¿No podemos entender nuestras pequeñas historias sin los militares y sus glorias?

el+flautista+de+Pisac

Aldo Cavini Benedetti

Fuente: Cope

Dice la COPE, poniéndolo en boca de la ministra Cospedal, que las Fuerzas Armadas  y la Guardia Civil son «una herramienta leal y eficaz» para «garantizar el futuro de España» y de su estado democrático de derecho, su seguridad y su prosperidad.

Es muy decir y mucho decir, que diría aquel otro. No sólo una exageración de campeonato, sino una burda mentira en toda regla. Y si juzgamos repasando nuestro pasado, tal vez una mentira que amenaza con demostrarse en cualquier nuevo giro nostálgico de nuestra inquieta derecha, leal y democrática ella como todos sabemos.

Pero por una mera arana no va a cortarse la señora ministra, que está acostumbrada al polisémico lenguaje de los políticos que, como dijo aquel, hablan con lengua de serpiente y dicen blanco como para querer decir negro o cualquier otra cosa que se tercie.

Dolores predica, dice la cadena de los obispos, que las fuerzas armadas

Deben ser consideradas como lo que son y lo que representan, lo que significan y protegen: algo de todos y en defensa de todos, una herramienta leal y eficaz del Gobierno de la Nación para garantizar el futuro de España y del estado social y democrático de derecho plasmado en nuestra Constitución

Repetimos que es pura trola o, al menos, ignorancia en grado sumo, pero ¿quién dijo que la ignorancia y la mentira no creen realidades bien reales e incluso aplastantemente reales?

Porque más bien parece que lo que «ellos» defienden y lo que sienten y quieren defender las gentes de a pié de estos maltratados sitios sean cosas bien distintas, como demuestran las múltiples encuestas de preocupaciones de la sociedad que habitualmente publica el CIS.

Continúa Cospedal con su embeleso (o al menos desconocimiento entre ingenuo e imperdonable, que en un político no sabemos qué será peor) afirmando la inquebrantable vocación de servicio del ejército y su papel trascendental en el desarrollo de «España» como «Nación» desde «su nacimiento» con los Reyes Católicos (como si los Reyes Católicos hubieren hecho otra cosa que unir sus reinos hereditarios, que no es lo mismo  que crear nación alguna, si es que las naciones existen más allá de la ideología de los nacionalistas, o como si el «ejército», como «ente» existiese desde entonces tal como ahora nos quiere vender el anacronismo ministerial) para afirmar, dando una patada en el culo a la historia que

Lo que fuimos explica lo que somos. La historia de la construcción de nuestra España debe leerse siempre a la par que la historia militar. Y así seguimos haciendo historia, haciendo Fuerzas Armadas y haciendo España

Pero todo esto no es más que una exaltación vaporosa, irreal, mítica, inventada si se quiere, del pasado, del presente y del futuro al servicio de una intención ideológica falsa como un duro de trapo.

Porque no es cierto que nuestra historia sea la historia de lo militar, ni que nuestras pequeñas historias estén indisolublemente condenadas a ser eslabones de aquella.

No es verdad que seamos lo que somos «gracias» al militarismo (más bien por la desgracia de haberlo padecido o, en lo que de grandeza tenga nuestra convivencia, a pesar de aquel). Ni lo es que este pasado invocado sea o haya sido glorioso (al menos desde el punto de vista humano y del desarrollo humano). Ni que nuestra historia, o nuestras historias, tengan que leerse de la mano de lo militar, como una extensión de ello (más bien esa visión épica y militarista tan a gusto de la derecha encubre la dominación y violencia de la que las múltiples historias y micro-historias, analizadas desde enfoques tan variados como el de las mujeres, o el de las luchas por la liberación, o el de el pueblo llano, el de los trabajadores, el de los pobres, el de la ecología o tantos otros, las cuales se han visto fatalmente castradas o impregnadas  por parte del militarismo del que tanto aspiran a desasirse).

Y es que, si hay una historia de lo militar, es la historia del militarismo y sus imposiciones, junto con la lucha de la sociedad, o de las sociedades de esta piel de toro variopinta, por desprenderse de sus nefastas consecuencias y por emprender un camino libres de su lacra.

Y si hay una historia sufrida y silenciada, es la de las luchas por la paz y las de unas sociedades escamadas que han sido capaces, una y otra vez, de negar adhesión a los valores del militarismo.

Tal vez eso explica, sigue explicando, lo necesario que sigue siendo para la derecha manipular los relatos y reescribir la historia del militarismo español en términos benignos, como si vestir un lobo de piel de cordero pudiera tranquilizar a los corderos.

Y tal vez por eso, el gobierno necesita, como en la ciudad de Hamelin, contar con un flautista que con su música encantadora y sus cantos de sirena melifluos secuestre a los oyentes del pueblo.

Afortunadamente, nadie se cree del todo estas ínfulas militares, por muy vistosas que nos las presenten.

Y es que aunque la mona se vista de seda…

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