Archive for desarrollo global

Un nuevo ciclo inversor en armas

Por Ejército de Tierra

Fuente: El Economista.

Lo veníamos sospechando y anunciando. Nuestros dirigentes políticos y los señores de la guerra estaban muy contentos y esas alegrías suelen preludiar tristezas donde más duele al común de los apaleados mortales.

Lo veníamos advirtiendo: al escándalo de una burbuja de deuda militar impagable (más de 30.000 millones de euros) que nos provocó el ciclo de inversión en armas iniciado por el PP en tiempos de Aznar y continuó con pasmosa fidelidad el PSOE en los de Zapatero y, de nuevo, el PP del pasmoso Presidente Rajoy y su ex-ministro Pedro Morenés, le iba a suceder algo peor.

La codicia de los señores de la guerra es casi insaciable, e insondable la comprensión hacia sus demandas por parte de nuestro partido militarista tácito, con miembros adscritos en todo el arco parlamentario.

Ahora la Ministra de Defensa ha lanzado la noticia, como quien lanza una bomba.

Defensa confirma que lleva tiempo preparando un plan quinquenal de inversión en armas para “reactivar el gasto en armamento militar” (reactivar debe leerse como figura retórica) y “potenciar las nuevas tecnologías y modernizar y dinamizar la industria y su tejido.”

Un plan de esfuerzo inversor con cinco años de duración.

Obsérvese el crudo y descarnado realismo con el que nos explican sus intenciones. En el enunciado de lo que se pretende no aparece la idea de defender a la sociedad, que es justamente lo que aparentemente justifica el colosal gasto militar español. No. El ciclo inversor en armas es más caprichoso. Lo hacen para reactivar el gasto militar, para modernizar la industria militar, para dar pasta flora a sus amiguetes, no para defendernos.

Estamos trabajando para impulsar un ciclo inversor en el que se incluirán nuevos programas como adquisiciones que no necesariamente tienen que estar integradas en los planes especiales de armamento (PEAS) y que sin lugar a dudas supondrá un cambio de paso y de ritmo en la industria de defensa española. La idea es reactivarla.

¿Se fijan? Reactivarla, como si estuviera tiesa. Como si el PP no la tuviera en estado de excitación febril. Cuando, hace unos días, el Presidente de la TEDAE nos acaba de explicar que la industria de defensa durante la crisis ha salido triunfadora, ha ganado más de un 10´2%, como informa Infodefensa.

La Ministra, que se está especializando en decir naderías, dijo además

Una nación sin una industria eficaz, inteligente, competitiva y a la vanguardia de la innovación sin duda alguna es un país débil. La industria tiene que adaptarse al nuevo escenario tal y como está dispuesta a hacer

Fíjense que la frase en sí no dice nada. O nada específico. Es una generalidad que vale tanto para una industria que fabrique veneno como para otra que fabrique tecnología biomédica.

Es evidente que la inteligencia, la innovación y las otras zarandajas son objetivos estratégicos para cualquier sector productivo, pero para el bien común no da lo mismo que el dinero se use para una u otra cosa. Si la industria en la que buscamos eficacia es la que queremos que sea “competitiva” vendiendo armas a troche y moche, resulta que el perjuicio social es alarmante, pues incentiva y exporta guerras y busca un enriquecimiento que ni es socialmente útil, ni es equitativo, sino lucrativo para cuatro listillos y generador de inseguridad humana para el resto.

Si en vez de en cañones invertimos en mantequilla, en desarrollo humano y en derechos en serio, ocurre todo lo contrario: crece el bienestar social, decrece la desigualdad, se construyen nuevos consensos más inclusivos, se acorta la distancia entre los que más tienen y los que más sufren, se rompe el elitismo, se abordan los verdaderos problemas de la sociedad y se ataca el círculo vicioso que nos ata al malestar social que nos impone esta elite egoísta y calamitosa. ¿Se dan cuenta de las muy sólidas y persistentes razones que tienen los que mandan para invertir en cañones, no en mantequilla?

Añadió la Ministra que España va a cumplir cuanto antes su compromiso de elevar su presupuesto de Defensa al 2% del PIB (ojito al dato, ya no se habla de elevar el gasto militar, sino el Presupuesto de Defensa, que es una pequeña parte del gasto militar).

No lo hacemos porque lo haya pedido Donald Trump, lo hacemos porque se pactó en 2014 con los demás países socios de la OTAN y porque el gobierno tiene el compromiso de mantener la seguridad y la integridad de su población.

Ya lo ven, para ayudarnos. ¡Menuda ayuda!. Nos quieren mantener seguros, íntegros y sobre todo esquilmados y sin derecho a decidir, que es lo suyo, para que no nos volvamos molicie, que ya saben ellos que somos incorregibles. Habrá que preguntarse si no habrá alguien más y diferente dispuesto a darnos un poco de ayuda, pero en otra dirección, que a estos ya les tenemos vistas las intenciones.

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Más militarización cultural gaditana

Por Terry Hassan

Fuente:  La Voz de Cádiz.

Prometía mucho la afirmación del Ex-JEMAD, Almirante General Fernando García Sánchez en las jornadas impulsadas por el Instituto Español de Estudios Estratégicos, con el colaboracionismo acrítico de la Universidad de Cádiz, cuando afirmó rotundo ante los desinformados estudiantes de derecho y criminología del campus de Jerez:

En el mundo de la desinformación y las narrativas precocinadas es fundamental que fomentemos el espíritu crítico…

Pero luego desmereció, cuando, rompiendo con las más mínimas reglas de la lógica, afirmó de forma acrítica y con una narrativa pasmosamente precocinada y propia del mundo de la desinformación que

si consideramos que la seguridad es necesaria, las Fuerzas Armadas también.

Que, para no aburrir a nuestros lectores con disquisiciones que muestren la falsedad del silogismo, es tanto como decir que si la alimentación humana es necesaria, por ejemplo, queda demostrada la necesidad del canibalismo, o de los bollos bien preñados de grasas saturadas, pongamos por caso. Porque, que tengamos una enfermedad no requiere empeorarla con el remedio.

Teniendo en cuenta el carácter de la región, ¿se tomarían los estudiantes a chirigota las afirmaciones del Almirante?, ¿o tomarían apuntes, como en cualquier otra excentricidad más de las que se dicen en las aburridas clases de derecho?

Que seguridad y ejércitos no son equivalentes es algo que las propias Naciones Unidas vienen diciendo desde hace muchos años. Una cosa es la idea de seguridad militar, basada en ejércitos, armas, guerras, etc., y que cada vez “aseguran” menos y “dificultan” más, y otra la Seguridad Humana, que tiene que ver con la garantía de derechos humanos para todos, con estructuras justas, con protección contra el hambre, de la salud, de la educación, del medioambiente, …, como ha señalado en innumerables ocasiones el PNUD y aquí hemos explicado en tantas ocasiones.

Paradójicamente, los ejércitos, que se proclaman como la defensa de la seguridad por excelencia (eso sí, sin ninguna evidencia que confirme su amañada “justificación”, mera petición de principio) han pasado a ser uno de los factores desencadenantes de la mayor inseguridad a escala planetaria.

También lo dice Naciones Unidas, que por si fuera poco, cuenta con una resolución  del año 2011 de su Consejo de Derechos Humanos (Resolución 18/6, el Consejo de Derechos Humanos), por la cual estableció un procedimiento para proponer a la Asamblea General de Naciones Unidas reglas y acuerdos para un orden internacional justo y equitativo; resolución que ha dado lugar a que se proponga por el encargado de esta encomienda, el experto independiente Sr. De Zayas, quitar gasto militar y aplicar las reducciones de éste a políticas de paz y de desarrollo, como medio para conseguir ese orden equitativo y justo, y el aumento de la seguridad humana.

En el informe presentado en 2012 por dicho experto a la Asamblea General de Naciones Unidas, entre otras cosas, se dice

¿Cómo puede evolucionar el orden internacional existente para que sea más democrático y equitativo? Al parecer se necesitan ciertas condiciones, la más importante de las cuales es la paz (Pax optima rerum) en el sentido holístico, una paz que suponga no solo la ausencia de guerra sino también una armonía positiva; la ausencia de violencia estructural, hegemonía cultural, neocolonialismo y discriminación; y la erradicación de la pobreza extrema, como se prevé en los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

y

El gasto militar, la influencia de la industria militar, el comercio abierto y encubierto de armas y la delincuencia organizada internacional, en concreto el tráfico de estupefacientes, el blanqueo de dinero y la corrupción de los funcionarios gubernamentales y los actores no estatales, siguen teniendo consecuencias nocivas para el funcionamiento adecuado de la democracia en muchos países.

o bien

El Experto Independiente cree que es poco probable que se avance en el establecimiento de un orden internacional democrático y equitativo si los gobiernos no representan fielmente a sus electores, si persisten la explotación económica, el colonialismo y el neocolonialismo, y si se siguen ocupando territorios por motivos estratégicos, militares o económicos

para proponer

También podría barajarse la posibilidad de gravar un impuesto especial sobre todas las ventas de aeronaves y navíos militares, misiles de crucero y otras armas. Los avances en las negociaciones sobre desarme siempre son bien acogidos. Las palabras no bastan; el objetivo es encontrar la manera de redirigir los recursos utilizados por los ejércitos y reducir el peligro de que estalle una guerra, al tiempo que se liberan fondos para financiar el desarrollo y el crecimiento inclusivo”

Ya lo ven, la vinculación entre seguridad y ejércitos, tan clara para un señor Almirante General, no es tan evidente para el derecho internacional, para Naciones Unidas, o para el PNUD, por no irnos a buscar más allá de la pura y reconocida oficialidad mundial.

Pero volvamos al caso de la Universidad de Cádiz.

Porque resulta llamativo el servilismo de tantas instituciones gaditanas al militarismo y sus ínfulas. Se le prestan medios, se le hacen parabienes, se recibe a sus próceres con pompa y boato, se apoya a su industria militar, no se exige el pago de impuestos por la ocupación del territorio, ni se promociona una cultura de paz sino la exaltación de lo militar.

Y hablamos de tantas instituciones (instituciones en un sentido lato) que asombra: diputación, ayuntamientos, universidades, sindicatos, medios de comunicación, partidos políticos, instituciones educativas y culturales…

¡Como si en Cádiz la huella del militarismo no supusiera una cadena que ata a la provincia a la dependencia y a la penuria, que lastra su desarrollo y lo vincula a los intereses que defienden los ejércitos!

Deben creer todos ellos el dogma del ejército como algo bueno y sin réplica, esa “verdad” que propaga el militarismo. Lo han debido espiritualizar como cualquier otro preconcepto de nuestra cruel cultura heredada, sin pararse a analizarlo con el espíritu crítico que predicaba, retóricamente, el Almirante General García Sánchez.

De este modo, las instituciones de Cádiz, al servicio del militarismo, contribuyen a lastrar la cultura singular de Cádiz y a someterla a los intereses de los que sueñan en un mundo cuartelario, en botas y trompetas militares y bien de banderitas para gritar a pleno pulmón: ¡A por ellos, oé!

¿Tanta es la presión ambiental que los pacifistas de Cádiz no consiguen hacerse oír?

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AIRBUS quiere un centro logístico permanente en Albacete

Alejandro Román González

Fuente: Albaceteabierto

Aprovechando la entrega de los nuevos helicópteros Tigre al Ejército del Aire y al Ejército de Tierra, en acto con pompa y solemnidad, incluida la presencia de la Ministra de Defensa, la compañía AIRBUS, fabricante de los helicópteros, ha anunciado su intención de abrir en breve una planta de logística en el mismo Albacete.

El centro de logística proyectado tendría dos grandes enfoques: ser un centro de “excelencia industrial” para el fuselaje trasero de los modelos de AIRBUS, y ser centro nacional de soporte para dar servicios a las flotas de helicópteros ya en servicio.

Según el responsable de AIRBUS, señor Faury

este posible centro logístico supondría crear “empleo directo” en una planta donde ya se han generado alrededor de 500 empleos, y desarrollar el Parque Aeronáutico donde se ubica Airbus Helicopters

Entre los datos que ha ofrecido de la experiencia de diez años de producción de AIRBUS en Albacete, destaca que han entregado 180 nuevos helicópteros a las Fuerzas Armadas y que Airbus se ha situado como la primera empresa privada en facturación en la provincia y una de las cinco primeras de Castilla-La Mancha.

María Dolores de Cospedal, por su parte, ha destacado la importancia fabril de AIRBUS en Albacete, desde donde se han producido ya nueve NH-90 para Defensa, 18 helicópteros de asalto Tigre, y también los fuselajes delanteros de un centenar de NH-90 para otros clientes “nacionales e internacionales”, lo que en palabras de la ministra refleja que España no es solamente un país comprador de armas, sino un país capaz de contribuir con desarrollo tecnológico para tener sistemas aéreos avanzados propios.

Por su parte, el Alcalde de Albacete se ha mostrado entusiasmado por el anuncio de convertir Albacete en un centro de referencia para la industria militar,

” ya que se traducirá en la creación de empleos estables y de calidad, al tiempo que favorecerá el desarrollo industrial del Parque Aeronáutico y Logístico de nuestra ciudad”

De este modo, los parabienes de las autoridades, nacional y local, no han dejado de mostrar la sintonía de nuestras administraciones en apoyar a la industria militar y su apuesta por establecerse en Albacete de forma más intensa.

No han debido tener en cuenta las experiencias de otras zonas donde la propia industria militar ha generado un monocultivo que, a la larga, ha hecho depender todo el desarrollo de tales zonas de la bonanza de la industria militar, impidiendo un desarrollo alternativo y encadenando a la población a mayor o menor cantidad de encargos de armas y su venta, generalmente al exterior.

Una dependencia que ha empobrecido a estas zonas, juntando a la creciente depauperación asociada al monocultivo militar una creciente inseguridad global, al pasar a ser, además, punto de mira para los países amenazados por las armas fabricadas en estas factorías, y una creciente miseria ética, al convertirse en productores de armas usadas para exportar conflictos a otras zonas.

El apoyo del Alcalde de Albacete mucho nos hace temer que AIRBUS, como en otros lugares, gozará de un trato especial por parte del municipio. ¿Tendremos que investigar qué partidas o qué políticas municipales incorporan gasto militar encubierto para AIRBUS, o exenciones de impuestos, por ejemplo?

Tal vez Albacete merece un desarrollo igualmente apoyado desde las instituciones, de eso no nos cabe duda, pero alternativo a convertirse en un nuevo espacio ganado por la industria militar.

No en vano, los primeros insumisos enjuiciados en España lo fueron en Albacete y esa memoria pacifista sigue latente en la ciudad.

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Cultura contra los efectos de la guerra: la noviolencia en acción

o+fingidor

Por Culturactiva SCG

Fuente: El Salto Diario.

Hablamos de la experiencia que se está desarrollando en Trípoli, en Líbano, y en una calle llamada calle Siria.

La calle Siria se encuentra entre dos barrios enfrentados permanentemente, Jabal Mohsen, de mayoría alauí, y Bab al-Tabbaneh, suní, y ha sido frente de batalla durante largos períodos, hasta que el gobierno libanés consiguió imponer un inestable alto el fuego.

En este escenario, en mitad de un conflicto enquistado, se abre paso la experiencia cultural que comentamos, hoy materializada en un local, cogestionado por la ONG March y jóvenes de  los dos barrios enfrentados, que sirve como bar y lugar de encuentro de jóvenes de uno y otro barrio en conflicto. Además, y alrededor de este local, se desarrollan otras iniciativas culturales (teatro, talleres, ensayos artísticos por ejemplo) y un programa de renovación de los comercios destruidos en los enfrentamientos.

Al poco de llegar a la zona la ONG March se propuso incidir en los jóvenes de los barrios rivales para que cambiaran su mentalidad y su actividad frente al conflicto. Organizaron una obra de teatro con jóvenes de ambos barrios como actores y protagonistas. La obra fue un éxito y se representó en diversas ciudades libanesas.

Fue el embrión del local-café Kahwetna (Nuestro Café en árabe), un centro desde el que se irradia una nueva mentalidad de los jóvenes hacia el conflicto y que emplea a seis jóvenes de la zona como principales motores del cambio.

En el café se puede comer, se desarrollan talleres y cursos, ensayos o conciertos, en los que participan chicos y chicas (algo poco habitual en la zona y por los vecinos más tradicionales, que no ven bien la participación “mixta” de personas de uno y otro sexo) y se practica la convivencia entre jóvenes que en su experiencia anterior estaban abiertamente enfrentados entre sí.

Merece la pena ver el distinto enfoque del conflicto que tiene este proyecto. Dice la fundadora de la ONG March, Lea Baroudi

Cuando se mencionaba a Trípoli en las noticias era únicamente para hablar de extremismo y guerra civil, un conflicto puramente ideológico entre alauíes y suníes. Pero la violencia sectaria y la radicalización en esta región tienen otras fuentes: son la pobreza, la exclusión y la pérdida de esperanza las que hacen a los jóvenes vulnerables y fácilmente manipulables

El conflicto tiene otros perfiles. No es el enfrentamiento, el agravio, las diferencias ideológicas o religiosas que sirven para polarizar las posturas donde se pone el punto de mira para la resolución del conflicto, sino la pobreza, la exclusión, la violencia estructural y la pérdida de esperanza los elementos sobre los que se quiere incidir para cambiar las cosas.

Es atacando estos factores como se desinventa la guerra.

Cuenta uno de los chavales que participan en la iniciativa, Ali, de 23 años, y que se convirtió en combatiente con 15 años:

Me gustaba. Era un crío y luchar era algo excitante, una aventura. Luego empecé a perder amigos y familiares en el conflicto… y dejó de ser divertido…

Alí participó en el teatro:

Al principio odiaba tener que ver todos los días a la gente de Tabbaneh. Crecí convencido que eran el enemigo

Y en encuentro con los otros, dentro de esta iniciativa, le cambió la perspectiva:

Entendí que en el fondo éramos iguales, que teníamos los mismos problemas. Ahora he aprendido a no juzgar a la gente antes de conocerla de verdad

Afraa, una chica que participa de los talleres de diseño gráfico también se explica:

Aquí vienen muchas chicas de ambos lados. Por una vez, damos una imagen positiva. Demostramos que podemos trabajar los unos con los otros, que podemos convivir…

Y Angie, de 18 años, muestra las dificultades:

Va a hacer falta tiempo para arreglar las cosas de verdad, aún hay mucha desconfianza

El proyecto no es el bálsamo de fierabrás, pero muestra un camino. Va a hacer falta tiempo, mucho tiempo, y probablemente muchas más iniciativas que ataquen el entramado de causas del conflicto: la pobreza, la desigualdad, la violencia estructural, la manipulación…

Pero el conflicto, con su cambio de óptica, está permitiendo abordar una situación que, mirada únicamente desde la perspectiva violenta y la dialéctica amigo/enemigo de toda la vida, probablemente serviría para alimentar más el odio, agravar más el conflicto y, por qué no decirlo, llenar los bolsillos de unos pocos y fabricar liderazgos nefastos de líderes militares de los que estamos bastante sobrados.

Cultura contra la guerra. Cultura contra los efectos de la guerra. Mantequilla en vez de cañones. Encuentro en lugar de violencia. Una paz construida de lucha contra la violencia estructural por medios noviolentos. Un cambio de mentalidad saludable y que nos arroja interesantes enseñanzas.

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El militarismo se disfraza de necesidad social

Por MOC Valencia

Fuente: Levante

Nos ha parecido una idea muy acertada, “el militarismo se disfraza de necesidad social“, la que los objetores “históricos” (suponemos que quiere decirse bajo tan campanudo título anteriores a la finalización de la mili, lo que amalgama desde Pepe Beúnza hasta los presos insumisos valencianos) han explicado en unas “Jornadas de reencuentro y reivindicación” que han mantenido en Llíria.

Afortunadamente el encuentro valenciano no es una especie de balneario donde reunirse, pongamos por caso, como los exalumnos cincuentones  del colegio, la peña de amiguetes de la juventud y otros tantos reencuentros sensibleros, sino que los antimilitaristas valencianos se han propuesto “ver si aún somos capaces de realizar acciones de cara al futuro“, una especie de actualización de las luchas, ahora que el escenario mundial y la sutil vuelta de tuerca militarista han desdibujado tanto el tablero y la desorientación y el desconcierto empequeñecen nuestra apuesta antimilitarista.

Se han reunido varias generaciones de antimilitaristas valencianos, desde el primer objetor político, en pleno franquismo, hasta otros objetores del final del franquismo y de la transición, y objetores e insumisos de los años 80, 90 y hasta ahora, de modo que al menos tenemos tres escenarios distintos que dieron lugar a estrategias de lucha variadas y a agendas de prioridades también distintas, todas ellas unidas por el núcleo común del ideario antimilitarista (que por cierto hemos ido construyendo y reconstruyendo en el camino, a saltos entre la teoría y la práctica, de forma tentativa y abierta, como toda ideología viva), de la apuesta de noviolencia política y por el aprendizaje del trabajo colectivo, horizontal, desobediente y alternativo con las que fuimos capaces de desarrollar tanta creatividad, tantas apuestas, tantas propuestas e, incluso, apostar por una alternativa global a la defensa.

Y los  amigos valencianos ponen el dedo en la llaga:

el pacifismo vuelve a ser más necesario que nunca. El militarismo ha renacido y es más difícil de combatir porque se esconde como una necesidad social, como una especie de ONG. Por eso denunciamos la opacidad con la que actúan los gobiernos, incrementando los presupuestos para armas, favoreciendo su tráfico y alimentando el terrorismo

De ahí sale una agenda de trabajo a nada que nos pongamos: la llamada cultura de la defensa, la opacidad de lo militar, los gastos militares, los conflictos internacionales, la correlación de inseguridad-terrorismo-intereses militaristas como su potenciador, las propuestas de cambio y transición (transarme) hacia un mundo menos militarizado y que intente abordar sus conflictos por metodologías noviolentas, …

En tiempos oscuros, como estos, parece que proponer un horizonte que niega la lógica del militarismo desde su raíz es una quimera, o así nos lo quieren hacer ver los que nos pintan las bondades de la actualidad y nos dicen que no se puede aspirar a nada más, pero si algo tiene a su favor el antimilitarismo es que ha sido capaz, una y mil veces, de desmentir que su apuesta fuera mero idealismo y una quimera, para proponernos en la práctica que aquí y ahora, en un mundo no precisamente de ángeles, se puede conseguir poner freno a las imposiciones militaristas y arrancar a la realidad logros de la paz basada en la justicia. Nos lo dice otro de los insumisos valencianos

«Enfrentarse al servicio militar en la oscuridad del franquismo fue algo bestial. Pero al final demostramos que las utopías se pueden conseguir»

Los amigos valencianos tienen mucho trabajo:

Estamos preparando una campaña para pedir que el Ejército no acuda a Expojove porque hace una pedagogía contraria a la cultura de la paz, y para colaborar con los colegios para que dejen de hacer visitas a estamentos militares. También vamos a trabajar en reforzar la campaña de objeción fiscal para que nuestros impuestos no vayan a gasto militar y exigir que se destine a fines sociales

Es paradójico que ahora que sabemos más que nunca sobre el militarismo y que tenemos mejor documentado que nunca su parasitismo y su desafuero, el otrora potente movimiento antimilitarista tenga menos fuerzas que nunca, se encuentre diluido en otras luchas y atomizado y que sean los objetores históricos, en este caso los incombustibles compañeros de Valencia, quienes nos animen a reemprender luchas que se han ido apagando y a encauzar otras de las que recientemente descubrimos sus perfiles.

Si algo echamos en falta, es el trabajo directo en debatir más y mejor y en proponer con prácticas y acciones concretas una alternativa global a la defensa militar, basada en la idea de seguridad humana y en la alternativa noviolenta. Todo se andará.

El MOC de Valencia ha hecho su propia explicación del evento, que puede consultarse pinchando aquí.

Pero de momento, ¡que cunda el buen ejemplo!

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Israel se empobrece por su guerra perpetua

Boicot+a+los+productos+israel%C3%ADes

Por Landahlauts

Fuente: El País

Son muy variadas, e interesadas, las noticias que hablan del poder económico de Israel, un estado subsidiado y apoyado hasta la nausea, a pesar de su nefasta política militarista y de desprecio a los derechos humanos, por Occidente.

Pero no es oro todo lo que reluce.

La guerra y la política agresiva en que se empeña el estado israelí lastra su economía, advierten algunos economistas, como el profesor Joseph Zeira, de la universidad de Jerusalén,

“Israel pierde cada año un 5,7% de su PIB a causa del servicio militar obligatorio”

La razón que esgrime es inapelable

Los jóvenes acceden al mercado laboral tres o cuatro años más tarde que en otros países y, en consecuencia, el capital humano de Israel tarda más tiempo en desarrollarse

Pero la inversión en políticas de guerra también empobrecen a la población por sí mismas

El coste directo del mantenimiento de las Fuerzas Armadas ronda el 6% del PIB. Pero existen otros costes adicionales, como la reserva de una parte de territorio para las necesidades de Defensa, la contratación de guardas de seguridad (en los puestos de control) o la construcción de habitaciones aisladas (frente a ataques con gases tóxicos) en las nuevas viviendas, entre otros gastos similares que suman otro 4% del PIB. Si se añade al 20% de prima de riesgo que implica el conflicto por sí mismo, se constatan unos costes muy significativos del conflicto para la economía israelí

Otro experto habla del valor de la paz

Tres años sin un conflicto armado, desde la guerra de Gaza del verano de 2014, han contribuido a mejorar el clima de los negocios en la actualidad, aunque en plena recesión internacional Israel mantuvo el listón del 2,5% de crecimiento en 2009

La desigualdad a que las políticas militares de Israel somete a la población, tanto árabe como israelí, es otro de los grandes problemas, advierte un tercer experto

La desigualdad es un grave problema, y no solo por las minorías árabe y ultraortodoxa, sino sobre todo por la política fiscal. Se concentra en especial en la renta disponible, después de impuestos y subvenciones, lo que significa que el sistema de redistribución de la renta aplicado por el Gobierno ha fracasado. Ello se debe al recorte del gasto público y a la rebaja en la recaudación de los impuestos directos, cada vez con menor peso frente a los indirectos.

La elección de prioridades que tienen poco valor añadido y mucho de derroche militar es un problema más. Y ello sin contar con la enorme deuda militar que genera la inversión en armas y guerra.

La política de guerra, en suma, es un salto al vacío que nos mete en una espiral de nefastas consecuencias, pues acaba supeditando todo a la estrategia de guerra y trastoca las prioridades, lo que supone pérdida de oportunidades de desarrollo para el conjunto de la sociedad y progresivo empobrecimiento y colapso de su economía.

Igual que Israel, un ejemplo claro de que la ganancia para unos pocos que supone la guerra no es sino pérdida para el conjunto, podríamos mirar la política de EE.UU, que ha hecho del gasto militar un pilar económico en detrimento de la propia seguridad humana y el desarrollo que haga más justa y saludable a su sociedad.

O también la de otras potencias occidentales, que se apresuran a hacer del tirón de lo militar la piedra de toque de su economía.

Un viejo error en el que ya han recaído antes otras potencias e imperios que hicieron de los militar el tirón de su propio desarrollo, sin darse cuenta de que era, a su vez, el voraz agujero por donde éste se venía abajo.

Una piedra con la que se puede tropezar dos veces.

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¿Ciudades libres de militarismo? Un reto para el nuevo curso

Fuente: Xarxanet.org

Nos ha sorprendido y esperanzado la iniciativa del pleno municipal de Sant Cugat, declarándose municipio libre de industria militar.

¿Es posible que un municipio adopte políticas de paz basadas en la idea de desmilitarización y de promoción activa de la paz con contenidos, o se deben conformar con buenas palabras y tópicos?  Parece que el ejemplo de Sant Cugat está destinado a confrontar la palabrería, la bisoñez y el cálculo que en otros lugares son moneda común.

Que sepamos es la primera vez que un municipio asume un compromiso por la paz tan evidente y necesario.

La iniciativa ha sido impulsada por el Centre Delàs d’Estudis per la Pau y ha contado con el voto favorable de todos los grupos de la corporación menos el PP, algo por otra parte (el temita del PP) que casi no causa sorpresa, sino pena.

Mucho hay que agradecer a los compañeros del Centre Delàs esta iniciativa ¡y que no decaiga!

Conforme a lo acordado, en Sant Cugat se tendrá en cuenta, a la hora de sacar a concurso cualquier servicio municipal, la historia de las empresas licitadodoras y, sobre todo, si tienen vinculación con la industria militar, lo cual es una manera de premiar la ética y de castigar a las empresas colaboracionistas con la guerra y la propagación de la plaga del armamentismo.

Dice Jordi Calvó, del Centre Delàs d’Estudis per la Pau (y que nos perdone por nuestra traducción) que

La idea, …, es exigir a las compañías más transparencia, abrir el debate y evitar que este tipo de empresas puedan trabajar sin fiscalización y sin trabas.

Alguien podría decir que la declaración es cosmética, pues en Sant Cugat, que se sepa, no opera ninguna industria militar, pero no es así del todo. Por ejemplo, existe una banca armada, que financia las inversiones de las industrias militares y que bien puede verse afectada por tal declaración de incompatibilidad con prestar servicios al municipio. También hay otro tipo de empresas, radicadas en cualquier otro lugar y no necesariamente en Sant Cugat, que pretendan “concursar” a servicios en Sant Cugat y que se puedan ver afectadas por su historial manchado de armamentismo.

Por poner un ejemplo, en 2008 (no sabemos si existe otro más actualizado) el Centre  Delàs publicó un catálogo de empresas catalanas que tenían relación con la industria militar que merece la pena no perder de vista. A ellas se pueden sumar otras que prestan normalmente servicios a diversas administraciones en cuestiones relacionadas con el tratamiento de información, la seguridad o proyectos de eficiencia energética, por ejemplo, como es el caso de INDRA (de innegable producción y vinculación militar). De la propia INDRA, por ejemplo, sabemos que en 2010 al menos participaba con el Ayuntamiento de Sant Cugat y Fenosa (otra empresa con ciertas sospechas) de colaboracionismo militarista) en un proyecto de eficiencia energética.

Nosotros, por nuestra parte, ya editamos hace un tiempo un documento sobre la extensión del militarismo más allá del ámbito estatal, en las comunidades autónomas, ciudades y pueblos, en el que advertíamos de la enorme extensión del militarismo y la afectación a la vida ciudadana (desde exenciones al pago de impuestos y tasas a la imposición cultural de la idea de las glorias militares y su parafernalia, pasando por la colaboración con la industria militar, etc.) y proponiendo ejemplos y alternativas desde las que era posible desmilitarizar gradualmente las ciudades y nuestras vidas.

Lograr más ciudades que se declaren libres de la industria militar puede ser un paso adecuado y un buen ejemplo que nos sirva de test para verificar la coherencia de las proclamas de paz de las corporaciones locales y sus munícipes.

Como también podría serlo la exigencia municipal de que los ejércitos y las industrias militares paguen impuestos municipales sin excepción, o la de recargar estos impuestos y contribuciones con suplementos en función de su perjudicial papel social, de su impacto medioambiental o como medio de incentivar su reconversión a actividades socialmente útiles.

O la reclamación de reversión al bien común de los bienes y patrimonio (ingente en el caso español, donde el Ejército es el segundo terrateniente del estado) que el Ejército posee (lo que incluye parajes protegidos, islas, infinidad de inmuebles, etc.) y que podrían servir a un verdadero plan de choque ante el enorme problema social de falta de dotaciones necesarias y de vivienda convertida en un negocio especulativo.

O la revisión de los callejeros municipales para sacar de ellos toda la versión militarista y nefasta de nuestra historia.

O de prohibición de exhibiciones militares (hace pocos días en Gijón, un poco antes en Guadalajara,…) en su territorio.

O la lucha municipal, sobre todo en el ámbito rural, por quitarse el sambenito de la declaración de zona de interés para la defensa (lo que condiciona desde el derecho de paso a los usos que se pueden dar al terreno, entre otros efectos, supeditados a la autorización militar) y la dependencia del monocultivo militar.

O de lucha contra los campos de tiro e instalaciones militares en los territorios municipales.

O una política de solidaridad con los resistentes y refugiados de las guerras, de apoyo a sus redes, de impulso de sus iniciativas noviolentas y de lucha contra las causas culturales y estructurales de éstas.

O la promoción de una verdadera política de paz, entendida como política pública municipal transversal y de mirada amplia y ambiciosa.

O tantas otras iniciativas que, sin duda, obligarían a un cambio radical y desde abajo de nuestra política y a una reapropiación por parte de la ciudadanía y sus administraciones más cercanas de la política que busca la seguridad humana y la paz, hoy negadas por una unilateral visión negativa de la paz, convertida en política militar de defensa y secuestrada en manos de militares y políticos con intereses nada santos.

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Preparación de la guerra y defensa, ¿qué tenemos que defender?

Contre-sommet+OTAN+2017

Por Le Mouvement de la Paix

Queremos poner en relación varias noticias aparentemente sin conexión, de las que se hace eco la prensa.

  • España se defiende con aviones de guerra en el Báltico

En primer lugar, la afirmación de Rajoy de que España se defiende interviniendo en Letonia y Lituana, dos estados a miles de kilómetros de nuestras fronteras y con los que las conexiones culturales, económicas, comerciales o de cualquier otra índole, son escasas cuando no inexistentes.

Como publica ABC, Rajoy dijo en la base militar española en Estonia, donde se desplazó hace unos días para hacerse la tradicional foto propagandística tan al gusto de nuestros políticos con el contingente militar español, que aunque aparentemente la defensa de España no tiene que ver con lo que hace nuestro ejército en el Báltico

Uno de los países de la Alianza más alejados de España y alguien podría pensar que también alejados de nuestros intereses nacionales. Yo les digo que no es así, y que nuestros intereses de seguridad están también en la solidaridad con nuestros aliados y el cumplimiento de nuestros compromisos internacionales

Según esta visión, nuestra seguridad se defiende enviando aviones de guerra al Báltico para disuadir a los rusos de presionar a Lituania, Estonia y Letonia.

Podríamos ampliar más la reflexión de Rajoy. Hemos de entender que su explicación sirve también para “justificar” las otras 16 operaciones militares que mantiene España en otros escenarios mundiales de guerra o conflicto. Al parecer, la defensa de nuestra paz se realiza desplegando ejércitos en escenarios bélicos de todo tipo.

  • El abordaje de la movilidad humana.

Una segunda noticia, también de hace unos días, nos la ofrece eldiario.es y guarda relación con el fracaso estrepitoso de la operación “Sofía”, la misión naval-militar de la UE en aguas del mediterráneo teóricamente para el control de la piratería.

La UE ha mandado una misión principalmente de barcos de guerra que tiene como objetivo abordar las lanchas que llevan refugiados desde las costas norteafricanas a Europa, con el fin de impedir esta avalancha de huidos y refugiados a las costas europeas. Aparentemente se trata de luchar contra las mafias de trata de personas, pero en realidad busca tratar de forma militar un grave problema que afecta a la movilidad humana causada por políticas estructurales violentas que tienen además mucho que ver con el papel que juega Europa y occidente en África.

Según el parlamento británico en un informe de su “subcomité de Exteriores” sobre dicha misión, la misma sólo ha servido para agravar las cosas, fomentando incluso un dramático aumento de las muertes de refugiados y migrantes en el mar.

El informe destaca que la solución militar es, precisamente, el problema y que se debería cesar en esta para centrar el esfuerzo en la ayuda civil a los refugiados y en el desarrollo de los pueblos de los que vienen: Lo dice así la presidenta de la comisión, Lady Verma

La Operación Sofía no ha cumplido el objetivo de su mandato, impedir el modelo de negocio de los traficantes de seres humanos. No debería ser renovada. Por otro lado, ha sido un éxito humanitario, y es fundamental que el trabajo de rescate y salvamento de la UE continúe, pero con barcos no militares y más apropiados”, explica. “La actuación futura de la UE y Reino Unido debería centrarse en atacar el tráfico de personas en origen y en los países de tránsito, y en apoyar el desarrollo económico sostenible y el buen gobierno en esos países. Italia se ha encontrado en primera línea de un movimiento masivo de personas en dirección a Europa y merece elogios por su respuesta.

  • El fantasma del terrorismo internacional.

Según informa Huffingtonpost , el Departamento de Estado de EEUU ha dado a conocer un informe sobre terrorismo en el mundo relativo a la situación de 2016, según el cual los ataques terroristas bajaron a escala mundial un 9%, permaneciendo como la amenaza global más importante EI, a pesar de que está en su punto más bajo desde 2014.

En 2016 hubo ataques terroristas en 104 países del mundo, pero el 55 % de ellos se concentraron en apenas cinco: Irak, Afganistán, Pakistán, India y Filipinas, mientras que el 75 % de las muertes se produjeron en Irak, Afganistán, Pakistán, Siria y Nigeria.

Llama la atención la exigencia de aumento de gasto militar para combatir un enemigo etéreo y que, al parecer, disminuye ampliamente.

  • Campos de tiro y lucha por la paz

Una cuarta noticia se relaciona con la Caravana a Melilla Mugak Zabalduz (abriendo fronteras), una iniciativa que ha partido de Euskadi, en esta edición con destino a Melilla realizando actos de denuncia de las políticas que se realizan aparentemente para garantizar nuestra seguridad.

Este año la caravana ha realizado un acto de denuncia nada menos que en Bardenas Reales, precisamente para denunciar el campo de entrenamiento militar, precisamente para denunciar, tal como recoge El Diario de Navarra  en su publicación del día 14 de julio

su implicación en las guerras de África y Oriente Medio y las muertes de las personas  refugiadas, dado que es en las Bardenas donde ensaya la OTAN los bombardeos que generan tantas muertes, hambre y movimientos de personas que buscan refugio

Explica Noemí Solans, de la plataforma Bardenas Libres, en el acto de presentación ante la prensa

Las guerras que generan millones de refugiados antes se han entrenado en nuestra tierra… es necesario poner la atención en estas instalaciones militares en las que se ensayan las guerras que provocan millones de refugiados y muertes en el mar a cambio de un miserable canon manchado de sangre

  • Los objetivos de desarrollo del milenio

Por último, otra noticia más. esta vez nos la ofrece Publico  dando cuenta del índice de los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, que elaboran la Sustainable Development Solutions Network (SDSN) de Naciones Unidas y la Fundación Bertelsmann.

El informe se presentó en Madrid por parte de Red Española para el Desarrollo Sostenible (la filial española de la SDSN) y dio cuenta de la situación española. Contamos con un resumen de dicha situación pinchando aquí.

De los 17 objetivos para el desarrollo sostenible de la ONU, dice el informe, España incumple la asombrosa cifra de 17, es decir, todos y cada uno de ellos, e incluso ha retrocedido (el año pasado al menos cumplía el de igualdad de género).

Recordemos que estos objetivos no son algo etéreo ni imposible, sino aspectos tangibles de la seguridad humana que marcan las líneas de acción pactadas por Naciones Unidas y que deberían buscar las políticas de cada estado y del conjunto de la comunidad internacional:

  1. POBREZA: Erradicar la pobreza en todas sus formas en todo el mundo
  2. HAMBRE: Poner fin al hambre, conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición, y promover la agricultura sostenible.
  3. SALUD: Garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos para todas las edades.
  4. EDUCACIÓN: Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa, y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos.
  5. MUJERES: Alcanzar la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas.
  6. AGUA: Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos.
  7. ENERGÍA: Asegurar el acceso a energías asequibles, fiables, sostenibles y modernas para todos.
  8. ECONOMÍA Y EMPLEO: Fomentar el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente para todos.
  9. INDUSTRIA E INNOVACIÓN: Desarrollar infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible, y fomentar la innovación.
  10. EQUIDAD: Reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos.
  11. COMUNIDADES: Conseguir que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.
  12. CONSUMO: Garantizar las pautas de consumo y de producción sostenibles.
  13. CAMBIO CLIMÁTICO: Tomar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos (tomando nota de los acuerdos adoptados en el foro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático).
  14. LOS MARES: Conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos para lograr el desarrollo sostenible.
  15. LA TIERRA: Proteger, restaurar y promover la utilización sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar de manera sostenible los bosques, combatir la desertificación y detener y revertir la degradación de la tierra, y frenar la pérdida de diversidad biológica.
  16. PAZ Y JUSTICIA: Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles.
  17. ALIANZAS: Fortalecer los medios de ejecución y reavivar la alianza mundial para el desarrollo sostenible.

Naciones Unidas tiene, además, un infoirme de 2015 sobre el estado de cumplimiento a escala global de estos objetivos )  que es ciertamente desalentador con miras a lograrlos para 2030.

5.- Relaciones insospechadas: ¿qué tenemos que defender?

Leídas las cinco noticias, una detrás de otra, podemos observar que todas ellas se relacionan con la seguridad, un aspecto, suele decirse, vital para las sociedades.

Ahora bien, la relación con la seguridad como objetivo (más o menos lejano) ofrece en ellas dos enfoques bien distintos.

En uno de los casos la seguridad que se persigue se entiende en términos de mantenimiento del status quo, basado en cierto sentido en la persistencia de una violencia estructural y cultural no visibles y de fondo,  y los ejércitos y el enfoque militar son esenciales para mantener este orden. Para el mismo, los problemas de seguridad (movilidad humana, inestabilidad, etc.) se deben abordar de manera militar y se centran en la idea de enemigos, identificados como los que alteran este estatus quo, a los que hay que eliminar o disuadir.

Para el segundo de los enfoques, la seguridad no afecta a estos aspectos militares, sino a las situaciones concretas de privación de derechos básicos para el desarrollo humano, y a las violencias estructurales y culturales que sutilmente imponen el sistema mundial de dominación-violencia.

Ambos enfoques conllevan una pregunta que conviene explicitar y responder: ¿qué hay que defender?

Mientras el modelo militar deja clara su defensa con su argumentario militarista frente a enemigos reales, potenciales o incluso imaginarios, lo que conlleva un gran esfuerzo en gasto militar y en estructuras militares, para el modelo civil la respuesta es la seguridad humana, que se puede concretar, por ejemplo, en los 17 objetivos de desarrollo, o en otras conquistas sociales similares.

Curiosamente, el enfoque militar considera irrelevante lo que el modelo civil considera esencialmente digno de defensa.

Precisamente por eso, mientras que para el militarismo la preparación de la guerra es una política necesaria y que exige fuertes inversiones, incluso sacrificando cualquier otro objetivo, para la visión de la seguridad humana, la preparación de la guerra, el gasto militar y el militarismo, equivocan la receta y ahondan en los males, pues enquistan y agravan la situación de violencia que es origen del problema, y detraen recursos necesarios para luchar contra lso verdaderos enemigos de las sociedades: pobreza, desigualdad, falta de educación, de sanidad, de medioambiente sostenible, de desarrollo humano…

Sorprende por ello que cuando se quiere analizar la política de defensa, tantos expertos no partan de la primera de las preguntas o no sepan cómo contestarla: ¿qué hay que defender?

Sorprende que el debate político sobre defensa que mantienen los partidos políticos se dedique a lo accidental y anecdótico de la defensa y no aborden el eje fundamental de ésta. Tal vez explica por qué no existen alternativas claras a la política de defensa del PP y del PSOE.

De momento, el esfuerzo militar de España por defendernos detrae miles de millones de euros malgastados en tropas en conflictos que ahondan en la inseguridad global o en mantener un ejército que prepara la guerra sin ton ni son, mientras detrae recursos necesarios de la lucha para no suspender en los objetivos de desarrollo de Naciones Unidas y en defender en concreto a la gente en lo que de verdad hay que defender.

El gobierno con su modelo de defensa deja indefensa a la sociedad en sus objetivos de desarrollo y construye una sociedad cada vez más insegura para la mayoría y más blindada para los intereses del poder y de la élite.

Y eso sin contar con la inseguridad que, para colmo, exportamos a otros lugares.

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Nueva Directiva de Defensa Nacional. Sin luz, sin taquígrafos y sin control de nadie.


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Por European People’s Party

Al inicio de cada legislatura se publica por el Presidente de Gobierno, como responsable de la política de defensa a tenor del artículo 6.1 de la L.O 5/2005, de la Defensa Nacional, la llamada Directiva de Defensa Nacional, documento que orienta el planeamiento de la defensa, define los riesgos y amenazas que marcan el contexto de ésta y plantea las directrices de la política de defensa para una legislatura.

Se trata, y así se define en la Orden Ministerial 37/2005 de 30 de marzo publicada en el Boletín Oficial de la Defensa número 68, de 8 de abril de dicho año, del principal documento de la defensa y del planeamiento militar.

La vigente Directiva de Defensa Nacional, titulada “Por una defensa necesaria, por una defensa responsable” es de julio de 2012 y tras su aprobación por el Presidente de Gobierno fue informada al Parlamento (remarquemos que únicamente informada, no debatida, ni votada, ni siquiera consultada previamente a su aprobación).

Muy resumidamente, dicha directiva partía de un doble contexto: el de inseguridad internacional, eso sí explicado desde la versión simplista de la derecha, y el de crisis económica. Uno y otro servían para decir, tan a gusto del gobierno y en línea en cierto modo muy continuista con las directivas anteriores, que España no podía hacer dispendios en gasto militar (dispendios que, sin embargo ha seguido haciendo pero ocultándolos) y que por eso los presupuestos de la legislatura serían austeros y sin alegría. También afirmaba que el contexto exigía profundizar en las líneas de defensa que han sido el mantra de ese férreo consenso de estado de PP y PSOE en estos temas: 1) modernizar nuestra defensa y sus instrumentos, 2) profesionalizar la defensa, 3) seguir en el  papel intervencionista de nuestra tropa más allá de las fronteras y al servicio del entramado de intereses de la OTAN, UE, EEUU, 4) privilegiar la industria militar y 5) buscar el reconocimiento de lo militar en nuestra sociedad a través de una política de adoctrinamiento y propaganda que denominan “cultura de la defensa” en la que todo lo que sea criticar este sistema es considerado incultura.

Las Directivas de Defensa, a pesar de su importancia, pasan por ser un documento desconocido y opaco, incluso para el propio Parlamento. De hecho, hasta 1992 (12 años después de la primera de ellas) fue un documento secreto.

Es cierto que Carme Chacón, en comparecencia que efectuó ante la Comisión de Defensa del Parlamento, el 25 de noviembre de 2008 prometió que a partir de la fecha se escucharía y consultaría previamente al Parlamento, pero del dicho al hecho… no se ha cumplido tal promesa y el Parlamento es un convidado de piedra más a sumar a la ciudadanía desinformada, a la clase política despreocupada de estos temas (por cierto previamente pactados y cerrados entre los partidos que se han alternado en el gobierno bajo la excusa poco rigurosa de que son “políticas de estado”) y a los medios de comunicación demasiado desinteresados por explicar de verdad aspectos tan peliagudos como lo que se define como enemigos, riesgos y amenazas, si se va gastar mucho o no en armas y ejércitos, si seguimos con un enfoque de ejército intervencionista, el vínculo con la OTAN y sus políticas o el impulso a una industria militar que se ha convertido en la sexta exportadora de armas del mundo y que, cada vez más, promueve no solo el negocio, sino también el conflicto y la guerra.

Con este contexto, surge una primera pregunta: ¿por qué el gobierno de Rajoy, en el poder desde 2011, y después de permanecer gobernando “en funciones” un buen pellizco de 2015 y del 2016, más el tiempo que lleva como presidente nominado desde octubre pasado, aún no ha aprobado la nueva “Directiva de Defensa Nacional”?

Y de esta pregunta tres nuevas cuestiones:  ¿sera que asistimos a un repliegue de las directivas al secreto?, ¿Será que con una oposición más compleja que las del tiempo de plena vigencia del bipartito prevén que la directiva abra una rendija, mínima rendija a nuestro parecer, a la crítica y al cuestionamiento de esta “política de Estado”?, ¿Será, sencillamente, que esperan a publicar los PGE que consolidan una apuesta por aflorar una mayor porción del gasto militar (precisamente la destinada a comprar armas de “proyección/ataque” que no se necesitan y que nos arruinan, y a consolidar mediáticamente el mensaje de vuelta de tuerca del militarismo que está efectuando la ministra del ramo?

¿O será, como en tantas otras cosas, otro ejemplo de desidia de nuestro abúlico presidente?

Sea como sea, y antes de que sea tarde, queremos alertar del hecho de que el gobierno, antes o después, va a firmar la directiva que definirá la política de defensa para la legislatura, sin contar para ello con nadie más que con la propia cúpula del ejército y de espaldas al Parlamento, a la sociedad y al debate ciudadano.

Y una vez firmado ese marco referencial, el debate sobre qué defensa queremos estará, definitivamente, cerrado por otra legislatura. Gastarán más, invadirán más, serán más estrechamente cómplices de la política de la OTAN, venderemos más armas, generaremos más deuda militar… Serviremos mejor al status quo.

Para promover el debate, empecemos por señalar lo que probablemente dirá la nueva directiva. Para ello tenemos algunas pistas, como, por ejemplo, las declaraciones repetidas y tópicas de la Ministra y de sus corifeos de que hay que aumentar el gasto militar español al 2% del PIB (por cierto, que según nuestros cálculos, sumado el presupuesto del Ministerio de Defensa a punto de aprobación definitiva con las partidas escondidas en otros departamentos y partidas que conforme al criterio de la OTAN son gasto militar, ya superamos ese 2% del PIB), o acerca del reiniciado “segundo ciclo de rearme”, con la apuesta por comprar nuevos sistemas de armas innecesarias y de invasión (Aviones A400 y F35, nuevos barcos de guerra, vehículos 8×8, drones, nuevos sistemas de misiles, etc.), o los nuevos compromisos anunciados de participar en más operaciones de guerra en el exterior (Afganistán, frontera con Rusia, mayor implicación en Centroáfrica…), o los acelerados pasos para “securitizar” y  militarizar otras políticas, como la de movilidad humana, la de seguridad pública y libertades bajo el nuevo trampantojo del terrorismo internacional como excusa.

Probablemente el contexto que defina esta nueva directiva venga a explicarnos, como siempre, que vivimos en un mundo lleno de riesgos y amenazas que, como dice la ministra, obligan a fortalecer la defensa porque nuestra seguridad y bienestar se defiende lejos de nuestras fronteras y por medio del ejército. A este mundo de constante liquidez y movilidad, se une que el rajoinato predica el fin de las vacas flacas, lo que de rondón valdrá para que la nueva directiva, de nuevo, sea más de lo mismo de las anteriores con directrices que propondrán mayor gasto militar para alcanzar el 2% del PIB en defensa, mayor esfuerzo militar en el exterior, principalmente de la mano de la OTAN y de las operaciones de la UE, mayor esfuerzo en promover la industria militar y la exportación de armas y algunos cantos de sirenas más para incorporar a la noción de defensa previa esta especie de invasión de la securitización de la vida social, con toda la retahíla de propuestas sobre la ciberseguridad, la necesidad de recortar derechos para evitar el terrorismo y las demás lindezas con las que se justifica la expansión del militarismo.

Con este panorama nos cabe otro par de preguntas más.

De todo esto, ¿qué opinan los partidos políticos del arco parlamentario?, ¿están de acuerdo?, ¿no merece la pena protestar antes de que sea tarde?

Si observamos los diversos programas políticos las divergencias, si es que las hubiere, podrían ir referidas principalmente a la necesidad de una mayor transparencia de la política de defensa y del gasto militar.  A partir de ahí, sin embargo, los partidos de la derecha, Ciudadanos y PSOE muestran más similitudes que diferencias y apuestan por apoyar el consolidado sistema de defensa vigente. Tal vez las fuerzas más a la izquierda discutirían el contexto de riesgos planteados por el establishment, para poner el énfasis en la violencia estructural y en los intereses poco santos de occidente, y para criticsar la apuesta de vincularnos a operaciones de paz bajo el paraguas de la OTAN. Tal vez discutan la prioridad del gasto militar cuando existen tantas necesidades sociales, y la existencia de algunos capítulos del gasto militar poco presentables, pero no vemos mayores disensos.

No obstante, a los partidos les tocará, si es que lo estiman oportuno, hacer sus propias consideraciones al respecto, claro está, si es que son consultados, lo cual, de nuevo, está fuera del escenario actual.

No parece, sin embargo, que vayan a exigir que la directiva de defensa sea discutida en el Parlamento, ni someterla a crítica y debate público, aunque en cierto modo, una discusión pública de esta política, como ocurre en otras, sea un ejercicio de salud democrática que nos permitiría al menos contrastar argumentos, posibilidades y alternativas.

¿Por qué, entonces, no se exige que se debata y apruebe por el Parlamento, no como hasta ahora?

¿Cabria proponer, e incluso construir socialmente, desde ya, propuestas diferentes a la previsible directiva?, ¿cabría formular propuestas para por ejemplo, parar esta deriva?, ¿para iniciar un ciclo al menos diferente?, ¿o incluso para impulsar un cambio de modelo que abandone el enfoque militarista y adopte un enfoque de la seguridad alternativo?

Desde luego, las múltiples demandas y propuestas de los movimientos sociales altermundistas y antiglobalizadores, anticapitalistas, de la solidaridad internacional, antimilitarista, ecologista, feminista, pongamos por caso, en sus diferentes y complementarios enfoques, permitirían rellenar una agenda de caminos a emprender para desenmadejar el tema de la defensa y construir una alternativa de seguridad humana. ¿Merece la pena una puesta en común que nos permita ofrecer un referente con el que contrastar el modelo de defensa militarista que defenderá la próxima Directiva de Defensa?

Para cuando llegue ese momento, nosotros creemos que hay algunas preguntas básicas que, como hemos venido promoviendo desde el inicio de nuestro recorrido, podrían ayudar a definir una política acorde con la seguridad humana:

 

Pregunta básica Alternativa 1 Alternativa 2
¿Qué es lo que hay que defender?

 

La seguridad militar

Las fronteras

El status quo

La lucha contra el terrorismo internacional

Contra las invasiones y amenazas militares

Los derechos sociales

Los derechos humanos

La seguridad humana

La lucha contra la violencia estructural y cultural

La lucha contra los problemas globales de índole ecológica, pobreza, etc.

¿Quién tiene que ser el sujeto de esta defensa? Las élites

Los ejércitos

La industria militar

Expertos

La sociedad en su conjunto

Los movimientos sociales y otros cauces de auto-organización

Sin delegación

¿Cómo hay que ejercitar esta defensa? Militar

Violenta. Guerras.

Bajo el paradigma dominación-viole

Social

Noviolenta. Transformación de conflictos

Bajo el paradigma cooperación-noviolencia

 

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¿Mejora la paz mundial?

Por esglobal

 

Fuente: esglobal

Nos sorprende mucho la cabecera de la noticia que publica esglobal, difundiendo un informe del Institute for Economics and Peace, un centro de pensamiento que elabora un índice mundial de paz cada año:

Los resultados del Índice de Paz Global de 2017 muestran una ligera mejora en la paz, 93 países han mejorado y 68 han empeorado. Seis de las nueve regiones experimentan cambios positivos. Sudamérica se convierte en la cuarta región más pacífica, mientras que Norteamérica, África subsahariana y Oriente Medio y Norte de África sufren los mayores deterioros.

Una ligera mejoría que implica que 68 países han empeorado en su índice de paz, que se dice pronto, y que nos permite apreciar lo mal que va el mundo cuando una noticia así aparece como algo mejor que lo que teníamos antes.

El informe aplica 23 indicadores cualitativos y cuantitativos para medir la paz, y tiene en cuenta dimensiones como la protección social, el grado de militarización y los conflictos internos e internacionales, de modo que no podemos reprocharle mucho.

El informe de este año ha incluido en el estudio factores de paz positiva (actitudes, estructuras y acciones que crean y sostienen sociedades pacíficas tal como lo definen) por lo que no solo se centran en la paz negativa (ausencia de guerra o conflicto) y nos dan una versión más realista del problema de la paz.

Si miramos la paz en un período más largo, una década, la situación es mucho menos halagüeña:

La tendencia del nivel de paz en los últimos 10 años muestra que la paz global se ha deteriorado en un 2,8% desde 2008 y que el 52% de los países del índice ha empeorado y el 48% ha mejorado.

La mejoría de 2016, en este informe de 2017 ha sido globalmente de un 0´28% respecto a 2016, lo cual, como veíamos antes, es poco o nada.

Islandia sigue siendo el país más pacífico del mundo, puesto que ocupa desde 2008. Arriba están también Nueva Zelanda, Portugal, Austria y Dinamarca, mantienen una situación similar al IPG del año pasado. También hay pocos cambios al final de la lista. Siria sigue siendo el país menos pacífico del mundo, precedido de Afganistán, Irak, Sudán del Sur y Yemen.

Si comprobamos la lista de países más pacíficos nos sorprenderemos de ver cómo ninguno de ellos forma parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo cual despeja dudas de la paz que promueve dicho Consejo de Seguridad,  y que tampoco son de los países con mayor arraigo militarista y gasto militar mundial, lo cual también señala la dirección de la paz.

Pero, si miramos por debajo, los países con menos paz, de nuevo nos vemos obligados a reconocer nuestras malas políticas como algo que tiene que ver con la ausencia de paz. Son países donde la intervención geopolítica del militarismo occidental, entre otros, es elocuente y en los que, de una u otra forma, participamos activamente en incendiar los conflictos.

Situación que nos apunta con el dedo más en concreto cuando nos preguntamos dónde está interviniendo el ejército español y leemos a continuación el informe donde se dice que

Los mayores deterioros regionales los sufren Norteamérica, África subsahariana y Oriente Medio y Norte de África (MENA)

También nos da cuenta el informe de lo cara que le sale al planeta la violencia y la guerra, tan cara que su erradicación podría acabar con gran parte de las lacras endémicas de la humanidad en un solo año.

En 2016, el impacto económico de la violencia en la economía mundial fue de 14,3 billones de dólares en términos de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA). Esta cifra equivale al 12,6% de la actividad económica del mundo (producto mundial bruto), 1.953 dólares por persona, y es un 3% inferior que en 2015. La reducción se debió sobre todo a la disminución del número de personas muertas en actos terroristas, que descendió un 10%, y al descenso de los gastos dedicados a mantener la paz y la seguridad interna y de los costes de los homicidios.

y

La repercusión económica de las guerras fue de 1’04 billones de dólares. Se calcula que el gasto de consolidación de la paz asciende aproximadamente a 10.000 millones de dólares, menos del 1% de lo que cuestan las guerras. El informe calcula también los rendimientos probables del aumento de los fondos para construir la paz y destaca que la rentabilidad de la inversión puede ser de hasta 16 veces el coste de la intervención, lo cual supone una gran oportunidad para inversiones futuras. Este dato es especialmente importante para los países atrapados en guerras, dado que el impacto económico medio de la violencia para los 10 países menos pacíficos fue equivalente al 37% de su PIB, mientras que no fue más que del 3% en el caso de los 10 más pacíficos.

El que no vea la necesidad de hacer de la lucha por la paz y la seguridad humana un eje principal de la nueva agenda global, al menos a la par de otros grandes problemas mundiales como el calentamiento global, por ejemplo, es porque no quiere. O porque no quiere un mundo estructuralmente pacífico y justo.

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