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Programas Electorales (IV): El gasto militar

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 Programas electorales (I):  por qué debatir seriamente las cuestiones de Defensa.

Programas electorales (II):  qué defender.

Programas electorales (III):  ¿cómo defender?

Uno de los capítulos más importantes de la estructura de la defensa es el de los recursos que se destinan a ésta.

Las características del actual sistema de defensa español hacen que el entramado de instituciones, instalaciones, material, infraestructuras, redes, personas, etc. que soportan la preparación de la defensa militar cuesten al erario público anualmente una cantidad desorbitada de dinero. En 2014 la estimación que hemos realizado desde Utopía Contagiosa  llega a la conclusión de que el gasto militar español para este ejercicio será de será de 27.659 millones de euros, muy por encima del presupuesto destinado a cualquier otro ministerio, y sobre todo, muy superior a los 5.745’77 millones de € que gastará el Ministerio de Defensa y que nos quieren vender como el único gasto militar.

Esta cantidad, si seguimos con el caso español, soporta el pago y la prestación de diversos servicios asistenciales para 3.316.535 personas, y se financia con recursos públicos distribuidos en 12 de los 13 ministerios existentes, así como con la aportación de recursos extraordinarios con cargo a créditos y emisiones de deuda.

¿Se destinan muchos o pocos recursos a la defensa?  En parte dependerá de la importancia que se quiera dar a estas políticas y de los objetivos y metodologías que se busca realizar. Por ilustrar más esta afirmación, no es lo mismo destinar 27.659 millones de euros para la defensa de la seguridad humana en base a promover el desarrollo sostenible, la lucha contra la violencia estructural o en favor de condiciones educativas, sanitarias, de vivienda y justicia dignas, que hacerlo para procurarse un ejército capaz de intervenir a miles de kilómetros para garantizar las rutas comerciales, el predominio en la adquisición de materias  primas o las posiciones de mercado del capitalismo o las multinacionales españolas.

Es curioso que, siendo de la magnitud que es el presupuesto de defensa español, y teniendo en cuenta la opacidad y falta de control real de las partidas destinadas a éste, los programas de los partidos políticos al uso no destinen siquiera un mínimo de su agenda a éstos y que las propuestas que los partidos con representación en el parlamento hacen respecto de los presupuestos sean tan pobres en cantidad y calidad.

En todo caso, apuntamos aquí algunas de las cosas que, en nuestro criterio, deben ser parte del debate acerca de la  política de defensa en relación con los presupuestos:

a) Coherencia

La primera gran pregunta a desarrollar es la que tiene que ver con la coherencia del dinero y esfuerzo destinado al gasto de defensa con los objetivos y metodología de defensa por la que apostamos y por el modelo de sociedad al que queremos acercarnos.

La pregunta, en el desglose presupuestario, nos permite determinar si la política de personal, uno de los capítulos principales del presupuesto, es acorde y coherente con la idea de defensa por la que apostamos.  Es decir, si queremos defender la sanidad, educación, empleo, etc., ¿para qué gastamos dinero en los militares?  También nos permite preguntarnos por las políticas de adquisición de armas, tanto en su cuantía total, como en el tipo de armamentos que se financian (de proyección o ataque a miles de kilómetros, defensivo, etc) . También por el resto de partidas y sus destinos.

La pregunta por la coherencia implica un análisis riguroso de los presupuestos militares vigentes y, dado que las políticas presupuestarias son un instrumento para la realización de las políticas que queremos desarrollar, la propuesta de una política presupuestaria en materia de defensa (por ejemplo de reducción de gastos en determinados capítulos, de incentivación de determinados gastos, etcétera) pude ser un instrumento de transformación de la política de defensa y uno de los principales test de validación de la veracidad de las propuestas que queremos desarrollar.

Por poner un ejemplo, el conjunto de los estados de la U.E. mantienen un gasto militar que supera con creces los 200.000 millones de euros y mantiene una fuerza militar de más de 6.000.000 de personas disponible, y de esta cantidad una partida muy significativa se destina a intervenciones militares en el exterior (de las que la U.E. ha hecho 35 y los países por libre varios centenares), bajo paraguas de la OTAN o de la U.E. La U.E. destina presupuestos específicos a intervenciones militares en el exterior, mantiene y financia una política de fronteras altamente militarizada, cuenta con un estado mayor, cuarteles generales, una agencia de espionaje, una agencia de defensa y varias instituciones de planeamiento y actuación militar, todo ello pagado por presupuesto comunitario. Aparte de ello destina fondos de i+d+i a la industria militar (una boyante industria europea que exporta armas y conflictos por valor anual superior a los 115.000 millones de dólares).

Pues bien, no decir qué se pretende hacer con todo esto, qué gasto es aceptable o qué gasto hay que reducir o transferir al cacareado mantra del “rescate de los ciudadanos” supone hablar de forma meramente retórica en materia de gasto militar y política de defensa. Desconfíen de quienes apuestan por la paz pero no proponen como desmilitarizar la defensa actual ni cómo luchar contra la violencia estructural y cultural interna en Europa y que provocamos hacia los de fuera.

b) Eficacia: 

El criterio de eficacia responde a la pregunta sobre el correcto uso y administración de  los fondos. La existencia de duplicidades, de ineficiencia en la gestión, de gastos innecesarios, etcétera, es acusada en la estructura militar, como también lo son las frecuentes noticias de corrupción y de derroche y gasto superfluo y caprichoso.

La pregunta por la eficacia se refiere a la necesidad de que cada euro gastado en cada partida concreta tenga una justificación racional suficiente y reporte un retorno, en términos de bien público, adecuados. En el ámbito militar estos criterios son más que discutibles, tanto en lo que se refiere a la racionalidad como al retorno en términos de bien público, sin contar con la enorme losa que la deuda militar creciente genera (por ejemplo, en el caso español, el gasto aplazado que arrastra el estado por la adquisición de programas sofisticados de armas que ni siquiera desde la perspectiva militar son adecuadas a las necesidades hipotéticas de defensa, es de cerca de 30.000 millones de euros, gasto que repercute de forma muy negativa tanto en la economía general como en la dinámica de necesidades sociales que no pueden ser cubiertas por la opción política de nuestra élite extractiva de supeditar las necesidades sociales al gasto militar).

c) Transparencia:

Otra de las características del gasto militar es la de su opacidad. En general los estados ocultan gran parte del gasto militar que mantienen, pues lo consideran un gasto impopular y poco decente.

Si nos atenemos al caso español, el que tenemos posibilidad de conocer mejor a poco que queramos (y lo cierto es que hasta la fecha los partidos han querido poco o nada), éste se esconde en doce de los trece ministerios, oculto en partidas bastante difíciles de computar. Además sus incrementos “extrapresupuestarios” (en realidad una forma de engañar al contribuyente, porque se le dice que el gasto será uno, pero anualmente aparece otro enormemente superior) elevan considerablemente la cifra precisamente para financiar las partidas menos aceptadas por la sociedad (compra de armas y financiación de intervenciones militares en el exterior).

La falta de transparencia del gasto militar cumple además la función de falta de control radical del militarismo y se encuentra en consonancia con el resto de la política militar, no sometida a control efectivo.

El posicionamiento acerca de la absoluta transparencia del efectivo gasto militar es una condición indispensable para el saneamiento democrático de esta materia, sustraída a la opinión público y a la propia soberanía popular y delegado a expertos por otra parte bastante interesados en el mantenimiento del militarismo y del complejo militar industrial.

d) El quantum del gasto:

Conforme venimos señalando, la pregunta a realizar respecto del gasto militar es tanto por el cuánto, como por el para qué de ese gasto. No basta con pedir un determinado nivel de gasto de defensa, sino que hace falta articular el uso de tal gasto para orientar determinadas políticas.

e) ¿Cañones o mantequilla?:

En relación al gasto militar se debe señalar que éste es un gasto de enorme inutilidad social, dado que no aporta ningún valor tangible y, según nuestra opinión, tampoco promueve la seguridad que aparentemente lo justifica.

La idea, ya tratada de seguridad humana, exige la promoción de derechos, iniciativas sociales y un modelo de organización difícilmente compatible con el militarismo y que busca distribuir recursos par atender a cosas como la paulatina reducción de la brecha norte-sur,la solidaridad entre los pueblos, la lucha contra la violencia estructual, el respeto por la diversidad y la naturaleza, la conquista de los derechos, la atención a las necesidades básicas de las sociedades, la profundización en la democracia no delegativa y sustancial, etcétera.

Es evidente, y en época de crisis la evidencia es monumental, que el gasto militar no sólo no ayuda a la consecución de ninguno de estos propósitos, sino que, en la medida en que los recursos son escasos, la inversión militar implica la desinversión social.

Cañones o mantequilla, la gran pregunta, nos permite situarnos en un determinado lugar en la apuesta por un modelo de defensa militarista o no militarista.

f) El transarme.

Al respecto, como hemos dicho, cualquier política exige un orden lógico que va desde los objetivos y fines a las medidas para conseguirlos, y en la que la administración y distribución de los recursos es esencial.

El presupuesto puede por tanto ser un instrumento de innegable valor para desarrollar una política y, en nuestro caso, para promover una alternativa al gasto militar.

El transarme exige una política de gasto determinada y claramente definida de desmilitarización de la defensa, mediante una reducción paulatina de los recursos destinados al militarismo, el trasvase de aquellos que sean posibles a fines socialmente necesarios y justos, la desaparición y abolición de otros, y el desarrollo de un modelo alternativa de defensa.

Sin entrar en este capítulo a valorar otros aspectos del trasnarme, que dejamos para una siguiente entrega, las propuestas alternativas en política de defensa respecto del gasto militar deberían apostar por:

  • Exigir la transparencia del gasto de defensa
  • Exigir que éste no se distribuya en diversos ministerios, organismos u otros artificios que dificultan su conocimiento y control
  • Dotarse de mecanismos de control estricto de aquél
  • Analizar su eficacia y luchar contra la corrupción, el despilfarro y los desmesurados intereses del complejo militar industrial
  • Apostar claramente por un enfoque social en detrimento de los cañones
  • Promover la gradual reducción del abultado gasto militar y su transferencia a necesidades sociales justas
  • Utilizar la política presupuestaria para promover una gradual sustitución de los mecanismos militares de la defensa por una defensa social y para lograr la desmilitarización de la defensa.
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Debates electorales (III): ¿Cómo defender?

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Programas electorales (I):  por qué debatir seriamente las cuestiones de defensa.

Programas electorales (II):  qué defender.

El segundo gran hilo argumental de una política de seguridad o, si se prefiere, de defensa, es el que se refiere al cómo de la defensa; cómo llevar a cabo esa defensa de los objetivos y finalidades que en realidad merece la pena defender.

En principio una exigencia de coherencia nos llevaría a señalar que la definición de unos objetivos a defender claros impone unas metodologías coherentes con ellos. Se nos ocurre, por ejemplo, que no es muy coherente querer defender el trabajo decente, pongamos por caso, imponiendo por la fuerza condiciones laborales inhumanas o utilizando la fuerza militar para reventar huelgas laborales. No parece claro que se pueda construir la paz promoviendo la guerra.

Sin embargo el debate por el cómo de la defensa es bastante más complicado de desarrollar, pues el culto a la violencia forma parte ineludible de nuestro acervo cultural y del paradigma vigente y enturbia de una manera muy pasional las argumentaciones y los preconceptos desde los que se parte. Del mismo modo, el prejuicio de que la defensa equivale a los ejércitos está tan extendido que es difícil aparcarlo para preguntarnos por las metodologías idóneas para conseguir los objetivos dignos de ser defendidos.

Pero que nuestra cultura responda con este cierto automatismo al ideario militarista y violento no equivale a que dicho argumentario tenga razón por sí mismo y sin más. De hecho, la idea de seguridad humana acuñada desde hace varias décadas y de la que se habló en la anterior entrega, contradice esta afirmación y asimila seguridad no con la organización de la violencia institucional de los estados ni con la seguridad militar, sino con el logro de mayores cuotas de libertad personal o política, con la mejora de las condiciones sociales o laborales, con la lucha contra la enfermedad o el hambre, etcétera.

Nosotros vamos a abordar este gran apartado estableciendo cuatro grandes polos de discusión que articulan el cómo de la defensa:

  • El debate “defensa ofensiva” – “defensa defensiva”
  • El debate “violencia” – “noviolencia”
  • La estructura de la defensa.
  • Los instrumentos de la defensa.

1.- Defensa ofensiva versus defensiva

El primer debate nos permitirá definir una de las principales características de nuestra opción por un determinado modelo de defensa: si la estrategia de nuestra organización de la defensa es “ofensiva”, proactiva, o de carácter “pasivo”, meramente “defensivo”.

Conforme a este primer criterio podremos diferenciar entre modelos de defensa que buscan provocar cambios más o menos profundos de forma proactiva y aquellos otros que únicamente buscan responder a “agresiones” de forma defensiva. El primero implica actividad política y lucha social. El segundo implica una actuación reactiva frente a agresiones. Cabe además una estrategia de defensa “mixta”, mezclada.

Si nos fijamos en los diferentes modelos vigentes en la actualidad resultaría que los modelos de defensa “nuclear” (NBQR), de guerra de baja intensidad, de insurgencia o terrorismo internacional y de terrorismo de Estado comportan una opción primordialmente ofensiva, mientras que los modelos de defensa nacional convencional se dividen entre los que apuestan por una opción ofensiva y los que apuestan por una opción defensiva, y los del llamado “modelo de intervencionismo humanitario” apuestan principalmente por una opción claramente defensiva, al igual que el modelo de “defensa no ofensiva” y los modelos de “defensa civil”.

Añadamos que un modelo alternativo, basado en el paradigma cooperación-noviolencia, de darse, optaría en nuestra opinión por una estrategia ofensiva y defensiva simultáneamente y haría de la lucha social contra la violencia estructural y cultural uno de sus principales baluartes.

2.- Violencia versus noviolencia

El segundo polo de preferencias en el que situarnos al responder por el cómo de la defensa se sitúa en torno al grado de aceptación o rechazo de la violencia como metodología y práctica para llevar adelante los objetivos de la defensa.

Conforme a esta pregunta debemos responder sobre el uso y la legitimidad de la violencia y, en su caso, su organización institucionalizada, para defender los objetivos que hemos definido como lo que hay que defender.

Criterios de eficacia, coherencia, justicia y otros similares son usados en este debate para fijar la postura acerca del cómo de la defensa y para situarnos en la franja del más al menos que va desde la violencia a la noviolencia como metodología de la defensa.

Los modelos militares tradicionales parten de una concepción paradigmática basada en la idea de la dominación y la violencia como ejes estructurantes de la propia idea de defensa. Por eso la justificación de los ejércitos como principal instrumento de la defensa es evidente en ellos y la apuesta por metodologías noviolentas una mera entelequia o una ingenuidad.

Ahora bien, debemos señalar que cuando se afirma la eficacia de los ejércitos para defenderse de la violencia, fundamentalmente nos estamos fijando en una modalidad muy específica de la violencia directa, ante la que aparentemente es más útil una respuesta armada ya sea para parar la violencia previa, ya para paliarla. Nosotros cuestionamos esa supuesta eficacia con el sencillo recuerdo de que no conocemos ni un solo conflicto sofocado manu militari que no haya rebrotado de una u otra forma más adelante, con lo que a la extendida e interesada explicación de que la noviolencia no ha resuelto ningún conflicto grave hasta ahora, podríamos oponerle la de que la violencia y los ejércitos no lo han conseguido nunca a pesar de su enorme peso en nuestra historia.

Pero si observamos las diferentes dimensiones de la violencia, las cosas no son tan sencillas como el prejuicio más extendido señala. Lo cierto es que junto a la violencia directa, que todo el mundo es capaz de reconocer de forma nítida y que tanto nos horroriza, existen otras fuerzas más ocultas que imponen condiciones de violencia estructural y de injusticia y situaciones de hegemonía cultural y de violencia cultural que, aparentemente, no tienen que ver con la violencia directa y que, por ello, no son objeto de la preocupación de los ejércitos. Y es a estas condiciones a las que resulta muy cuestionable plantear una defensa violenta o militar para acabar con esa injusticia estructural, en gran parte porque el militarismo y los ejércitos suelen ser parte del sistema de complicidades que la promueve.

En todo caso, el debate sobre el grado de violencia o noviolencia y su legitimidad, determina el modelo de defensa a elegir y nos permite definirlo con mayor claridad.

No es lo mismo predicar un modelo militar de defensa que un modelo noviolento basado en la prevención de conflictos, en la lucha noviolenta contra la violencia estructural, en la autoorganización social, etc.

3.- La estructura de la defensa.

Una vez esbozadas las preferencias en los anteriores debates, cabe preguntarse por la propia organización de esa defensa. El cómo no sólo hace relación a la estrategia de defensa o a la metodología estructuradora violenta o noviolenta (o sus grises intermedios), sino también a los principales elementos de dicha defensa, como son:

¿quién tiene que defender?, con una escala que va desde cuerpos especializados y especialistas hasta la sociedad en su conjunto y de forma horizontal, pasando por toda la gama de propuestas intermedias.

¿Qué estructura de la defensa? con opciones que van desde el establecimiento de una organización coordinadora y defensiva más o menos compleja y estable basada en criterios de especialización, jerarquía, obediencia, etcétera, hasta una coordinación de luchas sociales horizontales y basadas en grupos de base, sin delegación, igualitaria, etcétera.

Llamativamente, frente a las críticas que se han venido haciendo a una defensa alternativa de tratarse de un modelo teórico apto para un mundo de ángeles o para el día después de desterrado el mal del mundo, podemos confrontar cómo la defensa de otras cosas y por medios noviolentos, en estructuras abiertas y más o menos de base, es algo que ya se practica de forma habitual en infinidad de lugares y luchas, como son la ecologista, la feminista, la de la solidaridad entre los pueblos, por la vivienda digna, etcétera.

4.- Los instrumentos de la defensa:

Otro de los puntos sobre los que hay que tener opciones es el de los instrumentos de la defensa.

En este aspecto hay que preguntarse por elementos tales como:

  • Política de vecindad y relaciones exteriores.
  • Estructuras permanentes de defensa militar o civil.
  • Si se arma a la población o no.
  • Si se opta por apoyar el empoderamiento social como instrumento de una defensa diferente.
  • Si se establecen instrumentos paramilitares (por ejemplo, según la OTAN la Guardia Civil en España o la Gendarmería en Francia lo son).
  • Si se establecen mecanismos militares o policiales de control social.
  • Si se opta por la guerra como estrategia de defensa o no (en su caso si se renuncia a ella).
  • Los recursos materiales y de todo tipo dedicados a ésto y el “nivel de fuerza”.
  • El nivel de armamento y si este será ofensivo (largo alcance, capacidad de proyección, letalidad, etc.) o defensivo (corto alcance, etc.) en su caso.
  • En su caso, si se reconvierten los cuerpos militares o paramilitares a otros fines.
  • En su caso, si se reduce el nivel de armamentos y de qué modo.
  • Si se privilegia una industria militar y la construcción de un complejo militar-industrial.
  • La posición ante la venta de armas.
  • En su caso si se reconvierte esta o se desmantela.
  • La legitimidad de las estrategias noviolentas (desobediencia civil, estrategias cooperativas, etc).
  • La política de prevención de conflictos y su abordaje.
  • La política de cooperación.
  • El nivel de prevención de conflictos.
  • El Espionaje y su legitimidad.
  • Las alianzas de índole militar, las bases militares.
  • Cómo se realiza el planeamiento de la defensa.
  • El abordaje de la violencia estructural.
  • La transparencia u opacidad de esta política.

Debates electorales (II): qué defender

Tras la introducción que suponía plantear la necesidad de debate sobre temas de defensa cuando se elaboran los programas electorales, ahora queremos abordar el tema que nos parece la piedra angular de todos los debates sobre defensa:  ¿qué queremos defender?

Resulta asombroso y turbador comprobar cómo en la Directiva de Defensa Nacional de 2012 (gobierno de Rajoy) se decía que España no tiene enemigos.  Entonces, ¿para qué está todo el entramado militar de cientos de miles de soldados montado, por qué en 2014 vamos a gastar 27.659 millones de € en Gasto Militar?  Parece demasiado incongruente.

Una estudio sobre las diversas Directivas de Defensa Nacional se puede encontrar en forma de presentación en prezi.

1.-  Defensa militar versus seguridad humana.

Pensamos que el principal debate dentro de este epígrafe es si nuestro modelo de defensa quiere defender los postulados de la defensa militar o los postulados de la seguridad humana.

La defensa militar busca defender las fronteras y el territorio contra las supuestas agresiones externas y la protección de los intereses nacionales en la política exterior (sería más adecuado decir que busca la protección de los grandes empresario y los grandes grupos de poder, no de los intereses de las personas comunes). También busca defender conceptos como la nación, los valores patrios, la patria, etc;  además, pretende defender la bandera, las instituciones y su permanencia inamovible.  La defensa militar se ha convertido en una manera, más o menos solapada, de crear conflictos fuera de nuestras fronteras para venderles armas y luego “ayudarles” con intervenciones humanitarias militares y/o civiles.

En definitiva, la defensa militar busca defender el status quo nacional e internacional.  Se convierte, por tanto, en un concepto diseñado más para el estado-nación que para la gente, más para las élites políticas y/o económicas que para las ciudadanos de a pié.

En cambio, la seguridad humana, es un concepto que tiene otras expectativas verdaderamente alternativas.  La seguridad humana es un concepto universal, pertinente a la gente de todo el mundo, no exclusivo de las naciones-estado;  además, los componentes de la seguridad humana son interdependientes, no buscan la victoria, la desaparición del enemigo, y ni siquiera se plantean la existencia de enemigos;  la seguridad humana se preocupa por la forma en que vive la gente, la libertad con la que pueden ejercer diversas opciones, participar de la democracia, ejercer sus derechos económicos, políticos y sociales;  la seguridad humana busca defender la vivienda, la sanidad, la educación, el medioambiente.

También, como tantas veces, existe una opción intermedia, patrocinada por los intereses militares que es hablar de seguridad militar.  Es, simplemente, un intento de confundir a la gente dejando de hablar de defensa (que se entiende ligada estrictamente a lo militar) para hablar de seguridad, concepto que explican que es más amplio y abarca las relaciones sociales, económicas, etc.  Lo malo es que como se hace desde la óptica militar es un concepto de defensa que acaba buscando defender lo mismo que la defensa militar, eso sí con otra jerga.

2.-  ¿Quiénes son los enemigos?

En la jerga militarista se pasó de unos enemigos nítidamente caracterizados:  la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, a hablar de riesgos y amenazas.  En España el viaje fue más largo, se pasó de hablar de un enemigo exterior (el anterior) y otro interior (el propio pueblo con ideas democráticas) a sólo un enemigo exterior que nos hizo ingresar en la OTAN.

Los enemigos en la defensa nacional son los demás estados, todos aquellos que tengan armas, o las puedan tener, todos aquellos que tengan fronteras comunes, o aquellos que tengan unas fuerzas armadas capaces de invadir, aunque sea salvando grandes distancias

La Directiva de Defensa Nacional (DDN) redactada por el gobierno de Rajoy dice que España no tiene enemigos, pero existen riesgos y amenazas.  Se ha llegado, incluso, a hablar de incertidumbres. Estos conceptos tan etéreos y a la vez ubicuos son los que hacen, sin ningún tipo de razonamiento asociado, indispensable la existencia de una defensa militar.  Se ven dos grandes tipos de amenazas:

  • Las amenazas compartidas:  ataques cibernéticos, armas de destrucción masiva, tráfico de personas, piratería, grupos fanatizados, quiebra del espacio aéreo y espacial.
  • Las amenazas no compartidas:  inestabilidad en la frontera y orilla Sur, Oriente Medio y el Sahel, el tráfico ilícito en Guinea (piratería), el tráfico ilícito en latinoamérica (narcotráfico, terrorismo, y amenazas a los intereses de las empresas españolas en la zona).

Como se puede ver, todo en consonancia con lo que decíamos anteriormente.  Llama la atención, en la línea de expandir el concepto de defensa hacia el de seguridad, que se consideren desde esta perspectiva los intereses de las empresas españolas en la zona, aquí ya concretamos pero en una dirección que no nos parece adecuada:  se busca defender nuestro bienestar aunque sea a pesar del de otros países y sociedades.

Otro texto revelador de las intenciones de la defensa militar actual en la DDN es:

asegurar una España fuerte, que permita mantener la influencia necesaria en el contexto internacional, para contribuir a la estabilidad de éste, principalmente en nuestra zona de interés directo, así como a preservar nuestros intereses nacionales en el resto del mundo.

Lo cual parece indicar claramente las ansias de ser una potencia que defienda sus intereses en todo el mundo, cual si fuésemos una potencia hegemónica.  Pero, hay que constatar que los intereses que quiere defender España no están explicitados, por lo cual pueden ser, y son, sometidos a manipulación fácilmente para adecuarse a los de los grupos financieros imperantes.

En cuanto a la seguridad humana, los enemigos están más claramente marcados:  todo lo que afecte al medioambiente, a la calidad de vida de la gente (sanidad, educación, empleo, …), lo que socave la libertad de ejercer los derechos sociales, políticos y económicos, etc.

La crítica que se suele hacer a esta opción, desde el punto de vista militarista, es que no habla de lo que ellos piensan que es vital defender, que se mea fuera del tiesto y que, por ello, nos vamos a quedar indefensos ante cualquier ataque extranjero.

Quizá les tendríamos que recordar que multitud de países con potentísimos ejércitos han sido atacados por fuerzas militares del extranjero y/o por terroristas.  Es decir, que la posesión de un ejército no es garantía de que no se vaya a sufrir una invasión o ataque.  Por otro lado, lo que sí garantiza un ejército es que nos vean como posibles enemigos y que se tenga un gasto económico muy considerable que se desvía de los gastos sociales que son lo que realmente se quiere defender.

Y he aquí la clave del debate:  qué queremos defender.  Nunca en la historia hemos sido consultados sobre este punto.  Ningún partido político, en sus programas electorales aborda el tema.  No hay un verdadero debate social sobre el punto clave de los modelos de defensa.  Así, vamos aplicando, con dejadez a la hora de plantear alternativas, lo que siempre se ha aplicado.  Es decir, optamos por el continuismo.  Lo que ocurre es que si miramos las raíces de este continuismo, nos daremos cuenta de que se instalan en el modelo de defensa de la dictadura y que estamos aplicando diariamente muchos de sus tics, sin ni siquiera cuestionarlos.

3.-  Violencia directa versus violencia estructural y cultural.

Pensar y debatir sobre estos tres conceptos también es clave a la hora de definir nuestro sistema de defensa.  La defensa militar está basada en defendernos de la violencia directa.  Lo que se suele ocultar es que, además de potenciar la violencia directa, esta visión fomenta la violencia estructural y cultural.

El concepto más “sencillo” de violencia es el de violencia física o directa:-toda aquella acción agresiva o destructiva contra la naturaleza (daños contrala biodiversidad, contaminación de espacios naturales, etc.),- contra las personas (violaciones, asesinatos, robos, violencia de género,violencia en la familia, violencia verbal y/o psicológica, …)- o contra la colectividad (daños materiales contra edificios, infraestructuras,guerras, etc.).

El uso (mejor sería decir, el abuso de la fuerza) tiene objetivos diferentes: lucro personal, intereses políticos, compensación de problemas psíquicos, etc.

La violencia directa tiene como principal característica diferenciadora que es una violencia visible en lo que se refiere a muchos de sus efectos; básicamente los efectos materiales (por ejemplo, los antes citados). Sin embargo, también es cierto que algunos efectos aparecen más o menos invisibles (odios, traumas psicológicos, sufrimientos, relaciones internacionales injustas, adicción a una cultura violenta, concep -ciones culturales como la de ‘enemigo’, etc.) o no se suelen considerar de tanta importancia como los efectos materiales.

Nos deberíamos preguntar cuáles son los efectos sociales, ecológicos, económicos, culturales y políticos de estar considerando siempre a los demás como enemigos.  El primero de ellos es la reciprocidad.  Las demás naciones también nos consideran a nosotros como sus enemigos, aunque nosotros nos sintamos muy lejos de serlo.

Los ejércitos necesitan armas y generan una industria armamentística que se convierte en un verdadero lobby económico-político.  Dichas armas necesitan ser exportadas porque no son socialmente útiles y el único rendimiento que se les puede sacar es venderlos a otros países para poder ingresar algo por un bien que es altamente perjudicial.  Para ello, la política internacional ha de crear la necesidad de esas armas fomentando tensiones, conflictos, guerras.  Estas exportaciones de armas, estamos acostumbrados a ver, que son una de las principales características de los tratados comerciales, incluso de la ayuda al desarrollo, hacia los países no desarrollados.  Ello implica su empobrecimiento creando violencia estructural.

Una pequeña definición de violencia estructural sería la que citamos a continuación:

a inicios de la década de los años ’70 del sigloXX, Galtung y otros desarrollaron el concepto de violencia estructural, concepto queavanza a una visión de violencia más dinámica y más invisible: se define la violenciaestructural como “aquello que provoca que las realizaciones efectivas, somáticas y mentales, de los seres humanos estén por debajo de sus realizaciones potenciales”.
Siguiendo y concretando esta línea de razonamiento, posteriormente Galtung definiría cuatro tipos de violencia:
·la clásica o directa que se ejecuta contra el cuerpo y la mente humana,
·la pobreza que provoca la privación de las necesidades humanas básicas, por ejemplo, ¿cómo es posible que hoy en día mueran 9 millones de niños y niñasmenores de cinco años por falta de antibióticos o vacunas?
·la represión que provoca la privación de los derechos humanos y
·la alienación, que provoca la privación de los derechos humanos y políticos.
Los tres últimos 3 tipos de violencia serían los que conforman la violencia estructural.  La violencia estructural sería un tipo de violencia indirecta, es decir, las acciones que provocan el hambre en el mundo, por ejemplo, no están diseñadas y realizadas directamente con ese fin, sino que son derivaciones indirectas de la política económica capitalista y del injusto reparto de la riqueza. Esto provocaría que las causas que producen la violencia estructural no sean visibles con evidencia, en algunos casos o en un análisis poco profundo, con lo cual se entiende el por qué de su denominación posterior.

Otra característica importantísima de la violencia estructural, además de su invisibilidad, es que se encuentra, junto a la violencia cultural, como causa profunda de muchísimos conflictos.

Muchas partidos políticos y personas, se sorprenden cuando estalla un conflicto o guerra.  Entonces, la violencia directa, les impulsa a hacer algo rápidamente, por ejemplo, una intervención más o menos humanitaria.  ¿Por qué no les urgía antes, cuando el conflicto, con hondas bases estructurales se iba fraguando y agrandando?  Simplemente porque no veían la importancia de la violencia estructural en la génesis de los conflictos.  Así, la mayor parte de los partidos políticos se ver urgidos a intervenir, de alguna manera, ante los muertos y las situaciones graves de violencia directa.  Y ello les hace altamente vulnerables a la manipulación militarista.  Dado que sólo existe la posibilidad de una intervención militar, aunque sea para ayudar en un tifón o en una hambruna, el militarismo se garantiza su exclusividad en la política internacional.

Pero, ¿qué ocurriría si, sobre todo nos fijásemos en la violencia estructural que ejerce el primer mundo, entre ellos España, sobre la génesis de la mayoría de los conflictos que acaban en guerra actualmente?  Parece que ni los ciudadanos ni los partidos políticos somos conscientes de que la situación de explotación económica, la venta de armas ligada a los fondos de ayuda al desarrollo, el mantenimiento de muchos dictadores en sus puestos por décadas (Gadafi, El Assad, …), nos harían ser conscientes de que estos son los momentos en que más y mejor se puede invertir en políticas noviolentas que ayuden a evitar conflictos armados.  Muy seguramente, si las sociedades del Tercer Mundo, que es donde se dan la mayor parte de las guerras actualmente, pudiesen desarrollarse económica, social y políticamente de manera mejor, las guerras tendrían mucha menor oportunidad de ocurrir.

Además, potenciar la visión estructural de los conflictos nos haría darnos cuenta de que otro escenario en el que hay que intervenir para evitar las guerras es nuestra propia sociedad.  Efectivamente, somos los séptimos exportadores de armas del mundo y nuestras multinacionales y nuestra política exterior son causantes de violencia estructural.  En consecuencia, la conclusión sería que acabar con las guerras en el extranjero sería más posible si acabásemos con nuestro propio militarismo, con nuestra política exterior intervencionista y con nuestras fábricas de armas.  Además, todo ello significaría que los demás países dejarían de vernos como enemigos.

Para acabar, es necesario analizar también el concepto de violencia cultural:

una violencia que “se expresa también desde infinidad de medios (simbolismos, religión, ideología, lenguaje, arte, ciencia, leyes, medios de comunicación, educación, etc.), y que cumple la función de legitimar la violencia directa y estructural, así como de inhibir o reprimir la respuesta de quienes la sufren, y ofrece justificaciones para que los seres humanos, a diferencia del resto de especies, se destruyan mutuamente y sean recompensados incluso por hacerlo”

El papel de la violencia cultural es por lo tanto ser una especie de argamasa que dota de coherencia al sistema de dominación y violencia en el que nos movemos actualmente.  No hay que olvidar que la alternativa, el paradigma de cooperación-noviolencia también coexiste ahora y ha existido siempre.  Hay muchísimos ejemplos de sociedades, etnias, países, gentes, que colaboran y colaboraron para mejorar sus respectivas situaciones y que regularon sus conflictos de manera cooperativa y rechazando la violencia.

¿En qué curso de nuestras escuelas, en qué asignatura se enseñan los casos históricos de desobediencia civil a las guerras, de cooperación internacional para resolver conflictos, de sociedades que promovieron y promueven otras formas, noviolentas, de hacer política?  En ninguno.  Quizá, mejor dicho, seguramente, fijarnos en estos ejemplos y difundirlos haría que surgiesen más iniciativas noviolentas a nivel social y político para colaborar con los países vecinos y para ayudar a la resolución noviolenta de conflictos lejanos.  También tendrían nuestros políticos muchos menos argumentos y muchas menos excusas para aplicar la violencia.  Hay que promover la creación de una cultura de paz coherente, ética y aplicable en la sociedad y las relaciones internacionales actuales.

4.-  Conclusiones.

  • Es imprescindible que la sociedad reclame a los partidos políticos que concreten sus ofertas en los programas electorales en lo que concierne a los gemas de Defensa.
  • Es necesario que los partidos políticos expongan con claridad qué quieren defender, cuáles son los enemigos que ven, cuál es el origen de la violencia directa, estructural y cultural que quieren combatir, si optan por defender los postulados de la defensa militar o de la seguridad humana.
  • Es imprescindible que la sociedad se haga soberana, también en temas de defensa.  Y que debata profundamente qué quiere defender.
  • Es imprescindible que la sociedad investigue y audite el actual militarismo para conocer sus defectos y poder confeccionar alternativas desde la actual realidad.
  • Todo lo anterior no es sólo una cuestión que hay que debatir y trabajar cuando llegan las épocas electorales, sino durante los cuatro o cinco años que duran las legislaturas, permanentemente, controlando a nuestros representantes políticos promoviendo la participación social permanente.

Programas electorales (I): por qué debatir seriamente las cuestiones de Defensa

Ahora que varios partidos políticos se están planteando hacer primarias abiertas para elegir sus candidatos a las elecciones europeas de mayo y, también, abrir sus oídos a las propuestas de la sociedad y los movimientos sociales para elaborar sus programas electorales, consideramos que es buen momento para proponer desde nuestra perspectiva algunas ideas que nos parece que sería necesario debatir para elaborar un programa en materia de defensa alternativo.

En septiembre de 2011 ya advertíamos que

Hasta ahora, con muy pocas variaciones, todos los partidos políticos proponen en sus programas electorales los mismos planteamientos y similares medidas en materia de seguridad y defensa.  No hay críticas, no hay debates, no hay ideas.  ¿No es extraño?

Aferrados a un mismo paradigma los partidos justifican, sin ningún tipo de crítica, el mantenimiento de los ejércitos y del paradigma militarista como única respuesta a los problemas de seguridad, sin atreverse a cambiar la concepción de la defensa nacional ni a transformarla hacia la idea de la seguridad humana o del desarrollo humano.

Es por eso que confunden meros retoques del mismo modelo de defensa: ejércitos y armamentismo, con propuestas alternativas.

Poco se ha avanzado desde entonces y, por ello, queremos lanzar al debate público algunos temas que nos parecen cruciales a la hora de establecer un programa electoral en materia de defensa que sea algo más que unas cuantas medidas desconexas y la asunción tácita de la política actual protagonizada por el PP-PSOE.

Parece que no es importante para la sociedad y para los partidos políticos hablar de un tema que cuenta, entre otras, con las siguientes características:

  • La sociedad española nunca ha sido preguntada ni ha debatido qué es lo que queremos defender, cuáles son nuestro enemigos, riesgos, amenazas.
  • La toma de decisiones en materia de defensa sigue siendo opaca.  Se realiza por especialistas militaristas sin consultar a la sociedad ni al Parlamento (al cual sólo informan).
  • La política de defensa española está siendo, desde 1989, claramente ofensiva.  Nuestras tropas han participado en 68 intervenciones militares en el extranjero.
  • Somos el séptimo exportador mundial de armas y se pretende que la industria armamentística sea la que nos saque de la crisis.
  • Pertenecemos a la OTAN, una alianza militar que potencia la violencia estructural en las relaciones económicas e internacionales.  Varios puntos del referéndum sobre la OTAN siguen incumpliéndose.
  • Aunque el Gobierno dice que va a gastar durante 2014 5.745 millones de €, la realidad es que el Gasto Militar, al menos, será de 27.659 millones de €.
  • El gasto masivo de presupuesto en Programas Especiales de Armamento (PEAS) nos ha generado una deuda de más de 29.000 millones de €.  El Gasto Militar va a generar en 2014 una deuda de 12.694 millones de €.
  • 12 de los 13 actuales ministerios participan, en mayor o menor medida, del Gasto Militar.
  • El Gasto en Control Social (Gasto Militar más Gasto de Interior fuera de GM): 32.342’8 millones de €,es decir el 9’12 del gasto todos los PGE.  Es decir, 88’6 millones de € al día y 692’5 € por persona.
Y, en nuestra opinión, todos los datos anteriores nos hacen pensar que el tema de la Defensa es relevante y trascendente y debería ser considerado en serio por la sociedad y los partidos políticos.
Por ello, proponemos una serie de debates que, sin ánimo de ser exhaustivos, son los siguientes:
  1. Qué hay que defender.
  2. Cómo hay que defenderlo.
  3. Gasto Militar.
  4. Transarme.
  5. Intervenciones militares.
  6. El trabajo continuado durante los 4 años de legislatura entre el partido, el parlamentario y la sociedad.

Somos conscientes de que habría más temas a tratar, pero nos parece que con lo anterior se tendrían las líneas básicas de un programa electoral consistente y alternativo.

¿Y si el ejército ocupa Cataluña?

Imagen de Oisin Prendiville

Fuente: Vegamediapress

Hemos encontrado un delirante artículo del ex-coronel Martínez Inlgés, en el que, amén de múltiples improperios que no son de nuestro gusto, explica una tesis que, según él, está elaborada por una especie de conjura político militar en la que estarían metidos tanto políticos actuales como miembros del ejército.

Comencemos por aclarar que nos parece un delirio y no creemos que tenga mucha base. De hecho no ofrece pruebas ni datos que permitan seguir el hilo del plan. Pero la mera hipótesis de que pudiera darse una reacción del ejército y de la élite más españolista, sea ésta u otra, ante una agudización del proceso de ruptura catalán, nos lleva a una pregunta ¿Y qué haríamos si eso ocurre?¿Qué haríamos si el ejército o cualquier otra cosa promueve una intervención militar y autoritaria para imponer su voluntad a ese proceso?

Dice, textualmente, Martínez Inglés que

Por ello, y sin remilgos  de ninguna clase, me atrevo a afirmar (y afirmo) que en las altas esferas de las Fuerzas Armadas españolas (JEMAD, Jefe del Estado Mayor de la Defensa; JEME, Jefe del Estado Mayor del Ejército; JEMA, Jefe del Estado Mayor del Aire y AJEMA, Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada) existen ya planes elaborados, con el conocimiento y la total complacencia del Ejecutivo del señor Rajoy, para intervenir con rapidez, contundencia, nocturnidad y desprecio absoluto por las formas democráticas, en Cataluña si llegado el mes de octubre del presente año la plana mayor del independentismo catalán no ha dado marcha atrás en sus propuestas de separarse de España y siguen con su idea de celebrar un referéndum a primeros de Noviembre.

Y continúa detallando un supuesto plan de acción:

Los planes, según los datos de que dispongo provenientes de fuentes castrenses de toda solvencia, pasarían por ocupar, no más tarde del 20 de octubre de 2014, por sorpresa, de noche y a cargo de unidades de elite del Ejército español (Paracaidistas y Legión), todos los centros del poder político y partidario tanto en Barcelona como en el resto de capitales de provincia de la Comunidad catalana, al tiempo que se decretaba el estado de excepción en toda Cataluña y se dejaba fuera de la ley al actual Gobierno de la Generalitat. El Gobierno del señor Rajoy, una vez terminada la operación nocturna (sobre las ocho de la mañana del día “D+1”) daría cuenta urgente al Congreso en una sesión Plenaria de las Cortes españolas, facilitando toda clase de explicaciones al pueblo español y prometiendo una rápida y “democrática” salida al conflicto.

Insistimos que no le vemos mucho recorrido a la opinión del ex-militar, pero con todo, nos pone ante un ejercicio teórico que conviene estudiar desde la pregunta siguiente: ¿Cómo reaccionaríamos? ¿Cómo reaccionaríamos como antimilitaristas?¿Cómo reaccionaríamos como ciudadanos responsables?

Desde nuestro punto de vista, la mera posibilidad de que un ejército cualquiera pueda ejecutar un plan de ocupación violenta del poder, en cualquier sociedad o parte de cualquier sociedad, implica una maldición y explica la última ratio del poder que otorga a los militares tales capacidades. La mejor defensa de una democracia se corresponde, a nuestro juicio, con desprenderse de los aparatos violentos y de los mecanismos de imposición violenta, como es el caso de los ejércitos y por promover relaciones humanas justas y basadas en la seguridad humana. Es un camino complejo y largo, pero debemos recorrerlo sin descanso, porque la ensoñación de Martínez Inglés tiene una enseñanza verdadera: los ejércitos pueden imponer sus opiniones, o las de aquellos a quienes defienden, frente a todos los demás.

En el caso concreto en que el ejército interrumpiera un proceso político como el catalán, donde los propios políticos de turno están desbordados por un movimiento desde abajo de construcción de nuevas reglas de juego en Cataluña y, por conexión, en el resto del estado, deberíamos oponernos al ejército y a la clase política que lo aupara de forma contundente, organizada, generalizada, mediante la desobediencia y la práctica de una política noviolenta de instituciones paralelas tendente a desbordar a los golpistas y a impedir que las fuerzas políticas de todo signo se les junten.

Lo cierto es que lo que ocurre en Cataluña, si se entiende como un proceso de deliberación de una sociedad que ha desbordado a la casta política, por mucho que ésta quiera canalizarlo y constreñirlo ya sea en un sentido nacionalista o españolista, es parecido a lo que ocurre en otros lugares del Estado y del mundo. La gente quiere tomar el protagonismo de su propia política, desprecia a la casta extractiva que nos manipula, y exige cambios radicales.

La apuesta es por otra política, por otro modelo, por otra sociedad y sólo en parte puede entenderse como un proceso separatista, tal como dice el discurso tradicionalista de los militares y políticos españoles.

Si ocurriese la intervención del ejército habría que actuar como ante un golpe de estado, salir, noviolentamente, a las calles, hacer desobediencia civil.  Entonces seríamos considerados enemigos de la patria y nuestra legitimidad se enfrentaría a su manipulada legalidad.

Que nos echen a las policías, a los espías, a los militares para atajar las expectativas de igualdad, de justicia, de libertad, de derechos no es una buena noticia, pero sin embargo desenmascara el papel del militarismo y nos deja la opción de la lucha social noviolenta contra sus imposiciones.

Tampoco nos parecería bien que luego, a última hora, saliese el rey, o el príncipe o cualquier otro alto mando militar, para echar una bronca a los golpistas y volver al status quo actual.  No son ellos quienes deben controlar al ejército.  En nuestra opinión es la sociedad quien debe hacerlo.

Nosotros optamos por el control del militarismo hasta que este vaya desapareciendo en una sociedad alternativa y noviolenta.  Ahora no se controla desde el Parlamento lo que hacen los militares.  Existe una Comisión de Defensa en el Congreso que no pregunta por lo más básico del planeamiento militar, a la cual no se le da verdadera información sobre las actividades y gastos de los ejércitos.  Así, ¿cómo nos extraña que un ex-coronel diga que sabe de fuentes militares que hay planes hechos por toda la cúpula militar del Estado para tomar Cataluña antes de que puedan decidir democráticamente su futuro?  Porque, si estos planes se están confeccionando, podemos hablar de terrorismo de estado.

Algunos dicen que los ejércitos no están para realizar actos violentos contra eventos democráticos.  Sin embargo, su función, aunque no lo queramos, es precisamente esa, ser garantes del inmovilismo más rancio.  Nosotros defendemos que un mundo democrático no puede contar entre sus instituciones una que promueva la violencia y la obediencia ciega.

Utopías necesarias

El pasado 2 de Febrero participamos en un programa de radio en el que se quería poner en valor el juego de disidencias, de prácticas y luchas sociales alternativas y de utopías que se llevan adelante en el Estado.

Por supuesto a las que tuvieron voz en aquel programa se pueden sumar legítimamente otras muchas.

En todo es llamativo el grado de coincidencia en las aspiraciones de liberación y de nuevo horizonte de sentido que las diversas luchas y utopías plantean.

Os invitamos a escuchar aquel programa y a entrar en diálogo con las utopías necesarias en el siguiente podcast:

Taller sobre defensa en la UE

primarias

El próximo sábado 25 de Enero, de 10 a 13,30, llevaremos a cabo un taller sobre política de defensa en la UE, con el objetivo de ofrecer datos sobre el militarismo y la política de defensa de la UE y de aportar criterios para construir de forma colaborativa y horizontal una propuesta alternativa de defensa basada en la desmilitarización de la misma, la noviolencia, la cooperación y el proceso de transarme para conseguirlo.

El taller se realiza por invitación de Hontanares Arranz Peña, una activista del 15M que se presenta a las elecciones primarias de Equo, y con la participación de otros participantes en este proceso.

Esperamos poder ampliar el conocimiento de las propuestas de defensa antimilitaristas a todas las propuestas políticas que quieren ofrecer una alternativa transformadora al orden mundial vigente y aspiramos a que alguna de ellas participe de esta visión y la incluya en sus hasta ahora poco sólidas agendas políticas al respecto.

Taller sobre transarme con el 15M

El próximo sábado 25 de enero, de 18 a 21 horas, y en la C/ Batalla de Belchite 17, de Madrid llevaremos a cabo un taller sobre transarme enfocado a la gente que trabaja en grupos de trabajo y comisiones del 15M de Madrid.

El taller es continuación del realizado en Noviembre de 2013 y pretende reflexionar para profundizar en los contenidos del transarme y llevar propuestas y campañas concretas a los grupos de trabajo.

España es un país sin libertad, según la OSCE

Fuente:  elpajarito.es

Aunque el artículo es un poco antiguo:  inicios de diciembre de 2013, recomendamos su atenta lectura y reflexión posterior.

Vivir el día a día de intentar participar en la política española de manera alternativa nos inmuniza para muchas cosas.  Sin embargo, cuando se ve lo que opinan de la situación política española desde fuera, en este caso la OSCE, Organización para la Seguridad y Cooperación Europea, suponemos que con el sosiego y el distanciamiento que promueve la lejanía, nos paramos a valorar que, realmente, la cosa está muy negra:

España es el único país del mundo que no admite la inspección internacional de la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea (OSCE) sobre su curioso régimen de monarquía de partidos o partitocracia, lo que le ha llevado a incluirla en la “lista negra” de países con libertades restringidas, donde figuran Serbia, Bosnia-Herzegovina, Rusia, Bulgaria, Albania, Azerbaiyán, Uzbekistán, Kazajstan y Kosovo. Mientras condena a España, la OSCE valora los avances democráticos producidos en Turkmenistán, Afganistán, Moldavia, Kazajstan, Bielorrusia, Azerbaiyán, Ucrania y Montenegro en política penitenciaria, fronteriza, judicial, industrial, libertad de prensa, propiedad intelectual, violencia de género y medio ambiente, según la relación de los comunicados de condena similares a los que han tenido al régimen español como protagonista.

Existe siempre el manido argumento de que aplicamos las normas conforme lo hacen los países de nuestro entorno.  Sin embargo:

Por el contrario, Grecia, Italia, Portugal, Suiza, Reino Unido, Estados Unidos, Croacia, Hungría, Italia, Moldavia, Polonia, Serbia, Eslovaquia y Ucrania sí han permitido a la OSCE inspecciones de diplomáticos independientes en calidad de observadores para vigilar si se dan las condiciones democráticas en torno al derecho de reunión y manifestación de sus compatriotas.

En la OSCE no dan crédito:

El embajador Lenarcic recuerda que España se comprometió ante la comunidad internacional a garantizar la libertad de reunión y el control internacional que lo verifique debe estar siempre preservado.

Con la llegada de un nuevo Gobierno del PP y la alianza estable con el PSOE en cuanto al régimen monárquico se refiere, lo único que ha podido verificar la OSCE es que “este cambio es sorprendente”, pues antes las autoridades diplomáticas podían comprobar el estado de las libertades en España “con buena cooperación” y ahora no pueden, ya que sus representantes son expulsados.

(…) en efecto en su plantilla figuran los seis observadores expulsados de España: Omar Fisher, Irina Urumova, Aleksandra Dloubak, Bartlomiej Lipinski, Marcin Jezulin y Yevgenia Aretisova.

En resumen, en el exterior miran con asombro cómo nos vamos metiendo en maneras cada vez más autoritarias, y nosotros diríamos que a raíz de la crisis económica y política que nos atenaza la deriva hacia lo peor de nuestros propios demonios se agudizan.  Todo ello nos debería hacer pensar y reaccionar.

Figaró, el asamblearismo de un pueblo

Fuente:  eldiario.es

Figaró es un pueblo de la provincia de Barcelona con poco más de 1.100 habitantes que destaca por su asamblearismo:

El alcalde en cuestión se llama Lluc Peláez y no tiene ninguna duda de que esta es la mejor fórmula para gestionar la alcaldía de Figaró-Montmany, un municipio de poco más de 1.100 habitantes de la provincia de Barcelona. Pelàez forma parte de la Candidatura Activa del Figaró (CAF), una agrupación de electores que un buen día decidieron prescindir de los partidos políticos y organizarse. Las primeras elecciones a las que se presentaron fueron las municipales de 2003 y, desde entonces, gobiernan el pueblo. Al principio lo hacían en minoría, gracias a un acuerdo con CiU, pero con el paso de los años, las experiencias de democracia participativa se han ido consolidando y en las elecciones de 2011 consiguieron la mayoría absoluta. Desde entonces, gobiernan solos, con todo el pueblo.

Explica que:

Nuestro objetivo era, desde el principio hacer una democracia participativa, reglamentarla y cumplirla

Y que lo que más les ha llamado la atención es:

ver cómo la gente del pueblo se ha ido implicando cada vez más

Es decir, que el asamblearismo no es una entelequia, y menos en el mundo municipal, que no es una cosa de locos, ni imposible, ni de gente absolutamente implicada.

Cierto que requiere un método, un respeto, una implicación, una colaboración;  pero es posible y deseable.  Así lo demuestra la gente del pueblo de Figaró.

Pueden ser asamblearios y participar hasta los niños:

Aunque la participación en las diferentes decisiones es de todos los segmentos de la población, el alcalde se siente especialmente orgulloso de la implicación de los niños. Con la colaboración de la escuela, el Ayuntamiento ha creado un canal con las familias a través de los niños. Desde la escuela ponen en marcha procesos participativos con los alumnos que, cuando llegan a casa , lo consultan con sus padres. “Ahora sentimos como los niños hablan del bien común y de intentar mejorar el pueblo”, explica satisfecho el alcalde.

Suponemos que cuando estos niños lleguen a adultos serán gente comprometida, crítica, constructiva, con experiencia en la política.  Suponemos que será más difícil engañarles, que no serán delegadores, que serán solidarios.  Por lo tanto, suponemos que la sociedad en la que ellos vivan será mejor.

¿Habrá problemas, discusiones, tensiones?  Seguro.  Pero posiblemente las gestionarán de manera más creativa y participativa, verán en los conflictos no algo de lo que hay que huir, sino oportunidades de mejorar.

La CAF se presentó a las elecciones con un programa electoral que votaron los vecinos. Después de ganar discutieron con el pueblo, repartido en diferentes comisiones, los puntos del programa y así redactaron el Plan de Actuación Municipal (PAM) de toda la legislatura. Además, cada año se hace una votación donde los ciudadanos pueden escoger a qué se destina entre el 5% y el 10% del presupuesto. En la papeleta hay una lista con una treintena de posibles actuaciones donde se incluye también lo que cuesta cada una

Es decir, la democracia participativa no depende tanto de que falten ideas o participación sino de la voluntad de los políticos de dejar de mangonear y de llevarse prebendas, cambiando hacia el bien común y hacia la participación transparente e igualitaria.

Ya existen las herramientas para hacer que la democracia sea más radical, pero las tenemos que pedir”, añade el alcalde.

Excelente la iniciativa, nos da mucha envidia y, desde aquí, les mandamos nuestras felicitaciones y admiración.

Ahora, arrimando el ascua, un poco, a nuestra sardina, el mundo de la Defensa, nos planteamos si podría ser posible la participación popular transparente en la toma de decisiones, en la planificación de las actuaciones, en la decisión del gasto, en la decisión de qué y cómo queremos defendernos.  Seguramente así podría ser y las herramientas también existan.  Lo único que falta para democratizar el tema de la Defensa son dos cosas:  voluntad política y voluntad popular.  Es, por lo tanto, imprescindible inventar y aplicar, desde abajo, una nueva cultura de Defensa para lograr la soberanía ciudadana en temas de Defensa.

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