Archive for genocidio

Los desmanes del militarismo (2)

La+Loma+de+San+Juan

Fuente: Publicado en el periódico Es hora por Utopía Contagiosa

 

Decíamos en la anterior entrega que queremos caracterizar los desmanes del militarismo español. Comenzamos por desvelar la retórica mentirosa que envuelve toda la guerra de Cuba y su ulterior utilización por los ejércitos españoles con su saga de héroes.

 Según la historia oficial, la pérdida de Cuba supuso un punto de inflexión en la reflexión sobre España (creada menos de cien años antes y tras la expulsión de los franceses por parte de ejércitos auspiciados por Inglaterra y por cuerpos guerrilleros, dado que el ejército no sirvió para nada) y en la propia autoestima de los ejércitos patrios. Según esta versión, el ejército, dirigido por la pacata caterva de políticos oportunistas, se vio sumergido en una guerra que no quería, en la que actuó heroicamente para defender la unidad territorial (una obsesión militar antigua) y fue juzgado injustamente como el causante del desastre, lo que le ensimismó aún más en rancios valores y resentimientos de los que provendrían, nada menos, los golpes de estado posteriores.

 Cuba suma varias peculiaridades durante su dominio español. En ellas la alianza entre militarismo y grandes propietarios esclavistas tienen mucho que decir, hasta el punto en que fue esta suma de intereses la que propició el golpe militar que restauró a los borbones con el militarista Alfonso XII.

 Cuba era gobernada por un Capitán General, que además permitía y organizaba el boyante mercado esclavista (más de 500.000 negros trasladados desde 1820 a 1873 desde África y el enriquecimiento de familias hoy de abolengo). Éste mantenía un rígido sistema de control militar y represión hacia las ansias independentistas y autonomistas.

 Dado que nos dicen que el ejército defendía allí a España y su unidad, vemos que no parece que el ejército fuera, al menos si nos remontamos a los años de 1853 a 1855, tan unánime en esta preocupación: Diversos generales recibieron sobornos astronómicos para que apoyaran la cesión de la isla a Estados Unidos o Inglaterra, según los casos.

 Mientras Inglaterra sobornaba a los ministros de la reina para que les cediera la isla o al menos condiciones favorables para su comercio, el embajador yanki en Madrid pagaba 300.000 dólares a los generales que simpatizaban con la Junta alzada en rebeldía y explicaba a su gobierno que “los he llevado a hacer una oferta concreta para entregarnos la isla de Cuba en términos que pudieran ser razonables, y ahora ellos nos someten la propuesta a nuestra consideración bajo la condición de que les ayudemos con trescientos mil dólares. Con esta ayuda tan insignificante se considera el fin a alcanzar, no me cabe duda que ellos lograrán el control del gobierno y harán por nosotros lo que no está a nuestro alcance hacer, pacificamente al menos, en otro caso” (en el libro “Soberanos e intervenidos” escrito por Joan E. Garcés y publicado por siglo XXI).

 Dos meses después el embajador inglés en Madrid informa a sus gobernantes que “el embajador americano ha ofrecido a la propia reina la misma cantidad a cambio de nombrar un gabinete favorable a la venta de la isla a Cuba”.

 En 1.969 es el General Prim, presidente de Gobierno (que por cierto gobernaba después de un golpe militar) el que baraja vender Cuba a los americanos. La jugada no le sale porque Cuba mantenía gran parte de las rentas e intereses de la alta burguesía y de la oligarquía patria. Opta entonces por la vía de la represión hacia las reivindicaciones soberanistas y envía sus generales a sofocar las revueltas. Por cierto, el mismo general Prim ofreció la corona de España nada menos que a otro general, Espartero (que la rechazó) antes de dársela a Amadeo I.

 De nuevo la fórmula militar de arreglar los conflictos “a sangre y fuego”. Nuevamente, el ejército tenía ideas propias sobre el modo de dirimir las reivindicaciones democráticas de los pueblos y, curiosamente, esas ideas se parecen a las que en nuestra rabiosa actualidad expresan algunos jefes militares ante pretensiones similares de vascos o catalanes.

 Ya sabemos cómo se condujo esa guerra, pero tal vez haga falta traer a colación algunos hechos incómodos, como al política de tierra quemada usada por los generales españoles, o las cruentas represiones ejercidas hacia los opositores, o la falta de atención hacia sus propios soldados, o la desidia en las condiciones mínimas de salubridad, que provocaron que más de 1/3 de la tropa muriera en la guerra, la inmensa mayoría por infecciones, enfermedades comunes o hambre, como reflejó el propio Ramon y Cajal en sus obras.

 Entre todas las burradas militares de entonces brilla con luz propia la política de “desplazamientos” ordenada por el general Weyler, que afectó a más de 300.000 personas entre 1896 a 1898 y trajo la muerte de unos 100.000 de ellos por hambre. ¿Defendía a los desplazados?¿A los cubanos?¿A los españoles bien-nacidos?¿Defendía algo sensato o justo? ¿O defendía sólo los privilegios de la elite pudiente y cruel?

 Cuando España se rinde en Cuba, de los 960.682 españoles censados en la isla, 511.395 eran militares (la mayoría reclutas forzados a luchar en una guerra que no era la suya).

 El abuso en mandar tropas, tropas sacadas de entre los pobres, tuvo sus consecuencias internas en forma de protestas y revueltas, de auto-organización de madres y mujeres contra la guerra, de motines ante los embarques forzosos de quintos… Revueltas reprimidas, también, a sangre y fuego por el ejército, una muestra más de que para los militares son enemigos los propios y los extraños, es decir, todos los que se oponen a sus desmanes.

 Un folleto anarquista de “La Federación”, de 11 de septiembre de 1879 lo deja claro:

 Sempre en totas ocasions

en tot temp, en tota terra

se oposaran a la guerra

ab son poder y rahons

Ciutadans! Salvem la nav

que´ns ha de du a firme terra

diguem sempre ¡No mes guerre!

¡Tots germans! ¡Viva la pau!

Otro canto de 1897, compuesto por conscriptos desobedientes a los caprichos militaristas, explica

Yo tengo manos

para ganarme la vida

a guerrear contra hermanos

me llevan, madre querida.

A los hijos proletarios

a Cuba a morir nos llevan

y los de los propietarios

en su casita se quedan.

El pueblo siempre es más sabio que sus torpes élites militaristas.

Share
A %d blogueros les gusta esto:
Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookCheck Our Feed