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Memoria Antimilitarista: enero de 1976; la Casa del Rey acusa recibo de la desobediencia de los objetores

Fuente: Archivo de Utopía Contagiosa

El documento recuperado:

Damos a conocer dos documentos:

  1. Uno, el manifiesto que entregaron a la opinión pública y a diversas autoridades el 31 de diciembre de 1976, los antimilitaristas Vicente Amurgos Galán, Ovidio Bustillo García, José Díaz Faixat, Guillermo Louis Cerceda y Jesús Viñas Cirera, manifestando su rechazo a incorporarse al ejército.
  2. Dos, el acuse de recibo del mismo, firmado por el Jefe de la Casa del Rey, Marqués de Mondejar, de 7 de enero de 1976.

El contexto.

No queremos extendernos demasiado en el contexto. El 20 de noviembre, un mes y unos días antes de la emisión de este manifiesto de los objetores, había muerto en la cama el General Franco, asumiendo la Jefatura del Estado del franquismo Juan Carlos Primero de Borbón, General en jefe de los ejércitos y designado por el aparato franquista como rey.

Los antimilitaristas y objetores de todo signo eran duramente reprimidos por el aparato penal del franquismo, lo cual era lógico en un régimen cuya ley fundamental, el Fuero de los Españoles, jurado en su día por el Rey, decía en su artículo 7 que el servicio militar era un deber y un honor de todos los varones españoles.

Después de dos intentos, fallidos, de legislar (de forma muy punitiva) la objeción de conciencia al servicio militar y tras una rebelión interna del franquismo en contra de toda exención de esta escuela de adoctrinamiento, el régimen de franco había sancionado un código de justicia militar que penaba con penas de entre 3 y hasta 8 años de cárcel a quienes rechazaran realizar el servicio militar.

A la muerte de Franco eran más de 300 los jóvenes encarcelados por estos motivos y con arreglo a esta legislación y, si contamos desde los primeros represaliados por estas causas, acumulaban los objetores más de 1000 años de cárcel entre todos.

En este contexto, los jóvenes arriba reseñados decidieron enfrentar al franquismo manifestando pública y pacíficamente su rechazo a realizar el servicio militar al que habían sido llamados y realizando, como desafío, una prestación civil voluntaria al servicio de la gente más desfavorecida del barrio de Can Serra en Hospitalet, donde esperaban ser detenidos por la policía del régimen.

Con el apoyo de diversas instituciones, entre ellas Justicia y Paz, que apareció por la época como promotora de la petición, avalada por 1200 firmas, de que se autorizara un servicio alternativo al servicio militar (“voluntariado para el desarrollo”), los jóvenes pacifistas empezaron a desarrollar, por su cuenta, ese voluntariado, y dieron difusión al manifiesto que adjuntamos al presente documento para que se conociera su desafío y su propuesta de desobediencia al ejército y a la preparación de la guerra que era el servicio militar.

 El manifiesto “Un camino para la paz”

Los 5 firmantes del documento habían sido llamados a filas con orden de incorporación entre el 17 de octubre de 1975 (días antes de la muerte de Franco) dos de ellos y enero de 1976 los otros 3. Ninguno de ellos había aceptado la incorporación y se habían negado a realizarla, por lo que a la fecha de este documento, podían ser detenidos y encarcelados por negativa al servicio militar.

El documento en el que los objetores daban muestra pública de su desafío, explicaban sus justificaciones, su actuación desobediente y su pretensión.

De este modo, los objetores explicaban sus razones: animar a muchos a defender activamente el derecho a la objeción de conciencia”, “ser fieles a su conciencia“, y, sobre todo

apostar por una sociedad sin clases y sin guerras, a una sociedad de hermanos, lanzar un grito de esperanza en un mundo nuevo, cuyas bases deberíamos ir preparando desde ahora. Y para ello, nos negamos a participar en el servicio militar, preparación para la guerra, empezando por nosotros mismos el desarme universal”

Por ello, una motivación claramente antimilitarista, negarse a preparar la guerra y construir desde esa estrategia caminos de verdadera paz y justicia.

Su estrategia estaba claramente diseñada desde la práctica noviolenta de la desobediencia civil:

  • Por una parte, desafiaban de forma pública y notoria al servicio militar negándose a acatar el mandato de incorporación al ejército, a pesar de saber que podían ser encarcelados por ese desafío.
  • Por otra parte, para anunciar en una sociedad donde la objeción era algo desconocido la naturaleza de la apuesta que realizaban, organizando un servicio de trabajo voluntario a favor de las necesidades sociales de un barrio empobrecido, retando al Estado a que fuera allí a detenerlos.

Tenemos que recordar que la evolución de que posteriormente tuvo la objeción de conciencia y la estrategia de los antimilitaristas españoles hacia el servicio militar y por la desmilitarización, varió sensiblemente respecto a la reivindicación de un servicio voluntario en favor del desarrollo. Lo hizo sobre todo a partir del momento en que la ley consagró una prestación “sustitutoria” del servicio militar que servía principalmente para penalizar la apuesta pacifista (su duración, su penalidad, etc.) y para reforzar el propio servicio militar. Dado que esa prestación, por bienintencionada que fuere, no permitía aspirar a la abolición del servicio militar ni llevar más allá la crítica antimilitarista, la propia radicalidad de la apuesta originaria (luchar contra el militarismo y contra la preparación de la guerra) llevó a los objetores a profundizar en la estrategia desobediente y a renunciar al camino del voluntariado como apuesta del mundo alternativo que se quería defender.

No era ese un debate en el momento en que los compañeros de Can Serra desafiaron al servicio militar y no lo será hasta mucho después, como podremos documentar en otro momento.

El acuse de recibo del Marqués de Mondéjar.

Junto con otras muchas autoridades del franquismo, a quienes los objetores remitieron su manifiesto de desafío, la Casa Real también fue destinataria de la carta de los desobedientes de Can Serra.

El objetivo era claro: desafiar. Conseguir una reacción, ya sea favorable, con lo que se abría la práctica desobediente para obtener conquistas sociales, o represiva, con lo que se acentuaba la perversidad del régimen, se deslegitimaba su respuesta y se justificaba más aún la actitud de los desobedientes.

En este caso, el marqués de Mondéjar, como otras instancias, se vió sin capacidad y, ante el desafío, se limitó sencillamente a acusar recibo del envío del manifiesto.

Una pequeña semilla en el largo camino por la desmilitarización.

Marcador

Recuperar la memoria: el lejano día en que el gobernador civil de Barcelona prohibió un acto sobre la Objeción de Conciencia

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El acto que queremos recordar es la prohibición de celebrar una inofensiva mesa redonda sobre objeción de conciencia.

Sucedió, como podemos ver en el documento que así lo acredita, el cual obra en nuestro archivo, y que hemos escaneado, el día 27 de enero de 1976.

Para ver el documento digitalizado, pincha sobre el siguiente enlace: prohibición acto 1976

Contexto:

Para ponernos en situación empecemos por decir que el dictador, General Francisco Franco, había muerto meses antes y tras varias décadas de feroz y anacrónica dictadura militar, en noviembre de 1975.

A su muerte se pretendía iniciar por una parte de la élite del franquismo una tímida “apertura” (así se llamaba) del régimen militarista y dictatorial, hacia unas formas e instituciones más homologables con las europeas, mientras que algunas fuerzas (en realidad muy escasas) de oposición se articulaban para desmantelar la dictadura y conseguir un régimen de libertades cívicas y la inmensa mayoría de la población vivía, como ahora, en una especie de abulia y delegación de todo tipo de responsbailidades personales que pudiera implicar un compromiso más decidido.

Si hacemos caso de algunos investigadores, esa “tímida apertura” desde arriba estaba muy controlada desde los intereses de EE.UU y otros países occidentales e intentaba preservar un cierto formalismo democrático pero de baja intensidad y con una participación más bien apática de la ciudadanía. No será hasta el 30 de julio de 1976 que se diera la anmistía de los presos políticos en España y no será hasta 1978 que se aprobará la constitución.

En todo caso, a tan pocos meses de la muerte del dictador, la extrema derecha seguía controlando los mecanismos y palancas del estado y el régimen franquista no se había hecho aún el harakiri, por lo que el poder militar era apabullante. El propio Rey no se había atrevido aún a promover el desmontaje del aparato franquista y a lanzarse por la vía de apoyar una reforma política y una constitución.

En noviembre de 1975, con Franco agonizando, España acababa de “perder” su última colonia militar: el Sáhara Occidental, uno de los símbolos de la parte africanista del ejército.

En el contexto internacional, se vivía la llamada “guerra fría”, una confrontación a todos los niveles entre el bloque de estados europeos controlados por EEUU y el bloque de estados controlados por la Unión Soviética. Una confrontación que también lo era, de forma soterrada y sin enfrentamiento armado directo, en el aspecto militar. España estaba de facto alineada al bloque de EE.UU, que mantenía (como ahora) bases militares en territorio español a cambio de apoyo político para la impresentable dictadura del general Franco.

En ese contexto, además, los jóvenes españoles tenían la obligación legal de servir al ejército como soldados forzosos y quienes se negaban a hacerlo, desde el año 1973, podían ser condenados a penas de 3 años a 8 de cárcel, que se encadenaban a nuevas condenas, si el joven seguía declarándose objetor y negándose a cumplir el servicio militar, hasta un máximo de 20 años.

Los objetores en aquel entonces:

A la muerte de Franco, había cerca de 300 objetores de conciencia encarcelados por negarse a servir al ejército. La mayoría eran Testigos de Jehová, pero ya se habían dado casos de objetores noviolentos y con argumentos políticos que pomovían el rechazo a la mili por razones pacifistas.

En 1970 el gobierno español había intentado regular la objeción de conciencia siguiendo las recomendaciones del Consejo de Europa, pero el proyecto (en total hubo 2 proyectos en tiempos de Franco) tuvo un amplísimo rechazo político, lógico en un régimen tan militarista, e hizo que el gobierno desistiera de regular la objeción y prefiriera únicamente reprimir con penas carcelarias a los objetores. Un general de la época dijo en las cortes franquistas, para referirse a los objetores pacifistas que lo que eran buenos deseos y cuestiones espirituales en los testigos de Jehová se convertía en subversión en el caso de los objetores políticos. El general proponía duros castigos y exámenes psiquiátricos para los objetores tan subversivos.

La organización de los objetores pacifistas vino creciendo y en 1975 se presentaron más de 1.000 firmas de objetores que rechazaban cumplir el servicio militar pero afirmaban estar dispuestos a realizar un “voluntariado para el desarrollo”, que era una propuesta que formularon poco antes Pepe Beúnza (el primer objetor de conciencia de motivación política que tuvo relevancia mediática y movilización a favor de su causa por parte de algunas fuerzas sociales del momento) y Gonzalo Arias, un destacado militante de la noviolencia, hoy fallecido. También se habían iniciado los primeros servicios civiles “autogestionados” por parte de objetores como desafío al servicio militar. De ellos hablaremos en otros documentos de recuperación de memoria que iremos presentando.

Nuestro Documento.

Pues bien, en ese contexto, varios objetores de conciencia que recientemente habían pasado por prisión y otros que estaban promoviendo la realización de un servicio autogestionado como desafío al militarismo, prepararon una “inocente” mesa redonda sobre la objeción de conciencia.

Lo hicieron en Barcelona, auspiciados por la Comisión de Cultura de la Sección catalana de la Asociación Nacional de Ingenieros Industriales, que, como era obligatorio en aquel momento, comunicó la celebracion del acto que tendría lugar el 27 de enero de 1976 a las 19 horas.

El acto convocado tenía el formato de una mesa redonda, en la que intervendrían:

  • Vicente Amurgos Galán
  • Ovidio Bustillo García
  • José Diez Feuxat
  • Guillermos Louis Cereceda
  • Jesús Viñas i Cirera

La temática del acto sería, según aparece en las invitaciones que se hicieron para el acto:

  • Historia de la objeción de conciencia en España
  • Situación de los objetores de conciencia en otros países
  • Una alternativa al servicio militar: el voluntariado para el desarrollo (Servicio Civil).

Pues bien, el documento que damos a conocer niega y prohíbe este acto. Explica el gobernador civil de Barcelona que “…no procede acceder a su petición habida cuenta de que no se ha dado cumplimiento a lo prevenido en la circular 142 de este gobierno civil sobre Actos Públicos y que aparece publicada en el B.O. de la Provincia nº 270 de fecha 11 del pasado mes de Noviembre.”

El documento nos enseña por una parte la vitalidad que empezaba a tener la lucha antimilitarista en aquellos años, y el tratamiento siempre receloso que el poder tenía entonces y sigue teniendo ahora hacia el antimilitarismo. Pero también nos muestra una estrategia, la de enfrentar desobediencia y alternativas a las imposiciones del militarismo.

¿Arrecia el militarismo en Colombia?

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Fuente: el Periódico.com

Con los vándalos no habrá ninguna contemplación,

Lo ha dicho el Presidente de Colombia (por cierto, en tiempos del anterior presidente, el paramilitar Alvaro Uribe, fue Ministro de Defensa), tras de lo cual ordenó el despliegue de las tropas del ejército por las calles de Santa Fe de Bogotá, la capital.

Los vándalos a los que Santos abomina y contra los que manda la tropa son, nada más y nada menos, los campesinos y los bogotanos que salieron a la calle a protestar en apoyo de las reivindicaciones (por cierto, reinvindicaciones de justicia innegable). Ellos, los vándalos, quieren trabajo digno, seguridad humana, un nivel de vida digno, paz de verdad,… Nociones, al parecer, tan subversivas que uno puede llegar a acuerdos, de igual a igual, con una guerrilla tan militarizada como el propio Estado y que como el propio Estado entiende la lógica militar, pero no con esos vándalos que quieren, por las buenas, seguridad humana y paz con contenidos.

Santos estaba que lo tiraba y prometió no parar en esta nueva muestra de fuerza bruta y militarizar hasta el último centímetro del país de Macondo.

«Así lo haré a partir de hoy en cualquier municipio o en cualquier zona donde sea necesaria la presencia de nuestros soldados»,

Y dicho y hecho. De momento ha puesto en movimiento a 50.000 militronchos para apoyar las labores de represión de la policía y acabar con la protesta de los campesinos.

Y a la amenaza militar, como buen manipulador que es el Don Santos, la insidia y la mentira: los campesinos son subversivos infiltrados, maleantes, ratas a las que hay que exterminar.

Bien está que se hable de derechos humanos, pero dentro de un límite. Una cosa es la libertad de creer en lo que a uno le de la santa gana, pero otra bien distinta la apuesta por lograr conquistas sociales. Es entonces, cuando el tema de los derechos pasa de la idea a la concreción, cuando se desvela el materialismo y la subversión de los campesinos. Que sueñen con pan es una cosa, pero que lo repartan de forma que todos tengan su pedazo justo, eso ya es subversión.

Los campesinos iniciaron sus protestas porque los tratados de libre comercio en los que Colombia se ha alineado con las tesis de EE.UU les han llevado a la más fatal de las ruinas. Piden subsidios para resistir el estado de quiebra. Piden garantías en materia de salud pública, educación y desempleo. Piden que se valoren justamente las semillas limpias, los cultivos limpios de químicos, la carne, los huevos y la leche libres de hormonas. Piden garantías de un derecho a los alimentos. Piden salir del ostracismo, del abandono, de la pobreza. Piden acceso a la tierra, agua potable. Protestan contra las concesiones mineras que contaminan la tierra…

Y, dado que no les hacen ni puñetero caso, han empezado una campaña de presión, incluidas marchas y cortes de carreteras.

No parece mucho pedir, y desde luego, no parece que estos pedidos justifiquen la guerra contra el campesinado. Contra el campesinado y contra cafeteros, cacaoteros, mineros, cultivadores de patatas, arroz, algodón, trabajadores sanitarios, transportistas, mineros, estudiantes, grupos de la izquierda no armada, sindicatos y grupos que defienden el acuerdo de pa. ¿Son todos vándalos?

Pero Santos les ha mandado los soldados. Y por cierto, ya ha provocado muertos.

Triste destino de Colombia, donde sus élites responden al pueblo con militarismo y guerra contra el pueblo.

Por cierto, Santos, estando así las cosas, nosotros, también somos vándalos.

Menos mujeres en el ejército

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fuente: El País

A pesar del cacareo de que el ejército es igual para hombres y mujeres y toda la parafernalia con la que se intenta incentivar el aumento del número de mujeres en el ejército, las cifras arrojan datos que nos hacen pensar que, en general, las mujeres pasan del ejército mucho más de lo que el ejército dice y quiere.

Únicamente el 12,3% de los miembros del ejército es mujer, frente al apabullante 87,3 de hombres.

¿Será por las trabas y el machismo, como predica la opinión oficial, o porque, sencillamente, las mujeres pasan del ejercito, como se supone de la buena lógica?

En cuanto a las trabas, la legislación militar ha ido incentivando la incorporación de la mujer a los ejércitos aprobando normativas contra los abusos de autoridad, sobre la conciliación de la vida familiar, sobre la maternidad y otras, pero ni así.

Conforme reconoce un portavoz militar la desafección es preocupante para el ejército:

Lo más preocupante es que cada vez ingresan menos. Si en 2008 las mujeres representaban el 11,5% de los nuevos soldados y marineros, en 2011 solo eran el 4,8%. Aun peor es la evolución entre los cuadros de mando: el año pasado solo 17 mujeres (4,7%) consiguieron plaza como oficiales y, por vez primera, no hubo ninguna entre los suboficiales.

Parece que ni los cantos de sirena del empleo y la promoción personal, ni los anuncios de emociones y otras simplezas con las que el ejército intenta engatusar cada año a los jóvenes para integrar las fuerzas armadas convencen a las mujeres, lo cual es una buena noticia para quienes aspiramos a un futuro más cuerdo y sin ejércitos.

Se multiplica por 18’77 el gasto en material antidisturbios: ¿quién es el enemigo?

Fuente:  Público.

En muchas ocasiones argumentamos que esta crisis económica y política que sufrimos nos está llevando, cada vez más, a preguntarnos quién es el enemigo.

La profunda crisis económica y social en la que vive España, ha provocado la multiplicación demanifestaciones y protestas de buena parte de la sociedad civil, que demanda un modo diferente de hacer política. El aumento de la conciencia crítica ciudadana no ha servido, por el momento, para que el Gobierno del Partido Popular varíe sus políticas, pero si para responder a este malestar con medidas que se traducen, por ejemplo, en el destino que el Ministerio del Interior dará a su presupuesto en los próximos años.

Así, se pasó de los 173.670 euros de 2012, a 3,26 millones de euros en 2013 en la partida destinada a la compra de “Material Antidisturbios y Equipamientos Específicos de Protección y Defensa”. 

Parece claro que el Gobierno no se alinea en el mismo frente que las personas en España.  Parece obvio que se alinea enfrente y con una actitud violenta y de enemigo declarado.  El aumento de 18’77 veces en material antidisturbio así lo manifiesta.

Una cantidad que servirá para reponer y modernizar el material que utilizan las unidades antidisturbios. Un material que incluye chalecos antibalas, gases lacrimógenos, porras, escudos, y pelotas de goma.  A su vez, la Generalitat de Catalunya anunció el pasado 12 de junio que los Mossos d’Esquadra dispondrían, ya para el mes de julio, de un camión policial equipado con varios cañones de agua y con un alcance de hasta 60 metros de distancia para dispersar a los manifestantes. Una imagen que, hasta ahora, en las calles españolas sólo era un recuerdo ligado a la Dictadura franquista y difuminado desde la Transición.

La Generalitat recuperará ahora los cañones de agua como un recurso aceptable ante la opinión pública, por mucho, que los medios de comunicación muestren cada día escenas de enfrentamientos entre policía y manifestantes, como se han dado en las últimas semanas en Brasil, Turquía o Egipto. Protestas dispersadas con el uso masivo de botes de humo, gases irritantes y lacrimógenos, y agua proyectada desde los cañones, a los que en ocasiones, se les añade colorante, que tiñe la ropa, o líquidos oleosos, que funcionan como auténticas bombas fétidas, y que sirven para marcar a los manifestantes.

Estos gastos los hacen con nuestros impuestos y contra los intereses y necesidades generales.  Sólo les interesa defender a las élites y a sus privilegios.  Si la política habitual no sirve para defender los derechos humanos, políticos y sociales;  si además los políticos habituales ya se encargan de cercenar las propuestas de cambios que pide la población y sólo las asumen cuando no les queda más remedio;  sólo nos queda la calle.

La calle está siendo usada de dos maneras:

  • -  para protestas.  Continuas, masivas, minoritarias, generales, específicas, de ida y vuelta como las mareas, …  En la mayor parte de los casos son pacíficas y llevan aparejadas actuaciones de propuestas en positivo, todas desoídas por los poderes.
  • -  para hacer política al estilo 15 M.  Miles de personas, todas las semanas, se unen en las calles, las plazas, los parques, …, para informarse, debatir, decidir y actuar.

Entre tanto, los políticos multiplican por 18’77 el gasto en material antidisturbios.  Parece que lo que queremos decir y lo que queremos proponer, al no encontrar hueco en los cauces habituales de la democracia y tomar la vía callejera, les molesta y les asusta.  Y se defienden.  Se defienden contra sus compatriotas, conciudadanos, votantes, vecinos, etc.

Les asusta la participación ciudadana, las ideas alternativas, las propuestas solidarias.

¡Qué pena de política al uso!

Los cuerpos de seguridad pretenden:

 “disolver a las multitudes con eficacia pero sin provocar grandes escándalos políticos deben poder disponer de un amplio abanico de medios que les permita una respuesta represiva gradual y flexible”. Es en esta respuesta donde se encuentra la generalización en el uso de las catalogadas como armas “no letales”. Una disuasión eficaz, sin un excesivo coste político y con unos materiales que empiezan a desarrollarse en los años 1960. De la mano de las fuerzas armadas de las grandes potencias, tienen como campo de pruebas países del Tercer Mundo. O, como es el caso de Palestina, se han convertido de forma directa en “un campo de experimentación para las empresas de seguridad y defensa israelíes”, donde se han probado, y utilizan, entre otro tipo de armas, la mayoría de ellas letales, balas y bombas fétidas. Un proyecto, el de las llamadas “bombas mofeta”, que comenzó a ser desarrollado en el año 2004 y que, como su nombre indica, reproduce de forma sintética el desagradable olor que segrega este animal. Una tecnología adoptada por la policía británica el pasado año y anunciada por Scotland Yard como un método eficaz para combatir los disturbios callejeros en las Islas.

Pero no sólo se encuentran dentro de esta categoría de armas las ya conocidas pelotas de goma, las pistolas y porras eléctricas o los cañones de agua, sino que se incorpora armamento desarrollado por programas militares para su uso directo en conflictos bélicos y en los que se han experimentado con armas diseñadas para incapacitar o repeler con una baja probabilidad de causar la muerte o daños permanentes a los oponentes. Entre este armamento destacan los fusiles láser y otras armas ópticas, capaces de provocar ceguera transitoria y/o definitiva, cañones de sonido, que aturden con la emisión de altas frecuencias al generar vértigo, espasmos, confusión mental y náuseas, o cañones de microondas que provocan quemaduras y dolor. A estos materiales, algunos de ellos, como los cañones de sonido, probados ya en protestas en Estados Unidos, se les unen otros, que parecen salidos directamente de la ciencia-ficción y no de laboratorios de los contratistas de defensa, como fusiles electromagnéticos -provocan ataques similares a los epilépticos-, pistolas de energía termal, que elevan la temperatura corporal, lanzadores de espuma, que inmovilizan a las personas pegándolas al suelo, o armas psicotrónicas, que pueden provocar trastornos mentales transitorios.

Estas armas, usadas en conflictos “de baja intensidad”, sirven también para disolver manifestaciones o reducir a detenidos por la policía, lo que deja entrever, como señala el Centre d’Estudis per la Pau, “la militarización de la policía” en cuanto a sus procedimientos de actuación y al tipo de materiales usados. Algunas de estas armas, las más pequeñas y manejables, como las pistolas Taser o las porras eléctricas, pueden ser incluso adquiridas fácilmente a través del comercio online, aunque en España esté prohibido su uso a particulares. A esta carrera por conseguir las armas “no letales” más novedosas y menos “dañinas”, se incorporan incluso los ayuntamientos que, como en el caso de algunos consistorios catalanes, se han interesado por adquirir camiones dotados con cañones de sonido.

Sean o no letales (lo cual es muy relativo) pueden producir  y producen graves daños en muchas ocasiones y no dejan de ser armas.  Cuando la clase política se defiende con armas, letales o no, de los ciudadanos a los que representan, o deberían representar, algo va muy mal en la política y quizá nos indica quién es el enemigo.

Y una última pregunta:  ¿puede este gasto ser considerado como una parte más del gasto militar?

¿Qué pretende Utopía Contagiosa?

Por cortesía del Área de Cooperación de la Universidad de Valladolid, presentamos este video en el que nos preguntan qué es y qué propuesta tiene Utopía Contagiosa.

 

Estamos de suerte: la poli va a comprar cartuchos y vestuarios para sus nuevas actividades

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Fuente: Infodefensa

Si hace unos mesecillos informábamos que el Ministerio del Interior había presupuestado superar en más de un 1.780 % su presupuesto para material antidisturbios, pensando ya en lo escracheantes que nos íbamos a poner en un cierto momento, ahora sabemos que, además, han abierto un concurso para licitar la compra de “prendas de vestuario” y 3.500.000 cartuchos para sus “unidades de intervención policial”.

Los interesados en pertrechar a los maderos tienen de plazo para presentar sus ofertas económicas hasta el 22 de mayo, aunque es de suponer que ya tendrán más o menos claro a quién van a dar este negocio.

Ya vemos, estos buenos hombres se están armando para defendernos de nuestros enemigos. Ropa de choque con la que amedrentarlos, cartuchos con la que dispararlos, todo un lujo de fuerza.

En nuestro criterio gastar dinero en armas implica gasto militar por mucho que sean para la policía.

Ahora nos cabe la duda. ¿Quiénes son los enemigos de estos señores tan bien plantaos?, ¿seguirá siendo el enemigo interno, como cuando funcionaban a pleno rendimiento los tribunales de orden público? ¿será que se animan a luchar contra la violencia estructural, contra el paro, contra los recortes, contra el abuso bancario, contra la corrupción, contra la oligarquización del poder, y un largo etcétera? Y si se alinean con estos propósitos de lucha, ¿para qué narices necesitan armas y uniformes?

No entendemos nada.

Los desmanes del militarismo (1)

Pintando+amaneceres

FUENTE: Artículo publicado en el periódico semanal Es Hora por Utopía Contagiosa

El imaginario vigente en nuestro rancio patrioterismo militarista señala, no sin épica a tono, que el ejército es una de las mas gloriosas y abnegadas instituciones que nos podemos echar a la cara. Tan admirativa devoción viene acompañada de la sumisa admiración de las estruendosas manifestaciones (desfiles, exhibiciones aéreas y otros gestos) y por la exculpación a los desmanes que sus miembros realizan o han realizado, por inmorales o graves que sean o hayan sido estos, los cuales quedarán reducidos a actos de incontrolados o excepciones a la regla general

 Podríamos ejemplificarlo con la más reciente burriez militar: el vídeo recientemente difundido sobre los malos tratos y torturas ejercidas por efectivos militares españoles a un detenido irakí en Dinawiya allá por 2004. En el momento en que se tuvo publicidad nnegable de tal desmán, se aprestó la vocera del PSOE, Doña Trinidad Jiménez, a lamentar el hecho, a pedir, “si aun estamos a tiempo” el castigo de sus culpables, pero sobre todo a enfatizar las bondades de nuestro ejército y de sus misiones en el exterior, declarando la admiración del PSOE por el ejército y aclarando que estos hechos aislados no tienen nada que ver con la dicha institución. Llamativamente, el vídeo que desvelaba torturas quedó en flor de un día y ha sido devorado por el silencio posterior y, a lo que parece, empantanado ante una supuestamente independiente investigación por parte de la “justicia militar” (qué contrasentido que ellos tengan jueces propios y se juzguen a sí mismos). Ya nadie habla de ello. Los medios de comunicación cómplice miraron para otro lado y los políticos extractivos que soportamos se dedicaron a sus peleas urgentes y alejadas de la preocupación ciudadana.

 Podemos a ello sumar el papel exaltado de la televisión publica ante las manifestaciones religiosas de la semana santa malagueña, dando una cobertura inmodesta a la Legión (si, la Legión) procesionando con el “Cristo de la buena muerte”, con elogios nada recatados a este cuerpo militar tan poco conocido en sus actuaciones en el exterior de todos los tiempos, desde que el General Millán Astray, ese novio de la muerte que amenazó a la intelectualidad, la creó, hasta nuestros días.

 ¿Llama a alguien la atención la falta de criterio de nuestros informadores sobre temas de defensa?¿Alguna vez han tenido en sus “informaciones2 una fuente que no sea el pripio militarismo?¿Han oído un análisis alternativo de los hechos?¿No son agasajados mimados por el Ministerio de Defensa?

 Llama la atención la desbordante falta de información y el ensordecedor silencio de nuestros medios de comunicación, el desinterés culpable de nuestros políticos y sus preferencias temáticas, el irresponsbale silencio de las instituciones formales, de los “agentes sociales” y de casi todo el aparataje “académico” e “intelectual” hacia los desmanes del militarismo propio (nos aprestamos a señalar antes de que el cacareo argumental nos lo indique, que por otra parte no es ni peor ni diferente al de los otros militarismos mundiales, sino uno mas de sus ejemplos) y la complacencia en un sistema militar que consume ingentes recursos económicos (recursos por otra parte disfrazados sin que casi nadie los critique, a pesar de conocerse de sobra el escándalo de que algo más de 7 de cada diez € gastados en defensa son opacos al control presupuestario, o de que arrastremos una deuda de más de 32.000 mill. de € por culpa de la compra de armas pensadas para agredir a otros pueblos, deuda que crece año tras año) en detrimento del avance de los derechos y el desarrollo humano de nuestra sociedad y del resto del planeta.

 En el año 2003, el Colectivo Gasteizkoak publicó un pequeño texto en la editorial ZapAteneo (“La abominable cara oculta de los ejércitos humanitarios”) donde detallaba no una ni cien de las muy frecuentes violaciones de derechos de nuestras fuerzas militares patrias y de las de los demás en sus acciones en el exterior. Por dicho texto pudo enterase quien quiso de diversos ejemplos de maltrato de los ejércitos humanitarios, incluidos los patrios, que superan el centenar de casos. No mereció, en general, ningún respingo en las conciencias de nuestros bienpensates apolo-getas de la intervención humanitaria y no hemos oído (salvo que se nos haya escapado) que se haya realizado ni una sola comisión de investigación en el Parlamento, o al menos de carácter interno en los ejércitos o en el Ministerio de Defensa, para esclarecer estos casos. En 2008, el mismo Colectivo Gasteizkoak volvió a la carga demostrando con datos y explicaciones puntillosas de violaciones sistemáticas de derechos humanos y violencia sexista (“los ejércitos humanitarios. La violencia sexista militar” editorial ZapAteneo) que tampoco ha tenido la atención necesaria. El periodista Gervasio Sánchez ha denunciado torturas militares españolas en diversos foros, mereciendo consiguientemente el calificativo de radical e impresentable, poco cómodo a los círculos oficiales del bien, y desde luego poco escuchado, cuando no denostado, por éstos.

 Tampoco ha llamado la atención la opinión de la portavoz de la ONU Theres Gastaud en 1996 “las naciones unidas carecen de un sistema judicial y por tanto no pueden hacer nada. Son los países de donde proceden los soldados, es decir, la justicia nacional de cada estado implicado la que debe castigar a los cascos azules que han tomado parte en los ataques…” (El Correo 05-12-1996).

 Junto con los poco edificantes casos de malos tratos cometidos durante las diversa guerras donde nuestros disfrazados soldados jugaron a la ayuda humanitaria, tenemos casos en los últimos tiempos de tropelías en maniobras que han dado lugar a incendios en zonas forestales y agrícolas (hemos contado más de 10 en los últimos cinco años), de timos y estafas cometidos por mandos militares para cobrar subvenciones, dietas indebidas o mordidas a partidas de alimentos o similares, de vejaciones sexistas cometidas hacia compañeros o compañeras, de sobrevuelos de naves militares sobre pueblos que han mostrado un cierto ánimo independentista, de opiniones debidamente dosificadas de mandos militares, casi todos en la reserva como no puede ser menos, mostrando sus nostalgias por esos espadones de la dictadura o advirtiendo de la aplicación manu miliari del artículo 8 de la Consitución para salvaguardar la indisoluble unidad territorial, diversas corruptelas y mordidas dadas con motivo de los suministros de petróleo o alimentos, “corbatas” y sobresueldos que otros funcionarios no pueden ni soñar, molestias a las poblaciones olvidadas de la mano de Dios cometidas en simulacros de acciones militares contra pueblos enemigos, y un largo etcétera. ¿son, por casualidad, todo casos aislados?¿No marcan, cuando menos, una rara tendencia?

 Son muchos los escándalos sobre los que se ha pasado página de forma rápida y a menudo sin investigación por medio, a pesar de tratarse de verdaderos e inaceptables desmanes que serían intolerables en cualquier institución no armada de nuestra sociedad. ¿Por qué este trato diferente?

 Queremos con este artículo iniciar una serie de articulos sobre las actuaciones poco edificantes de los ejércitos. Pero hacerlo no fijándonos únicamente en la actualidad, que también, sino en los tiempos pretéritos, porque sostenemos que esos desmanes son una constante. Es más, son una característica del militarismo y de la defensa militar. Precisamente una característica que desmiente el papel salvícfico, benéfico y justificativo de los ejércitos.

 Los ejércitos son un mal. Hacen el mal. Sirven al mal. Y bien haríamos, como recomendó en su día nada menos que Albert Einstein, en deshacernos de ellos en beneficio de la propia humanidad.

 ¿No resulta asombroso y turbador que ninguna fuerza política del marco parlamentario se proponga en su práctica política la desmilitarización de la defensa, o al menos la reducción de esta al máximo posible?, ¿No aparece bochornoso el melífluo entreguismo de nuestros políticos a unas fuerzas armadas que no nos defienden de lo que la sociedad quiere defender? ¿Miedo, respeto o complicidad? Que cada uno escoja.

 Vayamos a recordar, a lo largo de cinco o seis artículos, el corolario de desmanes de los ejércitos desglosando algunas de sus más memorables actuaciones contra los derechos de los muchos.

 

Defensa venderá su “finca de la Vega” en Oviedo para financiar la venta de armas

Fuente: La nueva España

A preguntas de IU en el Senado, el Ministerio de Defensa ha aclarado que no piensa ceder la finca de “La Vega” (en Oviedo) al ayuntamiento, sino que la va a vender al mejor postor para sacar el máximo posible de dinero y con ello financiar sus ventas de armas.

No podemos decir que Defensa haya dado una contestación muy clara del asunto, juzguen por sí:

“la fórmula empleada por el Ministerio de Defensa para determinar el futuro de las instalaciones de la Vega consistirá, en su caso, en llevar a cabo el mismo proceso que se sigue con todas las infraestructuras de la defensa”

Y bien, ¿qué han contestado en realidad? Pues si uno tira hacia atrás y ve cuál ha sido la famosa fórmula hasta ahora comprueba que piensan vender al mejor precio que puedan sacar.

Apunten el dato: en parte la financiación de la deuda militar por compra de armas inmorales se va a financiar, fuera de presupuestos, mediante la venta de bienes militares.

En general Defensa “vende” sus bienes de todo tipo y se queda con el precio, a pesar de que muchos de los bienes del amplísimo catálogo militar (el primer terrateniente español) fueron o bien fruto de expropación, o de uso continuado sin un título claro, o de otras fórmulas por las que en realidad quedarse con los terrenos no les costó nada o por las que pagaron un precio a sus dueños para afectar dicho bien a un destino determinado.

Cuando esto ocurre en lo civil, lo suyo es que los bienes o bien revierten a un fin útil, o el dinero sacado va a la caja general (no a la de cada ministerio) o bien, si se trata de expropiación, se llega a un proceso de reversión por el que los bienes en su día “expropiados” pueden volver a sus antiguos dueños, ya que no sirven al fin que justificó su expropiación.

¿Cómo adquirió Defensa las instalaciones de La Vega?  Apunten el dato:

La “finca” de “La Vega” encierra una antigua fábrica de armas. La finca (120.000 metros cuadrados) se requisó con dinero del estado (no del Ministerio de Defensa) se cedió en su día a la empresa Santa Bárbara para que fabricara sus ingenios militares. Dicha fábrica es la más antigua de Oviedo de las que quedan en pie. Se construyó sobre los restos de un antiguo monasterio.

Pero hay otro dato más: la estrecha relación del ayuntamiento de Oviedo y la fábrica. La podemos leer en la obra de Santos A. Cañal Álvarez publicada por el Real Instituto de Estudios Asturianos en tres tomos del que nos interesa el tercero, que recoge una serie de documentos históricos que demuestran la relación existente entre el Ayuntamiento de Oviedo y la fábrica, con el ayuntamiento siempre promoviendo la fábrica y apoyándola para que fuese un polo de desarrollo en Oviedo.

Lo suyo, nos parece, es que ahora tales instalaciones, tanto por historia y patrimonio cultural como por justicia, revirtiera al ayuntamiento y no que se venda por el ministerio para comprar más armas.  Esto es lo que deberían reivindicar, ayuntamiento, partidos políticos, sindicatos y asociaciones vecinales.

¿Hará falta un movimiento cívico que rescate estas instalaciones para el pueblo y que impida su venta para comprar armas?

Violencia cultural: Nuevas Generaciones alienta las denuncias anónimas

Left+Hand+Rotation

Fuente:  Público.

Los cachorros de la derecha de Castellón, al parecer chicos muy neutros e imparciales (tal vez más de lo primero que de lo segundo) han tenido una idea ocurrente donde las haya: Promover la denuncia anónima por parte de los alumnos contra los profesores que “adoctrinen” en las aulas.

“Me quieren adoctrinar. Que no te líen”, dice la campaña con la que pretenden, ha farfullado uno de ellos, acabar con “las imposiciones ideológicas en algunas aulas” y contra los excesos y abusos que se dan, dicen, en la libertad de cátedra por parte de algunos profesores.

Huele en torno a este asunto a caza de brujas, a inquisición y a expedientes de pureza de sangre que da miedo. ¿Volverá nuestra derecha ultramontana a las andadas?, ¿represaliarán de nuevo al cuerpo docente, como antaño, para los mismos fines?

Se nos ocurren tantos ejemplos de verdadera y obscena intoxicación ideológica a lo largo del siglo XX y, sin ir más lejos, en este mismo mes (léase la vergonzosa proclama de una profesora de religión o de doctrina social de la iglesia o algo así en el CEU, o las no menos escandalosas proclamas diarias en los colegios segregacionistas del Opus) que no acertamos a ver la oportunidad de esta campaña burda y dañina.

¿Saben estos niños que este tipo de propuestas se han dado en zonas en conflicto que han acabado en terribles consecuencias, como en Serbia y Bosnia, en Israel y otros?

¿Buscan estos niños de pepé atizar fuegos por fortuna olvidados ya?¿Pretenden polarizar más a la sociedad?

¿No es el suyo un claro ejemplo de violencia cultural, de imposición ideológica, de burriez casposa?

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