SIn ejército e industria militar, ¿no hay independencia?

Por calafellvalo

A medida que se acelera el tiempo para la convocatoria del referéndum de Cataluña aparecen otras noticias laterales que, tal vez por el mucho ruido del choque de trenes en el que los cálculos políticos de unos y otros se han empeñado, pudieran pasar desapercibidas, como si no tuvieran importancia. Y puede que sí que la tengan, y decisiva para el futuro de la gente del común de los mortales.

Por una parte, nos informa una noticia de Infolibre que Cataluña mantiene negocios importantes con Arabia Saudí y otros estados del Pérsico.

Al parecer, la Generalitat tiene una oficina exterior en los Emiratos Árabes desde hace años (1992) que impulsa la actividad comercial con las seis monarquías del Golfo, entre ellas Arabia Suadí, Catar o Kuwait. Y no solo eso,

Las exportaciones de Cataluña a dicha región alcanzó la suma de 1.498 millones de euros en 2016, la cifra más alta de todas las comunidades autónomas

Es curioso que la noticia salga a continuación de la denuncia que le planteó una parte de los manifestantes al rey en plena manifestación contra el terrorismo de Barcelona, recordándole la vinculación de España y el papel jugado por la monarquía española en Arabia Saudí (aparentemente promotor de gran parte del terrorismo internacional y de la conflictividad en el interior del Creciente Fértil que lo fomenta) en relación a la venta de ese sector tan curioso de la marca España que es la industria militar.

También ABC, ese medio siempre tan comprometido en atizar la polarización y en fraguar una convivencia manu militari, tercia en el debate, para informarnos de que Cataluña ha exportado entre el 24 y el 25% de las armas y accesorios salidos de España, recordándonos de paso que en la manifestación contra el terrorismo de Barcelona, numerosas pancartas independentistas culpaban al rey y al gobierno de vender armas.

Dice ABC

En el año 2016 esta Comunidad Autónoma facturó casi 45 millones de euros en este tipo de armas, de los que 1,6 millones de euros los pagó el gobierno saudí. El total nacional ascendió a 177,5 millones de euros.

y

Así se desprende de los datos oficiales que publican las Cámaras de Comercio y Aduanas, dependientes de la Agencia Tributaria. Este tipo de exportación, englobada en el capítulo 93 de los productos de comercio exterior, se refiere a armas largas, pistolas, granadas o minas, entre otros artefactos, y no recoge barcos de guerra, componentes para aviones de combate o tanques blindados.

o bien que

El mejor cliente de las armas catalanas fue Estados Unidos, con 23,8 millones de euros. Un país al que la CUP u otros colectivos independentistas acusan de fomentar el terrorismo desde su «imperialismo». Los fabricantes de armas catalanes también hicieron negocio con los dos Congos, la República y la República Democrática, con los Emiratos Árabes Unidos, con Ghana, con Turquía o con Marruecos.

No queda claro si la facturación, que se hace desde el puerto de Barcelona puede achacarse sin más como venta de armas “de” Cataluña (de hecho las industrias que fabrican dichas armas no están concentradas en Cataluña, sino, principalmente, en Madrid y Andalucía, que no cuentan con un puerto tan importante como el de Barcelona para la salida de sus productos) y no “desde” Cataluña (mucho menos “desde” la Generalitat), pero sea como fuere, lo cierto es que dicha facturación producirá, cuando menos, importantes retornos a Cataluña aunque sólo sea por el volumen de negocio que se factura allí.

En todo caso, ¿se trata de un nuevo episodio de reproches del tipo “y tú más”, como los que nos acostumbra el argumentario político al uso? ¿Es una especie de contra-réplica desde las posiciones españolistas para erosionar el independentismo catalán? ¿Sabemos si en las relaciones comerciales catalanas se involucra también el negocio de las armas? ¿Y quieren los catalanes hacer de este tétrico negocio uno de sus polos de desarrollo?

A nuestro entender, si la Generalitat también aspira a un negocio de venta de armas o materiales de doble uso, no parece que sea un consuelo que otros se dediquen a lo mismo. Y no parece que fomentar una industria que provoca una dependencia tan palmaria sea una opción liberadora ni fomentadora del desarrollo humano para Cataluña. Menos aún para el acreditado espíritu solidario del pueblo catalán.

Conviene saber además que la venta de armas, en solfa en la manifestación de Barcelona, no parece formar parte del ideario de libertad de los catalanes de a pié (más bien parece que se rechaza explícitamente por éstos) y, tal vez, los políticos que se posicionan por la independencia también deberían tener en cuenta la necesaria liberación de esta lacra y dependencia y afirmarla claramente entre sus opciones.

Un segundo eje de debates lo constituyen las palabras del President de la Generalitat, Puigdemont, que considera indispensable que una Cataluña independiente tenga un ejército para defenderla. Pero, ¿una sociedad que se autoorganiza de forma noviolenta para obtener su independencia necesita luego delegar en un ejército para defender aquella?, ¿se refiere Puigdemont a la defensa de la seguridad humana y de los grandes principios que inspiran su apuesta de nuevo pacto político o es una cesión a las pulsiones militaristas tan arraigadas en las mentalidades de los políticos al uso?

La noticia nos la ofrecen diversos medios. Nos vamos a ocupar de dos enfoques de la misma, el que ofrece El Confidencial y el que ofrece El País.

Según El Confidencial, el President puso en un chat

… los ejércitos, las políticas de defensa, son absolutamente indispensables para el combate global como se ha visto con los atentados de Barcelona y Cambrils (Tarragona).

y no contento, se explicó a continuación

No hemos de tener complejos, hemos de tener una política de defensa moderna, democrática y homologable a la de las naciones aliadas

Porque, para el paradigma militarista, vigente al parecer no sólo en el lado españolista de la refriega, aspirar a una sociedad sin ejércitos debe ser algo así como tener complejos y no sensatez.

El País añade alguna otra explicación más y en similar tono de las palabras del President en su chat, pero, sobre todo, nos informa que la opinión de Puigdemont no coincide con las declaraciones que hizo el diputado Jordi Orobigt (por cierto de ERC, el otro partido de Junts pel Sí) al presentar el proyecto de ley de ruptura en el Parlamento. Orobitg aseguró que no estaba prevista, de entrada, la creación de un ejército.

Es evidente que El País busca división entre los partidarios del independentismo, pues El País no tiene ninguna intención ni de divulgar ni de promover el debate sobre el ejército y el militarismo (al que apoya de innumerables formas tanto en su linea editorial como en la elección de los contenidos de sus noticias). Pero, fuera de ello, aparece la pregunta para nosotros central y tantas veces eludida: ¿aspira la independencia a forjarse sobre un ejército?, ¿sobre un ejército, además, con vocación (insinúa Puigdemont) atlantista? ¿Qué independencia es esa que se entrega a la dependencia militarista para fraguarse?

El propio Oriol Junqueras, terciando en la cuestión, afirmó que no tiene sentido que Cataluña tenga un ejército, como nos informa La Razón, otro de los periódicos bienintencionados de la derecha hispánica.

Si Cataluña se tiene que plantear tener un ejército con los mismos cánones que actualmente tienen las democracias occidentales, o que los estados de nuestro entorno inmediato, como España, Francia, Italia o Alemania, pues quizá no tiene sentido, …, Seguro que (Cataluña) encontrará la manera de definir de la mejor manera posible su política de seguridad

Y la también diputada Gabriela Serra, de la CUP, ha afirmado que

President, no es ético utilizar los dramáticos ataques terroristas para justificar la necesidad de un ejército. Nada justifica el militarismo

No son las únicas voces discrepantes. Si acudimos a la memoria, por ejemplo de lo que supuso la insumisión, veremos que la sociedad catalana, con la dinamización que aquella supuso, ya se ha expresado de forma evidente sobre el ejército, como lo ha hecho en las múltiples encuestas del CIS, o en la reflexión que se mantiene en sus instituciones culturales y pacifistas. ¿Acaso no merecería la pena, ya que estamos, refrendar esta posición consultando a la sociedad al respecto?

La tercera noticia, esta vez de Público, nos ofrece con un realismo que asusta la cara más agria de la derecha española en Cataluña. García Albiol, ante los atentados de Barcelona, vuelve a su hasta ahora más disimulado discurso racista que le lanzó al estrellato.

Pidiendo perdón al respetable, porque ciertas ideas vergonzantes y poco edificantes no deben reproducirse sin previo aviso, reproducimos las afirmaciones del responsable de esa derecha atrabiliaria en Cataluña

aquí no hay islamofobia, los españoles y los catalanes no tienen un problema de islamofobia. Aquí lo que hay son unos señores que han venido a aprovecharse de nuestro sistema… Hay gente que ha venido a Catalunya porque se estaba muriendo de hambre, los trataban como perros y los mataban a palos; y ahora piden que nos adaptemos a sus costumbres.

El mismo Albiol, indudablemente el verano no le ha sentado bien, añade unos días después que debe suspenderse la autonomía catalana.

Y atizando un poco más el fuego, añade refiriéndose a los partidos independentistas

No me extrañaría que llevaran a cabo algún tipo de acción radicalizada y disparatada para intentar mantener una tensión en la calle”, ha destacado, y, preguntado por qué tipo de acción sería, ha respondido que una como el RUI o cualquiera que busque la confrontación directa con el Estado.

El tal Albiol no es una excentricidad dentro del PP, sino la expresión más contundente de algo que forma parte del ADN de la derecha tramontana que nos aflige. La misma ministra de Defensa, nada menos que una de las personas más influyentes del mundo mundial según la revista Forbes y uno de los cargos más importantes de nuestra derecha de destino en lo universal, dijo a primeros de julio de 2017 al referirse al proceso soberanista catalán, que el ejército está para defender la integridad y soberanía de España, según aparece en El Confidencial, y que

“Por tierra, mar y aire, las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil se encuentran donde haya que proteger los valores de la democracia y la Constitución, pero también la integridad y la soberanía de nuestro país

De modo que el ejército, el militarismo, el papel que representan, aparentemente no están en el debate sobre Cataluña y no forman parte de su nudo gordiano, pero, por debajo, son el entramado con que algunos quieren construir la solución, a la española o a la catalana, lo que es tanto como negar en uno y otro caso la libertad y la capacidad de desarrollarnos como sociedades justas, atados como nos quieren a un ejército, a un complejo militar industrial y a una serie de intereses “aliados” que nos convierten a todos en alienados y sumisos al militarismo imperante.

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