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Intercambiar deuda por salud; intercambiar armas por inversión social

Imagen de Pedro «Hasta que la deuda nos separe»

Fuente:  El País.

En cuán pocas ocasiones nos sentimos orgullosos de una política aplicada por el gobierno.  Y, sobre todo, si es del PP.

Y, acto seguido, una vez escrito lo anterior nos recorre un escalofrío de duda y de aturdimiento.  Nos es imposible controlar el impulso de pensar ¿dónde estará la trampa?, ¿qué será lo que ocultan?

En concreto la noticia dice que:

el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad español cancelará deudas por un importe total de 36 millones de euros. A cambio, los tres países (Camerún, República Democrática del Congo y Etiopía) destinarán un total de 15,5 millones de euros de fondos propios a programas de salud apoyados por el Fondo Global que, según su director de Relaciones Externas, Christoph Benn, “garantizará que el dinero se emplea de la mejor forma posible”. España es el tercer acreedor en sumarse a la iniciativa D2H, que ya promovió cinco acuerdos con Alemania y Australia entre 2007 y 2011 y que ha movilizado casi 200 millones de euros hasta la fecha.

Se cancela deuda a cambio de inversión en salud.  Increíble y maravilloso.

Un ejemplo de que las políticas «utópicas» que se proponen desde los movimientos sociales no son imposibles sino muy necesarias y reales, muy adaptadas a las necesidades y a las situaciones que se viven.

El acuerdo permitirá a Camerún invertir 9,3 millones de euros en programas contra el VIH; a Etiopía 3,2 millones de euros en iniciativas para reforzar su sistema de salud, y a RDC, 3,4 millones de dólares (en su caso el cómputo se hace en esta moneda) en programas contra la malaria. Un aspecto crucial de D2H es que el dinero procede de los propios países en los que se implementarán los programas. Según explica Benn, será el Ministerio de Economía de cada uno de los países africanos el que transfiera estos importes al presupuesto de la cartera de Salud. A partir de 2018, cada ministerio de sanidad implementará el proyecto correspondiente con el apoyo y la supervisión del Fondo Global, uno de los principales movilizadores de fondos en la lucha contra las tres epidemias en el mundo.

Este mecanismo de financiación innovador moviliza los recursos existentes en los países en vías de desarrollo y los canaliza hacia programas de salud nacionales que podrán mantenerse más allá del acuerdo de cancelación de deuda. Para este experto, un enfoque “mucho más sostenible que donaciones externas que se acaban en un momento dado”.

Las tres partes salen ganando, los países en desarrollo, el primer mundo y las agencias internacionales, veamos:

Dicho esto, el éxito de estos acuerdos trilaterales se basa en los incentivos que aportan a cada una de las partes. Un acreedor como España, por ejemplo, puede computar este canje como Ayuda Oficial al Desarrollo(AOD); donar unos recursos que de otro modo serían difícilmente recuperables, e implementar compromisos políticos en materia de salud global. Por su parte, los países beneficiarios reducen su deuda de inmediato y, como es el caso del presente acuerdo, pueden recibir un descuento en el importe a desembolsar como contrapartida. Además, pueden pagar en moneda local; aumentan la inversión nacional en salud pública y obtienen el estatus de donantes del Fondo Mundial. Este último también sale ganando en tanto que aumenta y diversifica los recursos disponibles para la lucha contra el sida, tuberculosis y malaria.

¿Se podrían multiplicar estas políticas?  ¿Se nos ocurre alguna manera más de llevarlas a cabo para lograr un mundo mejor?

  • Intercambiar armas que serían destruidas por inversiones en programas de salud, ecología, educación, medio ambiente, vivienda, en países en guerra o que han sufrido un conflicto bélico.  Esto supondrían una efectiva desmilitarización de muchos países, una bajad notable en los niveles de violencia y, por otro lado, defender lo que realmente se quiere defender en la sociedad:  salud, ecología, educación, …  Un mundo más desmilitarizado y con menos armas conllevaría un mundo más seguro para todos, incluidos nosotros.
  • Lo anterior conllevaría que nuestra indecente industria militar rebajaría sus ventas.  Ello también se puede tratar con este mecanismo, pero haciéndolo con carácter interno:  por ejemplo, destinar el millar de millones que anualmente gastamos en PEAS (Programas Especiales de Armamento) para que las empresas militares reconvirtiesen sus producciones hacia otros campos más sociales:  ecología, salud, educación, vivienda, …

Como se ve, no se piden imposibles, ni políticas que no estén adecuadas a la realidad social que vivimos, lo que se pide es un cambio de políticas que deja beneficios sociales para nosotros y para el Tercer Mundo, escenario elegido para probar nuestras armas en combate y poder venderlas a mejor precio.

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La imponente deuda militar que esconden los presupuestos de Defensa de 2016 (parte 3)

ADICAE+25-04-2012-2

Por Lucas Toscani

España cuenta con una deuda militar abrumadora e impagable.

De entrada, arrastra unos compromisos de pagos a las industrias militares por programas especiales de armamentos que superan los 30.000 millones de € y que se van a incrementar en otros 10.000 millones más al menos en los próximos años por los nuevos programas de armamentos comprometidos.

En cuanto al gasto militar generado por los PGE, también soporta una desmesurada deuda.

Dicha deuda, en nuestros anteriores informes, tiene un desglose en tres grandes componentes:

a) La deuda que necesariamente debe repercutirse, de la deuda que contraerá España en 2016, al gasto militar antes de deuda, oculto y disperso en los diversos ministerios y organismos (deuda ordinaria)

b) La que se corresponde con los «intereses de la deuda» que España calcula en los PGE que va a abonar en 2016 (intereses de la deuda)

c) La que se estima por las nuevas emisiones de deuda y compromisos realizados mediante la fórmula de deuda extraordinaria y acudiendo al Fondeo de Contingencia va a contraer España en 2016 para compra y adquisición de nuevas armas y para intervenciones militares en el exterior (deuda extraordinaria)

C.1) Deuda Ordinaria

Conocer la parte exacta de deuda emitida durante el año 2016 que debe imputarse a gasto militar resulta imposible. España, durante 2016 emitirá una deuda, según los presupuestos, de 231.175 millones de euros (como aparece en la memoria económica y financiera, página 178 de los PGE), lo que quiere decir que a priori, los gastos presupuestados en 2016 superan en 231.175 millones de euros los ingresos previstos, lo cual obliga al Estado a acudir al crédito para la financiación de su actividad.

Dada la complejidad del cálculo, hemos acudido a un método de estimación sencillo y lógico para calcular la deuda militar ordinaria imputable al gasto militar: calcular en un primer momento el porcentaje del gasto militar descubierto antes de deuda sobre el presupuesto consolidado y, posteriormente, aplicar este porcentaje a la emisión de deuda prevista para 2016.

Así, ocurre que contamos con las siguientes magnitudes:

a) Gasto militar detectado antes de deuda (gasto militar antes de gastos extrapresupuestarios): 14.801’23 millones de euros

b ) Presupuesto consolidado antes de deuda (página 498 de la memoria económica financiera): 314.484 millones de €

c) Deuda que emitirá el estado (página 178 de la memoria económico financiera): 231.175 millones de euros.

Con estas magnitudes hallamos que el porcentaje de gasto militar sobre el presupuesto consolidado antes de deuda es del 4,7%.

Dicho porcentaje, por tanto, se aplica ahora para obtener la estimación de deuda ordinaria, que arroja la cantidad de 10.865,2 millones de €.

B) Deuda Extraordinaria

La deuda extraordinaria es aquella que el Estado, de forma extrapresupuestaria y normalmente mediante la emisión de deuda específica, acuerda aprobar a lo largo del año para financiar desviaciones de gasto, atender a gastos plurianuales comprometidos o de nueva creación, pagos infradotados en los presupuestos de operaciones el exterior y pagos extraordinarios a las industrias militares por programas de armamentos.

Contiene, por tanto, diversas partidas que hemos desglosado:

– Una estimación de sobregasto que en la liquidación de los presupuestos de forma reiterada el Estado realiza respecto del gasto presupuestado y que la IGAE año tras año detecta y denuncia.

– La cantidad de pagos, mediante crédito extraordinario, programados por el Estado y que no se consignan en los presupuestos, para acudir a emisiones de deuda extrapresupuestarias

– La cantidad que se prevé para operaciones en el exterior y que tampoco se consignan en los PGE, de cuya estimación tenemos conocimiento por declaraciones del propio ministerio de Defensa relativas al año anterior, que damos como cantidad mínima a gasta en el año siguiente

– Partidas plurianuales; pagos imputables en este año y comprometidas en los años 2013, 2014 y 2015.

De este modo, las partidas concretas serían: .

Previsión de sobregasto: 1.195’77 millones de €

PEAS: 1.606.50 millones de euros

Operaciones en el Exterior: 1.034 millones de €

Gastos plurianuales

  • .De 2013: 6,51 millones de €
  • De 2014: 203 millones de €
  • De 2015: 99,04 millones de €

El total por esta deuda extraordinaria, por tanto, llegará a 4.124’82 millones de €.

C) Intereses de la deuda

Al respecto, hemos variado el criterio de imputación.

Con antelación usábamos un coeficiente ponderado del tipo de interés al que se preveía que se iba a adquirir la nueva deuda y lo aplicábamos sobre la cantidad estimada para la deuda calculada.

Pero nos ha parecido más fiable calcular dicho importe teniendo en términos de relación del presupuesto total de gasto (PTG) con la parte de este que supone el gasto estimado para pago de intereses (ID) y en relación al gasto militar (GM) por medio de una regla de tres simple :

PTG —— ID

GM —– X

Para ello hemos tenido en cuenta las magnitudes siguientes:

a) El Gasto presupuestario total: 436.370 millones de €.

b) El Gasto que se imputa este año para pago de intereses de deuda, que como veremos es de 33.490 millones de euros.

c) El Gasto militar antes de deuda hallado con anterioridad, 14.801’23 millones de euros

En cuanto a los intereses de la deuda que va a pagar España en 2016, estos aparecen en la página 179 del Informe Financiero7,

«aunque se espera que se estabilice el coste al que se efectúen las emisiones, la ratio de los intereses de la Deuda del Estado sobre el PIB experimentará, por primera vez desde 2008, una disminución, estimándose, en términos presupuestarios, que los pagos por intereses de la Deuda del Estado en 2016 alcanzarán 33.490 millones de euros, lo que representa un 2,93 por ciento del PIB.»

De este modo, el resultado de la anterior regla de tres arroja una imputación de 1.135’94 millones de € de intereses de la deuda imputables a gasto militar.

Total de deuda militar

El resumen de todo este capítulo implica una abrumadora deuda militar en los presupuestos de 2016, pues contiene:

a ) Ordinaria: 10.865,2 millones de euros

b) Extraordinaria: 4.124’82 millones de euros

c) Intereses de la deuda: 1.135’94 millones de euros

Total: 16.125’96 millones de euros.

Ello implica que la política de defensa española, con coste en 2016 de 14.801’23 millones de €, obligará a un endeudamiento absolutamente irracional e insostenible de 16.125’96 millones de €, un 52’13 % del total, muy por encima del propio gasto previsto, una completa locura.

 

 

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La imponente deuda militar que esconden los presupuestos de Defensa de 2016 (parte 2)

ENCADENADO

Por Santojose 2004

Deuda militar. Una estrategia perversa

Uno de los componentes importantes de la deuda pública es la deuda militar: aquella generada por las políticas militares, por la adquisición de armamento y material militar, por las necesidades industriales del sector militar y por los presupuestos militares.

El peso de esta deuda, como veremos, es abrumador en España y en el resto de los países.

Pero antes de entrar al análisis de la misma, queremos ofrecer algunos datos que nos dan cuenta de la verdadera significación política de la deuda militar.

Explicábamos en una reciente entrada de nuestro blog, analizando el libro «»El mito de la guerra buena. EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial» de Jacques R. Pauwels, de la editorial Hiru, como la deuda militar es un instrumento privilegiado de dominación de los pueblos y de desgracia de las sociedades.

Estados Unidos, paradigma en el doble sentido de generador de deuda militar propia y de impulsor de la ajena, ofrece en su historia una buena lección al respecto.

Durante la primera guerra mundial Estados Unidos aprendió la dura lección: vender armas a crédito no era un buen negocio. De hecho, ellos las habían vendido a británicos y franceses y, una vez que estos estuvieron bajo la amenaza de perder la guerra, la inversión americana se vio en peligro, lo que obligó a dicha potencia a intervenir militarmente para evitar el colapso de sus clientes-deudores.

Al principio de la 2ª G.M. y ante demandas de compra de material bélico por parte de las potencias contrarias al eje, los yankis insistieron en el pago al contado para proveer de armas a éstos. Pero cuando Gran Bretaña comenzó a sufrir la falta de efectivo, los yankis no pudieron ignorar que los británicos habían absorbido el 40 % de sus exportaciones en unos momentos en los que se intentaba salir de la gran depresión a base de promover el comercio exterior, lo que obligó a nuevas fórmulas para vender a crédito.

Roosevelt convenció al Congreso para aplicar formas de pagos más benévolas a Gran Bretaña. El sistema se llamó «préstamo-alquiler» (Lend-Lease). Se introdujo en 1941 y dotaba a Londres de un crédito ilimitado para comprar armas y municiones. Con ello el valor de las exportaciones yankis aumentó:

  1. 1939: 505 millones de dólares
  2. 1940: 1.000 millones de dólares
  3. 1941: 1.600 millones de dólares
  4. 1942: 2.500 millones de dólares
  5. 1943: 4.500 millones de dólares
  6. 1944: más de 5.200 millones de dólares

No todos los pagos británicos fueron en dinero: este préstamo-alquiler se asoció a la promesa británica, conocida como «La Confederación» en virtud de la cual Londres se comprometía a desmantelar, acabada la guerra, su sistema proteccionista de tarifas de «Preferencia Imperial», el cual limitaba la exportaciones americanas a Gran Bretaña y colonias. Este negocio permitiría a EE.UU. acabar con uno de sus mayores problemas durante la Gran Depresión: el déficit de demanda de sus productos.

El sistema de préstamo Lend-Lease consistía, en teoría, en que el Estado cebaba la economía por medio de los grandes pedidos y financiaba el esquema prestando el capital necesario. Como consecuencia, la deuda interna debería crecer, pero era de esperar que los altos beneficios generarían al Estado suficientes ingresos en concepto de impuestos, para permitir a Washington liquidar tal deuda.

Sin embargo, el esquema, realmente funcionaba de otra manera: el Estado usaba sus ingresos (basados en los impuestos que se cobraban a los contribuyentes) para pagar las pesadas facturas presentadas por las grandes corporaciones, que virtualmente monopolizaban los negocios Lend-Lease y la producción de armas. Estas facturas se pagaban por medio de los impuestos directos e indirectos, que durante la guerra eran sufragados más por los norteamericanos pobres y de clase media que por los de clase alta y las grandes corporaciones del país. Los enormes beneficios fueron para las compañías y los impuestos para el pueblo americano.

Gran Bretaña se benefició de los contratos «préstamo-alquiler» porque pudo continuar la guerra contra Hitler después de la caída de Francia. Pero, a largo plazo, Gran Bretaña pagó el precio de ver como EE.UU. se haría, años más tarde, con los negocios en gran parte del imperio británico.

Este mismo esquema que hemos explicado sigue vigente en la actualidad: EEUU; por tomar el ejemplo más paradigmático, financia la producción de armas y el imponente complejo militar-industrial, vía impuestos de los ciudadanos (que se empobrecen con ello) y mediante ayudas a dicho sector (que obtiene los beneficios principales). A su vez vende a crédito su material militar a otros Estados con la intervención incluso de la fórmula de garantía «gobierno a gobierno». Ello incrementa la inseguridad global y obliga a constantes escaladas de armamento, lo que permite nuevas ventas y genera mayor deuda a los compradores y nuevas concesiones de toda índole a los vendedores.

Resultado de todo ello: un empobrecimiento mutuo de los pueblos vendedores (cuyas clases más pobres pagan el gran esfuerzo inversión en armas a costa de pérdidas de oportunidades de mejora de sus derechos y prestaciones) y de los pueblos compradores (adquieren deuda, pierden soberanía de decisión en sus políticas, pagan impuestos para sufragar las malas políticas de sus gobernantes) y un enriquecimiento de las élites vendedoras y de las élites compradoras.

Podemos poner de esta situación diversos ejemplos, pero ninguno más ilustrativo que el de Grecia, un gran cliente de las industrias militares durante el largo período desde los años 80 del siglo XX.

En la actualidad, la cuarta parte de la deuda militar griega se debe a deuda militar, una deuda impuesta en gran parte por los países occidentales más interesados en vender armas, especialmente querida por los gobernantes griegos por las grandes prebendas y sobornos que les reportaba y alimentada de forma insensata por estos porque suponía un gran tirón para su economía.
Patológicamente, cuando Grecia entra en bancarrota, los mismos que le vendieron armas de forma desmesurada, principalmente Alemania y Francia

estos países le piden a Grecia que recorte en pensiones y en otras partidas de gasto público mientras al mismo tiempo le exigen que cumpla los compromisos adquiridos en relación a las compras de armamento y vehículos, amén de que se niegan a perdonar parte de la deuda pública cuándo la misma ha sido incrementada en su propio beneficio.

Similar problema tiene Italia, Portugal, u otros países PIGS en Europa

Europa entera ha construido un perverso y voluminoso cuadro de deuda militar que convierte a los países deudores en dependientes de las políticas de los halcones y los intereses del complejo militar industrial.

 

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La imponente deuda militar que esconden los presupuestos de Defensa de 2016 (parte 1)

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Por the real duluoz

No a mucho tardar publicaremos un extenso informe sobre el gasto militar previsible para 2016 para cuya cuantificación hemos tenido en cuenta tanto los aprobados Presupuestos Generales del Estado como otras cifras que se han ido conociendo.

Uno de los capítulos más sangrantes del gasto militar español es la enorme e ilegítima deuda que generan, pues, como es sabido, es un gasto inútil e improductivo y si tenemos en cuenta los ingresos del estado, un porcentaje enorme del gasto militar previsto se financia con deuda, esto es, endeudándose el Estado e hipotecando su futuro en esa alianza militarista y alocada emprendida por los gobiernos del PP y PSOE indistintamente.

Vamos a tratar este tema en tres entradas diferenciadas, dada la importancia que le queremos dar al tema. En esta primera simplemente alertaremos de la alarmante y escandalosa dimensión de la deuda pública española, uno de cuyos componentes más absurdos es a nuestro juicio el gasto militar. En un segundo artículo explicaremos la perversión de la propia deuda militar y la política sutil que hacen los poderosos para crearla y agrandarla como condición para mantener la dependencia de las políticas hacia los intereses del militarismo y en un tercer memento cuantificarmos la deuda militar española que se infiere del gasto militar previsto en los presupuestos generales del estado para sustentar el aparato militar.

  1. Deuda pública española: La hipoteca que nos endosan las políticas del oligopolio político.

Usando datos del Diario Expansión, que utiliza los cálculos del Ministerio de Economía, la deuda pública española en noviembre de 2015 arrojaban una cifra de 1.067.852 millones de euros, lo que equivale al 98,89% del PIB anual de España y arroja una deuda per capita de 22.875 euros. Traducido este dato a la cotidianidad, cada habitante del estado cuenta a sus espaldas con una deuda generada desde las administraciones equivalente a 43 mensualidades del Índice Publico IPREM, que se usa para el cálculo de las ayudas sociales y a familias desfavorecidas, lo que vendría a suponer que, si la manirrota manía de nuestras autoridades de contraer deuda para fines inverosímiles no se hubiera disparado, las ayudas sociales podrían resistir con mucha dignidad y solidaridad.

En esta caótica situación tienen responsabilidades compartidas tanto el PSOE como el PP. La deuda se ha disparado más aún en la última época de Zapatero y el período de Rajoy.

Ahora bien, la deuda contabilizada (y que oficialmente maneja tanto la estadística del Estado como la de la Unión Europea) puede ser engañosa, pues, como nos alertan nuestros amigos de El Salmón Contracorriente, puede suceder (y en España sucede) que no se contabilice «toda» la deuda, sino que se oculten algunas, como por ejemplo los «pasivos en circulación» (deudas con proveedores, o también deudas con otras administraciones públicas, o avales o garantías prestados por el Estado del estilo de los pagos ilegítimos dados a las eléctricas), o que se practiquen otro tipo de engaños.

La Unión Europea en su reciente informe «Fiscal Susteinability Report 2015» de enero de 2016 pone el dedo en la llaga al apuntar la alta vulnerabilidad de España, en cualquiera de los escenarios previsibles, por su inabarcable (e irresponsable) deuda pública.

Así en su página 116 afirma que

Un análisis de la sostenibilidad de la deuda (DSA) para España muestra que, en condiciones económicas normales y sin ningún cambio de política fiscal (escenario base),la deuda pública se mantendrá en torno al 100% del PIB hasta más allá de 2020, para caer por debajo del 92% del PIB en 2026, último año de la proyección de la Comisión. Esta proyección dependerá del saldo primario estructural (SPB) que permanecerá constante

Y más adelante vaticina subidas constantes de deuda hasta más allá de 2017 y con posibilidades de que se mantenga por encima del 102% del PIB español en 2020 o hasta 2026, haga lo que haga la política española, y para exigir que se realicen, para contener en lo posible el escenario nefasto que se avecina una política fiscal severa, pues

una política fiscal sin cambios condena a altos riesgos a España

El informe, que por cierto no es neutro, ni analiza de fondo cómo se llegó a construir este enorme agujero y qué responsabilidades por malas políticas tiene (menos aún qué parte de dicha deuda es ilegitima), ni se limita a alertar, sin más, de la enorme bomba de relojería de la deuda española a futuro, sino que aprovecha para recomendar nuevos ajustes fiscales y estructurales (recortes en gasto social en pensiones y prestaciones básicas) como modelo de salida de este atolladero.

La magnitud de la deuda pública española es tal que los presupuestos generales del estado de 2016 prevén un gasto, solo en pago de intereses de esta deuda para 2016, de 33.490 millones de euros, y eso que 2016 se prevé como un año de bajos tipos de interés y coyuntura favorable.

El peso de esta deuda viene condicionando las políticas públicas de una forma considerable y la sufrimos en términos de recortes presupuestarios y de derechos. Pero, además, es que la deuda es un mecanismo de dominación que forma parte de la élite capitalista para someter a los pueblos.

 

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Generar deuda militar es una técnica imperialista

Imagen de lamalatesta.net

Estamos leyendo el libro «El mito de la guerra buena.  EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial» de Jacques R. Pauwels, de la editorial Hiru.

En él, Pauwels nos ha enseñado muchas cosas sobre las relaciones de la economía con la 2ª Guerra Mundial.

Una de ellas es que los yankis habían aprendido a no dar armas a crédito en la Primera Guerra Mundial.  Lo habían hecho con británicos y franceses, y cuando ambos estuvieron bajo la amenaza de perder la guerra, los EEUU se vieron obligados a intervenir militarmente para evitar el colapso de sus clientes y deudores.

Al principio de la 2ª G.M. los yankis insistieron en el pago al contado, pero cuando Gran Bretaña comenzó a sufrir la falta de efectivo, los yankis no pudieron ignorar que los británicos habían absorbido el 40 % de sus exportaciones en unos momentos en los que se intentaba salir de la gran depresión a base de promover el comercio exterior.

Roosevelt convenció al Congreso para aplicar formas de pagos más benévolas a Gran Bretaña.  El sistema se llamó «préstamo-alquiler» (Lend-Lease).  Se introdujo en 1941 y dotaba a Londres de un crédito ilimitado para comprar armas y municiones.  Con él valor de las exportaciones yankis aumentó:

  • 1939:  505 millones de dólares
  • 1940:  1.000 millones de dólares
  • 1941:  1.600 millones de dólares
  • 1942:  2.500 millones de dólares
  • 1943:  4.500 millones de dólares
  • 1944:  más de 5.200 millones de dólares

No todos los pagos británicos fueron en dinero:  este préstamo-alquiler se asoció a la promesa británica, conocida como «La Confederación» por la que Londres se comprometía a desmantelar, acabada la guerra, su sistema proteccionista de tarifas de «Preferencia Imperial» que limitaba la exportaciones americanas a Gran Bretaña y colonias.  Con ello EE.UU. buscaba acabar con el problema principal de la Gran Depresión, el déficit de demanda de sus productos.

El sistema Lend-Lease consistía, en teoría, en que el Estado cebaba la economía por medio de los grandes pedidos y financiaba el esquema prestando el capital necesario.  Con ello, la deuda interna crecía considerablemente.  Pero era de esperar que los altos beneficios generarían al Estado suficientes ingresos por impuestos, para permitir a Washington liquidar sus deudas.

Sin embargo, el esquema, realmente se reducía a esto:  el Estado usaba sus ingresos (basados en los impuestos que se cobraban a los contribuyentes) para pagar las pesadas facturas presentadas por las grandes corporaciones, que virtualmente monopolizaban los negocios Lend-Lease y la producción de guerra.  Estas facturas se pagaban por medio de los impuestos directos e indirectos, que durante la guerra eran sufragados más por los norteamericanos pobres y de clase media que por los de clase alta y las grandes corporaciones del país.  Los enormes beneficios fueron para las compañías y los impuestos para el pueblo americano.

Gran Bretaña se benefició de los contratos «préstamo-alquiler» porque pudo continuar la guerra contra Hitler después de la caída de Francia.  Pero, a largo plazo, Gran Bretaña pagó el precio de ver como EE.UU. se hacía, años más tarde, con los negocios en gran parte del imperio británico.

Toda esta situación histórica habría de enseñarnos lecciones pertinentes hoy en día para no cometer los errores del pasado:

  • Por un lado, no deberíamos comprar armamento a países como EE.UU.  Además de por las cuestiones éticas que la lógica nos impone, también por cuestiones económicas y de deseos de independencia económica.
  • Por otro lado, no deberíamos vender armamento a países del Tercer Mundo, para no hacer con ellos ese imperialismo económico que tanto criticamos cuando lo hacen con nosotros.

Sin embargo, los sucesivos gobiernos del PP  y del PSOE no han hecho otra cosa que promover la industria militar y el comercio de armas.  Con ello han demostrado ser factores de una política inmoral y antiética, y, además, causantes de nuestro dependencia de la superpotencia y generadores de violencia estructural en el Tercer Mundo.

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deuda militar, deuda odiosa. Debate con la Plataforma de auditoría ciudadana de la Deuda

El pasado 12 de diciembre realizamos un debate sobre la deuda militar en el C.S.O.A Patio Maravillas de Madrid.

Los compañeros de la Plataforma de Auditoría Ciudadana de la Deuda de Madrid, convocantes del acto, han tenido la gentileza de mandarnos editado en video el encuentro.

El acto está contenido en dos entregas de video que acompañamos aquí.

Esperamos que sea de vuestro interés.

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Charla de Utopía y el Colectivo de Auditoría de la Deuda sobre la Deuda Militar

 

Charla:  Deuda Militar, deuda ilegítima, deuda odiosa.

El próximo jueves 12 de diciembre a las 19’30 horas.

En el Patio Maravillas, calle Pez 21, 2º izquierda.

 

 

 

 

 

 

 

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Deuda militar, deuda inmoral, deuda ilegítima

Fuente: Documentos de Utopía Contagiosa

El presente documento analiza e intenta cuantificar la deuda militar que España ha generado en 2013 y propone algunas claves para su cálculo y señala las razones por las que entendemos que debe ser calificada como deuda odiosa.

Mientras se recortan derechos y se liquidan conquistas sociales, el gasto militar va en aumento y financiarlo nos costará en 2013 5.592,48 millones de euros, si tenemos en cuenta tanto lo que costará financiar el presupuesto del Ministerio de Defensa, como los pagos de los programas de armamentos imputados a 2013.

Del total de deuda militar española, en 2013 contamos con 1.441,46 millones de euros que calificamos como «deuda escondida» y 295,46 millones que se van a pagar intereses de la deuda.

Con ello, cada español deberá, sólo por deuda militar, 119,75 euros.

Una deuda de estas características cumple con todos los requisitos para ser considerada como deuda odiosa, como deuda ilegítima y para que la ciudadanía se niegue al pago de la misma.

Esperamos que el documento sea una aportación más al estudio y denuncia sobre el gasto militar.

 

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El negocio de la guerra y sus consecuencias para el trabajo y la deuda europea

Fuente:  TNI

 

Sentimos no disponer de las imágenes traducidas al castellano.  Pero nos atrevemos a intentarlo nosotros:

La anterior imagen dice:

No hay austeridad para los gastos militares europeos.  Gastos militares totales en algunos países europeos seleccionados entre 2002 y 2012:

  • Reino Unido:  489.000 millones de €
  • Francia:  483.000 millones de €
  • Alemania:  357.000 millones de €
  • Italia:  296.000 millones de €
  • España:  114.000 millones de €
  • Holanda:  87’8 millones de €
  • Grecia:  63’4 millones de €
  • Portugal:  35’2 millones de €
  • Finlandia:  25’7 millones de €
  • Irlanda:  10’4 millones de €
  • Chipre:  3’4 millones de €

La TNI concluye que casi todos los estados tienen niveles de gastos militares comparables o mayores que los de hace diez años.

 

En el gráfico anterior vemos que la crisis, que llegó en 2008, pilló a muchos países con sus gastos militares disparados y en las cifras más grandes de su historia. Estos picos se lograron es Italia, España e Irlanda, precisamente en 2008, el año del inicio de la «crisis».  En Francia, Holanda y Grecia en 2009.  Otros estados siguieron gastando muchísimo en lo militar, por ejemplo, Portugal, cuyo pico de gasto tuvo lugar en 2010, Chipre en 2011 y Alemania y Finlandia en 2012.

La deuda de los estados, que ha creado grandísimos problemas económicos a toda Europa y que han sufrido tanto los ciudadanos, podría haberse acabado en España, Italia y Grecia, sólo con la inversión en gastos militares de 2010 de toda Europa:  194 billones de euros.  Si hubiésemos tomado esta decisión política de cambiar gastos militares por la deuda nacional de estos tres países, hace tiempo que estaríamos hablando de otra situación económica y política a nivel internacional. ¿No resulta raro que la izquierda europea no haga de este argumento un eje de su resistencia a los recortes y a las políticas neoliberales?¿Una izquierda pro-militarista?

 

El siguiente capítulo de su informe gráfico lo titulan:  La deuda militar, el corazón de la crisis del euro.

Recurren a dos citas,

  • La primera, sorprendentemente, del anterior Secretario de Estado de Defensa español, Constantino Méndez, que dice «no deberíamos adquirir sistemas de armas que no vayamos a usar,  para conflictos que no existen, y con fondos que no teníamos y que no tenemos ahora».

Y luego dan tres datos:

  • El gasto militar en Grecia duplica el promedio del gasto militar en la Unión Europea entre 2002-2012.
  • El gasto militar en España se ha incrementado de 2000 a 2008 en un 29 % (corregida la inflación).
  • Chipre ha incrementado su gasto militar en un 50 % desde 2002.

En el siguiente gráfico, del cual no disponemos de imagen individualizada, nos cuentan que no hay negocio como el de las armas.  Y nos recuerda que hay varias empresas europeas entre las que más armas han vendido en 2011:

  • BAE Systems (Reino Unido) 29.200 millones de dólares
  • EADS (Consorcio Europeo) 16.400 millones de dólares
  • Finmeccanica (Italia)  14.600 millones de dólares
  • Thales (Francia) 9.500 millones de dólares
  • Safran (Francia) 5.200 millones de dólares

El último apartado nos dice que la investigación en paz produce más empleo.  Empleos creados con 1.000 millones de dólares de investigación en los siguientes sectores:

  • Militar:  8’555 empleos.
  • Consumo personal:  20’779
  • Construcción para climatización / infraestructuras:  12’804
  • Cuidado de la salud:  12’883
  • Educación:  17’687
  • Transporte público:  19’795

POR NUESTRA PARTE, TODO CLARO.  ¿Cuándo vamos a entender el daño económico, moral, estructural, político, social, … que nos produce el militarismo?  ¿Cuándo vamos a empezar a unirnos para actuar contra él?

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Las cifras de la deuda mundial 2012.

Pobreza cero +% 3A + Manifestaci% C3% B3n + contra + la +% 2C Pobreza 2006

 Fuente: scribd.

El Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo acaba de editar, actualizado, el informe «Las cifras de la Deuda 2012», obra de Damien Millet, Daniel Munevar y Éric Toussaint.

El trabajo nos permite interconectar factores que parecen, aparentemente, aislados, como es la cuestión de la crisis económica y social, de la crisis financiera y de la crisis alimentaria en el mundo, o la violencia estructural que somete unos pueblos a otros.

Las escandalosas desigualdades mundiales no sólo no disminuyen (como nos dice la retórica de los planes de Naciones Unidas, de los objetivos del milenio y otros documentos bienintencionados al servicio de la geopolítica vigente) sino que aumentan aceleradamente y, lo que es más evidente cada vez, lo hacen no de modo fortuito o natural, sino porque hay políticas y responsabilidades que conducen inexorablemente hacia ello en beneficio de unos pocos y en perjuicio de todos.

Es el sistema el que provoca esta violencia y esta dominación. ¿No se hace por tanto evidente la inaplazable necesidad de acabar con el sistema?.

En 2011 un 80% de la población habitaba en el Tercer Mundo, pero sólo podía disfrutar de un 37% de la riqueza mundial, con una media de 1.208 dólares anuales (120 al mes) por persona y año, mientras que el 20 % de privilegiados del primer mundo acumulan el 63% del PIB mundial, con una media de 41.144 dólares anuales por persona y año (3.428 euros al mes).

Pero estas cifras no lo son todo: las desigualdades son trasversales a cada sociedad y demuestran la injusticia estructural sistémica de nuestro mundo. Los contrastes, a su vez, son más escandalosos todavía: hay más de 2.470 millones de personas que subsisten con menos de 2 $ US al día y otros 1290 millones que ni siquiera llegan al dolar y veinticinco centavos, mientras que en el lado de la opulencia las 500 personas más ricas superan el presupuesto de la inmensa mayoría de los estados del planeta y no paran de engordar su poder y su injusta riqueza.

El aumento de la deuda externa, tanto la que podemos calificar de deuda odiosa y que desde el punto de vista ético y del derecho internacional estaría justificado no devolver, como la demás deuda externa en la que han incurrido los estados para no generar desgracias mayores de las que ya padecen, se ha incrementado, sepultando de forma absoluta las posibilidades de vida digna de la mayoría de los pueblos de la tierra y condenando a la muerte a millones de personas «desechables» y sin futuro.

La deuda pública mundial acumulada supera los 4.047 miles de millones de dólares en 2011, y gran parte de esta se debe a las consecuencias de las políticas ejercidas por organismos multilaterales de muy dudosa ética (FMI y otros) o a los resultados de negocios provocados por inversores particulares y especuladores financieros de menos escrúpulos aún.

Aunque el informe no lo señala, estaría muy bien conocer qué parte de esta deuda financia instrumentos de represión y armas, dos de los pilares con los que se sojuzgan los diversos pueblos de la tierra y se garantiza el desorden mundial existente (y la devolución puntual y con creces de la deuda a los dueños del capital).

Por sus características y por sus consecuencias, esta deuda mundial debería ser abolida y castigados sus tenedores, pues no sólo perpetua el empobrecimiento generalizado de inmensas capas de la tierra, sino que descansa sobre el mantenimiento de unas reglas de juego mundiales de dominación y violencia inmorales y antieconómicas, al menos si por economía entendemos la que lleva la desarrollo humano, justo y ecológico de las sociedades.

En definitiva, un documento que merece la pena leer y reflexionar porque puede ser un buen instrumento al servicio de la lucha social de quienes no nos conformamos con un mundo de dominación y violencia y aspiramos a su completo cambio.

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