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Reconversión militar de la OTAN y la UE: algunos ejemplos

Imagen de: Allied Joint Force Command Brunssum

Fuente:  OTAN.

Resulta que cuando la OTAN quiere nos puede sorprender y conmover el corazón:

Los niños de la calle rumanos adictos a las drogas pueden ser de los primeros en beneficiarse de un innovador programa patrocinado por la OTAN, que pretende dotar de nuevos usos a las antiguas bases del ejército en Europa Suroriental.

Los niños sin hogar se beneficiarán de este programa, pionero en su género, si, como se pensó, una antigua base de la fuerza aérea, en las afueras de la ciudad de Fundulea, – a unos 35 kilómetros al este de Bucarest – se convierte en hospital y centro de la rehabilitación. El revolucionario proyecto de Fundulea forma parte de una serie de iniciativas de colaboración, en las que interviene la OTAN junto a otras instituciones, en el marco del Pacto de Estabilidad para Europa Suroriental, patrocinado por la UE, para reconvertir antiguas bases militares a la vez que se colabora en la recuperación de las economías locales.

Reconvierten una base en desuso en un hospital y un centro de rehabilitación.  Justo lo que llevamos años defendiendo los pacifistas, cambiar los cañones por mantequilla.

Cuando nosotros lo proponemos nos tachan de perroflautas, de utópicos en el peor sentido, de ajenos a la realidad, de vivir en el país de los sueños.  Cuando argumentamos que un hospital y un centro de rehabilitación son más útiles a la sociedad y que defienden mejor los intereses de cualquier sociedad que una base militar, nos insultan, nos dan la espalda.

Pero cuando lo hace la OTAN, vete tú a saber con qué intereses, nos hablan de los niños y las drogas.  Ellos no son demagogos ni sensibleros.

Pero, en el fondo, nos dan la razón.

Cerrar bases militares no es un antojo, sino una necesidad.  Cerrarlas a cascoporro y reconvertirlas a uso civil es necesario para revitalizar la economía y las prestaciones sociales de muchas zonas que han sido empobrecidas por el militarismo:

Los recortes en los presupuestos de defensa, las reducciones de tropas y la reforma de las fuerzas armadas de la OTAN en los años noventa llevó al cierre de más de 8.000 bases militares en Europa Occidental y América del Norte, que ocupaban más de 500.000 kilómetros cuadrados. Como consecuencia de esta reestructuración, las naciones OTAN han obtenido una notable experiencia en la reconversión de las antiguas bases militares para usos civiles, que ahora pueden compartir con los países Socios, cuyos militares están sufriendo reducciones similares.

¿Dónde estará publicada esa inmensa experiencia, ese cúmulo de reconversiones de los años 90?  ¿En los cajones secretos militares?  Seguramente.

«No existe una ‘panacea universal’ o receta patentada para la reconversión que funcione en todas partes y las diferencias de unos sitios a otros y de un país a otro pueden ser enormes,» dice Frederique Jacquemin de la Dirección Económica de la División de Asuntos Políticos de la OTAN. «No obstante, es mucho lo que puede aprenderse a través del intercambio de ideas para aprender de las experiencias positivas y evitar la repetición de errores

Parece que ahora la OTAN está colaborando en reconvertir dos bases en Rumanía, una en las cercanías de Bucarest y otra cerca del Mar Negro:

La Sra. Jacquemin reunió un equipo de expertos de los estados miembros de la OTAN para visitar Rumanía, después de que los representantes rumanos pidieran ayuda a la Alianza para realizar una reconversión durante una reunión de la Mesa de Seguridad del Pacto de Estabilidad, celebrada en Zagreb (Croacia) este mes de junio. La representación de la OTAN – que incluía a miembros de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Polonia – viajó en noviembre a Rumanía para analizar las posibilidades de reconversión de los dos emplazamientos designados por el Ministerio de Defensa rumano, siendo un de ellos el de Fundulea.

La petición de ayuda de Bucarest se debió al éxito de otro innovador programa patrocinado por la OTAN, destinado a facilitar la reincorporación a la vida civil del personal militar recién licenciado o próximo a serlo e implementado en Rumanía, Bulgaria y Croacia. Ambos programas se encuadraron dentro del marco del Pacto de Estabilidad, que facilita la colaboración con instituciones financieras internacionales, entidades de crédito y posibles donantes.

Además, cuando la OTAN propicia un plan, no faltan los financiadores, incluso Bancos para el Desarrollo del Consejo de Europa:

En el caso de Fundulea, el Banco para el Desarrollo del Consejo de Europa manifestó su interés en financiar la reconversión y un representante del banco acompañó al personal de la OTAN en su visita de noviembre. El Pacto de Estabilidad está buscando un patrocinador para financiar el estudio de su viabilidad. En cuanto al otro proyecto piloto analizado por el equipo de OTAN, que incluía instalaciones deportivas y para oficinas, atracciones turísticas y la reconversión de los alojamientos en Mangalia, en la costa del Mar Negro, las entidades de crédito, los donantes y el Banco Europeo para la Reconstrucción y Desarrollo han manifestado ya su interés. El Banco de Inversión Europeo, por su parte, está interesado en un proceso de mayor magnitud y alcance que los proyectos piloto.

Posiblemente nuestros amigos de Bardenas Ya y de otras organizaciones que quieren las desmilitarización y reconversión civil de sus tierras estén tentadas a pedir ayuda a la OTAN, antes de que se les adelante Bulgaria, cuando lean que:

Jacquemin asegura que «nuestro objetivo es ayudar a crear en Europa Suroriental el potencial para que los países de la región puedan solucionar los problemas de reconversión y posterior transformación de las antiguas instalaciones militares». «Los proyectos piloto pretenden ayudar a iniciar el proceso de desarrollo de estrategias para el cierre y reconversión de las bases miliares mediante la demostración práctica de los principios y posibilidades.»

Cuando empezaron a materializarse los primeros resultados positivos del programa de reconversión de las bases rumanas, Bulgaria pidió una ayuda similar a la OTAN, por lo que está prevista la visita de un equipo de expertos de la OTAN a finales de primavera para elaborar una evaluación preliminar. Entretanto, Croacia y la República Federal de Yugoslavia también han expresado su interés por participar en el programa.

Tanto el programa de reconversión de bases como el de reciclaje profesional del personal militar forman parte de la Iniciativa para Europa Suroriental de la OTAN, lanzada en 1999, en plena campaña aérea de Kosovo, para contribuir al fomento de la estabilidad en dicha región.

Bienvenida sea la reconversión aunque la patrocina la OTAN.  Y sigamos investigando con más fuerza porque parece que hay un filón de información que se nos escapa sobre iniciativas de reconversión militar al campo civil.

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Otro ejemplo de reconversión militar: armas para instrumentos musicales

Imagen de concienciaeco.com

Fuente:  concienciaeco.com

La iniciativa procede de Méjico, de un lugar tan violento como Ciudad Juárez (donde los carteles de la droga han provocado en 6 años 10.500 asesinatos).  En ella, el artista Pedro Reyes ha utilizado 6.700 armas de fuego para convertirlas en instrumentos musicales y lo expone por todo el mundo en su proyecto Disarm (Desarmar).

Él lo expresa de la siguiente manera:  es la redención de ese metal que te podría haber matado a ti o a mí, entonces, mejor que sean instrumentos.

Antes, en 2007 había hecho otro proyecto:  Palas por pistolas donde recicló 1.500 armas para fabricar 1.500 palas para plantar árboles.

En la opción típica de «armas o mantequilla» elige Pedro Reyes de manera muy coherente:  no es sólo para mostrar que existe un problema de violencia asociado con la venta de armas, sino también con la silenciosa y millonaria industria armamentística.

Normalmente sólo oímos de la armas cuando se usan y ese es el lado visible de la violencia, pero el lado invisible es donde las armas se producen. Creo que tenemos que desarrollar una cultura de rechazo a la industria de las armas.

La iniciativa puede parecer poca cosa o una iniciativa anecdótica, de poco calado. Sin embargo reciclar armas para usos pacíficos, en este caso, en instrumentos musicales, es un proyecto muy creativo en lo técnico, en lo musical y, también en lo pedagógico. Y un camino ejemplar en lo político.

Nos enseña que hay muchos caminos para abandonar la guerra y para hacer la paz.

Genial.

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¿La diversificación de Navantia puede servir para una reconversión de su industria hacia fines civiles?

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Jumanji Solar

Fuente: Infodefensa.com

Informa la patronal del negocio armamentista en España de un curioso contrato adjudicado en Escocia a Navantia, la empresa estatal española estrella en fabricación de barcos de guerra, para hacer algo absolutamente diferente: generadores destinados al primer parque eólico flotante mundial, en Hiwyind.

Los generadores serán 5, tendrán 3.500 toneladas de peso cada uno, 90 metros de longitud y 14,5 de diámetro, se desarrollarán en Fene (Coruña), darán una carga de trabajo de 400.00 horas.

La idea de los escoceses es ir incrementando posteriormente el número de generadores hasta completar los 45 y Navantia espera poder fabricar también las sucesivas ampliaciones.

Navantia ya realiza en otro parque eólico en Alemania otro encargo de 29 estructuras tipo Jacket.

Como se ve, Navantia podría reconducir su tecnología y sus fábricas hacia la construcción civil enfocada, por ejemplo, a la generación de energías limpias, abandonando la nefasta fabricación militar.

Un claro ejemplo de que la reconversión de la industria militar a fines sociales diferentes es posible y abre oportunidades de generar valor social en vez de la nefasta fabricación de armas.

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Konver y TACIS, la reconversión militar europea que existió

Europa

Por Sento

 

En muchas ocasiones se nos dice que las pretensiones antimilitaristas de reconversión de la industria militar al sector civil son meras utopías e irrealizables.

Sin embargo, queremos recurrir hoy a hacer un poquito de historia reciente para demostrar que estos «razonamientos» son meras excusas, y que cuando las élites gobernantes quieren, o les interesa, sí que están de acuerdo con la reconversión de las industrias militares y de los campos de entrenamiento y tiro.

Nos tenemos que situar en los años 90, tras la caída de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, y tras la reunificación de Alemania, y tras la Operación Tormenta en el Desierto en tierras de Irak en la Guerra del Golfo.

Para nuestra sorpresa y para remarcar el cinismo del poder militarista, encontramos una referencia de la Comisión Europea en 1993 sobre el Programa Konver en Italia, Francia, Alemania y España.

La iniciativa comunitaria KONVER, propulsada por la Comisión a petición del Parlamento Europeo, tiene por objeto completar el esfuerzo de diversificación y reconversión de las zonas afectadas por la reducción de las actividades de la industria armamentística, así como de las zonas militares.

Y como el dato es interesantísimo, lo volcamos completamente:

1. Italia El importe total de la contribución de los Fondos estructurales es de 17,9 millones de ecus, de los que 11,7 corresponden al Fondo Europeo de Desarrollo Regional y 6,2 al Fondo Social Europeo. El programa italiano se aplica en las provincias de Nápoles, Áquila y Génova (zonas incluidas en la política regional comunitaria). El «comprensorio» de Colleffero (Roma) se ha incluido también en el programa pese a no formar parte de tales zonas. El programa KONVER correspondiente a Italia que acaba de aprobar la Comisión permitirá financiar en las citadas regiones ayudas para la creación de nuevas empresas, ayudas a la reconversión y la modernización de laboratorios y centros de investigación, ayudas a la reconversión de las empresas del sector militar hacia actividades civiles y, por último, ayudas para programas de formación del personal para reinsertarlo en nuevas actividades. Asimismo, se han previsto créditos de asistencia técnica para garantizar el seguimiento, control y evaluación del programa. 2. Francia El importe total de la contribución de los Fondos estructurales es de 32,6 millones de ecus, 27,9 de los cuales corren a cargo del Fondo Europeo de Desarrollo Regional y 4,7 del Fondo Social Europeo. El programa francés se aplicará en 23 cuencas de empleo afectadas por la reconversión de las industrias de defensa y la reestructuración de zonas militares en 14 regiones: Alsacia, Aquitania, Albernia, Baja Normandía, Bretaña, Centro, Champagne-Ardennes, Languedoc-Rosellón, Lemosín, Lorena, Picardía, Poitou-Charentes, Provenza-Alpes-Costa Azul y Ródano-Alpes. De conformidad con las disposiciones de los Reglamentos de los Fondos estructurales sobre flexibilidad territorial, una serie de cuencas de empleo que no son subvencionables en virtud de los objetivos de reconversión industrial y desarrollo rural de la política regional comunitaria disfrutarán también de ayuda financiera de los Fondos estructurales. El programa de Francia hará posible la financiación en las cuencas de empleo correspondientes de ayudas a las empresas para inversiones dedicadas a la reconversión hacia actividades civiles y a la diversificación de la economía local, de ayudas a la remodelación de zonas militares, de ayudas para medidas de promoción de nuevas tecnologías en las pequeñas y medianas empresas, así como de ayudas para programas de formación del personal afectado por la reconversión de la industria armamentística. 3. España En España la ayuda del FEDER asciende a 7,6 millones de ecus (1.200 millones de pesetas), que representan el 50% del coste total. Todas las medidas del programa se aplicarán en zonas pertenecientes a regiones que pueden optar a alguno de los tres objetivos: nº 1 (64% del programa), nº 2 (28%) o 5b) (8%). El programa incluye siete medidas agrupadas en tres subprogramas cuyos objetivos son los siguientes: – remodelación de las zonas militares e introducción de nuevas actividades en ellas (38% del programa); – promoción de la innovación, los conocimientos especializados y las transferencias de tecnología (51% del programa); – rehabilitación del medio ambiente y renovación de zonas militares (11% del programa). El programa operativo KONVER de 1993 ha sido elaborado por las autoridades nacionales y regionales españolas en colaboración con la Comisión. De su aplicación se encargará un Comité formado por todas las partes interesadas. 4. Alemania El programa alemán se aplicará en los siete Estados federados siguientes: Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Sajonia-Anhalt, Hamburgo, Bremen, Baja Sajonia, Renania del Norte-Westfalia y Baviera. La ayuda del FEDER asciende a 10,8 millones de ecus, que corresponden al total de los gastos públicos, incluida la parte financiada por Alemania, que se eleva a 22,4 millones de ecus. El programa se articula en torno a las siguientes prioridades: – ayuda y asistencia a la reconversión, centradas en las PYME; – promoción de la innovación y de las transferencias de tecnología; – proyectos de renovación y desarrollo, – remodelación de zonas militares. Cabe citar, como ejemplos, la remodelación de una parte del cuartel de Graf-Goltz y de la instalación de tiro de Höltigbaum en Hamburgo, el saneamiento de antiguas zonas militares de las landas arenosas de Retzow- Stepenitz dentro de un proyecto turístico de carácter ecológico (Mecklemburgo-Pomerania Occidental) y el equipamiento del centro industrial de «Groden-West» en Cuxhaven (Baja Sajonia).

Es decir, que tanto el Parlamento Europeo como la Comisión Europea, cuando quieren aplican las políticas antimilitaristas de reconversión que propugnamos.

Pero, además, encontramos que en 1995, la Comisión Europea aprobó el programa Konver para Sajonia-Anhalt:

con una dotación global de 17,038 millones de ecus. El programa cubre los distritos rurales de Burg, Gardelegen, Schönebeck, Stendal, Dessau, Roâlau, Wittenberg, Zerbst, Halle, Merseburg, Naumburg, Sangertshausen, Zeitz y Köthen. La dotación financiera global del programa KONVER (Programa comunitario de reconversión de industrias de armamento y bases militares) asciende a 17,038 millones de ecus. La contribución comunitaria es de 11,164 millones de ecus. Hasta el momento de la retirada de las tropas, en Sajonia-Anhalt estaba estacionado alrededor del 25% de la división occidental de las fuerzas armadas soviéticas. Su presencia causó considerables daños al suelo y a los terrenos, aunque todavía no ha sido posible cuantificar todos los riesgos y perjuicios causados por la contaminación del suelo y el uso de municiones. Alrededor de 95.000 ha de superficies militares deben destinarse a otros usos. Entre 1990 y 1994, en Sajonia-Anhalt se desmantelaron alrededor de 122.000 puestos de trabajo en el sector de la defensa, incluido el personal civil. El objetivo del programa consiste en destinar los antiguos terrenos militares a nuevos usos civiles, resolver los problemas estructurales surgidos en la región y estimular el desarrollo económico y la creación de nuevos puestos de trabajo. Se procurará paliar los daños al medio ambiente y recuperar los paisajes desfigurados. Las abundantes superficies podrán más tarde reconvertirse en empresas, viviendas, servicios públicos o instalaciones de turismo, deporte o recreo. Son proyectos subvencionables, por ejemplo, el cuartel Bismarck-Hindenburg y el centro de suministros de Naumburg, el nuevo cuartel de Burg, el aeropuerto de Allstedt y el cuartel Heide Süd de Halle.

Por otro lado, también nos sorprende esta otra noticia que, en principio, habla sobre la digitalización de una biblioteca en Eslovaquia:

ha rehabilitado un viejo complejo militar como gran instalación de digitalización con máquinas que pasan automáticamente las páginas

Y, para poner la guinda al pastel, os ofrecemos esta otra noticia en la que se demuestra que la Comisión Europea no sólo reconvirtió parte de la industria militar en sus fronteras, sino que también lo hizo más allá.  Ahora hablamos del Programa TACIS, realizado en tierras de la antigua URSS, y que no tiene ningún desperdicio en el afán de reconversión de la industria militar allende nuestras fronteras:

TACIS, el Programa de Asistencia Técnica de la Comunidad Europea para los Nuevos Estados Independientes tiene por objeto instituir un plan de reconversión en cuatro regiones de la antigua Unión Soviética en las cuales en el pasado la economía se basaba fundamentalmente en la producción militar. Este proyecto, por valor de 4,5 millones de ecus abarcará las regiones de San Petersburgo y Samara (Rusia), Kharkow (Ucrania), y Minsk (Bielorrusia). El objetivo del programa de reconversión es transformar las instalaciones industriales para que pasen de la producción de armas a la de productos de uso civil y, al tiempo, mantener los niveles de empleo y de capacidad técnica. El proyecto tendrá una duración de 30 meses y será aplicado por un consorcio compuesto por la empresa British Aerospace y la compañía francesa de consultoría Softrade Intergroupe. El Complejo de la industria militar de la antigua Unión Soviética es un enorme conglomerado de industrias. Emplea a unos 12 millones de personas, de los cuales 5 millones trabajan en la producción de armas. Se halla bajo la responsabilidad de 9 Ministros. Estas industrias se concentran Rusia, en donde contribuyen aproximadamente a la mitad de la producción industrial total del país. Otras áreas de concentración son Bielorrusia y Ucrania, países en los cuales, en general, se producen elementos para armas aislados cuyo montaje final se lleva a cabo en Rusia. En total, estas Repúblicas emplean una mano de obra de 7,3 millones de personas. Rusia por sí sola cuenta con 1.100 empresas militares que emplea a 5,5 millones de personas, y 700 institutos de investigación militar (excluyendo la nuclear), que dan empleo a un contingente adicional de 1,3 millones de personas. Tras el pronunciado descenso que los pedidos de material militar han experimentado en los últimos cuatro años (que se calculan en un 70%), las empresas militares iniciaron inmediatamente la producción de bienes de uso civil. Sin embargo, a falta de un plan de reconversión coherente una serie de antiguas empresas militares acabaron por fabricar los mismos productos. Otros obstáculos para el éxito de la reconversión son la estructura integrada de carácter vertical y la falta de cultura de mercado en los círculos de gestión de las empresas. Las compañías están organizadas para afrontar la producción desde la materia prima a los componentes del producto para llegar al propio producto final. En muchos de los casos, proporcionan también el alojamiento, el vestido, los alimentos y otras necesidades básicas de los empleados. En estas circunstancias, no es de sorprender que la gestión esté poco concienzada en lo que se refiere a los métodos de control de costes, a la garantía de la calidad, la contabilidad, los servicios de marketing, las redes de distribución y los servicios post venta. Contenido del proyecto comunitario TACIS se propone preparar un plan de reconversión para las cuatro regiones tras una evaluación de los bienes industriales existentes, y la identificación del potencial y la magnitud de la inversión correspondiente. El potencial de reconversión puede evaluarse seleccionando tres categorías de empresas: las que se pueden adaptar rápidamente a la producción civil sin necesidad de una reestructuración considerable, las que requieren una reestructuración fundamental a lo largo de un periodo de 5 a 10 años y, por último, las que no se prestan a la reconversión o cuya reconversión supondría un coste prohibitivo poniendo en duda su viabilidad futura. Se seleccionará un número limitado de empresas, de las categorías primera y segunda para efectuar un estudio de viabilidad a escala global. En una serie de empresas se espera que los resultados de tales estudios sean tan prometedores que permitan una rápida afluencia de inversión extranjera. En otras instancias la situación comercial requerirá una mayor investigación a través de un análisis financiero de las perspectivas de reconversión y sus correspondientes costes, desde la reestructuración organizativa hasta la introducción de nuevos procesos, métodos de gestión y tecnología. Como consecuencia de ello, a la empresa seleccionada se le ofrecerán planes y estrategias de comercialización que les abrirán perspectivas de planes de financiación o de creación de empresas conjuntas. Por último, los gerentes de las empresas seleccionadas recibirán una formación trabajando junto a expertos europeos que les proporcionarán información sobre el funcionamiento de dichas empresas. RECONVERSIÓN DE LAS INDUSTRIAS DE AVIACIÓN EN MOSCÚ Además, la Comisión Europea está realizando una contribución importante al desarrollo de una estrategia coherente de reconversión militar en el mismo Moscú. Su asistencia a la oficina de diseño aeronaútico MIG y al fabricante de aviación Lukhovitsky será llevada a cabo por un grupo empresarial dirigido por Dassault Aviation y compuesto por Arthur D. Little y el Ares Group. El proyecto de 2 millones de ecus durará dos años. Desde su establecimiento en Moscú en 1939 hasta 1989, Mig, que actualmente cuenta con aproximadamente 5000 empleados, se concentró exclusivamente en el diseño de aeronaves civiles ya que los encargos procedentes del sector militar se hbían reducido en dos terceras partes a lo largo de los últimos cuatro años. Este proceso de reconversión se ve aminorado por un acceso limitado a los mercados occidentales como consecuencia de la falta de certificación por parte de las autoridades occidentales del Sistema de Garantía de Calidad MIG. Lukhovitsky, empresa manufacturera establecida en 1962 que cuenta en la actualidad con cerca de 7500 empleados, está especializada enla construccion de aeronaves militares, incluidos los cazas MIG. Recientemente se ha visto obligada a afrontar un descenso similar de encargos militares a la oficina de diseño aeronáutico MIG y, a pesar de sus esfuerzos de reconvertirse hacia la producción de mercancías civiles, aún carece de una estrategia coherente global. Se requiere urgentemente asistencia de TACIS para que MIG y Lukhovitsky desarrollen mercados nacionales y adquieran un mayor acceso a los mercados extranjeros. Las principales tareas que debe emprender TACIS consisten en la adaptación del Sistema de Garantía de Calidad MIG a las normas europeas y la vigilancia de su producción de piezas de aleación de aluminio. Además, se evaluarán los medios actuals de producción de Lukhovitsky y, tras un análisis de los emrcados tanto rusos como extranjeros para elaborar una lista inicial de 100 oportunidades potenciales, se selecionarán unos quince productos que presenten un máximo potencial. La aplicación de nuevos planes empresariales recibirá un gran apoyo de dicha asistencia. Al finalizar el proyecto, se espera que MIG sea capaz de producir una unidad estructural para aeronaves civiles que se atenga a las normas occidentales, lo que representará un gran paso hacia la reconversión de las industrias aeronáuticas.

En conclusión, no nos dejemos engañar, sí se puede realizar una reconversión de la industria militar y de los espacios naturales de los militares, así como de sus campos de tiro, lo único que falta es voluntad política de hacerlo.

¿Qué pensarán de esto nuestros representantes de EQUO y PODEMOS en el Parlamento Europeo?  Sería una interesante iniciativa reactivar estos programas.  ¿Se animarán?

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Navantia, entre las empresas públicas con mayor pérdida de empleo

Antiga+porta+do+estaleiro+-+Ferrol

Por Pedro Lozano

Fuente: CSIF.

Nos ha llamado la atención la noticia difundida por el sindicato de funcionarios CSIF sobre las empresas públicas y su comportamiento durante la crisis.

Según el sindicato, que usa datos del Ministerio de Hacienda, perdieron entre 2012 hasta la fecha 31.751 empleos (de los más de 90.000 que había a la llegada de Rajoy al poder), principalmente en tres grandes empresas en las que se ha llegado a perder hasta el 30% del empleo: Navantia, Correos y Tragsa.

Lo recoge también la prensa, como ocurre con El Confidencial Digital, donde añaden

Incluso ha habido casos de externalización de servicios para poder evitar la contratación de personal en las empresas públicas, algo que ha ocurrido en Navantia, Tragsa o Correos, entre otras.

Es llamativo que se nos alerte de esta sangría del empleo, que contrasta con el discurso oficial, apoyado por los sindicatos mayoritarios, de la importancia de la industria militar para generar empleo. Y es llamativo porque el supuesto valor añadido de esta industria como generadora de empleo se desmiente con el retrato que nos ofrece un sindicato tal vez menos pegado al discurso oficial, o tal vez más desprevenido en su afán por pedir empleo a toda costa y sin importar las cuestiones éticas, que señala que en la práctica Navantia es un agujero negro también para el empleo, ya sea porque sencillamente lo elimina (uno de cada tres) o porque el que no elimina lo externaliza y precariza.

Una cruda realidad que nos devuelve una imagen de Navantia menos idílica de la que refleja el discurso oficial. Navantia, allá donde está, no sólo construye (gracias a una política empresarial y estatal militarizada) ingenios indeseables, sino que maltrata el empleo y lo precariza, por lo que, lejos de ser una solución al grave problema del paro que ha contribuido a crear, es parte del mismo problema y tal vez uno de sus agentes más preocupantes allá donde se genera el monocultivo militar.

Tal vez la solución pase por la reconversión de las industrias militares y por planes de desarrollo alternativo en las zonas donde hoy, con el consenso de casi todos los grupos políticos, se aplaude la industria militar y se pide carga de trabajo para ella, como ha ocurrido, para celebrar estas fechas navideñas de unidad y amor, en la Diputación de Cádiz (con la oposición de Ganemos Jerez y la abstención timorata de Izquierda Unida, todo hay que decirlo).

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Lobby para que el Parlamento Europeo no colabore con el gasto militar en el presupuesto de la Unión Europea

No inviertas en armas

Por ENAAT

Fuente: Campaña en WeMove.EU

Desde la Red Europea contra el Comercio de Armas (ENAAT por sus siglas en inglés) se ha iniciado una campaña dirigida a los eurodiputados para que no apoyen con su voto la promoción de la venta de armas con presupuestos europeos.

La petición, en concreto dice así:

No incluyan una partida para la industria armamentística en el nuevo presupuesto de la UE. El dinero de los europeos no debería financiar tecnología militar. Este dinero debería destinarse a proyectos que desarrollen estrategias no violentas para evitar y resolver conflictos y que hagan frente a sus verdaderas causas.

Nos parece todo un acierto de la campaña vincular el rechazo de la tecnología militar con la idea de revertir ese dinero para luchar contra las causas de las guerras y de los conflictos, lo que apunta a una visión de alternativa a la defensa militar, algo normalmente eludido en los discursos oficiales y que necesitamos construir, difundir y popularizar para que la sociedad se empodere de tal propuesta transformadora.

No faltan razones para exigir a los eurodiputados que no colaboren con esta vuelta de tuerca del militarismo agresivo al que nos aboca la política europea y la dichosa aspiración de competir en el plano de las superpotencias.

Como dice la justificación de la campaña, contamos ya y por primera vez con un presupuesto «europeo» para los tres próximos años destinado a la industria militar, con 90 millones de euros para partidas de investigación de I+D militar. Fue aprobado el pasado año y los eurodiputados colaboraron en esta aprobación. De manera que no son, que digamos, almas cándidas y mucho nos tememos que ya han sido tocados por el lobby militar para futuras colaboraciones.

La Comisión Europea, órgano político de la Unión Europea y un inestimable aliado del militarismo, ha estado presionando además para dar prioridad al «sector de la defensa» dentro del presupuesto europeo, introduciendo partidas destinadas a estos fines en los  Fondos Estructurales y Regionales, en la Ayuda al Desarrollo y hasta en el famoso programa Erasmus. Otro signo de la preocupante extensión de la mancha de aceite de los señores de la guerra en las instituciones europeas.

Junto con estos apabullantes datos, nos cuenta la Red promotora de la iniciativa que

El 7 de junio, la Comisión lanzó el Fondo Europeo de Defensa [4], mediante el cual pretende destinar 500 millones de euros adicionales del presupuesto de la UE a la investigación y desarrollo de la industria armamentística durante el período 2019-2020 [5]. Es más, a partir del 2021 dicha contribución llegará a los 1.500 millones de euros al año, lo que significa un aumento mucho mayor del propuesto en noviembre de 2016.

Este fondo también incluirá contribuciones nacionales hasta llegar a los 4.000 millones de euros al año, con el fin de financiar la última fase del proceso: el desarrollo y compra conjunta de equipamiento militar por parte de todos los Estados miembros. La Comisión propone que las contribuciones nacionales a este fondo queden excluidas del umbral de déficit del 3% que cada Estado miembro debe respetar. Un privilegio del que no gozan las inversiones en educación, salud o medio ambiente.

Es este contexto el que justifica la movilización de ENAAT, en la idea de ejercer presión a los eurodiputados para que no apoyen con su voto los cambios que pretende la Comisión, pues en los próximos meses se llevarán a votación los euro-presupuestos.

Nos pide una de las personas que sigue nuestro blog que opinemos en público sobre dicha campaña.

Por supuesto que cualquier lucha encaminada a enfrentar el militarismo y a buscar alternativas al mismo merece nuestro respeto y animamos, no faltaría más, a hacer lo posible para evitar un presupuesto europeo encaminado a potenciar el desarrollo y la venta de armas.

Y si ocurre que, al menos que nosotros sepamos, ésta es la única campaña abierta a que la sociedad presione a estos diputados, bienvenida sea y que tenga toda la eficacia posible.

Pero vayamos un poco más allá de la mera declaración de principios, a analizar algunos aspectos de la propuesta que nos parece, puede añadir puntos no tanto para enmendar la campaña (no somos nadie para ello y sentimos respeto por este trabajo) como para reclamar nuestro propio compromiso en la lucha por la paz.

1.- La Red Europea contra el Comercio de Armas. ENAAT.

La promotora de la iniciativa, la Red ENAAT, es según su propia explicación  «una red informal de grupos e individuos que ven el comercio de armas como una amenaza para la paz, la seguridad y el desarrollo» y que luchan como grupo de presión contra el lobby de la industria militar.

Su trabajo pretende limitar o terminar con el comercio de armas, mediante la investigación, la publicación, la presión y las campañas públicas.

Naturalmente, este trabajo de lobby no agota las luchas pacifistas y del sentido común, y tal vez no sea tampoco el trabajo que más y mejor puede aglutinar a la sociedad para problematizar la idea de paz de los poderosos; pero es un aspecto que, también, forma parte de estas luchas y es de agradecer (dado lo anodino y ambiguo que puede llegar a ser) que alguien se dedique a ello.

Es decir, su lucha, según este esquema, se focaliza en realizar investigación-divulgación y lobby contra la industria militar. Se enfoca a convencer (más improbable) o a incomodar a las instituciones para que cambien (por gusto o a regañadientes) sus actividades.

Los componentes de esta red, según aparece en su propio listado son:

De esta composición destacan varios aspectos: su carácter multinacional, su diversidad de organizaciones y enfoques (redes de paz, grupos de promoción de derechos humanos, institutos de investigación, y las dos organizaciones internacionales más amplias, una de carácter antimilitarista y otra religiosa) y su común apuesta por un trabajo de diálogo institucional y de lobby institucional.

Se trata, desde nuestro punto de vista, de lo que hemos llamado en nuestro libro «Política Noviolenta y lucha Social» (págs. 38 a 56) de una de las perspectivas del pacifismo, la que hemos denominado pacifismo no oficial (no comparte ni la idea ni la agenda de paz «oficial» e institucionalizada que entiende la paz como preparación de la guerra y, cuando más, como ausencia de guerra) y no alternativo o reformista (pretende promover cambios críticos pero no rupturistas con la idea de paz oficial y no apuestan por una alternativa global de paz y defensa).

No queremos decir que algunos o muchos de estos miembros no compartan, de fondo, una idea de paz diferente (ni menos aún que no promuevan otras luchas más centradas en la idea de una alternativa global de paz), sino que sus acciones y su trabajo en el campo concreto que analizamos no va encaminada a esto, sino a conseguir, en el dialogo con las instituciones, la asunción de reformas posibilistas en la idea oficial de paz.

Nos parece de una enorme valía esta unión de fuerzas para luchar por un tema de esta envergadura y es de apreciar el esfuerzo tanto de investigación y divulgación, como de campañas de presión institucional, los aspectos fundamentales que abordan en la campaña. De hecho el trabajo de denuncia y de sacar información al respecto es de valía también para la lucha de un pacifismo horizontal, desde abajo y enfocado a una alternativa global y debemos saber aprovecharlo y saber crear sinergias con este enfoque pacifista.

2.- La militarización soterrada e imparable de la política europea.

Pero como hemos señalado en diversas ocasiones, el problema de la paz en Europa no es el problema de una reglamentación jurídica de la guerra y de los períodos de entreguerra, ni es sin más una especie de construcción jurídica de la paz, mediante tratados de limitación del armamentismo, o políticas de desarme entre los Estados.

El problema de la paz es más transversal y radical, y su enfoque debe pretender no limitar la guerra, sino construir la paz con contenidos y de forma dinámica, estructural y global, mediante políticas de transarme (no mero desarme) y propuestas de defensa alternativas tanto en el qué hay que defender, como en las metodologías de defensa y los sujetos de la misma.

En el contexto europeo, todo esto va estrechamente asociado no sólo a la limitación de industria militar y sus intereses (más bien deberíamos hablar de su reconversión a fines socialmente útiles y su eliminación como industria militar), sino principalmente:

  •  a la lucha contra la creciente militarización de la política europea,
  • a la resistencia contra la creación de múltiples estructuras y sinergias encaminadas a cimentar una potencia militar europea,
  • y a la apuesta contra la perversión de confundir políticas de paz con políticas militares y con un enfoque global de la seguridad desde la óptica militar.

La idea oficial de paz en Europa es la idea militarista que legitima el intervencionismo militar y la dominación y violencia como metodologías propias en materia de seguridad y razón última de sus políticas internacionales. Se construye desde un silencioso consenso de las élites, acompañado de una inconsciente ignorancia de la ciudadanía, que se supone que por omisión acepta este estado de cosas.

Merece la pena recordar que el militarismo europeo está incrementándose de forma silenciosa pero a pasos agigantados, y que entre sus componentes cuenta con:

  • una Agencia Europea de Defesa,
  • otra Agencia Europea de Inteligencia,
  • un espionaje militar propio,
  • un Cuartel General y un Estado Mayor propio,
  • un Comité Político y de Seguridad (COPS) que diseña la doctrina de defensa europea, incluyendo la política de fronteras y contra la inmigración,
  • un Comité Militar (CMUE) que diseña el despliegue de tropas en misiones militares europeas,
  • una Academia Militar Conjunta,
  • unos Eurogrupos de Combate,
  • Fuerzas Navales y Guardamarinas Conjuntas,
  • y con un importante despliegue de tropas en varios conflictos internacionales,
  • más un presupuesto militar creciente, como venimos diciendo, y diversas subvenciones y ayudas que se le ofrecen a la industria militar y al militarismo disfrazadas en partidas destinadas a fines más nobles.

Todo un arsenal militarista al que, al parecer, falta por poner la guinda con la creación de un futuro «ejército europeo», tal como explicamos en un trabajo de 2015 editado con el nombre de «ejército europeo» y que en sus líneas básicas sigue aportando información y análisis vigentes a día de hoy.

Merece la pena decir que la otra pata de todo este entramado consiste en el colaboracionismo social y global con el desarrollo de esta política. Colaboracionismo que se manifiesta en el aplauso de los diputados europeos al gasto militar (a los que hay que presionar, como muy bien hace esta campaña, y señalar con el dedo de la indignidad), pero también con el colaboracionismo del poder financiero y de la banca (convertida en uno de los principales agentes de esta locura y a la que también hay que poner freno) y del mundo productivo, de los enfoques tecnológicos y de desarrollo científico, del mundos mediático y cultural que promueven la legitimación de esta violencia cultural, de los principales partidos y agentes sociales europeos en sus programas de acción, de los ayuntamientos  e instituciones que facilitan subvenciones y otros medios a estas industrias y a estas infraestructuras militares, …; pero no menos de los trabajadores y trabajadoras que operan en empresas militares, de los ahorradores que depositan sus ahorros en bancos armados, de los consumidores y usuarios que aceptan una oferta y un bienestar propio basado en la explotación y dominación sobre otros territorios y sociedades, de los intelectuales que callan, de los ciudadanos que colaboran sirviendo en estos ejércitos o sometiéndose a su lógica, y del conjunto de la sociedad que de forma acrítica participa del caldo de cultivo estructural, cultural y global de este modelo.

En suma, la pata principal del militarismo europeo es nuestra voluntaria servidumbre y colaboracionismo con su lógica y con su actividad y es aquí donde, en nuestra opinión, debe realizarse todo el trabajo posible para desencadenar la desobediencia a esta política, pues, de lo contrario, no podremos avanzar sino en la ingenua idea de «convencer» por la altura de nuestros principios a una élite que se caracteriza por la bajeza de los suyos y mide todo en política en términos de oportunismo, clientelismo e intereses egoístas.

Por supuesto que una campaña encaminada a presionar a las instituciones europeas (Parlamento, Consejo o cualquier otra) para que no avancen en sus peores intenciones es meritoria y debe ser bienvenida, pero es necesario añadir que no agotan la agenda de la lucha por la paz necesaria y que tal vez por sí solas no permitan avanzar en este propósito o al menos al ritmo requerido.

Para que no le pase como al cuento del cacique que señala Galeano en su libro de los abrazos (que su propuesta rasque mucho y rasque bien pero donde no pica) deberá (y esa es la principal tarea que debe hacer el que llamamos pacifismo alternativo) venir acompañado de una lucha en la base social y encaminada desde postulados abiertamente antimilitaristas y alternativos de desobediencia y creación de otras prácticas de lucha social contra el militarismo europeo.

3. La pasividad social

Por eso, y aún aplaudiendo la iniciativa, mucho nos tememos que las razones de peso de la red para llamar a la conciencia de los eurodiputados, o para alertar a una ciudadanía en el mejor de los casos bastante alejada de esta problemática, cederán ante la presión y el prestigio del militarismo y de su lobby político, el cual hace muchos halagos y promesas a la clase política europea.

Jugamos con fuerzas desiguales y por desgracia en la balanza de la campaña se encuentra el peso de la razón (un peso ligero) y de la ética, más las firmas que se consigan (actualmente más de cien mil), frente al abrumador peso de los intereses y del potente lobby militar industrial y del militarismo militante de los gobiernos europeos.

¿Quiere esto desacreditar a la campaña? En absoluto. La animamos y animamos a la firma de la petición que plasma la campaña por cuanta más gente mejor, por más que llamemos a nuestro propio compromiso para hacer avanzar la lucha por la paz más allá de presionar con firmas a los diputados europeos, cuyo voto, en cierto modo, ya es un voto cautivo y anunciado.

Lo importante es llegar a problematizar una política deliberada de remilitarización tal como la emprendida por la élite europea, y eso necesita un peso decisivo de la sociedad, de esa sociedad despreocupada y desmovilizada (¿tendrá que ver en ello de alguna manera la falta de agendas políticas del pacifismo y del antimilitarismo o la falta de permeabilidad de los sectores políticos tradicionalmente de izquierda hacia la agenda de la paz?).

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Otras luchas contra las bases militares

Por Marco Alioli

Mientras la lucha por la desmilitarización de Bardenas avanza en la zona bardenera, tanto navarra como aragonesa, y Bardenas Libres prepara sus nuevas propuestas de lucha para convertir a la gente en el principal actor de la relación entre Bardenas y el ejército, desplazando a los actuales acuerdos y pasteleos entre el Ministerio de Defensa y la «Comunidad de Bardenas», nos enteramos de la existencia de otra lucha, en plena Europa, contra otras bases militares.

Tal vez el caso puede servir para compartir luchas, para hacerlas luchas hermanas, y para aprender mutuamente de los logros y tropiezos de unos y otros.

Así, en un reciente encuentro de Bardenas Libres en Tudela, hemos conocido la lucha de los sardos, en Cerdeña, contra las bases militares allí establecidas.

En un caso, la base americana situada en la isla de La Maddalena, en Cerdeña, se consiguió con la presión social y popular que el ejército americano renunciara a su uso y la desmantelara en el verano de 2008.

Según una noticia de la época de la agencia Efe, la base OTAN en la isla italiana de la Maddalena será desmantelada antes del verano del 2008.

desde su construcción en el 1972 ha sido objeto de críticas por parte de los habitantes de Cerdeña y sus autoridades y causado numerosas polémicas porque ha servido de base para submarinos a propulsión y armamento nuclear

Con características similares a lo obrado en los años 50 en Bardenas Reales, la base italiana de la Maddalena fue acordada en 1972 mediante un pacto semisecreto entre el Primer ministro italiano, Giulio Andreotti, y el Gobierno americano, y se situaba en un paraje natural singular.

Otra base militar americana, esta en Teulada, sigue en pie y la lucha social por su desmantelamiento también.

En 2015 tenemos referenciadas protestas contra dicha base encabezadas por grupos pacifistas, antimilitaristas y ecologistas sardos y de toda Italia, coincidiendo con las operaciones de la OTAN «Trident Juncture 2015».

Por aquel entonces

Cerdeña es una de las tierras más militarizadas de Europa, donde hay más del 65% de las servidumbres militares italianas y 3 polígonos que son los más grandes de Europa.

De la acción de 2015 de los comités «No bases» contamos con un relato

En su perímetro los comités «No Bases», estudiantes y asociaciones de ciudadanos se echaron a la calle el 3 de noviembre para protestar contra la política de la guerra y las servidumbres militares.
La jefatura de policía propuso una ocupación estática que no fue firmada por los organizadores porque ellos no estaban de acuerdo y querían manifestarse cerca del polígono.
El objetivo de los manifestantes era el de alcanzar la valla de alambre espinado con púas que protege el polígono militar (situado a un kilómetro de distancia de la manifestación), cortarlo e irrumpir para interrumpir el ejercicio en curso desde las primeras horas de la mañana. Para los organizadores una intromisión hubiera sido decisiva.

Los participantes se dividieron y un grupo de treinta personas entró en el área militar. No obstante las fuerzas armadas los invitaron a no translimitar la zona por motivos de seguridad.
Pero la policía sobrevino y bloqueó el grupo de manifestantes utilizando también porras y lacrimógenos. Al final el grupo de manifestantes que se había dividido tras la irrupción en el área militar fue reunido por la intervención de la policía y se supone que 27 de ellos fueron denunciados por violación de área privada.

Una de las acusaciones en la que hacen más hincapié los activistas sardos es la inseguridad sanitaria que provoca la base.

Los polígonos militares están contestados por la situación sanitaria de Cerdeña, ya que hubo algunas patologías que afectaron a los militares, los civiles y los animales, reconocidas desde el 2001 por médicos, asociaciones pacifistas, militares y, ahora, también por los medios.

En algunos pueblos cerca del polígono de Quirra (por ejemplo a Escalaplano, un pueblo de 2.600 habitantes), en 1988 ocho niños nacieron con malformaciones genéticas; en la aldea de Quirra (150 habitantes) hubo una decena de muertos por leucemia entre 1998 y 2001; una relación del 2010 establece un 65% de pastores afectados por tumores.

y

Cerca de la base de Teulada, se observaron porcentajes de torio 232 veces superior en las del polígono de Quirra y entre diez y veinte veces por encima respecto a la ley. Todo esto según algunas investigaciones encargadas por el Fiscal de la Fiscalía de Cagliari, Emanuele Secci.
Hace un año, impresionó mucho la historia de los cinco hermanos Murgia, dueños de la lavandería que lavaba los uniformes de los militares del polígono: todos se enfermaron de cáncer. Solo uno de ellos no se enfermó, porque hace muchos años se fue a Brasil.

Otra argumentación que define esta lucha es que la base se usa para la muerte y para el ejercicio militar de la OTAN.

También en 2015 tenemos noticias de la movilización de la plataforma Plaza de los Pueblos contra la base militar de Capo Frasca, donde dos Tornado alemanes habían abierto fuego en unos ejercicios, provocando un incendio que ocupó 26 hectáreas de terreno.

La Plataforma Plaza de los Pueblos denunció en esta ocasión que

Cerdeña es, de hecho, la región más militarizada de Europa, con 13.000 hectáreas concedidas a los ejércitos de varias naciones para ejercicios militares. Entre los ejércitos que figuran están el estadounidense, turco, británico y ahora israelí, ya que desde el 23 de agosto de 2014, en pleno ataque a la Franja de Gaza, el Gobierno italiano ha abierto sus bases a la aviación militar de Israel, la misma que ha estado bombardeando la Franja de Gaza y al pueblo palestino.

Por este motivo, la plataforma Plaza de los Pueblos pide la suspensión inmediata de todos los ejercicios militares, la clausura de toda servidumbre, bases militares y polígonos, la recuperación y reconversión de las áreas, y el embargo militar inmediato y exhaustivo sobre Israel, e invitan también a apoyar una foto-acción con fotos, carteles, etc.

Las manifestaciones contra las bases militares en activo no han cesado y en la ciudad de Cagliari el movimiento A Foras (¡Fuera! en sardo) protagonizó el 14 de octubre de 2017 una manifestación bajo el lema «OTAN, fuera de Cerdeña».

En la misma, un activista declara a los medios que

Nos oponemos al uso de nuestra tierra como un polígono de ensayos militares. Oficialmente somos una región italiana, pero en efecto Cerdeña resulta ser una base militar de la OTAN y de Italia con cielos abiertos. El uso de estos polígonos, aunque sea para el uso civil, perjudica a la gente y a la naturaleza desde el punto de vista ecológico. Es decir, somos italianos oficialmente, pero en realidad, somos conejillos de indias de los militares italianos y de la OTAN.

Y cuenta también que hay alternativas al uso militar del territorio

No creemos en la economía militar. El puerto de Cagliari que está equipado para recibir submarinos nucleares puede utilizarse más para objetivos turísticos y civiles. De otra forma, no resulta razonable desde el punto de vista económico, ni moral. Nos oponemos a que nos traten como una colonia.

Como vemos, luchas hermanas que exigen alianzas más allá de lo local para convertir estas reivindicaciones en un grito común contra el  militarismo que se apodera de Europa y para llamar a los pueblos europeos y del mundo a unirse a la reivindicación compartida de desmilitarización y desmantelamiento de estos engendros.

Y a su vez, la oportunidad de compartir una experiencia de lucha que nos enriquezca a todos.

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Los números rojos de Navantia y el rescate de la industria militar hunden la SEPI y hundirán las regiones dependientes del monocultivo militar

Exponaval+2012

Por Jesús Fernández García

Fuente: EconomíaDigital

Del desastre sin paliativos ni excusas que es Navantia, la empresa mimada de la industria militar española, nos hemos ocupado por extenso a lo largo de años.

Desastre que tiene que ver con sus pérdidas de vértigo y su mala gestión, con su mala calidad, con su inmoral negocio en sí y con el trasiego de favores y puertas giratorias que soportan, contra viento y marea, la empresa pública con el dinero de todos y en beneficio de unos poquitos.

El Estado, amén de mandar de viaje a ministros, monarcas y otras autoridades menores y disponibles para que vendan los productos de Navantia, ha cooptado alcaldes y autoridades incompetentes (en la materia, se supone) para que, cerrando los ojos o tapándose la nariz, hablen parabienes de este negocio y ha comprado titulares periodísticos para que nos expliquen la gran mentira, un nuevo ejemplo de agnotología militar, de lo requetebueno que es vender armas de Navantia, aunque sea a Arabia Saudí, para nuestra seguridad y para bajar las cifras del paro.

Las terribles y engañosas cuentas de Navantia

Y de buenas a primeras nos enteramos por las cuentas anuales de 2016 presentadas por la SEPI que en 2016 Navantia acumuló (a pesar de las inmejorables ayudas públicas) unas pérdidas de 303 millones de euros, la mayor deuda de todas las empresas publicas españolas.

Navantia se convierte así en un agujero negro (y bastante opaco) que arrastra las cuentas públicas al desastre. ¿Hay que agradecérselo a alguien en concreto?

Según otro medio, las cuentas de Navantia implican que ésta está en una situación que obligaría a su disolución aunque han empleado un truco contable para evitarla.

Así informó a su vez a finales de junio Economía Digital.

Para más aclaraciones de la desastrosa situación de Navantia, la Oficina Nacional de Auditoría (órgano adscrito a la IGAE) dice  en su informe de auditoría de las cuentas de SEPI, páginas 4 y 5, que

En el informe de auditoría del Grupo Navantia, el auditor llama la atención sobre las notas 3 y 22 de la memoria, que describen la situación patrimonial del Grupo. El patrimonio neto a efectos mercantiles de la Sociedad Dominante del Grupo Navantia se sitúa en 23.393 miles de euros a 31 de diciembre de 2016 y, por tanto, en situación patrimonial de disolución, en aplicación del artículo 363.1.e) de la Ley de Sociedades de Capital. El Consejo de Administración de la Sociedad Dominante, celebrado el 15 de marzo de 2017 aprobó la solicitud a SEPI, su accionista único, de un préstamo participativo por importe de 90.000 miles de euros. Con fecha 28 de marzo de 2017 ambas sociedades firmaron el contrato del referido préstamo, que ha sido desembolsado en la misma fecha. Considerando este préstamo participativo y teniendo en cuenta el patrimonio neto a efectos mercantiles, a 31 de diciembre de 2016, la Sociedad Dominante no se encuentra en causa de disolución, sí se encuentra en situación patrimonial de reducción de capital obligatoria, en aplicación del artículo 327 de la Ley de Sociedades de Capital, por lo que durante el ejercicio 2017 la sociedad tendrá que tomar medidas tendentes a conseguir el equilibrio patrimonial.

Es decir, traducido al idioma autóctono de quienes ni sabemos de finanzas ni usamos corbatas y camisas de seda, Navantia debería disolverse, pero como el dinero es de todos y a sus administradores les cuesta muy poco, unos cuantos (casualmente los causantes y cómplices del desastre) han decidido auto-otorgarle a Navantia (osea a ellos mismos y a los intereses que representan) un préstamo para camuflar las cuentas y permitir un nuevo salto en el vacío, algo así como un rescate como los que salvaron el negocio de los accionistas de los bancos pero ahora aplicado a la industria militar (que también es casualidad que sea una de las que financia la banca armada).

Más deuda a nuestras costillas y más gasto militar

¿Significa eso que nos va a salir gratis la broma de este «reflote» (véase la metáfora marítima que elegimos para más rechifla) de la industria de muerte?

Pues no. Significa monda y lirondamente más gasto militar, porque ¿adivinan de dónde saldrá el pastuco del préstamo de camuflaje?

¿Han pensado que de los presupuestos? Pues acertaron. Lo dice así el diario La Información y nos pone sobre la pista para anotar en 2017 dinero camuflado de gasto militar en la SEPI y para vigilar el presupuesto de 2018, donde es previsible que vuelvan a repetir la jugada

En los Presupuestos Generales de 2017 se concede a la SEPI una aportación de 1.210 millones para avalar a sus diferentes empresas, una cifra idéntica a la de 2016. El Gobierno, además, prevé que la Sociedad estatal acabe el año en pérdidas, con un resultado negativo de 149 millones.

El desastre productivo de Navantia

Pero este aspecto económico no lo es todo en el caos de Navantia.

Su eficacia productiva es inigualable.

Navantia nos ha empobrecido vendiendo al Estado unos submarinos que no flotan y han debido ser revisados innumerables veces.

Revisiones que han implicado aumento de la factura de producción de los mismos y aumento de la factura de reparación de los actualmente en uso para alargar su vida útil hasta que los nuevos ingenios de Navantia tengan a bien emerger del fondo marino donde los sitúa la incompetencia del personal «altamente cualificado» del que alardea el escalafón militarista, desde la ministra hacia abajo.

En efecto, el inicial proyecto de submarinos de Navantia supondría un coste de 1.796 millones de euros, pero ya vamos, sumados los sobrecostes del propio submarino y los gastos que ha implicado para reparar los antiguos y mantenerlos en uso, 3.013 millones de euros, según informamos en febrero de 2017. Y según el Secretario de Estado en su intervención en el Congreso para informar sobre los Programas Especiales de Armamento del pasado 2016, estas cantidades sólo permitirán poner en el agua el primero de los cuatro submarinos previstos, sin que se sepa el coste de los otros tres restantes.

Pero los errores de diseño de Navantia no son exclusivos de su empeño en submarinos con sobrepeso y alcanzan a otros productos de la naval, como los barcos de la clase Camberra que quiere vender a Australia, o el BPE Juan Carlos I como ya explicamos en otra entrada de mayo de este año.

¿Qué suerte habrían corrido las comarcas de Cádiz, Ferrol y Cartagena si el dinero invertido en mantener Navantia se hubiera invertido en reconversión y desarrollo?

Las cifras no engañan. Navantia ha recibido varios miles de millones del erario público en concepto de ayudas, subvenciones y aportaciones para mantenerla en pié.

La sola suma de las pérdidas de Navantia en los últimos diez años (pérdidas que cubre el Estado al margen de las ayudas y encargos que realiza a esta empresa) es escalofriante, con una media anual de más de 250 millones de euros y sin un plan viable de salida.

La explicación que nos han dado es que con ello contribuían a la cuestión social de Murcia, Cartagena y Ferrol, ampliamente dependientes de la industria naval militar.

Muchos de los contratos de Navantia no han tenido una finalidad, dijo un anterior Secretario de Estado de Defensa, desde el punto de vista militar, pues lo «encargado» o no se necesitaba o se podía conseguir mejor fuera, sino industrial, para fortalecer el sector naval militar.

Si contabilizamos todas estas ayudas, subvenciones, dinero invertido en encargos, sobrecostes de sus productos y dotaciones de pérdidas ¿no podría haberse cortado la sangría antes e invertido todo este dineral tirado a la basura para desarrollar de forma alternativa estas regiones?

Lo militar ha supuesto para Cartagena, Murcia o Cádiz dependencia, no progreso ni desarrollo y mantener incólume esta dinámica no puede sino condenar a estas regiones a más dependencia y peor futuro.

¿Por qué nadie reclama ese cambio de rumbo?

Si de lo que se trata es de sostener la viabilidad de las regiones referidas, ¿por qué no se invierten los más de 300 millones de perdidas de Navantia no en mantenerla viva, sino en el desarrollo de estas regiones?

¿Por qué no se incentiva una reconversión radical de Navantia y sus tecnologías hacia fines socialmente útiles y sectores sostenibles?

La respuesta es más que sencilla. Porque lo que se busca no es el desarrollo de estas regiones, sino el negocio lucrativo de unos pocos.

Paro y Navantia

Las cuentas anuales de Navantia de 2016, bastante edulcoradas, por cierto, nos aportan un dato más:

  • La plantilla de Naviantia a 31-12-2016 era de 5.296 personas únicamente.
  • La cifra de negocio de Navantia en 2016 ha sido de 710´08 millones de euros.
  • El resultado de Navantia en 2016 ha sido de 229,74 millones de euros.
  • Las inversiones en inmovilizado durante 2016 han sido de 170 millones de euros.
  • El patrimonio de Navantia se ha contabilizado por valor de 341,29 millones de euros.
  • Ha obtenido donaciones y subvenciones (principalmente de la Comunidad de Murcia, el Ministerio de Industria y la UE) por importe de 3,9 millones de euros.
  • el pago total de personal ha sido de 311´36  millones de euros, lo que equivale a un sueldo medio de 58.791 euros, cifra que, a la vista de las tablas salariales de su propio convenio, no cobra ni siquiera el 10% de su plantilla y que sobre la cifra de negocio anual supone un 43% de aquella.

Estas cifras despejan, a su vez, la idea de que Navantia ofrece mucho trabajo, únicamente 5.296 personas en unas regiones que cuentan con una población parada de cerca de 200.000 personas en la región de Cádiz (un paro de más del 33% de su población activa), más de 130.000 personas en la región de Murcia (cerca del 20% de parados) y con un paro en la comarca de Ferrol de 6.100 personas, un 24% de su población activa.

Navantia no es, vistas las cifras, ni una solución parcial al paro desmesurado y producto de una ínfima inversión en desarrollo de estas regiones.

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¿Ciudades libres de militarismo? Un reto para el nuevo curso

Fuente: Xarxanet.org

Nos ha sorprendido y esperanzado la iniciativa del pleno municipal de Sant Cugat, declarándose municipio libre de industria militar.

¿Es posible que un municipio adopte políticas de paz basadas en la idea de desmilitarización y de promoción activa de la paz con contenidos, o se deben conformar con buenas palabras y tópicos?  Parece que el ejemplo de Sant Cugat está destinado a confrontar la palabrería, la bisoñez y el cálculo que en otros lugares son moneda común.

Que sepamos es la primera vez que un municipio asume un compromiso por la paz tan evidente y necesario.

La iniciativa ha sido impulsada por el Centre Delàs d’Estudis per la Pau y ha contado con el voto favorable de todos los grupos de la corporación menos el PP, algo por otra parte (el temita del PP) que casi no causa sorpresa, sino pena.

Mucho hay que agradecer a los compañeros del Centre Delàs esta iniciativa ¡y que no decaiga!

Conforme a lo acordado, en Sant Cugat se tendrá en cuenta, a la hora de sacar a concurso cualquier servicio municipal, la historia de las empresas licitadodoras y, sobre todo, si tienen vinculación con la industria militar, lo cual es una manera de premiar la ética y de castigar a las empresas colaboracionistas con la guerra y la propagación de la plaga del armamentismo.

Dice Jordi Calvó, del Centre Delàs d’Estudis per la Pau (y que nos perdone por nuestra traducción) que

La idea, …, es exigir a las compañías más transparencia, abrir el debate y evitar que este tipo de empresas puedan trabajar sin fiscalización y sin trabas.

Alguien podría decir que la declaración es cosmética, pues en Sant Cugat, que se sepa, no opera ninguna industria militar, pero no es así del todo. Por ejemplo, existe una banca armada, que financia las inversiones de las industrias militares y que bien puede verse afectada por tal declaración de incompatibilidad con prestar servicios al municipio. También hay otro tipo de empresas, radicadas en cualquier otro lugar y no necesariamente en Sant Cugat, que pretendan «concursar» a servicios en Sant Cugat y que se puedan ver afectadas por su historial manchado de armamentismo.

Por poner un ejemplo, en 2008 (no sabemos si existe otro más actualizado) el Centre  Delàs publicó un catálogo de empresas catalanas que tenían relación con la industria militar que merece la pena no perder de vista. A ellas se pueden sumar otras que prestan normalmente servicios a diversas administraciones en cuestiones relacionadas con el tratamiento de información, la seguridad o proyectos de eficiencia energética, por ejemplo, como es el caso de INDRA (de innegable producción y vinculación militar). De la propia INDRA, por ejemplo, sabemos que en 2010 al menos participaba con el Ayuntamiento de Sant Cugat y Fenosa (otra empresa con ciertas sospechas) de colaboracionismo militarista) en un proyecto de eficiencia energética.

Nosotros, por nuestra parte, ya editamos hace un tiempo un documento sobre la extensión del militarismo más allá del ámbito estatal, en las comunidades autónomas, ciudades y pueblos, en el que advertíamos de la enorme extensión del militarismo y la afectación a la vida ciudadana (desde exenciones al pago de impuestos y tasas a la imposición cultural de la idea de las glorias militares y su parafernalia, pasando por la colaboración con la industria militar, etc.) y proponiendo ejemplos y alternativas desde las que era posible desmilitarizar gradualmente las ciudades y nuestras vidas.

Lograr más ciudades que se declaren libres de la industria militar puede ser un paso adecuado y un buen ejemplo que nos sirva de test para verificar la coherencia de las proclamas de paz de las corporaciones locales y sus munícipes.

Como también podría serlo la exigencia municipal de que los ejércitos y las industrias militares paguen impuestos municipales sin excepción, o la de recargar estos impuestos y contribuciones con suplementos en función de su perjudicial papel social, de su impacto medioambiental o como medio de incentivar su reconversión a actividades socialmente útiles.

O la reclamación de reversión al bien común de los bienes y patrimonio (ingente en el caso español, donde el Ejército es el segundo terrateniente del estado) que el Ejército posee (lo que incluye parajes protegidos, islas, infinidad de inmuebles, etc.) y que podrían servir a un verdadero plan de choque ante el enorme problema social de falta de dotaciones necesarias y de vivienda convertida en un negocio especulativo.

O la revisión de los callejeros municipales para sacar de ellos toda la versión militarista y nefasta de nuestra historia.

O de prohibición de exhibiciones militares (hace pocos días en Gijón, un poco antes en Guadalajara,…) en su territorio.

O la lucha municipal, sobre todo en el ámbito rural, por quitarse el sambenito de la declaración de zona de interés para la defensa (lo que condiciona desde el derecho de paso a los usos que se pueden dar al terreno, entre otros efectos, supeditados a la autorización militar) y la dependencia del monocultivo militar.

O de lucha contra los campos de tiro e instalaciones militares en los territorios municipales.

O una política de solidaridad con los resistentes y refugiados de las guerras, de apoyo a sus redes, de impulso de sus iniciativas noviolentas y de lucha contra las causas culturales y estructurales de éstas.

O la promoción de una verdadera política de paz, entendida como política pública municipal transversal y de mirada amplia y ambiciosa.

O tantas otras iniciativas que, sin duda, obligarían a un cambio radical y desde abajo de nuestra política y a una reapropiación por parte de la ciudadanía y sus administraciones más cercanas de la política que busca la seguridad humana y la paz, hoy negadas por una unilateral visión negativa de la paz, convertida en política militar de defensa y secuestrada en manos de militares y políticos con intereses nada santos.

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La insumisión y el legado de la lucha noviolenta

insumision

Por Roberto Moso

Comentamos una tribuna que publica Pedro Oliver en Público y que se titula «La insumisión antimilitarista en la nueva política».

En el mismo, el amigo Pedro señala, con bastante acierto, algunos de los logros de la lucha política noviolenta llevada a cabo por el antimilitarismo del Estado español a partir de 1989. Una campaña promovida contra las leyes del servicio militar y de la objeción de conciencia, que garantizaban la sumisión forzosa a la prestación de un servicio militar (o su sustituto civil pensado como refuerzo de éste) ideado para perpetuar la razón militarista y el propio servicio como escuela de aprendizaje de sus prácticas y valores.

Destaca que la insumisión mostró, por primera vez, que era posible ganar a la «razón de estado» por medio de una estrategia noviolenta de lucha radical. Y en efecto, fue la demostración de la potencia política de la acción noviolenta y de la metodología de la desibediencia civil para conseguir cambios más o menos radicales en una sociedad plenamente instalada en la idea de democracia representativa y ologárquica.

Señala también cómo este legado se ha transmitido de forma clara a otras luchas sociales de cualquier ámbito, tales como ecologistas, feministas, altermunidistas, sindicales, etc. (en puridad habría que decir que también aprendió y adquirió préstamos de estas) y cómo afectó a éstas tanto en lo metodológico (trabajo de base, asamblearismo, metodología noviolenta) como en los medios y objetivos (desobediencia civil como práctica de reafirmación de los principios de democracia radical), hasta el punto de ser hoy en día parte del ADN de los nuevos y no tan nuevos movimientos sociales posteriores a la eclosión del 15M.

«dejó un legado fructífero en la cultura de protesta, una influencia que perdura.

y

quedó como un referente metodológico en el acervo colectivo de la protesta democrática y democratizadora.

… la memoria de la insumisión se convirtió en una especie de ADN asambleario, noviolento y desobediente que quedó inserto en la mayor parte de los movimientos sociales locales y globales de principios del nuevo milenio y de no pocos fenómenos de protesta de antes y después de la crisis iniciada en 2008, hasta la eclosión del 15M

Qué duda cabe que estos elementos son aportaciones de un valor inestimable y que sin la insumisión nuestra propia cultura política, incluidos  los horizontes de aspiraciones de tantas luchas, sería muy diferente y mucho más pobre.

Hasta aquí, quienes de una u otra forma participamos en su día de toda esa lucha (y vivencia) no podemos estar más satisfechos y agradecidos, tanto por lo logrado, como por lo aprendido en ese camino.

Se pregunta Pedro, con perplejidad que compartimos, cómo es posible que siendo tal legado una especie de hilo conductor de la actual cultura política de los movimientos sociales y de la propia cultura política, la llamada «nueva política» minusvalore todo esto y se arriegue a perder un potencial electorado. Lo dice así:

No nos cabe la más mínima duda de que el prestigio de la acción noviolenta en España se debe en gran medida al ciclo de 30 años de desobediencia civil protagonizado por el movimiento antimilitarista y, más en concreto, a la experiencia referencial de la campaña de insumisión. Con todo, lo mejor de todo es que esa memoria sigue viva. Quien la obvie, se encontrará con ella más temprano que tarde, y quien la desprecie, chocará de frente con su legado más emotivo y simbólico. ¿Cómo es posible que la “nueva política” de izquierda y el populismo de izquierda minusvaloren el legado de la insumisión y al mismo tiempo se declaran herederos del 15M? ¿Acaso creen que semejante contradicción no les perjudica?

Lejos de tener respuestas a esta perplejidad, a nosotros se nos acumulan las dudas y los desafíos. Pedro nos estimula a pensar en ellas porque su análisis es sugerente.

  • La primera duda se refiere a nosotr@s mism@s, al antimilitarismo.

Nos preguntamos cómo es, qué explicación tiene, que teniendo la potencia que tuvo el antimilitarismo en los años 90, tanto en su militancia como en sus apoyos sociales y en el cambio de mentalidad que produjo, la actual militancia antimilitarista se haya reducido casi a la puramente testimonial y residual y, con algunas excepciones, no se haya dado un recambio generacional ni la incorporación de gente joven.  Y añadida a esta, ¿cómo es que las actuales aspiraciones de la sociedad, en general, parezcan tan desconcetadas de los objetivos del antimilitarismo?, ¿no supimos transmitirlas?, ¿por qué no somos atractivos como militancia de las nuevas mentalidades?

Ciertamente podemos encontrar mucha gente que militó en el ciclo de protesta insumiso en organizaciones sociales de todo tipo, e incluso entre los militantes y cargos de algunos partidos nuevos y no tan nuevos. Pero… ¿la militancia antimilitarista?, ¿qué fue de ella?. ¿dónde se encuentra?, ¿cómo se expresa?

Asociada a esta pregunta, una nueva perplejidad. Hoy en día conocemos mucho más el militarismo, sus características, su funcionamiento, su papel global en la estrategia de dominación-violencia que define las políticas estatales y mundiales, su gasto militar, las puertas giratorias, su implicación en el desastre ecológico mundial y, en fin, tantos escenarios más, que cuando el movimiento antimilitarista tenía mejor salud. Sin embargo este conocimiento no nos ha llevado a un enriquecimiento de nuestros objetivos, ni a un incremento de nuestras apuestas, ni a una agenda de luchas más diversificada y radical, sino, al contrario, a un repliegue de «campañas y agendas» políticas,  que prácticamente se reducen a reconvertir los antaño fructíferos grupos antimilitaristas en grupos de acción directa puntual y sin más. ¿Responde a una reducción y concentración de esfuerzos dados los escasos medios a nuestro alcance?, ¿responde a una reducción de posibilidades en la agenda política actual?, ¿responde a una reducción de ideas?…

Antaño aspirábamos a una lucha cultural amplia, a la que dedicábamos campañas de educación para la paz, de nuevas metodologías de resolución de conflictos, de encuentro entre el antimilitarismo y el feminismo, o el ecologismo, o… ¡ tantas otras!. Aspirábamos a dinamizar a la sociedad en la resolución alternativa de conflictos, a promover una alternativa global de defensa -basada en la cooperación y la noviolencia- a la defensa militar, a abolir los ejércitos, a desenmascarar las guerras y sus intereses, a generar sinergias para la reconversión de la industria militar, a luchar contra la militarización social en todos los frentes, a promover un modelo de relaciones sociales alternativo…

Comparar la agenda no sólo de aspiraciones sino también de luchas y campañas del antimilitarismo insumiso de los años 90 con el actual panorama del antimilitarismo, de nuevo, nos produce perplejidad. ¿hemos perdido o ganado en el camino? Nosotros, sinceramente, no nos lo sabemos responder.

  • La segunda se refiere al legado en sí. ¿cuál fue el verdadero legado de la insumisión que permeó fructíferamente a la sociedad?

Es evidente que no todo el legado de la lucha insumisa caló con igual intensidad en la sociedad y sobre los movimientos sociales. Una gran parte, precisamente la de contenido explícitamente antimilitarista, se quedó en la superficie o se evaporó.

En nuestra opinión la principal contribución de la insumisión fue el prestigio no tanto de la noviolencia en sí como de la desobediencia civil como herramienta política útil. Pero una herramienta en cierto modo «neutra» en cuanto a su coherencia noviolenta. De los diversos enfoques de la desobediencia civil y del contenido explícitamente antimilitarista y noviolento de ésta ya hemos hablado en el libro «Política noviolenta y lucha social» publicado por ecologistas en Acción en 2012 y no es el caso repetirnos ahora.

Tal vez a ello podríamos unir una cierta cultura de lo asambleario, del trabajo sin delegación, directo, de base, igualitario, no sexista, que se interiorizó en los movimientos sociales con mayor acierto.

Son dos aportaciones monumentales y son dos elementos indisociables de la lucha de la insumisión y de la propia filosofía noviolenta y antimilitarista, pero no son todo el legado del antimilitarismo ni de la lucha noviolenta.

En cuanto a la desobediencia civil, ésta  traspasó la barrera de rechazo que la cultura imperante impone porque entraba en un diálogo (Pedro también lo apunta) bastante práctico con uno de los principales referentes de lucha social de las antiguas izquierdas: la lucha violenta (añadiremos por nuestra cuenta dos más: los partidos «representativos»  y la lucha sindical).

Precisamente donde la violencia era incapaz de romper la razón de estado en una «democracia occidental» y se mostraba más bien como un delirio indeseable (véase el caso de ETA) o un buen argumento para mientras se bebían unas cañas, pero inútil en otro plano, la insumisión, con su estrategia de lucha noviolenta (desobediencia civil, boicot, uso escénico de los juicios y de la represión, horizonte de sentido sin guerras ni ejércitos y aspiración creativa a construirlo aquí y ahora, etc.) tuvo la capacidad de mostrar en la práctica su potencial de desbordar al Estado y modificar el escenario político más allá de lo que éste calculaba. No ganamos el conflicto (si es que la aspiración en estos no puede ser otra que la de transformar los escenarios y reconfigurar los consensos, y no tanto una suma de tipo gana/pierde) pero cambiamos el panorama hacia una dinamización/transformación del mismo que no entraba en la hoja de ruta del poder y que, de nuevo, puede ser ahora o más tarde referente para nuevos desbordamientos de ésta.

Por otra parte, frente a una lucha sindical que aparentemente debía lograr por medio de la negociación y la huelga cambios esenciales en favor del «bienestar» socialdemócrata y que, en la práctica, y salvando honrosas excepciones, se mostró más bien como una herramienta ineficaz para tales fines, la desobediencia mostraba un horizonte de lucha mucho más ingobernable por parte de los que mandan. Idea que, a su vez, podemos trasladar a todo el modelo de representación y sobrerepresentación institucional y política existente.

Volvemos a decirlo. el valor de ésto es incalculable, impresionante, exitoso. Pero no es toda la riqueza que el antimilitarismo pretendía aportar y potencialmente puede aportar.

De este modo, el legado que permeó fue, principalmente, la desobediencia civil como herramienta y la organización horizontal y asamblearia como metodología organizativa. Si se quiere, con menor impacto, ciertos valores de la noviolencia centrados en la renuncia a la violencia en la acción política y la dinamización de un colchón social de apoyo a las luchas y una llamada estética a lo radical.

Pero no tanto el antimilitarismo como contenido (incluso los partidos de izquierda que aceptaron la desobediencia y la insumisión lo hicieron sin renuncias ni cambios fundamentales a sus postulados militaristas de siempre, a los que añadieron la desobediencia bien como otra herramienta complementaria o bien por puro oportunismo coyuntural) ni la noviolencia como apuesta por un paradigma alternativo de cooperación-noviolencia desde el que promover no solo protesta y denuncia, sino también alternativa y anuncio de algo diferente y radicalmente otro.

Sin duda el debate sobre la violencia política es mucho más complejo que la manida refriega habitual entre creyentes de una u otra cosa con sus ejemplos tópicos a cuestas).  No queremos ser simplistas. Pero también la noviolencia es algo más complejo que la caricatruresca figura de un tipo que, por no violentarse, renuncia ascéticamente a tomar partido y a comprometerse activamente en cambiar las cosas, o de un santón que renuncia a ver la crueldad del mundo por vivir en su mundo interior. Es, a la vez, 1) lucha contra todas las violencias (no sólo la directa, sino también la cultural y la estructural y el sumatorio de todas ellas en esa violencia sinérgica y global que impregna nuestro orden y paradigma) en todos los escenarios y en todos los momentos y 2) construcción alternativa de paz creativa y con contenidos en todos esos escenarios (directo, estructural, cultural) para construir esa sinergia en una paz global basada en la cooperación y la noviolencia como fuerzas rectoras.

El antimilitarismo cuenta con contenidos mucho más amplios que, en realidad, no han sido asumidos con igual éxito y que, por lo que parece, resultan quiméricos o inoportunos para la izquierda experta y los partidos políticos en su conjunto. Por ejemplo, no es lo mismo pedir una reducción o un cambio de partidas del gasto militar que un proceso de transarme que acabe trasladando todo el gasto militar, aunque sea de forma gradual, desde partidas destinadas a la defensa y al militarismo, a necesidades sociales y luchas por la seguridad humana, ajenas o contrapuestas a éste. No es lo mismo pedir que haya un cierto control de armas, a luchar para que se dé un proceso gradual de transarme que las elimine, o que se busque un control de las industrias militares a que se desarrollen políticas de reconversión de éstas a otros fines útiles o de desinversión y desincentivos para que desaparezcan. No es igual querer un ejército más o menos democrático que proponer la sustitución por políticas de transarme del modelo de defensa militar por un modelo de seguridad humana. No es lo mismo conformarse con no ser excesivamente partícipe en las políticas municipales con los intereses de los ejércitos o desarrollar «cumbres» mediáticas de expertos, que promover una política de paz que se base en la desmilitarización también municipal (ayudas y subvenciones a lo militar, desmilitarización inmobiliaria, del callejero y de las simbologías, propuestas de acogida efectiva de los desertores y damnificados de las guerras, prohibición de negocios relacionados con lo militar, promoción de una política de verdadera lucha contra la preparación y causas de las guerras, investigación y prácticas para la paz, etc.).

También es cierto que la escasa profundización del antimilitarismo en estos temas, su actual dificultad de diálogo y coordinación con otras tradiciones y luchas sociales, y  la dificultad de la difusión y divulgación de ellos hace más difícil que acaben echando raíces en la sociedad.

  • En tercer lugar, la referencia a la nueva política y su relación actual con el antimilitarismo.

Nuestro análisis coincide fundamentalmente con el de Pedro. Para la nueva (y no tan nueva) política, el antimilitarismo es algo no conveniente, cuando no irrelevante o excéntrico.

De ahí, y no solo de nuestras pocas fuerzas y de palmarios déficits de coordinación y optimización de nuestras propias capacidades, la difícil relación.

Pero debemos matizar un poco.

a) Esta irrelevancia e inconveniencia que forma parte de las actuales manifestaciones públicas de esta «nueva-vieja» política se concentra, principalmente, en sus líderes más mediáticos y sus círculos más próximos. No así, o al menos no tanto, en la gente sensible e incluso de sus militancias variopintas.

Probablemente las biografías de estos líderes explican de forma suficiente su astringencia al antimilitarismo: cálculo, tacticismo, prejuicios ideológicos, ideas férreamente militaristas y vanguardistas… No es probable que cambien de mentalidad sin más.

Pero, lo dice Pedro y nosotros lo compartimos, en el imaginario social hay aún mucho poso de viejas aspiraciones antimilitaristas. No se fuma bien el puro de nuevos alcaldes que encima se dicen antimilitaristas diciendo que no importa que se hagan barcos de guerra para países como Arabia Saudí con tal de dar trabajo en sus regiones, como no se asumen con facilidad otras manifestaciones de figuras mediáticas ciertamente muy alejadas de los postulados antimilitaristas. es cierto que los programas políticos presentados por todos esos nuevos actores (que en otros artículos de este blog hemos analizado críticamente) no nos permiten augurar nada bueno. Y es también cierto que a estos líderes nuevo-viejos algo de factura les ha de pasar (y les ha pasado ya) el manifiesto rechazo, cuando no desprecio, de estas sensibilidades.

Tal vez los «líderes» no nos dejan ver el bosque, pero no lo son todo. Ni siquiera en su panorama interno y … ¡tampoco son eternos!

Nuestra experiencia al menos dice eso. Cuando tomamos contacto, ciertamente el pobre contacto que podemos tomar en charlas y encuentros a los que nos  invitan (por cierto, a otros nos dejan de invitar, como es la Universidad de Verano de Anticapitalistas, ¿tal vez castigo por criticar a Kichi y sus barcos a Arabia Saudí?) con las gentes que participan de estos partidos y las que éstos son capaces de convocar, lo cierto es que la presentación del panorama del militarismo y de las propuestas de lucha que podría llevar a cabo una apuesta antimilitarista, llaman mucho la atención y agrupan mucha simpatía (también autocrítica a sus propias formaciones y a sus ya tradicionales postulados en la materia y reproches merecidos a nuestra ineficacia para dialogar con ellos).

No quiere decir más de lo que dice, pero es lo cierto que se detecta una sensibilidad creciente en la gente cuando pasa de la absoluta desinformación a un conocimiento mayor del tema y de su influencia en otras luchas y apuestas. A lo mejor no da para hacer de esta militancia dispersa y diversa activos antimilitaristas, ni para que promuevan, sin el apoyo suficiente al menos, un enfoque alternativo de múltiples temáticas en sus formaciones, pero tal vez, como antaño, sí sean simpatizantes proclives a cambios más radicales si somos capaces de rotularlos y proponerlos en términos de lucha política concreta y que les concierna.

Y es que la responsabilidad mayor de traducir en propuestas políticas la apuesta antimilitarista, queramos o no, sigue siendo de l@s  (pocos o muchos, emboscados o manifiestos) antimilitaristas que seguimos haciendo de esta nuestra militancia, o al menos una de ellas, fuerte.

Tampoco son pocos, parecerá a lo mejor una sorpresa, los cargos institucionales de municipios, diputados (autonómico y estatales) y otros que se sienten incómodos con el discurso oficial de sus líderes y que estarían por la labor de debatir más y de promover algunas de las propuestas antimilitaristas. ¿Las tenemos preparadas?.

Tal vez la vía institucional, y nosotros nos confesamos tan escépticos de ella como el que más, no sea la más eficaz y tal vez de ella solo quepa esperar el repliegue institucional, pero si nuestras luchas buscan un desbordamiento, tal vez contar con quien sea al menos capaz de un compromiso mínimo desde el lado obscuro o se preste de algún modo a servirnos de altavoz, o de proporcionarnos información, o de generar contradicción, no nos venga mal. Muchos de ellos incluso fueron compañeros en la lucha insumisa y asea como activistas, grupos de apoyo, etc.

b) Lo mismo ocurre en los espacios de la «sociedad civil» (al menos en nuestra corta experiencia): la gente en general simpatiza con lo que decimos y asume cómodamente (es decir, sin que les suponga un desequilibro mental) la apuesta desmilitarizadora. Tal vez también aquí nos está faltando capacidad de trabajo y acompañamiento con la gente común, ofrecer campañas concretas y asumibles de fácil contagio. Disolvernos en sus aspiraciones y luchas. Apropiarnos horizontalmente con ellos del tema de la defensa y de la necesidad de la alternativa al mismo.

Por fortuna, a niveles más locales, se empiezan a congregar gentes y nuevos grupos que llevan adelante  nuevas y antiguas apuestas antimilitaristas y las dinamizan.

Y no podemos dejar de reconocer la simpatía, tal vez aún simplemente simpatía, de muchos grupos sociales y movimientos hacia nuestras (aunque pobres) campañas y propuestas. Es cierto que el antimilitarismo no está aún incorporado de forma rotunda a sus luchas pero… es un camino a trazar en un terreno ya abonado donde tenemos mucho que dar y recibir.

En estas circunstancias, no siempre desfavorables como vemos, y habiendo  reducido el antimilitarismo su militancia y relevancia de forma drástica, ¿somos capaces de asumir el evidente reto de diálogo que requiere el hambre de la sociedad al respecto?, ¿tenemos identificadas las palancas que hemos de pulsar para estimular y dinamizar luchas sociales antimilitaristas para las que hoy en día tenemos identificados mejor que antes los actores, el conocimiento y la información precisa, los objetivos a perseguir?, ¿sabemos marcarnos una agenda de trabajo que vaya más allá de lo puramente testimonial o el activismo de testosterona?, …

¿Somos capaces, con igual energía, de aportar a la sociedad los contenidos antimilitaristas que se quedaron en el aire en la anterior campaña de la insumisión al servicio militar?

Sería nuestro tercer gran aporte a la democracia radical y al cambio de paradigma que se avecina.

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