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Nuevo convenio Defensa-Hisdesat: el satélite Paz nos costará desde 2016 a 2023, al menos, 1’38645 millones de €

Imagen de Hisdesat

Fuente:  Derecho.com

Se ha publicado el 24-11-1027, por lo tanto con un mes de retraso:

Suscrita el 23 de octubre de 2017 la Quinta Adenda al Convenio marco de colaboración entre el Ministerio de Defensa y la empresa Hisdesat, Servicios Estratégicos, S.A., para el desarrollo e implantación de un sistema de observación de la tierra por satélite gubernamental con tecnología radar (Satélite Paz)

El convenio es continuación del primero que se firmó el 25 de febrero de 2008.  Sus cláusulas nos informan de que:

Primero.

Que el «Convenio Marco de colaboración entre el Ministerio de Defensa y la empresa Hisdesat, S.A. para la definición e implantación de un sistema de observación de la tierra por satélite gubernamental con tecnología Radar» en su apartado 2.3 establece que las anualidades se ajustarán al calendario real de lanzamiento y a la entrada en operación del satélite.

Segundo.

Que con escrito de fecha 18 de marzo de 2016 Hisdesat comunicó al Ministerio de Defensa que se había producido un nuevo retraso en la fecha de lanzamiento del satélite y que no se iba a precisar presupuesto para la compra de imágenes en la anualidad de 2016.

Tercero.

Que durante 2016 han continuado los retrasos en la autorización administrativa del lanzamiento de PAZ hasta el punto de que las propias autoridades de la Federación Rusa recomendaron la búsqueda de un lanzador alternativo. Hisdesat finalmente ha contratado un lanzador alternativo para lanzar PAZ, cuyo lanzamiento está previsto en el segundo semestre de 2017, lo que ha dado lugar a que ambas partes planteen modificar de nuevo el calendario previsto y que sea necesario adaptarlo a la nueva planificación de cumplimiento de los hitos del programa.

Cuarto.

Por las razones expuestas, ambas partes consideran necesario realizar una nueva reprogramación de pagos mediante la formalización de la presente adenda al Convenio Marco, de forma que no se contemple desembolso de fondos del presupuesto de Defensa en pago por un servicio hasta el año 2018 y se extenderá hasta la anualidad 2023, sin que suponga ni incremento de gasto ni de años de servicio.

Por todo lo que antecede, ambas partes

ACUERDAN

Primero.

Modificar el apartado 2.3 del Acuerdo Marco de Colaboración de fecha 28 de febrero de 2008, que queda redactado como sigue:

Los importes máximos a abonar por el Ministerio de Defensa a Hisdesat por dicha utilización se establecerán por Acuerdo Económico Específico de acuerdo al perfil de pagos siguiente, sin que los mismos puedan exceder los importes máximos anuales reflejados:

Como siempre, la terminología que utiliza defensa en sus contratos roza lo esotérico.  No entendemos qué es eso de los perfiles propuestos.

Pero sí nos parece claro que lo que ha hecho Defensa, ante los continuos retrasos de la empresa Hisdesat, otro ejemplo de la mala calidad de la industria militar, ha sido retrasar, también, los pagos durante 3 años más.  Parece que sin aumento en el coste.

Recordamos que Hisdesat tiene como principal accionista a la operadora de satélites de comunicaciones Hispasat (43%), la sociedad pública perteneciente al Ministerio de Defensa, ISDEFE (30%), AIRBUS Defence & Space (15%), INDRA (7%) y SENER (5%).

Además, recordamos que ISDEFE es 100% una empresa pública y que Hispasat tiene parte del accionariado con capital público:  el 7’41 de la SEPI (Ministerio de Hacienda y Función Pública) y el 1’85 del Centro de Desarrollo Tecnológico e Industria (CDTI), del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.

El satélite Paz nos va a costar desde 2016 a 2023 la friolera de 133’1 millones de €, es decir, 16’6375 millones de € anuales.  Es decir, 1’38645 millones de € al mes para tener un satélite cuya principal función es el espionaje militar.

¿No habríamos preferido gastar en otros gastos sociales mucho más urgentes?

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Israel también hace la guerra en la prensa

Imagen de Nicola Baruzzi

Fuente:  El Diario

Cada vez es más clara la presión continua que ejercita Israel sobre los medios extranjeros y, sobre todo, contra los periodistas independientes.

Xabier Abu Eid nos lo cuenta muy bien en su artículo:

  • Cada corresponsal que quiera cubrir la situación palestina sobre el terreno ha de tener, primero, una credencial de prensa israelí.  Dado que las fronteras de Palestina están controladas por Israel, esta credencial es la que le permite obtener el visado.
  • Israel limita la presencia de cámaras extranjeros o con políticas tributarias o con otros medios que buscan que las cadenas extranjeras contraten cámaras israelíes.
  • La inmensa mayoría de los corresponsales extranjeros vive en Isarel.  O por comodidad o por miedo o por imposibilidad de acceso a Palestina.  Por ello, muchas noticias no están basadas en la constatación directa de la realidad, sino que lo están en fuentes indirectas.

Un simple ejemplo: ¿cuál es la presencia en Belén de los medios españoles vinculados a la Iglesia católica? Nula ¿Otro? En los reportajes desde Israel los palestinos con ciudadanía israelí son prácticamente inexistentes, dando así cabida a la idea de un “Estado judío” y olvidando que más del 20% de sus ciudadanos son palestinos. ¿Quién conoce la existencia de cincuenta leyes aprobadas por la Knesset (el parlamento israelí) que discriminan a este segmento de la población? Generalmente esos corresponsales no son víctimas de las campañas de deslegitimación lideradas por la Hasbara(propaganda) israelí.

  • Israel gasta mucho dinero en acompañar a periodistas extranjeros:

Cuando Israel invita a periodistas en visitas pagadas, ¿no es deber del medio asegurar que el corresponsal vea además la otra parte? Así, hemos visto reportajes, por ejemplo, sobre la tecnología utilizada por el ejército israelí, pero no sobre los resultados que ésta provoca en la población palestina.

  • Incluso, influye el uso torticero, interesado y partidista del lenguaje:

Ello, junto a un particular uso de la terminología (por ejemplo, Jerusalén Este no se describe como ocupado o el internacionalmente reconocido Estado de Palestina es calificado como “los territorios palestinos”), contribuye a una visión que no refleja todos los elementos de la realidad.

Es decir, en estas épocas de guerra global, no sólo cuenta lo militar y la violencia.  Ésta se puede ejercer también sin armas y la prensa es un objetivo muy importante para los intereses de los contendientes.

Como se ve, en lo militar, la transparencia brilla por su ausencia.

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Sobre el tratado de Comercio de Armas: Una aclaración para el debate

control_arms

Recientemente publicamos una entrada en este mismo blog criticando la ambiguedad de argumentos e intenciones que esconde el Tratado de Comercio de Armas aprobado últimamente.

Es evidente que no criticábamos el esfuerzo de tantas organizaciones interesadas en la promoción por la paz por conseguir al menos un tratado que regule este opaco sector, sino el uso torticero y los intereses en juego de empresas militares y estados, que han hecho que el desarme pase de ser una propuesta a favor de una construcción alternativa de la paz, a una propuesta asimilable y a favor de un status quo militarista.

Veníamos a indicar, por eso, la mezcla de intereses más o menos favorables a la paz con otros oscuros y favorables a consolidar una dominación más evidente en el mercado de la venta de armas por parte de las grandes superpotencias. Proponíamos que, dentro de la amplia gama de aspiraciones pacifistas y antimilitaristas, no podría considerarse el tratado de armas un fin en sí mismo, sino un paso mínimo y necesitado de otros muchos avances en infinidad de aspectos para que no acabase convirtiéndose en un elemento más de consolidación del status quo militarista imperante.

Nos contesta a esta entrada el amigo Jordi Armadans, por otra parte un destacado pacifista catalán, afirmando

“Amigos de Utopía Contagiosa,

Como el militarismo y la hipocresía de estados y empresas están más que presentes en todos sitios, haya o no tratado, la existencia de una normativa de regulación del comercio de armas es, por definición, un avance, por pequeñísimo que sea.

Las limitaciones e insuficiencias del Tratado son evidentes. Me permito destacar, entre otras de posibles, 3 razones que justifican que el Tratado de Comercio de Armas (TCA) sea visto como un avance:

. en primer lugar, un avance en términos de mayor control de lo que sucede en un ámbito, el comercio de armas, que como sabéis es extremadamente opaco.

. en segundo lugar, un mecanismo para poner en dificultad las transferencias de armas -no solo a ‘terroristas’- sino principalmente a dictadores y criminales de guerra. Que eso va a ser difícil de concretar y que no siempre va a suceder? sin duda. Pero es mucho mejor que ahora, sin duda también.

. en tercer lugar, el TCA va a contribuir, y ya ha contribuido, a estigmatizar el comercio de armas, señalándolo como un factor generador de violencia y vulneraciones de los derechos humanos. Para todos nosotros, eso es bastante obvio. Pero muchos diplomáticos, periodistas, políticos, etc. antes nunca lo hubieran admitido y, ahora, lo afirman en público.

Finalmente, si el TCA fuera tan inocuo se habría aprobado sin más. En cambio, han sido necesarias casi dos décadas de campaña ante las fuertes resistencias de estados, potencias armamentísticas y empresas militares.

Gracias por el trabajo y el blog.

Abrazos”

Sin dejar de reconocer la parte de razón del argumento (de hecho comenzábamos nuestro alegato diciendo que es preferible que se controle la venta de armas a no se haga y que es preferible reducir el militarismo a aumentarlo), seguimos afirmando la necesidad de que las agendas pacifistas vayan más allá de la institucionalización de tratados de control de armas, precisamente por las razones que tanto Armadans como nosotros hemos explicitado en repetidas ocasiones: la hipocresía y el militarismo de empresas y estados y las evidentes limitaciones de la vía de regulación legal para promover una paz que vaya más allá de la mera paz negativa, entendida como ausencia de guerras y negación de los conflictos y no tanto como lucha contra la violencia estructural y cultural y como lucha por una paz con verdaderos contenidos.

Pero en el presente queremos destacar la oportunidad, en este preciso momento, de reafirmar que la vía del “desarme” no es la vía más pacifista, sino una mera vía coyuntural y oportunista, y por tanto insuficiente para construir una alternativa de defensa a la defensa militar y ello por varias razones suplementarias:

  • El mero desarme, como se ha explicado ya, no equivale a la construcción de una paz positiva, sino sencillamente a un control más o menos limitado del uso de la guerra como argumento de la política internacional. El desarme lleva a una paz negativa, pero no a una paz positiva.
  • Hay una tendencia en los partidos políticos que se proclaman alternativos a divagar en materia de defensa (podemos ver los programas electorales para las pasadas elecciones nacionales o europeas para comprobarlo), y sería ofrecerles una excusa inmerecida para no profundizar más en su propuesta, alentar la idea de que apoyar el tratado de comercio de armas, sin más, es alternativo y goza del apoyo pacifista. En nuestro criterio es imprescindible provocar que las agendas de propuestas políticas en materia de paz y seguridad vayan más allá del conformismo con el status quo y promuevan políticas de reducción gradual y progresiva del militarismo y de construcción gradual y alternativa de poder y autoorganización desde la base en materia de paz.
  • Es más inclusivo, completo y sobre todo, ofrece un horizonte claro y coherente, el hablar de transarme (que no excluye el desarme como estrategia de quitar y no solo regular el poder militar) que de desarme.
  • Conviene que afirmemos con rotundidad la globalidad de la agenda antimilitarista y pacifista: ¿promueve el pacifismo que lucha por la aplicación de los tratados de paz la aspiración concreta de políticas de transarme, que pasan por
    1. quitar gradualmente gasto militar y transferirlo a necesidades sociales,
    2. quitar armamento,
    3. quitar efectivos militares,
    4. quitar infraestructuras militares,
    5. Reconvertir la producción militar a finalidades socialmente necesarias y sostenibles,
    6. Abolir el armamentismo,
    7. Provocar cambios de política entre pueblos basados en la abolición de la guerra y en la cooperación entre los pueblos,
    8. Abandonar las alianzas militares y la actual geoestrategia,
    9. defender la seguridad humana,
    10. generar mediante la lucha social y la desobediencia el desbordamiento y la deslegitimación del militarismo,
    11. abogar por la desmilitarización gradual de la defensa hasta la completa abolición de la defensa militar,
    12. trabajar por el abordaje noviolento de los conflictos,
    13. Impulsar el apoderamiento por el común de la sociedad de una cultura de paz,
    14. Luchar contra la violencia estructural y cultural, etc.,

o quiere legitimar las medias tintas que, hasta la fecha, se ven en las propuestas de los partidos políticos en política de defensa?

  • ¿Basta con un pacifismo institucionalizado y que dialoga con las élites o es preciso un pacifismo alternativo, que construye con las bases sociales y que aspira a la defensa de las sociedades y de sus necesidades políticas, sociales y de seguridad humana?

Es por eso que mucho nos gustaría que en estos precisos momentos se enfatizara la estrategia de la desmilitarización de la defensa y no sólo la de la institucionalización del control militar, más manipulable por parte de los intereses militaristas.

En definitiva, si algo nos une es el acuerdo en que la paz negativa no es en realidad paz, sino violencia, y que la lucha por la paz debe centrarse en conseguir objetivos de paz global, centrados en la lucha por ir más allá del mero desarme militar, hacia el desarme de las conciencias y la desmilitarización de la política.

Sin dejar de reconocer el esfuerzo de personas y grupos en conseguir mínimos de control en el exagerado armamentismo actual, esperamos continuar la lucha juntos abogando por llevar el ideal de la paz mucho más allá de lo que pretenden permitir las grandes potencias.

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Ciber reserva voluntaria británica

Fuente:  El País.

El Gobierno británico ha sorprendido al mundo al anunciar la creación de un cuerpo de reservistas para formar un Ejército cibernético. La creación de ese cuerpo, anunciada por el ministro británico de Defensa, Philip Hammond, tiene como misión no solo defenderse de ataques cibernéticos, sino estar preparados para lanzar sus propios “ataques en el ciberespacio”. Se entiende por guerra cibernética el uso de ordenadores para trastornar las actividades de un país enemigo, especialmente mediante ataques deliberados a sus sistemas de comunicaciones.

Si lo hace una persona o un grupo de personas es considerado ilegal, ilegítimo, horroroso.  Destruir ordenadores, robar datos, infiltrar virus, todo ello está mal visto si lo hace cualquiera.

Pero, si lo hace un Ministerio de Defensa, sin regulación legal, sin garantías para terceros, sin control parlamentario y judicial, …, pues nada.  Todos tan contentos.

¿Y, en el fondo, para qué sirve esta moderna iniciativa?:

El verdadero objetivo de ese paso, sin embargo, no está claro. El ministro Hammond ha hablado de disuasión, aunque algunos expertos opinan que eso no es técnicamente posible en materia de ciberseguridad. Otras explicaciones que se manejan van desde la mera propaganda para distraer la atención sobre el impacto de las políticas de ajuste a una maniobra para concienciar a la opinión pública o simplemente un intento de atraer genios informáticos en un momento en el que un gran segmento de la población desconfía cada vez más de los servicios secretos británicos.

Todo el resto tiene los claros tintes militares de las cosas que se hacen por la patria:

1.-  De la nada se pasa a ser prácticamente imprescindible:

Estamos invirtiendo una parte cada vez mayor de nuestro presupuesto en capacidades de alta calidad como herramientas cibernéticas, de inteligencia y de vigilancia para mantener la seguridad del país

La Ciber Reserva será una parte esencial para asegurar que defendemos la seguridad nacional en el ciberespacio. Esta es una fantástica oportunidad para que expertos en la industria de Internet puedan poner sus conocimientos para que sean aprovechados por la nación

2.-  Los civiles ponen el trabajo y los militares se llevan el sueldo:

El Ministerio de Defensa no ha aclarado cuáles son las compensaciones que ofrece a quienes quieran formar parte de esta nueva fuerza cibernética, pero sí ha explicado qué condiciones han de cumplir para poder ser aceptados.

Los candidatos han de ser mayores de 18 años; británicos o de un país de la Commonwealth; haber vivido en Reino Unido al menos los últimos cinco años; ser capaces de comprometerse a realizar un entrenamiento de entre 19 y 27 días al año, incluidas dos semanas consecutivas y varios fines de semana; tener tiempo libre en fin de semana para apoyar misiones de ciberseguridad de la defensa; superar un proceso de seguridad; y, por supuesto, tener “aptitudes cibernéticas excepcionales y verificables”. Entre las cualidades más apreciadas cita una cuarentena de tipo general o relacionadas con redes, lenguajes, calificaciones y cuerpos profesionales a los que se pertenece.

Pero, en definitiva, el asunto es muy preocupante porque se van a dedicar dineros, esfuerzos, gente y recursos a la ciberguerra:

un ciberataque puede destrozar las comunicaciones del enemigo, sus arsenales atómicos y químicos, sus aviones o sus barcos. “La gente piensa en lo militar como algo de tierra, mar y aire. Nosotros hace tiempo que hemos incorporado una cuarta esfera: el espacio. Estamos ante una nueva frontera en materia de Defensa. Durante años hemos estado construyendo una capacidad defensiva para protegernos de ciberataques. Eso ya no es suficiente”, advierte. “Para disuadir, has de tener capacidades ofensivas. Vamos a construir en Gran Bretaña una capacidad de ciberataque que nos permita responder en el ciberespacio a los enemigos que nos atacan, poniendo lo ciber como una actividad militar convencional junto a tierra, mar, aire y espacio”.

Por otro lado, como cualquier escalada agresiva y violenta, sólo marca el camino de la espiral continua y devastadora de violencia:

Thomas Rid, profesor del King’s College y experto en guerra cibernética, cree que no. “Construir un arma cibernética significa atacar primero. Construir una capacidad ofensiva exige conocer de antemano cuál es el objetivo, en detalle, incluyendo configuraciones singulares de sistemas industriales de control, conocidos como SCADA. Conocer esos objetivos exige penetrar primero el objetivo, a través de agresivos sondeos de inteligencia. El efecto de eso es la escalada, no la disuasión”, ha declarado a The Guardian. Y en declaraciones al Financial Times, Rid sostiene que hacer ahora públicos los planes de poner en marcha una fuerza cibernética atacante “puede ser contraproducente porque otros protagonistas pueden reaccionar de forma que todos estemos menos seguros”. La guerra de las galaxias ya está aquí pero no se libra con sables de luz, sino con pantallas y teclados.

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Se multiplica por 18’77 el gasto en material antidisturbios: ¿quién es el enemigo?

Fuente:  Público.

En muchas ocasiones argumentamos que esta crisis económica y política que sufrimos nos está llevando, cada vez más, a preguntarnos quién es el enemigo.

La profunda crisis económica y social en la que vive España, ha provocado la multiplicación demanifestaciones y protestas de buena parte de la sociedad civil, que demanda un modo diferente de hacer política. El aumento de la conciencia crítica ciudadana no ha servido, por el momento, para que el Gobierno del Partido Popular varíe sus políticas, pero si para responder a este malestar con medidas que se traducen, por ejemplo, en el destino que el Ministerio del Interior dará a su presupuesto en los próximos años.

Así, se pasó de los 173.670 euros de 2012, a 3,26 millones de euros en 2013 en la partida destinada a la compra de “Material Antidisturbios y Equipamientos Específicos de Protección y Defensa”. 

Parece claro que el Gobierno no se alinea en el mismo frente que las personas en España.  Parece obvio que se alinea enfrente y con una actitud violenta y de enemigo declarado.  El aumento de 18’77 veces en material antidisturbio así lo manifiesta.

Una cantidad que servirá para reponer y modernizar el material que utilizan las unidades antidisturbios. Un material que incluye chalecos antibalas, gases lacrimógenos, porras, escudos, y pelotas de goma.  A su vez, la Generalitat de Catalunya anunció el pasado 12 de junio que los Mossos d’Esquadra dispondrían, ya para el mes de julio, de un camión policial equipado con varios cañones de agua y con un alcance de hasta 60 metros de distancia para dispersar a los manifestantes. Una imagen que, hasta ahora, en las calles españolas sólo era un recuerdo ligado a la Dictadura franquista y difuminado desde la Transición.

La Generalitat recuperará ahora los cañones de agua como un recurso aceptable ante la opinión pública, por mucho, que los medios de comunicación muestren cada día escenas de enfrentamientos entre policía y manifestantes, como se han dado en las últimas semanas en Brasil, Turquía o Egipto. Protestas dispersadas con el uso masivo de botes de humo, gases irritantes y lacrimógenos, y agua proyectada desde los cañones, a los que en ocasiones, se les añade colorante, que tiñe la ropa, o líquidos oleosos, que funcionan como auténticas bombas fétidas, y que sirven para marcar a los manifestantes.

Estos gastos los hacen con nuestros impuestos y contra los intereses y necesidades generales.  Sólo les interesa defender a las élites y a sus privilegios.  Si la política habitual no sirve para defender los derechos humanos, políticos y sociales;  si además los políticos habituales ya se encargan de cercenar las propuestas de cambios que pide la población y sólo las asumen cuando no les queda más remedio;  sólo nos queda la calle.

La calle está siendo usada de dos maneras:

  • –  para protestas.  Continuas, masivas, minoritarias, generales, específicas, de ida y vuelta como las mareas, …  En la mayor parte de los casos son pacíficas y llevan aparejadas actuaciones de propuestas en positivo, todas desoídas por los poderes.
  • –  para hacer política al estilo 15 M.  Miles de personas, todas las semanas, se unen en las calles, las plazas, los parques, …, para informarse, debatir, decidir y actuar.

Entre tanto, los políticos multiplican por 18’77 el gasto en material antidisturbios.  Parece que lo que queremos decir y lo que queremos proponer, al no encontrar hueco en los cauces habituales de la democracia y tomar la vía callejera, les molesta y les asusta.  Y se defienden.  Se defienden contra sus compatriotas, conciudadanos, votantes, vecinos, etc.

Les asusta la participación ciudadana, las ideas alternativas, las propuestas solidarias.

¡Qué pena de política al uso!

Los cuerpos de seguridad pretenden:

 “disolver a las multitudes con eficacia pero sin provocar grandes escándalos políticos deben poder disponer de un amplio abanico de medios que les permita una respuesta represiva gradual y flexible”. Es en esta respuesta donde se encuentra la generalización en el uso de las catalogadas como armas “no letales”. Una disuasión eficaz, sin un excesivo coste político y con unos materiales que empiezan a desarrollarse en los años 1960. De la mano de las fuerzas armadas de las grandes potencias, tienen como campo de pruebas países del Tercer Mundo. O, como es el caso de Palestina, se han convertido de forma directa en “un campo de experimentación para las empresas de seguridad y defensa israelíes”, donde se han probado, y utilizan, entre otro tipo de armas, la mayoría de ellas letales, balas y bombas fétidas. Un proyecto, el de las llamadas “bombas mofeta”, que comenzó a ser desarrollado en el año 2004 y que, como su nombre indica, reproduce de forma sintética el desagradable olor que segrega este animal. Una tecnología adoptada por la policía británica el pasado año y anunciada por Scotland Yard como un método eficaz para combatir los disturbios callejeros en las Islas.

Pero no sólo se encuentran dentro de esta categoría de armas las ya conocidas pelotas de goma, las pistolas y porras eléctricas o los cañones de agua, sino que se incorpora armamento desarrollado por programas militares para su uso directo en conflictos bélicos y en los que se han experimentado con armas diseñadas para incapacitar o repeler con una baja probabilidad de causar la muerte o daños permanentes a los oponentes. Entre este armamento destacan los fusiles láser y otras armas ópticas, capaces de provocar ceguera transitoria y/o definitiva, cañones de sonido, que aturden con la emisión de altas frecuencias al generar vértigo, espasmos, confusión mental y náuseas, o cañones de microondas que provocan quemaduras y dolor. A estos materiales, algunos de ellos, como los cañones de sonido, probados ya en protestas en Estados Unidos, se les unen otros, que parecen salidos directamente de la ciencia-ficción y no de laboratorios de los contratistas de defensa, como fusiles electromagnéticos -provocan ataques similares a los epilépticos-, pistolas de energía termal, que elevan la temperatura corporal, lanzadores de espuma, que inmovilizan a las personas pegándolas al suelo, o armas psicotrónicas, que pueden provocar trastornos mentales transitorios.

Estas armas, usadas en conflictos “de baja intensidad”, sirven también para disolver manifestaciones o reducir a detenidos por la policía, lo que deja entrever, como señala el Centre d’Estudis per la Pau, “la militarización de la policía” en cuanto a sus procedimientos de actuación y al tipo de materiales usados. Algunas de estas armas, las más pequeñas y manejables, como las pistolas Taser o las porras eléctricas, pueden ser incluso adquiridas fácilmente a través del comercio online, aunque en España esté prohibido su uso a particulares. A esta carrera por conseguir las armas “no letales” más novedosas y menos “dañinas”, se incorporan incluso los ayuntamientos que, como en el caso de algunos consistorios catalanes, se han interesado por adquirir camiones dotados con cañones de sonido.

Sean o no letales (lo cual es muy relativo) pueden producir  y producen graves daños en muchas ocasiones y no dejan de ser armas.  Cuando la clase política se defiende con armas, letales o no, de los ciudadanos a los que representan, o deberían representar, algo va muy mal en la política y quizá nos indica quién es el enemigo.

Y una última pregunta:  ¿puede este gasto ser considerado como una parte más del gasto militar?

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