España presume de militarismo

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Landahlauts

Fuente: El Confidencial

España puede presumir de pocas cosas en el mundo. No somos lo que se dice una potencia en calidad humana, ni en avances científicos. Tampoco en el respeto de los derechos humanos o en la reducción de la pobreza y la desigualdad. Menos aún en respeto de la naturaleza o en ninguna de las cosas que elevan al género humano.

Eso sí, nuestro Estado, es decir, los amos del cotarro y su cohorte de aprovechados, pueden presumir de algo. Somos líderes en injerencia militar, en militarismo.

No ya la rancia ideología imperante ni los valores prácticos por lo su que mantenemos nuestras relaciones sociales, bien llenos ellos de autoritarismo, obediencia ciega, machismo, jerarquía, ranciedad, violencia… Sino que también somos la primera potencia en enviar militares al exterior a dar mamporros.

Lo dice la memoria del Ministerio de Defensa: Contamos con 16 operaciones militares abiertas en el exterior, cuatro más que EE.UU.  Somos la caña.  Desde 1989 España es el país con más efectivos en el ámbito internacional.  Una especie de mercenarios y aventureros de la guerra.

Lo dice una «memoria del Ministerio de Defensa» de la que El Confidencial se hace eco, pero que no hemos encontrado por lugar alguno.

Según refiere dicha memoria

La gran presencia exterior es consecuencia de las acciones del gobierno en política exterior y derivada del análisis de riesgos y amenazas que puedan afectar a la seguridad de la escena internacional activa

Traducido a romance, la política exterior española consiste en mandar tropas a troche y moche. Así es como nos reconocen: los zurrabadanas del planeta.

No es de extrañar que en foros de otro tipo ni siquiera seamos invitados.

Y no solo repartimos ostias, como es el caso, sino que además cada vez somos más sofisticados, señores, que nos estamos acercando a la excelencia militar de enseñar a otros a pegarse con nuestras ideas y en nuestro beneficio pero sin mancharnos las manos, pues a las tradicionales misiones de injerencia militar ahora añadimos cada vez más

el despliegue de equipos racionales de inteligencia y el inicio de operaciones de seguridad operativa en Cabo verde y Senegal.

Cubrimos en nuestro exceso de ardor guerrero el mundo entero y nos metemos gozosos en nuevos avisperos.

Por primera vez se ha desplegado una escuadrilla de aviones Eurofighter en la “Policía Aérea Báltica”, una unidad de defensa antimisil y además un avión tripulado por control remoto en una operación naval. El Ejercito español tiene como objetivo contener a el estado islámico, vigilar el Mediterráneo y luchar contra la piratería en el Índico.

Y ello nos lleva a recordar al respetable público lector de nuestro blog que España cuenta ya con una doctrina de «seguridad» que consagra la idea de las fronteras móviles y de la injerencia militar a larga distancia, en lo que llama «fronteras avanzadas», que sitúa nuestra frontera en términos militares en Centroáfrica y otros escenarios bien alejados de las fronteras físicas del Estado, allá donde esperamos obtener recursos naturales variopintos y ejercer, de la mano de Francia y otras potencias, una cierta dominación.

Digamos de paso que esta profusión militarista sirve muy bien a nuestra casta extractiva para otros intereses más lucrativos: los de vender armas a otros, que pueden comprobar «in situ» cómo molan las que llevan nuestros pretorianos.

Llama la atención que estos tipos del poder, en vez de avergonzarse de tener reconocimiento por su militarismo únicamente, lo proclamen a los cuatro vientos como si el envilecimiento fuera una buena carta de presentación internacional, o como si el mal fuera el bien. Aunque a lo mejor para ellos es todo lo mismo. Han perdido el norte.

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