Corrupción

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Por Gustavo Bravo

Fuente: Público

¿Se imaginan a unos altos funcionarios del Estado que, con acceso a las condiciones que iban a plantearse en los contratos públicos, acuerdan con compañías interesadas comidas en restaurantes de lujo madrileño, para «filtrar» la información y «amañar» los contratos a cambio de dinero y favores (por ejemplo entradas para el palco del Bernabéu, o para el tenis, o para viajes y otro tipo de prebendas?

¿Se imaginan que estos funcionarios, gracias a su cargo, pudieran influir en las adjudicaciones, o que además «asesorasen» a las empresas?

¿Se imaginan algún sector donde, dado el alto aprecio al honor y los valores tradicionales, y dado el escalafón jerárquico y lo sensible de su «gestión» esto fuera especialmente difícil de que ocurriera?

¿Se imaginan a nada menos que unos cuantos tenientes coroneles metidos en este tipo de mejunjes?

¿Se imagina en qué país puede pasar este tipo de cosas?

Todo muy previsible. Tremendamente previsible y consabido.

Lo asombroso del caso es que, por primera vez, los presuntos chorizos fueron enviados a prisión preventiva e incomunicada, y luego se les ha puesto una fianza y por último han sido procesados y están a la espera de juicio.

Claro que el juzgado que los juzgará es un juzgado militar, no uno ordinario, lo cual aún sigue siendo tan extraño y anacrónico como todo lo demás.

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