Archive for igualdad

Más militarización cultural gaditana

Por Terry Hassan

Fuente:  La Voz de Cádiz.

Prometía mucho la afirmación del Ex-JEMAD, Almirante General Fernando García Sánchez en las jornadas impulsadas por el Instituto Español de Estudios Estratégicos, con el colaboracionismo acrítico de la Universidad de Cádiz, cuando afirmó rotundo ante los desinformados estudiantes de derecho y criminología del campus de Jerez:

En el mundo de la desinformación y las narrativas precocinadas es fundamental que fomentemos el espíritu crítico…

Pero luego desmereció, cuando, rompiendo con las más mínimas reglas de la lógica, afirmó de forma acrítica y con una narrativa pasmosamente precocinada y propia del mundo de la desinformación que

si consideramos que la seguridad es necesaria, las Fuerzas Armadas también.

Que, para no aburrir a nuestros lectores con disquisiciones que muestren la falsedad del silogismo, es tanto como decir que si la alimentación humana es necesaria, por ejemplo, queda demostrada la necesidad del canibalismo, o de los bollos bien preñados de grasas saturadas, pongamos por caso. Porque, que tengamos una enfermedad no requiere empeorarla con el remedio.

Teniendo en cuenta el carácter de la región, ¿se tomarían los estudiantes a chirigota las afirmaciones del Almirante?, ¿o tomarían apuntes, como en cualquier otra excentricidad más de las que se dicen en las aburridas clases de derecho?

Que seguridad y ejércitos no son equivalentes es algo que las propias Naciones Unidas vienen diciendo desde hace muchos años. Una cosa es la idea de seguridad militar, basada en ejércitos, armas, guerras, etc., y que cada vez “aseguran” menos y “dificultan” más, y otra la Seguridad Humana, que tiene que ver con la garantía de derechos humanos para todos, con estructuras justas, con protección contra el hambre, de la salud, de la educación, del medioambiente, …, como ha señalado en innumerables ocasiones el PNUD y aquí hemos explicado en tantas ocasiones.

Paradójicamente, los ejércitos, que se proclaman como la defensa de la seguridad por excelencia (eso sí, sin ninguna evidencia que confirme su amañada “justificación”, mera petición de principio) han pasado a ser uno de los factores desencadenantes de la mayor inseguridad a escala planetaria.

También lo dice Naciones Unidas, que por si fuera poco, cuenta con una resolución  del año 2011 de su Consejo de Derechos Humanos (Resolución 18/6, el Consejo de Derechos Humanos), por la cual estableció un procedimiento para proponer a la Asamblea General de Naciones Unidas reglas y acuerdos para un orden internacional justo y equitativo; resolución que ha dado lugar a que se proponga por el encargado de esta encomienda, el experto independiente Sr. De Zayas, quitar gasto militar y aplicar las reducciones de éste a políticas de paz y de desarrollo, como medio para conseguir ese orden equitativo y justo, y el aumento de la seguridad humana.

En el informe presentado en 2012 por dicho experto a la Asamblea General de Naciones Unidas, entre otras cosas, se dice

¿Cómo puede evolucionar el orden internacional existente para que sea más democrático y equitativo? Al parecer se necesitan ciertas condiciones, la más importante de las cuales es la paz (Pax optima rerum) en el sentido holístico, una paz que suponga no solo la ausencia de guerra sino también una armonía positiva; la ausencia de violencia estructural, hegemonía cultural, neocolonialismo y discriminación; y la erradicación de la pobreza extrema, como se prevé en los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

y

El gasto militar, la influencia de la industria militar, el comercio abierto y encubierto de armas y la delincuencia organizada internacional, en concreto el tráfico de estupefacientes, el blanqueo de dinero y la corrupción de los funcionarios gubernamentales y los actores no estatales, siguen teniendo consecuencias nocivas para el funcionamiento adecuado de la democracia en muchos países.

o bien

El Experto Independiente cree que es poco probable que se avance en el establecimiento de un orden internacional democrático y equitativo si los gobiernos no representan fielmente a sus electores, si persisten la explotación económica, el colonialismo y el neocolonialismo, y si se siguen ocupando territorios por motivos estratégicos, militares o económicos

para proponer

También podría barajarse la posibilidad de gravar un impuesto especial sobre todas las ventas de aeronaves y navíos militares, misiles de crucero y otras armas. Los avances en las negociaciones sobre desarme siempre son bien acogidos. Las palabras no bastan; el objetivo es encontrar la manera de redirigir los recursos utilizados por los ejércitos y reducir el peligro de que estalle una guerra, al tiempo que se liberan fondos para financiar el desarrollo y el crecimiento inclusivo”

Ya lo ven, la vinculación entre seguridad y ejércitos, tan clara para un señor Almirante General, no es tan evidente para el derecho internacional, para Naciones Unidas, o para el PNUD, por no irnos a buscar más allá de la pura y reconocida oficialidad mundial.

Pero volvamos al caso de la Universidad de Cádiz.

Porque resulta llamativo el servilismo de tantas instituciones gaditanas al militarismo y sus ínfulas. Se le prestan medios, se le hacen parabienes, se recibe a sus próceres con pompa y boato, se apoya a su industria militar, no se exige el pago de impuestos por la ocupación del territorio, ni se promociona una cultura de paz sino la exaltación de lo militar.

Y hablamos de tantas instituciones (instituciones en un sentido lato) que asombra: diputación, ayuntamientos, universidades, sindicatos, medios de comunicación, partidos políticos, instituciones educativas y culturales…

¡Como si en Cádiz la huella del militarismo no supusiera una cadena que ata a la provincia a la dependencia y a la penuria, que lastra su desarrollo y lo vincula a los intereses que defienden los ejércitos!

Deben creer todos ellos el dogma del ejército como algo bueno y sin réplica, esa “verdad” que propaga el militarismo. Lo han debido espiritualizar como cualquier otro preconcepto de nuestra cruel cultura heredada, sin pararse a analizarlo con el espíritu crítico que predicaba, retóricamente, el Almirante General García Sánchez.

De este modo, las instituciones de Cádiz, al servicio del militarismo, contribuyen a lastrar la cultura singular de Cádiz y a someterla a los intereses de los que sueñan en un mundo cuartelario, en botas y trompetas militares y bien de banderitas para gritar a pleno pulmón: ¡A por ellos, oé!

¿Tanta es la presión ambiental que los pacifistas de Cádiz no consiguen hacerse oír?

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Mapa de Discapacidad de las Fuerzas Armadas

Auroras+77

Por David Peinado

Fuente: Fundación ONCE.

La Fundación ONCE, bajo el amparo de un Convenio de colaboración suscrito con el Ministerio de Defensa, y con la financiación del Fondo Social Europeo, ha elaborado una radiografía de la discapacidad en las Fuerzas Armadas, en el documento “Mapa de Discapacidad de las Fuerzas Armadas” en el que se explica que en la actualidad hay 10.907 militares discapacitados (10.680 varones y 227 mujeres) y cobrando algún tipo de prestación por su situación, de ellos la mayoría (8.484 en concreto) en edad laboral (menos de 65 años).

el retrato robot del militar con discapacidad de las FAS que cobra algún tipo de prestación es el de un hombre (97,9%) con una edad media de 57,5 años,  que ingresó en las Fuerzas Armadas antes de cumplir los 20 años. Una vez retirado de la vida activa por su discapacidad, se concentra mayoritariamente en las zonas de más tradición militar, como son Cádiz (10%), La Coruña  (5,2%),  Murcia (7,2%), Sevilla (5,6%) o Madrid (12,7%).

Si atendemos a las posibilidades de inserción en otro tipo de actividades civiles, encontramos que en su mayoría se trata de una población envejecida y con escasas posibilidades de inserción laboral (más del 50% tienen entre 50 y 64 años) y los menores de 50 años (con mayores posibilidades de salidas laborales) agrupan al 27´4% del total.

De este modo, los esfuerzos por una integración laboral solamente son posibles respecto a algo menos de un tercio del total de esta población, y ´para el resto la integración posible no pasa por lo laboral, sino por medidas de índole social, exactamente igual que ocurre con los discapacitados del mundo civil sin posibilidad de acceso al trabajo.

Por el tipo de prestaciones que cobra, la mayoría, el 73,7%  reciben la ayuda correspondiente por Incapacidad Permanente Total ( impide para el trabajo específico en el que se declara la incapacidad, pero no para otro tipo de trabajo), seguido de un 17´6% que percibe por incapacidad permanente absoluta (no pueden trabajar en nada) y por un 8´7% que además son grandes inválidos (necesitan la asistencia de otra persona para atender a sus necesidades).

El mapa nos da algunos datos imprescindibles para aplicar políticas justas hacia estos discapacitados y debemos celebrarlo.

Políticas justas que, como hemos dicho en otras ocasiones, pasan por asimilar su condición a la de cualquier otro discapacitado, pues no hay razón para dos regímenes de tato diferentes entre la población civil y la militar a la hora de gozar de las prestaciones sociales y derechos.

Y ello nos pone en el punto de reivindicar, una vez más, la desaparición e integración en el sistema general del ISFAS, un instituto autónomo militar que duplica actividades que ya efectúan los correspondientes dispositivos civiles y que genera un gasto que podría aprovecharse mucho mejor y con más eficiencia.

Pero el panorama de discapacidad de las Fuerzas Armadas nos sitúa en un segundo plano, el de la tremenda población discapacitada que genera la actividad militar, algo que hace a los ejércitos en un oficio especialmente peligroso para los propios militares y que nos debería llevar a otro tipo de reflexión acerca del propio riesgo que conlleva el ejército.

Lamentablemente no hemos podido acceder al informe (no aparece en la página de la Fundación ONCE y no lo hemos encontrado en ninguna otra), para comprobar si, en dicho informe, se explican algunas dudas que nos podrían llevar a reflexiones complementarias, como por ejemplo, el modo en que se produjeron tales lesiones (no es lo mismo si en “operaciones en el exterior”, pongamos por caso, que en accidente en el cuartel u otro tipo de causa), el cuadro de prestaciones económicas y sociales que perciben, o el empleo concreto que tenían al momento de su discapacidad.

Datos que, a su vez, nos permitirían asociar este tipo de lesiones a determinado tipo de actividades y/o empleos, lo que incluye también el debate sobre el abandono de alguna de ellas, comprobar las prestaciones que perciben en relación a las que perciben los discapacitados de la sociedad civil, y el grado de “integración” que logran las políticas aplicadas por el sistema militar de protección social en relación al que se consigue con el sistema común aplicable a los civiles, a fin de desarrollar políticas igualatorias y de adopción de las mejores prácticas existentes en todos los casos.

 

 

 

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Mujeres y paz

Por Radiovillafrancia

Fuente: Público

No hay paliativos que permitan divagar. La principal papeleta para sufrir pobreza, nos dice Naciones Unidas, es la de ser mujer.

Y decimos nosotros que, entonces, la principal causa de la ausencia de paz, de la violencia larvada y sutil que nos abraza como una maldición, es precisamente, la cuestión de género. La dominación de género. La dominación, que se ceba fundamentalmente en las mujeres, las primeras y primordiales víctimas a las que somete a la violencia de la pobreza, de la sumisión, del patriarcado.

Dice la ONU en el informe “Las mujeres y el mundo 2015, tendencias y estadísticas“, refiriéndose al conjunto del planeta que

el 60% de las personas que pasan hambre en el mundo de forma crónica son mujeres y niñas. Ellas constituyen dos terceras partes de los casi 800 millones de analfabetos (cifra que no ha cambiado en las últimas dos décadas), ingresan de media un 60% menos que los hombres, poseen menos de un 20% de la tierra cultivable (a pesar de que más de 400 millones de agricultoras producen la mayoría de los alimentos que se consumen en el mundo) y sólo un 50% de las mujeres en edad de trabajar tienen un empleo, frente al 77% de los hombres.

Y según el Foro Económico Mundial, la brecha entre hombres y mujeres no se cerrará hasta dentro de 170 años. Así aparece en su “Informe Global de la Brecha de género 2015-2016”

No hay paz, porque no hay paz para las mujeres. Porque el hecho de nacer mujer conlleva un número más que abrumador de papeletas para ser pobre, para ser … víctima de la falta de paz.

Porque la paz no es la ausencia de guerras, como hemos dicho tantas veces.

Y esto vale también para el opulento primer mundo y para el Cuarto Mundo que convive, más bien malvive, dentro de nuestro primer mundo.

Del primer mundo donde nos creemos en paz y algunos aventureros se apresuran a proclamar que estamos en el mejor de los mundos posibles.

Tampoco aquí hay paz.

La lista de desigualdades en España que implican esa violencia directa, esa violencia estructural y cultural negadoras de la paz es interminable.

No la hay porque la pobreza material es una ofensa para la paz, y crece el número de pobres. También en España de mujeres pobres, porque la pobreza, dicen los expertos, está feminizándose.

No la hay entre nosot@s donde el hecho de ser mujer implica casi todas las papeletas para integrar el 20% de la población en riesgo de exclusión.

No puede hablarse de paz donde hay pobreza habitacional creciente, ni donde hay pobreza energética creciente, o depauperación creciente de l@s asalariadas, o creciente violencia física y agresiones a mujeres , … Podríamos ampliar la lista hasta el infinito, pero es innecesario.

La paz pasa por la mujer porque pasa por luchar contra las violencias, y el hecho de ser mujer agrava las vulnerabilidades y la posibilidad de sufrir cualquier tipo de violencia, por separado, o la suma de varias o todas violencias.

Y por tanto la lucha por la paz pasa por una feminización (también) de dicha lucha, de sus protagonistas, de sus puntos de vista, de sus prioridades y de las mentalidades de l@s militantes por la paz.

De hecho, desde sus orígenes, la lucha de las mujeres ha sido también una lucha por la paz, hasta el punto en que una historiadora ha podido decir que el pacifismo es hijo del feminismo.

Si un día alguien pudo escribir en una pintada que no habrá revolución sin las mujeres, hoy nosotros también podemos afirmar que tampoco habrá paz, si no la hay, en el sentido estructural que estamos señalando, para las mujeres.

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De eso que se encargue su madre

Veh%C3%ADculo+T%C3%A1ctico+militar++Abir+M-462+de+la+caballeria+del+Ejercito+de+Colombia

Landahlauts

Fuente: Público

Nos refiere Público un caso que ilustra de maravilla la particular lectura de los derechos que mantiene el Ejército respecto de los soldados.

En concreto se trata de la denegación de la petición de un cabo que ha solicitado que le destinen a una unidad cercana al domicilio de su unidad familiar para poder ejercer los derechos de conciliación que al menos en el papel le pueden corresponder.

El cabo, al parecer, tiene dos hijos, uno con un trastorno de la personalidad grave e invalidante. La pareja del cabo, además, se encuentra en tratamiento psicológico.

Nada más lógico que querer conciliar su trabajo con sus necesidades familiares. Pero no lo entiende así el ejército, que le ha denegado repetidas veces la solicitada conciliación por ser incompatible con su situación militar.

Para mayor brutalidad, una de las contestaciones que ha recibido, dice Público, por escrito dice que “para eso ya está su madre” (de los hijos). ¿Cabe una denegación más brutal e insensible? ¿No denota una visión machista de la vida, incompatible con el mundo en que vivimos, tal contestación?

Al parecer la conciliación de la vida familiar es también uno de los vicios de la vida civil que uno debe dejar a la puerta del cuartel, lo que nos hace, una vez más, lo poco compatible de los ejércitos y los valores civiles.

Pero no es el machismo la única explicación del caso. Al parecer, lo que se le niega al cabo se le admite a un Teniente Coronel, aún cuando se encuentran en la misma situación “administrativa”. La jerarquía parece que, también aquí, convierte en privilegios lo que en el mundo civil son derechos para todos.

Según parece el caso del cabo no es excepción, sino norma. Y es que, efectivamente, los derechos quedan aparcados a la puerta de los cuarteles. Tal vez derechos y cuarteles no concilian bien. Y eso es un peligro para la sociedad.

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Condena a las violaciones como arma de guerra

Imagen de Erik Torner

Fuente:  Diagonal

Cualquier violación es condenable.  Por ello nos alegramos de la sentencia de Guatemala que condena a 360 años a dos militares por usar las violaciones como arma de guerra.

El caso se dio contra mujeres indígenas a las que sometieron a violaciones continuadas, esclavitud sexual y doméstica.

la fecha del 26 de febrero marcará un paradigma en los procesos de justicia y reparación para las mujeres, en América Latina y el mundo, ya que por primera vez se ha condenado la violencia sexual ante tribunales nacionales. Por primera vez, las voces de mujeres mayas se han escuchado en las instituciones de justicia con ecos a nivel internacional. Estas once mujeres  q’eqchi’ han relatado las atrocidades de los agentes del estado y los trazos del genocidio para que los crímenes sexuales no se vuelvan a repetir.

La guerra no perdona a nadie.  Y parece que las sociedades tardan en darse cuenta de lo que en realidad suponen.  Se tardan años en considerar delitos las cuestiones violentas que se hacen en el entorno de las guerras, parece que la violencia hecha en grupo y de uniforme no lo es, o lo es menos.

Esta condena además sienta un precedente en el que se reconoce que el trabajo doméstico forzado, la violación y la esclavitud sexual constituyen crímenes de guerra que deben ser condenados.

La violación sexual se reconoció como un arma de guerra que afectó tanto a las mujeres q’eqchi’ como a los varones, ya que fue una agresión al grupo del “bando contrario” y tuvo como fin su eliminación. El trabajo forzado, la esclavitud y la violación sexual de las mujeres fueron diseñados como tácticas y estrategias para el control de los territorios e implicaron gastos para el ejército (armas, agentes para utilizarlas, etc.).

Aunque el trabajo doméstico forzado, la violación y la esclavitud sexual no asesinó directamente a las mujeres o al grupo que se considera “insurgente”, sí lo eliminó a través de una política eugenésica en la que se mezcló el racismo de la élite y la oligarquía militar con la misoginia y la asociación simbólica del cuerpo de las mujeres con la posesión de los territorios. Por eso, esta sentencia es un paradigma para la justicia en América Latina porque sienta precedentes y señala horizontes para otras mujeres que han vivido situaciones similares.

La violencia contra las mujeres en las guerras se multiplica y se vuelve norma.  Parece que cuando acaban los conflictos la sociedad mira para otro lado.  Quizá porque existen demasiados implicados.  Quizá porque culturalmente no se considera grave.  ¿Cuántos casos de impunidad militar habrá en el mundo cada día?

La guerra es violencia sinérgica, violencia que multiplica sus factores directos, estructurales y culturales.  La prueba la dan las declaraciones de las mujeres que han ido a juicio contra los militares:

Julia Coc, testigo once, declaró que su hija y dos nietas fueron detenidas extrajudicialmente y asesinadas por los soldados en 1982. Dijo que le hicieron mucho daño al cuerpo de su hija cuando la violaron. En la exhumación encontraron pelo, ropa y huesos de sus hijas y “de mis nietas solo hallaron los calzoncitos, sus huesos eran polvo”. Después de matar a su hija a ella la obligan a que le dieran comida a lo soldados.

Otra sobreviviente contó cómo a su esposo lo detuvieron, cómo ella fue violada por cuatro soldados y cómo sus hijos murieron porque no tenían comida.

Sobreviviente narró que llegó al destacamento a preguntar por su esposo, los soldados la detuvieron por la fuerza y la violaron varias veces”.

“Nos obligaban a hacerles la comida y nos violaban. Por eso es muy doloroso”.

“Nos mandaban al río a lavarles su ropa y nos perseguían. Ahí nos violaban”.

“No me acuerdo cuántos me violaron porque quedé desmayada. Quedé muy dañada de mi cuerpo, sangraba mucho”.

“Ahí tenían lugares. Tenían cuartos y ahí nos jalaban. A veces eran 3, 4 o 5 (los soldados que la violaban en el destacamento)”.

“Si no me dejaba me decían que me iban a matar. A veces uno me sujetaba y otro me ponía un arma en el pecho”

Entrenamos cada año a millones de personas, hombres y mujeres, para la guerra.  Y lo hacemos en academias militares en las que no se habla de estas realidades.  Los ejércitos nos venden lo militar como un juego tecnológico, como una batalla de mentes en un inmenso tablero de ajedrez, como algo aséptico y limpio, algo bueno para todos.

Sin embargo las anteriores declaraciones de las mujeres violadas nos dan una perspectiva muy diferente y, a la vez, mucho más real.

El militarismo es violencia, hasta que no abandonemos nuestro cinismo habitual, no seremos capaces de entender la necesidad de darle alternativas noviolentas.

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Mujer y guerra

Imagen del Comité de la OTAN sobre Perspectivas de Género

Fuente:  El orden mundial.

El sistema militar de resolución de conflictos es inherentemente violento.  Una de las facetas en que lo es se refiere a todo lo que tiene que ver con la mujer:  desde negarle un lugar igualitario a la hora de resolver las cuestiones de seguridad y defensa, donde se las excluye, hasta ser usadas como rehén en las guerras, o, si llega el caso, como guerreras, para, cómo no, ser usadas contra ellas armas de guerra específicas como la violación, el escarnio, …. Todo ello es práctica común desde la remota antiguedad.

El artículo de El Orden Mundial que comentamos se titula:  “Género y seguridad:  el papel de la mujer en la guerra“.  En él nos cuentan que cada vez más mujeres feministas quieren poner los puntos sobre las íes en esta relación entre mujer y guerra.

El artículo hace un recorrido histórico, sin excesivo rigor, por las variadas utilizaciones de la mujer en la guerra.  Y subrayamos la palabra utilizaciones.  Porque parece que ha sido la tónica habitual.

En lo que concierne al caso español, recurrimos al informe del Observatorio Militar para la Igualdad de 4 de enero de 2016.  informe este, por cierto, que no hace honor al nombre, pues es sólo un resumen de datos estadísticos generales y, si es que podemos llamar análisis a sus reflexiones, analiza con poca profundidad y demasiada banalidad los problemas de las mujeres en las FAS.

  • Un 12’4 de los efectivos de las FAS son mujeres
  • En los tres ejércitos hay un total de 15.081 mujeres, 9.063 en el de Tierra, 2.575 en la Armada y 2.763 en el de Aire y 680 en los cuerpos comunes
  • El porcentaje de mujeres en las FAS se ha mantenido casi estable desde 2006, año en el que eran un 12 %, hasta 2015 en el que eran un 12’5 %
  • 12.676 son de tropa y marinería (hasta cabo incluido), 1.180 son suboficiales (sargentos, brigadas y subtenientes), alféreces, tenientes y capitanes son 882.  Por último, hay 274 comandantes y 69 tenientes coroneles, máximo rango militar que han alcanzado hasta la fecha.
  • En cambio, en el conjunto del Ministerio de Defensa abundan más las mujeres entre el personal civil, en concreto un 56’3 % de los funcionarios son mujeres y un 36’2 % del personal laboral.

En 1988 se permitió por primera vez a las mujeres ser militares en España. La militarización de la mujer en España avanza rápidamente (por nuestra parte diremos que no hay muchas voces que alerten de ello, incluso en el movimiento feminista, y que desvelen que pertenecer al ejército no es igualdad para las mujeres, sino militarización):

En un primer momento se les vetaron algunos destinos, como la brigada paracaidista o la legión. Ahora la igualdad es total. El Ejército español es, con el de Noruega, los únicos de Europa que les permiten acceder a cualquier destino, incluidos los de combate. Idoia Rodríguez fue la primera militar española fallecida en una misión internacional, en este caso, en Afganistán, por la explosión de una mina.

El porcentaje de mujeres militares en misiones en el exterior alcanza el 10,3%, según datos de enero de este año. Ya hay mujeres pilotos de caza, expertas en guerra electrónica, conductoras de carros de combate, legionarias, sargentos en la dotación de un submarino

Podemos preguntarnos, si es que de igualdad queremos hablar y no de señuelos: ¿Cuántas mujeres deciden la política de Defensa?  Pocas, podríamos citar, sólo a Soraya Sáenz de Santamaría, en su calidad de vicepresidente y ministra de Presidencia. Las demás no están en el plano. ¿igualdad?

La preocupación por las cuestiones de género también ya llegado a la OTAN y en ella existe un Comité de Perspectivas de Género, que nació en 1973 con otra denominación.  En la página web de la OTAN lo hemos encontrado, dentro de la Estructura Militar y con las siglas NCGP, pero sin enlace a una web en la que podamos ver su labor.  Sin embargo, con un poco de tecleo hemos visto que sí hay página web del Comité de Perspectivas de Género de la OTAN.  En ella encontramos que:

Cada nación de la OTAN tendrá derecho a nombrar un delegado a la NCGP. Los delegados deben ser oficiales en servicio activo de rango superior o equivalente civil.

A nivel internacional la militarización de la mujer cada vez es mayor, por ejemplo, el ejército de USA tiene en Afganistán unidades de marines exclusivamente femeninas.

¿Cuántas mujeres de esas deciden las políticas de paz y guerra de EEUU? ¿Cuántas mujeres deciden políticas de paz y seguridad en general?¿Representan en realidad a las mujeres?¿Se peude decir que la visión de las mujeres esté representada de forma real en la construcción de el orden de dominación y violencia vigente?¿que lo esté en la decisión política de perpetuar ejércitos permanentes?, ¿que lo esté en la consolidación de un gasto militar mundial abrumador?, ¿en la aplicación de la guerra como recurso político?, ¿en el fomento de la industria militar y de las inversiones hacia esta?

Creemos que no. Todo ello se hace de espaldas a las mujeres que, al igual que son usadas en tiempo de guerra, lo son en tiempos de “paz” por el militarismo.

 

 

 

 

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A los militares delincuentes no les tratan como a los robagallinas

Zoo+Pistoia+2012

Por Franka Leyendeker

Fuente: El País

El fiscal militar, que se ocupa de uno de los casos más escandalosos de corrupción militar, ha ofrecido a los corruptos un pacto para evitar que entren en prisión.

La red corrupta, que afectaba a un alto número de oficiales del ejército del aire, se destapó cuando se descubrió que éstos falsificaban datos para cobrar subvenciones (arrancadas a los presupuestos generales del estado) por supuestos traslados inexistentes y para enriquecimiento personal.

Según la noticia que desvela El País, la trama afectaba a un centenar de pilotos militares y teóricamente podría suponer condenas de hasta 10 años de chirona por cada uno, pero ahora el fiscal les ofrece que paguen lo mangado (entre 1.500 y 4.500 euros por delincuente) a cambio de una pena simbólica de 3 meses de cárcel que no cumplirían.

Como dijo en uno de sus días memorables el Presidente del Consejo General del Poder Judicial, la justicia está hecha para los robagallinas, no para los demás. Y en este caso ha primado, como era de esperar, la idea de que enchironar a 100 chorizos de primera podría implicar dejar sin pilotos a varias unidades de aviación y todo por unas pesetillas de nada.

Y a estas alturas, da casi risa cuando oímos a algún casposo político de los del montón decir, con énfasis, que hay que cumplir las leyes y no desacatarlas, o que las leyes son iguales para todos, como si la vida misma no desmintiese, día sí día también, este mantra con el que nos atizan a los de abajo los que lo incumplen en la cúpula a mandíbula llena.

Da asco.

Y seguimos sin exigir independencia judicial y la derogación de un fuero propio para los militares.

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Peregrinación guardiacivilesca a La Meca

Aeroport+de+Barcelona

PortaldelSur ES

Fuente: El Confidencial

El pasado 10 de Julio un guardia civil pidió al Ministerio del Interior apoyo para poder hacer una peregrinación a La Meca. El guardia civil es musulmán de religión y dice que debería estar en igualdad de condiciones con los guardia civiles católicos a los que el Ministerio lleva de peregrinación año tras año a Lourdes (Francia).

No le falta razón al guardia civil musulmán al pedir igualdad de trato e imparcialidad religiosa de lo público.  Pero la igualdad no debe entenderse con aprovecharse por igual de lo mal hecho, sino dejar de hacer las cosas mal.

La Guardia Civil despilfarra dinero público y hace sonrojar al sentido común cuando financian viajecitos de peregrinación a Lourdes o cualquier otro destino religioso. ¿Legitima eso que el despilfarro se extienda a otros cultos?  No lo creemos.  En buena lógica obliga a que no se financie nada de esto.

No le asiste la razón, por tanto, al guardia civil solicitante en su exigencia, como no le asiste tampoco a los otros que obtienen subvenciones para sus abluciones religiosas,  porque lo que no debería hacerse es apoyar ningún tipo de peregrinación o acto religioso, sea del credo que sea, con el dinero público.

Habría sido más sensato pedir, puestos a hacer algo justo, que se suprimieran este tipo de dispendios y que la Guardia Civil no se meta en capillas y beaterías.

Y puestos a pedir, tampoco estaría de más que quitaran de una vez las imágenes de vírgenes y hornacinas que actualmente tienen puestas en muchos (si no en todos) de los cuarteles de la Guardia Civil, pues se trata de una iconografía que fatalmente identifica ideológicamente este cuerpo militar con los resabios del nacional-catolicismo rancio y prediluviano, algo que afortunadamente ya no comparte la población.

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La justicia militar es a la justicia lo que la música militar a la música.

http://bastianpintosm.blogspot.com.es/

Fuente: El País

Realiza hace unos días Mariano Casado un artículo de opinión en El País sobre la justicia militar, al que titula “contrareforma en la justicia castrense” y en el que, con razón, viene a denunciar la operación del PP para dar una vuelta de tuerca más en la concepción de la justicia militar tradicional y opaca que mantenemos desde tiempos inmemoriales a pesar de la supuesta vigencia de los valores democráticos.

Conviene en primer lugar situar al autor: Mariano Casado, Secretario General de la Asociación Unificada de Militares Españolesen anagrama “AUME” /cosa que El País no nos aclara al informar que Casado es “ presidente de la sección de Derecho Militar y Seguridad del Colegio de Abogados de Madrid“) quien se ha destacado este tiempo en hacer un trabajo inteligente para llevar las aspiraciones corporativas de su sindicato de militares a los partidos de la oposición al PP, incluidos el emergente Podemos y el menguante UPyD, a quienes parece haber seducido con su reformismo sindical.

Parece lógico, por ello, que reclame en su artículo y como uno de sus puntos fuertes, reconocimiento para los sindicatos militares, pues es parte interesada en ello. Es ésta es una primera clave de lectura del artículo de Casado; una reforma pactada con el polo asociativo-militar del ejército.

Tiene además razón Casado cuando denuncia el anacronismo de nuestra justicia militar, cuyos vicios más medulares, dice, son

La falta de independencia de la justicia militar, su carácter especial, su configuración a extramuros de los demás ámbitos jurisdiccionales, los privilegios en su configuración

Pero se queda corto cuando plantea que el arreglo a tales vicios es una reforma que sencillamente se encamine a garantizar la independencia de los jueces militares respecto del Ministerio de Defensa o a evitar los aforamientos de los jefazos militares, porque el anacronismo no es únicamente el referido a dichos privilegios, sino el que se refiere a la propia idea de justicia militar, una justicia especial para militares.

No basta con someter el texto de la proyectada reforma a los “legítimos representantes” de los militares y en evitar que, como ocurre con todo lo militar, el gobierno plantee esta política con opacidad, con autoritarismo, con prepotencia y por la puerta de atrás.

Los legítimos ciudadanos que no representamos a ejército ninguno, incluidos los que estamos escamados de todos ellos, tenemos más de una razón para querer ser parte de este debate y para no apostar por unos límites que justifican la idea misma de una justicia militar, una justicia y un fuero especial para militares, algo que nos parece fuera de lugar.

No basta la propuesta de Casado porque lo que sobra es, precisamente, la jurisdicción militar y la codificación penal militar. No debe haberla. No existe una justicia para profesores, o para camioneros, o para amas de casa, pongamos por caso, y no debe haberla tampoco. No debe haber una justicia gremial en ningún caso. Sencillamente, no debe haberla.

Ni siquiera cuando estamos hablando de militares, de esos señores que tienen la fuerza armada en sus manos y una acreditada propensión a hacer uso de ella aquí o acullá, como muestra nuestra historia y nuestra actualidad más rabiosa, donde el militarismo español se expande a actividades tradicionalmente civiles (como apagar fuegos o intervenir en catástrofes, pongamos por caso) o hacia operaciones de injerencia militar en más de 70 escenarios desde tiempos de Felipe González hasta la fecha.

No se trata de organizar la jurisdicción militar de mejor o peor manera, con un cierto reformismo que mejore el nefasto sistema de castas actual, ni justificar tal situación en que “cómo se organice y regule esa jurisdicción es esencial para la salvaguardia de la sujeción de las Fuerzas Armadas al poder civil y para la seguridad y defensa de España”;  sino que necesitamos garantizar la salvaguardia de la sociedad , su seguridad humana y su soberanía (incluso en temas de seguridad y defensa) sin permitir excepción de ningún tipo, lo que va más allá de un mero control a distancia de lo militar y apuesta a la larga, o al menos eso pensamos muchos, por transitar hacia un cambio de modelo de defensa que acabe con el militarismo y ponga fin a sus instrumentos y estructuras.

Para defender(nos) y defender la seguridad humana no hace falta ejército alguno y, por si fuera poco, los ejércitos no hacen sino imposibilitar tal defensa.

Mientras tanto, nos basta con quitar cuanto más mejor todo tipo de privilegios, de excepciones y de espacios opacos y exclusivos a los militares. Y eso pasa por abolir, no por reformar, la justicia militar y someter a los militares sin excepción a las mismas reglas de juego de todos los ciudadanos.

 

 

 

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Los jueces militares también pueden juzgar y condenar a civiles por las leyes militares

Archivo General de la Administración, Sección Cultura

Fuente: Diariomilitar

Vamos a contar una historia esperpéntica.

Un rifirafe militar entre “guardiaciviles” condujo a uno de ellos a un juicio ante el juez togado militar de Santa Cruz Tenerife.

Hasta aquí la historia tiene poco de esperpéntico: los militares suelen zurrarse y algunas de sus algarabías acaban en juicio, militar por supuesto. Incluso que un tribunal militar juzgue a un “guardiacivil” entra dentro de la más vulgar normalidad, pues los “guardiciviles” son militares a todos los efectos.

La sentencia dictada por el tribunal militar de Tenerife absolvió al guardia civil imputado, pero el ponente de la sentencia (es decir, el que redacta el borrador de la misma) intentó “empurar” en la misma a un civil por “falso testimonio” y buscó que sus compañeros de tribunal admitieran en la sentencia que se iniciaran actuaciones militares contra el civil. El tribunal no acordó tal pretensión, pero reflejó en la sentencia el “voto particular” del ponente, pidiendo este empuramiento por lo militar del civil, un taxista que presenció los hechos y, al parecer, causó pésima opinión en el juez, que le considera autor de un delito de falso testimonio.

El ponente es nada menos que un teniente coronel, lo cual nos parece más preocupante, porque se trata de un alto oficial militar.

Sigue el esperpento: Los militares que negaron empurar al civil no lo hicieron porque no les pareciera bien juzgar civiles por lo militar, sino porque, en su criterio, el civil no podía haber incurrido en ese caso en falso testimonio por una serie de argucias legales. No niegan por tanto la facultad militar de juzgarnos, sino la oportunidad de hacerlo en este caso concreto.

Ya nos parece mal que haya una justicia “especial” para los militares en la que ellos sean a la vez juez y parte. Es una pasada. Pero que encima quieran que sus jueces militares juzguen a los civiles es, ya lo hemos dicho, un esperpento.

Es insólito. Los militares pretenden juzgar a los civiles y por lo militar, como cuando Franco.

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