Intercambiar deuda por salud; intercambiar armas por inversión social

Imagen de Pedro “Hasta que la deuda nos separe”

Fuente:  El País.

En cuán pocas ocasiones nos sentimos orgullosos de una política aplicada por el gobierno.  Y, sobre todo, si es del PP.

Y, acto seguido, una vez escrito lo anterior nos recorre un escalofrío de duda y de aturdimiento.  Nos es imposible controlar el impulso de pensar ¿dónde estará la trampa?, ¿qué será lo que ocultan?

En concreto la noticia dice que:

el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad español cancelará deudas por un importe total de 36 millones de euros. A cambio, los tres países (Camerún, República Democrática del Congo y Etiopía) destinarán un total de 15,5 millones de euros de fondos propios a programas de salud apoyados por el Fondo Global que, según su director de Relaciones Externas, Christoph Benn, “garantizará que el dinero se emplea de la mejor forma posible”. España es el tercer acreedor en sumarse a la iniciativa D2H, que ya promovió cinco acuerdos con Alemania y Australia entre 2007 y 2011 y que ha movilizado casi 200 millones de euros hasta la fecha.

Se cancela deuda a cambio de inversión en salud.  Increíble y maravilloso.

Un ejemplo de que las políticas “utópicas” que se proponen desde los movimientos sociales no son imposibles sino muy necesarias y reales, muy adaptadas a las necesidades y a las situaciones que se viven.

El acuerdo permitirá a Camerún invertir 9,3 millones de euros en programas contra el VIH; a Etiopía 3,2 millones de euros en iniciativas para reforzar su sistema de salud, y a RDC, 3,4 millones de dólares (en su caso el cómputo se hace en esta moneda) en programas contra la malaria. Un aspecto crucial de D2H es que el dinero procede de los propios países en los que se implementarán los programas. Según explica Benn, será el Ministerio de Economía de cada uno de los países africanos el que transfiera estos importes al presupuesto de la cartera de Salud. A partir de 2018, cada ministerio de sanidad implementará el proyecto correspondiente con el apoyo y la supervisión del Fondo Global, uno de los principales movilizadores de fondos en la lucha contra las tres epidemias en el mundo.

Este mecanismo de financiación innovador moviliza los recursos existentes en los países en vías de desarrollo y los canaliza hacia programas de salud nacionales que podrán mantenerse más allá del acuerdo de cancelación de deuda. Para este experto, un enfoque “mucho más sostenible que donaciones externas que se acaban en un momento dado”.

Las tres partes salen ganando, los países en desarrollo, el primer mundo y las agencias internacionales, veamos:

Dicho esto, el éxito de estos acuerdos trilaterales se basa en los incentivos que aportan a cada una de las partes. Un acreedor como España, por ejemplo, puede computar este canje como Ayuda Oficial al Desarrollo(AOD); donar unos recursos que de otro modo serían difícilmente recuperables, e implementar compromisos políticos en materia de salud global. Por su parte, los países beneficiarios reducen su deuda de inmediato y, como es el caso del presente acuerdo, pueden recibir un descuento en el importe a desembolsar como contrapartida. Además, pueden pagar en moneda local; aumentan la inversión nacional en salud pública y obtienen el estatus de donantes del Fondo Mundial. Este último también sale ganando en tanto que aumenta y diversifica los recursos disponibles para la lucha contra el sida, tuberculosis y malaria.

¿Se podrían multiplicar estas políticas?  ¿Se nos ocurre alguna manera más de llevarlas a cabo para lograr un mundo mejor?

  • Intercambiar armas que serían destruidas por inversiones en programas de salud, ecología, educación, medio ambiente, vivienda, en países en guerra o que han sufrido un conflicto bélico.  Esto supondrían una efectiva desmilitarización de muchos países, una bajad notable en los niveles de violencia y, por otro lado, defender lo que realmente se quiere defender en la sociedad:  salud, ecología, educación, …  Un mundo más desmilitarizado y con menos armas conllevaría un mundo más seguro para todos, incluidos nosotros.
  • Lo anterior conllevaría que nuestra indecente industria militar rebajaría sus ventas.  Ello también se puede tratar con este mecanismo, pero haciéndolo con carácter interno:  por ejemplo, destinar el millar de millones que anualmente gastamos en PEAS (Programas Especiales de Armamento) para que las empresas militares reconvirtiesen sus producciones hacia otros campos más sociales:  ecología, salud, educación, vivienda, …

Como se ve, no se piden imposibles, ni políticas que no estén adecuadas a la realidad social que vivimos, lo que se pide es un cambio de políticas que deja beneficios sociales para nosotros y para el Tercer Mundo, escenario elegido para probar nuestras armas en combate y poder venderlas a mejor precio.

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