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El dinero del CDTI para I+D acaba en gran parte en manos de la industria militar

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Defence Images

Fuente: El Confidencial.

La principal partida de I+D para financiar empresas privadas procede de Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), una empresa pública estatal que depende del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad (CDTI-E.P.E.) y que, según aparece en su propia web,

Es la entidad que canaliza las solicitudes de financiación y apoyo a los proyectos de I+D+i de empresas españolas en los ámbitos estatal e internacional.

Desde El Confidencial han tenido la idea de analizar las 528 últimas subvenciones concedidas por CDTI para innovación, con el fin de saber qué perfiles tiene esta línea de apoyo. Para ello han acudido al Sistema Nacional de Publicidad de Subvenciones, de la Base de Datos de la IGAE, de donde han sacado asombrosas conclusiones.

A pesar que la mayor proporción de subvenciones se destinan a PYMES con preferencia sobre las grandes empresas, si  nos fijamos en los «grandes proyectos» (subvenciones más altas) resulta que la mayoría de estas subvenciones acaban en manos de las grandes empresas.

Llama mucho la atención que las principales adjudicatarias son empresas vinculadas al sector militar:

En primer lugar, Airbus Defence and Space, con 6´77 millones de euros, seguida de Ghenova Ingenieria (una subcontrata de Navantia que ha conseguido ingentes negocios militares) con 4´19 millones de euros, o INDRA, con 3´6 millones, o TTI Norte, también vinculada al espacio y la defensa, con 2´89 millones.

Por supuesto, la noticia que comentamos no hace esta vinculación de las ayudas con el sector de la defensa, pero llama la atención que precisamente sean éstas las principales beneficiadas de las ayudas de I+D.

Una vinculación que, desde otro punto de vista, deja muy a las claras que de innovación y desarrollo nada. La mayoría de estas subvenciones se conceden para financiar el militarismo y la posición exportadora de armas de España.

De modo que CDTI también entra en la nómina del militarismo y del gasto militar. Tomamos nota.

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Desenmascarando mentiras: la industria militar no invierte en I+D todo lo que afirma

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Por biphop

Fuente: Público.

Una de las explicaciones que la industria militar española ofrece a diestro y siniestro para hacernos ver su excelencia, es que son uno de los sectores que más invierten en investigación y desarrollo (I+D).

En el mundo actual la inversión en investigación y desarrollo parece la estrategia empresarial de futuro. Al afirmar la industria militar su gran avance al respecto, parece querer mostrarnos su gran superioridad y su gran apuesta por el avance y la innovación.

Se hacen cuentas de las oportunidades que, como empresas innovadoras, se les abren en la sociedad del futuro.

Pero en nuestro criterio las cuentas acaban siendo un cuento. Y si no, miren la noticia que comentamos.

El Centro Común de Investigación de la UE (JRC, por sus siglas en inglés), dependiente de la Unión Europea, publica cada año una estadística de las empresas europeas que más invierten en innovación y en I+D.

Pues bien, entre otros datos curiosos del estudio, resulta que de entre las 567 empresas que más invierten en I+D en la Unión Europea únicamente 16 son españolas y ninguna precisamente en los puestos de cabeza de Europa. Y de las 16 empresas españolas, únicamente una, INDRA pertenece al sector de la defensa y tampoco es una de las que más invierten de entre las españolas.

Menudo desmentido este. Las famosas empresas de la defensa española, que cacarean su enorme inversión en I+D, quedan desmentidas por un estudio europeo que nos indica su absoluta ausencia en el ranquing de la innovación.

La lista muestra que la innovación está de nuevo en plena efervescencia en Europea. Para mantener el avance de nuestra industria, debemos continuar invirtiendo y reformando nuestros sistemas de educación», declaró en un comunicado el comisario europeo de Investigación, Ciencia e Innovación, Carlos Moedas.

En cuanto a las empresas españolas más innovadoras, dice la noticia

La primera empresa española del listado es el Banco Santander, en el puesto 81 y con un avance de la inversión en I+D del 16,5 % respecto al año pasado).

Le siguen Telefónica (-10,5 %), Amadeus (+9,8 %), Grifols (-0,9 %), Iberdrola (+5,6 %), Acciona (+7,5 %), Indra (+7,3 %), Banco Popular (-13,5 %), Repsol (-13,3 %), Pharma Mar (+25,7 %), Almirral (+7,4 %), Siemens Gamesa (-3,8 %), Ferrovial (+8,6 %), ACS (-22,9 %), Obrascon Huarte Lain (+1,8 %) y Sener (-68,7 %).

Ni Navantia, ni HISPASAT, ni ninguna de las grandes empresas de nuestro polo militar-industrial forman parte del listado español.

Pero los datos, a escala europea, también nos hablan de la menor relevancia del sector militar respecto de otros sectores en cuanto a la I+D. Según el informe

En total, las 2.500 compañías líderes en I+D invirtieron entre 2016 y 2017 un total de 741.600 millones de euros en ese concepto y representan el 90 % del total destinado por las empresas privadas de todo el globo a investigación y desarrollo.

Por sectores y a nivel internacional se sitúan en lo alto del índice las empresas de servicios relacionados con las tecnologías de la información y las telecomunicaciones, con el 11,7 % del total de la inversión en I+D, seguidos por las firmas de salud (6,9 %) y por los fabricantes de equipos de telecomunicaciones (6,8 %).

Esos tres sectores, junto con el automovilístico, se atribuyeron el 75 % del total de la inversión en I+D a escala planetaria, según los datos de la Comisión Europea.

El informe destaca también que, junto al incremento de la I+D en el sector automovilístico, se ha producido un retroceso de la inversión en I+D en los sectores aeronaútico y de la Defensa.

¡Menudo desmentido a la I+D del sector de la Defensa!

 

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¡Qué buenas son las crisis para la industria militar!

por Pavel Vanka

Fuente: Infodefensa.

Si lo decimos nosotros seguramente nadie nos hará caso. No somos creíbles, para algunas mentes militarizadas, por más que aportemos datos, fuentes, estudios…

Pero no lo decimos nosotros, sino el propio Presidente de la TEDAE (Asociación Española de Tecnologías de Defensa, Aeronáutica y Espacio), ahora a punto de ser sustituido (un misterio que deparará probablemente una sorpresa este de la sustitución de un Presidente de la patronal de las empresas aeronáuticas y espaciales vinculadas a la defensa, donde se han afincado algunas de las puertas giratorias, incluyendo algún ex-ministro de Defensa): la crisis es una oportunidad para la industria militar. Igual que la carroña es comida para ciertos pájaros.

Adolfo Méndez, actual presidente de TEDAE, y en el foro «Infodefensa» sobre la industria militar, analizó la bonanza de este sector, ofreciendo cifras de escalofrío. El año pasado, nos dice, facturaron 10.700 millones de euros, un 10´2 % más que el año anterior. Con entusiasmo entendible añadió

crecimos un 10% en plena crisis

No es para menos. No conocemos ejemplos de tal prosperidad en otros sectores.

Al parecer, a la industria de las armas la crisis le ha venido bien. Y eso que la predicada austeridad y la propaganda del gobierno nos ha hecho creer que todos nos apretábamos el cinturón.  Se ve que todos no. Que la hebilla se cerraba sobre nuestros pantalones de meros transeúntes a la par que se aflojaba en los pantalones de paño fino de los señores de la guerra.

Podríamos, también, comparar el crecimiento del 10% de la facturación de la industria militar aeronáutica y espacial con rebajas equivalentes en otras áreas, como la bajada del 16´3 % del gasto en sanidad pública durante la crisis (más de 10.000 millones de euros), según informó El País, o la bajada del gasto de sanidad y educación que se prevé para 2018 según los datos del Plan Presupuestario 2018 enviados por el Gobierno a Bruselas en el mes de octubre, que situará a la sanidad y a la educación en sus mínimos históricos, o la bajada del gasto en prestaciones a desempleados, que se redujo en 2017 en 20.000 millones de euros, según informa Público.

Ha hecho falta que esto lo diga, en pleno apogeo triunfalista, el jefe de la patronal TEDAE para que los medios se hagan eco. Claro que es distinto decir que la industria militar es boyante y un ejemplo de éxito, con lo bien que han sorteado la crisis (¿por casualidad?) y  con amplias perspectivas de futuro (sobre todo para las empresas inversoras en armas), que decir que lamentablemente, la industria militar hace negocio de la crisis, hace de la crisis su negocio, hace de nuestro empobrecimiento su negocio, hace de la connivencia con lo más desaprensivo y militarista de los poderes reales y oficiales su negocio y su cartera, mientras que (y no por casualidad) cada vez vivimos peor, se precariza la situación vital de las personas, crece la pobreza y la inseguridad humana.

Es improcedente mirar de frente la realidad y decirla a las claras. No es noticiable y al niño que grita que el Rey está desnudo, se le tacha de loco, o de panfletario.

Sic transit gloria mundi: efímera pero persistentemente a favor de los de arriba.

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Experiencias de los años 80 del siglo XX sobre conversión de la industria militar

Por Luigi Andreola

Nos ha llamado la atención el documento de trabajo, algo antiguo ya, efectuado por Augusto Varas para el Programa de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Serie Relaciones Internacionales y Política Exterior, en Santiago de Chile, del año 1991 y disponible en PDF con el título “Los dividendos de la paz: Desarme y conversión industrial”.

  1. ¡Una conferencia de Naciones Unidas para pensar la conversión de la industria militar!

El texto analiza y explica los resultados de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Conversión celebrada por Naciones Unidas en Moscú los días 13 a 17 de agosto de 1990, bajo el título “Conversión: Ajustes económicos en una era de reducción de armas”.
Hemos intentado rastrear esta conferencia por otros lugares, sin mayor éxito, por lo que sólo contamos, por ahora, con el trabajo del profesor Varas, al parecer asistente en la misma.

Según nos informa, dicha conferencia reunió a más de cien representantes de los ejércitos del “norte”, a representantes de las industrias militares más importantes, autoridades de los ministerios de relaciones exteriores y defensa, así como expertos tanto gubernamentales como no gubernamentales, técnicos e intelectuales, según informa el estudio.

Sorprende, en primer lugar, que frente a los pesimistas que nos hablan de la imposibilidad de transformar la industria militar en otra cosa, encontremos ejemplos históricos donde, aunque con pequeños y matizables logros, las instituciones internacionales y los Estados (principales causantes y promotores de las guerras y de las industrias de muerte) se hayan puesto a pensar en otro horizonte distinto.

Es más que probable que su perspectiva, e incluso el alcance de sus propuestas, nada tenga que ver con nuestras aspiraciones y con lo que nosotros haríamos, pero es indicativo el hecho de que de conversión de la industria militar (tema ahora casi vetado de las agendas políticas) se puede y se ha podido hablar, e incluso se han compartido experiencias efectivas de conversión y se han estudiado propuestas encaminadas a conseguir “dividendos de paz” de dicho proceso.

Volvemos a vivir un desbordamiento de la industria militar, de la guerra y del militarismo.

¿No sería posible ahora abordar la necesidad de políticas que reviertan tan nefasta dinámica y que aborden pasos graduales para la conversión de la industria militar?

Pero del estudio en sí, por lo que respecta a nuestro interés actual, podemos destacar varios aspectos que, a pesar de la antigüedad del texto, nos parecen rescatables para repensar nuestro contexto.

2) Consenso en lo ineficiente, antieconómico y empobrecedor de la industria militar

El primero de los aspectos clave, tras la carrera de armamentos protagonizada por las grandes potencias y sus satélites en la segunda mitad del siglo XX (tal vez ahora reemprendida con similar fuerza e influencia por parte de una industria militar más globalizada) es la claridad con la que se definen las características esenciales de este tipo de industria:

Múltiples problemas las aquejan en todas partes del mundo. Existe unanimidad entre los expertos y funcionarios de gobierno en que las industrias militares presentan los siguientes problemas:
– Tienden a duplicar los procesos de I+D y manufacturas;
– Presentan opciones restringidas y precios altos;
– Sus manufacturas son ineficientes y por tanto subsidiadas por razones políticas;
– Al ser costo-ineficientes restringen las opciones gubernamentales para definir una política de defensa adecuada y
– Su expansión es dependiente de las exportaciones, por lo que se aprueban exportaciones no deseadas o se compran para el mercado doméstico unidades no adecuadas para mantener una economía de escala mínima.

y

 No obstante estas semejanzas, la mayoría de las industrias de armas occidentales tienen intereses fuera del negocio militar

Nudos gordianos identificados entonces y vigentes hoy en día que convierten a los Estados en promotores cautivos de un gasto inútil, irracional y que nos endeuda y empobrece, para adquirir unos productos que no sólo no necesitamos, sino que son un despropósito tanto por su coste como por su mala calidad, todo lo cual no hace sino engordar la bola de nieve del gigante militar-industrial en detrimento de otro tipo de desarrollo, obligándonos a exportar armas y conflictos de forma expansiva, lo que genera efectos no deseados que se vuelven en nuestra contra en términos de inseguridad y sirven para dar una perversa vuelta de tuerca más a esta economía de guerra descabellada que nos lleva a un callejón sin salida.

Aprovechemos para decir que en el contexto de los años 90, con la apertura primero del régimen soviético y su renuncia a continuar en un carrera de armamentos que abocaba a las sociedades del otro lado del telón de acero al colapso, y más tarde con su desmantelamiento como Estado de la URSS y del bloque militar soviético, se abrió la posibilidad de efectuar políticas virtuosas de conversión de la industria militar y dividendos por la paz, pero mientras los Estados mostraron su debilidad para promover políticas públicas eficaces en esta línea y de obligar a la conversión de la industria militar de forma generalizada, las industrias militares aprovecharon para abrir nuevos mercados e inundarlos de armas en regiones y países proclives a emprender nuevas aventuras de guerra, lo que fomentó la inestabilidad regional en el oriente próximo y extensas regiones de centro de África y Asia, facilitando a su vez las opciones políticas de los halcones de la ultraderecha occidental y el nuevo ciclo militarista que vivimos ahora, por otra parte tan beneficioso para esta industria militar reacia a cambiar por sí misma y nuevo circulo vicioso en el que nos movemos.

Todos estos aspectos siguen siendo nudos gordianos a los que nos enfrentamos hoy y el hecho de que la industria militar, globalmente hablando, sea tan boyante negocio, no consigue eludir su gran ineficacia, su tremenda peligrosidad, el enorme agujero negro de deuda en que deja sumidas a las sociedades y su incapacidad para crear una economía socialmente útil y viable a medio o largo plazo.

3) Experiencias de conversión de los años 80.

Otro aspecto importante de aquella conferencia es que dio a conocer diversas experiencias exitosas de conversión de las industrias militares, de las que citamos algunas.

  1. Los diversos acuerdos de reducción de armas y fuerzas militares concertados entre occidente y el bloque soviético permitieron a la URSS reducir su gasto militar entre 1988 y 1991 un 14% en conjunto, desmilitarizando a 500.000 efectivos, una rebaja del 19´5% en compra de armas en estos dos años, y del 13´5% en investigación y desarrollo enfocado a lo militar, así como el desmantelamiento de dos divisiones completas del ejército, de dos barcos de guerra, dos cruceros, ocho submarinos y la finalización de los programas especiales de compra de armas emprendidos con antelación.
  2. Con el desmantelamiento de una parte de la producción de armas, parte de la industria alimentaria de la URSS contó a partir de 1988 con la fabricación de su maquinaria por parte de las antiguas industrias militares. La industria militar bajo el mando del Ministerio del Aire pasó a elaborar la maquinaria y equipamiento para el procesado de frutas y verduras, almidón, sirope, o macarrones y tallarines, por ejemplo. Ello a su vez implicó como efecto asociado un aumento de los salarios de los trabajadores del sector de entre el 10 y el 12 % (entendemos que porque la riqueza generada y puesta en el mercado hacía más rentables las empresas y más asumible el reparto de la facturación).
  3. De 1980 a 1990, con la puesta en marcha de programas de conversión, la industria militar soviética produce el 40% de los bienes y servicios anteriormente en manos de otras industrias y, por ejemplo, produce el 100% de las radios, televisores, equipos de video o máquinas de coser, el 77% de las aspiradoras, el 74% de las máquinas agrícolas, motores y noto-cultivadores, o el 66% de las máquinas lavadoras.
  4. En 1990 la URSS pretendía desarrollar a partir de 1991 la cifra de 540 proyectos de conversión que cubrían múltiples áreas como: a) producción de bienes de consumo y bienes de equipo para aumentar u productividad 1´9 veces; b) agroindustria, c) vivienda y equipos de salud, d) desarrollo científico y tecnológico en áreas clave (electrónica, que se preveía aumentara 3´7 veces su producción, medios ópticos de tratamiento de la información y medios de comunicación como fibra óptica y otros similares, equipos de aviación civil y tecnología espacial civil); e) alta tecnología, como superconductividad, satélites, nuevos materiales, etc. y f) barcos de uso civil.
  5. China, en 1989 también convirtió 2/3 de sus industrias militares (por aquella época al parecer bastante ineficientes) en usos civiles, 75% en aviación civil y espacial, 90% en barcos y 60% de la producción de “Norico Corporation”, y desarrollaba varias líneas de conversión: a) desclasificando de conocimientos de alta tecnología reservados antes a lo militar (cámara ultra-alta de vacío, cámara de choque electrón-positrón, cavidad de alta frecuencia, ciclotrón para iones pesados); b) Desarrollo de energía y transportes (en aviónica, carros de trenes, motores, plataformas de perforación, perforadoras hidráulicas para minería), c) equipo técnico para industrias (rayos X, ultrasonido, equipos de respiración, industria ligera, textil y alimentaria), d) maquinaria doméstica (máquinas fotográficas, ordenadores, artefactos eléctricos, bicicletas, lavadoras, de coser, televisores); e) Agricultura (fertilizantes); f) Industria aeroespacial (máquinas de tejer y lavar, refrigeradores, equipos de comunicación vía satélite, robots industriales, sistemas de control numérico para maquinaria, estaciones de televisión, centros de comunicación de datos vía satélite); g) Otros (alarmas de incendio automático válvulas de petróleo, cajas de medicina radioinmunológica, aparatos de medicina nuclear, aparatos nucleares de datación, perforadoras de petróleo, máquinas excavadoras, bombas eléctricas sumergidas, mini-carros, camiones pesados, buses de lujo para turistas…); h) alta tecnología (radiación para crecimiento de plantas, extracción de uranio y tungsteno, eritromicina, refrigeración por expansión de aero-turbinas en la recuperación de hidrocarburos livianos, controladores de alta temperatura, gas presurizado a alta temperatura para extracción de petróleo, convertidores compactos de baja energía). Para ello China tenía un plan para abrir mercados para más de 7000 nuevos desarrollos e ítemes civiles producidos por la industria militar.
  6. Polonia, por la misma época, a partir de su concepto de “defensa suficiente” reoriento su industria militar excedente a producir maquinaria (máquinas de coser, de escribir, cocinas, grabadoras, equipos de radio y video, grúas, plataformas móviles, mezcladoras de cemento, refrigeradoras, segadoras, maquinaria agrícola, motores, aviones ligeros, sistemas de radio-comunicación, botes de pesca y barcos, tornos, moledoras, prensas eléctricas…
  7. república Democrática de Alemania, mediante desmovilización de efectivos, uso civil de instalaciones y cuarteles, orientación civil de estructuras militares, retirada, eliminación y destrucción de armamento y equipos militares, reciclaje y descontaminación, transferencia al sector civil de material reutilizable.
  8. El estudio afirma que en occidente también se están produciendo por esas fechas experiencias de conversión de la industria militar, si bien no explica demasiado los ejemplos, poniendo énfasis en el caso italiano, en el que se indica que Italia pretendía desarrollar no acciones o programas concretos, sino una política transversal y pública de definición de una estrategia de conversión, desde una planificación avanzada a nivel de empresa, hasta una política nacional que identifique nuevas áreas de demanda y desarrollo, proporcionándose desde dicha política los recursos y estímulos precisos para el período de transición.

4 ¿experiencias a estudiar?

Todas estas experiencias tienen sus críticas, qué duda cabe, y sus limitaciones. Pero son experiencias reales que nos indican la posibilidad de emprender amplios cambios para parar la producción de muerte de la industria militar y desinventar el militarismo que la sostiene de forma gradual y transformando este desde su realidad de hoy hacia su completo desmantelamiento y sustitución por un modelo alternativo.

Podemos decir que las estrategias que hemos mostrado más bien inciden en una especie de diversificación de las industrias militares hacia fines civiles y de doble uso,  o que esa conversión iniciada no es irreversible y que, en cuanto han soplado vientos mas proclives al negocio de la guerra, han reenfocado su producción a la industria de la muerte.

También aquí resulta, como en otros campos del transarme, recordar que las estrategias de conversión de la industria militar no deben ser pensadas como mero recurso, complemento u opción de lo militar, sino como su alternativa, y que por tanto no es suficiente con la mera diversificación de la industria militar, ni tampoco con una conversión de ida y vuelta.

Grandes desafíos, como el del desarrollo de las zonas dependientes del monocultivo militar, el del trabajo y el trabajo decente de quienes hoy dependen de éste, el de crear procesos productivos que no agudicen la crisis consumista que padecemos, el desafío de la sostenibilidad y otros encontraremos en el camino.

Precisamente por todo ello nos parece adecuado el enfoque que proponía Italia, de necesidad de definición política de unos objetivos de conversión que marcaran toda una estrategia gradual, así como una serie de inventivos (y desincentivos) para desencadenar ese proceso de transarme en la conversión de la industria militar.

En nuestro actual contexto esto además exige cambiar el horizonte un paso más, pues no aspiramos a un mero cambio productivo, sino un cambio en el horizonte de un cambio más profundo de modelo económico hacia una economía del bien común, ecológica y de decrecimiento, que aspira también a un cambio del paradigma económico.

Pero el hecho de que existan tantos ejemplos, normalmente obviados o desconocidos, nos permite pensar nuestro horizonte un paso más allá de donde lo teníamos. Si en algún tiempo fue posible, en parte al menos, ello quiere decir que nos queda mucho camino por delante y que en éste no nos podrán decir que es una mera quimera.

 

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¿Hay alternativa a la industria militar? Mesa redonda en Cádiz

El próximo sábado participaremos en el debate  promovido por la Plataforma Andaluza Contra las Bases sobre las alternativas posibles a la industria militar.

Las industrias militares cuentan, como hemos explicado en tantas ocasiones, con características muy peculiares respecto de otro tipo de industrias, como son la de su obsolescencia y mala calidad,  las abrumadoras subvenciones y trato de favor que reciben de los estados, su despilfarro,  las puertas giratorias que la nutren, los enormes beneficios que producen a su accionariado (no a la sociedad), su falta de ética, su contribución a la escalada de los conflictos y las guerras, la deuda pública a la que nos arrastra o la extraña coincidencia de la gran extensión del paro y el subempleo en las zonas donde se radican.

En España Navantia, con una gestión desastrosa e inasumibles pérdidas, es un caso paradigmático de todo esto.

Es por eso pertinente si la industria militar es una solución a los problemas o un problema que hay que solucionar.

Esperamos que el debate que se abre en Cádiz el próximo sábado permita avanzar en este aspecto de la lucha antimilitarista.

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SIn ejército e industria militar, ¿no hay independencia?

Por calafellvalo

A medida que se acelera el tiempo para la convocatoria del referéndum de Cataluña aparecen otras noticias laterales que, tal vez por el mucho ruido del choque de trenes en el que los cálculos políticos de unos y otros se han empeñado, pudieran pasar desapercibidas, como si no tuvieran importancia. Y puede que sí que la tengan, y decisiva para el futuro de la gente del común de los mortales.

Por una parte, nos informa una noticia de Infolibre que Cataluña mantiene negocios importantes con Arabia Saudí y otros estados del Pérsico.

Al parecer, la Generalitat tiene una oficina exterior en los Emiratos Árabes desde hace años (1992) que impulsa la actividad comercial con las seis monarquías del Golfo, entre ellas Arabia Suadí, Catar o Kuwait. Y no solo eso,

Las exportaciones de Cataluña a dicha región alcanzó la suma de 1.498 millones de euros en 2016, la cifra más alta de todas las comunidades autónomas

Es curioso que la noticia salga a continuación de la denuncia que le planteó una parte de los manifestantes al rey en plena manifestación contra el terrorismo de Barcelona, recordándole la vinculación de España y el papel jugado por la monarquía española en Arabia Saudí (aparentemente promotor de gran parte del terrorismo internacional y de la conflictividad en el interior del Creciente Fértil que lo fomenta) en relación a la venta de ese sector tan curioso de la marca España que es la industria militar.

También ABC, ese medio siempre tan comprometido en atizar la polarización y en fraguar una convivencia manu militari, tercia en el debate, para informarnos de que Cataluña ha exportado entre el 24 y el 25% de las armas y accesorios salidos de España, recordándonos de paso que en la manifestación contra el terrorismo de Barcelona, numerosas pancartas independentistas culpaban al rey y al gobierno de vender armas.

Dice ABC

En el año 2016 esta Comunidad Autónoma facturó casi 45 millones de euros en este tipo de armas, de los que 1,6 millones de euros los pagó el gobierno saudí. El total nacional ascendió a 177,5 millones de euros.

y

Así se desprende de los datos oficiales que publican las Cámaras de Comercio y Aduanas, dependientes de la Agencia Tributaria. Este tipo de exportación, englobada en el capítulo 93 de los productos de comercio exterior, se refiere a armas largas, pistolas, granadas o minas, entre otros artefactos, y no recoge barcos de guerra, componentes para aviones de combate o tanques blindados.

o bien que

El mejor cliente de las armas catalanas fue Estados Unidos, con 23,8 millones de euros. Un país al que la CUP u otros colectivos independentistas acusan de fomentar el terrorismo desde su «imperialismo». Los fabricantes de armas catalanes también hicieron negocio con los dos Congos, la República y la República Democrática, con los Emiratos Árabes Unidos, con Ghana, con Turquía o con Marruecos.

No queda claro si la facturación, que se hace desde el puerto de Barcelona puede achacarse sin más como venta de armas «de» Cataluña (de hecho las industrias que fabrican dichas armas no están concentradas en Cataluña, sino, principalmente, en Madrid y Andalucía, que no cuentan con un puerto tan importante como el de Barcelona para la salida de sus productos) y no «desde» Cataluña (mucho menos «desde» la Generalitat), pero sea como fuere, lo cierto es que dicha facturación producirá, cuando menos, importantes retornos a Cataluña aunque sólo sea por el volumen de negocio que se factura allí.

En todo caso, ¿se trata de un nuevo episodio de reproches del tipo «y tú más», como los que nos acostumbra el argumentario político al uso? ¿Es una especie de contra-réplica desde las posiciones españolistas para erosionar el independentismo catalán? ¿Sabemos si en las relaciones comerciales catalanas se involucra también el negocio de las armas? ¿Y quieren los catalanes hacer de este tétrico negocio uno de sus polos de desarrollo?

A nuestro entender, si la Generalitat también aspira a un negocio de venta de armas o materiales de doble uso, no parece que sea un consuelo que otros se dediquen a lo mismo. Y no parece que fomentar una industria que provoca una dependencia tan palmaria sea una opción liberadora ni fomentadora del desarrollo humano para Cataluña. Menos aún para el acreditado espíritu solidario del pueblo catalán.

Conviene saber además que la venta de armas, en solfa en la manifestación de Barcelona, no parece formar parte del ideario de libertad de los catalanes de a pié (más bien parece que se rechaza explícitamente por éstos) y, tal vez, los políticos que se posicionan por la independencia también deberían tener en cuenta la necesaria liberación de esta lacra y dependencia y afirmarla claramente entre sus opciones.

Un segundo eje de debates lo constituyen las palabras del President de la Generalitat, Puigdemont, que considera indispensable que una Cataluña independiente tenga un ejército para defenderla. Pero, ¿una sociedad que se autoorganiza de forma noviolenta para obtener su independencia necesita luego delegar en un ejército para defender aquella?, ¿se refiere Puigdemont a la defensa de la seguridad humana y de los grandes principios que inspiran su apuesta de nuevo pacto político o es una cesión a las pulsiones militaristas tan arraigadas en las mentalidades de los políticos al uso?

La noticia nos la ofrecen diversos medios. Nos vamos a ocupar de dos enfoques de la misma, el que ofrece El Confidencial y el que ofrece El País.

Según El Confidencial, el President puso en un chat

… los ejércitos, las políticas de defensa, son absolutamente indispensables para el combate global como se ha visto con los atentados de Barcelona y Cambrils (Tarragona).

y no contento, se explicó a continuación

No hemos de tener complejos, hemos de tener una política de defensa moderna, democrática y homologable a la de las naciones aliadas

Porque, para el paradigma militarista, vigente al parecer no sólo en el lado españolista de la refriega, aspirar a una sociedad sin ejércitos debe ser algo así como tener complejos y no sensatez.

El País añade alguna otra explicación más y en similar tono de las palabras del President en su chat, pero, sobre todo, nos informa que la opinión de Puigdemont no coincide con las declaraciones que hizo el diputado Jordi Orobigt (por cierto de ERC, el otro partido de Junts pel Sí) al presentar el proyecto de ley de ruptura en el Parlamento. Orobitg aseguró que no estaba prevista, de entrada, la creación de un ejército.

Es evidente que El País busca división entre los partidarios del independentismo, pues El País no tiene ninguna intención ni de divulgar ni de promover el debate sobre el ejército y el militarismo (al que apoya de innumerables formas tanto en su linea editorial como en la elección de los contenidos de sus noticias). Pero, fuera de ello, aparece la pregunta para nosotros central y tantas veces eludida: ¿aspira la independencia a forjarse sobre un ejército?, ¿sobre un ejército, además, con vocación (insinúa Puigdemont) atlantista? ¿Qué independencia es esa que se entrega a la dependencia militarista para fraguarse?

El propio Oriol Junqueras, terciando en la cuestión, afirmó que no tiene sentido que Cataluña tenga un ejército, como nos informa La Razón, otro de los periódicos bienintencionados de la derecha hispánica.

Si Cataluña se tiene que plantear tener un ejército con los mismos cánones que actualmente tienen las democracias occidentales, o que los estados de nuestro entorno inmediato, como España, Francia, Italia o Alemania, pues quizá no tiene sentido, …, Seguro que (Cataluña) encontrará la manera de definir de la mejor manera posible su política de seguridad

Y la también diputada Gabriela Serra, de la CUP, ha afirmado que

President, no es ético utilizar los dramáticos ataques terroristas para justificar la necesidad de un ejército. Nada justifica el militarismo

No son las únicas voces discrepantes. Si acudimos a la memoria, por ejemplo de lo que supuso la insumisión, veremos que la sociedad catalana, con la dinamización que aquella supuso, ya se ha expresado de forma evidente sobre el ejército, como lo ha hecho en las múltiples encuestas del CIS, o en la reflexión que se mantiene en sus instituciones culturales y pacifistas. ¿Acaso no merecería la pena, ya que estamos, refrendar esta posición consultando a la sociedad al respecto?

La tercera noticia, esta vez de Público, nos ofrece con un realismo que asusta la cara más agria de la derecha española en Cataluña. García Albiol, ante los atentados de Barcelona, vuelve a su hasta ahora más disimulado discurso racista que le lanzó al estrellato.

Pidiendo perdón al respetable, porque ciertas ideas vergonzantes y poco edificantes no deben reproducirse sin previo aviso, reproducimos las afirmaciones del responsable de esa derecha atrabiliaria en Cataluña

aquí no hay islamofobia, los españoles y los catalanes no tienen un problema de islamofobia. Aquí lo que hay son unos señores que han venido a aprovecharse de nuestro sistema… Hay gente que ha venido a Catalunya porque se estaba muriendo de hambre, los trataban como perros y los mataban a palos; y ahora piden que nos adaptemos a sus costumbres.

El mismo Albiol, indudablemente el verano no le ha sentado bien, añade unos días después que debe suspenderse la autonomía catalana.

Y atizando un poco más el fuego, añade refiriéndose a los partidos independentistas

No me extrañaría que llevaran a cabo algún tipo de acción radicalizada y disparatada para intentar mantener una tensión en la calle”, ha destacado, y, preguntado por qué tipo de acción sería, ha respondido que una como el RUI o cualquiera que busque la confrontación directa con el Estado.

El tal Albiol no es una excentricidad dentro del PP, sino la expresión más contundente de algo que forma parte del ADN de la derecha tramontana que nos aflige. La misma ministra de Defensa, nada menos que una de las personas más influyentes del mundo mundial según la revista Forbes y uno de los cargos más importantes de nuestra derecha de destino en lo universal, dijo a primeros de julio de 2017 al referirse al proceso soberanista catalán, que el ejército está para defender la integridad y soberanía de España, según aparece en El Confidencial, y que

«Por tierra, mar y aire, las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil se encuentran donde haya que proteger los valores de la democracia y la Constitución, pero también la integridad y la soberanía de nuestro país

De modo que el ejército, el militarismo, el papel que representan, aparentemente no están en el debate sobre Cataluña y no forman parte de su nudo gordiano, pero, por debajo, son el entramado con que algunos quieren construir la solución, a la española o a la catalana, lo que es tanto como negar en uno y otro caso la libertad y la capacidad de desarrollarnos como sociedades justas, atados como nos quieren a un ejército, a un complejo militar industrial y a una serie de intereses «aliados» que nos convierten a todos en alienados y sumisos al militarismo imperante.

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Colaboración universitaria con la industria militar

Cartel+I+Feria+Inform%C3%A1tica

Por Gotesan

Fuente: Infodefensa

Quienes suponen que la universidad debe ser un lugar para promover la cultura y lo mejor que podemos dar al género humano en cuanto a transmisión de conocimientos, pueden verse apesadumbrados cada vez que se enteran de que una universidad cualquiera se convierte en apéndice de la industria militar y colabora creando sus ingenios mortíferos.

Es el caso, en nuestro ejemplo de hoy, de la Universidad Carlos III, de Madrid, que ha firmado un acuerdo con Navantia, uno de los sumideros por donde la industria militar nos arruina con deuda perpetua, para diseñar el sistema Scomba de las fragatas F110 que Navantia está fabricando (por cierto, unas con vistas al ejército español y otras con vistas a venderlas a civilizados países como Arabia Saudí, nuestro gran cliente).

El Departamento de informática de la Universidad, a través de su grupo de investigación de inteligencia artificial aplicada, será el encargado de ensuciar el prestigio de la Universidad abrazándose con el militarismo más rancio y belicoso.

Ya lo ven, la cultura de la defensa, en el criterio compartido de Defensa y la Universidad, no pasa por culturizar la defensa, sino por militarizar la cultura.

Nos podremos preguntar si en el curriculum de los investigadoras que colaboren con esta aplicación militar podrán poner, por ejemplo, calaveras negras, una por cada mil individuos agraciados con el soporte mortífero de estos aparatos, para así darse mayor prestancia. ¿O contarán con una mención del tipo «ayudé a que Arabia Saudí engrandeciera su idea del poder en las siniestras guerras donde utilizó el fruto de mi esfuerzo»?

Tal vez otros profesores de esta universidad, por ejemplo los del instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas, también dependiente de la Universidad Carlos III, podrían modificar el programa para justificar la guerra como un derecho humano en consonancia con la colaboración a la misma que ya prestan otros departamentos universitarios.

Sería todo un bonito ejemplo de integración de saberes y una buena mordaza para las conciencias más críticas.

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Los números rojos de Navantia y el rescate de la industria militar hunden la SEPI y hundirán las regiones dependientes del monocultivo militar

Exponaval+2012

Por Jesús Fernández García

Fuente: EconomíaDigital

Del desastre sin paliativos ni excusas que es Navantia, la empresa mimada de la industria militar española, nos hemos ocupado por extenso a lo largo de años.

Desastre que tiene que ver con sus pérdidas de vértigo y su mala gestión, con su mala calidad, con su inmoral negocio en sí y con el trasiego de favores y puertas giratorias que soportan, contra viento y marea, la empresa pública con el dinero de todos y en beneficio de unos poquitos.

El Estado, amén de mandar de viaje a ministros, monarcas y otras autoridades menores y disponibles para que vendan los productos de Navantia, ha cooptado alcaldes y autoridades incompetentes (en la materia, se supone) para que, cerrando los ojos o tapándose la nariz, hablen parabienes de este negocio y ha comprado titulares periodísticos para que nos expliquen la gran mentira, un nuevo ejemplo de agnotología militar, de lo requetebueno que es vender armas de Navantia, aunque sea a Arabia Saudí, para nuestra seguridad y para bajar las cifras del paro.

Las terribles y engañosas cuentas de Navantia

Y de buenas a primeras nos enteramos por las cuentas anuales de 2016 presentadas por la SEPI que en 2016 Navantia acumuló (a pesar de las inmejorables ayudas públicas) unas pérdidas de 303 millones de euros, la mayor deuda de todas las empresas publicas españolas.

Navantia se convierte así en un agujero negro (y bastante opaco) que arrastra las cuentas públicas al desastre. ¿Hay que agradecérselo a alguien en concreto?

Según otro medio, las cuentas de Navantia implican que ésta está en una situación que obligaría a su disolución aunque han empleado un truco contable para evitarla.

Así informó a su vez a finales de junio Economía Digital.

Para más aclaraciones de la desastrosa situación de Navantia, la Oficina Nacional de Auditoría (órgano adscrito a la IGAE) dice  en su informe de auditoría de las cuentas de SEPI, páginas 4 y 5, que

En el informe de auditoría del Grupo Navantia, el auditor llama la atención sobre las notas 3 y 22 de la memoria, que describen la situación patrimonial del Grupo. El patrimonio neto a efectos mercantiles de la Sociedad Dominante del Grupo Navantia se sitúa en 23.393 miles de euros a 31 de diciembre de 2016 y, por tanto, en situación patrimonial de disolución, en aplicación del artículo 363.1.e) de la Ley de Sociedades de Capital. El Consejo de Administración de la Sociedad Dominante, celebrado el 15 de marzo de 2017 aprobó la solicitud a SEPI, su accionista único, de un préstamo participativo por importe de 90.000 miles de euros. Con fecha 28 de marzo de 2017 ambas sociedades firmaron el contrato del referido préstamo, que ha sido desembolsado en la misma fecha. Considerando este préstamo participativo y teniendo en cuenta el patrimonio neto a efectos mercantiles, a 31 de diciembre de 2016, la Sociedad Dominante no se encuentra en causa de disolución, sí se encuentra en situación patrimonial de reducción de capital obligatoria, en aplicación del artículo 327 de la Ley de Sociedades de Capital, por lo que durante el ejercicio 2017 la sociedad tendrá que tomar medidas tendentes a conseguir el equilibrio patrimonial.

Es decir, traducido al idioma autóctono de quienes ni sabemos de finanzas ni usamos corbatas y camisas de seda, Navantia debería disolverse, pero como el dinero es de todos y a sus administradores les cuesta muy poco, unos cuantos (casualmente los causantes y cómplices del desastre) han decidido auto-otorgarle a Navantia (osea a ellos mismos y a los intereses que representan) un préstamo para camuflar las cuentas y permitir un nuevo salto en el vacío, algo así como un rescate como los que salvaron el negocio de los accionistas de los bancos pero ahora aplicado a la industria militar (que también es casualidad que sea una de las que financia la banca armada).

Más deuda a nuestras costillas y más gasto militar

¿Significa eso que nos va a salir gratis la broma de este «reflote» (véase la metáfora marítima que elegimos para más rechifla) de la industria de muerte?

Pues no. Significa monda y lirondamente más gasto militar, porque ¿adivinan de dónde saldrá el pastuco del préstamo de camuflaje?

¿Han pensado que de los presupuestos? Pues acertaron. Lo dice así el diario La Información y nos pone sobre la pista para anotar en 2017 dinero camuflado de gasto militar en la SEPI y para vigilar el presupuesto de 2018, donde es previsible que vuelvan a repetir la jugada

En los Presupuestos Generales de 2017 se concede a la SEPI una aportación de 1.210 millones para avalar a sus diferentes empresas, una cifra idéntica a la de 2016. El Gobierno, además, prevé que la Sociedad estatal acabe el año en pérdidas, con un resultado negativo de 149 millones.

El desastre productivo de Navantia

Pero este aspecto económico no lo es todo en el caos de Navantia.

Su eficacia productiva es inigualable.

Navantia nos ha empobrecido vendiendo al Estado unos submarinos que no flotan y han debido ser revisados innumerables veces.

Revisiones que han implicado aumento de la factura de producción de los mismos y aumento de la factura de reparación de los actualmente en uso para alargar su vida útil hasta que los nuevos ingenios de Navantia tengan a bien emerger del fondo marino donde los sitúa la incompetencia del personal «altamente cualificado» del que alardea el escalafón militarista, desde la ministra hacia abajo.

En efecto, el inicial proyecto de submarinos de Navantia supondría un coste de 1.796 millones de euros, pero ya vamos, sumados los sobrecostes del propio submarino y los gastos que ha implicado para reparar los antiguos y mantenerlos en uso, 3.013 millones de euros, según informamos en febrero de 2017. Y según el Secretario de Estado en su intervención en el Congreso para informar sobre los Programas Especiales de Armamento del pasado 2016, estas cantidades sólo permitirán poner en el agua el primero de los cuatro submarinos previstos, sin que se sepa el coste de los otros tres restantes.

Pero los errores de diseño de Navantia no son exclusivos de su empeño en submarinos con sobrepeso y alcanzan a otros productos de la naval, como los barcos de la clase Camberra que quiere vender a Australia, o el BPE Juan Carlos I como ya explicamos en otra entrada de mayo de este año.

¿Qué suerte habrían corrido las comarcas de Cádiz, Ferrol y Cartagena si el dinero invertido en mantener Navantia se hubiera invertido en reconversión y desarrollo?

Las cifras no engañan. Navantia ha recibido varios miles de millones del erario público en concepto de ayudas, subvenciones y aportaciones para mantenerla en pié.

La sola suma de las pérdidas de Navantia en los últimos diez años (pérdidas que cubre el Estado al margen de las ayudas y encargos que realiza a esta empresa) es escalofriante, con una media anual de más de 250 millones de euros y sin un plan viable de salida.

La explicación que nos han dado es que con ello contribuían a la cuestión social de Murcia, Cartagena y Ferrol, ampliamente dependientes de la industria naval militar.

Muchos de los contratos de Navantia no han tenido una finalidad, dijo un anterior Secretario de Estado de Defensa, desde el punto de vista militar, pues lo «encargado» o no se necesitaba o se podía conseguir mejor fuera, sino industrial, para fortalecer el sector naval militar.

Si contabilizamos todas estas ayudas, subvenciones, dinero invertido en encargos, sobrecostes de sus productos y dotaciones de pérdidas ¿no podría haberse cortado la sangría antes e invertido todo este dineral tirado a la basura para desarrollar de forma alternativa estas regiones?

Lo militar ha supuesto para Cartagena, Murcia o Cádiz dependencia, no progreso ni desarrollo y mantener incólume esta dinámica no puede sino condenar a estas regiones a más dependencia y peor futuro.

¿Por qué nadie reclama ese cambio de rumbo?

Si de lo que se trata es de sostener la viabilidad de las regiones referidas, ¿por qué no se invierten los más de 300 millones de perdidas de Navantia no en mantenerla viva, sino en el desarrollo de estas regiones?

¿Por qué no se incentiva una reconversión radical de Navantia y sus tecnologías hacia fines socialmente útiles y sectores sostenibles?

La respuesta es más que sencilla. Porque lo que se busca no es el desarrollo de estas regiones, sino el negocio lucrativo de unos pocos.

Paro y Navantia

Las cuentas anuales de Navantia de 2016, bastante edulcoradas, por cierto, nos aportan un dato más:

  • La plantilla de Naviantia a 31-12-2016 era de 5.296 personas únicamente.
  • La cifra de negocio de Navantia en 2016 ha sido de 710´08 millones de euros.
  • El resultado de Navantia en 2016 ha sido de 229,74 millones de euros.
  • Las inversiones en inmovilizado durante 2016 han sido de 170 millones de euros.
  • El patrimonio de Navantia se ha contabilizado por valor de 341,29 millones de euros.
  • Ha obtenido donaciones y subvenciones (principalmente de la Comunidad de Murcia, el Ministerio de Industria y la UE) por importe de 3,9 millones de euros.
  • el pago total de personal ha sido de 311´36  millones de euros, lo que equivale a un sueldo medio de 58.791 euros, cifra que, a la vista de las tablas salariales de su propio convenio, no cobra ni siquiera el 10% de su plantilla y que sobre la cifra de negocio anual supone un 43% de aquella.

Estas cifras despejan, a su vez, la idea de que Navantia ofrece mucho trabajo, únicamente 5.296 personas en unas regiones que cuentan con una población parada de cerca de 200.000 personas en la región de Cádiz (un paro de más del 33% de su población activa), más de 130.000 personas en la región de Murcia (cerca del 20% de parados) y con un paro en la comarca de Ferrol de 6.100 personas, un 24% de su población activa.

Navantia no es, vistas las cifras, ni una solución parcial al paro desmesurado y producto de una ínfima inversión en desarrollo de estas regiones.

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La industria militar no tiene nada que ver con la defensa de la sociedad, sí con el enriquecimiento de unos pocos

Imagen de Pedro Lozano

Fuente:  Infodefensa.

Cospedal viaja a Australia.  Hace un par de semanas lo hizo Agustín Conde, Secretario de Estado de Defensa.  El objetivo, continuar haciendo de vendedores externos de Navantia, para lograr el contrato para construir 9 fragatas por el coste de 20.000 millones de €.

¿Cuánto han costado estos viajes?  ¿A cargo de qué partida presupuestaria se van a pagar?  ¿Qué diputado lo va a preguntar?

Allí está la fragata Cristóbal Colon, atracada en el puerto de Sidney desde el 9 de enero y que permanecerá allí, no defendiendo a España, lo que debería ser su único objetivo, sino exhibiéndose para vender más fragatas a Australia.

¿Cuánto cuesta esta exhibición en la casa del comprador?

¿Era necesaria la fragata Cristóbal Colon para la defensa de España si se pasa medio año en las antípodas?

No.  No era necesaria.  La industria militar es un círculo vicioso.  Para que podamos construir nuestras fragatas a precios más bajos debemos vender otras al exterior, así enjugamos un poco el déficit y la deuda que originan.  Así podemos hacer campaña de prensa diciendo lo bien que se nos da la venta de armas por el mundo y lo que tira del empleo y la economía la industria militar.  Construimos armas para exhibirlas por el mundo, no para defendernos.  Exhibimos para vender, vendemos para construir nuevas armas.  Y así sucesivamente.

La industria militar no tiene nada que ver con la defensa de la sociedad, sino con el enriquecimiento de unos pocos habitualmente.

Lo malo es que Navantia es estatal, 100%.  Todos somos culpables, por tanto, de sus desmanes, de sus despilfarros, de promover sus guerras necesarias para generar sus ventas.

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Lucha en Euskadi contra la industria militar

Nos congratulamos de la iniciativa que nos llega desde Euskadi y que nos cuenta  Marimar Salazar Moliné de la Koordinadora Antimilitarista Kakitzat:

La industria militar -mucha de ella radicada en nuestros pueblos- mata. Su único objetivo es enriquecerse mediante el negocio de la guerra, a costa de presupuestos militares –que no sufren ningún recorte, si no que se ven incrementados año tras año-, y de ejércitos que supuestamente mantienen la Paz a costa de múltiples guerras en diferentes países.

Guerras, por otro lado, siempre motivadas por los intereses de las grandes potencias para seguir manteniendo su hegemonía política y económica. Las cuales tienen como consecuencia: países devastados, miles de muertos en la población civil y millones de personas refugiadas.

Hace 80 años el pueblo de Gerrnika sufrió un devastador bombardeo que ha pasado a la historia; sin embargo, hoy seguimos siendo testigos de los macabros resultados de la apuesta por la militarización y la resolución de los conflictos a través de estructuras ajenas a la sociedad como los ejércitos.

Cabe destacar, que lo que se ha llamado “la crisis de los refugiados”, no se produce por casualidad: las  personas no huyen de sus países por voluntad propia, si no que son expulsadas de forma violenta por el militarismo.

En el actual contexto del negocio millonario de la guerra sobresale la industria militar vasca; la cual se encuentra con abundantes subvenciones por parte del  Gobierno Vasco. En concreto, el País Vasco es la tercera comunidad con mayor facturación en producción militar, sólo por detrás de Madrid y Andalucía. En el cluster militar vasco participan un centenar de empresas.

Según datos del Ministerio de Defensa dos empresas vascas se encuentran entre las diez primeras empresas del Estado Español en facturación de material militar: ITP es la sexta; y Aernnova ocupa el octavo lugar. Por otro lado, cabe destacar que SAPA es la sexta empresa a nivel estatal en el subsector de “armamento”; y Sener es la segunda empresa a nivel del Estado Español en el sector “misiles”, siendo sexta en el sector “aéreo-espacial” militar, y la duodécima en el segmento de armamento.

Debemos señalar que las empresas de armas vascas (SENER, ITP, Precicast-PCB) venden material militar a los Ministerios de Defensa y Fuerzas Armadas de Turquía, España, Estados Unidos, Marruecos, Israel, Egipto o Arabía Saudí.

Un ejemplo del blindaje institucional, y la arrogancia de la industria militar vasca, lo encontramos en la empresa armamentistica SENER. En su propia página web corporativa esta empresa destaca que: «SENER lleva más de 40 años suministrando equipos, sistemas integrados y servicios de ingenieria a la industria internacional de defensa. La empresa también es proveedora del Ministerio de Defensa español y de los principales contratistas internacionales, y aspira a convertirse en la empresa de referencia en sistemas de misiles para el Ministerio de Defensa español, así como en uno de sus contratistas principales para programas de defensa, tanto nacionales como internacionales, garantizando la confidencialidad de toda la información». Por lo que poco sabemos de la venta de armas a paises en conflicto, supuestamenta prohibida por el Tratado de la Venta de Armas de la ONU.

 Por todos estos motivos, este sábado 22 de abril se realizará la décima marcha de bicis contra el gasto y la industria militar; contra las guerras y por el acogimiento de las personas refugiadas. Esta inicitiva es una buena oportunidad para denunciar a qué se dedican estas empresas tan mimadas por las instituciones vascas y para reivindicar su inmediata conversión en industria civil.

Inicitiva que saldrá a las 11 de la mañana desde la Diputación Foral de Bizkaia para desplazarse hasta a una de las filiales de ITP, Precicast-PCB. Luego, de cruzar el Puente Colgante se dirigirá a Getxo para conocer la empresa matriz del conjunto de empresas vascas destinadas al negocio de la muerte, SENER.

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