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Un nuevo ciclo inversor en armas

Por Ejército de Tierra

Fuente: El Economista.

Lo veníamos sospechando y anunciando. Nuestros dirigentes políticos y los señores de la guerra estaban muy contentos y esas alegrías suelen preludiar tristezas donde más duele al común de los apaleados mortales.

Lo veníamos advirtiendo: al escándalo de una burbuja de deuda militar impagable (más de 30.000 millones de euros) que nos provocó el ciclo de inversión en armas iniciado por el PP en tiempos de Aznar y continuó con pasmosa fidelidad el PSOE en los de Zapatero y, de nuevo, el PP del pasmoso Presidente Rajoy y su ex-ministro Pedro Morenés, le iba a suceder algo peor.

La codicia de los señores de la guerra es casi insaciable, e insondable la comprensión hacia sus demandas por parte de nuestro partido militarista tácito, con miembros adscritos en todo el arco parlamentario.

Ahora la Ministra de Defensa ha lanzado la noticia, como quien lanza una bomba.

Defensa confirma que lleva tiempo preparando un plan quinquenal de inversión en armas para “reactivar el gasto en armamento militar” (reactivar debe leerse como figura retórica) y “potenciar las nuevas tecnologías y modernizar y dinamizar la industria y su tejido.”

Un plan de esfuerzo inversor con cinco años de duración.

Obsérvese el crudo y descarnado realismo con el que nos explican sus intenciones. En el enunciado de lo que se pretende no aparece la idea de defender a la sociedad, que es justamente lo que aparentemente justifica el colosal gasto militar español. No. El ciclo inversor en armas es más caprichoso. Lo hacen para reactivar el gasto militar, para modernizar la industria militar, para dar pasta flora a sus amiguetes, no para defendernos.

Estamos trabajando para impulsar un ciclo inversor en el que se incluirán nuevos programas como adquisiciones que no necesariamente tienen que estar integradas en los planes especiales de armamento (PEAS) y que sin lugar a dudas supondrá un cambio de paso y de ritmo en la industria de defensa española. La idea es reactivarla.

¿Se fijan? Reactivarla, como si estuviera tiesa. Como si el PP no la tuviera en estado de excitación febril. Cuando, hace unos días, el Presidente de la TEDAE nos acaba de explicar que la industria de defensa durante la crisis ha salido triunfadora, ha ganado más de un 10´2%, como informa Infodefensa.

La Ministra, que se está especializando en decir naderías, dijo además

Una nación sin una industria eficaz, inteligente, competitiva y a la vanguardia de la innovación sin duda alguna es un país débil. La industria tiene que adaptarse al nuevo escenario tal y como está dispuesta a hacer

Fíjense que la frase en sí no dice nada. O nada específico. Es una generalidad que vale tanto para una industria que fabrique veneno como para otra que fabrique tecnología biomédica.

Es evidente que la inteligencia, la innovación y las otras zarandajas son objetivos estratégicos para cualquier sector productivo, pero para el bien común no da lo mismo que el dinero se use para una u otra cosa. Si la industria en la que buscamos eficacia es la que queremos que sea “competitiva” vendiendo armas a troche y moche, resulta que el perjuicio social es alarmante, pues incentiva y exporta guerras y busca un enriquecimiento que ni es socialmente útil, ni es equitativo, sino lucrativo para cuatro listillos y generador de inseguridad humana para el resto.

Si en vez de en cañones invertimos en mantequilla, en desarrollo humano y en derechos en serio, ocurre todo lo contrario: crece el bienestar social, decrece la desigualdad, se construyen nuevos consensos más inclusivos, se acorta la distancia entre los que más tienen y los que más sufren, se rompe el elitismo, se abordan los verdaderos problemas de la sociedad y se ataca el círculo vicioso que nos ata al malestar social que nos impone esta elite egoísta y calamitosa. ¿Se dan cuenta de las muy sólidas y persistentes razones que tienen los que mandan para invertir en cañones, no en mantequilla?

Añadió la Ministra que España va a cumplir cuanto antes su compromiso de elevar su presupuesto de Defensa al 2% del PIB (ojito al dato, ya no se habla de elevar el gasto militar, sino el Presupuesto de Defensa, que es una pequeña parte del gasto militar).

No lo hacemos porque lo haya pedido Donald Trump, lo hacemos porque se pactó en 2014 con los demás países socios de la OTAN y porque el gobierno tiene el compromiso de mantener la seguridad y la integridad de su población.

Ya lo ven, para ayudarnos. ¡Menuda ayuda!. Nos quieren mantener seguros, íntegros y sobre todo esquilmados y sin derecho a decidir, que es lo suyo, para que no nos volvamos molicie, que ya saben ellos que somos incorregibles. Habrá que preguntarse si no habrá alguien más y diferente dispuesto a darnos un poco de ayuda, pero en otra dirección, que a estos ya les tenemos vistas las intenciones.

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Más militarización cultural gaditana

Por Terry Hassan

Fuente:  La Voz de Cádiz.

Prometía mucho la afirmación del Ex-JEMAD, Almirante General Fernando García Sánchez en las jornadas impulsadas por el Instituto Español de Estudios Estratégicos, con el colaboracionismo acrítico de la Universidad de Cádiz, cuando afirmó rotundo ante los desinformados estudiantes de derecho y criminología del campus de Jerez:

En el mundo de la desinformación y las narrativas precocinadas es fundamental que fomentemos el espíritu crítico…

Pero luego desmereció, cuando, rompiendo con las más mínimas reglas de la lógica, afirmó de forma acrítica y con una narrativa pasmosamente precocinada y propia del mundo de la desinformación que

si consideramos que la seguridad es necesaria, las Fuerzas Armadas también.

Que, para no aburrir a nuestros lectores con disquisiciones que muestren la falsedad del silogismo, es tanto como decir que si la alimentación humana es necesaria, por ejemplo, queda demostrada la necesidad del canibalismo, o de los bollos bien preñados de grasas saturadas, pongamos por caso. Porque, que tengamos una enfermedad no requiere empeorarla con el remedio.

Teniendo en cuenta el carácter de la región, ¿se tomarían los estudiantes a chirigota las afirmaciones del Almirante?, ¿o tomarían apuntes, como en cualquier otra excentricidad más de las que se dicen en las aburridas clases de derecho?

Que seguridad y ejércitos no son equivalentes es algo que las propias Naciones Unidas vienen diciendo desde hace muchos años. Una cosa es la idea de seguridad militar, basada en ejércitos, armas, guerras, etc., y que cada vez “aseguran” menos y “dificultan” más, y otra la Seguridad Humana, que tiene que ver con la garantía de derechos humanos para todos, con estructuras justas, con protección contra el hambre, de la salud, de la educación, del medioambiente, …, como ha señalado en innumerables ocasiones el PNUD y aquí hemos explicado en tantas ocasiones.

Paradójicamente, los ejércitos, que se proclaman como la defensa de la seguridad por excelencia (eso sí, sin ninguna evidencia que confirme su amañada “justificación”, mera petición de principio) han pasado a ser uno de los factores desencadenantes de la mayor inseguridad a escala planetaria.

También lo dice Naciones Unidas, que por si fuera poco, cuenta con una resolución  del año 2011 de su Consejo de Derechos Humanos (Resolución 18/6, el Consejo de Derechos Humanos), por la cual estableció un procedimiento para proponer a la Asamblea General de Naciones Unidas reglas y acuerdos para un orden internacional justo y equitativo; resolución que ha dado lugar a que se proponga por el encargado de esta encomienda, el experto independiente Sr. De Zayas, quitar gasto militar y aplicar las reducciones de éste a políticas de paz y de desarrollo, como medio para conseguir ese orden equitativo y justo, y el aumento de la seguridad humana.

En el informe presentado en 2012 por dicho experto a la Asamblea General de Naciones Unidas, entre otras cosas, se dice

¿Cómo puede evolucionar el orden internacional existente para que sea más democrático y equitativo? Al parecer se necesitan ciertas condiciones, la más importante de las cuales es la paz (Pax optima rerum) en el sentido holístico, una paz que suponga no solo la ausencia de guerra sino también una armonía positiva; la ausencia de violencia estructural, hegemonía cultural, neocolonialismo y discriminación; y la erradicación de la pobreza extrema, como se prevé en los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

y

El gasto militar, la influencia de la industria militar, el comercio abierto y encubierto de armas y la delincuencia organizada internacional, en concreto el tráfico de estupefacientes, el blanqueo de dinero y la corrupción de los funcionarios gubernamentales y los actores no estatales, siguen teniendo consecuencias nocivas para el funcionamiento adecuado de la democracia en muchos países.

o bien

El Experto Independiente cree que es poco probable que se avance en el establecimiento de un orden internacional democrático y equitativo si los gobiernos no representan fielmente a sus electores, si persisten la explotación económica, el colonialismo y el neocolonialismo, y si se siguen ocupando territorios por motivos estratégicos, militares o económicos

para proponer

También podría barajarse la posibilidad de gravar un impuesto especial sobre todas las ventas de aeronaves y navíos militares, misiles de crucero y otras armas. Los avances en las negociaciones sobre desarme siempre son bien acogidos. Las palabras no bastan; el objetivo es encontrar la manera de redirigir los recursos utilizados por los ejércitos y reducir el peligro de que estalle una guerra, al tiempo que se liberan fondos para financiar el desarrollo y el crecimiento inclusivo”

Ya lo ven, la vinculación entre seguridad y ejércitos, tan clara para un señor Almirante General, no es tan evidente para el derecho internacional, para Naciones Unidas, o para el PNUD, por no irnos a buscar más allá de la pura y reconocida oficialidad mundial.

Pero volvamos al caso de la Universidad de Cádiz.

Porque resulta llamativo el servilismo de tantas instituciones gaditanas al militarismo y sus ínfulas. Se le prestan medios, se le hacen parabienes, se recibe a sus próceres con pompa y boato, se apoya a su industria militar, no se exige el pago de impuestos por la ocupación del territorio, ni se promociona una cultura de paz sino la exaltación de lo militar.

Y hablamos de tantas instituciones (instituciones en un sentido lato) que asombra: diputación, ayuntamientos, universidades, sindicatos, medios de comunicación, partidos políticos, instituciones educativas y culturales…

¡Como si en Cádiz la huella del militarismo no supusiera una cadena que ata a la provincia a la dependencia y a la penuria, que lastra su desarrollo y lo vincula a los intereses que defienden los ejércitos!

Deben creer todos ellos el dogma del ejército como algo bueno y sin réplica, esa “verdad” que propaga el militarismo. Lo han debido espiritualizar como cualquier otro preconcepto de nuestra cruel cultura heredada, sin pararse a analizarlo con el espíritu crítico que predicaba, retóricamente, el Almirante General García Sánchez.

De este modo, las instituciones de Cádiz, al servicio del militarismo, contribuyen a lastrar la cultura singular de Cádiz y a someterla a los intereses de los que sueñan en un mundo cuartelario, en botas y trompetas militares y bien de banderitas para gritar a pleno pulmón: ¡A por ellos, oé!

¿Tanta es la presión ambiental que los pacifistas de Cádiz no consiguen hacerse oír?

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¿Es la cooperación militar fundamental para la integración social europea?

Por Javier CruX

Fuente: Teinteresa.

Lo ha dicho la Ministra de Defensa española en sede parlamentaria y a preguntas de un diputado del PP:  la puesta en marcha de la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO, por sus siglas en inglés) representa una herramienta fundamental para la integración social, política y económica de la Unión Europea

La integración social, política y económica europea, nos parecía a nosotros, tendría que ver con un proyecto compartido de lucha por y disfrute de derechos sociales, económicos y culturales; de intercambio de conocimiento y creatividad; de apuesta por la ciencia con rostro humano; de lucha por la promoción de los derechos humanos; de apuesta por promover la paz y el desarrollo y, en fin, todo ese elenco de promesas que ha constituido el difuso ideal europeo de hacer que las personas caminen con la cabeza erguida y el paso firme en la construcción de sociedades justas y de democracia real y no retórica.

Pero ahora resulta que la famosa integración que nos prometen las élites políticas es cuartelaria, quieren hacer una sociedad-cuartel, promueven una economía de guerra y desarrollan una política  de halcones, cuyo eje principal, dice la Ministra de Defensa española, es la cooperación militar, el músculo de guerra, la amenaza a la paz.

No nos vamos a integrar, pongamos por ejemplo, ratificando los protocolos aún por firmar de la Carta Social Europea, que impondría a España cosas tan curiosas como establecer unas condiciones mínimas de renta y de prestaciones sociales para evitar que nadie caiga en el umbral de la pobreza; o modificando las leyes para que ninguna persona sin solución habitacional pueda ser desahuciada de su casa por falta de medios, para cumplir así con otra exigencia europea o, en un tercer caso, ratificando la Convención de Derechos de los Trabajadores Migrantes, que permite tratar como seres humanos a los que nuestras políticas militares y de fronteras comunes trata como sospechosos y aplica las políticas de retorno…  Por no hablar de derechos culturales, ecológicos, de las mujeres, de las diversidades sexuales y de género…

Ni lo vamos a hacer promoviendo un orden mundial justo, como pide la ONU, o fomentando la cooperación científica, técnica o el desarrollo de otros pueblos.

Nos vamos a integrar con ejércitos, con política militar, con inversión en armas, con intervenciones militares en el exterior, participando de políticas mundiales injustas y de dominación.

Así ya hubo otras (nefastas) intentonas de integración europea imperialista que, paradójicamente, han dado lugar a grandes fracasos paneuropeistas y ecuménicos: el militarismo europeo, cada vez que ha asomado, no ha integrado a los pueblos europeos, ni ha colaborado con su desarrollo, únicamente les ha impuesto la bota militar y los ha subyugado bajo su peso.

De modo que la integración a la que aspira nuestra Ministra de Defensa y los políticos al uso no es la integración a la que aspiran las plurales sociedades europeas. Mientras la primera quiere un estado militarizado y un ejército como ultima ratio, la segunda quiere sociedades justas y la cooperación y noviolencia como su ratio propia.

Lo uno o lo otro, cañones o mantequilla, derechos humanos o bandos militares.

Lo malo es que los halcones nos están haciendo creer que no hay alternativa a sus malas ideas.

Y que no tenemos, en las instituciones, una política de paz con contenidos a oponer a su propaganda de guerra.

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Concentración el 9 de noviembre contra las quintas maniobras con fuego real en Bardenas

 

Por 2018 Bardenas Libres

Asistimos a las quintas maniobras con fuego real en lo que va de año en Bardenas, las primeras desde que se anuncia en medios escritos por parte de Bardenas Libres el nuevo impulso de la campaña por el desmantelamiento de la base.

¿Será coincidencia?

Como era de esperar, estas maniobras han provocado la indignación en la zona y poco se ha hecho esperar la convocatoria de una nueva concentración, para el próximo día 9 de noviembre, por parte de la Asamblea Antipolígono. Una concentración que tendrá lugar en  la Plaza Nueva de Tudela a las 19.00 horas de la tarde, y a la que rápidamente se ha adherido la Plataforma Bardenas Libres 2018.

Según el comunicado de Bardenas Libres, llamando a participar en esta protesta,

Para nosotras, es inaceptable que estas tierras se usen para practicar la guerra, y sostener una industria inmoral como la armamentística, que genera millones de muertes y personas refugiadas. Las Bardenas deberían servir para todo lo contrario, deberían recuperar su uso y disfrute comunal, desde las buenas prácticas y aprovechamiento de nuestros recursos, de una manera sostenible social y medioambientalmente. Pero también, nos parece inaceptable que en la Junta de Bardenas, que hace mucho tiempo ya se posicionó en contra de estas instalaciones militares, se haya instalado la falta de conciencia y la inmoralidad de mirar para otro lado, y así seguir obteniendo pingües beneficios mientras nuestras tierras se ceden a los intereses de la OTAN. La Junta debería representar la voluntad de los vecinos y vecinas a las que representa, de una manera democrática y transparente. La situación y los tiempos que vivimos así lo exigen

Cada vez son más las razones que justifican el rechazo a este campo de entrenamiento para la guerra y más las personas conscientes que sienten que el desmantelamiento del polígono militar de Bardenas es una lucha imprescindible y urgente.

Para 2018 el Ejército tiene que decir si quiere prolongar el acuerdo que le une con la Comunidad de Bardenas Reales y que le permite el uso de este paraje como lugar de bombardeo, o si rescinde dicho acuerdo.

Y somos muchos los que creemos que sólo la presión social y la reivindicación política rotunda pueden conseguir que el Ejército “prefiera” abandonar este campo de tiro e irse  con su música a otra parte.

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Cataluña desde la perspectiva noviolenta

Imagen de Joan

Fuente:  Adiós a las armas.

Os ofrecemos una mirada distinta desde Cataluña.  Normalmente no se publicitan las opiniones que desde la noviolencia explican cómo se afrontan los conflictos políticos y sociales.  Por lo tanto, no está de más hacernos eco de las reflexiones de María de Lluc Bagur, del Centre Delás per la pau de Barcelona.  No todo es violencia, que es lo único que reflejan, casi, los periódicos y medios de comunicación de masas, antes bien, existen múltiples iniciativas y un fondo de acción noviolenta que se obvia.

Se obvia porque no interesa que la ciudadanía con medios noviolentos sea activa y tome en sus manos su futuro.  Eso sería demasiada participación, demasiado empoderamiento y demasiado poder popular.  Pero, sin embargo, existe:

Cataluña tiene una larga tradición de luchas sociales no-violentas, si bien es cierto que las más visibilizadas y masivas tuvieron lugar hace ya algunos años, como la objeción de conciencia al servicio militar o las luchas anti OTAN, y ahora hacía tiempo que no vivíamos ninguna multitudinaria.

De hecho, la estrategia no-violenta ha sufrido una mala prensa por parte de varios actores, algunos para estar claramente en contra de cualquier forma de organización social mínimamente revolucionaria (es decir, aquellos que se sitúan en la defensa del statu quo), pero también por parte de algunos colectivos que han identificado la no-violencia con la pasividad y la inacción.

Lejos de esto, la no-violencia ofrece estrategias de acción directa que se han demostrado efectivas a lo largo de la historia, desde las luchas anticoloniales (por ejemplo la encabezada por Gandhi en la India), la lucha antirracista (como la que inició Rosa Parks en los Estados Unidos), la ecologista (como la de Greenpeace), la antimilitarista (tantos ejemplos…!), y un larguísimo etcétera.

Estos días en Cataluña, con motivo del referéndum para la autodeterminación, hemos vuelto a ver en las calles multitud de acciones colectivas, algunas más organizadas y otras más espontáneas, que nos han hecho recordar que nuestra sociedad tiene un bagaje innegable en la acción no-violenta. La violencia estructural y física que ha ejercido el estado español ha conseguido movilizar miles de personas que se han posicionado firmemente ante una situación de injusticia y de legalidad ilegítima. De hecho, la estrategia no-violenta ha dado fuerza a las personas que participaban para seguir con su lucha día a día, porque la acción no-violenta despierta lazos de solidaridad y compañerismo y refuerza los principios del grupo, que se siente más fuerte y más unido. Prueba de esto es que los episodios de violencia policial más cruentos tuvieron lugar el 1 de octubre, y en los días posteriores las calles han estado llenas de concentraciones, manifestaciones, huelgas de trabajadores y estudiantes, paradas, etc.

La no-violencia, como estrategia de acción colectiva radical que se basa en la congruencia entre los objetivos y los medios, busca la transformación de la sociedad oponiéndose de forma contundente a la violencia estructural (es decir, la violencia del sistema), aunque esto implique desobedecer una legalidad que se considera injusta e ilegítima para la sociedad. En nuestro caso, la violencia estructural es aquella ejercida por el gobierno del estado español que está vulnerando derechos básicos como el derecho a la autodeterminación o la consulta popular, y que se ha valido de la violencia física (policial y militar) para evitar el ejercicio de estos derechos. Ante esta situación, percibida como injusta por miles de personas, se ha ido articulando una respuesta social no-violenta con el objetivo de visibilizar el conflicto, rechazar el estado policial y la militarización de las calles y, finalmente, ejercer el derecho en la consulta popular. Lo analizaremos con más detalle.

La primera fase de la no-violencia son las acciones de difusión dirigidas a aumentar la concienciación social y generar debates, y las acciones de protesta y persuasión que pretenden visibilizar el conflicto. En este sentido, las personas movilizadas para defender el derecho a la autodeterminación han participado de manifestaciones, concentraciones, encarteladas, actos informativos, asambleas populares, manifestaciones de tractores, caceroladas y muchos otros.

En una segunda etapa, la no-violencia se expresa a través de acciones de no-cooperación y presión que consiste en la negación a colaborar con las estructuras y leyes de las que se entiende que proviene la injusticia contra la que se lucha, con el objetivo de coaccionar al adversario para que modifique su posición. Algunas acciones de no-cooperación social y económica que se han podido ver estos días han sido la huelga de estudiantes, la huelga general de trabajadoras, las paradas de empresas y administraciones públicas, y el boicot social selectivo a los cuerpos de seguridad que estaban alojados en los barcos por parte de las trabajadoras del puerto que se negaron a atenderlos. La no-cooperación política de las personas movilizadas para defender el derecho a la autodeterminación se hizo evidente en la celebración del referéndum, desobedeciendo la sentencia que lo había ilegalizado previamente.

Y, finalmente, si el conflicto lo requiere, la no-violencia apuesta por la acción directa. Se trata de acciones que a menudo serían consideradas «ilegales» por el ordenamiento jurídico, que buscan confrontarse directamente con el adversario. Y de estas podemos encontrar un buen puñado de ejemplos en la lucha de los últimos días: ocupación de las escuelas para celebrar el referéndum; ocupación del rectorado de la universidad; obstrucción de los cuerpos policiales para impedir que se lleven las urnas; interposición entre los agentes policiales y las sedes de la administración pública, de partidos políticos (CUP) o imprentas para evitar registros; hostigamiento no-violento de los cuerpos de seguridad alojados en hoteles, etcétera.

La originalidad y la creatividad de las personas movilizadas han dado en el mundo imágenes tan dignas para ser recopiladas en los tratados de acción no-violenta como la realización del recuento de votos en una iglesia, urnas escondidas en los árboles, cuerpos de seguridad llevándose urnas falsas con sobres vacíos, urnas escondidas en cementerios, un colegio electoral donde los cuerpos de seguridad sólo encontraron un puñado de personas jugando al dominó, carreteras cortadas por árboles caídos o tractores, o agentes perdidos por caminos de montaña donde las vecinas habían cambiado las señales de tránsito.

Los ejemplos de acciones no-violentas que se han podido ver estos últimos días en Cataluña han sido muchos y muy diversos y convierten la lucha de las personas movilizadas en un referente para futuros conflictos. Pero la desobediencia civil comporta importantes riesgos para quienes la practican, riesgos físicos y legales, que se tienen que asumir como parte de la acción. Una de las consecuencias más dramáticas que han sufrido las personas movilizadas para defender el derecho a la autodeterminación ha sido la violencia física con que fueron reprimidas durante la jornada del referéndum y que dejó 893 personas heridas, según datos del Departament de Salut. Hay que tener presente, en este sentido, que la mayor parte de la ciudadanía no está avezada a ver y vivir imágenes de violencia como las del 1 de octubre, no porque no se produzcan en Cataluña, sino porque tienen lugar en otros contextos que acostumbran a ser silenciados. A diferencia del 1 de octubre en que la ciudadanía que se enfrentó a la represión tenía el amparo de las instituciones políticas catalanas y de muchos medios de comunicación de masas, y el mundo entero pudo presenciar la brutalidad de los cuerpos de seguridad a los colegios electorales, la mayor parte de las luchas sociales que tienen lugar en Cataluña son tapadas o despreciadas por los generadores de opinión. Esto no tiene que servir para sacarle importancia a la represión de estos días en Cataluña, sino para que la sociedad en su conjunto tome conciencia de la invisibilización de otras luchas sociales y de la represión que estas sufren, hay que decirlo, por la violencia de los Mossos de escuadra. Este aprendizaje de tantas personas que se han movilizado estos días en la lucha por los derechos sociales y políticos, tiene que servir para tejer lazos de solidaridad con otros colectivos de la sociedad que día a día se exponen a la represión policial y a la violencia institucional para defender derechos que son de todas.

En definitiva, no se puede pasar por alto que, una vez más, la dignidad se mantiene del lado de aquellas quienes han hecho uso de la no-violencia ante la represión para hacer valer su apuesta, fuerte y convencida, por los derechos sociales y políticos.

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¿Hay alternativas al enfoque militarista y nacionalista del conflicto?

Por Erreache

La Ministra de Defensa se está prodigando en estos días en amedrentar sobre algo que considerar de su incumbencia y competencia, el tema catalán.

Los ingredientes del discurso nacionalista y militarista

Que el tema catalán produce sarpullidos en la derecha española es algo evidente e incorregible. Igual ocurre con el ejército, predispuesto siempre a salvaguardar la unidad de destino en lo universal que, al parecer, sigue siendo esto de las Españas es su concepción del mundo.

Y como doña Cospedal reúne tres sustancias en un solo ser verdadero, pues inequívocamente representa la derecha más reconocible de la derecha española, es además ministra de Defensa y, por si faltara algún ingrediente, suele tener cierta propensión a la bravuconada, el coctel está servido.

Nos dice Doña Dolores, lo leemos en La Vanguardia, que los independentistas caerán bajo el peso de la ley, como si la ley fuera algo parecido a la ley de la gravedad y la caída de los graves inexorable descenso a los infiernos. Bajo esta visión tan simplista se nos ofrecen todos los ingredientes para la polarización y la escalada de un conflicto que, evidentemente, no se resuelve a cañonazos.

a) Se agrupa en una única categoría a toda la plural y amplia expresión de malestar que se da en Cataluña, bajo la denominación de “los independentistas” (¿no hay matices, son todos lo mismo, es igual el político que aprovecha una jugada política que el ciudadano que sale a la calle…)

b) Se los considera el antagonista, el enemigo, al que no se le reconoce valor y

c) Se propone como solución su “caída” bajo el peso (muy pesado y tal vez poco adecuado para estos menesteres) de la ley.

En Expansión nos comentan que Cospedal, también refiriéndose al tema catalán, ha manifestado que los españoles

nos sentimos orgullosos de las Fuerzas Armadas,

que éstas

nos hacen sentirnos honrados de contar con ellos para proteger lo que más queremos: nuestras familias, nuestro barrio, nuestro Estado de Derecho

y que

 nadie puede arrebatarnos el orgullo de ser español, el honor de sentirse español, ni el amor por la patria, 

produciendo otra generalización abusiva, pues no tod@s al otro lado del Ebro nos identificamos ni con el ejército, ni tenemos ningún motivo para sentirnos orgullosos de tal institución o de su papel a lo largo de nuestra historia de tropiezos y desastres, ni, menos aún, sentimos esa identificación de nacionalismo españolista que la ministra considera tan unánime.

Aprovechemos para decir que el cóctel que la ministra prepara ofrece una nueva simplificación, tan abusiva como la anterior, de los actores del conflicto, en este caso los nuestros, todos unidos bajo un mismo interés de imponerse, frente a los otros, a los que no se reconoce nada, también unidos como “enemigos” bajo idéntico interés de prevalecer. Y ello, sobre todo, sirve al interés militarista de abordar este conflicto desde las claves más desastrosas posibles, las que unen los nefastos ingredientes de conflicto, nacionalismo y Estado.

En ABC, con mayor apoyo a la versión ultranacionalista del PP, nos explican que la ministra afirmó en un seminario sobre «Fuerzas Armadas y Sociedad Civil: la participación de la mujer en la vida profesional», que el ejército tiene la misión de

garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional“,

lo que acaba de cerrar el círculo estrecho y nefasto de nacionalismo-ejército-violencia, la nefasta relación que ha dado lugar a tantas guerras a lo largo de la historia.

De este modo, las cosas, en la mentalidad nacionalista española (vale también para la catalana o para cualquier otro nacionalismo) el conflicto se tiende a polarizar en algo parecido a un choque de trenes y de legitimidades, choque en el que se afirma que tenemos algún tipo de “esencias” nacionales irrenunciables que se encuentran en peligro, se amplifica y exacerba una supuesta lista de agravios y justificaciones, se desconoce y demoniza al otro, al que no solo no se le reconoce sino que pasa a la categoría de enemigo y se “justifica” su eliminación o represión, se pretende su rendición incondicional y se legitima cualquier medio para ello.

Una alternativa a la visión de los conflictos

Aprovechemos para señalar la interrelación entre conflicto y modelo de defensa, algo de lo que hemos tratado en extenso en nuestro libro “Política noviolenta y lucha social. Alternativa noviolenta a la defensa militar“, editado por Libros en Acción, capítulo 2.

El conflicto es entendido en la visión militarista como algo negativo, a evitar o reprimir.  Pero no es la única posibilidad de abordarlo, como podemos ver en el siguiente cuadro:

Para la visión negativa del conflicto se opta por negar la existencia del conflicto o por ocultar los perfiles del mismo que no nos interesan. Fomenta una sensación de paz negativa mientras que las políticas estructurales y culturales que aplican los gobiernos o elites no son neutras y de manera más o menos subrepticia fomentan y alimentan las causas generadoras o profundas del conflicto (políticas económicas insolidarias, dependencia, exaltación cultural de nacionalismo, creación de enemigos, culto a la violencia, etc.), según el siguiente cuadro

Un enfoque alternativo rompe este círculo vicioso

 

De este modo, el enfoque erróneo de los conflictos desde esa urdimbre nacionalismo/Estado, tal como aparece en el propio esquema de pensamiento de Dolores de Cospedal y de las visiones simplificadoras y nacionalistas responde a una visión negadora del conflicto y del punto de vista del otro y afirmadora de la legitimidad y la imposición, incluso militar, del propio discurso, algo que no sirve sino para cronificar el conflicto y polarizarlo.

A lo largo de la historia los conflictos se han abordado por los Estados de diversas formas, según este esquema y según el enfoque principal elegido sea de competición con un adversario, de intento de transformación del conflicto o de negación del mismo e intento de obviarlo:

¿Es posible trascender esta visión nacionalista y militarista?  Desde nuestro punto de vista sí, pero ello necesita un cambio de los ejes y de los enfoques del conflicto, para abordar no el problema “nacionalista” de uno y otro lado, ni su correlato de seguridad militar, sino el problema de seguridad humana, de violencia estructural y cultural que mutuamente comparten ambas sociedades en conflicto y que seguirán compartiendo juntas o separadamente. Ello conlleva romper con una dinámica que, en la actualidad, alimenta el Estado de anteponer el discurso nacionalista de la unidad incondicional, la visión del otro como enemigo y la estrategia de derrota absoluta, para pasar a otra que busque los intereses compartidos de sus sociedades respecto a reivindicaciones que la sociedad ha manifestado inequívocamente: de convivencia en paz, reconocimiento del otro como igual y de sus necesidades y opciones como sociedad, de la reclamación compartida de mayor justicia y de convivencia, de mayor conocimiento del otro, y de resolución noviolenta del conflicto.

En suma, las élites de los bandos enfrentados deberían renunciar a sus intereses (partidistas y personales) y promover una transformación tanto de la escalada agresiva del conflicto en sí como de los contenidos de lo que hay que negociar, para pasar del discurso militarista y nacionalista a una apuesta por resolver contenidos concretos de mutua negociación en lo que tiene que ver con la seguridad humana (derechos humanos, necesidades sociales básicas, derechos culturales, educación, sanidad, trabajo digno, renta básica, corrupción política, agotamiento del sistema político de la transición, etc.).

¿Apuestan las élites de uno y otro bando por un cambio de mentalidad?

El bando españolista ofrece un repertorio pesimista al respecto. Desde los viejos socialistas extractivos pidiendo la aplicación del artículo 155 de la Constitución (Felipe Gonzalez) o la intervención directa del ejército (Alfonso Guerra) hasta la derecha más retardataria alimentando los impulsos de su extrema derecha en Madrid, o un Aznar desmesurado y furibundo tachando de blando a Rajoy, pasando por la humillante (si no fuera tan grave diríamos hilarante) posición de la prensa española, desde El País a la Razón pasando por toda la escala de grises, pardos y negros, el espacio para la alternativa parece difícil.

Si faltaba algún ingrediente, es el 12 de octubre, día en teoría de la “hispanidad” que vino a sustituir al anterior día de la raza de cuando Franco y que, por más que nuestras autoridades han pretendido que es una fiesta de todos, es una fiesta del ejército y de sus visiones del mundo. Y este año, nos informa El Diario, promueven el lema “#orgullosodeserespañol”, lo cual no hace sino reforzar la visión empobrecedora de nuestra realidad y la versión militarista del nacionalismo español que tanto interesa a la derecha cospedaliana, al militarismo hispánico y a esta élite extractiva que siente como se les empieza a escapar de las manos, como agua, la legitimación del entramado de privilegios y sumisiones sobre los que han construido su idea de España, su orden público y la mordaza de leyes inexorables, como la ley de la gravedad, con que nos gobiernan.

El campo nacionalista catalán parece igualmente dispuesto a la confrontación en términos puramente estatales, sin capacidad para aprovechar en una línea alternativa la marea de desobediencia civil de la gente, una marea que no se moviliza solo ni principalmente en favor de la “independencia” y sí lo hace desde la indignación y desde la apuesta por alterativas mas cercanas a la idea de seguridad humana.

La esperanza se abre algo con la apuesta desde diversos sectores sociales que llama al diálogo y rechaza el enquistamiento actual de los partidos políticos, algo que ha dado lugar en las plazas y ciudades a un espontáneo (e impreciso, hay que decir) movimiento por el diálogo que hay que ver en qué desemboca.

Trabajar para el día después

Con todo, la solución previsible de un tal choque de legitimidades y trenes, no hará sino cronificar la situación de fondo, por lo que hemos de estar preparados para el día después seguir trabajando en una visión alternativa de transformación (mejor que resolución que parece mas idílico pero menos posible) del conflicto.

Por nuestra parte, trabajar para desenmascarar el peligroso nacionalismo español (y cualquier otro nacionalismo) y para transarmar el modelo de defensa que propone, los ejércitos, será nuestra más específica contribución a este propósito.

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Comentarios de Pepe Beunza sobre el 1-O

Por Fotomovimiento

Por su valor testimonial, acompañamos, sin más comentario (se comenta por sí misma) la carta publicada por Pepe Beúnza, el primer objetor de conciencia político contra el servicio militar en España (y era la España de Franco) y activista antimilitarista y noviolento:

Después de defender mi urna 16 horas y estar hoy viendo la prensa, la tele y los agobiantes wasaps, comparto estas ideas con vosotros.

Creo que lo que hemos vivido ha sido muy intenso y lleno de todo tipo de emociones, por eso hemos de aprovecharlo para aprender sobre uno mismo y también sobre la noviolencia.

Las imágenes de la brutalidad policial son muy duras y nos producen indignación y rabia, pero hay que verlas también con mirada amplia y entonces veo unas personas que responden con una inteligencia pacífica (la noviolencia) de una gran calidad heroica y entonces esas imágenes me producen una extraordinaria alegría y esperanza. Y una agradable sorpresa.

Por si fuera poco, hoy han salido en tv3 seis de los heridos y hablaban con una serenidad y fuerza extraordinaria. Hay que desear que se recuperen pronto porque era tan formidable lo que decían que animaba mucho.

De cargas policiales brutales hemos visto por desgracia muchas, pero de respuestas noviolentas con las del domingo pocas. Hemos de conseguir el máximo de imágenes para aprender. Analizarlas y sacar conclusiones.

Yo estaba en un colegio del pueblo y aparte de un par de falsas alarmas el día fue tranquilo, pero por lo que sentí con los compañeros de apoyo me hace estar seguro de que, si hubiera venido la policía, la respuesta habría sido tan magnífica como las que vimos grabadas. No eran personas entrenadas en la lucha NV pero las instrucciones eran claras y el deseo de resistir muy fuerte.

Creo que estos días se ha desarrollado en Catalunya un potencial de lucha noviolenta de mucha intensidad y eso nos permite tener una gran esperanza. La lucha será larga y la relación de fuerzas nos es bastante desfavorable, pero en este duelo del David de la democracia contra el Goliat de los hijos del franquismo, David ha lanzado con su honda la piedra de la noviolencia y eso le hace muy poderoso. Por eso no hay que caer en la trampa de la violencia.

Aunque es difícil, hemos de ver a los policías como personas. Vale la pena leer la carta de Gonzalo Arias a un policía y también la de Xirinacs.

Hay que procurar que la rabia, la indignación y el odio que produce la brutalidad de los que pagamos para que nos defiendan, duren poco dentro de nosotros. Son sentimientos que nos hacen daño a nosotros mismos y nos quitan energía para la respuesta noviolenta.

Hay que reír con la imaginación de los colegios escondiendo las urnas o en Vilalba que después de aguantar unos cuantos palos, la guardia civil se llevó una urna con sobres vacíos. No se pudieron llevar la dignidad del pueblo que ese día creció muchos puntos. Las heridas curarán en pocas semanas, pero la risa les durará toda la vida.

Pienso con admiración en el alcalde de Dosrius que estaba hoy con un collarín y el cuerpo dolorido de las porras pero que decía sonriendo que el ánimo y el humor lo tenía muy bien. Se adelantó para identificarse como alcalde y proteger a los vecinos, pero enseguida lo machacaron con más ganas.

Alegrémonos de vivir en un pueblo con tanta gente inteligente, digna y magnífica. Y a seguir…

Pepe Beunza, 2 oct. 2017″

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La insumisión y el legado de la lucha noviolenta

insumision

Por Roberto Moso

Comentamos una tribuna que publica Pedro Oliver en Público y que se titula “La insumisión antimilitarista en la nueva política”.

En el mismo, el amigo Pedro señala, con bastante acierto, algunos de los logros de la lucha política noviolenta llevada a cabo por el antimilitarismo del Estado español a partir de 1989. Una campaña promovida contra las leyes del servicio militar y de la objeción de conciencia, que garantizaban la sumisión forzosa a la prestación de un servicio militar (o su sustituto civil pensado como refuerzo de éste) ideado para perpetuar la razón militarista y el propio servicio como escuela de aprendizaje de sus prácticas y valores.

Destaca que la insumisión mostró, por primera vez, que era posible ganar a la “razón de estado” por medio de una estrategia noviolenta de lucha radical. Y en efecto, fue la demostración de la potencia política de la acción noviolenta y de la metodología de la desibediencia civil para conseguir cambios más o menos radicales en una sociedad plenamente instalada en la idea de democracia representativa y ologárquica.

Señala también cómo este legado se ha transmitido de forma clara a otras luchas sociales de cualquier ámbito, tales como ecologistas, feministas, altermunidistas, sindicales, etc. (en puridad habría que decir que también aprendió y adquirió préstamos de estas) y cómo afectó a éstas tanto en lo metodológico (trabajo de base, asamblearismo, metodología noviolenta) como en los medios y objetivos (desobediencia civil como práctica de reafirmación de los principios de democracia radical), hasta el punto de ser hoy en día parte del ADN de los nuevos y no tan nuevos movimientos sociales posteriores a la eclosión del 15M.

“dejó un legado fructífero en la cultura de protesta, una influencia que perdura.

y

quedó como un referente metodológico en el acervo colectivo de la protesta democrática y democratizadora.

… la memoria de la insumisión se convirtió en una especie de ADN asambleario, noviolento y desobediente que quedó inserto en la mayor parte de los movimientos sociales locales y globales de principios del nuevo milenio y de no pocos fenómenos de protesta de antes y después de la crisis iniciada en 2008, hasta la eclosión del 15M

Qué duda cabe que estos elementos son aportaciones de un valor inestimable y que sin la insumisión nuestra propia cultura política, incluidos  los horizontes de aspiraciones de tantas luchas, sería muy diferente y mucho más pobre.

Hasta aquí, quienes de una u otra forma participamos en su día de toda esa lucha (y vivencia) no podemos estar más satisfechos y agradecidos, tanto por lo logrado, como por lo aprendido en ese camino.

Se pregunta Pedro, con perplejidad que compartimos, cómo es posible que siendo tal legado una especie de hilo conductor de la actual cultura política de los movimientos sociales y de la propia cultura política, la llamada “nueva política” minusvalore todo esto y se arriegue a perder un potencial electorado. Lo dice así:

No nos cabe la más mínima duda de que el prestigio de la acción noviolenta en España se debe en gran medida al ciclo de 30 años de desobediencia civil protagonizado por el movimiento antimilitarista y, más en concreto, a la experiencia referencial de la campaña de insumisión. Con todo, lo mejor de todo es que esa memoria sigue viva. Quien la obvie, se encontrará con ella más temprano que tarde, y quien la desprecie, chocará de frente con su legado más emotivo y simbólico. ¿Cómo es posible que la “nueva política” de izquierda y el populismo de izquierda minusvaloren el legado de la insumisión y al mismo tiempo se declaran herederos del 15M? ¿Acaso creen que semejante contradicción no les perjudica?

Lejos de tener respuestas a esta perplejidad, a nosotros se nos acumulan las dudas y los desafíos. Pedro nos estimula a pensar en ellas porque su análisis es sugerente.

  • La primera duda se refiere a nosotr@s mism@s, al antimilitarismo.

Nos preguntamos cómo es, qué explicación tiene, que teniendo la potencia que tuvo el antimilitarismo en los años 90, tanto en su militancia como en sus apoyos sociales y en el cambio de mentalidad que produjo, la actual militancia antimilitarista se haya reducido casi a la puramente testimonial y residual y, con algunas excepciones, no se haya dado un recambio generacional ni la incorporación de gente joven.  Y añadida a esta, ¿cómo es que las actuales aspiraciones de la sociedad, en general, parezcan tan desconcetadas de los objetivos del antimilitarismo?, ¿no supimos transmitirlas?, ¿por qué no somos atractivos como militancia de las nuevas mentalidades?

Ciertamente podemos encontrar mucha gente que militó en el ciclo de protesta insumiso en organizaciones sociales de todo tipo, e incluso entre los militantes y cargos de algunos partidos nuevos y no tan nuevos. Pero… ¿la militancia antimilitarista?, ¿qué fue de ella?. ¿dónde se encuentra?, ¿cómo se expresa?

Asociada a esta pregunta, una nueva perplejidad. Hoy en día conocemos mucho más el militarismo, sus características, su funcionamiento, su papel global en la estrategia de dominación-violencia que define las políticas estatales y mundiales, su gasto militar, las puertas giratorias, su implicación en el desastre ecológico mundial y, en fin, tantos escenarios más, que cuando el movimiento antimilitarista tenía mejor salud. Sin embargo este conocimiento no nos ha llevado a un enriquecimiento de nuestros objetivos, ni a un incremento de nuestras apuestas, ni a una agenda de luchas más diversificada y radical, sino, al contrario, a un repliegue de “campañas y agendas” políticas,  que prácticamente se reducen a reconvertir los antaño fructíferos grupos antimilitaristas en grupos de acción directa puntual y sin más. ¿Responde a una reducción y concentración de esfuerzos dados los escasos medios a nuestro alcance?, ¿responde a una reducción de posibilidades en la agenda política actual?, ¿responde a una reducción de ideas?…

Antaño aspirábamos a una lucha cultural amplia, a la que dedicábamos campañas de educación para la paz, de nuevas metodologías de resolución de conflictos, de encuentro entre el antimilitarismo y el feminismo, o el ecologismo, o… ¡ tantas otras!. Aspirábamos a dinamizar a la sociedad en la resolución alternativa de conflictos, a promover una alternativa global de defensa -basada en la cooperación y la noviolencia- a la defensa militar, a abolir los ejércitos, a desenmascarar las guerras y sus intereses, a generar sinergias para la reconversión de la industria militar, a luchar contra la militarización social en todos los frentes, a promover un modelo de relaciones sociales alternativo…

Comparar la agenda no sólo de aspiraciones sino también de luchas y campañas del antimilitarismo insumiso de los años 90 con el actual panorama del antimilitarismo, de nuevo, nos produce perplejidad. ¿hemos perdido o ganado en el camino? Nosotros, sinceramente, no nos lo sabemos responder.

  • La segunda se refiere al legado en sí. ¿cuál fue el verdadero legado de la insumisión que permeó fructíferamente a la sociedad?

Es evidente que no todo el legado de la lucha insumisa caló con igual intensidad en la sociedad y sobre los movimientos sociales. Una gran parte, precisamente la de contenido explícitamente antimilitarista, se quedó en la superficie o se evaporó.

En nuestra opinión la principal contribución de la insumisión fue el prestigio no tanto de la noviolencia en sí como de la desobediencia civil como herramienta política útil. Pero una herramienta en cierto modo “neutra” en cuanto a su coherencia noviolenta. De los diversos enfoques de la desobediencia civil y del contenido explícitamente antimilitarista y noviolento de ésta ya hemos hablado en el libro “Política noviolenta y lucha social” publicado por ecologistas en Acción en 2012 y no es el caso repetirnos ahora.

Tal vez a ello podríamos unir una cierta cultura de lo asambleario, del trabajo sin delegación, directo, de base, igualitario, no sexista, que se interiorizó en los movimientos sociales con mayor acierto.

Son dos aportaciones monumentales y son dos elementos indisociables de la lucha de la insumisión y de la propia filosofía noviolenta y antimilitarista, pero no son todo el legado del antimilitarismo ni de la lucha noviolenta.

En cuanto a la desobediencia civil, ésta  traspasó la barrera de rechazo que la cultura imperante impone porque entraba en un diálogo (Pedro también lo apunta) bastante práctico con uno de los principales referentes de lucha social de las antiguas izquierdas: la lucha violenta (añadiremos por nuestra cuenta dos más: los partidos “representativos”  y la lucha sindical).

Precisamente donde la violencia era incapaz de romper la razón de estado en una “democracia occidental” y se mostraba más bien como un delirio indeseable (véase el caso de ETA) o un buen argumento para mientras se bebían unas cañas, pero inútil en otro plano, la insumisión, con su estrategia de lucha noviolenta (desobediencia civil, boicot, uso escénico de los juicios y de la represión, horizonte de sentido sin guerras ni ejércitos y aspiración creativa a construirlo aquí y ahora, etc.) tuvo la capacidad de mostrar en la práctica su potencial de desbordar al Estado y modificar el escenario político más allá de lo que éste calculaba. No ganamos el conflicto (si es que la aspiración en estos no puede ser otra que la de transformar los escenarios y reconfigurar los consensos, y no tanto una suma de tipo gana/pierde) pero cambiamos el panorama hacia una dinamización/transformación del mismo que no entraba en la hoja de ruta del poder y que, de nuevo, puede ser ahora o más tarde referente para nuevos desbordamientos de ésta.

Por otra parte, frente a una lucha sindical que aparentemente debía lograr por medio de la negociación y la huelga cambios esenciales en favor del “bienestar” socialdemócrata y que, en la práctica, y salvando honrosas excepciones, se mostró más bien como una herramienta ineficaz para tales fines, la desobediencia mostraba un horizonte de lucha mucho más ingobernable por parte de los que mandan. Idea que, a su vez, podemos trasladar a todo el modelo de representación y sobrerepresentación institucional y política existente.

Volvemos a decirlo. el valor de ésto es incalculable, impresionante, exitoso. Pero no es toda la riqueza que el antimilitarismo pretendía aportar y potencialmente puede aportar.

De este modo, el legado que permeó fue, principalmente, la desobediencia civil como herramienta y la organización horizontal y asamblearia como metodología organizativa. Si se quiere, con menor impacto, ciertos valores de la noviolencia centrados en la renuncia a la violencia en la acción política y la dinamización de un colchón social de apoyo a las luchas y una llamada estética a lo radical.

Pero no tanto el antimilitarismo como contenido (incluso los partidos de izquierda que aceptaron la desobediencia y la insumisión lo hicieron sin renuncias ni cambios fundamentales a sus postulados militaristas de siempre, a los que añadieron la desobediencia bien como otra herramienta complementaria o bien por puro oportunismo coyuntural) ni la noviolencia como apuesta por un paradigma alternativo de cooperación-noviolencia desde el que promover no solo protesta y denuncia, sino también alternativa y anuncio de algo diferente y radicalmente otro.

Sin duda el debate sobre la violencia política es mucho más complejo que la manida refriega habitual entre creyentes de una u otra cosa con sus ejemplos tópicos a cuestas).  No queremos ser simplistas. Pero también la noviolencia es algo más complejo que la caricatruresca figura de un tipo que, por no violentarse, renuncia ascéticamente a tomar partido y a comprometerse activamente en cambiar las cosas, o de un santón que renuncia a ver la crueldad del mundo por vivir en su mundo interior. Es, a la vez, 1) lucha contra todas las violencias (no sólo la directa, sino también la cultural y la estructural y el sumatorio de todas ellas en esa violencia sinérgica y global que impregna nuestro orden y paradigma) en todos los escenarios y en todos los momentos y 2) construcción alternativa de paz creativa y con contenidos en todos esos escenarios (directo, estructural, cultural) para construir esa sinergia en una paz global basada en la cooperación y la noviolencia como fuerzas rectoras.

El antimilitarismo cuenta con contenidos mucho más amplios que, en realidad, no han sido asumidos con igual éxito y que, por lo que parece, resultan quiméricos o inoportunos para la izquierda experta y los partidos políticos en su conjunto. Por ejemplo, no es lo mismo pedir una reducción o un cambio de partidas del gasto militar que un proceso de transarme que acabe trasladando todo el gasto militar, aunque sea de forma gradual, desde partidas destinadas a la defensa y al militarismo, a necesidades sociales y luchas por la seguridad humana, ajenas o contrapuestas a éste. No es lo mismo pedir que haya un cierto control de armas, a luchar para que se dé un proceso gradual de transarme que las elimine, o que se busque un control de las industrias militares a que se desarrollen políticas de reconversión de éstas a otros fines útiles o de desinversión y desincentivos para que desaparezcan. No es igual querer un ejército más o menos democrático que proponer la sustitución por políticas de transarme del modelo de defensa militar por un modelo de seguridad humana. No es lo mismo conformarse con no ser excesivamente partícipe en las políticas municipales con los intereses de los ejércitos o desarrollar “cumbres” mediáticas de expertos, que promover una política de paz que se base en la desmilitarización también municipal (ayudas y subvenciones a lo militar, desmilitarización inmobiliaria, del callejero y de las simbologías, propuestas de acogida efectiva de los desertores y damnificados de las guerras, prohibición de negocios relacionados con lo militar, promoción de una política de verdadera lucha contra la preparación y causas de las guerras, investigación y prácticas para la paz, etc.).

También es cierto que la escasa profundización del antimilitarismo en estos temas, su actual dificultad de diálogo y coordinación con otras tradiciones y luchas sociales, y  la dificultad de la difusión y divulgación de ellos hace más difícil que acaben echando raíces en la sociedad.

  • En tercer lugar, la referencia a la nueva política y su relación actual con el antimilitarismo.

Nuestro análisis coincide fundamentalmente con el de Pedro. Para la nueva (y no tan nueva) política, el antimilitarismo es algo no conveniente, cuando no irrelevante o excéntrico.

De ahí, y no solo de nuestras pocas fuerzas y de palmarios déficits de coordinación y optimización de nuestras propias capacidades, la difícil relación.

Pero debemos matizar un poco.

a) Esta irrelevancia e inconveniencia que forma parte de las actuales manifestaciones públicas de esta “nueva-vieja” política se concentra, principalmente, en sus líderes más mediáticos y sus círculos más próximos. No así, o al menos no tanto, en la gente sensible e incluso de sus militancias variopintas.

Probablemente las biografías de estos líderes explican de forma suficiente su astringencia al antimilitarismo: cálculo, tacticismo, prejuicios ideológicos, ideas férreamente militaristas y vanguardistas… No es probable que cambien de mentalidad sin más.

Pero, lo dice Pedro y nosotros lo compartimos, en el imaginario social hay aún mucho poso de viejas aspiraciones antimilitaristas. No se fuma bien el puro de nuevos alcaldes que encima se dicen antimilitaristas diciendo que no importa que se hagan barcos de guerra para países como Arabia Saudí con tal de dar trabajo en sus regiones, como no se asumen con facilidad otras manifestaciones de figuras mediáticas ciertamente muy alejadas de los postulados antimilitaristas. es cierto que los programas políticos presentados por todos esos nuevos actores (que en otros artículos de este blog hemos analizado críticamente) no nos permiten augurar nada bueno. Y es también cierto que a estos líderes nuevo-viejos algo de factura les ha de pasar (y les ha pasado ya) el manifiesto rechazo, cuando no desprecio, de estas sensibilidades.

Tal vez los “líderes” no nos dejan ver el bosque, pero no lo son todo. Ni siquiera en su panorama interno y … ¡tampoco son eternos!

Nuestra experiencia al menos dice eso. Cuando tomamos contacto, ciertamente el pobre contacto que podemos tomar en charlas y encuentros a los que nos  invitan (por cierto, a otros nos dejan de invitar, como es la Universidad de Verano de Anticapitalistas, ¿tal vez castigo por criticar a Kichi y sus barcos a Arabia Saudí?) con las gentes que participan de estos partidos y las que éstos son capaces de convocar, lo cierto es que la presentación del panorama del militarismo y de las propuestas de lucha que podría llevar a cabo una apuesta antimilitarista, llaman mucho la atención y agrupan mucha simpatía (también autocrítica a sus propias formaciones y a sus ya tradicionales postulados en la materia y reproches merecidos a nuestra ineficacia para dialogar con ellos).

No quiere decir más de lo que dice, pero es lo cierto que se detecta una sensibilidad creciente en la gente cuando pasa de la absoluta desinformación a un conocimiento mayor del tema y de su influencia en otras luchas y apuestas. A lo mejor no da para hacer de esta militancia dispersa y diversa activos antimilitaristas, ni para que promuevan, sin el apoyo suficiente al menos, un enfoque alternativo de múltiples temáticas en sus formaciones, pero tal vez, como antaño, sí sean simpatizantes proclives a cambios más radicales si somos capaces de rotularlos y proponerlos en términos de lucha política concreta y que les concierna.

Y es que la responsabilidad mayor de traducir en propuestas políticas la apuesta antimilitarista, queramos o no, sigue siendo de l@s  (pocos o muchos, emboscados o manifiestos) antimilitaristas que seguimos haciendo de esta nuestra militancia, o al menos una de ellas, fuerte.

Tampoco son pocos, parecerá a lo mejor una sorpresa, los cargos institucionales de municipios, diputados (autonómico y estatales) y otros que se sienten incómodos con el discurso oficial de sus líderes y que estarían por la labor de debatir más y de promover algunas de las propuestas antimilitaristas. ¿Las tenemos preparadas?.

Tal vez la vía institucional, y nosotros nos confesamos tan escépticos de ella como el que más, no sea la más eficaz y tal vez de ella solo quepa esperar el repliegue institucional, pero si nuestras luchas buscan un desbordamiento, tal vez contar con quien sea al menos capaz de un compromiso mínimo desde el lado obscuro o se preste de algún modo a servirnos de altavoz, o de proporcionarnos información, o de generar contradicción, no nos venga mal. Muchos de ellos incluso fueron compañeros en la lucha insumisa y asea como activistas, grupos de apoyo, etc.

b) Lo mismo ocurre en los espacios de la “sociedad civil” (al menos en nuestra corta experiencia): la gente en general simpatiza con lo que decimos y asume cómodamente (es decir, sin que les suponga un desequilibro mental) la apuesta desmilitarizadora. Tal vez también aquí nos está faltando capacidad de trabajo y acompañamiento con la gente común, ofrecer campañas concretas y asumibles de fácil contagio. Disolvernos en sus aspiraciones y luchas. Apropiarnos horizontalmente con ellos del tema de la defensa y de la necesidad de la alternativa al mismo.

Por fortuna, a niveles más locales, se empiezan a congregar gentes y nuevos grupos que llevan adelante  nuevas y antiguas apuestas antimilitaristas y las dinamizan.

Y no podemos dejar de reconocer la simpatía, tal vez aún simplemente simpatía, de muchos grupos sociales y movimientos hacia nuestras (aunque pobres) campañas y propuestas. Es cierto que el antimilitarismo no está aún incorporado de forma rotunda a sus luchas pero… es un camino a trazar en un terreno ya abonado donde tenemos mucho que dar y recibir.

En estas circunstancias, no siempre desfavorables como vemos, y habiendo  reducido el antimilitarismo su militancia y relevancia de forma drástica, ¿somos capaces de asumir el evidente reto de diálogo que requiere el hambre de la sociedad al respecto?, ¿tenemos identificadas las palancas que hemos de pulsar para estimular y dinamizar luchas sociales antimilitaristas para las que hoy en día tenemos identificados mejor que antes los actores, el conocimiento y la información precisa, los objetivos a perseguir?, ¿sabemos marcarnos una agenda de trabajo que vaya más allá de lo puramente testimonial o el activismo de testosterona?, …

¿Somos capaces, con igual energía, de aportar a la sociedad los contenidos antimilitaristas que se quedaron en el aire en la anterior campaña de la insumisión al servicio militar?

Sería nuestro tercer gran aporte a la democracia radical y al cambio de paradigma que se avecina.

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La resistencia de un barrio okupa en Gasteiz, ejemplo de defensa social noviolenta

Por Errekaleor Bizirik

Fuete: Público

El mayor barrio okupa y autogestionado del Estado se encuentra en Gasteiz y se llama Errekaleor. Agrupa al menos a 150 vecinos y vecinas.

Actualmente está cercado por la Ertzaintza, las fuerzas policiales vascas al servicio del orden propio de esta sociedad postcapitalista y sus poderes más localistas.

 El alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran, ha prometido que derribará Errekaleor quieran o no quieran sus actuales vecinos, a quienes el político del PNV definió como “antisistema”

¿Una niña de dos meses antisistema?, ¿un anciano de más de 70 años?, ¿un centro cultural?. A veces los alcaldes pasan de la temeridad a la comicidad y dan entre risa y lástima. Es el caso.

Errekaleor es el esqueleto que el anterior alcalde del PP, Alfonso Alonso, pretendía convertir en un nuevo diseño residencial al uso de los tiempos aquellos en que las políticas liberalizadoras del suelo acabaron por construir el desastre inmobiliario con el que nuestros ricos y sus representantes políticos nos atizaron y empobrecieron. Luego vino la gran crisis, la gran estafa, y el faraónico proyecto del alcalde Alonso se fue al traste.

Pero los vecinos del barrio fueron, no obstante, expulsados del barrio y obligados sin piedad a realojarse en otros lugares. Necesitaban en suelo libre para el negocio.

En septiembre de 2013, varios jóvenes se instalaron en uno de los portales vacíos. Fue la mecha que encendió la llama: en apenas unos meses, la vida volvió a esta desolada zona del extrarradio de Vitoria. El barrio renació y ahora es el mayor barrio autogestionado del Estado y con su funcionamiento abre una brecha que el decrépito poder de este decadentoso régimen no puede cerrar.

Hace pocos días Iberdrola cortó la luz a todo el barrio. El Alcalde tiene como objetivo desalojarlo y tirar, casa a casa, hasta la última piedra. Es intolerable, debe pensar, que a la gente la de por vivir a su manera y, de paso, nos jorobe las brillantes ideas urbanísticas con las que encandilamos a los votantes. Hay que dar ejemplo de seriedad y eficacia administrativa.

La gente prefiere decidir su propio destino a su manera y defiende lo que considera que ha de defender. En este caso la vida del barrio donde viven, frente a los intereses políticos de quienes tan desastrosamente nos conducen por el filo de un precipicio y aspiran a que les consideremos nuestros defensores.

Esta historia ya la hemos vivido en otros lugares y en otras épocas. Vecinos que tejen la convivencia en un sitio dejado a su suerte e intereses económicos y políticos que en un momento dado deciden que hay que echarlos a todos.

La historia, corta historia de menos de cinco años, de la lucha del barrio de Errekaleor, es en parte un ejemplo más de la lucha social de la gente por lo que le interesa defender frente a lo que los de arriba quieren defender en nuestro nombre y llaman seguridad. Seguridad humana frente a un enfoque de seguridad de los intereses de los de arriba.

El conflicto es inevitable.

Mientras se incorporaban nuevos vecinos y se ponían en marcha distintas iniciativas para rehabilitar la zona, los grupos municipales de PNV, PSE y PP se unían para advertir que no lo tolerarían. A finales del año pasado, la sociedad pública Ensanche 21 (que se reivindica como titular de este gigantesco espacio) decidió presentar una demanda de desahucio contra todo el barrio. La medida fue promovida por los representantes del PP y apoyada por PNV y PSE.

En ese contexto, el pasado jueves 18 llegaron varias dotaciones de los Antidisturbios de la Ertzaintza, quienes hacían de escoltas de un número más reducido de técnicos de Iberdrola. La misión de estos últimos era cortar la luz, mientras que los primeros se encargarían de apartar a quienes se pusieran en el medio. Así pudieron constatarlo los numerosos jóvenes que rodearon el transformador de la zona y que fueron sacados a rastras por los policías. Así, entre forcejeos, Iberdrola cumplió su cometido. Según explicó la Policía Autonómica, detrás del operativo se encontraba el departamento de Industria del Gobierno Vasco, que había solicitado el corte de energía por cuestiones de “seguridad”.

Pero los vecinos defienden lo que quieren defender y no se dejan amilanar. Es una lucha social y ahora han tenido una nueva idea que demuestra la eficacia de la defensa de la seguridad humana con metodologías de acción directa noviolenta, con estrategias de lucha social y con fórmulas de organización autogestionada y de base.

Los vecinos han iniciado un trabajo para autoabastecerse de electricidad y luz con energías limpias. Una vez que la coacción del ayuntamiento e Iberdrola les ha liberado de la atadura de las energías promovidas por el lobby energético, los vecinos han decidido generar energía limpia y solidaria y demostrar que hay vida más allá de Iberdrola y el muro de la Ertzaintza. Otro ejemplo que apunta al futuro que esta lucha social quiere construir y al pasado que denuncian y rechazan.

Donde los malos esperaban una coacción intolerable, han abierto sin quererlo una oportunidad a la creatividad y liberación de la gente.

Una semana después de ser apaleados por la Ertzaintza, los 150 vecinos de Errekaleor, el barrio autogestionado más grande del Estado, buscarán convertirse en la “mayor isla autosuficiente del sur de Europa”. El plan ya está diseñado: en los próximos días, la asamblea barrial pondrá en marcha una campaña de apoyo, dirigida a hacerse con 550 placas solares que permitirían dar luz a todas las casas de esta antigua zona obrera de Vitoria, contra la que hoy cargan (además de la Policía Autonómica) los responsables del PNV, PSE y PP.

La lucha empieza a ser conocida en otros lugares. El barrio aspira a ser el más grande barrio autogestionado y autosostenible del Sur de Europa y desata la simpatía y la solidaridad.

Así lo confirmaba el colectivo Errekaleor Bizirik (Errekaleor Vivo) desde su cuenta en Twitter, donde daba pistas sobre el futuro que intentarán construir. “¡Primer tweet sostenible! Hemos colocado la primera placa solar. Con tu ayuda serán muchas más”, anunciaban. Según señalaron a Público sus portavoces, la campaña será presentada formalmente el próximo sábado 3, en el marco de una manifestación a favor de este proyecto autogestionario que se realizará en la capital alavesa.

´Nos alegra este ejemplo que apunta directamente a la seguridad humana y a la defensa de lo que la gente quiere defender. Un ejemplo de defensa noviolenta que nos enseña además que podemos aspirar a otra defensa y a derribar la defensa militar.

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La delegación de Gobierno de Madrid reprime a Desarma Madrid

Madrid se está convirtiendo en una especie de porquizal de la majadería, la arrogancia de los políticos y la infamia, y como punta de lanza de esta vanguardia del autoritarismo ultramontano, la represión de toda lucha social pacífica por medio de leyes sacadas de la noche de los tiempos por el PP y sus cómplices .

Y como no puede ser de otro modo, nos tenía que tocar la china.

O le tenía que tocar la china a un compañero cualquiera. En este caso escogieron a uno de Yayoflautas, de los muchos manifestantes que el pasado 14 de marzo nos manifestamos bajo la convocatoria de Desarma Madrid en la Puerta del Sol para protestar por la celebración en IFEMA de una feria de armas, HOMSEC, algo insólito en una ciudad digna y pacífica, si es que la hubiera.

A la manifestación acudieron diputados, concejales y otras hierbas solemnes, pero por lo que se ve, la Delegación de Gobierno decidió emprenderla contra los viandantes del común, que a lo mejor son más asustadizos.

De modo que nos han iniciado, en los lomos de un compañero al que quieren hacer promotor de todo, expediente sancionador, cuya rocambolesca y burocrática narratio facti dice así:

El día 12 de marzo de 2017, sobre las 19 horas, un grupo formado por unas cien personas se concentró en la Plaza de Sol de Madrid para expresar su protesta por la feria de armas que tenía lugar en IFEMA, entre los manifestantes destacaba usted al frente de la marcha protestando con una pancarta y haciendo uso del micrófono para emitir frases que luego eran coreadas por el resto de los manifestantes. En todo momento se le identifica como el dirigente, pues también indica a los demás cuando deben cantar o depositar en el suelo las pancartas. Asimismo usted se presentó como interlocutor con la policía y procedió a utilizar la megafonía para dar por finalizada la concentración, haciendo caso los demás manifestantes a su petición.

Dado que dicha manifestación no se había sido debidamente comunicada a la Delegación del Gobierno de Madrid, los responsables del dispositivo policial comisionados al lugar, titulares del carné número tal y cual (no los ponemos por razones obvias) procedieron a la identificación de las personas que pudieran ser responsables del acto, constatando que era usted el promotor de la convocatoria.

Mucho nos lamentamos de que tal regalo literario no lo haya echo un Umbral, más florido en su narrativa, o un Saramago, que nos hubiera divertido con más oficio, o incluso un Pemán o un de Prada, puestos a buscar un facha que al menos escriba con holgura, pero es lo que hay, un chupatintas de mala estopa y peor lírica al servicio de las intenciones de una delegada de gobierno desangelada, lo cual no habla nada bien de la reforma moral que la derecha nos pretende aplicar disciplinadamente y a golpe de corneta.

No vamos a entrar en razones leguleyas, que ya se encargarán los  compañeros de Legal Sol de recurrir la desfachatez esta y de invocar derechos humanos y positivos, razones de forma y fondo, fueros y desafueros y otras lindezas por el estilo, que parece que es el lenguaje que entiende bien esta fase decadente del rajoinato.

Pero, hombre, que uno sea promotor de un acto por el hecho de emitir frases “que luego eran coreadas por el resto” o porque indica a los demás “cuando deben cantar” o dejar de hacerlo, es mezclar el culo con las témporas. Vale que nos sirve para reírnos un rato de la aplastante “hinteligencia” burocrática, pero … una cosa es iniciar un canto y otra promover una protesta.

¿No ven que tan inconsistente razonamiento se desdice con el ejemplo (poco ejemplar) de los promotores de cosas en general y contra la propia lógica que aplican día a día los dirigentes todos, desde el plasmático presidente de gobierno en adelante, e incluso alcanzando a la Delegada de Gobierno de Madrid; ejemplo que consiste más bien en ponerse a la retaguardia (a veces incluso ocultándose de los hechos por si les pillan) y tirar la piedra y esconder la mano?.

¡Pero hombre, buenas gentes del cuerpo policial, compañeros de fatigas (cierto que en el otro lado de la lucha) en esto de protestar por la desfachatez de vuestros amos, trabajadores en funciones y ciegamente mandados por doña Concepción Dancausa (firmante del paquete a nuestro compañero) para menesteres tan poco agradables como este de amedrentar los derechos de protesta de los ciudadanos con denuncias y brabuconadas ante tropelías tales como la venta de armas de los sanguinarios señores de la guerra,..!. Vale que hacéis lo que os manda quien no sabe mandar, sino ser mandona, pero… pero eso de determinar un jefe, un promotor, un caudillo en una protesta de antimilitaristas, caracterizada por un asamblearismo incompatible con la idea de democracia que cabe en esas cabezas pétreas del PP, …¿no es pasarse?, ¿no viene en vuestro manual de diligencias anti-ciudadanas que los asamblearios no tienen jefes ni promotores?, ¿que responden todos por igual?, ¿que todos o ninguno?

Habría sido mejor “empurar” a todo el grupo, a cien euros por cabeza, en vez de a uno solo por director de cánticos y llevar una pancarta cuando pancarta llevábamos todos y la iniciativa del canturreo era más bien anárquica o si se quiere autogestionada por cada cual según le venía en gana.

¿No veis que la señora delegada de gobierno, hoy tristemente implicada en una causa por corrupción que al parecer no merece aplicación de ley de seguridad alguna, busca un chivo expiatorio no para sancionar conductas incívicas, sino para asustar a algún que otro desipstadillo por si cuela?

¿No veis que hacéis el juego a la pretensión de usar las leyes contra la ciudadanía y que eso no tiene nada que ver con proteger el orden público o la seguridad humana, sino con vapulearla?

¿No os han dicho en algún cursillo al efecto que a estos insumisos la obediencia de las leyes injustas y el miedo al castigo no les amedrenta y más bien las usan como arma noviolenta para deslegitimar la injusticia y combatirla?

En fin, que no lo ven, porque quien se empecina en obedecer a ciegas no necesita los ojos para gran cosa.

Pretende la Delegación de Gobierno de Madrid imponer una multa de cien euros, que es como matar moscas a cañonazos, porque no se les comunicó a las altas instancias gubernamentales una manifestación que, sin embargo, no está prohibida por la ley, dado que el derecho de manifestación se considera fundamental en nuestro orden de leyes.

Y el caso es que lo que va a conseguir, al margen de dejar clara la perversión de la norma sancionadora y de la actuación de la Delegada de Gobierno, es permitirnos difundir aún más la denuncia del militarismo y sus complicidades institucionales.

La Delegada de Gobierno actúa no con imparcialidad, como si dijéramos con una cierta equidistancia ante los echos, sino apostando por los señores de la guerra y su negocio. Y eso huele fatal para un olfato fino y sensible.

Y, paradoja, su denuncia a los que actúan con decencia, en este caso el compañero amenazado y los antimilitaristas concentrados, viene a convertirse en la denuncia de las fobias de la furibunda derecha y la injusticia de la sanción que se pretende imponer.

Osea, un despropósito a sumar a la cadena de despropósitos por los que una élite extractiva nos quiere hacer descender hasta el fondo de la olorosa mierda en la que navega el final decadentoso y lento del régimen.

Ladran, luego cabalgamos.

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