La misión más estrambótica del ejército: Operación Antártica

Melchior+Island

Por Benjamín Dumas

Fuente: El Heraldo de Aragón

Nunca llegamos a sospechar que las inclemencias archiconocidas de la capital maña, donde cuando se pone hace un aire brutal y un frío que pela, fueran a ser tan buena escuela para nuestros soldados.

Ha hecho falta un insustancial artículo del Heraldo de Aragón para conocer, con todo el orgullo baturro del periódico, que es precisamente uno de Zaragoza el que dirige la misión militar más austral y estrambótica de nuestro aguerrido ejército. Nada menos que la Antártida, donde, como si de verdad existiera allí un escenario que requiera militar alguno, se despliega un contingente de nuestro glorioso (y polar) ejército para dar protección y seguridad a los ateridos científicos que realizan la campaña de investigación anual.

A algún desaprensivo le puede parecer un tanto excéntrico mantener una base militar y un destacamento, año tras año, de soldados para, se dice, dar soporte logístico y garantizar la seguridad de los científicos que en el verano polar realizan sus experimentos científicos en la Antártida. ¿Defenderlos de qué?, ¿darles seguridad frente a quién?

Tal vez si los militares, pongamos por ejemplo, dejaran de comprar material sofisticado del que se usa en la Antártida , o si el que tienen se transfiriera a la ciencia, sería protección más que sobrada y más barata para las arcas públicas, porque, en realidad, si el despliegue militar de España en 17 escenarios actuales no tiene razón de ser alguna, la mayor sinrazón de todas es la de este destacamento dispendioso e ilógico de militares yendo a pasar frío al Polo.

Para elegir el contingente antártico de militares se cuentan ciertos méritos que no nos dejan indiferentes por su desatino

De media, estos militares tienen 39 años de edad y casi 19 de experiencia militar en al menos cinco destinos diferentes. Este último aspecto es uno de los criterios que más pesa a la hora del proceso de selección. También se tienen en cuenta la formación específica, méritos profesionales y tener un buen nivel de inglés, además de capacidades añadidas en francés e italiano.

El comandante baturro, de nombre Daniel Vélez, afirma con gallardo porte militar que es un orgullo para él mandar este destacamento y afirma, para mayor irrisión, que ésta es la mayor experiencia de su vida profesional.

Según El Heraldo, a nuestro Comandante polar le acompañan en su trascendental misión otros tantos militares «aragoneses», como son el subteniente Luis Lavilla, nacido y destinado en Zaragoza; el brigada David Salvador, que nació en Lérida (lo cual no le convierte en aragonés en sí) pero que está destinado en Zaragoza; el brigada Fernando Suárez, natural de Oviedo y destinado en Jaca; y el sargento primero Pedro Portillo, nacido en Madrid y destinado en Zaragoza.

Para el buen fin de su acción militar, una vez designados estos militares se entrenan específicamente para su importante contribución a la seguridad nacional con ejercicios de montaña que realizan en Benasque y ejercicios acuáticos que hacen en la costa gallega.

El plan que van a realizar resulta cuando menos un pitorreo

A principios del mes que viene, los integrantes de la misión volarán hasta Buenos Aires en un vuelo convencional. Allí pasarán unos días reuniéndose con altas esferas del ejército argentino, que por cercanía será un gran aliado ante cualquier imprevisto. Desde la capital argentina se trasladarán a Punta Arenas, la ciudad más al sur de Chile, para viajar en un avión militar (aún no se sabe si será de las fuerzas armadas chilenas o brasileñas) hasta una isla llamada Rey Jorge, donde ya afrontarán el final de su largo viaje. Será el buque Sarmiento de Gamboa, del CSIC, el que les llevará a isla Decepción, el que será su hogar durante 85 días.

El encuentro con el personal investigador se producirá en esta última parte del trayecto, en Punta Arenas. Allí se pondrán cara por primera vez. Estos científicos pertenecen a la élite, tienen un nivel altísimo.

El Heraldo de Aragón, en su ingenuidad, nos da una clave hasta ahora no muy publicitada de las razones de esta misión militar.

Los miembros del CSIC no serán los únicos que recogerán datos: también los militares desarrollarán sus propias investigaciones para el Ejército, que están relacionadas con resistencia de materiales y comunicaciones, entre otros campos del saber

Es decir, no van a dar seguridad a nadie, sino a experimentar para sus intereses militaristas. Lo demás es encubrimiento y mera pantalla.

En todo caso, una misión militar más, que se encubre bajo el supuesto disfraz del CSIC, que esconde gasto militar, que militariza la ciencia, que detrae recursos que podrían tener un mejor uso científico si no se gastara en mandar militares y que nos cuesta un riñón.

Y ellos tan contentos.

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