Cultura contra los efectos de la guerra: la noviolencia en acción

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Por Culturactiva SCG

Fuente: El Salto Diario.

Hablamos de la experiencia que se está desarrollando en Trípoli, en Líbano, y en una calle llamada calle Siria.

La calle Siria se encuentra entre dos barrios enfrentados permanentemente, Jabal Mohsen, de mayoría alauí, y Bab al-Tabbaneh, suní, y ha sido frente de batalla durante largos períodos, hasta que el gobierno libanés consiguió imponer un inestable alto el fuego.

En este escenario, en mitad de un conflicto enquistado, se abre paso la experiencia cultural que comentamos, hoy materializada en un local, cogestionado por la ONG March y jóvenes de  los dos barrios enfrentados, que sirve como bar y lugar de encuentro de jóvenes de uno y otro barrio en conflicto. Además, y alrededor de este local, se desarrollan otras iniciativas culturales (teatro, talleres, ensayos artísticos por ejemplo) y un programa de renovación de los comercios destruidos en los enfrentamientos.

Al poco de llegar a la zona la ONG March se propuso incidir en los jóvenes de los barrios rivales para que cambiaran su mentalidad y su actividad frente al conflicto. Organizaron una obra de teatro con jóvenes de ambos barrios como actores y protagonistas. La obra fue un éxito y se representó en diversas ciudades libanesas.

Fue el embrión del local-café Kahwetna (Nuestro Café en árabe), un centro desde el que se irradia una nueva mentalidad de los jóvenes hacia el conflicto y que emplea a seis jóvenes de la zona como principales motores del cambio.

En el café se puede comer, se desarrollan talleres y cursos, ensayos o conciertos, en los que participan chicos y chicas (algo poco habitual en la zona y por los vecinos más tradicionales, que no ven bien la participación «mixta» de personas de uno y otro sexo) y se practica la convivencia entre jóvenes que en su experiencia anterior estaban abiertamente enfrentados entre sí.

Merece la pena ver el distinto enfoque del conflicto que tiene este proyecto. Dice la fundadora de la ONG March, Lea Baroudi

Cuando se mencionaba a Trípoli en las noticias era únicamente para hablar de extremismo y guerra civil, un conflicto puramente ideológico entre alauíes y suníes. Pero la violencia sectaria y la radicalización en esta región tienen otras fuentes: son la pobreza, la exclusión y la pérdida de esperanza las que hacen a los jóvenes vulnerables y fácilmente manipulables

El conflicto tiene otros perfiles. No es el enfrentamiento, el agravio, las diferencias ideológicas o religiosas que sirven para polarizar las posturas donde se pone el punto de mira para la resolución del conflicto, sino la pobreza, la exclusión, la violencia estructural y la pérdida de esperanza los elementos sobre los que se quiere incidir para cambiar las cosas.

Es atacando estos factores como se desinventa la guerra.

Cuenta uno de los chavales que participan en la iniciativa, Ali, de 23 años, y que se convirtió en combatiente con 15 años:

Me gustaba. Era un crío y luchar era algo excitante, una aventura. Luego empecé a perder amigos y familiares en el conflicto… y dejó de ser divertido…

Alí participó en el teatro:

Al principio odiaba tener que ver todos los días a la gente de Tabbaneh. Crecí convencido que eran el enemigo

Y en encuentro con los otros, dentro de esta iniciativa, le cambió la perspectiva:

Entendí que en el fondo éramos iguales, que teníamos los mismos problemas. Ahora he aprendido a no juzgar a la gente antes de conocerla de verdad

Afraa, una chica que participa de los talleres de diseño gráfico también se explica:

Aquí vienen muchas chicas de ambos lados. Por una vez, damos una imagen positiva. Demostramos que podemos trabajar los unos con los otros, que podemos convivir…

Y Angie, de 18 años, muestra las dificultades:

Va a hacer falta tiempo para arreglar las cosas de verdad, aún hay mucha desconfianza

El proyecto no es el bálsamo de fierabrás, pero muestra un camino. Va a hacer falta tiempo, mucho tiempo, y probablemente muchas más iniciativas que ataquen el entramado de causas del conflicto: la pobreza, la desigualdad, la violencia estructural, la manipulación…

Pero el conflicto, con su cambio de óptica, está permitiendo abordar una situación que, mirada únicamente desde la perspectiva violenta y la dialéctica amigo/enemigo de toda la vida, probablemente serviría para alimentar más el odio, agravar más el conflicto y, por qué no decirlo, llenar los bolsillos de unos pocos y fabricar liderazgos nefastos de líderes militares de los que estamos bastante sobrados.

Cultura contra la guerra. Cultura contra los efectos de la guerra. Mantequilla en vez de cañones. Encuentro en lugar de violencia. Una paz construida de lucha contra la violencia estructural por medios noviolentos. Un cambio de mentalidad saludable y que nos arroja interesantes enseñanzas.

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