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Alternativas a la defensa militarista. A propósito del debate sobre la defensa de Cataluña

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En un reciente artículo publicado por Pepe Beúnza con el nombre de “Alternativas a un ejército catalán: la Defensa Popular Noviolenta” y que nosotros hemos leído en la página amiga del grupo antimilitarista Tortuga,  se propone una “Defensa Popular Noviolenta” como alternativa a las propuestas militaristas que ya han aparecido de construir un ejército catalán para cuando Cataluña consiga su independencia.

Comencemos por hacer un merecido elogio del autor, en realidad un conocido y activo militante de la objeción de conciencia al servicio militar y antimilitatista noviolento que abrió camino en tiempos de la dictadura y al que tanto debemos las generaciones posteriores, y de su intento de explicar que, frente a la visión tradicional de la defensa, basada en ejércitos con sus valores, estructuras y objetivos, cabe plantear otro modelo que no sólo no sea ni complementario ni un mero recurso de la táctica militar, sino alternativo, radicalmente alternativo, a la defensa militar y al sustento militarista que ésta viene a defender.

Nos gustaría, en este artículo, continuar la conversación con Pepe Beúnza y con todos aquellos que les interese el tema de las defensas alternativas.

La dificultad de ofrecer una visión alternativa de la defensa. La defensa social.

Es complicado hablar y popularizar la misma idea de que frente al apabullante imaginario militarista, cabe otro “desmilitarizado” pero que no sea puramente ilusorio e impreciso. O pensado para un mundo de ángeles (por tanto, fuera de nuestro mundo). Por eso, todo esfuerzo en esa línea es meritorio y, como tantas veces hemos comprobado en propia carne, poco agradecido.

En realidad, el planteamiento de una alterntiva a la defensa militar exige una mirada bien distinta de la propia idea de defensa y de lo que hay que defender. Como muy bien explica Pepe Beúnza, las cosas que deben ser defendidas poco tienen que ver con las cosas que son defendidas por los ejércitos y las patrias, con el territorio, con el status quo, …¡con la propia idea de seguridad militar!

Tiene que ver con la idea de seguridad humana, mas centrada en la dignidad de las personas, en los derechos humanos, en la lucha contra la injusticia y la violencia estructural, en la construcción de relaciones horizontales entre los pueblos, con la consecución de niveles aceptables de sanidad, educación, trabajo decente, oportunidades humanas de desarrollo y realización, respeto por el medio ambiente, etcétera.

Es por eso que el cambio de enfoque en el qué defender nos aleja de la idea clásica de defensa de las instituciones, del Estado, del territorio, y todas esas cosas y nos acerca más a la defensa de las relaciones sociales diferentes, fuera y desbordando el ámbito territorial, estatal, identitario,…

Y por ello es pertinente la reflexión que Pepe Beúnza pone en boca de un insumiso francés “explotado por el patrón, machacado por la policía, condenado por los jueces, he aquí mi patrimonio. Si se tata de hallar enemigos, a ellos los remito. La miseria es universal. ¿Por qué reivindicar una patria determinada?.”  Genial.

La construcción de un discurso alternativo en materia de defensa

Tradicionalmente el discurso “alternativo” y noviolento se ha quedado en estas preguntas básicas: lo que hay que defender es otra cosa, los que deben hacerlo somos toda la sociedad, las metodologías de la defensa deben ser noviolentas, … pero no ha sabido dar concreción a estos ideales y, creemos que por el peso del imaginario militarista que aún nos domina y se ha construido como una especie de paradigma global (nosotros lo llamamos paradigma “dominación-violencia”).  El hecho es que a la hora de concretar la defensa alternativa volvemos a pensar en términos de “defensa territorial, bajo una óptica militarista y a proponer la defensa de “lo mismo” que defiende el militarismo, pero buscando incluir en ello la noviolencia para diferenciarnos, sin tener en cuenta que la noviolencia no puede ser incluida en líneas políticas antagónicas.

La idea de defensa militar parte de un paradigma violento que promueve la dominación y la violencia como objetivos y como metodologías y, a la postre, utiliza de la organización de la violencia y de los ejércitos como instrumentos finales de este modelo.

Una alternativa noviolenta a la defensa militar debe promover un paradigma diferente y no sólo distinto: el paradigma cooperación-noviolencia.

Uno y otro son antagónicos, como podemos ver en un cuadro que entresacamos de nuestro reciente trabajo “Política noviolenta y lucha social. Alternativa noviolenta a la defensa militar”, publicado por Libros en Acción (2012):

Paradigma violento

Paradigma alternativo

Ideas fuerza

Violencia rectora

Dominación

Noviolencia rectora

Cooperación

Políticas

Leyes

Paz social

Nuevo orden: revolución

Justicia

Paz global

Desaarrollo respetuoso

Prácticas

Vigilancia

Castigo

Represión

Guerras

Premios y ventajas

Beneficios

Educación como adoctrinamiento

Cooperación

Promoción

Autogestión

Trabajo de base

Horizontalidad

Educación como aprendizaje liberador

Actitudes

Sumisión

Delegación

Representación

Pasividad

Pensamiento crítico

Activismo inteligente

Creatividad

Utopía

Márgenes

Reforma

Revolución violenta

Revolución permanente

Lucha social

Condiciones para una defensa popular noviolenta

Es aquí donde queremos ahora añadir algo al discurso de Pepe Beúnza, no tanto para enmendarlo, como para completar su brillante intervención y aclarar términos que, dado que partimos de una cosmovisión militarista, tal vez no han quedado claros en su exposición de la defensa popular noviolenta (DPNV).

1.- La Defensa popular noviolenta no es lo mismo que la resistencia civil. La resistencia civil puede tener lugar, y de hecho la tiene, en una concepción global de DPNV, pero no son la misma cosa.

2.- Se puede usar la resistencia civil en un contexto de defensa “militarista”. De hecho los múltiples ejemplos históricos de resistencia civil (tanto los conocidos y publicitados como lso cotidianos y silenciados desde los intereses del poder) son ejemplos de resistencia que caben dentro de la táctica militar, ya sea como “recurso”, “complemento” u “opción” a elegir para defender lo mismo que defiende el militarismo, pero una vez que se ve que el uso de las fuerzas de combate es inoportuno, inadecuado o ineficaz.

En cambio, la DPNV no pretende, lo dice Pepe Beúnza cuando se pregunta qué hay que defender, defender lo mismo que el militarismo.

Es importante, desde nuestro punto de vista, hacer esta aclaración porque, para la pretensión clásica de construir un Estado (por ejemplo, el catalán), aspirar a un modelo resistencia civil no es lo mismo que aspirar a un modelo de DPNV y, dado que la aspiración del antimilitrismo noviolento se enfoca más bien a conseguir lo segundo que lo primero, debemos profundizar en nuetra visión.

Resistencia civil es algo válido, en determinadas circunstancias, frente a intentos de invasión, de ocupación, de asimilación. Pero ¿que hacer frente a la violencia cultural interna, frente al machismo dominante en una sociedad dada (pongamos por caso la española, la catalana, la que se quiera), frente a la desigual distribución de renta y posibilidades, frente a la oligarquización del poder, frente a la injusticia estructural, frente al abuso de la naturaleza, frente a las relaciones de dependencia que condenan a otras sociedades a malvivir para garantizar nuestro progreso?

Es obvio que esto exige cambios y luchas de otra índole y que la resistencia civil no es, en estos casos, la defensa necesaria.

3.- La DPNV no es predicable sólo en una sociedad justa ni desarrollada. Es más, la estrategia de la DPNV no está pensada para un mundo imaginario de buenas gentes ni de ángeles, sino para ser operativa aquí y ahora, en un mundo tan contradictorio (y a veces terrible) como el nuestro.

4.- Lo mismo puede decirse de otras precondiciones que Pepe plantea, tal vez con la esperanza de cuánto podríamos avanzar si se dieran en nuestra realidad, como es el caso de una sociedad consciente y descentralizada, de una sociedad entrenada y con buenas prácticas en autodefensa, etcétera.

Todos estos requisitos, como puede verse, nos hablan de un punto de llegada, no de un punto de inicio, que es el de partir de nuestro actual mundo, donde no existe ni la suficiente descentralización, ni el entrenamiento y la preparación política y práctica, ni el empoderamiento social que serían deseables para un modelo acabado.

5.- Curiosamente, la práctica cotidiana enseña que todo ese cúmulo de prácticas noviolentas, ya sea las de resistencia civil y lucha social, ya las de abordaje alternativo de los conflictos, ya las de trabajo en la construcción de una sociedad desde otros valores y otras prioridades, no son algo que tendrá que aparecer en el futuro, sino que ya se están dando, día a día, en múltiples luchas sociales.

Miles de personas, miles de colectividades, miles de experiencias históricas, demuestan que la defensa “social” de “otras cosas” diferentes al militarismo, ya tiene lugar aquí. Ya se practica. No hay que construirla porque ya está entre nosotros a pesar de las fallas y fragilidades de conocimientos, de preparación, de recursos y un sinfín de otras condiciones deseables.

6.- La DPNV se plantea como un horizonte alternativo pero que necesita crearse, desarrollarse, gradualmente y en la historia, partiendo de lo que tenemos, pero transitando hacia otra cosa.

La idea de proceso lento de cambio de paradigma y de sustitución radical del modelo de defensa militar por otra defensa, tiene a su vez mucho que ver con la aspiración hacia cambios globales de nuestra sociedad en otras dimensiones fuera de la militar.

Desde la DPNV se habla de transarme para referirnos a este proceso gradual de quitar poder al modelo militar y empoderar en paralelo (no después) el modelo desmilitarizado de defensa social.

El transarme es, por ello, un tema de agenda y una Propuesta política de la DPNV que va más allá del desarme (seguramente quitando las armas no quitaríamos el militrismo si no variamos los valores violentos y de dominación vigentes) y que preconiza el ir generando estrategias de cambios (transarmes) en lo institucional, en lo social, en lo cultural, en lo ecnómico, etc. para ir desimilitarizando.

7.- La DPNV, como modelo de defensa alternativo, preconiza la desmilitarización de la defensa y propone doctrinas de lucha social noviolentas como por ejemplo la educación para la paz, la desobediencia civil, el transarme, el trabajo horizontal y de base en orgnizaciones emancipadoras y de lucha por los derechos, y la construcción de agendas de seguridad humana.

8.- Para el antimilitarismo y las propuestas noviolentas esta idea de alternativa de defensa conlleva tareas y responsabilidades:

Quitar poder a la Crear alternativa en paralelo
Escenarios del concepto de defensa Violencia directaviolencia estructural

violencia cultural

violencia sinérgica

En la lucha por los derechos.En lo económico.

En el comercio internacional.

En la salud

En la educación

En la perspectiva de género

En la ecología

En la lucha por la paz

En las relaciones internacionales

etc.

Trabajo y análisis del movimiento antimilitarista Reflexiones sobre la propia práctica y elaboración teórica de un nuevo modelo de defensa basado en éstaAnálisis de coyuntura y oportunidades para elaborar una propuesta de transarme y lanzarla a la sociedad Definir escenarios a abordarIdentificar actores de estos

Analizar los acontecimientos relevantes desde el punto de vista político

Definir prioridades estratégicas

Marcarnos objetivos a corto, medio y largo plazo

Diseñar campañas coherentes

9.- Si en Cataluña se aspira a una emancipación política por medio de la noviolencia, sería paradójico que más adelante se aspirara a construir una defensa de esa sociedad con mecanismos y aspiraciones que son los de mantener el status quo y las violencias internas de la sociedad catalana (como de cualquier otra sociedad).

Tal vez ahora se abre para el antimilitarismo catalán la ingente tarea de participar en la propuesta de otra defensa, de la defensa de otras cosas, de la desmilitarización de la defensa de esa Cataluña que aspira a autodeterminarse y no a ser otro estado militarista más en el rosario de estados que nos sojuzgan.

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Planes de Morenés: decir cualquier cosa para hacer lo que le de la gana

Fuente:  La Razón.

Tras un año en el poder, Morenés nos habla de cuáles son sus planes, ahora que ya conoce el Ministerio al dedillo y que ha tenido tiempo para reflexionar.  ¿A quién se lo cuenta?  Pues a La Razón.  Normal, la sintonía ideológica prima a la hora de conceder primicias de calado.

Nos cuenta que:  en el primer semestre de la legislatura acometimos el estudio de la situación interna y externa de la Defensa con un horizonte de quince años.  Para ello resultó fundamental el concurso de los Jefes de Estado Mayor salientes, por su experiencia y conocimiento de la situación.  Este primer análisis evidenció la necesidad de revisar aspectos significativos de la Defensa, incluida la Estrategia Española de Seguridad, debido a la profundidad y velocidad de los cambios acontecidos en nuestro entorno nacional e internacional.

Nos informa, con esa manea suya, inconcreta a lo máximo y desganada en el fondo, que:

  • En el orden internacional:  revisaremos nuestra aportación a las acciones lideradas por ONU, OTAN y UE.  Se le olvida decir cómo y en qué:  a la baja, al alza, al tuntún.  Son detalles que harían que sus declaraciones dijesen algo.  Además, nos dedicaremos a reforzar nuestra posición en todas las instituciones internacionales.  Lógico, lo han dicho todos y lo dirán todos.  Pero Morenés vuelve a darnos un envase vacío y se le olvida decir cómo vamos a conseguir nosotros algo que intentan todos los países.  Quizá es para que no nos copien.
  • En el orden interno:  revisaremos las estructuras de las Fuerzas Armadas para hacerlas más eficientes y dotarlas de los medios necesarios para contrarrestar nuevas amenazas, como las que proceden del ciberespacio. Clarificaremos las relaciones entre el Órgano Central y las Fuerzas Armadas, estudio pendiente pero esencial para la eficiencia del conjunto e implantaremos procedimientos de trabajo más ágiles. Con ello conseguiremos simplificar y reducir la estructura integral del Ministerio.  ¿Os suena?  Llevan décadas diciendo lo mismo, desde Franco se proclaman los mismo tópicos.  Otra vez con la mísma cháchara y sin concretar nada ni decir cómo lo van a realizar.

Esto nos lleva a dos conclusiones trascendentales al cabo, casi, de un año de gobierno de Morenés:

  1. Morenés, ni fu ni fa.  Todas sus declaraciones son huecas, vacías, del montón, inútiles, sin sustancia.
  2. Morenés, por debajo de la mesa, seguirá haciendo lo que ha hecho siempre y lo que hacen siempre el PSOE  y el PP:  gastar más en defensa, ocultarlo, engañarnos, esconder las decisiones sobre defensa, negar la participación a la sociedad y al parlamento, endeudarnos hasta el colmo, …

Morenés no tiene ni una idea nueva y sus actos son los mismos que llevaron a la ruina al Ministerio de Defensa.

¿Cuándo despertará la sociedad española y tomará entre sus manos los temas de defensa?  Porque ya llevamos casi 40 años oyendo las mismas vaguedades y nunca hemos tomado cartas en el asunto y reclamado nuestra soberanía ciudadana en los temas de defensa, ni tampoco hemos exigido responsabilidades políticas ni penales a los responsables de sus ineficaces políticas.

La Directiva de Política de Defensa (II), el análisis.

Fuentes:  Nota de prensa del Ministerio de Defensa y Revista Atenea Digital.

Ya hemos informado en otra noticia de este blog sobre las principales características del nuevo documento que ha firmado el ministro Morenés para definir las líneas políticas de su ministerio en esta legislatura.  Ahora queremos hacer un análisis crítico de este documento.

Pensamos que lo que ha trascendido de este documento tiene, al menos, 8 líneas de crítica:

  1. Su secretismo y elitismo.  Sólamente unos pocos han participado en su redacción, en los debates y en su aprobación.  El Parlamento ni se ha enterado, no ha pasado por su Comisión de Defensa y menos pro el Pleno.  Como los demás se han enterado por la prensa.  Y la prensa sólo ha publicado un resumen de la Directiva de Política de Defensa.  Ya va siendo hora de que la ciudadanía reclame su soberanía en los temas de Defensa.  ¿Cómo decirlo para que se nos entienda?  Nos parece que todo el Ciclo de Planeamiento Militar es claramente irregular y que carece por completo de cualquier traza de democracia participativa.
  2. La Directiva de Política de Defensa es contradictoria (sobre todo en estas épocas de crisis):  pretenden ampliar las estructuras militares y mantener la actual capacidad de despliegue y ello es un gasto excesivo para esta época de crisis porque todo aquello que se gaste en Defensa no se va a gastar en políticas sociales.
  3. En lugar de favorecer industrias de carácter solidario y sostenible, optan por fomentar la industria militar lo cual ya hemos comprobado que hasta el momento genera 31.000 millones de deuda pública, de la cual nadie habla pero que todos pagamos con nuestros impuestos.  Si a ello sumamos la deuda que hemos tenido que asumir de los bancos, la inversión en políticas sociales se ven postergadas hasta un momento situado en el infinito y más allá.
  4. La Directiva de Política de Defensa está falta de credibilidad porque nos habla de lograr un planeamiento a medio y largo plazo realista y con una gestión austera y creíble a corto plazo.  Sin embargo, a la primera oportunidad que ha tenido el PP (más bien a la segunda, porque estos son sus segundos Presupuestos Generales del Estado) ha evitado concretar con claridad el presupuesto para la aportación española a las operaciones lideradas por la ONU, la OTAN y la UE.  Si no son capaces de planear y presupuestar a corto plazo (para el año que viene), menos lo van a ser de hacerlo a medio y largo plazo.  Y el problema principal no es que no sepan es que no quieren porque lo único que les interesa es ocultar el verdadero gasto militar.
  5. La Directiva de Política de Defensa es agresiva porque pone como principal objetivo nuestra presencia en Afganistán, lo cual, además de ser contradictorio con los continuados anuncios de que vamos a salir de allí muy próximamente, nos sitúa, como opción de política internacional, en un escenario de guerra en un conflicto en el que nos metió Aznar, continuó Zapatero y no quiere salirse Rajoy.
  6. La DPD reconoce la desorganización reinante en lo militar.   Se ven como prioritarios los siguientes ejes:
    • Redactar un proyecto de ley que recoja las bases de la organización militar.
    • El desarrollo de una organización de las Fuerzas Armadas que simplifique la actual, así como la racionalización de estructuras orgánicas existentes del Ministerio de Defensa.
    • La clarificación de las relaciones funcionales entre el órgano central y las Fuerzas Armadas y la asunción de procedimientos de trabajo mas ágiles en el tiempo.  Y todo ello es canción sabida desde los tiempos de Suárez.  Una y otra vez se propone lo mismo y una tras otra legislatura las cosas siguen igual.
  7. La DPD nos lleva a la ruina porque pretende  “Diseñar unos presupuestos más restrictivos que atiendan prioritariamente a los compromisos adquiridos de los programas principales de armamento.”  Y mantenerse obstinadamente en esta política que ya nos ha llevado a contraer una deuda militar impagable no va a ser la solución, sino tan sólo agravar el problema.
  8. Después de que la DPD es pensada, debatida y aprobada sólo por una élite, después de que su documento superior, la Directiva de Defensa Nacional, es sólo pensada, debatida y aprobada por la misma élite, pretenden “El establecimiento de un mejor flujo de comunicación con la sociedad española para agilizar el conocimiento de las necesidades de la Defensa”.  Este es el colmo del cinismo porque si no nos informan y no nos dejan participar en las decisiones, ¿cómo quieren que la sociedad española conozca las necesidades de la Defensa?.  Parece que lo que quieren decir es, simplemente, que debemos acatar y obedecer sus necesidades sin debate y sin crítica, es decir, que las cuestiones de Defensa se siguen tratando manu militari.

El PP y el PSOE andan dando vueltas a la Estrategia Española de Seguridad.

Fuente:  Revista Atenea.

La “Estrategia Española de Seguridad.  Una responsabilidad de todos” es un documento desconocidísimo para el público español y también para los diputados.

La Estrategia Española de Seguridad junto con la Directiva de Defensa Nacional son los máximos documentos que rigen la política de defensa española.

¿Cómo se hizo la anterior EES?  Pues igual que cualquiera de las Directivas y la presente del PP:  por un comité reducido de expertos.  Ahora sigue siendo igual:

Los ex ministros de Defensa Eduardo Serra y Gustavo Suárez Pertierra y de Asuntos Exteriores Marcelino Oreja, Ana Palacio, Josep Piqué y Carlos Westendorp se reunieron el martes, en la sede del Real Instituto Elcano, con Javier Solana, ex Alto Representante del Consejo para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea y ex ministro de Asuntos Exteriores, para “impulsar la elaboración y desarrollo de una Estrategia de Seguridad Nacional, que continúe y actualice la coordinada por Solana”.

La reunión, según informa el Instituto en un comunicado, fue presidida por Emilio Lamo de Espinosa, Presidente del Real Instituto Elcano, y contó con la participación de Jorge Moragas, Director del Gabinete de Presidencia del Gobierno;  de José Enrique Serrano, ex Director del Gabinete de Presidencia del Gobierno y miembro de la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados, y de Alfonso de Senillosa, responsable del Departamento de Seguridad.

¿Dónde están los responsables de las demás fuerzas políticas?  ¿Dónde están los representantes de los movimientos sociales?

El Gobierno trabaja, desde agosto de 2012, para adaptar el contenido de la Estrategia redactada por Solana, aprobada por el anterior gobierno en junio de 2011, a los cambios derivados del escenario estratégico y económico.

Los asistentes a la reunión manifestaron su apoyo a las siguientes conclusiones:

  • comparten la necesidad de que España desarrolle cuanto antes una estrategia y un sistema de seguridad nacional al igual que otros países de nuestro entorno, para hacer frente a los riesgos y oportunidades derivados de la globalización, y proteger la prosperidad y seguridad de la sociedad y sus ciudadanos.

Nos parece que esto significa que, directamente, van a copiar el documento de cualquier otro país, preferiblemente Estados Unidos, o que, como mucho, si tienen ganas de esforzarse, harán un corta y pega de propuestas e ideas de varios países.

  • Recomiendan que la actualización y desarrollo de las Estrategias de Seguridad, tanto ahora como en el futuro, preserven el espíritu de continuidad que corresponde a una tarea de Estado.

Hombre, también es una tarea de Estado la educación y nos fríen con leyes nuevas en cada toma de posesión gubernamental.  Por otro lado, por qué han de ser continuistas las tareas de Estado.  En ocasiones se necesita un cambio profundo porque las circunstancias han cambiado (y ésta es la actual realidad).

  • Expresan su voluntad de acompañar a los futuros responsables en su implementación y les piden que se esfuercen en construir un amplio consenso político y social que fomente la identificación de los ciudadanos con el Estado y aumente su cultura de seguridad.

Mira que bien.  Y nosotros también queremos acompañar y opinar y decidir.  Y toda la sociedad española debería ser consultada.  ¿Dónde queda la soberanía ciudadana en los temas de defensa?

Por otro lado, construir el amplio consenso político y social en los temas de la defensa se ha de empezar democratizándolos y consiguiendo que dejen de ser coto privado de una diminutas elites.

Nos parece que el nuevo documento será más bla, bla, bla, escrito en idioma politiqués que sólo hablan y entienden ellos.

 

 

“Salvados” difunde y populariza la desobediencia civil

No queremos añadir más. Un buen programa para explicar la desobediencia civil y sus justificaciones en nuestra sociedad. Hay tantos ejemplos exitosos de desobediencia civil que sobran las palabras.

¿Qué hay que defender? ¿Son los derechos humanos un referente de la nueva idea de seguridad humana?

Jugar+por+jugar

publicado por utopía contagiosa en la revista es hora

Si preguntamos a nuestros convecinos qué es lo que debe defenderse en nuestra sociedad, es muy probable que el catálogo de preferencias de la gente (trabajo, libertad, vida digna, igualdad, justicia social, solidaridad, educación, etc.) se parezca mucho a los dd. hh. y a la idea de Seguridad Humana y muy poco al catálogo de “bienes” que los ejércitos dicen defender.  La idea de Seguridad Humana, alejada de la seguridad militar y, en gran medida, cercana al ideal de los dd. hh., empieza a conformar parte de las agendas de bienes “agredidos” y que hay que defender y está llamada a servir de base en la tarea por otra sociedad posible y contra la estrecha forma oficial de ver la seguridad y la defensa.

Ello es más evidente cuando sabemos que el gasto militar mundial supera con creces el 1,7 billones de $, los cuales podrían ser aplicados con mucho mayor beneficio a paliar los déficits mundiales y a practicar derechos negados a la inmensa mayoría de la población del planeta y a la sostenibilidad de la vida en el mismo.

Ahora bien, debemos preguntarnos acerca de qué alcance de la idea de derechos humanos es el asumible para una opción “por la paz” y qué compromisos conlleva esta idea en orden a hacerlos viables como objeto de una defensa desde la paz.

1.-  ¿Qué son los derechos humanos?

Los dd. hh. se han convertido, al menos en occidente, en un lugar de refugio ideal de las aspiraciones de justicia y en un referente ético al que apelar como límite del poder sobre nuestras vidas. Ello es fruto de una evolución histórica y hoy constituye unl referente al que debe parecerse la legislación y la práctica política que aspire a un mínimo de legitimidad ética..

Puesto que los dd. hh. aparecen como el fundamento del orden legal vigente en el mundo occidental, nuestros políticos, de derechas o de izquierdas, los suelen invocar para justificar sus opciones, decisiones y propuestas, unas veces para aclarar que hay un exceso de libertinaje (léase la rancia versión actual del Ministro de Interior y de la Delegada de Gobierno de Madrid pretendiendo condicionar y limitar los de libertad de expresión y de reunión; o la apuesta del Ministro Gallardón de ilegalizar determinadas expresiones hasta ahora entendidas como alcance de derechos fundamentales), para limitarlos y reclamar disciplinamiento social y ajustes económicos, o para exigir cambios.

Aún cuando existe un consenso mínimo sobre el valor de dd. hh., de que tenemos unos derechos inviolables vengan o no reconocidos en una ley positiva, no lo hay en relación ni a su alcance ni en cuanto a sus contenidos básicos, y donde unos sitúan el punto de llegada otros sitúan el punto de inicio.

Aunque la gente ha oído hablar de los dd. hh., lo cierto es que casi nadie conoce el catálogo concreto de éstos# y, mucho menos, su verdadera extensión, ni el modo de protegerlos.  Pero hay otro rasgo más que los convierte en algo impreciso y urgido de constantes cambios, pues los dd. hh. ni son invariables o inamovibles, ni puede entenderse que satisfacen de forma plena la aspiraciones de derecho y de justicia de culturas menos individualistas que la nuestra.  Que los dd. hh. no son algo inamovible, fijados de una vez por todas para toda la historia, lo demuestra el que su “reconocimiento” ha sido difícil y gradual y ha ido respondiendo a las exigencias de los tiempos históricos y a diversas luchas.

2.-  Derechos humanos de primera, segunda y tercera generación.

Los derechos de primera generación son los “derechos civiles y políticos”. Son fruto de la evolución histórica de Occidente y están vinculados al ideal “burgués” de persona,  entendida como un ciudadano (principalmente varón, con autosuficiencia económica y capacidad de autodeterminarse). En el catálogo de derechos de primera generación se encuentran los llamados derechos individuales (a la vida y a no sufrir tratos degradantes, libertad personal, ideológica, religiosa y de conciencia, seguridad frente a la arbitrariedad, propiedad privada, libre circulación, libertad de expresión, reunión y asociación, derecho de sufragio, derecho a un juicio justo, etc.).

La plasmación que se suele tomar de referencia de estos derechos es la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”  aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente de la Francia el 26-8-1789, aunque existen otros textos donde se reflejan, como la bill of rigths aprobada en Inglaterra en 1689, o la declaración de derechos de la independencia de los EEUU.

Los dd. hh. de segunda generación responden a otro momento histórico y a otras exigencias éticas. Los conocemos como derechos “sociales, económicos y culturales”.  Están vinculados a las luchas sociales del siglo XIX y XX en Europa y a la conquista de unos mínimos de bienestar e igualdad para garantizar sociedades más justas. Fueron introducidos gracias a la influencia del pensamiento de izquierdas y a las organizaciones de obreros y sociales y a sus conquistas.  Sin estas continuas luchas hoy estos derechos no estarían ni siquiera reconocidos.

Entre ellos encontramos los derechos a la seguridad y previsión social, al trabajo, a la sindicación, a la vivienda, a la salud y la asistencia médica, a un nivel de vida digno, al consumo responsable, a la maternidad, los vinculados a los derechos de la infancia, de la familia, los de educación, etc.

Los derechos económicos, sociales y culturales se encuentran codificados, junto con los de primera generación en la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” de Naciones Unidas#, de 1948, y en el “Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales” de 16-12-1966.

La principal diferencia entre los de primera y segunda generación se refiere al grado de efectividad y de garantías jurídicas. Los primeros tienen un sentido más fuerte, su violación o incumplimiento implican el derecho a un juez que de manera inmediata los reponga, en los segundos tal circunstancia no existe de forma tan clara y sólo hay mecanismos de “reparación” si una ley “desarrolla” su contenido.  Así, es muy fácil que, por ejemplo, si soy víctima de una detención ilegal o arbitraria en occidente pueda acudir a un juez que de inmediato me pondrá en libertad, pero si no tengo trabajo o vivienda, no puedo acudir a nadie para que haga valer mi derecho, al igual que ocurre si soy extranjero respecto a determinadas prestaciones sociales y sanitarias.

Se permite esto porque se aplica un criterio que se llama “factibilidad” que, en palabra del Comité de Derechos Sociales, Económicos y Culturales (el órgano de la ONU encargado su supervisión) consiste en que deben implementarse en la medida en que los estados y pueblos tengan medios para hacerlo.

De ello podemos sacar una aleccionadora conclusión: no sólo son derechos protegidos a medias y a regañadientes en nuestras legislaciones (y sólo en la medida en que las elites necesitaron hacer ciertas concesiones para garantizarse la quietud -ellos lo llaman paz- social y la asunción de unas reglas de juego por parte de toda la sociedad en beneficio de unos pocos), sino que ahora, precisamente, están en franco retroceso de la mano de la ideología neoliberal que predica la restauración de una situación social y política anterior al surgimiento de las propuestas de estado de bienestar en Europa y de los correlatos del new deal en Estados Unidos, con el derrumbe de todo lo que huela a derechos sociales y a intervención pública para sostenerlos. Por eso los derechos de segunda generación tienen aún una amplia agenda de lucha social para constituirse en algo más que un referente vaporoso.

Los “derechos de tercera generación”, que son reconocidos de forma muy difusa y fragmentada o, directamente, no están reconocidos, tienen que ver con los monumentales cambios tanto de conciencia en el planeta, como los provocados por la intervención nefasta de los hombres sobre los recursos, con el predominio de la guerra y la amenaza de ésta en las relaciones internacionales, con la falta de gobernanza mundial global y la existencia de un modelo económico insostenible e injusto y con la globalización.

En el amplio catálogo de reivindicaciones de dd. hh. de tercera generación se encuentran algunos reconocidos por tratados dispersos como el derecho a la autodeterminación, a la independencia económica y política, a la identidad, al acceso justo a las tecnologías, a los beneficios de la ciencia, el derecho a la alimentación vinculado al grave problema de hambre e injusticia en el mundo, al mantenimiento de un patrimonio cultural humano, los derechos vinculados a la sostenibilidad y la ecología, el derecho a un orden internacional justo o el derecho a la paz.

Llama la atención, respecto a esta tercera ola de derechos, la distancia entre lo proclamado y lo cumplido y el papel obstruccionista que los Estados juegan en su desarrollo, hasta el punto de que ni existen organismos con suficiente capacidad para imponerlos frente a las actuaciones de los Estados, ni se encuentran Estados que verdaderamente los promocionen.  Puede decirse que, en materia de estos derechos, los estados y las élites dominantes son, precisamente, los verdaderos enemigos para su aplicación.

3.-  La seguridad humana y la lucha por los derechos humanos

Si volvemos sobre la idea de que en realidad de lo que necesita defenderse la humanidad es de las agresiones constantes (y tantas veces consentidas, cuando no promovidas por los poderes) a las que nos vemos sometidos de forma directa tanto en nuestro propio desarrollo de personas y de pueblos, como en los derechos básicos de índole personal y colectivo y comunitario que concretan las mejores aspiraciones de nuestras sociedades, y en lo que se refiere a los peligros de índole ambiental que amenazan con deteriorar los ecosistemas y nuestra pervivencia, la concepción de dd. hh., entendida con amplitud, forma parte evidente de lo que merece ser defendido.

Esta idea debe sustituir gradualmente a la idea de defensa tradicional basada en ejércitos e imposición violenta. Es más: la propia idea de defensa militar aparece desde los dd. hh. y la seguridad humana como uno de los principales sustentos de la violencia estructural y cultural que rige el mundo y como uno de los aparatos generadores de las peores lacras, las guerras, que lastran el desarrollo humano.

Desde esta óptica, la lucha por la paz es también la lucha por tomarnos en serio los dd. hh., porque una paz sin derechos eficaces es, en realidad, una paz ficticia, una imposición de la violencia estructural y de la guerra. Dicho de otro modo, su paz es nuestra guerra.

Ahora bien, dado el carácter dinámico y evolutivo de los dd. hh., la lucha por la paz no es sólo la lucha por el reconocimiento y respeto de los derechos ya codificados, ni se conforma con un grado de desarrollo cicatero y petrificado, sino que es exigencia de políticas que los llenen de contenido y los mejoren con la aportación de los derechos de tercera generación, pues en ellos se juega de manera más decisiva la paz entendida como justicia y la propia pervivencia o colapso social. Los dd. hh. de tercera generación, no sólo abarcan en sí mismos a los demás sino que los perfeccionan y revolucionan hacia un cambio de modelos sociales.

4.-  El supremo recurso de la rebelión.

El régimen de derecho efectivo y respetuoso con los dd. hh. no existe y, si miramos el panorama internacional, no parece que los poderosos estén dispuestos a dejarlo existir.  No existe, en realidad, un derecho a la vivienda, ni a la educación, ni a la igualdad, ni a la participación en condiciones de pluralismo e igualdad, ni a la seguridad jurídica, ni tantos otros de los proclamados como de primera o segunda generación. Es más, en muchos de estos supuestos ni siquiera hay mecanismos eficaces de protección ante los que reclamarlos.  Y si no hay garantías ni lugar donde ejercerlos o ante el que reclamarlos, ¿qué nos queda?

En ausencia o ante la negativa de los derechos, nos queda la lucha y la desobediencia como recurso “de garantía” para que un día se reconozcan.

El propio preámbulo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma que es esencial que los dd. hh. sean protegidos por un régimen de derecho, “a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

El 42’6 % de los encuestados consideran que el gasto en Defensa es demasiado.

El último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre Opinión Pública y Política Fiscal da los siguientes resultados:

¿Qué os parece la tabla precedente?

Los números cantan, un 42’6 % de una encuesta del CIS opina que se gastan demasiados recursos públicos en Defensa.

¿Por qué los gobernantes no hacen caso a la gente y dejan de gastar en el antiético gasto militar?  ¿Por qué nunca nos preguntan si queremos un nivel tan alto de militarismo con el que sufrimos y nos hacen caso en nuestra respuesta negativa?

Cada vez va siendo mayor la brecha existente entre los gobernantes y los gobernados, unos abogan por propiciar el gasto militar mientras los otros promovemos los gastos sociales.

Nos llama la atención la contundencia de  los resultados de la encuesta, sobre todo porque

  • nos parece que la gente aún no conoce mucho que lo que se presupuesta para el Ministerio de Defensa es sólo un tercio de lo que realmente luego acaba siendo el gasto militar total.
  •  Tampoco se conoce demasiado que una gran parte de los gastos militares están ocultos en otros ministerios, como por ejemplo:  Exteriores, Interior, Casa del Rey, Fomento e Industria.
  • También es bastante desconocido que el 31 % de la deuda del Estado Español es deuda militar (31.000 millones frente a 101.000 millones).

Esperemos que la sociedad vaya imponiendo su cordura a los gobernantes y una buena parte del gasto militar se reconvierta en gasto social.

El 15-M exige que el gasto militar se destine a gastos sociales.

Fuente:  Público.

Frente a los fastos militaristas que gastaron en la celebración del Día de la Hispanidad 900.000 € en estos momentos de crisis, cientos de personas en Madrid se congregaron para hacer un desfile de las fuerzas desmilitarizadas y reconocer que la celebración de la “Hispanidad” debería ser mucho más crítica de lo que es actualmente con la actuación española en Hispanoamérica.

Los manifestantes han reclamado:  “que el presupuesto que dedica el Gobierno a los gastos militares se invierta en cubrir gastos sociales”.

Es una propuesta loables.  ¿Qué se podría arreglar en educación, sanidad, lucha contra el paro, energías alternativas, mejora del medio ambiente, etc., con los aproximadamente 20.000 millones que se están utilizando en 2012 en gasto militar?  Muchas cosas, muchas iniciativas sociales podrían surgir y llegar a buen puerto con este dinero y, además, podrían proporcionar bienestar y cohesión social.

Por el contrario, el Ejército sigue quejándose y ahora nos reclaman que les felicitemos por su compromiso en la reducción del gasto público en estas actuaciones festivas.  Argumentan que, como recoge la revista 20 minutos:  “El desfile de mañana (12 de octubre) costará 3 veces menos que 2011″.  En 2011 el gasto fue de 2’7 millones de €.  Además dicen que “el Ministerio de Defensa ya redujo un 85 % el gasto del Día de las Fuerzas Armadas, que se celebró el 2 de junio en Valladolid.  Se pasó de 1’3 millones a 200.000 €”.

Es decir, que en 2010 se malgastaron 4 millones de € y en 2012 sólo se malgastaron 1’1 millones de €.  Ciertamente es menos, pero todo es gasto inútil e improductivo que sólo sirve para dar autobombo a las Fuerzas Armadas.

¿DE QUÉ NOS DEFIENDEN LOS EJÉRCITOS? 12 RAZONES, AL MENOS, PARA DESCONFIAR DE LO MILITAR.

Death+of+a+surrealist+soldier

Fuente: Publicado por Utopía Contagiosa en el periódico semanal Es Hora.

En una reciente intervención del exministro de Defensa Eduardo Serra (Serra II, porque hubo un Ministro de Defensa Serra I, antes) con el conductor del programa Salvados, Don Eduardo argumentó, con la ranciedad de siempre, lo necesario que es el ejército para evitar agresiones a nuestra seguridad. Gracias a los ejércitos y sus incomprendidos sacrificios, sobrevivimos a desastres muy variados. Ello justificaba para el Ministro el hacer del gasto militar no solo un gasto importante, sino el más importante de los gastos.

Esta misma idea la ha defendido en el Congreso de los Diputados nuestro actual Ministro de Defensa, Pedro Morenés (lo cual no es de extrañar porque fue el Secretario de Estado de la Defensa en tiempos Serra II) y ante la Comisión de Defensa el actual Secretario de Estado de la Defensa, Pedro Argüelles el pasado 8 de octubre cuando explicaba la oportunidad de los actuales (y exíguos, según Argüelles) presupuestos de defensa y la necesidad de que sus aburridas señorías pensaran en aumentarlos en el futuro por el papel esencial de los ejércitos en defensa de nuestros derechos y existencia.

La insistencia militar en lo necesario de sí mismos nos ha hecho volver la vista atrás para comprobar si, efectivamente, han sido los ejércitos los que nos han sacado de los diversos atolladeros históricos y tanto los tenemos que agradecer o si, como nuestra malintencionada inclinación antimilitarista dice, va a ser todo lo contrario y no ha sido gracias a ellos, sino a pesar suyo, que hemos llegado con más o menos aspiraciones de mejora social hasta hoy.

Los militaristas nos suelen regalar los oídos con frases cortas, tipo consigna.  Tras ellas no va ningún razonamiento o dato que se pueda contrastar.  Simplemente nos dicen lo que, en resumen, quieren que recordemos, pero sin pensar.  Por ello, vamos a invitaros en las siguientes páginas a repasar algunos de los hechos donde se esperaba que el gasto militar hubiese valido para defendernos, pero que no sirvió para nada o que, incluso, empeoró la situación.

1.-  Los atentados del terrorismo internacional.

Nos hemos preguntado en primer lugar por el 11M, el atentado tan traumático del terrorismo yihadista en Madrid. Lo hemos hecho principalmente porque los interlocutores militares antedichos lo han traído machaconamente a colación para señalar que tenemos encima una amenaza y que ésta sólo puede ser atajada incrementando el gasto militar para que estos abnegados defensores nuestros nos defiendan de los malvados terroristas mientras nosotros nos tocamos la barriga.

Pues bien, ¿nos defendió de alguna manera el ejército, los ejércitos, de aquel acto tan brutal y generador de inseguridad para la población? A la vista está que no. Que no en absoluto. ¿Dónde estaba el CNI y el conjunto de espías militares, dónde estaba la inteligencia militar?  Es curioso que no fueron criticados por nadie, pero nos parece evidente que no hicieron bien su trabajo y que el dinero gastado en ello se dilapidó.

¿Dónde estaban los militares?  Ellos ni estaban ni se les esperaba porque por aquel entonces nuestros gloriosos ejércitos se encontraban en la obstinada idea aznariana de apoyar la invasión de Irak contra la mayoritaria opinión pública española que se manifestó reiteradamente contra la insensatez e inhumanidad de dicha guerra. Luego se demostró que no había armas de destrucción masiva y que lo que interesaba, sobre todo, era destruir Irak para controlarlo por las empresas estadounidenses y europeas, y para luego reconstruirlo y conseguir importantes beneficios. Tal vez fue precisamente la colaboración militar en aquella nefasta invasión lo que convirtió a nuestra sociedad en blanco de las iras de los terroristas, de modo que podría decirse que, muy probablemente el militarismo de nuestros gobernantes de antaño y la implicación del ejército en aquel conflicto provocó el que fuéramos considerados enemigos difusos y concretos en una guerra en la que nadie protegió a la indefensa (y de paso opuesta a la guerra) población madrileña.

Es más, ¿nos defiende de algún modo el ejército de futuras y similares amenazas?  ¿No es precisamente el mantenimiento de un caldo de cultivo en los países del Norte de África y del Oriente Medio por la imposición de políticas nefastas en las que, entre otros, nuestro ejército tiene un gran protagonismo, que condena a la desigualdad y a la frustración a sus poblaciones, la que nos convierte en un punto de mira para este tipo de amenazas? ¿No es la participación, pongamos por ejemplo, en el escudo antimisiles yankis la que hace que quienes se sienten amenazado por tal sistema de armas nos consideren blanco de sus iras?

2.-  Los 40 años de paz militar del Caudillo.

Tampoco puede decirse que nos defendieran los ejércitos, antes bien, parece que todo lo contrario, cuando el General Franco se alzó contra la democracia y la República legalmente constituida, condenándonos a una guerra civil con millones de muertos y un país que mandaron al garete. Ni menos aún después de la guerra, cuando el ejército sirvió de soporte al régimen militar que negó la libertad y la justicia al pueblo.

Nos han dicho a veces que aquellos militares sufrieron con abnegada resignación el nefasto tiempo de la dictadura y que se limitaron a cumplir órdenes, pero ¿se puede sostener sin rubor tal afirmación? ¿El ejército fue simplemente uno más de los afectados por el franquismo?¿No lo desmiente el exagerado número de militares que formaron parte de los gobiernos del régimen dictatorial, o el de cargos públicos militares, o el propio despliegue de las unidades operativas de los ejércitos a la salida de las grandes ciudades y en previsión de una revuelta del “enemigo interno”?

¿Que los militares actuales no son los de la era de Franco?  Bueno, en parte. Algunos ahí siguen, en activo o en la reserva con soflamas demasiado rancias para los tiempos democráticos que corren.  Muchos políticos y muchos ciudadanos hemos sido educados en el franquismo, en la dictadura, en el férreo control social. Y estas malas prácticas democráticas no se borran de un plumazo con la aprobación de la Constitución.  Aún hoy se pueden reconocer retazos e influencias del régimen dictatorial militar en la actual Constitución.

3.-  El ejército y el control social del enemigo interno.

Durante mucho tiempo el ejército tuvo un enemigo externo (el comunismo y los países del Pacto de Varsovia) y otro interno. Se nos consideró enemigos y se militarizó la sociedad española, se dispersaron las unidades militares no con el fin de defender las fronteras sino con el objetivo de suprimir las rebeliones democráticas en el interior de la nación.

Se militarizó la Guardia Civil con el fin de realizar labores policiales y de control social y político bajo una cobertura de policía aunque en realidad es un cuerpo militarizado hasta el tuétano.

La educación se concibió, también, durante muchísimos años, como una loa constante al militarismo y a sus valores asociados:  nacionalismo, violencia, obediencia ciega, autoritarismo, etc.

4.-  El terrorismo etarra y la cuestión del independentismo.

No se ha visto tampoco que la “solución militar” haya sido la que ha ayudado a resolver el problema del terrorismo de ETA y más bien puede decirse que el proceso entró en cierto grado de cambio en el momento en que se apartó al ejército del abordaje del problema y se movilizó la sociedad civil para promover cambios.  ¿Se puede argumentar con hechos que el ejército nos defendió del terrorismo etarra más que nos condenó a sufrirlo por el reiterado uso de la violencia de ambas partes? También es de resaltar que de poco les ha valido a los etarras el uso continuado de la violencia. Ningún ejército defiende en realidad nada más que entelequias. Parece que el uso de la violencia lo que hace es enquistar y polarizar los conflictos, impedir que entren en vías de diálogo, negociación y solución.

Las sociedades civiles vasca y española han sido las principales víctimas de un conflicto que sólo ha comenzado a entrar en una vía de creatividad democrática cuando se ha desmilitarizado.  ¿Deberíamos aprender de ello?

5.-  La actitud del ejército respecto a los derechos civiles.

Tampoco creemos que sea un ejemplo de defensa de nuestros derechos e intereses la participación del ejército como mano de obra para reventar protestas sociales y huelgas, como fue el supuesto de la militarización del conflicto de los controladores aéreos o, con anterioridad, la de los conflictos del transporte por trenes y metros, así como la legislación que permite que los ejércitos sean usados como esquiroles de conflictos sociales y laborales.

Por otro lado, ¿por qué permite una sociedad democrática que existan lagunas de democracia en los derechos humanos, políticos y sociales, y limita los mismos a los militares?  Claramente, por miedo. Por miedo a lo militar, a la institución que tantas pruebas ha dado de actuaciones antidemocráticas. Y estamos seguros de que muchas de las personas que son militares no son autoritarios o promueven la dictadura, pero nuestra democracia imperfecta les hace ser culpables, a las personas, de los errores de la institución y les castiga sin derechos fundamentales. Otro error que lo único que logra es agigantar la separación entre lo civil y lo militar. Con ello se logra la mutua animadversión y, a la postre, hemos obtenido que el mundo de la defensa sea meramente militar y que las asociaciones civiles y los ciudadanos de a pie les demos la espalda o miremos para otro lado.

6.-  Las intentonas golpistas.

Junto con ello, podemos decir muy poco bueno del ejército en el período de la transición y, en concreto, de algunos de sus sectores más obstinados que promovieron diversas intentonas golpistas, mientras que el resto dudó o, sencillamente, se sometió a la legalidad sin demasiado entusiasmo y mostrando siempre sus reticencias a los cambios que promovían la libertad democrática. No parece que pueda decirse al respecto que el ejército fuera uno de los actores impulsores de la democracia y de la conquista de los derechos por más que ahora se intente un lavado de cara apresurado de las instituciones castrenses.

La historia de golpismo de nuestros ejércitos a lo largo de los siglos XIX y XX no parece avalar la idea del esencial papel de los ejércitos, que nunca estuvieron a la altura requerida y si, casi siempre, a la altura del betún:  siempre se sucedieron, a un ritmo vertiginoso, las asonadas militares, los levantamientos, las rebeliones, los pronunciamientos, …

7.-  El Ejército, las colonias y el enemigo exterior.

Si ponemos nuestra vista mucho más allá, podemos preguntarnos en qué guerra o contienda de las varias en que se ha visto involucrada España desde que existe como tal, nos ha defendido el ejército o ha sido garante de nuestra libertad o soberanía. Según se lee en todos los libros de texto al uso, ya sean los de exaltación del nacionalismo español o los de justificación de otros nacionalismos, el ejército español no ha ganado ninguna guerra desde el nacimiento de ese ente abstracto al que llaman nación española, lo cual ofrece muy elocuente prueba de la eficacia de la solución militar para resolver conflictos tanto de índole militar como civil.  Este solo hecho de la ineficacia militar ante lo que es su función principal, supuestamente, la defensa ante el enemigo externo, nos debería obligar a hacer un análisis pormenorizado y crítico con una institución que se ha mostrado siempre inoperante e ineficaz.

Tras las múltiples derrotas se han echado balones fuera y se han repartido culpas a los políticos, a la desafección social, al poco apoyo económico, a un sinfín de factores. Sin embargo, no se ha puesto en tela de juicio a la institución militar cuando parece claro que los fallos no han sido de aspectos concretos, sino del sistema militar y violento en sí.

Por otro lado, las intervenciones coloniales de los ejércitos españoles durante el siglo XIX y XX fueron poco ejemplares, y ello sin contar las carnicerías promovida por los oficiales africanistas en Marruecos y el lanzamiento despiadado de gas mostaza sobre la población rifeña, o el brutal trato dado a los rebeldes por generales como el sanguinario Franco y otros.

Tampoco defendió el ejército español de manera satisfactoria la apuesta por la autodeterminación de la antigua colonia del “Sahara Español” ni los derechos de los saharauis, hasta entonces oficialmente españoles, cuando un grupo de personas unidos en una marcha noviolenta de orientación nacionalista marroquí (Marcha Verde) derrotó al ejército colonial, que demostró la ineficacia militar frente a la noviolencia y, de paso, dejó tirada a la gente que habitaba aquella zona, desentendiéndose de su futuro y de sus compromisos.

¿Qué ocurre con el conflicto de Gibraltar, tan importante para el nacionalismo españolista?  ¿Se ha avanzado algo con tantos años de militarismo?  Nada.  Nadie duda hoy en día que el uso de la violencia en este tema, si es que la solución que requiere tiene que ver con la soberanía,  sería una locura y contraproducente. ¿Qué aporta el militarismo de positivo en este conflicto internacional tan importante para las elites del Partido Popular?  Nada.

8.-  El militarismo y el diezmo institucionalizado.

Del mismo modo debemos recordar y censurar el papel del ejército como institución de adoctrinamiento de la juventud y del mantenimiento de un servicio militar obligatorio que se impuso durante toda la dictadura y gran parte del periodo postfranquista posterior, hasta 2001 en el que por la lucha antimilitarista de los objetores, insumisos y luchadores de la paz se consiguió la abolición de la conscripción, esa lacra que lejos de defendernos servía para maniatarnos.

En este caso, el servicio militar no fue sino una injusticia que causó el secuestro absurdo de generaciones de jóvenes y el dolor desmesurado de toda una sociedad hasta que, por fin, logramos quitarnos de encima este enemigo público.  En este tema, el ejército no sólo no nos defendía, sino que para miles de familias españolas era el enemigo.

No podemos dejar de recordar los muchos casos denunciados de malos tratos en el ámbito militar, entre los que podemos recordar las innumerables noticias publicadas en los medios de comunicación referidas a discriminaciones por la orientación sexual, religiosa o ideológica, las novatadas, agresiones, uso privado de soldados por parte de los mandos, abusos, y un largo etcétera que no nos permite ver al ejército como un defensor denodado de nuestros derechos y libertades, sino como un ente que ataca a los derechos y libertades de los ciudadanos.

9.-   El ejército y el medio ambiente.

Tampoco parece ejemplar la defensa por parte del ejército de la sociedad a la que se supone que sirve si tenemos en cuenta las opiniones de algunos oficiales al respecto de las orientaciones soberanistas de algunos de los territorios del Estado.

Por otra parte, también son frecuentes las noticias relativas a ejercicios militares en sufridas poblaciones donde las “maniobras” han llevado a perturbar la paz ciudadana, cuando no a escandalosas detenciones de ciudadanos y ediles en el pasado de la tardotransición, o las maniobras militares llevadas a cabo en Elgueta (Guipuzkoa) para celebrar el 75 aniversario de la toma del pueblo por el ejército de Franco, o la más reciente llevada a cabo por aviones de combate F18 sobrevolando a menos de cien metros de altura la comarca de Berguedá y el espacio natural de la Sierra de PIancel.

No podemos entender como parte de nuestra defensa los desastres producidos por la actividad militar y sus continuos entrenamientos en zonas de alta importancia ecológica, como los incendios que tuvieron lugar en el monte Teleno en 1978, el de 1988 con motivo de la conmemoración de la pascua militar, y otro similar producido en el campo de tiro del mismo monte en 2005, o el producido en Cerro Muriano en 2007, o los de Chinchilla y San Gregorio del 2009.

Tampoco podemos considerar parte de esa defensa de nuestros intereses la acumulación para usos privados y prohibidos al resto de los ciudadanos de una red de espacios naturales en poder de los ejércitos, donde, entre otras cosas, se realizan ejercicios y prácticas militares que contaminan, deterioran y malogran nuestro patrimonio natural.

Especial preocupación nos produce la noticia de la militarización de facto de los Parques Nacionales # porque no se puede valorar que los intereses militares están por encima del respeto y buen uso de la naturaleza, como alega el Tribunal Supremo, todo en aras de la defensa nacional  ¿Qué defensa, podríamos preguntar, qué es lo que quiere defender el Tribunal Supremo, la ecología o los privilegios militares?

10.-  El ejército y la desviación de recursos desde lo socialmente útil a lo militar.

Pasando al capítulo económico, el ejército ha consumido en la última década y supuestamente para nuestra defensa un mínimo (el reconocido por los propios presupuestos del Ministerio de Defensa) de 85.949 millones de euros (más de 14 billones de pesetas) y nos ha dejado una deuda acumulada e impagable por la adquisición de equipos de armas innecesarios de más de 31.000 millones de euros. El gasto militar total en esta década, según diversos expertos en el seguimiento del gasto militar, puede multiplicar por tres, en realidad, los gastos imputados al Ministerio de Defensa. Podemos preguntarnos si se justifica este gasto militar tan abultado y que, necesariamente, ha privado de apuestas de desarrollo de derechos que, paradójicamente, han sido constantemente recortados y agredidos por las políticas neoliberales sin que nadie nos defienda de este despropósito.

El ejército es poseedor de uno de los patrimonios inmobiliarios más extensos de la península y el principal terrateniente, generando a menudo litigios y problemas con los pueblos donde tienen asentados sus reales, lo cual no parece que pueda ponerse como ejemplo de defensa de nuestros derechos, ni del pueblo al que debe servir, y mostrando, en una tremenda e interminable campaña de venta de patrimonio y especulación, su inmensa voracidad e insolidaridad, pues los ingresos de sus enajenaciones no van a sufragar necesidades sociales evidentes, sino que se van a destinar a más gasto militar.

No queremos obviar la casualidad de que gran  parte de las cúpulas políticas de los ministerios de defensa recalen al fin de su mandato o procedan entes de este de las industrias militares, porque el ejército, como se ve, no es un perjuicio para todos y tiene sus beneficiarios.  ¿Es que en realidad existe una especie de consorcio de intereses merecedor del nombre de complejo (más bien cortijillo) militar industrial español?

Ante la naturaleza de las inseguridades y riesgos para la sociedad española, que más bien tienen que ver con el desigual reparto de riqueza y oportunidades (no en vano según diversos informes internacionales publicados recientemente España es el país más desigual de Europa), con el paro y la desprotección social de amplias capas de nuestra sociedad que amenazan la propia cohesión, con el crecimiento desmesurado de la pobreza y los riesgos de índole ecológico, y que poco tienen que ver con el enfoque militar de los problemas nos parece legítimo preguntarnos si la opción por cañones es compatible, como dicen los militares, con la de mantequilla o si, como pensamos tantos, lo militar parasita a la sociedad y el desmesurado gasto militar implica un derroche y la pérdida de verdaderas oportunidades de defender lo que verdaderamente le interesa defender a la gente y es ético defender.

También nos parece necesario el trato privilegiado que se le da a la industria militar.  Ella recibe créditos a interés cero mientras que las industrias civiles han de pagar onerosos intereses.  Además, la industria militar se privilegia de otros tratos injustos que hacen que sea una de las pocas industrias que actualmente, en este contexto de crisis económica, tiene una cierta seguridad de pervivencia porque el Estado (ya sea por un gobierno del PP u otro del PSOE) se ocupa de hacerle de agente de ventas internacionales.

11.-  El militarismo y la geopolítica internacional.

Por otra parte, consideramos que existen personas y naciones que se sienten legítimamente perjudicados por nuestro sistema de defensa y que ven en nuestras fuerzas armadas no un amigo, como nos dice la publicidad engañosa del día de la hispanidad, sino un enemigo que atenta contra su seguridad e integridad.

Nos podemos referir así a los “beneficiarios” de una geopolítica que tienen en la OTAN (y con ello en nuestros ejércitos también) el brazo armado del mantenimiento de un status quo injusto y que condena a la muerte a millones de seres humanos para que los de aquí vivamos mejor. Los países agraciados con nuestra intervención militar han visto devastadas sus infraestructuras, han sufrido enormes pérdidas de vidas humanas, han perdido gran parte de sus recursos naturales y de sus oportunidades de futuro, lo cual no puede ser calificado, precisamente, de ayuda humanitaria ni de construcción de paz alguna.

Nos podemos referir así también a los pueblos que sufren a tiranos que compran armas a nuestras industrias militares.

Nos podemos referir así a los usuarios de nuestra seguridad militar allende la fronteras españolas que han tenido que padecer a nuestras tropas de injerencia militar y sufrir el enfoque militar y la militarización de conflictos irresolubles desde la óptica militar (Afganistán, Líbano, etc.).

12.-  El militarismo y la apuesta decidida por la falta de democracia y de transparencia política.

Como venimos denunciando reiteradamente en estas páginas, el ejército, los militares, y los políticos militaristas y violentos han apostado desde siempre porque los temas militares carezcan de transparencia política y democrática:  el máximo ejemplo de ello es la aprobación continuada de las Directivas de Defensa Nacional sin información y debate previo al Congreso.  Otro ejemplo igualmente preocupante es la, cada vez mayor, ocultación de diversas partidas militares en otros ministerios (Industria, Exteriores, Interior, Agricultura, Casa Real, etc.)

Conclusiones.

  • El modelo militar ha fracasado y su balance es nefasto: no sirve para defender derecho alguno, sino para acabar con todos y consagrar una lógica mundial de injusticia y violencia.
  • El modelo militar es generador de violencia directa, estructural y cultural y, hoy por hoy, uno de los primeros, si no el primer, garante de un mundo injusto.
  • Nuestros políticos, en general, son corresponsables de este estado de cosas.

No vivimos en un mundo de ángeles y no aspiramos a una paz engañosa donde todos seamos buenos. De hecho la existencia de hombres malvados se corrobora todos los días y la perpetuación de un sistema de dominación y violencia en el que el ejército tiene un papel protagonista es un claro ejemplo. Por eso pensamos que abordar la conflictividad humana de una forma realista y no engañosa implica abordar el problema de las violencias estructurales y culturales y apostar por su transformación. Hay que acabar con la maldad y ello implica, realistamente, desmilitarizar la defensa y desarrollar estrategias de cooperación y noviolencia, desarmar la lógica de las armas, desaprender las guerras.

Y ello, principalmente, porque la pretendida opción de paz basada en ejércitos ha traído a la humanidad más de 90 millones de muertos en guerras en el Siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI, y sin contar con los “daños colaterales” en heridos, lisiados, violados, daños medioambientales, daños a infraestructuras, hambres, etcétera, así como los muchos más millones de daños en la fase de preparación de la guerra.

Precisamente por eso podemos decir que los ejércitos no son ni pueden ser instrumentos de paz, lo que no quiere decir que no sirvan para nada porque, como hemos visto, sirven para los intereses de unos pocos y son parte de nuestro verdadero enemigo.

presupuestos de defensa engañosos y gasto militar insolidario

Publicamos el texto que hemos aportado como documento anexo específico sobre el gasto militar, al documento de la coordinadora 25S.

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