Arte por armas

Imágenes de El Confidencial. Muestran las excavaciones ilegales de Apamea (APSA)

Imágenes de El Confidencial. Muestran las excavaciones ilegales de Apamea (APSA)

Fuente:  El Confidencial.

La guerra fomenta el tráfico de armas y viceversa.  También hemos aprendido que la guerra impulsa el tráfico de personas.  Pero los refugiados han tenido, y tienen muchísimas dificultades para atravesar fronteras.  Sin embargo, parece que el tráfico de armas y su intercambio por obras de arte situadas en zonas de guerra controladas por Dáesh no tienen tantas dificultades para llegar a compradores de Estados Unidos, Europa y Asia.

Parece que a todos estos puntos han llegado obras de arte compradas por enamorados de lo bello y antiguo, pero que acaban convirtiéndose en armas para Estado Islámico.

El vínculo parece ser la mafia calabresa italiana, la `Ndrangheta.  Esta mafia usa sus infraestructuras para intercambiar armas (parece ser que, sobre todo, ametralladoras Kalashnikov y lanzacohetes antitanque portátiles RPG, ambos de fabricación soviética).

Todo vale en la guerra e ISIS no sólo destruye templos milenarios sino que no tiene ningún apuro en intercambiar estatuas y diversas piezas de arte por armas.

 “Unas 100.000 piezas de gran importancia cultural para todo el mundo están en (en zonas) controladas por el Estado Islámico”, escribió el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vitaly Churkin, al estimar que ese negocio le aportaría al ISIS entre 150 y 200 millones al año.

Pero también es necesario señalar que estos 150-200 millones al año, o mucho más porque hay que contar con la mordida que se llevarán los mafiosos, han de salir de manos de ricos potentados de Occidente sin escrúpulos.  No en vano, otra noticia de El Confidencial, de hace dos años nos hablaba de que

Coleccionistas privados de arte «encargan» piezas exclusivas a Estado Islámico.  (…)  Es por esto que el Estado Islámico, el grupo terrorista más rico y sanguinario en la actualidad, está financiando sus actividades con el contrabando de los monumentos y restos artísticos y arqueológicos que subyacen en las tierras de Siria. Ciudades como Apamea, Ebla o Raqqa han sido completamente saqueadas. Las imágenes muestran tierras repletas de agujeros, museos desvalijados o ciudades subterráneas que han perdido todas sus reliquias milenarias. Los combatientes yihadistas han organizado, incluso, sus propias excavaciones. Como en la ciudad de Hasaka, donde una bandera negra custodia la colina donde realizan las obras de extracción ilegales.

Cuando el ISIS (El Estado Islámico de Irak y Siria por sus siglas en inglés) invadió parte de Siria, el pueblo ya llevaba tiempo robando piezas en lugares arqueológicos”, cuenta a El Confidencial Amr Al Azm. Tras imponer su autoridad, los yihadistas dijeron a la población: “De acuerdo, podéis seguir saqueando arte con una condición:  tenéis que pagar una parte proporcional, es decir un impuesto, al Estado Islámico”, explica Al Azm.

Este impuesto se basó en la idea de khums, un tributo(incluido en la sharia o ley islámica) que suponía un 20% de los beneficios totales. Así que los yihadistas visitaban a diario las diferentes excavaciones para recoger “el impuesto de los saqueos” y, así, recaudar fondos para financiar su guerra santa.

Sin embargo, aunque Al Azm asegura que no hay datos oficiales y que es imposible calcular el beneficio económico (se estima que el contrabando ilegal de arte mueve 3 billones de dólares anuales), pronto el ISIS comprendió que era un negocio demasiado lucrativo para compartirlo con otros. Por ello, el “Califato” decidió monopolizar el proceso íntegro de pillaje, prohibiendo a la población civil acercarse a los trabajos arqueológicos. “Desde el verano pasado, están contratando su propio personal, comprando su propia maquinaria. Tienen excavadoras y están trabajando ellos mismos sobre la tierra”, revela Al Azm. De hecho, el robo de arte es el trabajo mejor pagado por el Estado Islámico después del contrabando de petróleo, según fuentes sobre el terreno. “En mi opinión, si han decidido invertir en este negocio es porque el margen de beneficio es lo suficientemente importante como para que unos combatientes yihadistas se pongan a traficar con arte”, asegura el arqueólogo.

Habría que exigir, también, que las obras de arte estuviesen libres de sangre, como los diamantes.

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