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Protestas en Burgos contra la especulación militar de suelo

Imagen de Daniel Lobo

 

Fuente:  Burgos Conecta y Noticias de Burgos.

Ocurre que el Ministerio de Defensa es el segundo terrateniente español.  Ello conlleva que muchos de sus pisos, solares, garajes, edificios y terrenos rústicos y urbanos estén en desuso o abandonados, muchas veces desde hace muchos años.

Por tanto, en muchas ocasiones se producen conflictos entre los municipios y los intereses del Ministerio de Defensa, que siempre son los mismos, lucrarse con la especulación para luego invertir en armas.

La postura del PCAS (Partido Castellano) en Burgos es muy clara:

El Partido Castellano (PCAS), a través del Grupo Parlamentario Compromís, ha trasladado a la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, varias preguntas relativas a los terrenos que ocupa el abandonado Parque de Artillería de Santa Bárbara en Burgos. El PCAS, con estas preguntas, intenta que el Ministerio de Defensa rectifique y paralice la actual subasta de los terrenos prevista para mediados de septiembre.

Además, los castellanistas defienden que estos casi 50.000 metros cuadrados de suelo deberían de volver a manos municipales “sin coste alguno”. Luis Marcos, secretario de Organización del partido, considera que “todavía se está a tiempo de parar esta operación”. Y es que, en su opinión, “no solo se trata de hacer justicia, sino de compensar el injusto tratamiento del Ministerio de Defensa con Burgos en los últimos años, con el cierre de diferentes dotaciones militares”.

Esa es la opción 1, la opción del PCAS.

La opción 2 es la del Ministerio de Defensa:  vender los terrenos (y aplicar lo obtenido por la venta a comprar armas y equipamientos militares), actualmente tasados en 14 millones de €, para edificar 337 viviendas por parte de empresas privadas.

Esta opción no le parece correcta al PCAS porque trata mal a Burgos, que siempre se ha portado bien con Defensa:

ha recordado el trato exquisito que la ciudad brindó durante más de 100 años a Defensa mediante concesiones gratuitas de terrenos destinados a cuarteles y el establecimiento de unidades militares acarreando la pérdida de multitud de importantes edificaciones, solares, acuartelamientos y unidades militares. Con estas enajenaciones el Ministerio ha obtenido 80 millones de euros, según Marcos, lo que considera un lucro aprovechando las facilidades del Ayuntamiento.

La opción 3, la del ayuntamiento, es permutar la parcela por otras de titularidad municipal.  Esta solución también es rechazada por el PCAS porque

las otras parcelas que posee el Ayuntamiento “deben de servir para hacer políticas sociales de vivienda y el Ministerio de Defensa no está por la labor porque lo que quiere es hacer caja rápido”

Nuevamente más pruebas de la insolidaridad del Ministerio de Defensa con la población civil.

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Turismo de guerra: ¿turismo ético?

Imagen de txindoki

Fuente:  Tourinews.

Nos hace reflexionar la información sobre que está en auge el turismo para visitar los parajes donde ocurrieron grandes batallas (Normandía, Pearl Harbour, la Guarida del Lobo hitleriana, y un largo etcétera).

Está muy bien conocer la historia, es indispensable para no caer en los errores del pasado.

¿Pero qué historia se contará a los que hagan estas visitas?  Mucho nos tememos que será la habitual:  la historia en la que somos los buenos atacados por los malos, la historia en la que se muestran las líneas del frente, los avances y retrocesos, la historia en la que se habla de los “adelantos” técnicos que desequilibraron batallas, en las que se suceden los heroísmos patrios y los horribles atropellos de los salvajes ajenos.

En fin, unas batallas y unas guerras llenas de patriotismo, militarismo, violencia, inhumanidad, pero reflejadas en la actualidad soleada, biendesayunada, cómoda, segura y ajena a las guerras de nuestro primer mundo.  ¿Acaban estas empresas siendo meras colaboradoras y propagandistas del militarismo?

¿Cómo sería visitar un hospital (o sus ruinas, mejor dicho) en Alepo, cómo sería visitar el resultado de un bombardeo en Yemen?  ¿Cómo sería visitar un país sin país y sin futuro como Palestina?

¿Sentiríamos lo mismo, pensaríamos lo mismo?

Seguramente ni iríamos a viajes así.  Una cosa es aprender historia militar cómodamente y otra, muy distinta, ver los horrores de la guerra in situ,  ver sus mutilados, viudas, violadas, famélicos, niños soldados, en directo, mirándote a los ojos y pensando que estás faltándoles al respeto visitándoles como si fuesen un espectáculo y no solidarizándote con ellos como sería menester.

La guerra deja dinero, aunque sea tras muchos, muchos años.  En el primer mundo estamos ávidos de negocio, sin plantearnos, por supuesto, dilemas éticos.

Hay una empresa viguesa que puede ser el ejemplo de todo esto:  Bobyblue.

Como se ve en su web se pone al mismo nivel el ecoturismo, el turismo del bienestar, el turismo de aventura y el turismo militar.

Todas las empresas deben tener una responsabilidad social que debe cubrir muchos aspectos de su negocio.  Suponemos que también se les debe exigir una responsabilidad ética contra la violencia de las guerras.

 

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En 2017 el gasto en misiones militares en el exterior superará los 1.000 millones de euros

Nero+con+stile...

Por Otto Nassar

Fuente: Infolibre

A finales de julio explicábamos la nefasta política militar española, intervencionista, militarista, agresiva, con 87 intervenciones militares en el exterior desde los años 80 a la fecha actual,

Una política además muy cara y ocultada por nuestros conspicuos capitostes de la cúpula militar-industrial y sus palmeros políticos que la consienten, cuando no la estimulan.

Como se sabe, la partida de gasto militar referida a las operaciones en el exterior es una de las 69 partidas ocultas de nuestro gasto militar, tal como explicamos en una infografía recientemente publicada. Concretamente forma parte de la partida allí denominada “deuda militar extraordinaria”.

Ahora nos ofrecen una cifra escalofriante, por encima de la previsión que hicimos en nuestras estimaciones del gasto militar para 2017.

En aquel estudio estimamos que el gasto oculto para estas operaciones militares en el exterior sería el mismo que en el 2016, unos 771,11 millones de euros, pero los datos que nos ofrece Defensa sitúa el gasto real para 2017 de operaciones militares en el exterior en 1.076 millones de euros, casi 75 veces los ridículos 14´3 millones de euros consignados para estas operaciones por los presupuestos del Estado de 2.017.

La cifra no debería sorprender a nadie a estas alturas. Por una parte, ya la insinuó el Secretario de Estado de Defensa en Abril  (por cierto, insinuó que a lo mejor podía llegar a los 1.200 millones por los despliegues de Estonia) en su comparecencia ante la Comisión de Defensa, sin que hiciera mella en el ánimo de los somnolientos diputados, siempre tan infatigables en dejar pasar las oportunidades de controlar al Ministerio. Por otra parte, el hecho de que se consignen en los presupuestos partidas de unos 14 millones y se gasten en torno a 700 u 800 o 1.100 al año para este tipo de invasiones exteriores viene siendo una práctica constante del Ministerio de Defensa.

Lo verdaderamente significativo no es, por tanto, que el Ministerio de Defensa mienta (lo hace siempre). Lo relevante es que se consolida, y aumenta gravemente incluso, la política de injerencia militar que aplica el Ministerio de Defensa por medio de estas operaciones en el exterior y que lo hace sin la más mínima crítica ni oposición a este papel creciente en el militarismo mundial.

Hay que criticar la cifra de gasto, pero más aún la razón de ser, el “para qué” se usa este dineral, tanto el uso supuesto (operaciones en el exterior) que encubren una política exterior militarizada y agresiva que cuenta con más medios que cualquier otra dimensión de la política exterior del Estado, como el uso real (que se aprovecha además para exhibir armamento español con vistas a la venta de armas en la que somos la sexta potencia exportadora mundial, así como para camuflar gasto de operatividad y de reparaciones de las fuerzas armadas que no aparece en el presupuesto del Ministerio de Defensa y para incentivar el sueldo de los soldados que participan en todo esto).

Podemos comparar la cifra con la que aporta España a la cooperación internacional o a la solidaridad con otros pueblos. el resultado es desalentador y escandaloso. Somos un peligro, concretamente el segundo contribuyente militar europeo en tropas en el exterior y el cuarto de la ONU, algo inaudito y vergonzoso.

Tal vez ahora la Ministra pretenda “aflorar” este espectacular aumento de la partida de operaciones militares en el exterior y consignarla en los presupuestos de 2018 para simular y vendernos que intentamos acercarnos al 2% del PIB en gasto militar (cuando la realidad es que este gasto ya se produce y superamos el 2% del PIB en gasto militar y que lo hacen de forma opaca, para que la gente no se entere de esta opción militarista).

En todo caso, sería deseable imponer por ley la obligación de transparentar todo el gasto militar y de someter al debate social y al control las razones de nuestro espectacular fomento del militarismo y su enorme gasto.

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La cultura de defensa consiste en que el buque escuela de la Armada sirva de crucero a gastos pagados a ministros y familiares

Imagen de juantiagues

Fuente:  El Diario.

El buque escuela Juan Sebastián Elcano se dedica, además de a instruir a nuestros militares marineros en la desusada militarmente navegación a vela, a hotel de lujo, dando camarotes gratis a familiares del Ministerio de Defensa.

Un caso más de mala praxis en el Ministerio de Defensa y de despilfarro militar.

Ignacio López del Hierro, el marido de la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, fue uno de los pasajeros ilustres a bordo del Juan Sebastian Elcano. Ocupó uno de sus camarotes durante la última etapa de la travesía con la que el buque escuela de la Armada conmemoraba su 90º aniversario, un viaje entre los puertos de Marín (Pontevedra) y Cádiz con todos los gastos pagados.

La explicación, la habitual, es una tradición.  De ella participan los familiares de trabajadores (de alto rango, entendemos) del Ministerio de Defensa e, incluso, los titulares de la cartera, y otros titulares de ministerios ajenos como García Margallo (y mujer) y Zoido, al parecer cuando era alcalde de Sevilla.

El Ministerio quita importancia a la presencia de López del Hierro en ese crucero y asegura que siempre ha habido parientes de altos cargos, también “durante la época del PSOE”. Junto a ellos, “abogados, médicos y periodistas” a los que se permite subir a bordo como parte de una labor de “divulgación de la cultura de Defensa”.

El cinismo, el no asumir las responsabilidades del cargo, el pensar que el ministerio y lo que contiene o administra son su propio cortijo, el desprecio a la ciudadanía media que ni por asomo podrían pagarse un crucero así, etc., se venden como Cultura de la Defensa.  ¿En esto consiste la Cultura de Defensa?  No nos extraña que no se sientan respaldados por la ciudadanía.  Es una vergüenza su concepto.

Y, a su modo, tienen razón; es cultura de la defensa de las elites, de los violentos, de los militaristas.

Por una vez la noticia se hace eco del responsable:  el almirante jefe del Estado Mayor de la Armada, esta vez Teodoro López Calderón, que es quien decide directamente quién, de entre los solicitantes, merece el crucero de 4 días a gastos pagados.  ¿Dimitirá por ética?  ¿Algún alto cargo lo cesará para que no caigan las responsabilidades de encubrimiento en él?

La cifra de civiles agraciados este año con el crucero no es pequeña:  90.  Viajaron con 171 militares.  2/3 del pasaje total.  Demasiado para algo tan serio como es la Defensa Nacional.

Por otro lado, ¿es necesario un buque escuela como Elcano?  No son ya demasiadas las polémicas, muchas muy turbias, con las que nos regala, año sí y año también:

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Los números rojos de Navantia y el rescate de la industria militar hunden la SEPI y hundirán las regiones dependientes del monocultivo militar

Exponaval+2012

Por Jesús Fernández García

Fuente: EconomíaDigital

Del desastre sin paliativos ni excusas que es Navantia, la empresa mimada de la industria militar española, nos hemos ocupado por extenso a lo largo de años.

Desastre que tiene que ver con sus pérdidas de vértigo y su mala gestión, con su mala calidad, con su inmoral negocio en sí y con el trasiego de favores y puertas giratorias que soportan, contra viento y marea, la empresa pública con el dinero de todos y en beneficio de unos poquitos.

El Estado, amén de mandar de viaje a ministros, monarcas y otras autoridades menores y disponibles para que vendan los productos de Navantia, ha cooptado alcaldes y autoridades incompetentes (en la materia, se supone) para que, cerrando los ojos o tapándose la nariz, hablen parabienes de este negocio y ha comprado titulares periodísticos para que nos expliquen la gran mentira, un nuevo ejemplo de agnotología militar, de lo requetebueno que es vender armas de Navantia, aunque sea a Arabia Saudí, para nuestra seguridad y para bajar las cifras del paro.

Las terribles y engañosas cuentas de Navantia

Y de buenas a primeras nos enteramos por las cuentas anuales de 2016 presentadas por la SEPI que en 2016 Navantia acumuló (a pesar de las inmejorables ayudas públicas) unas pérdidas de 303 millones de euros, la mayor deuda de todas las empresas publicas españolas.

Navantia se convierte así en un agujero negro (y bastante opaco) que arrastra las cuentas públicas al desastre. ¿Hay que agradecérselo a alguien en concreto?

Según otro medio, las cuentas de Navantia implican que ésta está en una situación que obligaría a su disolución aunque han empleado un truco contable para evitarla.

Así informó a su vez a finales de junio Economía Digital.

Para más aclaraciones de la desastrosa situación de Navantia, la Oficina Nacional de Auditoría (órgano adscrito a la IGAE) dice  en su informe de auditoría de las cuentas de SEPI, páginas 4 y 5, que

En el informe de auditoría del Grupo Navantia, el auditor llama la atención sobre las notas 3 y 22 de la memoria, que describen la situación patrimonial del Grupo. El patrimonio neto a efectos mercantiles de la Sociedad Dominante del Grupo Navantia se sitúa en 23.393 miles de euros a 31 de diciembre de 2016 y, por tanto, en situación patrimonial de disolución, en aplicación del artículo 363.1.e) de la Ley de Sociedades de Capital. El Consejo de Administración de la Sociedad Dominante, celebrado el 15 de marzo de 2017 aprobó la solicitud a SEPI, su accionista único, de un préstamo participativo por importe de 90.000 miles de euros. Con fecha 28 de marzo de 2017 ambas sociedades firmaron el contrato del referido préstamo, que ha sido desembolsado en la misma fecha. Considerando este préstamo participativo y teniendo en cuenta el patrimonio neto a efectos mercantiles, a 31 de diciembre de 2016, la Sociedad Dominante no se encuentra en causa de disolución, sí se encuentra en situación patrimonial de reducción de capital obligatoria, en aplicación del artículo 327 de la Ley de Sociedades de Capital, por lo que durante el ejercicio 2017 la sociedad tendrá que tomar medidas tendentes a conseguir el equilibrio patrimonial.

Es decir, traducido al idioma autóctono de quienes ni sabemos de finanzas ni usamos corbatas y camisas de seda, Navantia debería disolverse, pero como el dinero es de todos y a sus administradores les cuesta muy poco, unos cuantos (casualmente los causantes y cómplices del desastre) han decidido auto-otorgarle a Navantia (osea a ellos mismos y a los intereses que representan) un préstamo para camuflar las cuentas y permitir un nuevo salto en el vacío, algo así como un rescate como los que salvaron el negocio de los accionistas de los bancos pero ahora aplicado a la industria militar (que también es casualidad que sea una de las que financia la banca armada).

Más deuda a nuestras costillas y más gasto militar

¿Significa eso que nos va a salir gratis la broma de este “reflote” (véase la metáfora marítima que elegimos para más rechifla) de la industria de muerte?

Pues no. Significa monda y lirondamente más gasto militar, porque ¿adivinan de dónde saldrá el pastuco del préstamo de camuflaje?

¿Han pensado que de los presupuestos? Pues acertaron. Lo dice así el diario La Información y nos pone sobre la pista para anotar en 2017 dinero camuflado de gasto militar en la SEPI y para vigilar el presupuesto de 2018, donde es previsible que vuelvan a repetir la jugada

En los Presupuestos Generales de 2017 se concede a la SEPI una aportación de 1.210 millones para avalar a sus diferentes empresas, una cifra idéntica a la de 2016. El Gobierno, además, prevé que la Sociedad estatal acabe el año en pérdidas, con un resultado negativo de 149 millones.

El desastre productivo de Navantia

Pero este aspecto económico no lo es todo en el caos de Navantia.

Su eficacia productiva es inigualable.

Navantia nos ha empobrecido vendiendo al Estado unos submarinos que no flotan y han debido ser revisados innumerables veces.

Revisiones que han implicado aumento de la factura de producción de los mismos y aumento de la factura de reparación de los actualmente en uso para alargar su vida útil hasta que los nuevos ingenios de Navantia tengan a bien emerger del fondo marino donde los sitúa la incompetencia del personal “altamente cualificado” del que alardea el escalafón militarista, desde la ministra hacia abajo.

En efecto, el inicial proyecto de submarinos de Navantia supondría un coste de 1.796 millones de euros, pero ya vamos, sumados los sobrecostes del propio submarino y los gastos que ha implicado para reparar los antiguos y mantenerlos en uso, 3.013 millones de euros, según informamos en febrero de 2017. Y según el Secretario de Estado en su intervención en el Congreso para informar sobre los Programas Especiales de Armamento del pasado 2016, estas cantidades sólo permitirán poner en el agua el primero de los cuatro submarinos previstos, sin que se sepa el coste de los otros tres restantes.

Pero los errores de diseño de Navantia no son exclusivos de su empeño en submarinos con sobrepeso y alcanzan a otros productos de la naval, como los barcos de la clase Camberra que quiere vender a Australia, o el BPE Juan Carlos I como ya explicamos en otra entrada de mayo de este año.

¿Qué suerte habrían corrido las comarcas de Cádiz, Ferrol y Cartagena si el dinero invertido en mantener Navantia se hubiera invertido en reconversión y desarrollo?

Las cifras no engañan. Navantia ha recibido varios miles de millones del erario público en concepto de ayudas, subvenciones y aportaciones para mantenerla en pié.

La sola suma de las pérdidas de Navantia en los últimos diez años (pérdidas que cubre el Estado al margen de las ayudas y encargos que realiza a esta empresa) es escalofriante, con una media anual de más de 250 millones de euros y sin un plan viable de salida.

La explicación que nos han dado es que con ello contribuían a la cuestión social de Murcia, Cartagena y Ferrol, ampliamente dependientes de la industria naval militar.

Muchos de los contratos de Navantia no han tenido una finalidad, dijo un anterior Secretario de Estado de Defensa, desde el punto de vista militar, pues lo “encargado” o no se necesitaba o se podía conseguir mejor fuera, sino industrial, para fortalecer el sector naval militar.

Si contabilizamos todas estas ayudas, subvenciones, dinero invertido en encargos, sobrecostes de sus productos y dotaciones de pérdidas ¿no podría haberse cortado la sangría antes e invertido todo este dineral tirado a la basura para desarrollar de forma alternativa estas regiones?

Lo militar ha supuesto para Cartagena, Murcia o Cádiz dependencia, no progreso ni desarrollo y mantener incólume esta dinámica no puede sino condenar a estas regiones a más dependencia y peor futuro.

¿Por qué nadie reclama ese cambio de rumbo?

Si de lo que se trata es de sostener la viabilidad de las regiones referidas, ¿por qué no se invierten los más de 300 millones de perdidas de Navantia no en mantenerla viva, sino en el desarrollo de estas regiones?

¿Por qué no se incentiva una reconversión radical de Navantia y sus tecnologías hacia fines socialmente útiles y sectores sostenibles?

La respuesta es más que sencilla. Porque lo que se busca no es el desarrollo de estas regiones, sino el negocio lucrativo de unos pocos.

Paro y Navantia

Las cuentas anuales de Navantia de 2016, bastante edulcoradas, por cierto, nos aportan un dato más:

  • La plantilla de Naviantia a 31-12-2016 era de 5.296 personas únicamente.
  • La cifra de negocio de Navantia en 2016 ha sido de 710´08 millones de euros.
  • El resultado de Navantia en 2016 ha sido de 229,74 millones de euros.
  • Las inversiones en inmovilizado durante 2016 han sido de 170 millones de euros.
  • El patrimonio de Navantia se ha contabilizado por valor de 341,29 millones de euros.
  • Ha obtenido donaciones y subvenciones (principalmente de la Comunidad de Murcia, el Ministerio de Industria y la UE) por importe de 3,9 millones de euros.
  • el pago total de personal ha sido de 311´36  millones de euros, lo que equivale a un sueldo medio de 58.791 euros, cifra que, a la vista de las tablas salariales de su propio convenio, no cobra ni siquiera el 10% de su plantilla y que sobre la cifra de negocio anual supone un 43% de aquella.

Estas cifras despejan, a su vez, la idea de que Navantia ofrece mucho trabajo, únicamente 5.296 personas en unas regiones que cuentan con una población parada de cerca de 200.000 personas en la región de Cádiz (un paro de más del 33% de su población activa), más de 130.000 personas en la región de Murcia (cerca del 20% de parados) y con un paro en la comarca de Ferrol de 6.100 personas, un 24% de su población activa.

Navantia no es, vistas las cifras, ni una solución parcial al paro desmesurado y producto de una ínfima inversión en desarrollo de estas regiones.

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Agnotología militar

Imagen de Mikel Ortega

No conocíamos el término agnotología.  Según wikipedia:

La agnotología (del griego ἄγνωσιςagnōsis, “desconocer” (griego ἄγνωτος “desconocido”​), y -λογία-logía. Es el estudio de la ignorancia o duda culturalmente inducida, especialmente a la publicación de datos científicos erróneos o tendenciosos.

El término fue acuñado por  Robert Proctor, profesor estadounidense de Historia de la ciencia y de la tecnología en la Universidad de Stanford.​ De forma más general, el término también hace referencia a los casos cada vez más comunes en que un mayor conocimiento de un tema resulta en que se tengan más dudas que al comienzo.

Robert Proctor investiga cómo la ignorancia se genera activamente en la sociedad a través de fuentes como el secretismo militar o judicial y por medio de políticas deliberadas. La manufactura de la ignorancia es muy común, como en el caso del calentamiento global o la teoría de la evolución, que siguen poniéndose en duda en algunos colectivos, como si no se tratara de verdades científicas. El autor afirma que este tipo de tecnología de la desinformación surge de la industria tabacalera.

¿Se puede cultivar la ignorancia en lo militar por medio de técnicas previstas y que tengan como función que sepamos más, pero sin llegarnos a enterar de nada, realmente?  ¿Tiene algo que ver con esta sociedad de vértigo digital en la que cada vez tenemos más información pero en la que somos incapaces de discernir algo con claridad?

Es mucho lo que se puede pensar sobre este tema.  Y posiblemente sea necesario hacerlo y pararnos a diferenciar qué es lo que vale la pena y lo que no.

Sólo vamos a hacer un pequeña contribución al tema:  son varias las formas que se nos ocurren para fomentar la agnotología militar:

1.-  La más clásica, la más sólida y contundente:  no dar información.  Durante muchísimo tiempo en nuestra democracia era lo habitual, había muy pocas fuentes públicas de información sobre lo militar:  la Revista Española de Defensa, las revistas de los Ejércitos y muy poco más.  Todo ello era, además, muy poco accesible:  pocos kioskos sabían darte noticias sobre cuándo estarían las revistas disponibles, por ejemplo.  Como nadie sabía, nadie opinaba (eso pensaban).  Pero en aquella época había una gran fuente de información oral:  el Servicio Militar Obligatorio.  En él ocurrían cosas continuamente y muchas de ellas no hablaban bien de lo militar y del militarismo.  ¿Qué ocurría en las salas de mando?  Poco se sabía, mucho se especulaba.

2.-  Abrumar con información.  Era conocido y temido por este hecho el ministro Narcís Serra.  Se volvieron míticas las jornadas en las que informaba a la Comisión de Defensa con muchísimas transparencias, un ritmo rápido y una duración desaforada.  Al final los diputados no sabían qué preguntar porque estaban saturados.  Nosotros, desde hace unos pocos años, hemos seguido las sesiones donde se informaba de los Presupuestos del Ministerio de Defensa:  lluvia de epígrafes, partidas, cifras y análisis.  Resultado, no hay quien se entere, sobre todo si el ponente, y suele coincidir, no es muy ordenado.

3.-  Dar informaciones con poco tiempo de antelación para su estudio.  El ejemplo es el mismo:  los diputados de la Comisión de Defensa siempre se quejan de que el Ministerio de Defensa les ha dado la información en el mismo momento, la misma mañana, el día anterior como mucho.  Así, reclaman, es imposible un estudio sosegado y, añadimos nosotros, sobre todo crítico.  El PP se lo recriminó al PSOE y luego el PSOE al PP.  Pero nadie lo evita, nadie es capaz de proponer una norma parlamentaria en la que las informaciones se deban dar con un par de semanas de antelación.

4.-  Dar exclusivamente información técnica y con lenguaje críptico.  Los militares son muy dados a los acrónimos y siglas.  Y ya cuando hablan de armamento no digamos:  unen números y terminología en inglés.  Entrar en el análisis de un documento militar puede ser muy duro:  una primera lectura nos indicará, más o menos, de qué se está hablando.  Luego será necesario hacer un breve (o no tanto) estudio y memorización de las siglas utilizadas que suelen poner en un anexo.  Tras ello habrá que hacer algunas lecturas más, poco a poco, para acabar concluyendo alguna que otra cosilla, no más.  Si tenemos la suerte (es un decir) de que sea el Tribunal de Cuentas el que analiza un asunto militar con la información económica y las opiniones que le han pasado desde el Ministerio de Defensa, tendremos que tomarnos varios fármacos contra el dolor de cabeza porque aquí se junta el críptico lenguaje militar con el críptico lenguaje económica y el rizo se riza del todo.

5.-  Dar información poco relevante.  Y es que debe haber algún método oculto por el que los altos mandos tanto políticos como militares, llegan a esas altas cotas de concisión y oscuridad en la que la información que dan no significa nada.  Podemos hablar de las misiones militares en el exterior, por ejemplo, en las cuales no se dirá nunca su número, su coste y, mucho menos, las razones que tenemos para estar “proyectados” (eufemismo para no decir “invadiendo”) en medio mundo.  El uso de frases hechas que buscan la plácida aquiescencia de la población es la norma imperante.  Se puede hablar una hora entera, pero el escuchante no saldrá más informado y, sobre todo, nunca saldrá mejor informado.

6.-  Poner ejemplos que banalizan lo importante.  ¿Nunca han oído el ejemplo de que la defensa militar es como en nuestra casa o comunidad de propietarios, donde elegimos si poner una verja, o un circuito de vigilancia, o dejamos la puerta abierta, o le dejamos las llaves a los vecinos para que vigilen;  que entre todos decidimos cuánto gastamos y en qué en la seguridad de nuestra vivienda?  Nosotros sí.  Así presentado parece que la defensa militar es algo limpio, aséptico, neutro, aproblemático.  Sin embargo, la defensa militar, para existir, necesita provocar guerras, fabricar armas, venderlas, que haya tensiones internacionales o intranacionales que se resuelvan por la vía violenta;  la defensa militar necesita muertos, muchos muertos, y enemigos, que todos sean nuestros enemigos, incluso las personas pobres que huyen desde su país al nuestro en busca de un futuro.  La defensa militar necesita cultivar con esmero la violencia, tanto directa como cultura y estructural.  Necesita y protege las desigualdades sociales.  No banalicemos con los ejemplos, y no lo hagamos, como mínimo, por respeto a todos los miles y miles de personas que son asesinados militarmente cada año.

7.-  Dar saltos de un tema a otro.  ¿Que ocurre que en un debate te han pillado con una argumentación, una cifra, o un hecho?  Lo habitual en temas de Defensa es pasar, con mayor o menor gracia y habilidad, a otro tema.  La gente en sus discursos, cuando ve peligro en el tema que se toca, rápidamente pasa a otra cosa donde carga las tintas.  Todo ello es una actividad para escurrir el bulto, para no quedar comprometido.  Y es curioso porque en cada uno de los temas de Defensa se podrían usar horas y horas, días y días, hablando, argumentando, razonando, aportando datos, analizándolos, buscando alternativas, debatiéndolas.

8.-  Dar opiniones por información.  Esto se basa en el principio de autoridad.  Si eres una persona del pueblo, te exigirán datos, razonamientos, esquemas, gráficos, alternativas y, sobre todo, la seguridad total de que lo que dices es cierto.  Si eres alguien de la elite militar nadie osará dudar.  Podrás decir cualquier opinión con la fuerza y la contundencia de una información.  Tus opiniones serán informaciones, la realidad es lo que tú hablas, fuera de tus opiniones de experto, en lo militar, la realidad no existe.  Claro, todo esto es consecuencia de la cultura que en temas de Defensa hemos vivido:  obediencia, elitismo, imposición, delegación, …

9.-  No argumentar lo que se dice.  Fíjense en las declaraciones de nuestros ministros militaristas o de los militaristas políticos:  frases cortas, categóricas, rotundas.  Ustedes las escuchan y están esperando que, acto seguido, siga la argumentación.  Falsa esperanza.  Jamás llega.  No la espere.  ¿Por qué han de argumentar?  Basta con aleccionar.  Y es que, como dicen los militares y militarista, la política de Defensa es una política de Estado.  ¿Qué significa esto, se preguntarán?  Pues está claro:  la debes asumir sin rechistar, sin críticas, sin oposición.  Porque al ser una política de Estado todos debemos estar de acuerdo.  Aunque coincide que el acuerdo siempre esté en el área de la derechona rancia de toda la vida.

10.-  Todo junto.  Como se ve el repertorio es amplio.  Unos meses puedes centrarte más en unos puntos y otros en los demás.  Así nadie notará nada, tu discurso se renovará, parecerá fresco y actualizado.  Y todo el que te haya escuchado saldrá con una sonrisa y la convicción de haber aprendido.

Tras este breve decálogo de agnotología militar nos damos cuenta de que realmente sí existe la agnotología militar y, además, de que es, casi, lo único que existe.

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Empresas promotoras de la guerra

Por Xurxo Martínez

Fuente: La Marea

Es de sobra conocida la vinculación de las empresas más feroces del capitalismo y las guerras.

Tan evidente y tantas veces explicado desde diversos ángulos del conocimiento que resulta hasta innecesario explicarlo al detalle.

Ahora se da un caso en el que una multinacional de matriz española, REPSOL, una petrolera del capitalismo extractivista y demoledor que sufrimos, está en el punto de provocar una guerra por sus lucrativas actividades,

REPSOL está en un proyecto para extraer gas natural nada menos que en una zona de disputa territorial entre China y Vietnam.

Vietnam ha concedido a REPSOL su aquiescencia a que REPSOL perfore y explote el yacimiento, pero ocurre que China disputa este terreno a Vietnam y no acepta las disposiciones vietnamitas.

¿Y REPSOL que hacía mientras tanto?

Pues se hacía la loca, como si la cosa no fuera con ellos.

Las cosas llegaron a un grado en el que el gobierno chino amenazó al vietnamita con el uso de la fuerza para paralizar la actividad de la multinacional petrolera y, de momento, los vietnamitas han ordenado a REPSOL que no siga con sus actividades.

Según la BBC

La semana pasada las autoridades vietnamitas ordenaron a la petrolera que pusiera fin a sus perforaciones en una zona reivindicada por China después de que el Gobierno chino amenazara con lanzar un ataque para cancelarlas por la fuerza

REPSOL ha respondido a los periodistas de La Marea que no tiene nada que decir, bonita manera de decirlo todo.

El gobierno español, contra lo que se supone, si tiene algo que decir:

“el gobierno sigue de cerca el caso y mantiene una “estrecha relación con Repsol”. Sobre el conflicto entre China y Vietnam, Exteriores responde que “España no entra en controversias que pueda haber entre estados ribereños del Mar de China” y defiende que “las diferencias deben ser resueltas de modo pacífico”.

Por entendernos es neutral a medias, pues defiende que se resuelvan pacíficamente las controversias (lo cual es como no decir nada, porque es precisamente eso lo que dice la legislación internacional), pero “mantiene una estrecha relación con Repsol y sigue de cerca el caso”, algo así como que están pendientes para ayudar a Repsol (no a China o a Vietnam).

Podría pensarse que REPSOL es un convidado de piedra en todo este embrollo, pero no es así, porque en las aguas cercanas a las que ahora agujerea (agujereaba hasta hace unos días) anteriormente a que REPSOL entrara a hacer de las suyas, las armadas de China y Vietnam ya habían protagonizado encontronazos militares en 2014, lo que demuestra que REPSOL entraba en un avispero sabiendo dónde se metía.

La noticia que nos ofrece La Marea, remata la jugada diciendo que

En los últimos años Repsol ha sido protagonista de otros enfrentamientos entre gobiernos. El más relevante tuvo lugar en 2012, cuando la diplomacia española lanzó una ofensiva contra Argentina como respuesta a la nacionalización de YPF, hasta entonces perteneciente a la petrolera española cuyo máximo ejecutivo es Josu Jon Imaz (ex presidente del PNV).

No hace falta ser una multinacional de EE.UU para formar parte de las empresas capitalistas que desestabilizan la paz. REPSOL es un ejemplo, un mal ejemplo en este caso, de anteponer los intereses lucrativos a la seguridad mundial y de ensuciar el planeta, no sólo con su nefasto negocio, sino con su pésima ética.

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¿Ciudades libres de militarismo? Un reto para el nuevo curso

Fuente: Xarxanet.org

Nos ha sorprendido y esperanzado la iniciativa del pleno municipal de Sant Cugat, declarándose municipio libre de industria militar.

¿Es posible que un municipio adopte políticas de paz basadas en la idea de desmilitarización y de promoción activa de la paz con contenidos, o se deben conformar con buenas palabras y tópicos?  Parece que el ejemplo de Sant Cugat está destinado a confrontar la palabrería, la bisoñez y el cálculo que en otros lugares son moneda común.

Que sepamos es la primera vez que un municipio asume un compromiso por la paz tan evidente y necesario.

La iniciativa ha sido impulsada por el Centre Delàs d’Estudis per la Pau y ha contado con el voto favorable de todos los grupos de la corporación menos el PP, algo por otra parte (el temita del PP) que casi no causa sorpresa, sino pena.

Mucho hay que agradecer a los compañeros del Centre Delàs esta iniciativa ¡y que no decaiga!

Conforme a lo acordado, en Sant Cugat se tendrá en cuenta, a la hora de sacar a concurso cualquier servicio municipal, la historia de las empresas licitadodoras y, sobre todo, si tienen vinculación con la industria militar, lo cual es una manera de premiar la ética y de castigar a las empresas colaboracionistas con la guerra y la propagación de la plaga del armamentismo.

Dice Jordi Calvó, del Centre Delàs d’Estudis per la Pau (y que nos perdone por nuestra traducción) que

La idea, …, es exigir a las compañías más transparencia, abrir el debate y evitar que este tipo de empresas puedan trabajar sin fiscalización y sin trabas.

Alguien podría decir que la declaración es cosmética, pues en Sant Cugat, que se sepa, no opera ninguna industria militar, pero no es así del todo. Por ejemplo, existe una banca armada, que financia las inversiones de las industrias militares y que bien puede verse afectada por tal declaración de incompatibilidad con prestar servicios al municipio. También hay otro tipo de empresas, radicadas en cualquier otro lugar y no necesariamente en Sant Cugat, que pretendan “concursar” a servicios en Sant Cugat y que se puedan ver afectadas por su historial manchado de armamentismo.

Por poner un ejemplo, en 2008 (no sabemos si existe otro más actualizado) el Centre  Delàs publicó un catálogo de empresas catalanas que tenían relación con la industria militar que merece la pena no perder de vista. A ellas se pueden sumar otras que prestan normalmente servicios a diversas administraciones en cuestiones relacionadas con el tratamiento de información, la seguridad o proyectos de eficiencia energética, por ejemplo, como es el caso de INDRA (de innegable producción y vinculación militar). De la propia INDRA, por ejemplo, sabemos que en 2010 al menos participaba con el Ayuntamiento de Sant Cugat y Fenosa (otra empresa con ciertas sospechas) de colaboracionismo militarista) en un proyecto de eficiencia energética.

Nosotros, por nuestra parte, ya editamos hace un tiempo un documento sobre la extensión del militarismo más allá del ámbito estatal, en las comunidades autónomas, ciudades y pueblos, en el que advertíamos de la enorme extensión del militarismo y la afectación a la vida ciudadana (desde exenciones al pago de impuestos y tasas a la imposición cultural de la idea de las glorias militares y su parafernalia, pasando por la colaboración con la industria militar, etc.) y proponiendo ejemplos y alternativas desde las que era posible desmilitarizar gradualmente las ciudades y nuestras vidas.

Lograr más ciudades que se declaren libres de la industria militar puede ser un paso adecuado y un buen ejemplo que nos sirva de test para verificar la coherencia de las proclamas de paz de las corporaciones locales y sus munícipes.

Como también podría serlo la exigencia municipal de que los ejércitos y las industrias militares paguen impuestos municipales sin excepción, o la de recargar estos impuestos y contribuciones con suplementos en función de su perjudicial papel social, de su impacto medioambiental o como medio de incentivar su reconversión a actividades socialmente útiles.

O la reclamación de reversión al bien común de los bienes y patrimonio (ingente en el caso español, donde el Ejército es el segundo terrateniente del estado) que el Ejército posee (lo que incluye parajes protegidos, islas, infinidad de inmuebles, etc.) y que podrían servir a un verdadero plan de choque ante el enorme problema social de falta de dotaciones necesarias y de vivienda convertida en un negocio especulativo.

O la revisión de los callejeros municipales para sacar de ellos toda la versión militarista y nefasta de nuestra historia.

O de prohibición de exhibiciones militares (hace pocos días en Gijón, un poco antes en Guadalajara,…) en su territorio.

O la lucha municipal, sobre todo en el ámbito rural, por quitarse el sambenito de la declaración de zona de interés para la defensa (lo que condiciona desde el derecho de paso a los usos que se pueden dar al terreno, entre otros efectos, supeditados a la autorización militar) y la dependencia del monocultivo militar.

O de lucha contra los campos de tiro e instalaciones militares en los territorios municipales.

O una política de solidaridad con los resistentes y refugiados de las guerras, de apoyo a sus redes, de impulso de sus iniciativas noviolentas y de lucha contra las causas culturales y estructurales de éstas.

O la promoción de una verdadera política de paz, entendida como política pública municipal transversal y de mirada amplia y ambiciosa.

O tantas otras iniciativas que, sin duda, obligarían a un cambio radical y desde abajo de nuestra política y a una reapropiación por parte de la ciudadanía y sus administraciones más cercanas de la política que busca la seguridad humana y la paz, hoy negadas por una unilateral visión negativa de la paz, convertida en política militar de defensa y secuestrada en manos de militares y políticos con intereses nada santos.

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Listado de las 69 partidas ocultas del Gasto Militar español

¿Es el momento de hacer algo?

 

 

 

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EEUU usa Rota para potenciar su guerra en Siria y el Gobierno español pasa de explicarse en el Parlamento

Sailors+perform+maintenance+on+the+5-inch+gun+aboard+USS+Ross.

Official U.S. Navy Page

Fuente: Público.

A estas alturas no va a sorprenderse nadie de que el gobierno de Rajoy no haya dado ninguna explicación de algo que, para el común de los mortales, debería ser explicado por un gobierno.

Porque el gobierno de Rajoy locuaz no es, precisamente, sino parco y austero en palabras y gestos, imperturbable en su costumbre de hacer como que no está en el ajo y, como quien dice, tremendamente previsible en eso de esconder la cabeza bajo el ala.

Y por eso, cuando el Parlamento le ha preguntado, que también son ganas de molestar la siesta, que si sabía que Trump y sus ejércitos estaban usando las bases militares de Cádiz para sus ataques militares a Siria del pasado mes de abril, la respuesta ha sido evasiva y chulesca, como acostumbran cuando no se trata de darse autobombo

Dice la noticia que la respuesta gubernamental a cuatro preguntas relacionadas con esta materia

no aclara si estaba al tanto de que el ataque iba a tener lugar antes de que se produjera, no concreta si esta ofensiva se ajusta a derecho y ni siquiera aporta información para descifrar una de sus propias respuestas,…

Ya es grave que el gobierno no quiera dar explicaciones de algo tan importante como es que se usen las bases de EE.UU en España (por cierto que el tratado que lo permite nada dice que se puedan usar para apoyar una guerra) para iniciar una agresión militar, pero más grave aún saber que, efectivamente, somos el puerto de atraque de operaciones militares sumamente peligrosas y que automáticamente nos convierten en enemigo indirecto sin siquiera informarnos de ello.

¿Es un precio justo a pagar por Cádiz, sumido en una dependencia del militarismo sin parangón?.   Creemos que no, que Cádiz se merece mejor destino y bien haría en movilizarse su gente para desembarazarse de la dependencia militarista que sufre y la empobrece.

Pero también, ¿por qué es posible que el gobierno no de explicaciones de sus actos?

Porque en materia de Defensa el Parlamento cumple una función de mero florero y se puede pasar de él sin ningún riesgo de escándalo. Todo está “atado y bien atado”, que dijo el otro, entre los partidos del consenso militar y no tienen contrapeso que pueda plantear una alternativa contundente a esta aplastante lógica.

¿O es que es inteligente alimentar al monstruo que nos devora poco a poco para ir tirando con la esperanza de que se coma al de al lado?

De hecho, el Ejecutivo no sólo no responde a una parte importante de las preguntas escritas remitidas por un diputado de Podemos, otro de En Marea y un tercero del PDeCAT, sino que además despacha estas cuestiones con un mero copia y pega, cuando no las obvia directamente.

Las preguntas antedichas, que merecían una explicación política, y que han recibido como contestación otra chulesca (que se trata de una “operación limitaday unarespuesta medida y proporcionadapor parte de EE.UU) son las siguientes:

  1. ¿Por qué el Gobierno apoya la acción de las fuerzas estadounidenses?;
  2. ¿Qué opinión le merece que EEUU ataque de forma “unilateral e ilegítima”, “vulnerando el derecho internacional y la carta de la ONU, y sin mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”?
  3. ¿Aceptó el Gobierno la comisión de este ataque por acción u omisión?

Ya lo saben: es una operación limitada y una respuesta medida y proporcionada. ¿No suena a respuesta de compromiso de un gobierno títere y bananero?.

Otras preguntas relativas al grado de conocimiento previo del Gobierno acera del uso de la base de Rota para atacar a Siria, ni siquiera las han contestado. Será que se olvidaron o se han traspapelado, pero no pasa nada.

De este modo tenemos una serie de hechos de los que alarmarnos a cual más y por los que nuestra prensa bienpensante no se alarma en absoluto:

  1. Que el gobierno consiente el uso de las bases militares para operaciones militares como la iniciada en abril por EEUU, operación que, además, no contaba con autorización de la legislación internacional y por ello violaba los acuerdos de uso de las bases militares en España por parte de EE.UU.
  2. Que ello nos alinea de forma directa con la política agresiva y desestabilizadora de EE.UU y nos pone en situación de peligro y de ser considerados como enemigo en una amplia proporción del mundo islámico y de los países que ven con estupefacción cómo se las gasta el militarismo americano.
  3. Que además el gobierno español puede darse el lujo de no someterse al debido control parlamentario y no contestar, o contestar con evasivas, a las preguntas parlamentarias, porque en materia de Defensa nada de lo que hagan les pasará factura, ya que gozan del aplauso bobalicón del resto de los partidos del régimen.
  4. Que esta actitud es la habitual y que los demás partidos implicados en mantener invariable la política de defensa lo consienten y en el caso del PSOE, ha practicado la misma política cuando estaba en el gobierno.
  5. Que la sociedad, para colmo, ni siquiera se moviliza cuando se usan las bases militares en suelo español para potenciar y polarizar más aún una guerra inmoral como la de Siria.

No hay más conclusión que la de que seguimos en la minoría de edad en materia de defensa y otros toman las decisiones por nosotros. eso sí, en favor de sus propios intereses oligárquicos y en contra de los nuestros.

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