Sarkozy quiere imponer el servicio militar a los «ninis»

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Fuente: El diario.es

Abruma el galo Sarkozy y su nuevo libro-programa electoral «Tout pour la France«.  Lo creíamos ya jubilado, pero renace de sus propios lodos para izarse como candidato de la neoderecha francesa (cada vez más ultra, tartufa y caricaturesca) y faro de luz de la derecha europea (cada vez más nostálgica y tétrica) en la nueva contienda por los valores de Occidente y el nuevo mantra del rearme moral que, visto en qué consiste, podríamos llamar simplemente rearme, sin adjetivo alguno, y preludio de la guerra.

¿En qué consiste la gran oferta electoral Sarkoziana?  En redoblar la dosis de simplismo zafio y prometer que los «nini», a los que la grandeur ha mandado a la merde vital y ahora teme porque tal vez estén resentidos, serán obligados a hacer la mili, para que sepan lo que vale un peine y amen a la France con toda su pasión inútil, que diría el otro.

Como si no supiera (o debería, que al fin y al cabo es dicho de Montaigne) que al perro apaleado todo se le vuelven pulgas y que los tres perros fatales y peligrosos para la sociedad, cuyo mordisco deja marcas abrumadoras y hondas, son precisamente los que maneja el discurso de Sarcozy: soberbia, ingratitud y envidia (le faltó nombrar al miedo).

¿Y la segunda promesa salvadora de la debacle a la que, según el discurso derechofrancés, se encamina la Nación por su deshilachamiento nacional e identitario? Reducir «drásticamente» la cuota de inmigrantes «legales» que entran en el país, incluidos los supuestos de reagrupación familiar,  y acabar con la inmigración económica en un lustro y en toda Europa.

Ocurre, al parecer, que redoblan los tambores de la guerra y nada mejor que crear carne de cañón desesperada y conscripta, que se han relajado (dicen) las obligaciones estatales y se necesita levantar el desencantado ánimo a marchas forzadas y con bota militar.

Qué paradoja:  de la nación de las luces a la Francia en blanco y negro de los tiempos de Vchy y del faro de los derechos humanos a uno más de sus persecutores acerados. De la Francia promesa a la Francia amenaza.  De la Europa como tierra de acogida a la Europa como baluarte de la nueva guerra.  Europa como ariete de la nueva cruzada, del neocolonialismo que se quiere nutrir de desheredados como guardia pretoriana y aprovechar de una inmigración desregulada y precarizada como mano de obra barata.

SarKozy, esa excrecencia, sirve a los negros intereses del egoísmo dueño de occidente, pero es sólo el espejo lacayo de la gran excrecencia parda que abruma y amenaza, como un mal nubarrón, a toda Europa.

Tal vez nos toque de nuevo desacatar el militarismo trompetero que anuncia ese porvenir ciego y brutal.

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