Marcha mundial por la Ciencia. Ciencia y no armas

Manifestación Sin investigación no hay futuro

Por Cumbre Social

Fuente: Público

El pasado 22 de abril se han celebrado en diversas ciudades españolas marchas de reivindicación de la inversión en ciencia y de protesta pos el desprecio del gobierno a la ciencia.
Todo ello ha tenido lugar en el marco de una iniciativa global, «Marcha global por la ciencia» y coincidiendo en que, una vez más, la ciencia es una especie de cenicienta en los Presupuestos Generales del Estado (PGE).

La Marcha Global por la Ciencia ha sacado a la calle a manifestantes en más de 600 ciudades en el planeta.

En lo que se refiere al caso español, los presupuestos para investigación científica civil en los PGE siguen estando por debajo de la inversión en ciencia del año 2009, último en que el presupuesto creció.

Desde esa fecha a la actualidad se han perdido más de 10.000 investigadores sin que nadie haya puesto el grito en el cielo ni pedido que se invierta en ciencia, por ejemplo, para conservar los puestos de trabajo (como sí se pide en lo que se refiere a la industria militar) o por el valor añadido de la ciencia en nuestro desarrollo o por los retornos que produce.

Según una de las organizaciones promotoras de la movilización de Madrid

Aunque el Gobierno ha afirmado que hay un “notable” aumento de la inversión en investigación civil (un 4,1%) en los Presupuestos Generales del Estado de 2017 respecto a los del 2016, el presupuesto destinado a la ciencia sigue siendo inferior al máximo alcanzado en 2009. El aumento se reduce al 1,1% si se incluye también el I+D militar. La COSCE considera que incluyendo la inflación prevista del 1,5% la inversión en investigación civil crecería únicamente un 2,63%.

Es llamativo que en los PGE de 2017 la I+D  militar goce, amén de los presupuestos que se destinan al INTA (organismo autónomo militar encargado del grueso de la i+d militar) por parte del Estado (137’12 millones de euros), y las partidas propias del Ministerio de Defensa para tal fin (se encuentran en el programa 464A de Ministerio de Defensa y suponen 22’27 millones), otros 302’35 millones de euros que regala a la industria militar el Ministerio de Industria y Competitividad para «Apoyo a la innovación tecnológica del sector de la defensa», así como otras partidas del mismo Ministerio de Economía, Industria y Competitividad para los satélites militares Paz-Ingenio (10 millones de euros) y al Programa de Observación por satélite de la tierra (7’28 millones de euros) y la transferencia que el CSIC realiza en favor del INTA (0’72 millones de euros).  Todo ello supone, cuando menos, 479’74 millones de euros que se destinan a investigar militarismo y se dejan de destinar a la ciencia para usos civiles.

Con razón uno de los lemas más repetidos en las manifestaciones españolas del día 22 de abril ha sido contra el gasto militar, pues si hay un enemigo del desarrollo humano y de la ciencia es, precisamente, el agravio comparativo que supone la inversión en armamento e investigación militar en relación a lo que destinamos a desarrollo y ciencia.

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