La militarización del espacio exterior

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Bethany Weeks

Fuente: Blog realelcano

Lo hemos explicado aquí en múltiples ocasiones. Asistimos a una creciente militarización y expansión de la obsesión militarista por apoderarse de la idea de seguridad en todos los planos. También, y cada vez más, la militarización del espacio exterior.

Ahora reflexiona sobre este aspecto el Real Instituto Elcano en un artículo donde parte de la afirmación de que la competencia espacial de las superpotencias es, desde su inicio, sobre todo una competencia bajo el enfoque militar.

Pero, dice, ahora el cambio es cualitativo

El proceso, en todo caso, ha ido madurando hasta el punto de que hemos llegado probablemente al inicio de una nueva etapa en la que especialmente Estados Unidos y China van tomando la delantera

Para EE.UU. el dominio del espacio exterior es parte de su estrategia de hegemonía mundial, su gran aportación cultural, junto con el jazz, y el cine, al desarrollo de la humanidad.

Washington, que ya habla abiertamente del “control espacial”, el espacio exterior es una de sus principales vulnerabilidades en la medida en que para defender sus intereses y ejercer su hegemonía global es el país más dependiente de los múltiples sistemas de C4ISR (Command, Control, Communications, Computers, Intelligence, Surveillance and Reconnaisance) que allí ha ido desplegando. Suyos son, por ejemplo, 549 de los 1.355 satélites que estaban operativos en agosto de 2015 (seguido por China, con 142, y Rusia, con 131, junto a otros doce países que tienen al menos diez satélites operativos).

Por parte de China el dominio del espacio también parece levantar pasiones

… contando ya con cuatro centros espaciales (Taiyuan, Xichang, Jiuquan y Wenchang), se ha planteado una nueva misión lunar tripulada para 2020 (lo que ha propulsado inmediatamente el programa estadounidense para hacer lo propio con el nuevo cohete Ares 1-X) y acaba de lanzar el pasado 27 de junio el cohete Larga Marcha 7, el más potente de todos los construidos en China hasta la fecha. Tanto o más significativo es que ese cohete ha colocado en órbita el satélite Aolong-1, capacitado para atrapar basura espacial. Con solo dar un paso más allá, el Aolong-1 puede convertirse también en un sofisticado sistema ASAT, atrapando, en lugar de eliminando (para no aumentar una basura espacial que también perjudicaría a China) satélites de otras potencias.

Parece que otros competidores se sitúan a la estela de las grandes potencias. No quieren ser menos

De este modo se va acelerando una carrera en la que también están presentes Rusia, Israel y Japón y en la que la Unión Europea presenta, al menos de momento, una imagen de claro contraste.

No aporta el artículo, fuera de estas vagas explicaciones, datos del enorme dineral que las diferentes potencias están soltando para conseguir ese dominio del espacio exterior que, lejos de ayudar al avance del género humano, buscan la plena dominación de unos pocos sobre el resto, aunque sea a riesgo de la completa depredación y degradación del planeta, y convierten al planeta azul en una especie de cárcel blindada al servicio de sus intereses.

Y es que la voracidad del militarismo no tiene freno, al menos en los de arriba, y no parará de expandirse si no la paramos los pies.

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