La noviolencia en las guerras: Daraya, el ejemplo sirio

Imagen de Diógenes;)

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Fuente:  Global Voices.

Nos cuenta Leila Al Shami parte de lo que ha sufrido Dayara  (ciudad muy cercana a Damasco) en la guerra siria y también parte de la resistencia noviolenta en la guerra.

Describían las espantosas condiciones en la ciudad. El asedio impuesto por el régimen, continuado durante 1.368 días, había bloqueado la entrada de alimentos y suministros médicos. La gente se moría de hambre. Describían los ataques diarios del régimen, con más de 9 mil barriles explosivos lanzados sobre la ciudad, así como el gas venenoso prohibido internacionalmente, y el napalm. El hospital había sido bombardeado, quedando fuera de servicio. Las tierras agrícolas, la única fuente de alimento, habían sido deliberadamente quemadas y destrozadas.

El primer y único convoy que llegó a entrar a la ciudad lo hizo en junio del 2016. Contenía medicamentos, mosquiteras y leche infantil, pero nada de comida. “No podemos tomar medicamentos con el estómago vacío”

Por lo que respecta al desarrollo de iniciativas noviolentas nos cuenta:

Daraya es una ciudad icono para los revolucionarios sirios. Ha sido un centro para el desarrollo de la idea y la práctica de la resistencia no violenta y ha inspirado la desobediencia civil por todo el país. Y a pesar de la terrible represión infligida sobre la ciudad, tuvo un éxito notable en la práctica de la auto-organización local y autónoma. La activista revolucionaria Razan Zeitouneh, que fue secuestrada en el 2013, dijo “Daraya era una estrella antes de la revolución, y una estrella durante. Lo que los hombres y mujeres jóvenes de la ciudad construyeron supuso un esfuerzo inmenso y resultó en un pequeño modelo ejemplar para el futuro de Siria, la Siria con la que soñamos. El activismo en la ciudad nunca dejó de sorprenderme ni un segundo… En Daraya, los letreros llamando a la coexistencia seguían alzándose incluso cuando el país entero caía en la desesperación después de cada nueva masacre”.

En el 2011, cuando comenzó el levantamiento, surgió rápidamente un comité de coordinación local para organizar las protestas contra el régimen. El comité enfatizaba la importancia de la lucha no violenta y repartía panfletos llamando por una Siria democrática y por la igualdad entre todos los grupos religiosos y étnicos. Mientras sonaban las campanas de la iglesia en solidaridad, los manifestantes marchaban llevando flores y ofreciendo botellas de agua a las fuerzas de seguridad enviadas a dispararles. ‘El ejército y el pueblo son uno’, cantaban.

Uno de los que participaron en el comité de coordinación local fue un sastre de 26 años llamado Ghiath Matar. Se ganó el apodo de “Pequeño Ghandi” por su compromiso con la resistencia pacífica. Ghiath fue arrestado por las fuerzas de seguridad el 6 de setiembre del 2011. Pocos días después, su cadáver mutilado fue devuelto a su familia y a su mujer embarazada. En una de sus últimas publicaciones en Facebook, Ghiath dice: “Elegimos la no violencia no por cobardía o debilidad, sino por convicción moral; no queremos alcanzar la victoria habiendo destrozado el país”.

Para nuestra sorpresa, parece que la historia de la noviolencia en Daraya viene de lejos:

Los principios de la resistencia no violenta que influyeron a la juventud de Daraya tenían historia en la ciudad. De manera inusual para ser Siria, un estado policial que reprime la organización independiente despiadadamente, un grupo de hombres y mujeres jóvenes de entre 15 y 25 años fundaron el Grupo Juvenil de Daraya en 1998. Habían estado estudiando el Corán con el académico religioso Abdul Akram Al Saqqa. Al Saqqa promovía la libertad social y política y animaba a sus estudiantes a pensar libremente. Por sus ideas liberales despertaba la controversia entre la ulema siria (autoridades religiosas). Llamaba a las mujeres a elegir a sus propios maridos y defendía que la educación de las mujeres era más importante que si llevaban o no el velo. Dio a conocer a sus estudiantes el trabajo de Jawdat Said, académico islámico que promovía las ideas y la práctica de la no violencia a través de la tradición coránica, así como de las enseñanzas de Ghandi y Martin Luther King.

El trabajo de Al Saqqa atrajo la atención de las autoridades y fue encarcelado en el 2003 y de nuevo el 2011, pero bajo su mentoría, el Grupo Juvenil de Daraya organizó acciones como la limpieza de las calles de su ciudad, el boicot a los productos estadounidenses, y arriesgadas campañas contra los sobornos y la corrupción. En el 2002 se manifestaron contra la invasión israelí del campo de refugiados de Yenín y en el 2003 organizaron manifestaciones sin permiso gubernamental contra la invasión estadounidense de Irak. Esta actividad acabó con el arresto de 24 miembros del grupo. Unos pocos fueron liberados algo después, pero la mayoría fueron sentenciados a entre tres y cuatro años de prisión.

Las protestas pacíficas fueron sometidas a una violenta represión. Las flores fueron recibidas con balas, y los manifestantes rodeados y detenidos en masa.

Es impresionante que exista gente con tanto valor para llevar a cabo resistencias noviolentas a situaciones de guerra o de violencia directa, estructural y cultural tan duras como las que se están viviendo en Siria.

Nos llenan de esperanza.

Ojalá supiésemos más de ellos, para aprender, para divulgarlas, para apoyarlas en lo que pudiésemos.

Ojalá ocupasen primeras páginas en los periódicos, titulares y programas de radio, ojalá las televisiones hiciesen monográficos de ellos.

Porque nos parecen héroes y demuestran que la noviolencia no es pasividad sino todo lo contrario, lucha desde la coherencia con la noviolencia.

 

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