Emergencia alimentaria a causa de la guerra

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Conferencia de Prensa SOFI 2014

Fuente: El País

Advierte la ONU en un informe de sus agencias FAO y Programa Mundial de Alimentos, publicado a finales de julio y presentado en Roma, que los conflictos militares prolongados que afectan a 17 Estados dejan sin comida, en situación de verdadera emergencia alimentaria, nada menos que a 57 millones de personas.

En Yemen son 14 millones (la mitad de su población) los que no tienen garantizado el acceso a comida.

Siria, el segundo por importancia, cuenta con 8,9 millones en la misma situación.

Sudán del Sur cuenta con 5 millones más.

En aquellos países que se encuentran en un periodo de recuperación, como Colombia y República Centroafricana, millones de personas están en peligro de sufrir inseguridad alimentaria aguda. El 89% de los refugiados sirios en Líbano necesitan alimentos urgentemente, según el informe conjunto, que muestra que en Burundi y Haití un 23% de la población ha excedido, respectivamente, los niveles 3 y 4 (crisis y emergencia, respectivamente) del IPC, mientas que en República Centroafricana el 50% de la población se encuentra en similar situación.

La causa de todo ello, la propia guerra, los conflictos. Dicen los directores ejecutivos del informe, que relatan el devastador enlazamiento de situaciones desastrosas

Se produce la destrucción de cosechas y de infraestructuras agrarias, así como la caída de los mercados. Además, los conflictos provocan el desplazamiento de la población, el aumento de la incertidumbre a la hora de cubrir las necesidades básicas y la restricción del acceso a las organizaciones humanitarias

Proponen luchar contra el hambre para conseguir la paz. Más bien creemos que hay que luchar contra la guerra y por la desmilitarización para conseguir paliar el hambre, tal vez un matiz meramente, pero que permite poner la atención en el foco principal y buscar, junto con las soluciones paliativas del hambre, tan urgentes, las soluciones de largo plazo de acabar con el hambre acabando con sus desencadenadores, el comercio de armas, los ejércitos, la nefasta geopolítica de dominación propiciada por las superpotencias,  la violencia estructural y las guerras, lo que quiere decir que luchas contra el militarismo y la desmilitarización pasan a ser, a nuestro entender, una prioridad de la agenda de la paz y el desarrollo, lo cual debe tener consecuencias también en los programas de las grandes agencias.

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