones en armas e infraestructuras a partir de los “beneficios” de su gestión
  • El ISFAS (Instituto Social de las Fuerzas Armadas), encargado de las prestaciones sociales y del equivalente a la seguridad social de los militares y de sus familiares.
  • EL INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial) que se encarga de la investigación aeroespacial enfocada a lo militar.

Pues bien, cuando el Ministerio de Defensa nos dice que sus presupuestos son de sólo 5.767,73 millones de euros para 2015, está excluyendo, junto con otros muchos gastos militares, el gasto de estos Organismos Autónomos que, como vamos a ver a continuación, es muy importante, pues alcanza 1.686,3 millones de euros en 2015, un 6’23% y 98,92 millones de euros más que el año pasado.

Si vemos este gasto por partidas, encontramos que se distribuye del siguiente modo:

  • INVIED: 216,13 millones de euros.  En 2014 el INVIED recibió 149’96 millones de €.  A ellos habría que sumarle los 50’18 que recibió el Servicio Militar de Construcciones que, tras su reestructuración, ha pasado a manos del INVIED.  Por lo tanto el presupuesto conjunto de ambos en 2014 es de 200’14 millones de €.  En definitiva, el INVIED ha aumentado su presupuesto en 15’99 millones de €, es decir, un 7’98 % más.
  • INTA:    138,13 millones de euros.  El INTA, para el año 2015 va a asumir el Canal de Experiencias Hidrodinámicas de El Pardo que en 2014 contó con un presupuesto de 5’31 millones de €.  A él habría que sumar los 100’27 millones de € que recibió el INTA en 2014.  El total son 105’58 millones de €.  Por lo tanto, el INTA en 2015 recibe 37’55 millones de € más, un 30’83 % más.  Porcentaje de aumento muy significativo.
  • ISFAS:  731,71 millones de euros (en el Programa 222M del Ministerio de Defensa) y otros 600’33 millones de € en la partida de “otros ministerios”, en el programa 929, numeral 160021.  Por lo tanto el ISFAS va a recibir en 2015 1.332’04 millones de €.  Si tenemos en cuenta que en 2014 recibió 1.284’66 millones de €, se ha aumentado su presupuesto en 47’38 millones de €, un 3’68 % más.

Si a los 5.767’77 millones que publicita el Gobierno que son el Presupuesto del Ministerio de Defensa sumamos los 1.686’3 millones de € de los Organismos Autónomos Militares, obtenemos una cifra de 7.454’03 millones de €, lo que supone que el Gobierno a través de los Organismos Autónomos Militares oculta un 29’23 % del gasto del Ministerio de Defensa.  He aquí la principal función de los Organismos Autónomos Militares:  ocultar una parte sustancial del Gasto Militar.

Llama la atención que Defensa no reconozca como gasto militar este gasto tan nítido y reconocido por la OTAN como gasto militar, sus propios Organismos Autónomos. Pero no es lo único: los Organismos Autónomos Militares tienen otras fuentes de ingresos y gastos fuera de los presupuestos generales del Estado que, precisamente por no formar parte de los presupuestos públicos, están exentos de control y transparencia y que aumentan más aún (no sabemos cuánto sino por las memorias anuales que con bastante retraso van ofreciendo estos organismos) el gasto militar.

Seguiremos informando.

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Se acaba con otro ejemplo de despilfarro militar: el Hospital de San Fernando será de uso civil

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Fuente: La voz digital

En San Fernando (Cádiz), que cuenta en la actualidad con una población de casi 100.000 habitantes, ha existido una reivindicación histórica de sanidad: que el hospital militar de San Carlos pase a manos civiles para atender a las necesidades de la población.

Actualmente, la ciudad de San Fernando cuenta con un Centro de Salud (San Fernando Este) y un Consultorio (San Fernando Este II), ambos pertenecientes al Servicio Andaluz de Salud.  Por lo tanto, no tiene hospital propio y para recibir sus tratamientos tienen que desplazarse a los de Cádiz o Puerto Real, que ahora verán a su vez descongestionados sus servicios.

Y hasta ahora los militares de la zona eran unos privilegiados porque también contaban con una planta del hospital para su atención (las demás estaban vacías, infrautilizadas, por tanto, porque no las necesitaban los militares).

El pasado marzo el ministro de Defensa, Pedro Morenés, explicaba en el Senado que su departamento ofrecía a la Junta transmitir gratuitamente la propiedad del inmueble para que el Servicio Andaluz de Salud ejerciera “la total responsabilidad” de su gestión.

Según informa La Vanguardia:

Ahora parece que se va a atender esta exigencia y que se van a iniciar los protocolos de transferencia desde el ejército a la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, aunque, según la plataforma que ha llevado adelante esta reivindicación desde hace más de diez años y de la Federación de Vecinos, aún queda mucho por hacer para que esto se materialice y satisfaga las necesidades sociales de San Fernando.

Como nos extrañaba tanta generosidad de Defensa, hemos seguido leyendo la noticia y

La cesión se produce porque el Hospital Militar de San Carlos ya no es necesario para las Fuerzas Armadas, tiene índices de ocupación “muy bajos”, con sólo dos plantas en servicio, y supone un gasto para Defensa “muy elevado”, según explicó en su día Morenés.

Es decir, parece que los  militares lo que buscan es ahorrarse el gasto que les suponía tener un hospital infrautilizado.

En sus presupuestos para este año, la Junta de Andalucía ha reservado 11,6 millones de euros para este nuevo hospital que ahora formará parte de su sistema de salud.

Los vecinos, por lo que se ve, no las tienen todas consigo y no se fían mucho de los actos oficiales de besamanos y fotos que políticos de una y otra parte se hacen al respecto. Por eso aprovecharon los actos y celebraciones de la firma del protocolo de intenciones que ha llevado a cabo la Subsecretaria de Defensa y la Consejera de Salud de la Junta andaluza para concentrarse y demostrar que siguen allí y en lucha.

El propio Alcalde de San Fernando insinuó lo tortuoso del camino por recorrer para hacer realidad la transferencia de la sanidad de este hospital al pueblo de San Fernando:

El hospital de San Carlos está llamado a servir a la ciudadanía de La Isla, pero también de toda la Bahía. Es necesario continuar pidiendo los servicios propios de un centro asistencial de esta envergadura, porque recordamos que ya tenemos el edificio pero ahora queremos que tenga todos los servicios propios de un hospital

Por otra parte, se desconocen las claves del protocolo: ¿Ceden el edificio mondo y lirondo o con equipamiento e infraestructuras sanitarias?, ¿Es gratis, como se anuncia o le va a costar algo a la gente?, ¿hay que pagar o dar algo a cambio al ejército por esta transferencia, como por ejemplo terrenos? ¿El personal de que contaba el centro militar va a ser personal estatutario al servicio de la sanidad civil o se va con los militares?, ¿Se va a dotar suficientemente a las instalaciones para que sirvan al fin de la sanidad de la población de la Bahía?

Y mucho más: ¿Cómo es posible que un hospital de 12 plantas como este haya permanecido tanto tiempo insolidariamente en las condiciones en que se encuentra?  Este es otro ejemplo clarísimo de despilfarro militar.  Efectivamente, durante todos estos años un hospital de doce plantas pagado con los impuestos de todos nosotros ha estado vacío y sin prestar servicio a nadie, fuera de los militares, que únicamente han tenido abierta una planta (porque no necesitaban más).

Seguro que este nuevo ejemplo de despilfarro y de prebendismo militar nadie lo explica y nadie responde de él.  Y seguro que tampoco conseguimos tener acceso a los acuerdos firmados para saber  a qué precio, si es que lo ha habido, se ha conseguido esta cesión.

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El ISFAS (Instituto Social de las Fuerzas Armadas) sigue derrochando dinero

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Fuente: Extraconfidencial

Por mucho que el Ministro de Defensa y su Secretario de Estado se esfuercen en difundir que se gasta poco en defensa, la tan cacareada austeridad del gasto militar se pone en entredicho a diario.

Ahora es una licitación del Ministerio con la que han adjudicado a la empresa Rotosa S.A. la contrata para el suministro de talonarios de recetas de farmacia para el ISFAS, por un importe de 714.380 euros.  Todo ello cuando en el resto del Estado se ha implantado un sistema de receta electrónica que aminora gastos y cuando la mayoría de las recetas médicas no las emite el propio ISFAS, sino las mutuas privadas a las que ha entregado el servicio sanitario para la inmensa mayoría del personal a cargo de ISFAS, como informábamos en el artículo:  “El escandaloso desastre del sistema sanitario militar“.

Ahora bien, según parece, la adjudicataria de esta bicoca de contrato es una empresa de artes gráficas que se llama ROTOSA S.A. y que en ejercicios anteriores ha arrojado, al parecer, pérdidas. Según informa la fuente de donde hemos extraído la información, en 2011 arrojaron pérdidas de 1,19 millones de euros, y pasaron de facturar más de 10 millones de euros a menos de 5. No hemos podido confirmar estos datos y tampoco obtener otros más actualizados, pero seguiremos investigando el asunto.

Algo nos hace sospechar una de esas extrañas coincidencias tan frecuentes cuando hablamos de negocios del Ministerio de Defensa.

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El escandaloso desastre del sistema sanitario militar

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Fuente:  Diario Militar.

El Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS) se encarga de ofrecer prestaciones sociales de sanidad y vejez a las fuerzas armadas y a la guardia civil.

Cuenta, según su memoria de 2010 (hacen las memorias con bastante retraso) con 632.702 beneficiarios, de los que 380.736 son “titulares” (osea, militares o guardias civiles) y 251.966 “beneficiarios” (familiares).

De estos 632.702 beneficiarios sólo cotizan 243.053, un cotizante por cada 2,5 (la media en el mundo civil es de 2 cotizantes por cada no cotizante).

Mantiene una red de hospitales militares “estratégicos”, que son un aparte de los que tuvieron hasta fines de siglo, en que les dio por privatizarlos, ceder su gestión a las comunidades autónomas o llegar a acuerdos de uso conjunto para que los civiles pagaran parte de estas infraestructuras y actividades.

Se pasó así de mantener 14.000 camas a fines de los 80 del siglo XX a las algo más de 2.000 que tienen ahora (una cama por cada 316 beneficiarios, frente a la cama por cada 303 habitantes con que cuenta la sanidad española según el informe de la OCDE “Una mirada a la sanidad. Europa 2010”). Pero este dato tiene una segunda explicación: dado que de los 632.702 beneficiarios, la inmensa mayoría se han pasado a mutuas privadas (ASISAS y ADESLAS principalmente) o a la sanidad “civil”, y sólo quedan adscritos a la sanidad militar 30.555, resulta que las 2.000 camas que financiamos entre todos cuentan con la ratio de una cama por cada 152,7 usuarios. ¿No suena mal este privilegio?

No es el único. Sigamos.

1) Los 564.020 beneficiarios de ISFAS que han “externalizado” a ADESLAS y ASISA su relación sanitaria, cuestan, por cabeza, cantidades superiores de las que cuesta un civil: El ISFAS paga 85 euros día (30.205 al año) por beneficiario mayor de 70 años; 68,23 por beneficiario de entre 70 y 60, y 57,76 por beneficiario menor de 60 años, como prestación “básica” (es decir, que tiene incrementos ampliables de los que no sabemos los importes). Una exageración que no sólo sale de las cotizaciones de los militares.

2) ISFAS nos cuesta, del presupuesto, la cantidad anual (según los presupuestos generales del Estado), de 728,25 millones de euros, que le son transferidos a este “organismo autónomo militar” desde el Estado.

3) Podría decirse que la cifra no es exacta pues hay 243.053 cotizantes (la suma de los guardias civiles y de los militares en activo), lo que supone un ingreso anual importante. Veamos las cifras. A las nóminas militares y de la guardia civil se les aplica un descuento de ISFAS de la asombrosa cifra de 46,80 euros. Si multiplicamos dicha cantidad por doce meses y por el número de cotizantes, nos arroja la cifra de 136.498.564,8 euros.

4) Quiere decir esto que, por la patilla, no como fruto de cotizaciones, los españoles regalamos al sistema de ISFAS de los ejércitos vía impuestos 591,7 millones de euros, y es que somos, sobre todo, muy generosos, no se nos vayan a poner malitos los militares por el terrible esfuerzo y abnegación bla, bla, bla.

Pero esto, con ser mucho, tampoco es todo.

Resulta que ahora a los gestores de pacotilla que tenemos, tampoco les salen las cuentas y han decidido que la única manera de hacer rentable ISFAS es externalizar por completo sus prestaciones. Mandar todo, como en lo público, a lo privado. Adelantemos nuestra solemne opinión de que es mentira que por medio de tal negocio haya una especie de prisión ideológica privatizadora y menos verdad es que haya algún amiguete de político puerta giratoria encargado de hacer negocio con la sanidad privada. Lo hacen todo por nuestro bien, porque lo público gestiona mal y lo privado muy bien, da trabajo a mansalva y tira de la economía.

Algunas consecuencias de esto:

  1. Nos cuesta una pasta inadmisible, mucho más que la de acabar con ISFAS y asimilar a todos los usuarios militares y sus familiares al sistema normal y civil de prestaciones sanitarias.
  2. Los militares tienen privilegios hasta en esto y son, por así decirlo, la punta de lanza del experimento privatizador de la sanidad.
  3. A costa de nuestros impuestos están engordando las cuentas de resultados de ASISA y otros negocios privados.
  4. Los militares se quejan de que, dado que se gana más en lo privado (como médico se entiende) que en lo público, se están quedando sin médicos, pues se fugan al calor del dinero (y de paso desenmascaran el discurso al uso del valor, la abnegación, el amor a los ideales y todo ese rollo que tanto les gusta a los discurseadores militares y a los políticos que intervienen en desfiles y otros actos folclóricos).
  5. La famosa medicina militar se colapsa: no tienen, según las quejas del propio cuerpo militar de médicos, experiencia suficiente, ni medios de investigar y profundizar, ni estímulos e incentivos para hacerlo, con lo que, no es por nada, no recomendamos ponerse en manos de un matarife militar.

Mientras esto ocurre en lo militar, al lado, en lo civil, prosigue la campaña de derrumbe de los derechos sanitarios de la sociedad y de privatización de la sanidad en manos de empresas que se caracterizan por pensar la salud en términos de lucro, no de derechos.

¿Y no tendríamos que defendernos de todo esto, precisamente de quienes nos dicen defender por vía civil o militar?

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El gasto militar y el ISFAS

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I) El gasto militar y los Organismos Autónomos Militares.

Hemos explicado en otras ocasiones que los componentes del gasto militar van mucho más allá de los que se reflejan en los presupuestos del Ministerio de Defensa. Tradicionalmente contribuyen al gasto militar programas y partidas de otros ministerios (en nuestro caso ocurre con 9 de los 13 existentes en la actualidad, al que habría que añadir el de Hacienda que coordina todo el gasto), así como de organismos autónomos dependientes del Ministerio de Defensa y, en parte, de Interior, así como otros conceptos que se destinan a pago de militares, armamentos, sistemas de defensa o prestaciones varias (pensiones ayudas, asistencia social o sanitaria) de ex-militares.

Si nos fijamos en el último presupuesto fiscalizado por el órgano público encargado de controlar el gasto público (el IGAE), correspondiente a 2011, podremos comprobar que, amén de los presupuestos de defensa y de otras partidas “disfrazadas” en otros ministerios y que el IGAE reconoce como gasto militar, contamos con datos de los Organismos Autónomos Militares (OO.AA), que dependen de la Secretaría de Estado de Defensa a pesar de tener personalidad jurídica propia y capacidad de gestión autónoma, que nos permiten calcular otras partidas más del gasto militar.

La memoria del IGAE de 2011 señala que estos OO.AA militares percibieron de las diversas administraciones públicas la friolera de 842,02 millones de euros, cantidad nada despreciable y que desde luego debería formar parte de la cuenta total del gasto militar español

Si tenemos en cuenta que las transferencias que se han producido a estos organismos desde el Ministerio de Defensa han correspondido con 287,22 millones de euros, como consecuencia de transferencias de 204,59 millones de euros al ISFAS, y 82,63 millones al INTA y al CEH, tenemos que, amén de este gasto ya computado en el presupuesto del Ministerio de Defensa, contamos con otros 554,8 millones de euros que se han transferido desde otras administraciones.

¿Cuáles, por qué conceptos, de qué modo? Son preguntas que a día de la fecha no sabemos responder, aunque seguiremos indagando.

II) El ISFAS

Pero vayamos al ISFAS, el Instituto Social de las Fuerzas Armadas. Una institución singular y anacrónica que consume una de las partidas que suele pasar desapercibida del del gasto militar.

El ISFAS tiene el encargo de gestionar la “seguridad social” de los militares y de la guardia civil y cuenta con un estatuto legal propio.

Es evidente que el gasto del estado por estas prestaciones (médico-sanitarias, incapacidades, prestaciones a familiares, etc.) es un componente del gasto militar, y así viene reconocido por el “criterio OTAN”, que establece como gasto militar todo aquel que hace relación a la defensa y a las retribuciones por cualquier concepto de los militares y sus beneficiarios.

Conviene hacer esta aclaración porque las prestaciones sociales y las clases pasivas militares, para nuestros lustrosos políticos, suelen computarse como gasto social (incrementando este y haciéndolo parecer más voluminoso de lo que es en realidad) y no como el gasto militar que es en sí.

Y una segunda cuestión: dado que están adscritos al ISFAS los efectivos de la Guardia Civil y sus familiares, se refuerza la conclusión de que tal institución, adscrita al Ministerio del Interior a efectos presupuestarios, también es un componente importante (y oculto) del gasto militar.

          1.- ¿Cuánto ingresó el ISFAS en 2011?

Para estimar la magnitud económica del ISFAS durante 2011 (último ejercicio del que contamos con datos publicados) hemos utilizado dos fuentes distintas: la memoria que publica el propio ISFAS relativa a ese ejercicio (y  publicada en el segundo semestre de 2012) y la memoria de liquidación del gasto de los Organismos Autónomos realizada por la IGAE (órgano de control del gasto público del Ministerio de Hacienda), también correspondiente al ejercicio de 2011 y que es la última publicada por este organismo.

Conforme a los datos del IGAE, el ISFAS recibió dinero público por el importe de 204,9 millones de euros como transferencias del Ministerio de Defensa, pero obtuvo ingresos “presupuestarios” (es decir, en otras partidas presupuestarias fuera del MInisterio de Defensa) por importe de 734,99 millones de euros, realizando pagos con cargo a estos ingresos por valor de 723,43 millones (lo que implica que tuvieron 11,56 millones de dinero público de más respecto de lo que pagaron).

Ahora bien, si miramos la memoria del ISFAS, durante el ejercicio de 2011 los ingresos totales del ISFAS fueron de 773,41 millones de euros (es decir, un desfase respecto a los ingresos que consigna la IGAE de 38,42 millones “de más” que ingresó el ISFAS).

¿De dónde salieron esos 38,42 millones “de más” que ingresó el ISFAS y no contabilizó la IGAE? Se nos ocurren dos posibilidades:

  1. Dado que IGAE no siempre ha contado con todos los datos de los organismos que fiscaliza, pues a veces, como dice en su informe, han tenido que acudir a estimaciones a falta de los balances y cuentas anuales de las entidades, puede ser que hayan estimado de menos y todos los ingresos de ISFAS sean dinero público, con lo que el dinero público con que ha contado ISFAS ese año sería de 773,41 millones de euros y no de 734,41 millones
  2. Puede ser que, dado que el ISFAS sólo fiscaliza el dinero público, el desfase quiera decir que ISFAS, además del dinero público, obtiene ingresos de otro lado (por ejemplo inversiones, ventas que haga de sus servicios o patrimonio, etc).

A estas alturas no nos atrevemos a decir qué razón hay al respecto, pero prometemos investigar.

          2.- Los “cotizantes” y los “beneficarios” del ISFAS.

En la memoria del ISFAS de 2011 (por otra parte la última que han publicado) se señala el número de beneficiarios de esta institución, y en ello nos llevamos una morrocotuda sorpresa:

  • El ISFAS cuenta con 629.799 personas adscritas al mismo,
  • de las cuales solamente cotizan 239.918 (el 38%), por un importe por cotizaciones de 104,46 millones de euros (sumando a las 103´1 millones de las cuotas “ordinarias” los 0,44 millones de mejora voluntarias y los 0,92 millones de cuotas de mutuas) de los 773,41 millones de euros (es decir, el 13,50%) que componen sus ingresos del año 2011 según la memoria del ISFAS.

La aportación de cuotas de beneficiarios de sólo el 13,5% en el total del gasto del ISFAS implica que el grueso del gasto (el 86,5%) es soportado desde otro lugar, concretamente, desde los impuestos de todos nosotros, estemos de acuerdo o no con el militarismo.

          3.- ¿Quién aporta a los “ingresos del ISFAS”?

Ahora bien, ¿quién contribuye al ingreso con que se financia el ISFAS?

En primer lugar, los Presupuestos Generales del Estado transfirieron, según la memoria del IGAE, la importante cifra de 204,59 millones de euros a este organismo, lo que supone un 30,58 % de los 668,95 millones de euros dados de matute (es decir, los 773,41 que dicen que ingresan al año menos los 104,46 que se supone que salen de las cuotas de sus cotizantes) al ISFAS.

¿De dónde salen los restantes 464,46 millones de euros? Si tenemos que atender a los datos que arroja el informe del IGAE o la memoria del ISFAS, nos quedamos sin saberlo, por mucho que la conclusión final es que salen de los bolsillos de todos nosotros.

Sea como fuere, lo cierto es que la gran mayoría de los ingresos del ISFAS recaen sobre dinero público (es decir, son sufragados por todos nosotros) y son por ello una partida pública del gasto militar que hay que computar como tal.

          4.- El dinero público del ISFAS, en su gran mayoría, acaba en manos privadas y, en todos los casos, muestra una situación de privilegio intoletrable.

Pero no acaban ahí las sorpresas. ISFAS ofrece cuatro grandes “modalidades” de prestaciones sanitarias y es un claro ejemplo de privatización de esta función.

  • La primera modalidad es la que permite que la asistencia completa (es decir, asistencia primaria, especialidades, urgencias, etc) se preste por la red del propio ISFAS.
  • La segunda es que estas prestaciones las realice una de las dos compañías privadas con las que ISFAS ha concertado esta atención (ASISA o ADESLAS),
  • Una tercera es que estas prestaciones se presten en parte por la red de ISFAS (las especialidades) y el resto por las entidades concertadas
  • Y la cuarta, que alguna de estas prestaciones se preste por la red pública ordinaria en virtud del acuerdo suscrito por ISFAS y el INSS y la Tesorería General de la Seguridad Social.

 Pues bien, si vemos la distribución de beneficiarios de ISFAS por alguna de estas modalidades encontramos:

  • ISFAS únicamente presta sus servicios de forma completa a 38.880 beneficiarios, un 6,16%% del total
  • La asistencia de sanidad militar para especialidades se presta a otros 27.008, el 4,29% del total
  • El resto, es decir, 563.363 personas (el 89,45%) son atendidos por las aseguradoras privadas con las que ISFAS ha concertado acuerdos, ADESLAS y ASISA.

 Un claro ejemplo del tremendo y desmesurado negocio de las aseguradoras privadas en esta especie de externalización de las funciones de ISFAS, sobre todo si tenemos la curiosidad de conocer los precios que por sus beneficiarios “paga” ISFAS a éstas con carácter mensual, conforme a la resolución de 4 de noviembre de 2010 publicada en el BOE 273 de dicho año:

  • 56,30 euros por cada menor de 60 años/mes (676,6 euros/persona y año)
  • 66,89 euros por los comprendidos entre 60 y 70 (802,68 euros/ persona y año)
  • 83,33 euros por los mayores de 70 (999,96 euros/persona y año)

Estas cantidades han sido actualizadas para el ejercicio 2013 por resolución 4BO/38171/2012 publicada en el BOE de 18 de diciembre de 2012, siendo ahora respectivamente de 58,74; 69,39 y 86,45 euros.

Llama igualmente la atención el práctico desmontaje de la infraestructura hospitalaria de ISFAS, que en parte se ha conveniado para usos civiles con comunidades autónomas (lo que implica ingresos extra para ISFAS) y por desuso militar y en parte se ha desmontado sencillamente. De las 14.000 camas con que contaba la institución en los años 80 y 90 del Siglo XX (antes de los conciertos privados) hemos pasado a las menos de 2.000 que mantienen en la actualidad y de las plantillas médicas con que contaban hemos pasado a la ausencia de médicos en las instalaciones militares (al parecer porque los médicos ganan más en lo privado y se pasan a ese sector).

Así y todo, teniendo en cuenta que la propia infraestructura hospitalaria de ISFAS la usa solamente 38.880 personas, encontramos que cuentan con una cama por cada 19,4 personas, frente a la ratio de una cama por cada 350 personas que se da en lo civil, lo cual, una vez más nos permite ver un trato diferente no justificado hacia este privilegiado colectivo militar.

          5.- El “superávit” del ISFAS y la cuenta acumulada de “beneficios” de esta institución.

Veamos otra curiosidad del ISFAS. Durante el ejercicio 2011, y a pesar de que sus ingresos por cotizaciones no llegan sino al 13´5 % de sus ingresos totales, de los que el Estado aporta 668,46 millones de euros, obtuvo un superávit en su cuenta de resultados de 21,38 millones de euros, según la cuenta de resultados que aparece en la memoria del ISFAS, cantidad que podría ser mayor si a los 773,41 millones que el ISFAS declara que obtuvo de ingresos en su memoria anual, le restamos los 723,42 que el IGAE dijo que produjo de gastos (49,98 millones).

¿Revirtieron estos 21,38 millones “de más” que el ISFAS dijo obtener tras hacer todos sus pagos, al Estado y para otros fines útiles? No. Pasaron a integrar el capital de una cuenta que llaman “remanente de tesorería” y que contaba a finales de 2011 (ahora es previsible que sea mayor) con 191,99 millones de euros, lo que quiere decir que esta práctica de quedarse el dinero de todos es una constante.  ¿Qué se hace con este remanente?  ¿A dónde van los intereses?  ¿Quién y cómo se gestiona esta cuenta?  ¿Por qué este dinero no vuelve al estado para su gasto social en otras necesidades?

6.- Conclusiones

 Con todo, nos queda concluir: 

  1. El ISFAS tiene ingresos públicos, descontadas las cotizaciones de sus beneficiarios, como mínimo, por 668’95 millones de €, de los que únicamente se tienen reconocidos en cierto modo como gasto militar (dado que provienen del Ministerio de Defensa) 204’59 millones de €.
  2. El ISFAS no se soporta sobre las cuotas de sus beneficarios, sino a las costillas de los impuestos de todos,
  3. ISFAS está promoviendo un gigantesco proceso de privatización de la prestación sanitaria militar y de transferencia a las entidades privadas de gran parte del recurso público para atención hospitalaria. Como pasa con otros funcionarios, ha sido un campo de pruebas para el actual proceso de privatización y desmontaje de las prestaciones sanitarias universales.
  4. A pesar de ello conserva una infraestructura hospitalaria que privilegia a unos pocos.
  5. Desde el punto de vista de la eficiencia nos sale carísimo y supone un claro ejemplo donde los recortes sanitarios que nos aplican al resto de los mortales no tienen lugar.

Razones todas ellas que nos llevan a exigir el cambio de orientación de las políticas que han creado este instituto peculiar y ajeno al control civil.

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