Archive for feminismo

Movimiento feminista contra la guerra

Por Sinkuartel

Fuente: Público.

No ha tenido la publicidad que tiene la guerra. La guerra vende, la lucha por la paz molesta.

No ha sido portada en casi ningún medio, pero el 16 de diciembre el movimiento feminista vasco partió de Santurce hacia el puerto de Bilbao, bajo el lema “Feministok gerraren aurka. Armagintza eta armasalmenta eten”, más o menos (que nos perdonen los vascos por nuestro desconocimiento del idioma y por acudir a un traductor) “feministas contra la guerra. Interrumpamos el armamentismo”.

Denunciaban el papel que juega el puerto de Bilbao en la venta de armas Made in Spain a países en guerra o que la están preparando.

La guerra empieza aquí, entre nosotr@s. La empiezan nuestros intereses sin escrúpulos y nuestras élites sin vergüenza. La comienza nuestro modo de vida, cimentado sobre una cadena de dominaciones en la que somos partícipes por acción y omisión.

Leemos una explicación de la acción en la página amiga Sinkuartel

Alrededor de mil feministas han salido desde Santurtzi esta mañana para denunciar la utilización de este puerto para el transporte de miles de toneladas de armas con destino a Arabia Saudí. En esta marcha, las mujeres se han pronunciado en contra de la guerra, la destrucción y la muerte y nos han hablado del valiente posicionamiento de las mujeres en los momentos de conflicto, así como de la necesidad de la presencia del feminismo en la construcción de la paz.

En su manifiesto denunciaban

la utilización de este puerto, mes tras mes, para el transporte de miles de toneladas de armas con destino a Arabia Saudí, donde su régimen dictatorial las usa para reprimir los derechos humanos de su propia población (especialmente las mujeres) y para alimentar guerras como la de Yemen, en la que la población civil está siendo masacrada”.

Deunciaron con nombre y apellidos a las empresas vacas implicadas en la venta de armas, tales como SENES, ITP o SAPA.

El feminismo, desde sus orígenes, se ha comprometido por la lucha por la paz. Hoy en día protagoniza muchas de las resistencias a la guerra más importantes (igualmente ninguneadas por los dueños de los medios de comunicación, alineados con los intereses del militarismo en su casi totalidad) Nos vuele a decir Sinkuartel:

Y, partiendo de todas esas luchas valientes y pacíficas, las mujeres hoy reunidas también han querido valerse de la resistencia pacífica para hacer su reivindicación. Mientras la marcha transcurría junto a las instalaciones del Puerto, han colocado un misil orientado hacia Yemen, símbolo de las armas que se envían desde nuestro pueblo y alimentan allí una guerra que está masacrando a la población civil. Además, al paso de la manifestación, ha habido mujeres que se han tirado a la carretera al paso de la manifestación, como muertas, para visibilizar la invisibilidad de las mujeres y el papel de víctimas al que son continuamente relegadas en los contextos de conflicto. “En las guerras el heteropatriarcado se multiplica exponencialmente hasta el infinito, convirtiendo nuestros cuerpos en campos de batalla y en parte del botín de guerra”, han declarado. Por último, también ha habido mujeres que se han encadenado a las vallas del Puerto. Así como las mujeres del Greenham Common bloquearon en su día la base de la OTAN, las mujeres antimilitaristas han tomado hoy el Puerto de Bilbao.

Es elocuente la asociación de feminismo y antimilitarismo, como la es la del militarismo y el patriarcado. No se comprende, en cambio, la postura distante de tantas organizaciones de izquierda y radicales hacia el antimilitarismo y la causa de la paz.

Una buena noticia para cerrar este mes.

 

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Mujeres y paz

Por Radiovillafrancia

Fuente: Público

No hay paliativos que permitan divagar. La principal papeleta para sufrir pobreza, nos dice Naciones Unidas, es la de ser mujer.

Y decimos nosotros que, entonces, la principal causa de la ausencia de paz, de la violencia larvada y sutil que nos abraza como una maldición, es precisamente, la cuestión de género. La dominación de género. La dominación, que se ceba fundamentalmente en las mujeres, las primeras y primordiales víctimas a las que somete a la violencia de la pobreza, de la sumisión, del patriarcado.

Dice la ONU en el informe “Las mujeres y el mundo 2015, tendencias y estadísticas“, refiriéndose al conjunto del planeta que

el 60% de las personas que pasan hambre en el mundo de forma crónica son mujeres y niñas. Ellas constituyen dos terceras partes de los casi 800 millones de analfabetos (cifra que no ha cambiado en las últimas dos décadas), ingresan de media un 60% menos que los hombres, poseen menos de un 20% de la tierra cultivable (a pesar de que más de 400 millones de agricultoras producen la mayoría de los alimentos que se consumen en el mundo) y sólo un 50% de las mujeres en edad de trabajar tienen un empleo, frente al 77% de los hombres.

Y según el Foro Económico Mundial, la brecha entre hombres y mujeres no se cerrará hasta dentro de 170 años. Así aparece en su “Informe Global de la Brecha de género 2015-2016”

No hay paz, porque no hay paz para las mujeres. Porque el hecho de nacer mujer conlleva un número más que abrumador de papeletas para ser pobre, para ser … víctima de la falta de paz.

Porque la paz no es la ausencia de guerras, como hemos dicho tantas veces.

Y esto vale también para el opulento primer mundo y para el Cuarto Mundo que convive, más bien malvive, dentro de nuestro primer mundo.

Del primer mundo donde nos creemos en paz y algunos aventureros se apresuran a proclamar que estamos en el mejor de los mundos posibles.

Tampoco aquí hay paz.

La lista de desigualdades en España que implican esa violencia directa, esa violencia estructural y cultural negadoras de la paz es interminable.

No la hay porque la pobreza material es una ofensa para la paz, y crece el número de pobres. También en España de mujeres pobres, porque la pobreza, dicen los expertos, está feminizándose.

No la hay entre nosot@s donde el hecho de ser mujer implica casi todas las papeletas para integrar el 20% de la población en riesgo de exclusión.

No puede hablarse de paz donde hay pobreza habitacional creciente, ni donde hay pobreza energética creciente, o depauperación creciente de l@s asalariadas, o creciente violencia física y agresiones a mujeres , … Podríamos ampliar la lista hasta el infinito, pero es innecesario.

La paz pasa por la mujer porque pasa por luchar contra las violencias, y el hecho de ser mujer agrava las vulnerabilidades y la posibilidad de sufrir cualquier tipo de violencia, por separado, o la suma de varias o todas violencias.

Y por tanto la lucha por la paz pasa por una feminización (también) de dicha lucha, de sus protagonistas, de sus puntos de vista, de sus prioridades y de las mentalidades de l@s militantes por la paz.

De hecho, desde sus orígenes, la lucha de las mujeres ha sido también una lucha por la paz, hasta el punto en que una historiadora ha podido decir que el pacifismo es hijo del feminismo.

Si un día alguien pudo escribir en una pintada que no habrá revolución sin las mujeres, hoy nosotros también podemos afirmar que tampoco habrá paz, si no la hay, en el sentido estructural que estamos señalando, para las mujeres.

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La ciudad también viola

Os recomendamos que veáis este vídeo para admirar la valentía y la sencillez con la que una admirable mujer narra los hechos que sufrió.

La violación como método de plusvalía, como negocio inmobiliario, de violencia estructural y cultural.

¿Dónde somos capaces de llegar en nuestra inhumanidad y por nuestras ansias de lucro?

Ocultar los hechos no vale de nada.  Solamente dándoles publicidad nos harán reflexionar y nos impulsarán a la solidaridad.

 

 

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Otro ejemplo de transarme, en Kenia

Imagen de Pim Stouten

Fuente:  El País.

Cuantas veces se nos ha dicho que en muchas zonas (Cádiz, Ferrol, Palencia, etc) es imposible salirse del monocultivo militar y dejar de apoyar a Navantia o a cualquier otra fábrica de armas dado que son las únicas que proveen empleo para la zona.

Se nos aduce que nadie está de acuerdo con fabricar armas, que todos desean que no se utilicen más que en guerras justas y defensivas.

Nosotros siempre hemos replicado que todo es cuestión de voluntad política (como demostraron los programas europeos de reconversión militar KONVER y TACIS) y de ansias por buscar alternativas de desarrollo más justas y solidarias.

Cuando un pueblo está imbuido del paradigma de dominación-violencia no puede ver alternativas a su situación y, por ello, se resigna.  Desaparece el espíritu crítico y alternativo, las nuevas propuestas son desdeñadas desde el inicio y nadie mueve un dedo para vivir en un paradigma distinto, el de la cooperación-noviolencia.

¿Cómo se puede dar una respuesta noviolenta a un problema que viene de siglos, que es, incluso, intrínseco con la forma cultural de entender la vida para un pueblo?

Las mujeres kenianas optaron por la educación, por el cooperativismo, por ser más independientes de los hombres, se olvidaron de los ritos ancestrales y optaron por defender lo que realmente les importaba:  la salud, la educación, la calidad de vida.  Dijeron no a las guerras y a la violencia como forma de vida y sí a la Seguridad Humana.  Hicieron su proceso de transarme.

Pero nadie lo verá así porque los muros que levanta el paradigma de dominación-violencia no nos dejan, siquiera, imaginar formas de vida alternativas.  Las mujeres keniatas no solo lo imaginaron, también lo hicieron.

Hoy exponemos un caso que nos ha llamado mucho la atención en Kenia:

El problema es una antigua tradición, el robo de ganado para subsistir, basada en el ocio de la juventud, en sus ganas, inculcadas por su cultura milenaria, de pelear.  También, antiguamente era la forma de casarse, de demostrar riqueza.  Ahora todo ha derivado hacia el crimen organizado.

“Nuestros jóvenes solo piensan en robar ganado de los grupos vecinos, especialmente de los pokots, que viven en el valle”, continúa Alice. “Eso no está bien, los jóvenes están ociosos todo el día y solo piensan en pelear y robar. Si van a la escuela tendremos paz”.

El robo de ganado en Kenia se solía explicar por la tradición: jóvenes que intentaban aumentar el número de cabezas de su rebaño para casarse o demostrar riqueza. Pero cada vez tiene que ver más con el crimen organizado y con el aumento de la demanda de carne en todo el país. Se han introducido mafias que incitan a los jóvenes al saqueo, lo que lo ha convertido en una actividad muy peligrosa que provoca conflictos violentos entre comunidades. Muchas veces, estos terminan en muertes y desplazamientos forzosos.

El coste humano es inmenso: cada año mueren cientos de personas y muchos miles se ven obligados a abandonar sus hogares. Según la Anti-Stock Theft Unit (la división de la policía keniana encargada de prevenir el robo de ganado) entre 2012 y 2014 murieron en el noroeste del país unas 580 personas a raíz de estos robos.

Por lo general los ladrones son jóvenes armados que atacan a otros clanes o a grupos étnicos rivales.  Tradicionalmente, estas incursiones en territorio ajeno no daban lugar a muertes, pero últimamente se han vuelto invariablemente letales. Sobre todo, por el uso de armas de fuego.

La solución:  la educación.

“Si conseguimos ingresos extra podremos pagar el colegio de nuestros hijos. Y ellos podrán encontrar un trabajo y ayudar a sus familias”. Quien habla es Alice Lesabuiya, presidenta de la asociación de mujeres campesinas de Siambu.

Es el principal motivo por el que las mujeres de Siambu se han organizado en una cooperativa agrícola. La idea es conseguir un dinero extra que les permita pagar el colegio de sus hijos y así conseguir que estos se olviden de una tradición que está cobrándose muchas vidas y generando enemistad entre poblaciones vecinas.

Antes de lanzar este proyecto, la experiencia de estas mujeres en la agricultura era muy limitada. Pertenecen a un pueblo seminómada que solía trasladarse continuamente en busca de pastos y agua para el ganado, la gran riqueza de los samburu.

Los frutos:

Por eso, el primer paso fue formarse en técnicas agrícolas y nuevos cultivos que hasta entonces les eran desconocidos, pero que ya han comenzado a introducir en su dieta diaria. Así, al tiempo que fomentan la paz a través del acceso a la educación, obtienen una dieta más variada y sana que, entre otras cosas, ha contribuido a la reducción de la mortalidad infantil y la malnutrición. Hasta hace poco el 46,2% de los niños menores de cinco años de esta zona tenía un peso inferior al normal.

La actividad agrícola también dota a las mujeres de autonomía y cierta independencia respecto de sus maridos. “Antes no podíamos hacer nada por nuestro hogar o nuestra familia, teníamos que esperar a que nuestros maridos trajeran algo a casa. Ahora nosotras decidimos”, explica Alice Lesabuiya.

Esa independencia quizá sea uno principales cambios para estas mujeres. Gracias a los pozos que Amref ha ayudado a construir en la zona, ya no tienen que caminar kilómetros para encontrar agua para cocinar ni trasladarse continuamente por las necesidades del ganado.

Lilian Letowor, la tesorera del grupo, informa que tras repartir beneficios la asociación tiene en el banco unos 30.000 chelines kenianos (cerca de 263 euros). Estas reservas están pensadas para atender las urgencias que puedan sobrevenir, como la enfermedad de una socia. “No solo podemos pagar la matricula del colegio de nuestros hijos e hijas y hacer que se olviden de robar ganado o de pelear, también podemos comprar medicinas cuando nos hacen falta”, explica Letowor. La tesorera insiste en que así el proyecto contribuye también a mejorar la salud de la comunidad.  Comen más sano y variado, pueden acudir al médico y comprar medicinas, y tienen acceso a un pozo con agua más limpia y saludable.

Querer es poder.  Aquellos que razonan que no pueden, quizá es que no quieran.  Ello es otro problema.

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Condena a las violaciones como arma de guerra

Imagen de Erik Torner

Fuente:  Diagonal

Cualquier violación es condenable.  Por ello nos alegramos de la sentencia de Guatemala que condena a 360 años a dos militares por usar las violaciones como arma de guerra.

El caso se dio contra mujeres indígenas a las que sometieron a violaciones continuadas, esclavitud sexual y doméstica.

la fecha del 26 de febrero marcará un paradigma en los procesos de justicia y reparación para las mujeres, en América Latina y el mundo, ya que por primera vez se ha condenado la violencia sexual ante tribunales nacionales. Por primera vez, las voces de mujeres mayas se han escuchado en las instituciones de justicia con ecos a nivel internacional. Estas once mujeres  q’eqchi’ han relatado las atrocidades de los agentes del estado y los trazos del genocidio para que los crímenes sexuales no se vuelvan a repetir.

La guerra no perdona a nadie.  Y parece que las sociedades tardan en darse cuenta de lo que en realidad suponen.  Se tardan años en considerar delitos las cuestiones violentas que se hacen en el entorno de las guerras, parece que la violencia hecha en grupo y de uniforme no lo es, o lo es menos.

Esta condena además sienta un precedente en el que se reconoce que el trabajo doméstico forzado, la violación y la esclavitud sexual constituyen crímenes de guerra que deben ser condenados.

La violación sexual se reconoció como un arma de guerra que afectó tanto a las mujeres q’eqchi’ como a los varones, ya que fue una agresión al grupo del “bando contrario” y tuvo como fin su eliminación. El trabajo forzado, la esclavitud y la violación sexual de las mujeres fueron diseñados como tácticas y estrategias para el control de los territorios e implicaron gastos para el ejército (armas, agentes para utilizarlas, etc.).

Aunque el trabajo doméstico forzado, la violación y la esclavitud sexual no asesinó directamente a las mujeres o al grupo que se considera “insurgente”, sí lo eliminó a través de una política eugenésica en la que se mezcló el racismo de la élite y la oligarquía militar con la misoginia y la asociación simbólica del cuerpo de las mujeres con la posesión de los territorios. Por eso, esta sentencia es un paradigma para la justicia en América Latina porque sienta precedentes y señala horizontes para otras mujeres que han vivido situaciones similares.

La violencia contra las mujeres en las guerras se multiplica y se vuelve norma.  Parece que cuando acaban los conflictos la sociedad mira para otro lado.  Quizá porque existen demasiados implicados.  Quizá porque culturalmente no se considera grave.  ¿Cuántos casos de impunidad militar habrá en el mundo cada día?

La guerra es violencia sinérgica, violencia que multiplica sus factores directos, estructurales y culturales.  La prueba la dan las declaraciones de las mujeres que han ido a juicio contra los militares:

Julia Coc, testigo once, declaró que su hija y dos nietas fueron detenidas extrajudicialmente y asesinadas por los soldados en 1982. Dijo que le hicieron mucho daño al cuerpo de su hija cuando la violaron. En la exhumación encontraron pelo, ropa y huesos de sus hijas y “de mis nietas solo hallaron los calzoncitos, sus huesos eran polvo”. Después de matar a su hija a ella la obligan a que le dieran comida a lo soldados.

Otra sobreviviente contó cómo a su esposo lo detuvieron, cómo ella fue violada por cuatro soldados y cómo sus hijos murieron porque no tenían comida.

Sobreviviente narró que llegó al destacamento a preguntar por su esposo, los soldados la detuvieron por la fuerza y la violaron varias veces”.

“Nos obligaban a hacerles la comida y nos violaban. Por eso es muy doloroso”.

“Nos mandaban al río a lavarles su ropa y nos perseguían. Ahí nos violaban”.

“No me acuerdo cuántos me violaron porque quedé desmayada. Quedé muy dañada de mi cuerpo, sangraba mucho”.

“Ahí tenían lugares. Tenían cuartos y ahí nos jalaban. A veces eran 3, 4 o 5 (los soldados que la violaban en el destacamento)”.

“Si no me dejaba me decían que me iban a matar. A veces uno me sujetaba y otro me ponía un arma en el pecho”

Entrenamos cada año a millones de personas, hombres y mujeres, para la guerra.  Y lo hacemos en academias militares en las que no se habla de estas realidades.  Los ejércitos nos venden lo militar como un juego tecnológico, como una batalla de mentes en un inmenso tablero de ajedrez, como algo aséptico y limpio, algo bueno para todos.

Sin embargo las anteriores declaraciones de las mujeres violadas nos dan una perspectiva muy diferente y, a la vez, mucho más real.

El militarismo es violencia, hasta que no abandonemos nuestro cinismo habitual, no seremos capaces de entender la necesidad de darle alternativas noviolentas.

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Pacifistas en la Primera Guerra Mundial

Imagen de icip

Fuente:  Instituto Catalán Internacional por la Paz.

Nos hacemos eco hoy de la revista nº 24 del ICIP que cuenta entre sus artículos de un monográfico dedicado a los pacifistas en la Primera Guerra Mundial.

Además de un artículo editorial de su director, Rafael Grasa, hay otros como:

  • Rosa Luxemburgo:  anticapitalismo hacia la eutopía pacifista, de Sonia Herrera.
  • Reclutamiento obligatorio y objeción de conciencia en el Reino Unido, del periodista David Boulton.
  • Nuestra patria es el mundo entero:  antimilitarismo anarquista, de Dolors Marín.
  • Ilusión y visión:  el pacifismo científico de Alfred H. Fried, de Bernhard Tuider.
  • El internacionalismo práctico del esperanto, de Xavier Alcalde.

También una entrevista con Joan Botan.  Y una sección en la que nos recomiendan tres libros y películas sobre la Primera Guerra Mundial y el pacifismo.

Nos ha gustado mucho la iniciativa porque es necesaria una reflexión alternativa y pacifista sobre la Primera Guerra Mundial y, también, es necesario reencontrar y publicar la memoria antimilitarista para que haya información de que en eventos históricos catastróficos como las guerras siempre ha habido lucha antimilitarista, pacifista y noviolenta.

Algunos de los últimos números, también muy interesantes de la revista del ICIP versan sobre:

  • La UE, una actor real de paz
  • Pacifismo y feminismo
  • Conflictos linguísticos
  • Drones, amenaza o avances
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Estudio sobre el pernicioso impacto sexual de las bases yankis

 

Imagen de Official US Navy Page

Fuente:  Tercera Información.

En muchas ocasiones, últimamente, hemos hablado de que las bases militares de USA no aportan casi trabajo e inversiones a las zonas donde se ubican.

También hemos señalado que provocan un aumento del riesgo de atentados terroristas y peligros para la población por las actividades militares que realizan.

Ahora nos hacemos eco de las conclusiones de un informe de 809 páginas de Renán Vega Cantor, profesor de la Universidad de Bogotá, en el que se las considera zonas inseguras, debido al “imperialismo sexual”.  Relata que

las violaciones y tráfico sexual que realizan funcionarios civiles y militares de EE.UU.” en su país: el caso de las 53 niñas abusadas en las localidades de Melgar y Girardot en 2007. El más difundido de estos delitos es el de la hija de Olga Lucía Castillo. Tenía 12 años cuando la secuestraron y drogaron en una discoteca. Terminó en la base aérea de Tolemaida, donde la violaron dos uniformados estadounidenses. Pero hay más. Como lo documentan las denuncias de prostitución infantil en el puerto de Tumaco, sobre el Pacífico, conocidas en 2013. O los sitios de Internet descubiertos en 2010 que ofrecían sexo con mujeres y niñas en la zona vecina a la base de Palanquero.

El autor expande la situación fuera de Colombia:

Cuando habla de “imperialismo sexual”, Vega Cantor compara el caso de Colombia con el de “todos los lugares donde se encuentran militares de Estados Unidos, como en Filipinas, Japón o Corea del Sur

Otra periodista lo describe en términos parecidos:

Basándose en el texto de Vega Cantor, una guerrillera de las FARC, Natalie Mistral, escribió un extenso artículo donde sostiene que “la prostitución organizada alrededor de las bases norteamericanas es justificada por la administración militar con el eufemismo de ‘las necesidades sexuales’ de sus soldados. Estamos ante el mayor proxeneta del planeta.

Pero también existen denuncias desde Estados Unidos:

La periodista norteamericana Debra McNutt escribió un interesante artículo en 2007 titulado “La prostitución militarizada y la ocupación de Irak”, donde recuerda que “las Fuerzas Armadas de Estados Unidos tienen prohibido tratar con prostitutas”. Está documentado hasta por el cine de Hollywood que la realidad funciona al revés. Con varios centenares de bases desparramadas por el mundo o más de mil según de qué fuente se trate, alrededor de cada una se expande el problema de la trata de mujeres, su explotación y el abuso de menores.

Donde las tropas de EE.UU. se han establecido por un tiempo prolongado, las redes de prostitución gozan de buena salud. En 2005, Sarah Mendelson, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales con sede en Washington, escribió un informe titulado “Barracas y burdeles”: “Los oficiales militares suelen hacer la vista gorda con la explotación de mujeres por el personal militar y el de los contratistas privados, porque quieren elevar la ‘moral’ de sus hombres”. Se refería al conflicto de los Balcanes. La semejanza con lo que ocurre en Colombia es notoria. La naturalización de los delitos sexuales también.

Como en España existen bases militares yankis, es normal preguntarse si aquí ocurre lo mismo.

El diario La Razón publicaba en 2011 un recordatorio sobre los inicios de la base de Rota, entre algunas historias halagüeñas nos cuenta, como de rondón, que:

No sólo llegaron cientos y cientos de jóvenes americanos, con sus barritas de chocolate y leche que repartían en los colegios, sino que llegaban tras estar meses y meses en el mar. Desembarcaban con ganas de todo. De un prostíbulo en Rota, se pasó a más de mil prostitutas que llegaron de toda España y transformaron la Avenida de San Fernando en una calle llena de «bares», con comillas, sí.

Y algo, o mucho, de verdad debe haber cuando la propia página de turismo Rota.com.es dice un gran número de personas desinformadas tienen el concepto de que si en Rota hay muchos americanos también hay muchas más prostitutas.

Impunidad yanki.

Nos basamos en el otro país:

Ya Rota no es uno de los burdeles más grandes de Europa, a donde llegaban vuelos charter cargados de prostitutas de casi todos las capitales europeas cada vez que recalaban los 35.000 hombres de la VI Flota. Pero si un militar norteamericano viola a una ciudadana en nuestro país, según el acuerdo bilateral, será juzgado en los Estados Unidos por un tribunal militar de ese país. En los últimos veinte años, son incalculables los casos de violaciones, asesinatos y acusaciones de malos tratos a ciudadanos norteamericanos en Rota. Uno de los casos que más han encendido los ánimos fue el sucedido en los aledaños del puerto pesquero de esta ciudad, en donde, hace dos años, tres marines completamente borrachos mataron a golpes a un joven roteño. Detenidos por la policía local, fueron entregados a las autoridades militares norteamericanas, se celebró un posterior juicio en los EEUU y han quedado absueltos y sin cargo alguno.

Esa impunidad chulesca, consentida por los patrióticos gobiernos españoles, rizó el rizo cuando, en el año 1997, el buque de aprovisionamiento de la Navy J.P. Bobo rompió las cadenas de fondeo en aguas de la Bahía de Cádiz durante un temporal. El buque, que procedía del Golfo Pérsico tras arrimar armamento y carros de combate en la Operación Tormenta del Desierto, embarrancó en la costa de El Puerto de Santa María. Miles de litros de combustible se vertieron en las aguas de la Bahía de Cádiz. Cientos de miles de kilos de moluscos, algas y peces murieron y la flota de bajura tuvo prohibida sus faenas durante varios meses. Abierto un proceso judicial para delimitar las responsabilidades, claramente centradas en la incompetencia del comandante del transporte de guerra, el gobierno de los EEUU se negó reiteradamente a que éste compareciese ante los jueces españoles y nunca ha sido juzgado.

Otra muestra de la indefensión ante el Imperio lo tienen los trabajadores de la base que han sufrido “asbestosis”, una enfermedad respiratoria maligna producida por la inhalación de aire contaminado por fibras de este producto, ya prohibido, y que se utilizó durante décadas para el aislamiento acústico y térmico de todo tipo de instalaciones. Han sido cientos los casos de trabajadores españoles contaminados. En ningún caso las autoridades judiciales y sanitarias españolas pudieron obtener facilidades para juzgar a los responsables, la Administración norteamericana, claro está. Los afectados han tenido que recurrir a costosos gabinetes jurídicos yanquis, que tras, llevarse una suculenta tajada, han conseguido exiguas indemnizaciones y más raquíticas condenas.

¿Cabría pensar que sería lógico requerir a nuestros gobernantes en Defensa sus responsabilidades políticas y penales por la dejadez con la que negociaron los acuerdos sobre las bases militares?

Otra fuente nos hace, en el caso español, una crónica que comienza con un tono costumbrista pero acaba con una acertada crítica al imperialismo:

y por las noches, los coches blancos de la Policía Naval americana, con sus luces intermitentes azules, patrullan alrededor de los innumerables cabarets, pubs o bares de niñas, centros de diversión para los hombres de la base que completan la fisonomía de Rota como lo que es: una colonia, un pueblo —población y habitantes— que no es dueño de sus destinos, sino que vive supeditado en lo económico y lo cultural a una potencia extraña, aparentemente parásito de ésta; en realidad dejándose chupar sus fluidos vitales: su identidad, el trabajo de sus hijos, la seguridad de todos…

Parece ser que el problema es global.  También español.  Y que existe impunidad yanki por decisión de nuestros políticos.

Una vergüenza, otra vergüenza.

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La brutalidad de la guerra hacia las mujeres afganas

 

Fuente: Público.

Afganistán es uno de los escenarios en los que el ejército español está presente. Teóricamente están allí para defender los intereses de España en el mundo y para defender los derechos humanos de los afganos, agredidos por los talibanes.

En teoría el maltrato a las mujeres en el régimen talibán era una de las principales justificaciones de la invasión en la que España participa.  Supuestamente España fue allá a liberar a estas mujeres.

Ahora bien, el balance es desastroso. Al parecer, los años de contienda se han cebado sobre todo con las mujeres. En realidad todas las guerras son especialmente cruentas con las mujeres, que pasan a ser una de las principales víctimas de las guerras.

Según la Jefa de la Comisión de Derechos Humanos de Afganistán, Sima Samar, la brutalidad y los crímenes contra las mujeres se han multiplicado de forma escandalosa en 2013 en aquel país. ¿Es esto un síntoma de la pacificación prometida?

La brutalidad de los casos es realmente mala. Cortar la nariz, los labios, las orejas. Cometer violaciones en público, Violaciones masivas (…) van en contra de la dignidad y la humanidad”.

No parece que las promesas de paz hayan mejorado el panorama y nos preguntamos si los más de 2.000 millones de euros que la acción militar española lleva invertidos en esta guerra a costa de nuestros impuestos tienen algo que ver con el actual clima de terror. ¿No podrían haberse invertido en otra cosa distinta, más acorde con la dignidad humana y la lucha contra la violencia estructural y cultural en Afganistán?

La señora Samar se lamenta de la marcha de las tropas internacionales. Al menos -dice- con su presencia, la brutalidad era más solapada y las mujeres mantenían un mínimo de tranquilidad; “La presencia de la comunidad internacional y equipos de reconstrucción estaba dando confianza a la gente en la mayoría de provincias”.

¿Quiere decir que sería preferible que las tropas internacionales no se marchen de Afganistán?

Desde nuestro punto de vista, la cuestión de la violencia hacia las mujeres radica en otro lado y la intervención militar, si algo ha demostrado, es su ineficacia para provocar un cambio cultural profundo en el respeto de los derechos de las mujeres. La presencia de las tropas y del estado de guerra crónica que impusieron no ha hecho sino cronificar el problema, polarizarlo más y ahora, cuando se lavan las manos y se marchan las tropas de allí, dejar en la más absoluta y previsible vulnerabilidad a las mujeres afganas.

Otra activista, Suraya Pakzad, afirma que se han dado recientes casos de lapidación pública de mujeres por parte de las tropas afganas (es decir, de las tropas a las que supuestamente han ayudado a mejorar las cosas las tropas de la colación internacional, lo cual demuestra que la violencia contra las mujeres no ha sido tan unilateral como se dice) y que matar a las mujeres es algo fácil. No hay castigo.

Ya lo vemos. En la guerra, las mujeres son siempre perdedoras por partida doble. Y no parece que las coaliciones militares occidentales sirvan lo más mínimo para solventar esta situación.

¿Podremos por tanto preguntarles para qué valen sus artimañas, qué situaciones han resuelto sus guerras, qué cambios reales han provocado, en qué gastan nuestros impuestos?

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Más ejemplos de violencia cultural contra las mujeres

Fuente:  elconficencial.com

Como nuestra mentalidad es muy otra, nos parece increíble esta noticia.  Sin embargo, somos conscientes de que esta realidad de irrespeto máximo a los derechos de las mujeres existe y tiene mucho poder en varios lugares del planeta.

El Confidencial nos regala un listado de 7 restricciones ridículas para los derechos de las mujeres en el mundo:

1.- Yemen: una mujer es sólo ‘medio’ testigo en un juicio

Esta es la política de testigos en Yemen, donde la mujer “no está considerada como una persona completa ante un tribunal”. Generalmente, el testimonio de una mujer no tiene valor legal a no ser que esté respaldado por el de un hombre o concierna a un lugar o una situación en la que nunca habrá un hombre presente.  Además, las mujeres no pueden testificar en procesos por adulterio, injurias, robo o sodomía.

2.- Arabia Saudí y Ciudad del Vaticano: las mujeres no pueden votar… aún

Este es la situación, por asombrosa que parezca, en Arabia Saudí, aunque un decreto del rey Abdulá permitirá a las mujeres participar en las elecciones del año 2015. Ciudad de Vaticano es el único otro estado del mundo que permite a los hombres, pero no a las mujeres, ejercer su derecho al voto.

3.- Marruecos y Arabia Saudí: las víctimas de una violación terminan siendo acusadas

Muchos países suspenden en la protección de las víctimas de una violación, pero algunos van incluso más lejos… castigan a la mujer por haber abandonado su hogar sin la compañía de un varón, por estar en compañía de un hombre que no es pariente suyo, o por haberse quedado embarazadas tras sufrir abusos sexuales. El caso más infame podría ser el de Qatif girl, la joven saudí que fue raptada y violada por siete hombres en el año 2006. Sus agresores fueron sentenciados a entre 80 y 1.000 latigazos y hasta diez años de cárcel, pero la víctima también fue condenada a 90 latigazos y seis meses de prisión por “estar sola en un coche en compañía de un hombre que no era un pariente”. Recientemente, una joven marroquí de 16 años terminó suicidándose cuando un tribunal la obligó a casarse con el hombre que la había violado.

5.- Yemen: una mujer no puede salir de casa sin el permiso de su marido

Yemen, donde esta ley infame sigue vigente hoy en día, sólo permite a una mujer abandonar su casa en una situación de emergencia, por ejemplo, si debe salir a toda prisa para cuidar de unos parientes enfermos.

 6.- Ecuador: el aborto es ilegal a no ser que seas “idiota”

Según Rothna Begum, esta es la política actual en Ecuador, donde el aborto ha sido ilegal desde hace tiempo excepto para “idiotas” o “dementes”. Los políticos consideran actualmente redefinir la ley con un menos polémico “mentalmente enfermos”, pero eso no cambiará el estatus legal sobre el aborto en el país. O, lo que es más importante, el hecho de que la ley se emplea frecuentemente para criminalizar abortos espontáneos.

7.- India (ciertas zonas del país): algunas leyes de seguridad vial no se aplican a las mujeres

En algunos estados de India, ciertas normas de seguridad vial no afectan a las mujeres, como la obligación de llevar casco si utilizan una motocicleta. Organizaciones feministas han atacado la medida argumentando que se trata de una devaluación de la vida de una mujer. Aquellos que la apoyan, esgrimen que sólo intenta preservar los peinados y el maquillaje de las mujeres, lo que no es precisamente una respuesta muy feminista.

La octava sería la ley que prohíbe a las mujeres conducir y que es la que ha motivado esta recopilación.

Y nos parece que no es adecuado el adjetivo de ridículas.  Estas normas son injustas, inhumanas, machistas, atentatorias claramente contra los derechos humanos.  Sobrepasan lo ridículo y se convierten en terrorismo de estado contra las mujeres.  Son leyes ilegítimas contra las que sólo cabe la desobediencia civil noviolenta.  Y además, nos parece que los autores de dichas leyes deberían ser perseguidos legalmente de oficio y llevados a juicio por alguna Corte Penal Internacional para que alguien declare el reproche de sus imposiciones desde el punto de vista de la justicia.

Las sociedades se ven educadas en un entorno de violencia que va más allá de la violencia directa y que incluye a la violencia cultural que en otro trabajo:

 lo definen como una violencia que “se expresa también desde infinidad de medios (simbolismos, religión, ideología, lenguaje, arte, ciencia,leyes, medios de comunicación, educación, etc.), y que cumple la función de legitimar la violencia directa y estructural, así como de inhibir o reprimir la respuesta de quienes la sufren, y ofrece justificaciones para que los seres humanos, a diferencia del resto de especies, se destruyan mutuamente y sean recompensados incluso por hacerlo

La noticia, ciertamente, mueve al asombro, a la ironía;  pero ante todo nos debería mover a la solidaridad y a la acción.

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Más ejemplos de violencia cultural

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En otras ocasiones hemos presentado ejemplos de violencia cultural. Se trata de la imposición de una manera hegemónica de entender el mundo, que propone ideas, creencias y prácticas para vivir la vida en términos de necesaria violencia y bajo objetivos de dominación-violencia y, desde luego, es uno de los principales aliados del paradigma de dominación-violencia vigente y de la ideología militarista.

La violencia estructural es un tipo de violencia que legitima la violencia directa y la violencia estructural, pero a la vez actúa potenciándolas, recreándolas, impulsándolas.

Podemos ver múltiples ejemplos de este tipo de violencia en nuestro propio entorno. Vamos a proponer algunos ejemplos.

1) El primer ministro iraní, progre para la óptica occidental, prometió que desde el primer momento de su mandato promovería políticas de igualdad entre hombres y mujeres. Su primer “gesto” ha dado muestras de su idea de la igualdad de hombres y mujeres. Se trata de una rueda de prensa de la que se ha hecho eco El País. En ella los periodistas de género masculino siguieron la rueda de prensa sentados en sillas, pero las periodistas mujeres tuvieron que seguirla sentadas en el suelo, a los pies de los hombres. Juntemos a esto que según Reporteros Sin Fronteras, Irán es uno de los países del mundo con más periodistas encarcelados. ¿violencia cultural?¿Justificación de la violencia estructural? ¿Explicación de la violencia directa? Sobran los comentarios.

2) Podríamos pensar, con esa mentalidad nuestra tan característica, que estas ideas solo ocurren en países “extremistas” o algún otro calificativo despectivo. Sin embargo, El País, de nuevo, nos informa de altercados racistas  provocados por pertenecientes al partido neonazi alemán en protesta por la apertura de centros de atención a inmigrantes y refugiados de conflictos bélicos. una nueva prueba de violencia cultural cuyo resultado final ya tuvo Europa la oportunidad de experimentar en los años 30 y 40. ¿Una cultura racista como justificación de la violencia contra los otros y de la violencia estructural? El ejemplo es efectivamente muy elocuente.

3) Lo mismo hemos conocido de la creciente ola desatada en Rusia que considera que los homosexuales no son gente normal ni debe pertenecer, al parecer, a la sociedad con igualdad de derechos. El último episodio es la noticia de la tramitación parlamentaria de una ley por la que se prohibirá la donación de sangre a homosexuales. Nos informa de ello Público. También aquí las ideas perversas y violentas acaban en actos violentos y en injusticia estructural.

4) También entre nosotros cunde el ejemplo de la burriez de las malas ideas. En concreto nos hemos sorprendido mucho del pensamiento militarista con el que algunos españoles de pura cepa han pedido la solución del conflicto de Gibraltar (que dicho sea de paso es una pura cortina de humo infumable y tóxica) apelando a los más rancios e irracionales valores y a las soluciones enérgicas (incluso con invocaciones al dictador Franco) y militares. Podemos escandalizarnos no sólo de la opinión extravagante de un tal Rocafort en el pornográfico diario La Razón, sino, sobre todo, el de la ristra de comentarios a su malhadada opinión. Nada bueno augura este imaginario militarista para las necesidades de una sociedad desmoralizada y atacada por el mal ejemplo de nuestra cerril oligarquía.

La violencia cultural acampa por doquier y predica el odio, la superioridad, la dominación y la justificación de la violencia como regla social de juego y como verdad última de nuestro género humano, Y lo malo es que, convertida en verdad esta prédica, el salto a la imposición por la fuerza, la dominación o la injusticia es algo absolutamente evidente y aterradoramente inminente.

Nos queda por ello una gran tarea por delante: nada menos que la de desenmascarar esta violencia cultural y desinventar sus mecanismos operativos.

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